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Mil veces te ame y eternamente lo haré

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2° vez.

Un ángel y un caído

Debido a que era muy joven, un aprendiz, este era su primera vez viendo a un pobre condenado de pie en el borde de la perdición. Su maestro lo había traído allí, a una distancia segura y aceptable por las normas, como parte de su lección de lo que podría pasarle si desobedecía o se rebelara contra los mandatos de Dios.

Herejía. Blasfemia. Injuria. Insurrección.

Tu castigo era perder tus alas y caer. Convertirte en un desgraciado condenado.

Un deshonroso ángel caído.

Desde su lugar podía solo ver la espalda del condenado, donde dos Dominaciones se encontraban desplumando sus corruptas alas, una pluma a la vez, la forma más dolorosa pero la más adecuada para el castigo, según sus enseñanzas. La tarea en si no tomaba más que un día o dos, dependiendo en tamaño de las alas del caído pero las Dominaciones tenían la obligación de extender el castigo durante 7 días, escarmentándolo unas horas al día antes de marcharse y dejar al condenado solo en su desesperación, de pie en el borde del abismo donde tenía que lidiar con su dolor y los fríos vientos.

Se quedo observando durante todo el proceso del día de hoy, el primer día, estremeciéndose del dolor ajeno que el caído debe sentir al sentir como parte de si mismo estaba siendo desgarrado con tanta... crueldad.

_.-._

Debido a que era muy joven, un aprendiz, parte de su trabajo era hacer mandados en el Reino de cualquier superior que solicitara su asistencia, pero mayormente de su maestro cuyo deber como parte de las Potestades precisaba de muchos libros que el tenia que traer, llevar, clasificar y guardar en la Biblioteca.

El atajo que siempre usaba tenia ahora una precisa visión del borde donde el caído aun se mantenía, a veces coincidía con el tiempo de la sanción otras veces lo observada de pie, por su cuenta, con la mirada siempre abajo y de espaldas al reino y al Dios que rechazo con sus malas acciones.

Y cada vez que lo veía no podía dejar de preguntarse, ¿cuales habían sido los cargos? ¿Por qué hizo lo que hizo? ¿Y si se arrepentía de alguna manera? Pero rápidamente sacudió su cabeza para despejar tales cuestiones, no estaba en su lugar pensar aquello. Los Serafines eran los únicos que debían saber sobre su pecado, y la razón por la que lo hizo fue porque su corazón está lleno de impurezas y de haberse arrepentido él no estaría recibiendo el castigo.

¿No es así?

_.-._

Debido a que era muy joven, un aprendiz, aun le estaban inculcando en su mente las reglas, las enseñanzas, la historia, todo lo que debía saber para ser un buen ángel. Y es por eso que tal vez su corazón había empezado a doler y su mente a cuestionar todo cuando sus ojos se posaron en la figura solitaria y triste del condenado, o es lo que el se repetía en su mente sin parar.

"Los caídos están sucios, manchados de corrupción y dicha corrupción, para jóvenes ángeles como tú, puede ser tentadora. Asegúrate de no volver a acercarte al borde antes de que la semana termine, sería una lástima que alguien tan prometedor como tu cayera en la perversión."

Eso era lo que su maestro le había dicho y el obedeció, lo hizo a pesar su instinto pero ese ultimo día algo solo tomo control de él y lo hizo volar hacia el borde justo a tiempo para la hora final.

_.-._

Debido a que era muy joven, un aprendiz, la lectura de los cargos por parte de un serafín le parecieron excusas.

Debido a que era muy joven, un aprendiz, el ambiente ceremonial y justiciero le pareció una farsa.

Debido a que era muy joven, un aprendiz, la imagen de las dos Dominaciones retirando las últimas plumas de aquellas atrofiadas alas le pareció a la de un verdugo.

Debido a que era muy joven, un aprendiz, la lluvia que se presento cuando el Serafín le ordeno al condenado darse la vuelta hacia la multitud limpiando así sus lágrimas lo creyó planeado.

Debido a que era muy joven, un aprendiz, cuando vislumbro el rostro devastado, triste y frustrado del caído al decir sus últimas palabras su juicio propio solo podría declarar inocente.

Debido a que era muy joven, un aprendiz, no aparto la mirada como el resto cuando una ráfaga de luz apareció indicando la desaparición de las alas del caído, cegándolo brevemente. Pero él se recupero lo suficientemente rápido para captar el momento justo en que las estrellas tintinearon al unisonó como última despedida al antiguo ángel que fue tragado por la gravedad y cayo.

Cayo dejando una estela de devastación a su paso al vacío donde nadie lo atrapara en sus brazos, donde no importa cuando esperanza construya el fracaso es todo lo que conocerá, donde vivirá recordando su tristeza y frustración, donde siempre se sentirá frió y perdido en la desesperación.

Y el joven aprendiz de ángel no pudo creer que solo lo dejo ir.

Lo dejo ir.

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De alguna manera, todo le parecía familiar. Como un deja vu.

Aquella voz oscura en su cabeza se divertía perturbando su mente con pensamientos de fatalidad. Haciéndole alucinar de otras posibles vidas donde fue tan miserable como ahora, tan condenado al fracaso que la que única opción que él y sus "antepasados" pudieron encontrar para terminar su dolor era siempre caer.

Caer, caer y caer al vacío sin fin.

Y el rogó, rogó a los cielos por una oportunidad en la otra vida, si es que la había, porque en su interior podía sentir la desesperación de mil corazones rotos y él solo sabía que no podía cargar con uno más.

Entonces, se subió a la cornisa de espaldas y cerró los ojos, estremeciéndose ante las frías gotas de lluvia que empezaron a caer. En el fondo, muy en lo profundo de su mente gritando con el corazón en la garganta que alguien lo salvara ahora, aunque sabía que nadie lo haría.

Tomo una profunda respiración, manteniendo los ojos cerrados y finalmente se dejo caer...

Solo para que sus manos fueran atrapadas con fuerza, manteniéndolo ahí.

- Oh no. -Exclamo una voz profunda con un tono reprobatorio y el solo atino a abrir los ojos con sorpresa, para divisar un par de furiosos ojos rojos a través de la lluvia.- Ni crees que voy a dejarte ir, idiota. –Continúo, jalándolo de un tirón, alejándolo de la cornisa.

En medio de la lluvia, mientras era reprendido duramente por el hombre que lo sostenía suavemente en sus brazos, él solo podía pensar que de alguna manera, todo le parecía familiar.

Como un deja vu.