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Por amor a Roma

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27 de septiembre (Italia)

Italia del Norte abrió los ojos a una mañana bastante húmeda, la lluvia caía a cántaros y con la pesadez de una mala noche de sueño se levantó de la cama y se arrastró fuera de su habitación, recorriendo la corta distancia que había a la habitación de su gemelo.

No había señales de que alguien hubiera entrado, la cama estaba perfectamente hecha y todo estaba en su lugar. Suspiro con tristeza reconociendo que su hermano había desaparecido otra vez, quién sabe a dónde o por cuánto tiempo. Desafortunadamente, algo que se estaba volviendo más frecuente en los últimos tiempos.

Bajo las escaleras rumbo a la cocina, necesitaba café desesperadamente si quería tener su trabajo del día hecho.
- Veee… trabajo y luego una siesta… una siesta de diez horas debería ser suficiente.

- ¿Eeeeh? ¿Sigue siendo una siesta si dura tanto?

- Por supuesto. -Respondió automáticamente, parpadeando con curiosidad a la cafetera que contenía café caliente y listo para servir. ¿Un milagro? Italia estaba demasiado cansado para cuestionarlo.- Me pregunto si Luddy está durmiendo todavía, por sus mensajes anoche parecía haber bebido demasiado ve~

- Disfrutando del Oktoberfest, ya veo, ya veo.

- La única época del año donde puede relajarse, que mal que solo pude acompañarlo durante un par de días. -Comentó distraídamente el italiano dándole un largo sorbo a su bebida, lamentándose con un puchero en su rostro.- Quería tomar más fotos,.. tan lindo. -Dijo con añoranza.

- Pero volverás a verlo en su cumpleaños, que es pronto ¿verdad?

- Sip~ -El italiano asintió distraídamente, tarareando contento. Había preparado una sorpresa para el cumpleaños de Alemania, esperaba que con la ayuda de Japón todo resultara bien.

- ¡Mándale mis saludos! -Alguien exclamó alegremente al mismo tiempo que le palmeaba la espalda.

Italia se sobresaltó tanto que casi dejó caer su taza de café.

- ¡¿Ah?! ¡M-M-Marceeeeee! -Finalmente reconoció la presencia del otro.

El más joven de los hermanos italianos, Seborga sonrió con cierta burla y saludo:
- Si, si, hola hola.

Italia del Norte dejó su taza en la mesada y se acercó a darle un afectuoso abrazo, rebotando en sus pies con emoción.
- ¿Qué haces aquí? ¿Cuando.. ? ¡Es tan bueno que vengas a visitar!

- Llegué hace un par de horas, ¿pensé que nuestro querido hermano mayor te había dicho que planeaba venir? -Respondió con sencillez, devolviendo el abrazo por un momento antes de separarse.

- No me dijo nada en absoluto. -Respondió Italia con una mueca de lamento.- Nosotros.. uhhh, discutimos ayer. -Comentó con cierta vergüenza.

- Oh. Eso tiene sentido. -Dijo Seborga con una mano en el mentón y asintiendo como si hubiera encontrado una respuesta a una duda no dicha.- No parecía muy feliz cuando me recogió del aeropuerto y me trajo aquí.

- ¿Él lo hizo? ¿Dónde está ahora? -Cuestionó sorprendido.

Seborga se encogió de hombros mientras decía:
- En el pueblo, dijo que ayudaría en la iglesia y que regresaría tarde.

El italiano mayor soltó un suspiro desanimado. Aunque de alguna manera estaba aliviado de saber donde se encontraba su hermano mayor, también se sentía molesto de que estuviera evitándolo tan descaradamente.

- Por supuesto. Vee…

- Elegí un mal momento para visitar eeh. -Dijo el menor con cierta incomodidad, rascándose distraídamente la mejilla.- ¿Debería regresar en.. ?

- No, no. -Rápidamente dijo, colocando sus manos sobre los hombros del menor y sonriendo a pesar de la situación.- Estoy feliz de que hayas venido, tan ocupados como estábamos ya parece que no nos hemos visto en meses. ¡Ven, vamos a ponernos al día y tener un delicioso desayuno juntos!

- Okay, okay. -Contestó con una risita, dejándose arrastrar por el italiano mayor.

