Actions

Work Header

And since we've no place to go (Let it snow! Let it snow! Let it snow!)

Chapter Text

—¿Me llamaste? —pregunta Louis, asomando su cabeza por la puerta de la oficina de su jefe.

Cuando Louis había despertado ese primer sábado de diciembre y el termostato del agua de su edificio no había funcionado al intentar darse una ducha, o lo único que había en su alacena era la comida de Nala, su gata, debió saber que el día no mejoraría mucho, o en absoluto.

Y es solo cuando su jefe Steve le pide que vaya a su oficina durante la hora de su almuerzo que está seguro.

Lo encuentra con la atención puesta en un cúmulo de papeles que tiene desperdigados sobre su escritorio, algo usual en él, su largo cabello recogido en un moño desordenado. Steve le indica con la mano que se siente y Louis, dando una gran exhalación lo hace, cerrando la puerta tras de sí. Espera unos segundos a que su jefe termine con el documento que tiene en las manos y le diga para qué lo llama.

—Lou —le dice, dedicándole una de sus sonrisas amplias donde pueden verse los dientes—, aún no tienes planes para Navidad, ¿correcto?

A Louis le resulta extraña la pregunta, su reacción automática es sacudir su cabeza, antes de considerar qué hay detrás de esa duda tan fuera de contexto. Steve, así como todos en la estación saben que Lottie, su única familia, estudia en Estados Unidos y ninguno de los dos puede hacerse con el dinero suficiente para pagar el viaje.

—¡Excelente! —exclama Steve, su sonrisa cayendo un instante después al percatarse de la mueca en el rostro de Louis—. No por el hecho de que nuevamente estés solo, pero sí porque ¿podrías considerar trabajar todos los domingos del mes, durante Navidad en la taquilla de boletos? Sé que amas estar en las taquillas.

No, no, no.

Sí, ama estar en las taquillas, su trabajo consiste en reparar todo lo que está mal en la estación. Vive en Manchester y cuando tuvo que dejar la escuela de cocina debido a la enfermedad de su mamá unos años atrás y buscar cualquier tipo de empleo para pagar los tratamientos y las largas estancias en el hospital, la estación de trenes —y Steve principalmente—, fue el único lugar donde le concedieron todas las licencias que necesitaba para cuidarla durante los peores días de la enfermedad.

Para el momento en que les informaron que el cáncer no estaba respondiendo al tratamiento y debían intensificarlo, su hermana llevaba un año viviendo en Estados Unidos con una beca en una de las mejores escuelas de moda y diseño y tanto Louis como su madre se negaron a que perdiera esa oportunidad.

Cuando Johannah murió Louis estaba solo, Lottie los había visitado por primera —y única— vez en tres años un par de meses antes, para las fiestas decembrinas, pero ninguno de los dos tenía el dinero para otro boleto de avión cuando sucedió, menos uno redondo. Además de la deuda con el hospital que dejó la enfermedad, Louis le había dicho a su hermana que solo se enfocara en estudiar y conseguir la pasantía que había estado buscando por años.

Ahora, dos años después de la muerte de su madre, Lottie tiene la pasantía, el dinero es excelente para terminar de pagar los viáticos que la beca no incluye, pero no para darle a ninguno un boleto para cruzar el Atlántico. Louis vio como única salida vender la casa de su infancia en Doncaster de su infancia para terminar de saldar las deudas y ahora debe conformarse a pasar otra navidad por su cuenta, aun así eso no significa que acepte la oferta de Steve.

—Lo siento, Steve, jefe, pero no trabajaré en Navidad y los domingos son mi único día libre para decorar mi casa —dice Louis, tratando de parecer firme.

—Sé que amas estar en taquilla, y te necesito —lo persuade Steve con conocimiento.

Es verdad, Louis ama vender boletos, es un trabajo más sencillo que mantener la estación funcionando, desde cuidar los pisos mojados de pasajeros distraídos que no se toman el tiempo de leer la advertencia, hasta los baños, fugas de agua y estancamiento en los depósitos, asqueroso. Además estar en taquilla significa verlo a él. Su futuro esposo.

Niega una vez más.

—Por favor, Louis, Lisa por fin tendrá a su familia este año y Perrie programó sus vacaciones desde el mes pasado.

Louis sabe eso, Lisa y Perrie trabajan en la boletería del lugar, son chicas geniales, sus únicas amigas en el mundo. Lisa es de Tailandia, llegó ahí para estudiar o convertirse en cantante, lo que pasase primero y, al igual que él, suele trabajar los días festivos porque su familia rara vez puede visitarla, pero ese año finalmente se verán y Louis está feliz por ella. Es una chica fabulosa, incluso mejor que muchos de la edad de Louis.

Por otro lado, Perrie se irá de vacaciones con su familia, lo invitaron; después de cuatro años trabajando juntos en la estación, la familia Edwards prácticamente lo ha adoptado. El viaje es por motivo del aniversario de sus padres y aunque su amiga y la madre de ella le insistieron a Louis, lo pone incómodo la idea de que le paguen todo el viaje debido a su incapacidad de poder conseguir un mejor trabajo.

—Te pagaremos extra —dice Steve, usando su último recurso.

Eso finalmente rompe la determinación de Louis, nunca, de verdad, nunca le dice no al dinero extra. Prácticamente vive al día con su sueldo de intendente y son los turnos extra lo que le dan un poco de margen para comprarse cosas solo porque sí.

—Lo haré —dice, dejando caer su cabeza en el respaldo de la silla.

—Gracias. —celebra Steve, inclinándose para besarle la cabeza—. No te arrepentirás.

Oh, Louis sabe que lo hará.

❄❄❄

—Me habría gustado que vinieras con nosotros —le dice Perrie durante su descanso mientras mueve el agitador en su termo. Están en la pequeña cafetería de la estación, no hay variedad de bebidas, pero les hacen descuento por ser empleados.

—Tendría el primer sello en mi pasaporte —responde Louis con un suspiro de resignación, encogiéndose de hombros. A esas alturas sabe que es un caso perdido lamentarse, pero su amiga no lo hace más sencillo.

—Sería un honor ser tu primera.

Su amiga eleva las cejas a forma de juego, son gruesas y más oscuras que su cabello, a juzgar por lo definidas que están, diría que acaba de arreglarlas, su día de descanso es el viernes, entonces es muy probable.

—El honor sería mío, Pezza. —Da un sorbo a su té, comprobando si ha esperado lo suficiente, está perfecto—. Organicemos algo.

—Hagámoslo, compañero —dice con rostro imperturbable, en realidad, es igual que sus demás gestos, pero Louis la conoce y sabe diferenciarlos. Ella lo toma del brazo y caminan juntos fuera de la cafetería—. Deberíamos ir a Tailandia y llevar a Lalisa con nosotros.

—Parece un plan.

Louis asiente, sus labios curvándose involuntariamente. Es una propuesta tonta, pero es diciembre así que se lo permite.

❄❄❄

Llega a su casa después de su turno, quería ir a la proyección navideña en Alexandra Park, pero con los turnos extra que debe trabajar, decide irse directo a su piso y darle un poco de espíritu navideño.

En una caja guarda prácticamente todos los adornos que caben en su casa, el árbol es armable y está en su propia caja en la parte alta del armario. Decir que diciembre es su mes favorito del año es poco, su cumpleaños es en Nochebuena, y aunque muchos suelen olvidarlo por la cantidad de actividades del día, le encanta recordar como su madre, hermana y su padre —antes de morir— pasaban esas fechas.

Ahora que está solo, intenta hacerlo lo menos deprimente posible, sus compañeros de trabajo suelen incluirlo en la fiesta navideña que realiza la administración de la estación, así que en realidad no es tan malo si lo piensa.

Se inclina en su única ventana, tratando de colocar un juego de luces con pequeñas esferas y adornos navideños, está a punto de lograrlo cuando una fuerte ráfaga de viento le quita la esquina del enchufe de las luces y cae, saca el aire, masajeando su cuello, nunca pensó que poner una decoración sería complicado.

Nuevamente, se inclina y sin demasiada fuerza tira de la guía, sin mucho éxito, repite la acción dos veces hasta que se da cuenta que la clavija de la luz está enganchada en la ventana de sus vecinos. Maravilloso. Se agacha tratando de zafar la caja plástica, hasta que finalmente decide jalar con un poco de fuerza luego de sus intentos fallidos.

Lo logra, el problema es que lo hace con excesiva fuerza y termina por romper la ventana de sus vecinos. Si Louis había pensado que su mal día había terminado una vez dejó el trabajo, se equivocó.

Se dirige a la planta baja después de recibir una llamada del señor Murray, su casero, es una de las personas más amables y consideradas que conoce, realmente no le preocupa lo que pueda decirle, en realidad Louis imagina que tendrá que pagar la ventana, pero no debe preocuparse por un casero gruñón queriéndolo echar a unos días de Navidad.

—¿Hola? —Louis inclina medio cuerpo a través de la pared del pasillo de entrada, la puerta está abierta y como el señor Murray ya lo espera, entra sin llamar—. Señor Murray.

—Adelante, Lou, y dime Robert.

Es la frase usual de su casero, luego de dos años Louis aún no puede acostumbrarse a llamarlo por su nombre, algo en su cabello blanco y su mirada gentil le dice que es de esas personas que deben ser tratadas con el máximo respeto. Podría pasar por alguien de la realeza. Seguramente, en su otra vida fue un rey.

Robert.

—Louis. —lo imita Robert, dedicándole una de sus sonrisas amables—. Bueno, ya sabes por qué estás aquí. —Louis simplemente asiente—. Los Miller no hicieron un gran lío de esto, lo cual es extraño.

—Debe ser la temporada.

El matrimonio Miller era una pareja de ancianos que viven quejándose todo el tiempo desde que se mudaron al edificio ocho meses atrás, y Louis aparentemente no ha sido el mejor vecino; es bueno, es increíble en opinión del señor Murray y los demás inquilinos, pero para la pareja es demasiado efusivo y ruidoso, y eso que vive solo, no se imagina qué dirían si tuviese un compañero de cuarto.

—Tendrás que pagar la ventana.

—Lo sé.

—El trabajo es urgente, los pobres se están congelando.

Louis siente sus mejillas arder al escuchar eso, si pudiera, cambiaría de lugar con ellos, pero su piso es para una sola persona, así que en definitiva no disfrutarían mucho su estancia ahí.

—Mi sobrino puede enviarnos el marco y el vidrio a cuenta, y le pediré a Brendan que lo ponga, así te ahorrarás algunas libras.

Louis asiente, el alivio deslizándose en sus hombros, todavía tiene que pagar la reparación, pero como siempre Robert está haciendo su mejor esfuerzo por ayudarlo. Tal vez el único inconveniente sea Brendan, es el hijo del señor Murray y tiene un fuerte enamoramiento con Louis desde el día que llegó a ese piso.

Al igual que su padre, el joven irlandés es amable y muy servicial —demasiado si Louis piensa en ello—, y ciertamente no es feo, sin embargo, lo conoció cuando tenía diecinueve años, casi la edad de su hermanita. Definitivamente, no puede pasar algo entre los dos. El problema es que el chico es persistente y a Louis cada vez se le dificulta más encontrar alguna excusa para no romperle el corazón.

—Entonces tenemos un trato —finalmente dice, mandando el asunto de Brendan al fondo de su cabeza, ya tendrá tiempo para pensar en eso.

❄❄❄

Su primer domingo lo recibe con una mañana gélida, llega temprano a la estación de trenes y va directamente al cuarto del conserje, su cabello húmedo se pega en sus mejillas que están roja y combinan con su nariz. Con pesar comienza a llenar el balde de agua y saca los productos para hacer la limpieza de su área; normalmente deja todo limpio desde el día anterior así solo debe llegar a trapear en las mañanas.

Para las nueve, ya está en su lugar tras la taquilla, sus manos se congelan, pero le es imposible usar sus guantes y entregar los boletos y el cambio con ellos. Afortunadamente, no parece ser un día transitado, al menos no en la mañana, y puede dedicar el tiempo muerto leyendo. Ahora lo hace con la colección de Deadpool, volumen uno, que le envió Lottie por su cumpleaños la Navidad pasada, lo ha leído un par de veces, pero en realidad nunca se cansa.

—Uno a Holmes Chapel, por favor —le dice un hombre, deslizando el efectivo en la charola de la ventanilla. Louis se sobresalta y rápidamente tipea el destino en el ordenador—. Lo siento.

Louis levanta la cabeza dispuesto a decirle al pasajero que no es ningún problema, y lo ve. Es él. Esos ojos cafés y mirada de cachorro, su mandíbula bien definida gracias a la barba perfectamente delineada que lleva y la amplia sonrisa que siempre le debilita las piernas.

—Gran comic —continúa, su voz parece una caricia y Louis solo desea escucharla toda su vida—. Mi hermano solía leerlos.

Louis le desliza el boleto a falta de algo mejor que hacer y simplemente asiente, obligándose a sonreír. Su futuro esposo amplía todavía más su sonrisa y se va dándole un «gracias» que sale acompañado de campanas de boda.

Mierda.

El estómago de Louis se aprieta y todo lo que quiere hacer es golpearse la cabeza sobre el mostrador, era su oportunidad. Su maldita oportunidad y la ha dejado ir. El atractivo hombre camina y pasa el andén dando saltitos e ignorando el letrero de piso mojado. Bueno algún defecto debe tener, se dice Louis mientras ve su abrigo color arena deslizarse.

Algo extraño sucede a continuación, una especie de baile termina con su futuro esposo enredándose en sus propios pies y lo siguiente que sabe Louis es que está cayendo a las vías y es casi en ese instante que el silbato del siguiente tren se escucha.

Mierdamierdamierda.

El primer impulso de Louis es mirar alrededor esperando ver algún guardia de seguridad, sin éxito, el segundo es salir de su cabina y asomarse, primero para verificar que el amor de su vida esté bien, y segundo, para comprobar que el tren que viene no lo haga sobre las vías donde el hombre está tirado sin hacer ningún amago por moverse.

—Joder, es fantástico —chilla Louis mientras se tira sobre los rieles y corre hacia el hombre o hacia el tren, en esa instancia no lo sabe.

Los metros que lo separan del amor de su vida parecen interminables y todo lo que ve es que la pesada máquina parece que a cada segundo aumenta su velocidad. Hay demasiados pensamientos corriendo por su mente: la posibilidad perdida de por fin hablar con él. Que esa seguramente será la última vez que se vean y ambos morirán al puro estilo de las famosas tragedias shakesperianas.

Finalmente, llega hasta él y para la suerte de los dos todavía hay algunos metros entre ellos y el tren.

—Por favor levántate —dice, inclinándose sobre su cuerpo sin recibir respuesta—. Por favor, amor. Te necesito vivo. —Le pide a Louis, intentando jalarlo de las solapas del abrigo sin lograr moverlo.

El silbato vuelve a sonar: «Muévelo, muévelo» parece que grita con desesperación, casi consciente de lo que está a punto de pasar.

—¡Ahhh, maldita sea!

Está apunto de rendirse, sin embargo, en una rápida mirada a su alrededor logra ver el hueco que se forma entre los rieles y la parte debajo del andén.

—Puedes hacerlo, Louis —se dice, infundiéndose valor—. ¡Solo gíralo, solo gíralo! —grita Louis mientras en otro intento jala al hombre, esta vez de sus hombros, el tren prácticamente sobre ellos, hay gritos a lo lejos, pero lo único en lo que Louis se enfoca es en tirar un poco más, solo un poco más.

En el último minuto, sacando el resto de su fuerza los gira, el aire producto de la velocidad del tren lo golpea en la cara un instante después.

—Viviremos —dice Louis con el último aliento al cuerpo inerte sobre él.

Las siguientes horas son una mácula en su memoria. Recuerda los gritos de la gente sobre el andén preguntar si se encontraban a salvo, y a los de seguridad prometiéndole que los sacarían lo más pronto posible —probablemente fueron treinta minutos como mínimo—, Louis había dejado de contarlo a los diez minutos cuando su cuerpo inmóvil había comenzado a entumecerse por el gran peso que cargaba. La vista era agradable, sin embargo.

Al salir de su pequeño «nido de amor» como comenzó a llamarlo en algún punto, encuentra a Perrie, Lisa y Steve justo detrás del cercado de seguridad que los bomberos pusieron, la preocupación evidente en sus rostros, Louis les envía un amago de sonrisa, que probablemente parece más una mueca.

—¿Nombre del paciente? —Escucha que uno de los paramédicos pregunta.

—Liam Styles —dice sin pensarlo mientras él mismo está en un chequeo de rutina.

El paramédico lo mira, incrédulo, pero luego la identificación le confirma lo que Louis ya le ha dicho. Esta es la cosa, el hombre, Liam, es abogado en una de las firmas más reconocidas de la ciudad, ha visto el membrete un par de veces entre los documentos que lleva. Un día, por insistencia de Perrie y Lisa, decidió googlearlo y lo encontró.

Liam James Styles, abogado mercantil. Intentó buscar más, pero la búsqueda en Facebook no dio resultados y dejó de intentarlo, pensando que sería un poco extraño el día que por fin hablaran. Es la misma razón por la que no suele referirse a él por su nombre casi nunca. Quiere que ese primer encuentro sea lo más natural posible.

—Diría que solo estás conmocionado, pero yo recomendaría que aun así, vayas al hospital para descartar cualquier cosa —dice la paramédico que lo atiende.

Lisa lo mira y mantiene sus pulgares arriba, sonriéndole y mostrando todos los dientes, eso definitivamente lo hace sentir mejor.

—Bien, sí, gracias —responde, dedicándole una mirada a Steve, es su jefe y es quien debe autorizar su salida después de todo.

—Irás al hospital, chico —Steve dice una vez que Louis se reúne con ellos y les dice lo que la paramédico sugirió.

—Así también puedes mantener un ojo sobre tu chico —bromea Perrie, ganándose la sonrisa cómplice de Lisa.

Eso suena bien para Louis, sigue preocupado por la inconsciencia del hombre.

❄❄❄

En el hospital, el médico le dice que está en perfectas condiciones, entonces se escabulle al área de urgencias, donde sabe que llevaron a su futuro novio. Hay un alboroto, de médicos, paramédicos y policías, levantando todavía su reporte.

—¿Cómo está él? —pregunta Louis al que parece ser el médico a cargo.

—¿Es familiar? —Es la respuesta del médico—. Lo siento, solo familia —dice, pero lo hace de una forma que Louis sabe que no lo siente ni un poco.

—¡Íbamos a casarnos! —prácticamente grita.

Sabe que es tonto y que probablemente se ve como un adolescente con una rabieta, pero para Louis ahora es la menor de sus preocupaciones. Quiere entra y sostener la mano de Liam y decirle que todo estará bien, y ser lo primero que vea en cuanto despierte y que por fin se dé cuenta de su existencia, que le agradezca infinitas veces por ser tan valiente y arriesgar su vida para salvar a un extraño y que finalmente se enamore de él.

