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Lost

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Lo último que Tatara quería era quedarse a la intemperie cuando su trabajo hubiese finalizado, mucho menos ahora que el incierto ya estaba sobre ellos, en algún momento estaba seguro la nieve comenzaría a caer y el no tenia un techo donde dormir.

Al menos su amigo Shiro, compañero de trabajo, había sido muy amable en ofrecerle posada en su casa, estaba tentado a aceptarlo, pero no quería ser inoportuno. Shiro tenía un pequeño niño, muy lindo. Lastimosamente estaba enfermo, no sabía exactamente de qué ya que jamas había sacado el tema a relucir de nuevo a su amigo. Pero podía intuir que no era nada bueno, tampoco es como si alguna enfermedad fuera buena. Ahora viendo su situación probablemente acabeiia durmiendo en la calle como un indigente. Prefería eso a tener que vender su cuerpo a hombres malditamente locos con la idea de ser el tipo de la película de " cincuenta sombras de Gray". Alfas con sufriente dinero para votar a lo estúpido, lo cual le beneficiaba si lo pensaba bien.

Con el uniforme puesto, el que debería llevar por ser mesero lo supuesto, avanzo entre las meses repletos de hormonas de alfas que le causaban nervios, como omega su miedo latente estaba de que algún estúpido se atreviera a abusar de él. Sabia que algunos omegas compañeros sufrieron eso y que de ahí provenían pequeñas crías de lobo. El niño de Shiro era uno, o eso había dicho, él todavía seguía creyendo en que el niño había sido concebido sin una violación de por medio. Al final de cuentas esos no eran sus asuntos así que no dijo nada más. Con la bandeja a la altura de su hombro, dejo cada bebida sobre las mesas correspondientes sin mirar o hacer caso a las palabras de los alfas pasados de copa.

No le importo ser grosero, de tofos modos los alfas no se darían cuenta que los mandaba al carajo. A zonas dejo la última copa sobre la mesa y dio vuelta regresando a su lugar a la espera de los demás pedidos. Ese era su trabajo.

Mesero en un bar clandestino, donde pasaban todo tipo de drogas ilegales en el país como si fuera solo sal. Llevaba sólo un año trabajando ahí por una deuda que había dejado su padre, si es que se le podía llamar a ese señor adicto a las drogas. Le pareció fácil darle en pago por sus adicciones que curiosamente acabaron con su vida por una sobre dosis. Al final de todas formas él quedaba como pago, la mafia jamas perdía un centavo. Él era ese centavo. Escapar no era una opción, eso se lo habían dejado muy en claro la primera vez que lo intento y le rompieron el labio inferior.

Jamás le quedaron ganas de intentarlo de nuevo. Sabia su suerte y no podía estar tentandola. Su única opción hasta el momento era trabajar para el mafioso dueño del lugar como mesero o incluso como el chico que preparaba las bebidas. Sin embargo, si sus cuentas no fallaban faltaban más de nueve años para saldar la deuda de su padre. Que esperaba se retorciera en el infierno por haberlo dejaba en ese problema.

Tenía tantas cosas prohibidas que estar solo de un extremo al otro del bar era un alivio. Estar viendo rostros nuevos quitaba un poco su ansiedad y tener menor propensidad de convertirse en claustrofóbico. La paga no era mucha debido al filtro que tenia para su deuda. A penas si podía pagar el alquiler, la luz, agua, electricidad, comida y otro artículos de higiene esenciales. Le gustaba oler bonito.

—¿Todo bien, Tatara?

Asintió sin ver directo a su amigo—solo ya no quiero esto para mi vida— suspiro—quiero poder dormir en paz sin tener que pensar que tengo que volver a este horrible lugar.

Shiro rió—yo también suelo con eso Tatara-san, pero si me voy, no podré con Kurosuke, no tengo estudios para tener un trabajo estable. Fuera de aquí no soy nadie— terminó de decar el vaso con la tela para dejarlo boca abajo debajo de la barra— mi pequeño hijo es primero...

—¿No tienes miedo que Choi le haga algo a tu hijo?—la sola idea de ese hombre lastimando a un niño pequeño le aterro. Si le había golpeado cuando tenia solo dieciocho años, se podía esperar cualquier cosa de ese alfa.

—Siempre, pero prefiero no darle motivos para desquitarse con mi hijo Tatara, Kurosuke es lo más bonito que tengo—de pronto se sonrojo y supo que la conversación había acabado.

—Esta bien, entiendo tu posición, yo también haría lo que fuera por mi hijo Shiro. ¡Bien!, iré a la bodega a verificar que estén trabajando, sino yo seré el afectado.

Dejo aun lado la charola para dirigirse a la puerta trasera donde se supone estaban trabajando, aunque el no tenia que supervisar que lo hicieran, era la única forma de alejarse de esa musica tan fuerte. A loa humanos les gustaba mucho, a su orejas le causaba algo de dolor.

Paseo un momento por las habitaciones color rojo, siendo conscientes de lo que hacían más allá de la habitación, al menos tenían intimidad, lo malo es que no podían escuchar si estaban siendo brutos con el omega. U beta. En ese lugar no importaba si eras hombre o mejer, siempre y cuando pudieran liberarse en ti era mas que suficiente.

Tener un compañero ahora era una lejana idea, casi de cuentos de hadas. Amor era lo único que ni había tocado se corazón, y Shiro no contaba, porque era su amigo. Pero no estaba del todo dolo, tenia a su hijo en sus brazos. Muchos de estos trabajadores quedaban encantados con las foto que pocas veces llevaba Shiro al 'trabajo'.

Regreso a su puesto de inmediato, pensando en lo que seria su futuro. Y en que todo seguiría igual. Quería llorar porque tenia ganas de ser alguien con responsabilidades de universitario, una carrera para ser le frente a los retos de la vida. Formas una familia con algún alfa que le amará.

¿Qué pasaba con el destino? solo quería a su compañero.