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29 de septiembre (Suecia)

Finlandia se encontraba en la mesa del comedor, repasando un libro de recetas en busca de inspiración. Más temprano en el día, Suecia había salido a la ciudad con una extensa lista de compras y había manifestado en un comentario pasajero tener antojo por algo dulce. El finlandés se niega a autodenominarse como una esposa complaciente pero las peticiones del sueco no eran frecuentes y siempre eran tan pequeñas y simples, sin mencionar que esta vez ni siquiera fue una petición solo un comentario distraído al ver en la mesa la merienda que prepararon para las visitas.

Pasando un par de páginas del libro, noto una receta y debatió mentalmente si era lo suficientemente adecuada pero antes de poder llegar a una conclusión fue interrumpido por la entrada de una pequeña micronación.

- ¡Mamá, mamá!

El finlandés suspiro.

- Peter, no tienes que gritar y te dije no me llam-..

El joven corrió hacia el finlandés, enterrando sus dedos en su delantal visiblemente molesto por algo.
- ¡Lo siento! -Se disculpó más por instinto que por lamentarlo seriamente y continuo.- Pero Emil está usando la computadora desde hace hooooooras, ¿cuándo tendré mi turno? -Se quejó malhumorado, era de esperarse de que luego de terminar su tarea, los juguetes no lo entretuvieron demasiado tiempo como para olvidarse de su acuerdo.

- ¿Por qué no usas la computadora de tu habitación? -Pregunto palmeando suavemente su cabeza.

- Lars está usándola para hacer un experimento social, sea lo que sea que signifique eso. -Respondió encogiéndose de hombros.

Finlandia parpadeo confundido, no por primera vez se encontró sin entender algo relacionado con la otra micronación residente. Hizo una anotación mental para preguntarle a Estonia sobre eso más tarde.

- Esperemos que nada ilegal. -Comentó sencillamente, entonces se aclaró la garganta y trató de centrarse en la situación que seguía aferrándose a su delantal.- ¿Ya le preguntaste a Emil amablemente?

- Si, dije "por favor" y todo, ¡pero no funcionó! -Exclamó alterado, claramente confundido de que no funcionara.

- Bueno, calma, calma. -Dijo poniéndose de pie, tratando de transmitir confianza.- Hablaré con él.

Islandia era un buen chico y alguien racional pero aún parecía en conflicto sobre cómo comportarse con el par de adiciones a su familia, lo que era una de las razones por la que Suecia y Dinamarca en un raro caso de mutuo acuerdo decidieron que las visitas familiares entre sí les beneficiaria a todos, por lo que tenían que hacer tiempo para ellas sin importar que tan ocupado estuviera sus agendas. Finlandia estaba de acuerdo con esto luego de escuchar las razones, Noruega no lo aprobó pero tampoco lo rechazo lo cual podría traducirse como un acuerdo en su libro, mientras que Islandia tenía mucho que decir al respecto pero al final del día se dejó arrastrar por los demás y simplemente lidio con ello como con cualquier otra situación incómoda que lo tomara por sorpresa.

El finlandés adivino que cuando Sealand fue a hablar con Islandia, este último no supo cómo responder y optó por ignorarlo, lo que sea que estuviera haciendo en la computadora debía ser importante porque de lo contrario su naturaleza taciturna habría hecho que regresará a la habitación de invitados en el momento en que el más pequeño apareció en la oficina.

- ¿Emi? -Llamó tocando la puerta dos veces antes de entrar.- Emi.

- ¿Que? -Respondió desde detrás del escritorio.

- ¿Qué estás haciendo.. ? -Cuestionó acercándose cuando el islandés no mostró señales de estar incómodo con su presencia.

- Planeando un asesinato, ¿me prestarías tu motosierra? -Replicó en un tono entusiasta a pesar de que su expresión era indiferente.

- Muy gracioso. -Respondió deteniéndose detrás de él para observar, ya que el islandés no hizo ningún movimiento para evitarlo.- Oh, ese es un gran pedido de ovillos de lana.

- Se termino los que traje conmigo. -Explico sencillamente, entonces se detuvo y lo miró por encima de su hombro con cierta inquietud.- Hm,.. lo entregaran aquí, ¿es ese un problema?

- ¡Para nada! -Respondió alegremente, agitando sus manos un poco.- Es bueno que te entretengas con algo tan productivo, no quisiera que te aburras mientras estés aquí. -Dijo preguntándose mentalmente porque el islandés lo ordeno por internet en vez de pedirles que lo agregaran a su lista de compras, pero probablemente tenga algo que ver con que Noruega fuera quien lo compraría junto a Suecia.- ¿Es solo para retomar un hobby o hay una razón especial?