—Ven conmigo —Una voz masculina de acento marcado dice, es un enfermero rubio, irlandés por lo que puede deducir, lo toma del brazo y lo conduce a la habitación de Liam.

—Muchas gracias.

Louis realmente no entiende por qué esté maravilloso enfermero le permitió la entrada, pero no va a cuestionarlo en ese momento y arriesgarse a perder su —seguramente— única oportunidad.

—Me alegra que no murieras.

Tal vez hablar con un desconocido inconsciente sea algo muy raro, pero Louis lo encuentra inusualmente familiar. Mira la habitación blanca y al hombre frente a él conectado a algunas máquinas, un recuerdo fugaz de su mamá llega a su cabeza, uno feliz.

—¡Ay, mi pequeño bebé!

Una estruendosa voz rompe con la tranquilidad de la habitación, de pronto en la puerta hay una multitud —al menos cinco personas— empujándose unos a otros entre gritos y llanto.

—¿Estará bien? —La voz gruesa y vetusta de uno de los hombres más grandes pregunta, al menos un par de médicos entran detrás de ellos, el enfermero y uno de los guardias.

—¿Qué te hiciste, hermanito? —La mujer más joven dice, pasando junto a Louis sin siquiera notarlo.

—Todo indica que está bien, y... —dice el médico que unos minutos atrás lo echó—. ¿Qué hace él aquí? —Su voz pasa de la cortesía a la hostilidad en unos segundos y la mirada fría sobre Louis lo hace palidecer, en unos instantes varios pares de ojos lo observan y todo el alboroto previo ahora se ha terminado.

—Lo, lo siento, yo...

—Le salvó la vida —dice el policía con una efusividad poco usual.

—Es su prometido. —El enfermero dice a continuación, ganándose la atención de todos.

¿Qué?

Louis lo mira, sangre drenándose a sus pies, ¿es que acaso ese pequeño rubio acaba de comprometerlo públicamente a quienes supone es la familia de Liam?

—¿Lo salvaste?

—¡Prometido!

—¿Se lo quitaste a Sophia?

Varias voces dicen al mismo tiempo, solo registra algunas, como la de la hermana que le da una sonrisa de satisfacción. Louis busca el rostro del enfermero queriendo respuestas, ¿por qué dijo algo así?

La expresión del médico se torna confundida, Louis siente el calor inundar sus mejillas y lo único que desea es poder meterse bajo la cama y fingir que nada de eso está sucediendo. Y de ser posible, borrarlo de su memoria.

—Em, yo... —Es lo único que Louis es capaz de decir cuando tiene a todas estas personas prácticamente sobre él.

—Sáquenlo de aquí.

Es nuevamente el médico, quien parece ser el primero que descubre la mentira que Louis definitivamente no difundió.

—¡Gracias! —dice la mujer mayor y repentinamente lo está abrazando.

Sus brazos son cálidos y confortables, como los de una madre, huele como una y sin pensarlo le devuelve el abrazo.

—Le salvó la vida —dice el hombre anciano que está junto a la señora que lo abraza, Louis no pierde el ligero manotazo que le propina al médico, no es fuerte, pero sí una clara advertencia y no puede hacer otra cosa que fundirse todavía más en ella.

—Eres muy lindo, me alegra que seas su prometido —dice la mujer con lágrimas corriendo por sus mejillas.

Eso es extraño, por qué no está acusándolo de ser un mentiroso, ninguno lo hace, todos lo miran con una mezcla de sorpresa, fascinación y otra cosa que podría interpretar como alegría, un peso extraño y desagradable se posa en su estómago, es la culpa, le grita su cabeza. Culpa por engañar a esa adorable mujer.

—Sophia era una perra, ya me agradas —dice la chica una vez que se libera del abrazo, su sonrisa es ancha y puede ver un pequeño hoyuelo en su mejilla.

—¡Gemma, lenguaje! —la reprende la señora, sin sonar realmente molesta.

—Lo siento ma, pero es verdad y lo sabes.

Entonces, alrededor tiene a la familia de Liam. Louis mira a cada persona en la habitación, a la derecha está la chica, Gemma, la hermana, y a su lado hay un hombre alto, bien parecido con el brazo rodeando su cintura, amigo, novio o esposo, piensa, antes de ver el anillo en el dedo anular de su mano izquierda a juego con el que ella lleva.

Junto a Louis está la madre de ambos, sosteniéndole el brazo, al otro lado está uno de los hombres grandes, supone que es el padre por cómo ha estado del lado de la madre todo este tiempo, hay otras dos personas en la habitación. Un chico guapísimo de piel bronceada, ojos cafés y cabello oscuro y el otro anciano. No anciano, pero sí de la edad de los padres. Es bajito, como Louis tal vez, blanco, rellenito y con cara amable.

Una familia particular y ruidosa, pero que rebosa cariño y calor de hogar a metros, Louis se atreve a pensar.

—¿Cómo se conocieron? —pregunta el esposo de Gemma.

—¿Cómo te lo propuso? —Es el turno de Gemma.

—A ninguno le interesa que Liam va a casarse y a nadie se lo mencionó —dice el que supone es el padre, quien también debe ser el único con sentido común en esa habitación, Louis está a punto de perder la cabeza—. ¿Harry les dijo algo? —Parece que la pregunta va dirigida a los más jóvenes.

—Oh, papá, Liam no ha hablado con ninguno desde la boda de Gemms —dice el chico alto de pómulos delgados, mostrando una sonrisa linda, también es hermano de Liam, correcto.

—Ocho meses, Des —dice el esposo de Gemma.

Des es el nombre del padre, entonces tiene a Gemma, la hermana, y el esposo, la madre, el hermano guapo y un señor gordito sin nombre. Ah, y un tal Harry que no está presente.

Liam no ha visto a su familia en ocho meses, eso no se siente bien, debe ser un hombre ocupado, Louis no se dejaría pasar un día sin visitar a sus padres si todavía los tuviera, pero está Lottie, a quien no ha visto en casi tres años, y tienen sus razones, sin embargo, hablan tanto como pueden. Liam en definitiva debe tener una buena razón.

—Entonces, ¿qué fue lo primero que te gustó de él? —insiste la hermana.

«Esa es fácil», piensa Louis, recordando la sonrisa que Liam tiene cada vez que entra en la estación y como sus ojos se vuelven finas líneas y su rostro se vuelve el de un cachorrito siendo consentido por su dueño.

—Su sonrisa —dice Louis, dejando que la propia se deslice en su cara—, y su mirada amable, siempre la tiene para todo el que se cruza por su camino.

Al recordar a Liam, se olvida que está con su familia, que además creen que están comprometidos, entonces nuevamente se pone alerta y vuelve su atención a los rostros amables que lo miran esperando más. No puede hacerlo, el vuelco de su estómago se lo impide.

El médico interrumpe cualquier otro intento de pregunta y Louis lo agradece, comienza a dar explicaciones y en ningún momento puede escaparse, tampoco lo intenta. Al final, tiene dos cosas claras, Liam está bien y su familia es maravillosa. Ruidosa, pero maravillosa.

—Gracias, cariño... —le dice la madre de Liam, Anne, ahora sabe gracias a las preguntas del médico.

Toma a Louis de las manos y aprieta con más fuerza de la que se considera normal, pero la mirada que le da es simplemente todo lo que una madre es y Louis no llora de milagro.

—Louis —dice como puede, al darse cuenta que no se ha presentado—. Soy Louis Tomlinson, y fue un placer salvarlo, lo haría una y otra vez.

Es la única cosa cierta que ha dicho en todo el tiempo que lleva ahí, se siente bien no mentirles.

—Yo, debo, debo irme —dice Louis, señalando la puerta, ya ha perdido su día de trabajo, pero no significa que pueda quedarse por más tiempo en ese lugar.

—Oh, de acuerdo, pero gracias otra vez —dice Anne—. Me alegra que Liam te tenga.

Claro.

—Me alegra tenerlo. —Es lo que Louis dice en respuesta.

Una vez que se despide de toda la familia prácticamente huye para evitar meterse en más enredos, pero una voz cálida lo detiene antes de que el elevador se detenga en ese piso.

—¡Louis! Lo siento —El hermano de Liam le dice, su voz un poco agitada.

«Lo descubrió», es todo lo que puede pensar.

—Descuida —dice Louis, jugueteando con sus dedos ante los repentinos nervios que lo inundan.

—Solo quería darte las gracias personalmente —dice el hombre, sus mejillas se tiñen en rojo y se ve adorable. Esa familia es guapísima, no puede evitar pensar—. Sé que Liam puede ser un poco imbécil a veces, pero en el fondo es una buena persona. No te tendría a ti de no ser así.

Las palabras se añaden a la bola de culpa que está en su estómago, simplemente no merece todo lo que esa familia piensa de él. Les está mintiendo sobre algo tan importante como un compromiso. Si bien merece el crédito por salvarlo, no lo hace por dejarlos creer que va a casarse con Liam.

—No diga eso.

Es todo lo que dice porque no es capaz de contar la verdad, su plan es solo desaparecer, fingir que nunca pasó y esperar que cuando Liam despierte les diga que simplemente fue un pequeño mentiroso.

—Soy Zayn, por cierto —dice, tendiéndole la mano—. Un gusto, hermano.

—Igualmente.

Cuando Zayn se va, Louis siente que algo muy pesado cayó sobre él, un piano tal vez, no está seguro sobre como se siente, pero definitivamente lo destrozaría tanto como está en ese momento.

La puerta del elevador se abre y el enfermero rubio creador del embrollo aparece.

—¡Tú, idiota! —Prácticamente salta sobre él.

—Pero ¿qué? —Es todo lo que el pequeño enfermero irlandés tiene para decir.

—¿Cómo que qué? ¿Su prometido? ¡Bromeas! —Louis trata de no gritar, todavía su falsa futura familia puede escucharlo—. ¿Por qué les dijiste eso?

—Para que te dejaran entrar —dice el chico tan normal como si esa fuera toda la explicación que necesita.

—Gracias, pero no tenías que mentir y meterme en problemas.

—¿Mentir? Tú lo dijiste —contesta el enfermero, extrañado.

¿Qué?

Es entonces que recuerda su pequeño desliz de hace unas horas.

—¡Estaba pensando en voz alta! Ni siquiera me conoce.

La piel pálida del hombre se vuelve roja al instante, es bastante notorio el cambio, sus ojos azules se abren en su totalidad y parece que se saldrán de sus cuencas si no parpadea.

—Qué mierda, amigo. Esas cosas se aclaran.

—No pensé que alguien se estuviera entrometiendo. —Louis reclama como si eso hiciera alguna diferencia.

—Hey, solo quería ayudar. —se queja el enfermero. Los hombros de Louis caen, él no tiene la culpa y está siendo injusto—. Y fuiste tú el que dejó correr la mentira.

—Tienes razón, lo siento. —se disculpa, dejando ir al hombre—. Solo estoy alterado, buscando una forma de arreglarlo.

—Mira —le dice el enfermero— creo que te entiendo, y lo siento por empeorarlo, cualquier cosa que pueda hacer para ayudarte, cuanta conmigo. Estoy entre semana durante las mañanas y cubriré la jornada acumulada en diciembre, si me necesitas pregunta por mí, soy Niall Horan.

—Gracias, Niall. —Es todo lo que dice, porque todo el coraje que tiene atorado en su garganta es en vano, así que lo deja pasar.

—Debo seguir trabajando, pero cualquier cosa, te ayudaré.

—Soy Louis.

Es lo que le dice al cuerpo en movimiento del enfermero que se aleja. ¿En qué momento su vida se convirtió en una película?

❄❄❄

Llega a su casa más agotado que en cualquier día de trabajo normal, al salir del hospital contestó los mensajes de Perrie, Lisa y Steve, su jefe le ha concedido el resto del día para que se recupere, y Louis lo agradece.

Solo quiere beber un poco de leche y dormir hasta el día siguiente, sin embargo, frente a su puerta lo espera Brendan con la sonrisa brillante de siempre, Louis definitivamente no está de humor para tratar con su enamoramiento tonto, pero tampoco tiene el corazón para rechazarlo esa noche, así que inspira profundamente y sube los últimos escalones que lo separan del chico.

—Lou —exclama Brendan en cuanto está frente el chico casi salta sobre él.

—Hey. —Es su respuesta, Louis espera a que Brendan diga algo y cuando no lo hace decide preguntar—. Em, ¿puedo ayudarte?

—Oh, no —rápidamente contesta Brendan—, solo quería decirte que reparé la ventana.

—Eso es fantástico, Brendan, muchas gracias, te pagaré en cuanto reciba mi cheque.

Louis pasa del chico y comienza a abrir su puerta.

—Oh, no hace falta, Lou, puedes invitarme a cenar, sabes que amo tu comida.

Para ese punto Brendan está demasiado cerca de Louis, mueve un poco su brazo, alejándolo y se gira para enfrentarlo, el chico sonríe, su piel es roja, le recuerda un poco a Niall, debe ser cosa de irlandeses, supone.

—Perfecto, lo haré, dile a tu padre que invito la cena del viernes.

La sonrisa de Brendan cae un poco, Louis sabe que acaba de romper la ilusión del chico, pero no hará algo que puede interpretarse como una posibilidad real en la cabeza del joven, menos ahora después del enredo en el que acaba de meterse.

—Oh, bien, sí, gracias, Lou.

Louis solo asiente y abre su puerta, para después despedirlo con la mano hasta que el chico comienza a bajar y desaparece.

❄❄❄

Esa noche estar en su piso es una tortura, ni la compañía de Nala, ni los villancicos sonando a lo lejos, ni los gritos de Brendan mientras intenta imitar a David Bowie son suficientes para acallar los pensamientos de soledad que tiene. Intenta llamar a su hermana, pero salta al buzón automáticamente, así que no vuelve a tratar.

Son las nueve y después de alimentar a su gata y darse una ducha, Louis sale de su casa directo al hospital. Entrar en la habitación de Liam es difícil, pero con la ayuda de Niall logra ingresar en ella, que ahora está vacía a excepción de Liam y él.

Es extraño estar con él, incluso si está inconsciente y hay una máquina que monitorea su pulso y otra que le suministra medicamento, la sensación de que no está solo lo acompaña, muerde su labio y decide acercar un poco su silla a la cama. Termina junto a él y en un acto de valor le toma la mano libre de la cánula.

—Hola, Liam. —comienza a decir, no sabe exactamente qué quiere transmitir, pero sí que tiene la necesidad de decir algo—. Soy Louis, tú probablemente no me conoces, sí lo haces, pero no tienes porqué recordarme. Soy, em, trabajo en la estación de trenes que usas todos los días. Soy intendente y plomero, en pocas palabras todólogo. A veces también boletero. Es mi parte favorita, es un pago extra, no es tan agotador ni debo lidiar con la suciedad humana, si sabes a lo que me refiero. Probablemente no.

Liam es abogado de una exitosa firma, seguramente nunca ha necesitado trabajar para obtener sueldo extra y mucho menos limpiar baños para sobrevivir, no se queja. Es decir, si pudiera elegir no lo haría como su trabajo soñado, pero le ha enseñado humildad. No que alguna vez haya tenido la oportunidad de perder el piso, pero si alguna vez la tiene, ahora sabe el trabajo duro que hay detrás de todo, incluso del funcionamiento de una simple estación de trenes.

—Te veo todos los días, es probablemente el único momento en que hago demasiado deprisa mi trabajo, cuando no estoy en taquillas. Vivo solo, bueno, en compañía de Nala, mi gata, tengo una hermana, Lots, ella vive en Estados Unidos, estudia diseño de modas, creo que es muy talentosa, no la veo hace tres años, antes de la muerte de mi mamá. Ella era fantástica, a veces todavía creo que la escucho darme consejos, cuando me siento más solo de lo normal. Mi papá, él murió antes, tenía diez y Lottie cuatro, creo que fue el momento en que mi mamá y yo nos volvimos mejores amigos.

El nudo en el pecho de Louis se deshace poco a poco mientras las palabras fluyen sin temor alguno de algo, no está seguro de qué. A la familia de Liam, seguro, pero también a algo más profundo y enterrado en su ser.

—Mis padres se amaron hasta el último día de sus vidas, y a veces pienso que quiero eso, pero es imposible tenerlo, entonces te veo o te pienso y creo que es posible. ¿Crees que soy demasiado loco por enamorarme de un extraño? Tal vez soy un romántico sin remedio —dice mientras se ríe, lágrimas deslizándose por sus mejillas. De alguna forma se siente bien, estar diciéndole a alguien cómo se siente realmente, incluso si no puede escucharlo, rara vez lo hace, y es reconfortante.

»No quiero cansarte con mis penas, solo quiero que sepas que me gustaría que me vieras finalmente, ojalá despertaras ahora y te enamoraras de mí, sería más fácil con tu familia. Son increíbles, tus hermanos son tan diferentes, pero te quieren, aunque eso ya lo sabes. Solo piénsalo, mientras decides despertar. Louis Tomlinson, tu futuro esposo.

Louis sigue hablando de cosas sin importancia hasta que no puede más y sus párpados pesan, pero se obliga a seguir hablando, no tiene una razón real para hacerlo, pero no quiere dormirse y haber perdido el valor.

—¿Te quedaste toda la noche? —Una estruendosa voz dice junto a él, despertándolo.

Louis mira a su alrededor, las luces del hospital encendidas por completo a diferencia de la noche anterior. Joder, se ha dormido y nuevamente está atrapado con esa maravillosa familia.

—Sí, yo no podía dormir —dice Louis, quitándose las lagañas de los ojos.

Ahí están todos, Gemma y su esposo, Anne, Des y Zayn y el otro hombre, una cobija cuelga de sus hombros y se desliza al suelo antes de que pueda sujetarla, cae a los pies del hombre del que aún no escucha el nombre. Debe ser una especie de tío o algo parecido.

—Oh, ¿no es adorable? —inquiere con ternura, pasándole la cobija al tiempo que pone un brazo sobre sus hombros—. Eres lo mejor que pudo pasarle mi ahijado, Louis.

No es ningún tío entonces, eso solo comprueba lo extraña y unida que es esa familia y Louis quiere tanto ser parte de ella que los ojos se le rasgan y está a punto de llorar.

—Oh, James, mira como pones al chico, déjalo —dice Anne y aparta a James de su costado y lo abraza en su lugar, Louis no puede evitar hundirse en el cálido abrazo, le recuerda a su madre.

—Lo siento, yo... debería irme.

Louis se deshace del abrazo y descuidadamente se limpia las lágrimas.

—Oh, cariño, de ninguna manera, ya eres familia. —Anne nuevamente hace más difícil que desaparezca.

—Gracias, Anne, pero debo trabajar.

—Oh, cariño, dime mamá. No puedo evitar que te vayas, ¿verdad?

Louis sacude la cabeza, en parte para contestarle y en parte para retener las nuevas lágrimas que se forman en sus ojos.

—Si debes irte está bien, pero deberías ir a la celebración de Gemms, cumple años hoy y su fiesta se arruinó ayer —dice el esposo de la misma Gemma, su sonrisa es también demasiado amable. La calidez y amabilidad debe ser requisito para pertenecer a esa familia.

—Oh, Seb, esa es una idea increíble cariño —dice Gemma, besando la mejilla de su esposo—. Definitivamente tienes que ir, Louis, sería fantástico tenerte con nosotros.

Gemma rebusca algo en su bolso, saca un pedazo de cartón y se lo da, es una tarjeta que dice «Demoliciones Styles e hijo», una dirección y el teléfono.

—Es la dirección de la casa de mis padres, ahí nos veremos después de las ocho, sería fabuloso que vayas —dice Gemma, es probable que sea la primera vez que no está emocionada y solo hay agradecimiento en su voz.

—Además, podrás conocer a Harry —dice Zayn, dándole una mirada suplicante—. Nuestro otro hermano.

Uno más. Esa familia es enorme, justo como siempre ha querido. Es demasiado, así que solo asiente.

—Oh, lo siento.

Un golpe se escucha cerca de la puerta y Zayn, que está frente a ella trastabilla un poco, Niall aparece un segundo después cayendo sobre él, el hombre alto lo detiene y en el camino derrama el contenido de la taza que el enfermero tiene en la manos, manchando a ambos.

—Ay, Jesús, lo siento. —Su cara roja como tomate deja bastante claro cómo se siente en ese momento.

—Al menos no estaba hirviendo. —Zayn intenta aligerar el momento mostrando su sonrisa bonita al joven Niall, que se sonroja más si es posible.

—Perdón, Louis, te traía un poco de café, pero tenía que hacer mis rondas antes de irme.

—La intención es lo que cuenta, gracias por la cobija. —Señala al cobertor que descansa en sus hombros luego de que James la pusiera ahí por él. El rostro de Niall cambia de apenado a su sonrisa brillante en cuanto lo menciona.

—Creo que iré a limpiarme —dice Zayn, su chaqueta gris está completamente mojada, Niall vuelve a sonrojarse.

—Tengo un suéter extra en mi casillero, si lo deseas puedo prestártelo. —ofrece Niall, incluso más nervioso que hace unos segundos.

—Oh, si no lo necesitas, sería fantástico, Niall —dice Zayn, inclinándose un poco para leer la placa con el nombre que lleva el enfermero, simplemente asiente y le pide que lo siga—. Nos vemos en la noche, Louis —continúa Zayn antes de desaparecer tras el despistado enfermero.

Louis logra irse después de eso, una extraña sensación lo invade todo el trayecto a su casa, la pregunta que más da vueltas en su cabeza es «¿debería ir o no?».

❄❄❄

Después del incidente en el hospital al día siguiente, el trabajo fue igual que siempre: vaciar cestos de basura, limpiar baños, secar inundaciones, arreglar fugas —la mayoría inexistentes—, para el momento en que su descanso llega, solo quiere un respiro.

—¿Vas a levantar un oficio por riesgo de trabajo? —pregunta Steve, saliendo por la puerta de empleados. Louis se recuesta en la pared, usando un ladrillo saliente de almohada, ignora el té que le llevó Lisa, ella y Perrie saltan para quitarse el frío que sus gruesos abrigos no logran hacer.

—Por supuesto que no —dice Louis, apenas abriendo la boca, tiene demasiado sueño y su cuello parece tener una contractura gracias a su noche en el hospital.

—Gracias hijo, te cumpliré lo que quieres, lo juro, solo pídelo —dice su jefe, audiblemente aliviado, como si alguna vez hubiese sido una posibilidad real.

—Bien, lo tendré en mente, gracias.

Honestamente, Louis duda que alguna vez le tome la palabra, pero es bueno saber que, de alguna forma, tiene beneficios a su nombre por las cosas que hace bien. Steve se va y Perrie y Lisa solo dan saltitos por un rato sin decir nada.

—Iremos de compras navideñas —dice Lisa luego de un gran silencio, Louis ha comenzado a darle sorbos a su té, casi se ha enfriado por completo, y aunque no le gusta frío, lo prefiere si eso garantiza que puede recostarse unos minutos más.

—¿Quieres venir? —lo invita Perrie. Lo piensa por un largo minuto, le gusta hacer compras navideñas, pero no tiene a nadie a quien comprarle, solo que sí tiene, no es exactamente navideño, pero hay un festejo aguardándolo ese día, y qué mejor que un par de chicas para que lo asesoren, así que únicamente asiente, siendo incapaz de articular palabra.

El descanso termina pronto y los tres deben volver, ellas a las taquillas y Louis a cualquier situación que lo necesite.

❄❄❄

Esa noche al dirigirse a su casa, termina de alguna forma frente a la puerta de los Styles. Fue con Perrie y Lisa a conseguir un pequeño obsequio para Gemma, sin embargo se arrepintió y fue a su casa desechando por completo la idea de volver a ver a la familia, sin embargo, se topó a Brendan y de alguna forma está ahí.

Se debate entre tocar el timbre o huir antes de que alguien pueda darse cuenta, da la vuelta decidiendo que es una pésima idea, pero se choca con James, el padrino de Liam, viniendo por el caminillo de piedra. Louis se ordena respirar, ahora que le es imposible escapar.

—¡Louis! Qué bueno que viniste, temía que no lo hicieras —dice James, la forma en que lo hace y lo escrudiña le hace pensar que hay algo más detrás de sus palabras, pero cuando le sonríe mostrándole los dientes y sus ojos amables lo miran a la cara, respira y deja ir cualquier pensamiento fatalista.

—¿Podemos hablar?

«¡Lo sabe!», su cerebro grita, alterándolo lo suficiente para jugar con sus dedos. Asiente a James, el hombre lo conduce a los escalones de la casa de los Styles, Louis piensa en todas las excusas que puede darle para que no lo delate ese día, pero todo parece patético.

—Los Styles son mi familia, me adoptaron cuando mi esposa Chelsea murió. —comienza James sin mirar a Louis—. Parece que es algo de ellos.

La culpa vuelve a golpearlo con más fuerza ante el pensamiento de Anne adoptándolo como su hijo sin necesidad de una mentira tan cruel.

Una ráfaga de viento comienza en ese momento y Louis intenta cerrar más el abrigo, sin embargo, el modelo carece de botones en el cuello y la única forma de hacerlo es dejando ahí sus manos, pero eso significa que sus manos se enfríen. James lo mira en ese momento y le da una sonrisa amigable que no entiende.

—Escuché tu charla en el hospital —dice James con tal normalidad, como si no estuviera a punto de desenmascarar su engaño.

—Lo siento, les diré. —Los hombros de Louis caen, todo él se siente de esa forma, entrar en un espiral descendente de oscuridad y soledad no es bonito.

—Oh, por favor no lo hagas —dice de repente James.

Louis lo mira, incrédulo, de todas las cosas que habría esperado cuando alguien descubriera la verdad, esa definitivamente no es una, James comienza a reír y le palmea la rodilla.

—Les devolviste a Liam, sus padres pensaron que no volverían a hablar con él, pero hoy es como si hubiera vuelto a nacer y es gracias a ti. Si les dices la verdad, el corazón de Anne no lo soportaría.

Esa noticia golpea a Louis, escuchó en el hospital hablar sobre la estancia de Anne en el hospital algunos meses atrás, pensó que se trataba de algún chequeo de rutina, pero ¿su corazón?

—¿No empeorará las cosas? ¿Qué haré cuando Liam despierte?

James se encoge de hombros, considerando la respuesta.

—Cuando eso suceda, estarán tan felices que olvidarán ese pequeño detalle, ¿lo harás?

Esa respuesta no tranquiliza del todo a Louis, sin embargo la idea de pasar un poco más de tiempo con la familia se escucha increíble y en contra de todo lo que le grita que cuente la verdad, acepta.

—Está bien, pero tendrás que ayudarme.

El hombre solo asiente y se pone de pie, tendiéndole una mano a Louis.

—¿Entramos? —le pregunta James.

—Estoy ansioso.

Más o menos lo está, al menos trata de convencerse de eso así mismo. La casa por fuera se ve grande, por dentro definitivamente comprueba que lo es, la sala de estar es el doble o tripe que su piso completo, no es un lugar realmente amplio, pero aún así esa casa debe serlo.

El lugar dice hogareño por todos lados, hay alfombras grabadas por todo el piso, y las escaleras que están más adelante tienen recubrimiento de madera. La pintura es color crema en las paredes y blanca en los techos con una cenefa que su mamá bien podría haber elegido.

Hay adornos por todos lados, grandes y pequeños. Tupidas guirnaldas en cada habitación con esferas y estrellas y adornos en verde y rojo. Todo dice Navidad. El árbol también es enorme, no como el debilucho y prácticamente sin ramas que ha puesto él. Nala ha hecho un excelente trabajo en terminar de quitarle el follaje que todavía conservaba.

Antes de que la familia Styles pueda verlo, Louis lo hace primero, están en el comedor, su mesa es larga y de madera, no es un experto, pero parece fina, sentados están Gemma y Sebastian en una orilla, el señor Styles en la cabecera de la mesa y Anne a su lado, en ese momento, entra Zayn llevando lo que parece ser ensalada dulce, la deja al centro y ocupa el lugar frente a su mamá. Todavía hay tres lugares vacíos, así que siguiendo el ejemplo de James toma aire y entra.

—¡Estás aquí, cariño! —grita Anne en cuanto lo ve, poniéndose de pie al instante y corriendo para estrecharlo en un abrazo, que Louis corresponde.

Louis solo asiente, tratando que la sonrisa que se asoma en su cara no muestre demasiado cuánto anhela estar ahí.

—Traje esto —dice Louis, levantando la bolsa de papel que lleva, hay galletas que horneó el sábado y el regalo de Gemma. Lisa lo eligió.

—No tenías que molestarte —dice Anne, recogiéndole el paquete con galletas y corriendo a la cocina.

—Me encanta hornear, así que no fue un problema.

Le resta importancia y le señala el obsequio a Gemma, son guantes, no es muy original, pero no la conoce, y guantes en el clima invernal de Londres nunca están de más. Se acerca cuando captura la sonrisa de la cumpleañera y le entrega el pequeño envoltorio.

—Felicidades —dice al tiempo que Gemma lo tira en un abrazo—, solo es un detalle.

—Tonterías, estás aquí y eso era suficiente, todo lo demás es un extra fantástico.

Gemma definitivamente le agrada, es tan relajada y comprensiva, al menos así parece, le recuerda un poco a su hermana. Es más alta y su cabello es totalmente diferente, Lottie lo tiene todo el tiempo platinado y Gemma es castaña, uno oscuro que se asemeja mucho al café que todavía está en grano. Sus ojos también son otra cosa, para empezar, su hermana los tiene azules y ella de un verde muy fuerte, y si bien, son un poco redondos como los de Des, alcanzan a almendrarse en el extremo exterior como los de Anne, un poco igual a Liam.

—Toma asiento Louis —dice James, ya ocupando su lugar junto a Gemma, Zayn lo conduce a la silla junto a él, todavía hay un lugar vacío justo frente, para el otro hermano, supone.

—¿Podemos comenzar? Muero de hambre —se queja Gemma, una vez todos están sentados.

—Aún falta Harry —apunta Des, un poco preocupado.

—Es un trabajólico, papá, seguro viene retrasado —dice Zayn.

—Bien, pero primero demos gracias.

—Lo haré yo —dice Anne, juntando sus manos frente a su pecho, los demás la imitan, así que Louis los sigue un segundo después—. Señor, doy gracias por reunir a mi familia otra vez y por el cumpleaños de mi pequeña niña, que su bebé nazca en un hogar lleno de amor

—¿Estás embarazada? Felicidades —interrumpe Zayn, visiblemente sorprendido.

—Silencio —lo calla Anne—. Estoy en medio de algo.

—Lo siento, ma, continúa.

Anne mira a su hijo, tal vez enviando una advertencia o solo es parte de un juego porque Zayn sonríe y se disculpa con su madre moviendo los labios, ella al final le devuelve la sonrisa sigue su oración.

—Gracias por llevar a Liam a alguien como Louis, pido porque sepa valorarlo, que ambos lo hagan. Por favor dales a Zayn y Harry, alguien así con quien compartir sus vidas, sin la parte de las vías o algo peligroso, de ser posible.

En esta ocasión, es Gemma la que deja escapar una amago de risa, Louis la ve mirar en dirección de su hermano y se da cuenta que ambos están por estallar en carcajadas, se muerde el labio, porque si lo piensa bien, la situación definitivamente es cómica.

—Los dejaré sin cenar si no se callan —vuelve a regañarlos Anne.

—Querida, podrías terminar con esto, la comida se enfría —esta vez es Des el que suplica.

—Bien —bufa—. Gracias por estos alimentos y las demás cosas que mi familia no quiere que te diga, pero ya debes saber. Amén.

—Amén —dicen todos al unísono e inmediatamente después, el sonido de platos y cucharas llena el lugar.

Los primero minutos pasan y todo lo que se escucha son los cubiertos y algunas felicitaciones por la comida. Está exquisita, piensa Louis con cada bocado que da, le recuerda mucho a la comida de su mamá, todo parece tener el equilibrio perfecto para combinar entre sí, con el toque casero, ese que no ha probado por años, salvo las veces que Marie, la esposa de su jefe, le envía comida o cuando Louise, la madre de Perrie la visita, y aunque ninguna es mala cocinando siempre falta algo que no sucede con la comida de Anne.

A mitad de la cena, la puerta principal se abre y unos segundos después un hombre alto de cabello rizado entra, lleva un rompe vientos verde y una bufanda cubre la mitad de su rostro.

—¡Harry, llegaste! —grita Anne, saliendo de su silla para correr directo al recién llegado y darle un abrazo.

—También te extrañé, mamá —dice, su voz grave y lenta, casi como si estuviera eligiendo cuidadosamente sus palabras.

Luego de unos segundos más, Anne rompe el abrazo y arrastra a su otro hijo a la mesa, el hombre saluda a su padre, James, hermana y cuñado antes de estar frente a Louis, y mirarlo fijamente mientras alza una ceja.

—¿Y tú eres? —pregunta, su voz incluso más lenta.

—Oh, Louis —dice, poniéndose de pie y tendiéndole una mano.

—Es el prometido de Liam, Haz —dice Zayn, ahora también de pie a su lado, atrae a su hermano en un abrazo y Louis lo agradece porque la mirada penetrante que Harry le estaba dando se estaba volviendo demasiado para soportar.

—También le salvó la vida —dice Anne, sonando muy orgullosa, Louis no logra entenderlo, pero tampoco será quien pregunte la razón.

—Oh, eso es muy oportuno.

Oportuno, ¿es todo lo que tienes que decirle al chico que arriesgo su vida para salvar a tu hermano? —le reclama Des, indignado.

Louis desea hacerse pequeño y desaparecer, Zayn está a su lado tratando de ocultar una sonrisa socarrona y Harry dice algo que parece un «tal vez lo merecía».

—Gracias por salvarlo...

—Louis, su nombre es Louis —dice Anne—, anda siéntate.

—Deberías contarnos la historia con detalles, Lou. —pide Gemma, quien hasta ese momento había estado demasiado silenciosa, algo que no había pasado ni una vez desde que se conocieron.

Louis está por negarse, quiere alejar toda la atención de él, pero el hermano gruñón habla.

—Me encantaría escucharla, Gemma no deja de mensajearme al respecto.

Bien, entonces debe hacerlo, tal vez si trata de resumir todo hasta la parte donde su familia llegó al hospital no parezca tan extraño. «¿En qué momento su vida se volvió un caos?», piensa. Toma una respiración profunda antes de comenzar.

Comienza con su pequeña charla en la taquilla, la maquilla un poco para evitar exponer su nula relación, rápidamente llega a la parte donde Liam tropezó con sus pies y cayó a las vías.

—Eso es más algo que Harry haría. —Ríe Gemma en algún momento de su relato y Louis no puede evitar notar la mirada asesina que le dedica su hermano.

Sigue su historia, tratando de parecer lo más normal posible, hasta el momento en que los Styles llegaron. Harry en ningún momento pierde la expresión de suspicacia y en ocasiones incluso se atreve a ser sarcástico, su familia parece no notarlo, pero Louis en definitiva lo hace.

Cuando la historia termina, todo mejora visiblemente, Harry parece olvidar a Louis por un momento y se concentra en Gemma y Sebastian anunciándole que tendrán un hijo y los ojos verdes, que a Louis solo le tiran fuego, se relajan y se llenan de cariño. Entre Zayn y Harry les hacen preguntas sobre el tema y en algún punto, crean historias del posible nacimiento del bebé. Son una familia maravillosa, comprueba Louis por millonésima vez, quizá.

Chapter Text

La semana pasa sin muchos inconvenientes, solo que, de alguna forma, Louis ahora ha hecho parte de su rutina ir al hospital después del trabajo, platica con Gemma y Sebastian —ahora incluso tienen su número—, se encuentra con Des y Anne, siempre acompañados de James, y un par de ocasiones a Zayn, a veces acompañado de Harry, a veces solo, un día incluso Niall le hacía compañía, eso solo fue hasta que el enfermero se escabulló diciendo que debía volver al trabajo.

Todos ellos siempre tenían palabras amables y anécdotas graciosas sobre Liam, todos menos Harry. El hombre parece decidido a ser un grano en el culo de todos en el hospital, o solo con Louis, lo ha visto con su familia y es encantador, así como ellos.

El viernes Louis acude al hospital temprano, es el día libre que le otorgó Steve provisionalmente y tiene una cena que preparar, durante su visita se encuentra a Niall finalizando su turno y ambos terminan de camino al súper para comprar los ingredientes que Louis necesita.

—Debería darte detalles del historial de Liam, por si te sirven —dice Niall.

Louis lleva un carrito de mandado y está seleccionando entre dos leches de coco culinarias, una orgánica y la otra no, baja las latas y mira al enfermero que parece distraído enviando mensajes en su teléfono.

—¿Eso no es violación de la privacidad paciente-médico? —inquiere Louis, todavía mirándolo.

—Tienes suerte de que solo sea su enfermero.

—Está bien, habla. —Se rinde Louis, pero la cara brillante de Niall lo vale.

Niall habla demasiado para su propio bien, Louis se da cuenta de lo despistado que puede llegar a ser, pero parece que el hombre se las arregla para sobrevivir, cuando termina de contarle detalles del historial clínico de Liam, le habla un poco sobre su vida.