Islandia regresó su atención a la computadora, pero Finlandia notó que sus dedos se agitaron con cierto nerviosismo y podía ver claramente que las orejas del islandés enrojecieron.
- Yo.. quiero,.. planee regalarle... lopapeysa.. a un par de personas.. amigos míos.

Esa confesión hizo que una sensación cálida apareciera en el pecho del finlandés, tanto que no pudo evitar sonreír ni tampoco detenerse a agitar el cabello del islandés para trasmitir su aprobación.
- ¡Eso es tan agradable de tu parte! Hecho a mano y poniendo todo tu corazón en ello, tal regalo, seguro que les encantará.

El islandés cubrió su cabeza con sus manos en un intento de alejarlo, frunciendo el ceño con molestia a pesar de que su rostro estaba coloreado de vergüenza.
- N-No,.. no lo digas así. No es.. no será nada especial. -Hizo una pausa.- Ni siquiera fue idea mía en primer lugar..

- ¿Oh? -Exclamo esperando que continuara, pero el islandés pareció pensarlo mejor y decidió desviar el tema.

- No es nada,.. ¿querías algo?

- ¡Oh! -Recordó porque había venido en primer lugar.- Peter terminó su tarea y le prometí un par de horas de internet. -Comenzó a explicar y solo con eso el islandés pareció comprender, cerrando las pestañas abiertas y levantándose con la intención de irse. Pero Finlandia estaba lejos de querer que la joven nación se aislará hasta la cena.- ¿Si ya has terminado podrías ayudarme en la cocina? Ber tenía antojo de algo dulce así que le haré pan de azafrán.

Islandia se detuvo a medio camino, apartó un mechón de su cabello luciendo en conflicto y finalmente después de unos segundos de paciente espera murmuró:
- Bien, pero no esperes que sea de mucha ayuda..

Finlandia junto sus manos y sonrió, sabiendo que la nación más joven era un asistente de cocina bastante hábil y atento.

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1 de octubre (Canadá)

De pie junto a la entrada Prusia miró con cierta preocupación en sus ojos a la nación canadiense que estaba buscando su abrigo en el armario.

- ¿Realmente no quieres venir conmigo? -Cuestiono no por primera vez.- No creo que a Lud le importe, siempre está agradecido de un invitado que sea responsable en su cumpleaños. -Comento con una sonrisa picara.- ¡Probablemente porque estará muy borracho para tomar ese papel el mismo kesesesese!

Canadá negó con su cabeza mientras se acercaba con una chaqueta negra en mano, ayudando al otro a ponérselo sin dudar cuando se dio la vuelta.
- Gracias, pero tengo trabajo que hacer y no estoy del mejor ánimo para sitios concurridos. Lo siento.

El prusiano acomodo su abrigo con un movimiento de hombros y se giró para abrazar a la otra nación, quien soltó un chillido antes de corresponder.
- No tienes que disculparte, pajarito. ¡Ah, pero te extrañaré tanto! -Exclamó apretando el abrazo un poco más antes de soltarlo, lo que hizo que Canadá soltase una pequeña risita.- ¿Tú también me extrañaras demasiado, verdad? ¿Seguro que podrás resistir estar tan lejos de mi?

El canadiense puso una expresión solemne y se llevó una mano al pecho, apretando los labios como si contuviera dolor antes de responder:
- Sobreviviré.

- ¡Ese es el espíritu! -El prusiano se rio tomando la mano del canadiense para alzarla al aire en una pose de victoria.- Puedes llamarme y enviarme mensajes cuando quieras, ¡responderé de inmediato! -Aseguro con un pulgar en alto y un guiño coqueto.- Incluso si es solo para decir lo mucho que me amas y cuanto desearías que estuviera contigo en la ducha.

- ¡G-Gil.. ! -Exclamó escandalizado, con sus mejillas tornándose rojas.

- Hey, no hay porque avergonzarse. Probablemente te llamaré por lo mismo.

Canadá le sonrió con cariño a pesar de su vergüenza y lo castigó con pequeños golpes en su pecho.
- Eres.. tan tonto a veces.

- ¡Pero la mayor parte del tiempo soy impresionante y lo sabes! -Exclamó con una amplia sonrisa que el canadiense intentó no devolver de forma automática, fingiendo estar molesto.

- Claro, claro. -Respondió mientras se movía para ayudarlo con las últimas preparaciones antes de que partiera, asegurándose que tuviera su billetera, su pasaje, las llaves y un largo beso de despedida porque definitivamente lo necesitaban.