Es irlandés, tienen la misma edad, al menos solo por unos días más, llegó a Londres para estudiar y se quedó a vivir desde entonces.

—¿Por qué no irás a casa en Navidad? —pregunta Louis mientras esperan en la fila de las cajas.

Niall suspira y se encoge de hombros antes de contestar: —Mi madre no quiere verme, mi hermano mayor como que piensa igual que ella. Mi papá es el único que aún me quiere, pero no lo suficiente para confrontarla —dice Niall, lo hace parecer como si no le importase, pero Louis puede detectar como mueve los dedos, nervioso.

—¿Por qué no quieren verte? Si no te importa decirme —Louis pregunta, toda su atención ahora está puesta en el enfermero.

—Me enamoré de un chico y pensé que lo entenderían —responde sin siquiera respirar entre palabras—, pero no fue así. Mi papá está de acuerdo, un poco, pero como dije, no es suficiente.

—Lo siento, Niall —dice Louis y de verdad lo hace, no se imagina una vida en la que alguno de sus padres o hermana lo hubieran rechazado por ser quien es.

—No importa, no mucho al menos. —Vuelve a encogerse de hombros—. No elegimos donde nacer, pero son mi familia, ¿sabes? Los amo, a pesar de todo.

Louis lo contempla un momento, ninguno dice nada hasta que es su turno de pagar, una vez afuera caminan en dirección a la estación del autobús.

—Mis padres murieron y mi hermana vive al otro lado del mundo —Louis suspira, juega con las bolsas en sus manos para mitigar la picazón de la piel en sus palmas—. Y ahora finjo estar comprometido con alguien que no me conoce.

Niall lo mira, hay una sonrisa cómplice asomándose en su rostro, no dice nada, simplemente lo mira unos segundos con alguna clase de entendimiento y continúan caminando. Louis cree que algo nuevo acaba de permitirse surgir entre él y Niall, normalmente no tiene a nadie para contarle sobre él, incluso con Lisa o Perrie, o con el mismo Steve le había costado años poder hablar de ciertas cosas, pero de alguna forma Niall es un poco como él.

—Oh, por cierto —dice Niall de pronto—, las cosas de Liam están en el hospital, su madre insistió en que te las dieran a ti.

—Ugh.

❄ ❄ ❄

Para las seis de la tarde la cena de Brendan y Robert casi está lista, la caja de Liam descansa en la parte alta de su armario, Louis debe admitir que tiene algo de curiosidad por ver qué contiene, sin embargo, ahora no es el mejor momento para husmear.

—¡Si no me dices quién diablos eres no te dejaré ver a Louis!

Louis escucha la voz de Brendan al otro lado de su puerta.

—Largo, niño.

¿Ese es Harry? Oh, mierda. Louis revisa el horno una última vez y se dirige a su puerta, en cuanto la abre, el desgarbado cuerpo de Brendan cae sobre él, una mano firme lo sujeta por el otro lado y evita que los dos se vayan al suelo. Una vez logra estabilizarse y quitarse a Brendan de encima, ve a Harry, quien todavía lo sujeta y lo mira diferente a como lo ha hecho esa semana. Parece apenado.

—Gracias —dice Louis, poniéndose como barrera entre la puerta y el par de hombres frente a él.

—¿Esto es tuyo, Lou? —pregunta Brendan tomando su actitud protectora o posesiva, quién lo sabría—. Puedo echarlo si lo pides.

Louis mira a Harry, sus mejillas están un poco arreboladas y su cabello parece ser un desastre perfectamente planeado, seguro fue el viento. Harry lo mira suplicando, tal vez rogándole que se deshaga de Brendan, a Louis le parece gracioso.

—No lo sé —dice—. ¿Lo eres? —Procura que su voz se escuche lo más inocente posible y tiene el descaro de elevar sus cejas, intenta hacerlo con una, pero fracasa, da igual.

—Louis —Harry se queja Harry, luciendo desesperado. En el fondo, Louis lo entiende.

—Entra —le dice, haciendo solo el espacio justo para que otra persona pase, Brendan intenta seguirlo, pero Louis coloca el brazo sobre el marco de la puerta y lo detiene—. Gracias, Brendan, me haré cargo desde aquí.

El joven parece decepcionado, la fiereza de su rostro desapareciendo, y simplemente asiente, dando un paso hacia atrás.

—Si me necesitas, estaré vigilando. —Brendan apunta a Harry con dos de sus dedos y luego los dirige hacia sus propios ojos, adoptando una expresión que Louis supone es amenazadora. Parece más un gatito, pero no se lo dirá al chico.

—¿Qué haces aquí? —Louis pregunta una vez cierra la puerta.

Harry observa su pequeño piso, es una caja de zapatos en comparación con la casa de sus padres, el hombre rizado lo ignora y continúa inspeccionando el lugar, Louis suspira y regresa a la cocina justo a tiempo para sacar los panecillos.

—No hay mucho de ustedes —dice Harry, luego de unos minutos de observar su casa, está seguro de que quiso decir «nada», Louis hace una nota mental al respecto—. O de ti.

Ahí está su respuesta, piensa Louis.

—Y te preguntas por qué. —Louis señala alrededor, ayudándose de las pinzas para la ensalada—. Dudo que siquiera entres en mi armario.

Eso es verdad, no tiene mucha ropa, prácticamente usa uniforme todo el tiempo lo que es de gran ayuda y después de vender la casa de sus padres no conservaron muchas cosas.

—Supongo que tienes razón.

Al menos Harry parece avergonzado al decir eso, no dice nada después. Louis puede sentir los ojos fijos en su espalda y luego de un rato comienza a ser incómodo.

—¿Ya terminaste de husmear o seguirás? Estoy algo ocupado —habla Louis, comenzando a envolver la comida.

—¿Qué es tan importante?

Louis pone los ojos en blanco, no le interesa compartir esa parte de su vida con Harry, pero recuerda el episodio de Brendan con Harry y la idea parece atractiva.

—Tengo una cena con Robert y su hijo.

—¿Una cita? —Harry tiene el descaro de preguntar, sería increíble si tuviera opciones haciendo fila para engañar a su novio, o prometido inexistente.

—Mi casero y el pequeño entrometido que te acompañó a mi puerta.

—Fui más bien acechado —responde Harry, estremeciéndose mientras lo hace.

—Sí, Brendan tiende a ser de esos que se entrometen, pero es inofensivo.

—No me imagino cómo sería si no lo fuera.

Deja que Harry continúe observando su cocina, el silencio es abrumador así que Louis decide invitarle algunas galletas, incluso si no las merece. Le gustan, y aunque no lo dice, se da cuenta gracias a que lo único que hace Harry es asentir y comer. No puede evitar el orgullo que crece en su pecho.

No pasa mucho antes de que Louis le diga a Harry —lo más educadamente posible— que se marche. El hermano de Liam se muestra renuente, pero al final accede e insiste en ayudar a Louis a llevar los recipientes de comida.

—Está enamorado de ti. —Harry va delante de él en las escaleras, a Louis lo toma desprevenido esa afirmación, es incómodo.

—¿Brendan? Solo es porque...

—Ahora dirás que siempre te ocurre porque eres lindo. — lo interrumpe Harry, sus palabras definitivamente no son lo que espera Louis, siente sus mejillas calentarse, pero decide dejarlo pasar al recordar que no puede verlo.

—Bueno, no, iba a decir que es Brendan y está un poco... —Louis está balbuceando, frustrando su plan de ignorar el comentario inocente de Harry—, no confundido, no creo que esté experimentando, tuvo una novia, aunque la dejó unos meses después de mudarme.

—Tal vez tienes un efecto en la gente.

—Se enamora fácilmente — contesta Louis, no muy seguro de como seguir, por alguna razón esa conversación lo ha sonrojado más de lo que puede considerarse aceptable. Afortunadamente tiene un traste en sus manos que lo ayuda a cubrirse el rostro por si Harry decide voltear.

—No lo pones muy difícil —murmura. Louis no comprende a qué se refiere, pero no tiene tiempo de preguntar, están en la planta baja y puede escuchar al señor Murray llamando a Brendan.

—Bueno, aquí me quedo yo, gracias por la ayuda —dice Louis, dudando un poco sobre lo que debe decirle, no entiende siquiera qué hace en su edificio, y por más que quería preguntarle, no encontró la forma de hacerlo sin parecer rudo.

—Si todavía me necesitas, puedes buscarme otro día. —Louis se recarga junta a la puerta al tiempo que se las arregla para tocar—. Considera usar el teléfono.

Su intención no es hacer sentir mal a Harry, pero Louis se alegra al ver las mejillas del hombre arrebolándose, a pesar de la escasa luz del pasillo. Harry asiente y solo espera a que el señor Murray le quite los recipientes para desaparecer.

La cena es agradable, Brendan es tan encantador como siempre, pero Louis ha aprendido a lidiar con su coqueteo descarado, en ocasiones —si no piensa en el sensible corazón del chico— puede parecerle tierno. Es algo incómodo escuchar a Robert ensalzar a su hijo en cada oportunidad que tiene, se ha dado cuenta el empeño que pone en emparejarlo con el chico. Es cómicamente extraño.

Esa noche al llegar a su casa, duerme particularmente bien después de los días que ha experimentado desde el accidente.

❄ ❄ ❄

El sábado es un día de trabajo normal, sucio y agotador, pero la espera de llevar la caja con las cosas de Liam a su apartamento lo distrae. La revisó esa mañana, no tiene cosas fuera de lo común, cargador, documentos, plumas y lápices, solo una cosa pone alerta a Louis, una lata de comida para gato.

Ha pasado casi una semana desde el accidente y le preocupa que el gato no haya tenido la oportunidad de salir y buscar su propia comida. Mientras más pasan las hora, más siente la necesidad de correr y rescatar al pobre felino. Solo espera llegar a tiempo.

A las seis en punto, Louis corre en dirección a la ruta que lo lleve más cerca del centro o un lugar cercano al piso de Liam. La dirección le dice que vive en un lugar elegante, ha pasado por ahí y los edificios altos y con cristales siempre le roban el aliento por la majestuosidad.

Le preocupa no librar al guardia de seguridad, pero para su sorpresa solo tiene que mostrar la tarjeta de acceso del edificio y el portero lo deja entrar sin más. Louis siente el alivio dispersarse por sus hombros, mientras toma el elevador hasta el tercer piso. Sus pies bailan y sus dedos se entrelazan con la espera. Su mentira está llegando muy lejos.

El piso es enorme, es lo primero que piensa Louis, después ve el tamaño, a pesar de que simplemente un piso como el de él es considerablemente muy grande, está explorando la sala de estar, cuando un ruido extraño se escucha en algún lugar al fondo, el corazón de Louis se acelera, aguza el oído intentando descubrir si es el gato o un intruso.

El sonido se acerca y Louis comprueba que no es un gato, camina hasta colocarse detrás de la puerta por la que cree está la persona y en su camino toma un termo abandonado que ve como arma de protección. La puerta se abre y en ese instante, Louis se lanza sobre el hombre con el termo al frente.

—¿Qué mierda? —Escucha una voz familiar, es entonces que descubre a Harry atrapado entre su cuerpo y la puerta, una mano cubriendo su frente, justo donde el termo metálico había impactado.

—¡Lo siento, lo siento, lo siento! — se disculpa Louis, sus mejillas calentándose cuando se encuentra con la mirada asesina de Harry—. Perdón —susurra y se va corriendo a donde cree que está la cocina.

La primera puerta es una oficina, pero Harry está tan ocupado quejándose por el dolor que no lo nota, va a la siguiente y la encuentra, Louis continúa disculpándose mientras abre el congelador buscando entre las bolsas de verduras congeladas y los frascos de Ben & Jerry’s.

—Aquí. —Louis llega con Harry y le tiende una bolsa de guisantes congelados—. Perdón.

—Me impresionan tus tácticas de defensa personal. —Harry presiona la bolsa contra su frente, hace muecas cada pocos segundos, Louis no sabe si es dolor o el frío de la bolsa.

—Lo siento, ¿cómo se supone que supiera? — se defiende Louis, evitando la mirada acusadora de Harry.

—¿Por qué siquiera estás aquí? —Harry trata de hacerse escuchar entre la bolsa de guisantes que tiene en la cara—. ¿Cómo entraste?

—Puerta y llaves —responde Louis, dudando un poco de sus propias palabras.

Es la pregunta más estúpida y tal vez la respuesta también, pero honestamente Harry hace que se exaspere un poco y apenas lo conoce.

Claro. —Harry pone énfasis, se quita la bolsa y le da una de sus miradas incrédulas—. Debes pasar mucho tiempo aquí.

—Vine a alimentar al gato —Louis se apresura a decir cuando la presión que siente debido a Harry se incrementa.

—Liam no tiene gato.

—¡Claro que sí! —exclama Louis  resuelto. No lo sabe, sin embargo, debe ser así, tiene qué o se meterá en un gran lío—. ¡Ven gatito, gatito!

Se desplaza por la casa buscando alguna señal del felino, Harry le sigue los pasos muy de cerca, Louis continúa haciendo esa extraña voz que por alguna razón cree que a los gatos les gusta, sin mucho éxito. Abre la lata, esperando que no deba tirarla completa, Harry comienza a elevar su ceja, está por decirle otro de sus comentarios seguramente no amables, cuando un pequeño gato atigrado maúlla en el marco de la puerta de la cocina, lleva colgando un collar y Louis espera leerlo antes de meter la pata.

—Ahí está —dice con suficiencia, disfrutando como la sonrisa de Harry cae.

—¿Cómo estás…? —Se agacha a recoger al gato y lee la placa—. Kitty, por supuesto —murmura lo último.

—¿Cuándo lo conociste? —Harry se acerca considerablemente a Louis, haciéndolo sentir atrapado.

—Veintinueve de agosto.

—Oh, eso es…

—Su cumpleaños, lo sé —lo interrumpe Louis, recuerda ese día, ya era tarde, casi su hora de salida, estaba platicando con Lisa en la taquilla mientras esperaba que el piso se secara y llegó él con algunos amigos. Llevaba un gorrito de fiesta atado a la cabeza y una camiseta estampada que decía «es mi cumpleaños, jódete». Algo inmadura, piensa Louis, pero los cumpleaños son el mejor día para actuar como un idiota.

—Cuatro meses, ¿ah? Muy rápido el compromiso.

—No tienes idea. —Louis consigue salir del sitio en que Harry lo tiene atrapado y se apresura por sus cosas ahora que Kitty ha comido—. Debo irme.

—¿Vas al hospital? Te llevo —Harry lo sigue con pasos rápidos.

Simplemente asombroso.

Van en la camioneta de carga que Harry lleva, es del negocio familiar, explica cuando Louis ve la enorme caja y los todavía más grandes escalones del vehículo. No hablan durante el trayecto, la música de fondo llenando cada hueco de incómodo silencio entre ellos. Louis observa alrededor de la cabina, está limpia para tener un exterior tan polvoriento. Necesita salir de ahí.

—¿Con o sin tatuajes? —pregunta Harry cuando entran en la habitación de Liam, toda la familia Styles y James están ahí.

—Con.

—Eso es sencillo, los tiene por todo el brazo —justifica Harry.

Louis no está seguro de como seguirá ese interrogatorio, menos con un montón de pares de ojos familiares atentos a sus respuestas, incluso si no saben de qué se trata todo eso.

—Helado favorito.

—Cookie Dough de Ben & Jerry’s —dice, recordando la pila de frascos en el congelador.

—¿Equipo de futbol favorito? —insiste Harry.

—Manchester, obviamente. —Louis no está seguro de dar la respuesta correcta, pero cuando ve la vacilación de Harry, sonríe.

—¿City o United?

—United. —Louis recuerda la calcomanía desgastada en la camioneta de Des, no es una regla que los hijos sigan al equipo de sus padres, pero la mayoría de las veces es así.

—¿Marvel o DC?

Louis quiere reír, estas en definitiva son las preguntas más estúpidas que ha escuchado.

—Ambos —dice Louis, recordando el pisapapeles de Batman que vio entre las cosas de Liam—, Batman es su favorito, además le encanta Deadpool.

Eso Louis no lo sabe, pero recuerda el comentario de Liam el día del accidente, si es como su hermana que solo recuerda cosas sobre sus propios gustos solo porque también le agrada, entonces tiene un punto.

—Detente ahí, Harry —los interrumpe Anne usando un tono relajado—. No sé lo que intentas probar.

—Solo protejo a mi hermano —Harry se defiende, haciendo un puchero con sus labios que lo hace ver algo tierno.

—¿Quién dijo que no se convertiría en Liam, Zee? —pregunta Gemma, cubriendo sus labios con el dorso de la mano. Su hermano Zayn se ríe sobre el hombro de Sebastian, que también intenta esconder la sonrisa, mordiéndose el labio.

—Basta hijo, si Louis quisiera probar su compromiso lo haría. —Esta vez es el turno de Des de opinar, Louis aprieta los labios, porque esa es realmente una pésima idea, pero el resto de la familia asiente en consideración.

—Que lo haga entonces —lo reta Harry y Louis siente todas las miradas puestas sobre él.

Louis sonríe nerviosamente, por el rabillo del ojo ve a Zayn saludando a alguien y sigue su mirada, es Niall moviendo su mano efusivamente al hombre de cabello negro y luego sonriéndole a él. Entonces, recuerda y una sonrisa igual de grande que la del enfermero aparece, se gira en dirección a Harry con toda la determinación que logra reunir y habla.

—Liam tuvo una apendicetomía el mes pasado.

La expresión de sorpresa de la habitación es contundente, como Louis ha supuesto, no estaban enterados, cuando Niall le habló sobre la operación, le dijo que uno de los amigos de Liam había estado ahí y en una de sus visitas logró escuchar pate de su conversación. ¡Bendito sea Niall!

La discusión termina con eso cuando Anne es la elegida para comprobar que sea real, y lo es, entonces Harry con el rostro más rojo que un tomate debe enfrentarlo y se disculpa ante la satisfacción de Louis.

❄ ❄ ❄

Los jueves son días  básicamente tranquilos, si bien comienza a haber el movimiento previo al fin de semana, es diferente al que se forma los lunes, a Louis le gustan los jueves. Sus visitas al hospital han sido constantes, a pesar del continuo pensamiento de desaparecer de la vida de los Styles, cada vez se vuelve más difícil hasta compartir eso que tiene con ellos, con alguien más.

—¿Cuándo llegan tus padres? —pregunta Louis a Lisa, está resguardándose del frío dentro de las taquillas mientras espera que su turno termine.

Lisa se gira al terminar con un pasajero y lo mira con la sonrisa amplia que siempre lleva, no está seguro si es algo distintivo de la gente en Tailandia o solo es ella, pero le gusta. Perrie está de espaldas atareada con una familia ruidosa con muchos niños, a juzgar por el alboroto que se escucha.

—Mañana. —La emoción emerge en su voz, a Louis le gusta cuando eso sucede porque su acento se hace muy evidente y simplemente es fascinante, con los años Lisa ha logrado perfeccionar su inglés y cuando está calmada y concentrada logra disimularlo casi a la perfección—. Iré por ellos después del trabajo.

—Jamás imaginé que pudiera haber una Lisa más feliz que la Lisa comiendo pescado y papas frente al Palacio de Buckingham —dice Louis, contagiándose de la alegría de la chica.

Lisa sonríe todavía más, dando saltitos y asintiendo con sus ojos brillando ante el recuerdo. Fueron a Londres a una capacitación sobre protocolo ante las crisis y aprovecharon para dar un paseo; no fue precisamente frente al palacio, pero desde donde estaban se podía ver y Lisa podría haber muerto de felicidad en ese lugar.

—Odio a los niños pequeños. —Perrie hace una rabieta al terminar de atender a la familia ruidosa, girándose para encontrarlos disfrutando su pena.

—Am, disculpen, ¿saben dónde puedo encontrar a Louis Tomlinson?

Esa voz le parece familiar, intenta mirar sobre el mostrador desde el lugar bajo la taquilla donde se sienta, un beanie verde es todo lo que alcanza a ver, Lisa lo mira disimuladamente, sus grandes ojos son más grandes de lo normal y Perrie eleva su ceja mientras lanza miradas de soslayo a Louis.

—¿Tú eres? —pregunta Perrie.

—¿Para qué lo buscas? — inquiere Lisa al mismo tiempo.

Desde su lugar bajo la taquilla, ve que el desconocido se acomoda el beanie, las risillas de Lisa y Perrie no ayudan a aliviar la zozobra.

—Em, yo…

Es la primera vez que Harry parece tan confundido y nervioso… Mierda, Harry.

—¿Qué haces aquí? —exclama Louis, levantándose de repente, en el proceso golpea su cabeza con la orilla del mostrador de la taquilla—. Auch.

—Karma —dice Harry apenas ve a Louis, una sonrisa asomándose en su rostro—. Tengo un obsequio de…

—¡Bien, vamos! —interrumpe Louis, la idea de anunciar a sus amigas que está comprometido le hiela la piel, las preguntas y burlas son algo con lo que no quiere lidiar—. Lalisa, Pezza, nos vemos mañana. ¡Las quiero! —grita lo último cuando sale de la cabina.

Caminan uno al lado del otro hasta que salen de la estación, Louis lleva su bolso en la espalda, balanceándose de un lado a otro, Harry no ha dicho nada desde que lo alcanzó unos metros más atrás luego de dejar las taquillas.

La situación lo pone inquieto. ¿Qué clase de regalo tiene para él? ¿Por qué siquiera va a darle algo? Louis mira a Harry, su alta y esbelta figura va unos centímetros adelante, su cabello se enrosca fuera de la prenda verde. Es agradable a la vista. Harry en sí mismo lo es. Es algo de los Styles, Louis se ha dicho constantemente desde la primera vez que se cruzó con la familia.

—¿Qué clase de regalo es? —pregunta una vez están en la camioneta del negocio familiar.

Des le contó que se dedican a demoler edificios y rentar equipo para construcciones, y Harry es el único de sus hijos que parece estar dispuesto a continuar con la compañía. Él y Sebastian, el esposo de Gemma, quien trabaja para ellos.

—Espera y verás —dice Harry, sospechosamente—. Debería llevarlo a tu casa o a la de Liam.

—Liam —dice Louis sin pensar.

—Creo que es una buena idea. —Es todo lo que Harry dice antes de poner en marcha el camión.

❄ ❄ ❄

—¡Es preciosa! —dice Louis, genuinamente sorprendido cuando Harry abre la puerta del camión y ve una hermosa mecedora de madera.

—Pues es una pena que su regalo sea el sofá de atrás.

Harry rompe la ilusión al señalar un floreado sofá verde y dorado atrás, sus mejillas están ligeramente sonrojadas, pero bien podría ser a causa del frío.

—Oh —Louis dice un poco decepcionado, es tonto ya que no hay forma que se quede con el regalo en el futuro—. Qué bueno que lo trajimos aquí, no sé cómo habría entrado en mi edificio. Gracias.

—Fue un regalo de mis padres, pero si quieres puedo darte una mecedora como regalo de bodas.

Harry se ofrece, su actitud ha cambiado un poco desde la última vez que se vieron, ahora se comporta más amigable y a Louis le gusta este nuevo Harry, quizá solo es momentáneo, pero hay algo encantador en el hombre.

—No tienes que comprarme nada.

—En realidad, no lo haría porque yo las hago. —Hay orgullo en la voz de Harry y por la forma en que el pecho del hombre se eleva, Louis puede confirmar que lo está.

—¿En serio? Es preciosa. — repite Louis. Solamente una vez había visto una mecedora antes y fue con su madre, ella tenía una maltrecha silla que terminó por destrozarse gracias a la mudanza que tuvieron; Louis casi llora, pero su mamá le aseguró que todo estaba bien, mientras ellos estuvieran juntos, el problema es que ella se había ido y su hermana tampoco estaba.

—Las hago como un pasatiempo —responde Harry, todavía contemplando su creación.

—Deberíamos meter esto.

Louis decide cambiar la conversación cuando una lágrima solitaria se desliza por su mejilla, eso es más de lo que ha permitido que algún extraño vea, y eso incluye a Harry, a pesar de que técnicamente serán familia, por lo pronto al menos.

Harry asiente y ambos se las arreglan para bajar el sofá, es viejo y Louis supone que ese es el motivo de que sea tan pesado, tienen que arrastrarlo por el suelo en lugar de cargarlo como había sugerido Harry en un principio.

 Consiguen que el sofá entre en el edificio, Louis queda dentro y Harry al otro lado de la puerta de cristal, hay un portero diferente que interroga a Harry, lo miran unos segundos y Louis decide sonreírles, ambos le devuelven la sonrisa y después Harry entra en el edificio y continúa empujando.

Les cuesta trabajo hacerlo entra en el piso, y cuando lo hacen tiran un florero lleno de agua azul que se vacía en la alfombra. Harry decide que es una buena idea poner el mueble sobre la marca y Louis no podría estar más de acuerdo.

Al salir del edificio Louis rompe en carcajadas al ver la camioneta de Harry encerrada; Harry se queja casi retorciéndose en el suelo.

—Debiste escucharme —dice Louis a sabiendas. Él le había advertido a Harry que podía quedarse atrapado y le complace comprobar que tuvo razón—. Fue agradable verte, Harry, nos vemos. —Louis se despide, tímidamente, caminando hacia atrás en dirección a su casa.

—Te acompañaré —Harry se apresura a decir y camina el espacio que lo separa de Louis.

—Puedo cuidarme solo.

—Me cuido a mí mismo, ¿sabes lo peligroso que es el centro de Manchester en las noches? —Harry se acomoda el cuello de la chaqueta mientras se desliza de un lado a otro junto a Louis.

—Te cuidaré —bromea Louis, golpeándole el hombro.

Se ríen durante los primeros metros, de los adornos ridículos en las tiendas, algunos autos, la ropa fea de los aparadores, es fácil reír con Harry, hace unos días jamás habría pensado que alguna vez estaría en esa situación con el hombre, pero el momento es simplemente bonito.

—¿Cómo alguien termina haciendo mecedoras como pasatiempo? —pregunta Louis al recordar que había querido saberlo desde que Harry lo comentó.

Harry se encoge de hombros y mira a Louis con su rostro ladeado, es un ángulo extraño, pero hace que la luz de las farolas que comienzan a prender se proyecte en los verdes ojos resaltando las motas amarillas que salpican alrededor de las pupilas.

—Soy arquitecto — comienza Harry. Aquello le sorprende, pero recuerda las botas gastadas que a veces lleva—. Tomé carpintería por crédito extra en mi primer año, y descubrí que me relaja demasiado, así que lo hago en mi tiempo libre.

No debería sorprenderle esa información, Liam es abogado y ahora sabe que Harry es arquitecto, no le sorprendería descubrir que Zayn es profesor y Gemma nutrióloga o alguna cosa así; de pronto, se siente pequeño y avergonzado por ser solo un intendente con un salario que apenas puede pagar su casa.

—Pensé que trabajabas con tu padre —dice Louis, tratando de alejar los pensamientos pesimistas de su cabeza.

—En realidad lo hago, soy demoledor de edificios, uno muy bueno, por cierto. —Harry se ríe, pero Louis puede ver que no es del todo sincero, hay algo en la forma como lo dice que le recuerda a sí mismo.

—¿Eso cómo se relaciona con la arquitectura?

El interés repentino que Louis experimenta es algo nuevo y diferente, usualmente prefiere quedarse al margen de la vida de los demás, en parte por respeto y en parte para evitar que indaguen en su vida de la misma forma, pero de alguna forma, Harry le provoca confianza.

—No mucho — dice Harry, centrando su atención en una piedra pequeña en el suelo—, quiero decir que sí, claro que se relaciona, pero no en el caso de la compañía familiar. Solo tiramos edificios en su totalidad y limpiamos los escombros. Sebastian, ¿lo recuerdas? —Louis asiente—. Es ingeniero y se encarga que las demoliciones riesgosas sean seguras.

—¿No te gustaría hace casas o edificios, no lo sé? — pregunta Louis, la confusión haciéndose evidente, él dejó la escuela, pero incluso así, hornear es algo que nunca ha dejado realmente y no puede imaginar cómo alguien puede.

—He estado trabajando en algunas remodelaciones pequeñas fuera de Manchester, uno de los clientes me pidió el plano para uno de sus terrenos y ahora me encargo de supervisar la obra —responde Harry y el orgullo es notorio tanto en su voz como en su postura, Louis sonríe ante eso porque el hombre cambia totalmente de como normalmente se ve.

—¿Qué dicen tus padres?

—No lo saben. —Es todo lo que dice Harry durante un momento, Louis golpea su hombro invitándolo a que continúe y lo consigue—. La compañía de mi padre se llamaba «Styles e hijos», Zayn y Gemma nunca han querido involucrarse, lo que es completamente entendible, Zee es un artista creando interiores asequibles para todos, y Gemms es educadora, ambos crean prácticamente en lienzos inmaculados.

Louis ríe por eso y Harry le sigue, entiende un poco lo que dice, es lindo escucharlo hablar con tanto cariño de sus hermanos mayores  y estaba en lo correcto, todos los hermanos Styles fueron y terminaron la universidad.

—Hace unos años — continúa Harry—. Liam también se fue, así que se convirtió en «Styles e hijo», si yo me voy será solo Styles. Yo no quiero romperle el corazón a mi padre, para eso está Liam.

—Le tienes mucho rencor a Liam.

No es ninguna pregunta y Harry se da cuenta, así que se encoge de hombros, Louis siente pena por ellos, la diferencia entre Gemma, Zayn y Liam es notoria; no se imagina estar meses sin hablar con Lottie y menos sin saber lo que pasa con su vida en lo absoluto.

—Esa es una historia que tal vez te cuente después.

A Louis le sorprende que Harry no esté cambiando el tema incluso cuando puede darse cuenta de que hablar de la relación con su hermano mayor lo pone incómodo.

—Me gustaría verlo —dice Louis, desconcertando a Harry—. El edificio en el que trabajas, casi puedo sentir la pasión por lo que haces cuando hablas.

Harry sonríe, sacudiendo la cabeza, las margaritas en sus mejillas se marcan más que nunca y Louis siente una repentina necesidad de presionar su dedo en ellas, sin embargo, piensa que no sería lo más apropiado, así que intenta alejarlo de su mente.

—Y tú —dice Harry de pronto—, ¿cómo terminaste en la estación?

Louis considera evadir el tema por un segundo, pero el rostro curioso de Harry lo mira expectante y es demasiada la presión que siente si lo decepciona, además él no evadió ninguna de sus preguntas.

—Viví en Doncaster toda mi vida —comienza Louis.

—Yo crecí en Holmes Chapel —lo interrumpe Harry, sonriendo.

Louis asiente, lo sabe, Gemma le mencionó algo como que ella era la única viviendo en el vecindario donde crecieron, también recuerda a Liam comprando un boleto con el mismo destino el día del accidente, pero nunca lo menciona porque cree que no es su asunto entrometerse cuando no conoce el contexto.

—Mi papá siempre hablaba de cómo era estudiar en Manchester así que cuando murió simplemente decidí que sería como él y me vine a estudiar negocios, y lo odié —continúa Louis.

—Decidí que quería ser chef y logré ingresar en la Escuela Culinaria de Manchester al siguiente año, siempre me gustó cocinar, sobre todo postres, cada fin de semana y vacaciones estaba metido en la cocina de mi casa preparando algo diferente. —Ríe al recordarlo.

»Cuando iba a los restaurantes pedía un postre diferente y cuando llegábamos a casa buscaba con mis padres de dónde era originario, ellos tenían un globo terráqueo enorme y lo marcaba con tachuelas. Quería viajar a todos esos lugares y probar su comida y cocinar sus postres, por eso en un principio negocios pareció algo razonable.

Harry trastabilla, desestabilizando a Louis en el proceso, el piso está húmedo y la escarcha se forma en las banquetas dificultando su caminata. Louis espera que Harry se recupere para continuar.

—Todo fue bien por un tiempo, hasta que mi mamá enfermó. En algún punto tuvo que dejar su trabajo, los ahorros se fueron terminando, los tratamientos se volvían cada vez más caros y mi hermana aún estaba en la escuela.

—No sabía que tenías una hermana —es para lo único que Harry lo interrumpe y Louis lo aprecia, las luces de los aparadores se reflejan en el rostro pálido del hombre y la distracción se lleva un poco la nostalgia que siente.

—Seis años menor, sí. —Louis inspira antes de seguir—. Trabajaba de ayudante en un restaurante solo por la experiencia, pero tuve que buscar algo mejor, desafortunadamente no hay muchos empleos de medio tiempo que paguen decentemente sin experiencia ni un documento. La escuela se volvió imposible de llevar; dejé la universidad y busqué algo mejor. Es difícil mantener un empleo con tantas licencias para faltar y poder llevar a mi mamá a su tratamiento.

El nudo en la garganta de Louis comienza a ser difícil de manejar, no habla con nadie de eso, recordar los peores días de su mamá todavía es complicado de procesar, siente el cuerpo de Harry pegarse al suyo y luego su mano está sobre sus hombros y lo atrae hacia él, dejándolo usar su cuerpo como apoyo, Louis le sonríe, limpiando las pocas lágrimas que se forman en sus ojos, sigue:

—Cuando mi mamá pasó a ser un paciente constante en el hospital, las deudas incrementaron y las ausencias también, y ella no mejoró. Steve, mi jefe —le aclara a Harry quien todavía lo sostiene por los hombros—. Fue el único jefe que no me echó. Hace dos años mi mamá decidió dejar los tratamientos cuando le dijeron que solo tendría unos meses por mucho, pasó sus últimos días conscientes, hasta que murió. Vendí la casa de Doncaster y la deuda se redujo, hace seis meses por fin pude liquidarltodos los préstamos que teníamos.

—Lo siento mucho, Louis. —La voz de Harry es suave casi sobre su oreja, en algún momento Harry se acercó más y lo presionó contra su costado—. ¿Qué hay de tu hermana?

—Ella consiguió una beca completa en una escuela de moda en Estados Unidos, mi mamá… teníamos muchas esperanzas entonces, así que mi mamá y yo le dijimos que no podía rechazarla. La he visto solo una vez durante estos cinco años. Pagar un boleto de avión es un lujo que ninguno puede permitirse.

—Ahora me siento un desgraciado —dice Harry, lo tiene tan cerca que su aliento mueve su cabello y le provoca cosquillas.

—No, por favor. —Louis le sonríe a Harry—. Ella nos dio las mejores lecciones antes de morir.

—¿Y eso qué sería? — pregunta Harry, arqueando su ceja, Louis lo odia internamente por hacerlo ver tan sencillo.

—Creo que aún no eres digno de saberlo, lacayo — bromea Louis, provocando la risa de Harry que se separa de él, cubriéndose la boca. Su risa es ruidosa y lo hace abrir los ojos tanto que corre el riesgo de perderlos, piensa Louis.

—¿Ahora soy tu lacayo?

—Mío no, aparentemente yo debo cuidarte.

El estado de ánimo de Louis mejora notablemente, y la extraña burbuja en la que había estado con Harry finalmente está rota y lo deja respirar tranquilo, había evitado pensar mucho al respecto cuando lo tenía pegado a su hombro, pero en definitiva lo hizo olvidar por un momento que tiene un compromiso falso con su hermano.

—Bien, pero promete que si algún día estoy a la altura me lo dirás —dice Harry, sus ojos brillando intensamente como dos farolillos en la oscuridad.

—Es un trato.

Louis sabe que lo más seguro es que jamás llegue a decirle a Harry, esas charlas que su madre y él tuvieron son demasiado cursis y vergonzosas para compartirlas con cualquiera, además en algún momento cuando Liam despierte y lo exponga, se dejaran de ver, así como al resto de su increíble familia.

—En qué lugares has estado para probar postres, ¿eh? — le pregunta Harry, Louis toma eso como una buena oportunidad de cambiar el tema.

—Desafortunadamente, en ninguno. Tengo veintiocho y jamás he salido del país. — Louis suspira—. Crees que es patético.

—Claro que no, tus circunstancias son diferentes a las de otros —dice Harry, su voz no está cargada de pena ni burla, solo es su opinión más honesta y eso le encanta a Louis—. Además, ahora que Liam y tú se casen puedes aprovechar y explorar el mundo.

—Sí —Es todo lo que dice Louis, se parece mucho a su plan de adolescente, pero la realidad dista mucho de que eso suceda en un futuro próximo.

—Si pudieras elegir algún lugar, el que sea, para viajar ahora mismo y desaparecer ¿cuál sería? —pregunta Harry, curioso.

—Fácil, Francia —dice Louis sin pensarlo siquiera.

—Así de sencillo —pregunta Harry, sorprendido—. Pensé que lo pensarías más.

—Es la cuna de la repostería moderna, hay tanto que aprender y que probar, que estoy listo —dice, tomando su bolso y sacando un cuadernillo—, solo dime cuándo y subiré al primer tren.

—¡Bromeas! —grita Harry, al darse cuenta de que Louis acaba de sacar su pasaporte y se lo quita—. ¿Por qué lo traes contigo?

—Uno nunca sabe cuándo tendrá que huir del país —dice Louis como si fuera una cosa que se dice todos los días.

—Cierto, porque tus pasteles son tan buenos que pueden provocar una muerte colectiva, ¿no?