Cuando se separaron, ambos estaban un poco sonrojados y les tomó un momento finalmente separarse por completo.
- Cuídate, pajarito.

El canadiense asintió y volvió a darle un rápido beso esta vez en la mejilla, antes de abrir la puerta para permitirle irse. La nación norteamericana se quedó en la puerta hasta que lo perdió de vista, entonces cerró la puerta y miró aprensión a su alrededor, el silencio era un poco sofocante así que decidió buscar a su oso polar.

- ¿Se fue? -Fue la pregunta que recibió al encontrarlo. El oso estaba acostado tranquilamente en el sofá de la sala, con el pequeño Gilbird reposando en su cabeza.

- Por un tiempo, pero volverá. -Contestó siendo cuidadoso al tomar al pajarito en su mano, acariciando sus plumas un poco antes de colocarlo sobre su propia cabeza. Gilbird pio y se acurruco cómodamente.

- ¿Triste? -Preguntó el pequeño oso, dejando que el canadiense lo tomara y lo recostara sobre su regazo.

- Solo un poco, Kumaboko. -Admitió dándole unas caricias en la cabeza.

- Kumajirou.

- Pero te tengo a ti y a Gilbird. Además, Al dijo que nos visitará en unos días. -Comento sin perder el ritmo después de haber sido corregido.- Se oía emocionado, me pregunto si tiene algo que ver con la fiesta de halloween.

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2 de octubre (Italia)

Seborga había pasado los últimos días disfrutando de la compañía de sus hermanos mayores así como también esperando que la presa se rompiera en algún momento debido a la tensión que poco a poco se acumulaba en la casa. Por supuesto, al más joven no le agradaba que sus hermanos estuvieran peleando pero prefería que lo hicieran y pudieran disculparse, a la aparente tregua amarga que habían llegado solo con el fin de apaciguar y mantener las apariencias en su nombre.

Y ahora había llegado el momento en que Seborga se marchara y lo mismo parecía ser para Italia del Norte, quien tenía planes de ir a Alemania lo que definitivamente no ayudó al estado de ánimo de Romano. Solo la tregua flotando por sus cabezas es lo que impidió que el italiano mayor empezara a despotricar y se rehusara a llevarlos al aeropuerto.

- Luddy o Gil me recogerán del aeropuerto. -Informó el gemelo más joven mientras revisaba distraídamente su celular.- No tienes que preocuparte. -Agregó alzando una ceja hacia el retrovisor desde donde Romano lo fulmino con la mirada.

Seborga se preguntó mentalmente si creían que no se daría cuenta.

- No estoy preocupado, maldita sea, solo no quiero que me llames si te pierdes dentro de un aeropuerto otra vez. -Replicó Romano con burla y cierta indiferencia.

Italia inflo las mejillas con indignación y contesto en un tono bastante manso a pesar de todo:
- Eso fue cuando visite a Kiku y solo fue una vez, vee.. Nunca más me perdí.

- Probablemente porque ahora siempre se asegura de estar ahí para salvarte de ti mismo. -Masculló Romano mientras doblaba una esquina de forma algo brusca.- ¿Qué hay de ti, Marcello? -Cuestiono antes de que su gemelo pudiera dar una respuesta a su comentario.

El más joven esbozó una sonrisa, decidiendo hacer caso omiso al estado de ánimo dentro del auto.
- No necesito que me recojan, conozco Mónaco muy, muy bien. -Aseguró alegremente.- Ah~ después de todo, ¡no puedo parecer tan poco confiable ante mi queridísima Moni!

- ¿Uh? Oye, ¿insinúas que soy poco confiable? -Pregunto Italia con cierta diversión en su voz, dándole unos golpecitos juguetones en reprimenda.

Seborga se felicitó mentalmente luego de atrapar el pequeño tic en los labios de Romano por el retrovisor.

- Solo asegúrate de no causar problemas, no quiero que ese bastardo que apesta a vino tenga ninguna excusa a su favor para dirigirme la palabra. -Comentó Romano a lo que el menor de los italianos asintió de acuerdo.

- Vee~ ahora que lo pienso, no he hablado con el hermano Francis en un tiempo. Me pregunto, ¿qué estará haciendo? -Se preguntó Italia ensimismado.

- Probablemente esté siendo un bastardo pervertido en alguna parte, si Dios quiere muy, muy lejos de aquí. -Respondió el gemelo mayor encogiéndose de hombros, restándole importancia.