—Calla, tonto.

Harry mira su pasaporte y se detiene, dejando a Louis adelante.

—¿Qué? Ya descubriste que no soy fotogénico.

Louis sigue sonriendo, su nariz está fría y roja como el reno de Papá Noel, al menos es lo que puede ver en el reflejo del aparador en el que se refleja.

—Qué gran mentira es esa, Louis William Tomlinson. —Harry ríe, observando detenidamente el cuadernillo—. Tu cumpleaños es en Nochebuena, ¿por qué no lo mencionaste?

¡Diablos! Louis no había esperado que ninguno de los Styles se enterase, quiere evitar que hicieran un alboroto sobre su cumpleaños y alguna cosa relacionada a ser un regalo de Navidad, Anne parece ser de ese tipo de madres. Claro que Louis desea que alguien como ella se preocupe por él, pero eso solo hará más difícil el dejarlos, sobre todo si lo hacen odiándolo por todas las mentiras que está dejando pasar.

—No lo sé, no parecía importante —dice, restándole importancia.

—Es muy importante. —Harry parece casi ofendido—. Sin ti, mi hermano estaría muerto y mi madre probablemente también, creo que debes darte más crédito, Louis.

—Hice lo que cualquiera habría hecho.

Es verdad, Louis no cree que ninguna persona deba seguir actuando como si salvarle la vida a alguien fuera algo heroico, cuando solo era algo humano.

—No, Lou, no cualquiera hubiera saltado con un tren yendo a toda velocidad. —Harry parece demasiado serio, aun así, puede ver una sonrisa tirando de la comisura de sus labios.

—Fue un poco loco, ¿no?

—Un poco sí. —Se ríe Harry—. Pero también heroico.

—Llegamos —dice Louis un poco decepcionado de ver el edificio de su piso, aunque al mismo tiempo aliviado de terminar con el tema de heroísmo y su cumpleaños.

—Eso fue rápido. —Harry parece igual de decepcionado que como Louis se siente—. Bueno, cumpliste tu promesa de mantenerme a salvo.

Louis ríe cubriendo su boca.

—Buenas noches, Harry.

—Buenas noches, Lou, entra, esperaré aquí.

Louis se despide ondeando su mano mientras camina de espaldas hacia la puerta de su edificio, hasta que finalmente debe cruzarla y dejar de mirar a Harry. Esa noche es diferente y grandiosa, Louis pensó que sería otra pelea sobre peguntas en un intento por exponerlo, sin embargo, fue encantador y eso no puede olvidarlo fácilmente.

❄ ❄ ❄

Nochebuena llega y Louis debe tomar el turno de Lisa en la taquilla, ella pidió permiso por la llegada de sus padres. Afortunadamente Perrie atrasa su viaje solo para poder decirle «feliz cumpleaños», lo que aprecia inmensamente.

—Hola, Louis —Una voz femenina le dice al otro lado de la taquilla.

Levanta la vista de su teléfono y ve a Gemma y Sebastian al otro lado de la cabina, tan sonrientes como siempre.

—¡Hey! —grita, abriendo las puertas—. Por favor, entren.

—¿Podemos? —pregunta Sebastian, la emoción evidente a través de su voz.

—¿Quiénes son tus amigos, Lou? — inquiere Perrie, sonriendo a los recién llegados y haciéndose a un lado para hacerles espacio.

—Es el prometido de mi hermano —anuncia Gemma y mierda.

—¡Vas a casarte! —chilla Perrie, sorprendida—. ¿Cuándo pasó? Lo último que supe es que pensabas adoptar.

Louis rueda los ojos, sus mejillas calentándose, Gemma y Sebastian se miran y luego a él con sus ojos ensanchados.

—¿Van a adoptar? — pregunta Gemma, su emoción recorriéndola desde la voz hasta la sonrisa y la forma en que se toca el vientre plano.

—¡No! —Sacude la cabeza—. Perrie tiende a exagerar, a todo esto, ¿qué hacen aquí? Pezza, puedes hacerte cargo unos minutos — dice Louis, mirando a Perrie, hace lo posible por sonar amigable, pero al mismo tiempo enviarle una advertencia a su amiga para que no empeore las cosas. Ella parece entender el mensaje, porque sutilmente asiente, sus mejillas sonrojándose.

Conduce a Gemma y Sebastian a la parte trasera de la estación, donde Lisa, Perrie y él han acondicionado una mesa para pasar sus almuerzos sin escuchar las quejas de otros trabajadores.

—¡Felicidades, Lou! —exclama Gemma apenas están afuera, colgándose de su cuello, esa mañana el frío no es tan intenso, pero aun así la diferencia de tener el calor de Gemma a solamente su abrigo gastado es notoria. Louis la abraza de vuelta, sin ser capaz de evitar una sonrisa.

—Debiste decirnos, te habría dado algo mejor —dice Gemma cuando lo suelta, Sebastian extiende sus brazos y espera a que Louis sea el que abrace primero—. Todavía no puedo creer que Harry diciendo lo que dijo, se enteró antes que yo.

Da buenos abrazos, concluye Louis, es la primera vez que está tan cerca de Sebastian, es grande y musculoso, podría pensarse que puede hacer daño a alguien tan petiso como Louis, pero es confortable y cálido; puede ver como Gemma y él encajan. Ella es enérgica y mandona, y él es tranquilo y suave, y ambos se apoyan mutuamente. Que los dos sean increíblemente atractivos solo es un plus.

—Felicidades, hermano.

Las palabras de Sebatian lo golpean, por un lado, le gusta sentir el cariño que el hombre le muestra solo por ser de alguna forma parte de la familia, pero al mismo tiempo la culpa lo invade, porque no es justo ni pare él, ni Gemma ni para ningún otro miembro de la familia Styles, ni siquiera para James, quien de alguna forma es como el tío para ellos.

—Gracias —Se obliga a decirlo sin parecer miserable, porque no lo es, solo que la situación lo pone demasiado incómodo—. ¡Oh, no debieron molestarse!

Toma el envoltorio que Gemma le tiende sin poder ocultar la enorme sonrisa que adorna su cara, una que deja ver sus dientes y marca las margaritas en sus mejillas, Sebastian hace lo mismo, solo que a él en lugar de aparecerle hoyuelos, se le pronuncia más su barbilla partida.

—Solo es un detalle, pero no queríamos que pasara desapercibido — dice Sebastian, mostrándose un poco apenado.

—Estoy segura de que mis padres y Zayn se molestaran cuando se enteren que no les dijiste.

Las mejillas de Louis se sonrojan, murmurando una disculpa, platican un poco más antes de que el matrimonio se despida, no sin antes prometer que haría todo lo posible por visitarlos al día siguiente. Una vez solo, Louis se toma un minuto más para prepararse psicológicamente al interrogatorio que sabe le espera en la cabina.

❄ ❄ ❄

—¡Felicidades, hermanito! —Es la forma en la que Lottie lo saluda, la conexión del FaceTime no es buena, pero al menos puede escuchar la voz de su hermana.

—Soy mayor que tú, mocosa. —Ríe Louis, el cariño filtrándose por sus poros, espera que Lottie pueda darse cuenta de lo feliz que lo hace su llamada.

—Detalles, ¿dime cómo la estás pasando? —La imagen de su hermana sigue congelada, así que solo puede imaginarla poniendo los ojos en blanco.

—Estoy en el trabajo —responde Louis al tiempo que desenvuelve su emparedado de cumpleaños navideño, es una tradición en la cafetería de la estación, suelen darle un pastelillo a los empleados en su cumpleaños, como Louis cumple en vísperas navideñas logra que le combinen algo salado con el pastel de frutas y chocolate, especialidad de temporada que siempre parece estar agotado, es el único día que Jennie, la barista, le guarda un trozo.

—Ya recibí dos regalos, un mensaje de cumpleaños y ahora tu llamada, además de muchos abrazos, así que puedo decir que va perfecto.

—Odio que trabajes en tu cumpleaños —Eso es algo que le dice cada año, y cada vez Louis puede escuchar la culpa que su hermana intenta esconder sin éxito—. Tal vez el siguiente año pueda visitarte.

—O tal vez yo sea el que finalmente vaya.

—Eso sería increíble —dice Lottie, Louis puede escuchar la sonrisa en su voz—. Pero en definitiva, seré yo la que pague.

—No tienes qué, Lots.

—Me lo debes y te lo debo.

Su hermana siempre lo dice, y aunque no lo hace para hacerlo sentir mal, no puede evitarlo, Lottie alega que Louis cargó con todo, ella incluida, por años y dejó a un lado sus necesidades, ahora es el turno de que ella vea por ambos y que, finalmente, Louis pueda buscar un trabajo mejor que el de la estación. A Louis le gustaría hacerla entender que no la culpa de nada, y que lo haría otra vez si le dieran a elegir.

—Hablaremos de eso el siguiente año.

—Bien, ¿qué harás en la noche? —pregunta Lottie como si no acabaran de tener una confrontación, eso es algo que ama de su hermana y extraña cuando solo se comunican a través de mensajes de texto.

—Iré a la fiesta de la estación y espero que Steve me compre un pastel, y planeo comer todo lo de la mesa de bocadillos —explica Louis, rememorando todo lo que hace cada año, la comida es fantástica, así que realmente no puede quejarse por eso.

—En esta época extraño más que nunca la comida de mamá y tus postres, puedes enviarme algo —se queja Lottie, provocando la risa de Louis—. Es cuando detesto haber sacado las dotes culinarias de papá.

Louis ríe más fuerte, su hermana al igual que su papá parecían un pez fuera del agua cada vez que él y su madre hacían grandes cantidades de comida y necesitaban ayuda, así que a ambos solían asignarle la tarea de desgranar guisantes y partir naranjas.

—Intentaré hacerlo, tengo que colgar Lots, debo volver al trabajo.

—Te amo —le dice Lottie con desgano—, diviértete.

❄ ❄ ❄

Elegir su atuendo esa noche es difícil, es Nochebuena y su cumpleaños, estarán sus compañeros de trabajo y quiere verse bien, pero la nieve había comenzado a caer esa tarde y tampoco desea congelarse.

Opta por un pantalón oscuro, camiseta de manga larga blanca y una chaqueta blanca y negra, además del abrigo de su padre. Toma su bolso y guarda las galletas que preparó exclusivamente para la fiesta y sale encontrándose con Brendan en las escaleras.

—¡Louis, felicidades!

El chico se apresura y en dos pasos llega hasta la puerta de Louis, sin esperar a pedir permiso atrae a Louis y lo estrecha, apretándolo al grado de sentirse sofocado.

Suficiente, Brendan. —Se las arregla para alejarse del agarre.

—Tengo el regalo perfecto para ti —dice, sacando un sobre blanco—. Entradas para The Watson, tú y yo el miércoles. —Brendan sube y baja sus cejas en un intento por parecer seductor, pero solo se gana una sonrisa de Louis.

—Lo siento, Brendan, trabajo, así que no creo que pueda, pero gracias.

El chico se desinfla ahí mismo y Louis aprovecha para dejarlo atrás.

—¿Te gustaría ver una película entonces? —pregunta Brendan, recuperándose rápidamente y bajando detrás de él.

—Lo siento, ya tengo planes, pero tal vez la próxima.

Louis se disculpa y sale disparado en busca de un taxi.

❄ ❄ ❄

La fiesta es en el mismo edificio de cada año, está adornado con guirnaldas, esferas y luces, hay un árbol lleno de regalos, la mesa de alimentos al fondo y alguien canta villancicos en algún lugar. Louis platicó con Lisa en cuanto llegó, la chica había decidido aparecerse solo para poder decirle feliz cumpleaños y darle su abrazo. Perrie no asistió, su vuelo saldría al día siguiente y debía quedarse a arreglar sus maletas. Espera a Steve, está supervisando que todo esté bajo control. Steve vuelve con un par de pastelillos de carne, Louis los prefiere dulces, pero irá por ellos más tarde.

—Steve, estoy en un lío —se queja Louis apenas su jefe le da un mordisco a su pastelillo—. Quiero dejar de mentirle a los Styles.

—Has estado enamorado del hombre por meses, no veo el problema —le responde Steve claramente hablando de Liam. En las últimas semanas ha evitado contar mucho sobre los Styles y su extraña relación, pero eso ha cambiado, había estado empujado la idea al fondo de su mente hasta ese día.

Esa mañana Harry le envió un mensaje felicitándolo, fue el primer mensaje que recibió y el único que ha tenido en mente todo el día.

«Feliz cumpleaños Lou, por más héroes y protectores como tú. Ansío el día de ser digno de saber los secretos mejor guardados entre tus padres y tú.

Me alegra conocerte y espero ser testigo del primer sello de ese pasaporte tuyo, te envío cientos de abrazos hasta que pueda darte uno yo mismo x»

Más tarde ese día, le preguntó si podía pasar por él y cuando Louis explicó que tenía una fiesta, pidió permiso para ir y Louis encantado había dicho que sí.

Todo en esos mensajes lo mantuvo ansioso porque llegará la hora de la fiesta y ni una sola vez recordó a Liam tendido en una cama de hospital cuando se supone que lo ama y van a casarse hasta que desenvolvió el regalo de Gemma y Sebastian y vio la etiqueta del hospital donde Liam está.

—El problema es que si no termino con esta farsa puedo perder algo real.

—Solo di la verdad, muchacho.

—Pero todos creen que Liam y yo vamos a casarnos, y no es así, pero tampoco lo negué. Y entonces conocí a Des y Anne y fueron maravillosos y tienen unos hijos increíbles y me tratan tan bien y quiero eso. Y entonces está Harry que lo complica más.

—¿Quién es Harry? —inquiere Steve que a este punto ha dejado de comer su pastelillo.

—El hermano de Liam.

—¿Y quién es Liam?

—El chico de la estación.

—¿El famoso prometido?

—Ajá. Y si hablo, Anne puede enfermar, cualquier disgusto le puede provocar otro ataque al corazón, y si muere, ni Des, Gemma o Zayn, incluso James me van a querer.

—¿James también es su hermano?

—El vecino.

—¿Esto tiene algún sentido, Louis?

—¿En serio, Steve?

Su jefe continúa comiendo sin ningún pesar, Louis va a la mesa de las bebidas y se sirve un vaso de ponche caliente, a pesar de estar cargado, bebe hasta el fondo, entonces ve a Harry haciéndose paso entre sus compañeros, su estúpido corazón comienza a palpitar más de lo normal y los pantalones ajustados no ayudan.

—Hola, Louis —lo saluda Harry cuando está frente a él. Louis no puede contenerse y automáticamente sonríe.

—Hola —responde Louis simplemente, no sabiendo cómo reaccionar al recordar las palabras de Gemma sobre las cosas que Harry dice de él. Harry también parece distante, su sonrisa nata y la facilidad con la que parece conectar con Louis simplemente no está.

—¿Cómo la pasaste? —La tensión de Harry es notoria y a Louis lo pone incómodo.

—Nochebuena siempre es un día agitado, ¿cómo fue el tuyo?

—Bien —dice Harry—, iré por algo de ponche, ¿quieres algo?

Asiente a pesar de tener su propia bebida casi completa en la mano, Harry tropieza con un regalo decorativo en su camino y Louis no puede evitar reírse de él, los ojos verdes del hombre lo miran entre divertido y advirtiendo que no lo exponga frente a todos los desconocidos.

—Louis.

La voz de Lisa se escucha a su lado, se gira y la encuentra con la sonrisa enorme que la caracteriza, sin embargo, su expresión también parece ser la que usa cuando esconde algo.

—¿Qué hiciste?

—Yo nada, es solo, ¿ya viste dónde estás parado?

Louis mira alrededor de él, pensando que tal vez piso suciedad de perro sin encontrar algo extraño, entonces mira a Lisa y ella solo gira sus ojos hacia arriba. Entre Harry y él hay una guirnalda decorando el lugar y justo encima hay una ramita de muérdago colgando.

Joder.

—Deben besarse —apunta Lisa lo suficientemente alto para que Harry se dé cuenta que también se refiere a él.

—¿Disculpa? —pregunta Harry, confundido.

—Muérdago —Es todo lo que dice Lisa, todavía sonriendo.

Muy lentamente el hombre mira el muérdago sobre su cabeza y Louis puede ver la tensión en la mandíbula de Harry. El estómago de Louis da un vuelco y sus pensamientos corren en busca de una salida, conoce a Lisa y sabe cuánto ama ella las tradiciones de este lado del mundo, a Louis jamás le ha parecido ningún problema, hasta ahora.

—Lisa, em, nosotros no... —comienza Louis sin saber qué decir, sus mejillas se calientan ante la mirada de su amiga y Harry.

—Bien, bien —dice Harry de repente—. Mi mamá es una obsesiva de las tontas tradiciones —se excusa Harry, cuando se encuentra con la cara sonríete de Lisa y la mirada penetrante de Louis.

Solo es una vieja tradición, se dice Louis, acercándose a Harry.

—Okey —dice sin más, dejando de lado todas las razones por las cuales es una mala idea, incluso si están plagadas de engaños y verdades a medias.

Ambos se inclinan dubitativamente, Louis puede ver los nervios corriendo a través de la fachada confiada de Harry, en un instante sus labios están sobre los de Harry, inmóviles, pero provocando una oleada de emociones en su interior. En algún momento, se vuelve demasiado y se aleja, mirando para todos lados en un intento de asegurarle a todo el mundo que solo era el muérdago. Nadie presta atención a ellos, salvo Lisa y su jefe, que observa todo desde su lugar junto a la chimenea del lugar.

Cuando se separan, Harry se pierde por al menos media hora, Louis decide ir con sus compañeros e ignorar al hombre que solo bebe ponche en una esquina mientras no aparta la vista de Louis, es incómodo sobre todo por los comentarios que comienza a escuchar de él y Harry.

Son las diez de la noche cuando decide irse, trabajará al día siguiente, ha tomado suficiente ponche con vino para estar un poco achispado, así que decide despedirse de sus compañeros, debe admitir que le duele que Harry prácticamente le haya rogado por ir y después de decirle hola no volvió a hablarle.

Luego de despedirse de Steve, Louis rodea el lugar donde se encuentra Harry y sale del edificio, unos momentos después escucha pasos a su espalda y solo en cuestión de algunos segundos, tiene a Harry caminando a su lado.

—Me abandonaste. —Harry tiene el atrevimiento de reclamar.

—¿Disculpa? ¿Decidiste que valgo tu atención? —Louis no se molesta en mirarlo y sigue su camino.

—Solo me preocupo por Liam —dice Harry, su voz disminuyendo considerablemente.

—¿En serio, Harry? Yo no fui el que accedió a besarte.

—No es eso, es decir, eso me hizo pensar en la forma como reaccionas con Brendan y si tal vez hay otros — balbucea Harry más de lo que habla.

 —Pensé que habías dejado atrás eso —responde Louis, deteniéndose y encarando a Harry hasta que algo hace clic en su cabeza—. Gemma se refería a esto, ¿no? Piensas que alguien como tu hermano no se fijaría en alguien como yo y sigues buscando cualquier cosa que pruebe que solo quiero su dinero.

—Solo intento proteger a mi familia.

—Es gracioso que no has hablado con él en más de seis meses y todavía tengas el coraje de decir que lo proteges. —Apunta Louis a Harry, dejando ver el enojo en su voz—. Eres injusto, te conté sobre mis padres y nunca se lo cuento a nadie, sabes lo que pasé para conseguir dinero y pagar mis deudas de forma honesta. No quiero el dinero de tu hermano, ni el de tu familia. Y ahora tampoco estoy seguro de que quiera ser tu amigo.

Es tonto que esté tan molesto, Louis lo sabe, él mismo ha pensado que alguien como Liam jamás le daría una segunda mirada, no lo ha hecho, pero la mera idea de que alguien cercano a Liam lo mencione duele. Está agradecido de lo amable que ha sido la familia Styles, sin embargo, en algún momento deberá admitir que son mucho para él.

—No, Louis, lo siento. —Harry lo alcanza del brazo, el toque hace que la piel de Louis hierva incluso a través de la gruesa tela del abrigo, lo que enciende todavía más la molestia en Louis.

—No sé si quiero escucharte, Harry, todavía es mi cumpleaños y había sido increíble hasta que decidiste arruinarlo.

La cara de Harry cae ante eso y deja ir el brazo de Louis.

—Puedes dejarme decirte algo, si no te gusta no volveré a molestarte. Por favor.

Louis asiente, encogiéndose de hombros, sin embargo, continúa caminando sin preocuparse un poco en comprobar si Harry lo sigue.

—Liam siempre fue protector con nosotros en cuanto a todo, pero al mismo tiempo es un imbécil que se enamora fácil de la primera persona que le habla bonito. Siempre he estado ahí para cuidarlo hasta que dejamos de hablar — habla Harry de manera agitada, Louis puede sentirlo trotar detrás de él mientras intenta hablar y mantener el paso acelerado—. Cuando supe de ti, estaba molesto. Él siempre me contaba de sus citas sin importar lo ocupado que estuviera, pero esta vez no lo hizo y quería convencerme de que eras igual o peor a la última chica con la que salió, pero resulta que todo el mundo alrededor de mi hermano cree que eres fantástico. Tienes a mi familia en tus manos.

¿Y tú?, quiere preguntar Louis sin ninguna razón válida, pero se muerde la lengua en su lugar y sigue escuchando a Harry.

—Gemma te escuchó hablando de adopción esta mañana; hijos son algo que Liam nunca ha querido, y la idea de que lo estuvieran manipulando volvió, luego te vi con Brendan y la idea se reforzó.

—¿De qué mierda hablas, Harry? No estoy planeando adoptar con tu hermano y ¿Brendan? Pensé que había dejado claro que no estoy interesado.

—Sí, pero creo que ya dejé en claro que vengo de una familia de idiotas.

—Imbéciles —interrumpe Louis—. Habías dicho imbéciles.

—Tienes razón. —Harry ríe—. Debí preguntarte antes de asumir cosas y arruinar tu cumpleaños. Perdón.

—Ni siquiera me diste un abrazo.

—¿Qué?

—Dijiste que me darías un abrazo de cumpleaños cuando me vieras y solo me observaste como un acosador frente a mis compañeros de trabajo.

—Lo siento, ven aquí.

Harry extiende sus brazos, Louis considera ignorarlo, pero, en realidad, ha esperado por la calidez de ese abrazo todo el día, así que se acurruca contra Harry sin pensarlo mucho.

—Feliz cumpleaños, Lou —dice Harry entre el cabello de Louis—. Había planeado mostrarte algo, pero ya es demasiado tarde y debes estar cansado, así que tal vez lo deje para año nuevo.

—Eso me gustaría.

—Aun así, tengo un regalo para ti.

—¿Sí?

A Louis le intriga saber qué le dará Harry, ¿será una taza del hospital? Sin embargo, Harry rebusca en el bolsillo interno de su chaqueta y saca un sobre muy parecido al que le mostró Brendan esa tarde. Louis lo toma dudoso, Harry lo anima a abrirlo.

Son un par de boletos, solo que no son ni para algún concierto ni de tren o para algún museo, no. Son boletos para un viaje redondo a Estados Unidos con fecha abierta. Louis mira a Harry sus ojos ampliándose al encontrarse con el rostro iluminado de Harry, muerde sus labios para contener la sonrisa que amenaza con aparecer.

—Esto, Harry no puedo —balbucea Louis.

—Sí puedes, lo mereces, si no lo tomas tú, puedes dárselo a tu hermana y que ella te visite.

—Es demasiado.

—No lo es, piensa que es solo lo justo por arriesgar tu vida y salvar la de Liam, creo que ni todos los boletos de avión del mundo podrían pagar lo que le diste a mi familia. —Harry toma la mano de Louis y la envuelve alrededor del sobre—. Nos devolviste a Liam y no solo hablo de salvarlo. Tómalos, por favor.

Asiente tomando el sobre como si fuera un tesoro, no puede creer que después de tanto, al fin tiene en su poder la oportunidad de ver a su hermana. Es increíble, Harry es increíble.

—Gracias, Harry, esto significa tanto para mí.

—Es solo un poco de lo que mereces. —Harry está demasiado cerca de Louis y sus labios besan su mejilla, es un roce solamente, muy diferente al beso del muérdago, pero revoluciona todo dentro de Louis—. Buenas noches, Louis.

❄ ❄ ❄

La noche es un ir y venir en sueños de Liam y Harry y Anne en el hospital, su noche es larga y el sobre que Harry le dio quema incluso si ahora está en su mesita de noche. Cuando llega al trabajo está distraído, necesita que su turno termine ya.

La tarde llega y su teléfono vibra con un nuevo mensaje de Gemma. Se queda petrificado al leerlo.

«Liam despertó»

Chapter Text

El día es horrible, hay nieve cubriendo todas las aceras, lo que provoca que los pies se resbalen en los andenes cada pocos pasos. El frío se cuela en los brazos de Louis, entumeciendo los dedos de su mano sin guante. Los pasajeros llegan uno tras otro a la taquilla, gritando y presionando para obtener sus pases de abordar, alegan que es Navidad y deben llegar a sus destinos de inmediato.

Louis se esfuerza en no poner los ojos en blanco y se muerde la lengua algunas veces —demasiadas—, para no decirles que precisamente es Navidad y él trabaja lo mejor que el sistema le permite para atenderlos en el menor tiempo posible. El motivo de su tozudez es una mezcla entre la frustración que le causa la desconsideración de la gente y la bola de nervios que tiene atorada en la boca del estómago desde que recibió el mensaje sobre Liam.

Por alguna razón la semana anterior olvidó que su falso compromiso con el mayor de los Styles era el único motivo que lo mantenía ligado a la familia y, de igual forma, dejó de preguntarse qué pasaría cuando el hombre al que se acostumbró a llamar su «futuro esposo» regresara del coma.

La cosa es que Louis no está listo para decir adiós, mucho menos para enfrentarse a la mirada de decepción o reproche, por decir lo menos, de la familia Styles. Quiere tener la oportunidad de recibir un abrazo de Anne en cada oportunidad o la suave sonrisa llena de arrugas de Des. La familiaridad con la que Gemma bromea con él y le dice lo mucho que le gusta y que Sebastian la secunde con esa cálida mirada que le dice un silencioso «sé cómo te sientes». O los constantes «hermano» que Zayn le da y se sienten genuinos.

Louis nunca tuvo un hermano, pero es increíble pensar que ahora tiene dos. También está Harry, con él fue diferente desde el principio, pero con los días ha logrado cruzar una barrera invisible que había entre el menor de los Styles y él y, ahora, puede considerarlo un amigo.

No quiere perder eso, ni siquiera a James, el padrino-vecino entrometido que viene incluido en el paquete de la familia Styles.

Su turno termina y Louis se entretiene más de la cuenta guardando sus cosas en el casillero que tiene asignado, se desvía de su camino a la salida para despedirse de Steve y Jennie, su barista favorita, cuando no hay otra cosa que pueda retrasar su partida al hospital, se va.

❄ ❄ ❄

Está ansioso por llegar a la habitación de Liam, ha estado varios minutos intentando tener el valor de presionar el botón del piso correcto, sin mucho éxito. En su lugar, se ha paseado por los pisos a los que otros pacientes se dirigen, ha decidido irse, pero, en ese momento, las puertas del elevador se abren en el segundo piso y el jovial enfermero irlandés entra.

—¡Louis! —lo saluda Niall, efusivamente—. Te enteraste de las noticias, ¿vas a verlo ahora mismo? Voy contigo.

El enfermero no deja que Louis hable, simplemente se coloca a su lado y entrecruza sus brazos antes de apretar el botón de la quinta planta en dirección a la habitación de Liam.

—Y… ¿vas a cambiar su medicación? —pregunta Louis para llenar el silencio, sus pensamientos continúan viajando a través de todas las posibilidades que tendrá cuando cruce la puerta.

—Oh, no —dice, alegremente—, Zayn acaba de llegar y yo… —Niall se calla de repente y Louis lo mira, encontrando un ligero rubor cubriendo las mejillas del joven.

—¿Qué se traen ustedes? —Louis codea a Niall en el costado, lo que solo incrementa el rubor en el enfermero.

—No es… yo no… noso… —balbucea Niall y Louis no puede evitar sonreír por lo adorable que se ve.

—Tranquilo, Ni —dice, acortando el nombre sin pensarlo demasiado—, no tienes que darme explicaciones.

Niall asiente, una sonrisa se asoma en su rostro, el sonrojo todavía está presente, Louis lo mira, sintiéndose cómodo hablando con él, hay algo en el chico que le transmite tranquilidad y lo ayuda a mantenerse relajado.

El «ding» del elevador suena cuando llegan a su destino y las puertas se abren, el estómago de Louis da un vuelco y los nervios regresan con más fuerza que antes, Niall parece notarlo porque da un apretón al brazo que enlaza con Louis y le sonríe antes de caminar, llevándolo consigo.

La habitación de Liam parece igual que siempre, está repleta de la familia Styles, James, el médico y una enfermera, da un respiro, tomando el valor suficiente para entrar. El cuarto los recibe con las habituales risas y los abrazos que se ha acostumbrado a recibir.

—¡Oh, querido! —dice Anne, acercándose a Louis, envolviéndolo en sus brazos—. ¡Despertó mi bebé, despertó! ¿Debes estar emocionado?

«Sin palabras», piensa Louis, se encoge de hombros en su lugar, ojos verdes, cafés y azules se posan sobre él y lo único que puede hacer es intentar sonreír, esperando que se vea más real de como en verdad se siente.

Una vez que Anne lo suelta es el turno de Gemma, ella lo arrastra junto a su esposo y entre los dos se las arreglan para hacer un sándwich con él, escucha la gruesa risa de Sebastian causada por las palabras ininteligibles de su esposa, el pecho de Louis se inquieta ante la idea de perder eso.

Le gusta la familiaridad con la que lo acoge el ruidoso grupo, lo fácil que se es ser parte de ellos. Le gusta recibir mensajes de texto de Gemma preguntándole cosas al azar o quejándose de alguna tontería que Sebastian le dijo; los abrazos de Anne y Des, así como la mirada comprensiva de James cada vez que la conversación toma un rumbo demasiado comprometedor.

También le gusta que Zayn lo llame hermano y le suelte sin más anécdotas de su infancia; y le gusta pasar tiempo con Harry. Le encanta en realidad, últimamente hablar —o discutir— con el menor de los hermanos es su parte favorita, solo debajo de compartir tiempo con todos ellos juntos. Eso sin duda es lo que más va a extrañar.

Encuentra a Zayn susurrándole algo a Harry en el oído mientras Niall permanece a su lado, radiante como solo lo ha visto cuando está alrededor de Zayn, Harry, por su parte, luce incómodo, al menos su cuerpo se tensa en cuanto sus miradas se encuentran, para Louis no pasa desapercibido la rapidez con la que el hombre evita cualquier contacto con él.

Cuando ha pasado por los brazos y las preguntas de todos, finalmente se enfrentan juntos a lo que el médico tiene que decirles, Liam se quedó dormido después de la revisión de rutina que le hicieron en cuanto estuvo consciente, sin embargo, les asegura que despertará en cualquier momento.

—¡Joder está despertando! —grita Gemma, rompiendo la tranquilidad de la habitación que el médico había conseguido.

—Lenguaje —la reprende Anne, pero sus ojos están más enfocados en Liam que en su hija.

La sangre de Louis se congela cuando toda la familia se acomoda frente a la cama, donde Liam comienza a mover sus brazos, busca instintivamente el lugar junto a James, siente la cálida mano posarse en su hombro y, aunque no dice nada, el apretón que le da es suficiente para saber que lo apoyará cuando la verdad salga a la luz.

Los ojos pardos finalmente se abren y la sonrisa de cachorro automáticamente se posa en el rostro del hombre convaleciente al encontrarse con su familia, no hace otra cosa más que sonreír y observar a cada uno de los presentes, reconociéndolos al instante. A Louis le gustaría hacerse pequeñito y esconderse en el bolsillo del abrigo de James hasta que la inspección termine.

El momento en que Liam lo mira todo pasa muy rápido: la sonrisa permanece y hace un asentimiento, Louis abre los ojos y su respiración se atora, todas las miradas puestas sobre él, no está seguro cómo contestar a la acción, así que solo intenta sonreí, un instante después Liam observa a James, imitando su acción previa, pero rápidamente vuelve a Louis y su rostro se arruga, revelando la confusión al instante.

—¿Tú quién eres?

La exhalación unánime de la familia inunda el cuarto, su estómago se retuerce y comienza a negar, está perdido. El momento que ha estado evitado finalmente llegó y ahora debe despedirse de todos y, la realidad es que, duele solo pensarlo.

—¡Tiene amnesia! —grita el padre de Liam a su derecha y otra exclamación de asombro llena la habitación.

Los lamentos de Anne no se hacen esperar, los hermanos Styles parecen estar sin habla, Liam mira de un lado a otro con la confusión pintada en el rostro, James oculta la sorpresa dándole la razón a Des, Niall también parece confundido y todo lo que Louis quiere hacer es meter la cabeza en una bolsa de papel y desaparecer.

❄ ❄ ❄

«Amnesia selectiva», es la respuesta del médico, pero Louis no se siente ni un poquito aliviado, la culpa se arremolina en su estómago y sabe que en cualquier momento vomitará, literalmente.

—Debes estar devastado, querido —le dice Anne, apesadumbrada, sujetándole la mano, dando suaves toques circulares—. Siéntate, no vayas a desmayarte.

Esa idea le gusta, Louis asiente y camina hasta la puerta, se excusa diciendo que necesita un poco de aire, no es una mentira del todo, sí se está sofocando y en cualquier momento puede perder la cordura.

Encuentra lugar en unas bancas cercanas al elevador y se desploma en ellas sin ningún tacto, quiere gritar, pero sabe que hacerlo en un hospital no es la idea más brillante, así que se cubre el rostro con sus manos y deja salir el aire de sus pulmones.

Unos segundos después un cuerpo cae junto a él, por un instante cree que puede ser Harry, pero la idea desaparece antes de que el cosquilleo de su estómago pueda asentarse adecuadamente debido al aroma que desprende la colonia de James, Louis se prepara mentalmente para lo que viene.

—Tengo que contarles.

Louis deja caer sus manos y se enfrenta a James, el hombre parece sopesar las opciones como si realmente hubiera algo que pensar, sería gracioso, si tan solo no estuviera emanando frustración por cada poro de su cuerpo.

James lo mira nuevamente, está en silencio durante tanto tiempo que Louis lo observa hasta que finalmente se cansa y baja la cabeza.

—Yo les diré —dice James, resuelto—. Soy el padrino de Liam, pero sobre todo soy su vecino y lo he visto crecer, sé cómo manejarlo.

Eso inexplicablemente le quita un peso de encima a Louis, sabe que es cobarde, sin embargo, él no se imagina enfrentándose a la mirada decepcionada de la familia Styles, simplemente no puede.

—Por favor, diles que lo siento —le ruega Louis como si de alguna forma eso fuese a cambiar las cosas para él.

—¿Te importa mucho si Liam termina odiándote?

Es la pregunta más extraña que le ha hecho el hombre, pero eso no es lo peor, sino la respuesta inmediatamente que salta a su cabeza. No quiere que Harry lo odie, ha pasado por tanto para tener su confianza que no se imagina perderla tan pronto, o simplemente perderla.

Tampoco quiere el rechazo de Anne y Des, ellos son —de alguna forma— los padres que ya no tiene, la idea de perderlos tan pronto parece horrible. Su vida apesta.

—Me importa que todos terminen odiándome —Es la respuesta que Louis le da, James se limita a asentir y lo palmea en la espalda sin decir más antes de volver a la habitación de Liam.

❄ ❄ ❄

Vuelve unos minutos después a la habitación, Louis había querido salir huyendo, sin embargo, James le había dicho que eso en definitiva no lo haría ver inocente; toma de toda su voluntad para dar los últimos pasos hacia el cuarto donde todavía la familia Styles luce apabullada, Niall se ha ido para su pesar.

—¿Sabes qué es esto, cariño? —pregunta Anne, mostrándole un juego de llaves.

Liam rueda los ojos ante eso y asiente, mirando a su madre con cariño.

—Las llaves de la vieja Sally.

Sally, correcto, Louis recuerda a Zayn mencionar el nombre en uno de sus anécdotas de niños, si no mal recuerda, es el nombre que Gemma le dio a la combi Volkswagen de su madre cuando tenía diez años.

—¿Estás bien? —le pregunta Harry, apareciendo de pronto a su lado, Louis da un brinco por la sorpresa, pero asiente en seguida, dándole una ligera sonrisa, una genuina.

—¡Volviste, querido! —dice Anne desde su lugar junto a la camilla, le tiende la mano y todo lo que Louis puede hacer para evitar hablar, y seguramente volcar sus nervios sobre ellos, es tomarla.

—¿Puedes recordarlo ahora, hijo? —le pregunta Des a Liam, se sienta al otro lado de la cama y su rostro refleja esperanza, el estómago de Louis se aprieta porque sabe la respuesta.

—¿Debería?

No.

—¡Es tu prometido! —se queja Anne y Louis siente la culpa subiendo por su garganta.

—¿Mi qué? —Liam luce desconcertado, recorre el rostro de su familia y Louis en repetidas veces.

Louis tiene pena por él, su cabeza debe estar hecha un lío y todo gracias a un estúpido comentario que nadie debería haber escuchado.