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(Inglaterra)

Francia buscó su pañuelo y se frotó la nariz, agitando una mano al aire en un inutil intento de espantar el polvo que lo había atacado al entrar al ático.

- Si te sientes enfermo debiste ahorrarte la molestia de esparcir tus gérmenes en mi casa, maldita rana. -Crítico Inglaterra quien se encontraba apartando una caja del camino para abrir un baúl, que parecía estar llena de artefactos viejos.

- ¡Es por todo este polvo, estoy seguro! -Se quejó Francia entrecerrando los ojos ante la pobre iluminación.- ¿Qué te poseyó para rebuscar en tu ático?

- No es que te incumba. -Dijo el inglés mirándolo con molestia, antes de continuar con su búsqueda.- Pero estoy buscando un libro que pienso enviarle a Matthew, pensé que estaba en la biblioteca pero el tomo que busco no estaba en la colección. Probablemente estará aquí en alguna parte. -Comento esto último en un murmullo para sí mismo, cerrando el baúl para recibir la misma caja que había apartado.

- ¿No puedes comprarlo de nuevo? ¿acaso es tan viejo que no tiene una versión digital? -Preguntó dando una perezosa vuelta en su eje para mirar alrededor.

- ¿Versión digi-que.. ? -Cuestiono distraídamente, hurgando en otra caja cuando la primera no dio resultados.

- Olvídalo. -Exclamó en un suspiro.- ¿Por qué no me dejas ayudar a buscarlo?

El inglés entonces apartó su atención de la búsqueda para juzgarlo con la mirada, pronto se encontró negando con la cabeza y diciendo:
- No quiero tus sucias manos tocando mis pertenencias, hay cosas muy delicadas y sentimentalmente privadas aquí. No confío en ti para no husmear o romper algo.

- Me rompes el corazón, Arthur. -Contestó el francés con un puchero en sus labios.

- Excelente. -Replicó animadamente, volviendo a su tarea.- Mi día no fue un total desperdicio de tiempo.

Francia se encogió de hombros bastante acostumbrado y aprovechó que el inglés estaba de espaldas para mirar un poco aquí y allá. Realmente había una acumulación de objetos sin un orden en particular, la mayoría tenían diversos grados de antigüedad y ciertamente el francés podía discernir aquello que fue guardado más por sentimiento que por ser valioso, incluso reconoció algunos de ellos. Por ejemplo, la pequeña pizarra llena de números garabateados, algunos juguetes de madera y un par de cuadernos antiguos donde se bosquejo pentagramas así como también muchos dibujos que podía adivinar fueron hechos por Estados Unidos y Canadá.

Un dibujo particular y colorido con cuatro figuras en medio de lo que parecía un campo de flores hizo que una triste sonrisa se dibujara en su rostro. “Esos días no volverán,.. Es lo mejor.”

- ¡Lo encontré! -Anuncio Inglaterra de repente, haciendo que el francés se apresurara a dejar el cuaderno donde lo encontró.- ¿Qué hacías? -Cuestiono con sospecha más por instinto al ver la falsa expresión de inocencia del francés, quien se balanceaba en sus pies y mantenía sus manos detrás de la espalda.

- Aburriéndome sin sentido. -Contestó Francia enseñándole sus manos vacías teatralmente.- ¿Pensé que teníamos cosas importantes que discutir?

Inglaterra entrecerró los ojos pensativo, pero finalmente soltó un suspiro y dijo:
- No te pedí que vinieras todo el camino hasta aquí, podríamos haberlo resuelto por teléfono.

El francés sonrió con cierta picardía, acercándose a la otra nación que estaba concentrada en despejar la suciedad del libro.
- Ah, pero ya estaba aquí visitando a… -El inglés lo miró con disgusto en sus ojos y sabiamente el francés se detuvo de dar detalles.- Como sea, hubiera sido grosero no aprovechar y pasar a saludarte personalmente a ti también, ¿no crees?

- No, no lo creo. -Respondió de forma inmediata, pero viéndose resignado a la situación.- Pero bien, vamos, tratemos con esto en mi oficina. Haré un poco de té, ¿alguna solicitud en especial?

- Ah, especial.. ¿Puedo pedir cualquier cosa~ de~ ti~?

Inglaterra usó el libro para estamparlo contra el rostro del francés que se encontró demasiado cerca del suyo.
- No aprecio tus insinuaciones, rana.

Francia se rio y se apartó, haciendo un gesto elegante a la trampilla para que el inglés se adelantara.
- Que aburrido te has vuelto, mi querido Arthur.