—Tu prometido, amor —insiste Anne, apretándole la mano.

—¿Voy a casarme? —Liam frunce el ceño, ve a Harry en busca de una especie de apoyo, el joven de los Styles se encoge de hombros y desvía la mirada de inmediato

—Además salvó tu vida —interrumpe Zayn con su bonita sonrisa.

El ceño en el rostro de Liam se intensifica, y no hay nada lo suficientemente interesante en la habitación para que la culpa se vaya, al menos un poquito.

—¿De verdad no lo recuerdas ni tantito? —pregunta Gemma—. Pero no fuera la pe… Sophia.

Los ojos de Anne parece que lanzan fuego a su hija, la vergüenza cubre su rostro, por primera vez Gemma luce apenada, pero no lo suficiente, pues todavía hay una esquina de sus labios tirando hacia arriba. Zayn, Sebastian y Harry parecen compartir el sentimiento, sin embargo, ninguno de ellos se atreve a confrontar a su madre, o a su hermano.

Una carcajada irrumpe en el silencio de la habitación, es Liam, que sorprende a su familia; sus hermanos y Sebastian lo imitan inmediatamente, luego de un momento Anne y Des también se les une. Louis y James los miran, uno estupefacto y el otro divertido.

—Gemms está en lo correcto, ma —dice Liam una vez que se ha recuperado—. Terminó conmigo hace seis meses después de proponerle matrimonio, y todo lo que me dejó fue a Kitty.

Eso deja boquiabiertos a todos, el mismo Louis siente una bola de emociones ininteligibles instalarse en el estómago, mierdamierdamierda. Liam, por su parte, está relajado, como si fuese un mero contratiempo, sus hermanos —Gemma y Zayn— comienzan a reír poco después, Louis se da cuenta que Sebastian trata de disimular sus ganas de imitarlos, pero a diferencia de su esposa, su autocontrol es fantástico.

—¡Tenías seis meses de conocerla, Liam! —le grita Harry, su mandíbula tensa, Louis casi puede ver humo saliendo a través de sus rizos.

—Lo siento, Harry, no soy como tú.

—Bien, suficiente —interrumpe Anne y Louis se da cuenta de la tensión que poco a poco abandona el lugar—. ¿Puedes decirnos lo que recuerdas?

—Creo que iba a Holmes Chapel, quería ver a Harry —contesta Liam, luego de unos segundos.

Louis recuerda eso, el boleto que Liam pidió ese día en definitiva era para Cheshire, sin embargo, se muerde la lengua antes de permitirse decirlo. No es importante, además, quiere escuchar lo que el hombre tiene que contar.

—Vivo aquí hace seis meses —dice Harry, interrumpiendo todo intento de Liam por continuar su historia.

—¿Por qué?

—Gemma y Sebastian ahora viven allí, es más sencillo ayudar a mi papá si estoy con él —aclara Harry, sonando cortante—, y considerando que serán padres, fue lo mejor.

Louis recuerda esa historia, cuando Gemma se casó, sus padres decidieron darles la casa familiar donde los criaron, ellos se habían mudado a Manchester años atrás y él único que se aferraba a esa finca era Harry, sin embargo, la única hija de los Styles quería formar su familia en el mismo vecindario donde ella y sus hermanos crecieron, así que Harry decidió que era tiempo de marcharse a la ciudad y buscar nuevos aires.

—¿Estás embarazada? No lo sabía —pregunta Liam, incrédulo, mientras le da una mirada al estómago de su hermana—. ¿Qué más me perdí?

—Tranquilo —esta vez contesta Sebastian, su sonrisa muestra la clara felicidad que tiene al hablar de su futuro hijo—. Acabamos de enterarnos.

—Amabas esa casa, H —dice Liam, apesadumbrado, regresando al tema anterior.

—Sí, bueno, amo más a mi hermana y a su futuro bebé.

El comentario de Harry —lejos de ser inocente— es una especie de daga que se clava directo en Liam, afortunadamente Sebastian decide que es un buen momento para interrumpirlos.

—¿Para qué querías a Harry? —Sebastian mantiene la sonrisa a pesar de la tensión que es posible escucharse a través de su voz.

—Seguramente ibas a contarle todo, ¿no es así? —interrumpe Gemma—. Ustedes querían mantener las cosas en secreto hasta que hubieras hecho las paces con nosotros, o Harry, ¿no es así, Louis?

Louis no entiende cómo es que siguiera llegaron a ese punto, sin embargo, se encuentra asintiendo ante la mirada expectante de todos, sus mejillas se calientan, Gemma y Anne emiten una expresión de cariño, malinterpretando su sonrojo.

—¿De verdad no lo recuerdas ni un poquito, cariño? —pregunta Anne, casi suplicante.

Liam suspira y gira hacia Louis, su mirada penetrante lo atraviesa y hace todo el esfuerzo para no ocultarse, por el rabillo del ojo ve a la familia Styles, expectante. Harry parece tenso y James se muerde los labios, preocupado, supone Louis.

—En realidad sí —comienza Liam—, me parece familiar.

La familia Styles —más concretamente Gemma y Anne— emiten una clase de suspiro aliviado, Louis mismo se permite relajarse, una sonrisa suave aparece en su rostro, claro que le resulta familiar, está en su camino al trabajo cada día, incluso a veces es él quien le vende los boletos de tren, justo como el día del accidente.

—¿Recuerdas algo más? —insiste Gemma, acercándose a la cama de su hermano.

El hombre lo piensa por unos segundos, observando el rostro de Louis detenidamente, lo que parece una eternidad, durante la cual lo único que desea es desaparecer.

—No —dice finalmente—, pero eres lindo.

¡Santa mierda!

Ni en sus sueños más locos Louis imaginó que fuera así el momento en que el amor de su vida por fin le dijese aquellas palabras, mucho menos que se sintiera extraño e incómodo de escucharlas, aun así, hace que el sonrojo en Louis se intensifique, Liam todavía es un hombre guapo, exitoso y rico que piensa que es lindo.

—Sí lo es. —El corazón de Louis se acelera, hasta que se da cuenta que es Zayn quien ha hablado.

—Oh, tú cállate, Zaynie —interviene Harry por primera vez desde el cuasi enfrenamiento que tuvieron minutos atrás.

La sonrisa de Zayn desaparece y en su lugar sus mejillas se colorean de un rojo intenso que hace que sus pómulos resalten, eso solo hace que Gemma y Sebastian se rían y comiencen a molestar al hombre, quien se esconde tras sus manos.

Pasan un rato platicando y probando si Liam recuerda o ha olvidado cosas, resultando en que únicamente es Louis la pieza faltante en la memoria del mayor de los Styles, ninguno parece notarlo, sin embargo, hay alivio en Louis una vez que la hora de visitas termina y tiene que irse.

—Me iré, pero en cuanto el doctor lo permita te traeré un pote de helado de Cookie Dough —dice Louis, despidiéndose, Liam asiente, mostrando su preciosa sonrisa, que todavía provoca un aleteo en su estómago.

—¿Me gusta el helado? —pregunta, rascándose la cabeza, ganándose la risa de todos en la habitación.

—Te encanta, Li —Es lo que escucha decir a Zayn.

Hay más revuelo luego que sale del cuarto, unos segundos después alguien sale a paso apresurado y se coloca junto a él mientras espera a que el elevador llegue al quito piso.

—Te llevaré. —Es Harry, quien se balancea en sus pies con las manos dentro de los bolsillos de su chaqueta verde, Louis quiere negarse, sin embargo, la idea de quedarse solo después de los acontecimientos de la tarde se lo impiden, además todavía es Navidad.

❄ ❄ ❄

El camino hasta su casa es silencioso, solo la música del reproductor, los autos a su alrededor y algunas personas cantando villancicos en las calles se escuchan, Louis aprovecha para explorar la de música de Harry, es la primera vez que el hombre lleva su auto y no la camioneta de la demoledora de su padre, que apenas y le funciona la radio.

—¿Cómo van las cosas con Brendan? —pregunta Harry de pronto, sin apartar la mirada del camino.

La cuestión lo sorprende de forma divertida, Louis deja de saltar canciones, dejando una de Fleetwood Mac, mientras se gira hacia Harry a pesar de que el hombre no puede verlo.

—No pensé que estuvieras interesado en el chico. —Louis ríe al tiempo que Harry se sonroja y sacude la cabeza—. Son unos seis años de diferencia, creo.

—Siete —rectifica Harry, todavía riendo, Louis quiere preguntar, pero no lo deja—. Me lo dijo cuando quería echarme de tu edificio, no preguntes.

No le interesa en realidad, puede imaginar al joven, casi una cabeza más bajo que Harry, encarándolo, algo típico de Brendan.

—Pues está ignorándome —dice Louis, animadamente—, por no acompañarlo al concierto del bar.

—Rompiste el hechizo, felicidades, no pensé que fuese posible —prácticamente susurra Harry, parece que estuviera contando un secreto, uno de los que en ocasiones escasas  pueden volverse realidad.

Harry lo mira durante una fracción de segundo antes de regresar su vista al camino, se ve feliz como pocas veces lo ha visto, también está relajado, muy diferente a la tensión que tenía cuando estaba en el cuarto de Liam, tampoco se parece a la actitud que tomó los primeros días que interactuaron. Este es su favorito, con quien puede hablar de cualquier cosa, incluso de su madre.

—Yo tampoco. —Hay alivio en la voz de Louis y un poco de diversión.

Llegan al edificio y Louis baja del auto con reticencia, de pronto toda la pesadez que se había quedado en el hospital está sobre sus hombros, Harry desabrocha el cinturón y baja tras él.

—Feliz Navidad, Louis —dice Harry, una nube de vaho formándose, ha dejado de caer nieve, pero los caminos están tapizados de blanco, provocando que la valenciana de sus pantalones se moje y el frío se cuele por sus piernas—. Te traje algo.

Hay una caja pequeña en la mano de Harry, está envuelta en papel de estrellas y tiene un moño azul pegado en la esquina, Louis siente un tirón en el estómago, él no hizo compras navideñas —no suele hacerlo—, tampoco planeaba seguir viendo a la familia y en algún punto olvidó los obsequios.

—Oh, Harry —dice, apenado—, no compré nada.

—Descuida, yo tampoco lo hice. —Harry le tiende la caja, la sonrisa se extiende más amplia que nunca, parece destilar emoción, Louis mismo se llena de expectativas sobre lo que puede encontrar en el interior—. Ábrelo, por favor.

No tiene que decirle dos veces, los ojos suplicantes de Harry son todo lo que Louis necesita para acceder. Toma la cajita, rozando la punta de los dedos del otro, están cálidos a comparación de los suyos, el joven Styles lo hace notar al estremecerse al tacto, dejándolo confundido.

Louis quita el papel con delicadeza hasta que le es posible levantar la tapa, adentro encuentra una diminuta mecedora, su sonrisa explota en los labios y mira a Harry solo para lanzarse a sus brazos un segundo después.

—Eres un tonto —dice Louis en el oído de Harry, el hombre rodea su cintura, clavando sus dedos a través del abrigo de su padre—. ¡Me encanta!

—No puedo hacer una de tamaño real en tan poco tiempo —explica Harry, riendo, sus rizos cosquilleando en su mejilla—, pero prometo tenerla lista para la boda.

Ese comentario retuerce el estómago de Louis, en esta ocasión, sin embargo, parece más cargada de reproche que de amabilidad como la vez anterior, eso lo obliga a soltarse del abrazo y dejar una distancia prudente entre él y Harry.

—Las cosas van a cambiar a partir de ahora —Louis tiene la necesidad de decirlo, imagina a James hablando con Liam y sus padres, eso probablemente haga que nunca vea la mecedora que Harry planea hacerle, ese no es el único inconveniente, pero Louis no va a pensar en lo demás justo ahora que está un poquito feliz.

—Lo sé. —El rostro de Harry cae, sus ojos brillantes siendo suplantados por una expresión ilegible—. Entra, para que pueda irme —le pide Harry, Louis solo asiente incapaz de pensar en otra cosa.

Va a medio camino hacia la puerta del edificio cuando se da la vuelta para encontrar a Harry recargado en el capo de su auto con la luz de las farolas proyectándose en sus rizos alborotados por el viento, su aliento se atora lo que se siente como un segundo sin que pueda notarlo alguien más, antes de hablar.

—Feliz Navidad, Harry. —Harry no parece reaccionar, simplemente asiente y sigue observando, Louis finalmente se rinde y continúa su camino a su edificio.

❄ ❄ ❄

El jueves luego de Navidad las cosas vuelven relativamente a la normalidad: Lisa ha vuelto, Steve le ha dado su horario para el fin de semana, primer y último día del año, los pasajeros en la estación han disminuido en relación al día de su cumpleaños, todavía no parece un día común, pero es mejor que recibir los reclamos de la gente que no tiene paciencia.

La única diferencia pesa en el bolsillo de su abrigo, su teléfono está en espera de algún mensaje que diga «desaparece» o algo parecido, prefiere un texto a la mirada decepcionada de Anne o del resto de la familia. Quiere recordarlos sonriéndole y viéndolo con cariño como el primer día.

Casi al finalizar su turno Louis recibe un mensaje de un número desconocido que lo preocupa más de lo que ya está.

«Hey, Louis, podemos hablar?»

«Soy Liam».

Correcto. Es el fin.

❄ ❄ ❄

El tránsito en las calles se ha multiplicado para las seis de la tarde, es por eso que su trayecto al hospital dura casi una hora, sus dedos están fríos, no sabe si son los nervios o el clima, tal vez ambos.

Llega al hospital y a diferencia del día anterior se apresura en arribar al cuarto, si tiene que enfrentarse a su mentira, es mejor que lo haga cuanto antes, piensa Louis sin poder soportar la angustia que le provoca la incertidumbre.

Tiene un pequeño inconveniente al buscar a Liam en su habitación habitual, su corazón se detiene un instante cuando encuentra vacía la cama donde por tres semanas estuvo el hombre, sin embargo, antes de que pueda llamar a alguien, Niall le anuncia que el mayor de los hermanos ha sido transferido al primer piso para su recuperación.

—Hola. —Louis asoma la cabeza en cuanto llega al cuarto de Liam—. ¿Puedo pasar?

La sonrisa de Liam aparece y simplemente asiente, dejando de lado su gelatina y acomodándose para erguirse un poco más, el color ha vuelto a su rostro, asemejándose cada vez más al hombre que se acostumbró a mirar por meses en la estación.

—Estaba esperándote —dice Liam, más alegre de lo que Louis hubiese imaginado.

—Lo siento, hay mucho tráfico a esta hora —se disculpa Louis, juega con el dobladillo de sus mangas, mira en todas direcciones menos a la cara de Liam.

—Ven, siéntate. —Liam palmea el espacio vacío en la cama que se forma entre sus brazos y piernas, Louis asiente, pero se dirige a la silla, piensa en tomar la más alejada, pero la afabilidad con la que el hombre le habla le hace reconsiderarlo y escoge la más cercana a él—. Esta gelatina es deliciosa, ¿quieres un poco?

—¿Querías verme? —pregunta Louis en su lugar, incapaz de continuar con ese juego.

—No viniste ayer. —Señala Liam como si el propio Louis pudiese echar en falta ese pequeño detalle.

—Lo siento, fue un día agotador —se excusa Louis, todavía evitando los ojos de Liam—, pero me dijeron que tuviste un día ajetreado.

—Sí, estuvieron mis padres y Zayn, además hablé con James —explica Liam, tan alegre como de costumbre—. Hoy vino Harry.

Eso solo sirve para incrementar la bola en el estómago de Louis, apenas puede respirar, le falta el aire y solo quiere abrir alguna ventana, mira alrededor, descubriendo que todo está sellado.

Fantástico.

—¿Si? Eso es increíble —responde Louis, su respiración comenzando a volverse irregular—. ¿Podemos terminar con esto? Solo dime lo que tengas que decir.

—Oh, sí, bien, bien —dice Liam sin perder la jovialidad—. No lo había dicho antes, pero gracias, Louis. Por salvarme la vida y eso. —Sonríe, sus mejillas colorándose un poco, resaltan considerablemente, haciendo notoria la palidez que todavía hay en su piel.

—«Y eso» —se burla Louis, olvidando por un momento lo que sigue—. No fue nada, lo volvería a hacer con gusto.

Y es verdad, Louis no concibe la idea de no saltar a las vías para salvarlo, o a cualquiera, pero sobre todo a Liam, considerando que lo ha conducido con una familia increíble, eso sin duda alguna vale poner su vida un poquito en riesgo.

—De verdad eres increíble —suspira Liam, su cara cambia y pierde un poco su brillo—. Yo jamás hice algo ni de cerca parecido, trabajé en un refugio de animales, pero fue después de entrar a hurtadillas y destruirlo.

Oh, Louis recuerda haber escuchado la historia, incluso Anne tiene algunos recortes de la época donde hablan del joven adolescente que logró organizar una recaudación con éxito durante el verano. No tenía idea del acto de vandalismo, y al parecer sus padres tampoco.

—Eso es…

Horrible, lo sé. Estaba tratando de impresionar a un grupo de chicos populares y los seguía a todos lados, pensé que solo entraríamos como una broma, pero luego comenzaron a romper las cosas y todo se salió de control. Al día siguiente lo único que pude hacer fue compensar lo que hice. —Liam hace una pausa, por primera vez las mejillas del hombre están sonrojadas y parce avergonzado, Louis voltea su rostro, tratando de darle su espacio—. Jamás le dije a alguien que fue mi culpa, ni siquiera a Harry. Eso me hace detestable, ¿cierto?

La confesión en definitiva no la esperaba, Louis no está seguro sobre cómo debería reaccionar, todo lo que se le ocurre son expresiones que bien podrían aparecer en una viñeta si fuese un cómic, pero sabe que Liam podría interpretarlo de la forma errónea, así que se contiene unos segundos más.

—Liam, no —comienza Louis, buscando en su cabeza qué decir sin parecer que lo juzga—. Eras joven, lo importante es que trataste de arreglarlo, lo hiciste, ¿no es así?

—Ciertamente no fui el chico maravilla como todos me llamaron, pero me daba vergüenza decirlo, pensé que se decepcionarían de mí. —Liam parece afligido, es la primera vez lo ve tan vulnerable estando despierto, siempre, antes y después del accidente, ha sido un hombre imponente y resuelto, ahora, sin embargo, es difícil mirarlo.  

—Dudo que Anne o Des se decepcione de ti, o Harry, o alguien de tu familia —dice Louis con convicción, piensa en su propia hermana, lo rebelde y obstinada que era cuando adolescente, probablemente a ojos de otros no hubiese sido la mejor persona, sin embargo, su madre y él sabían que era la edad, así que sería muy injusto juzgar a Liam por la misma razón—. Y bien, qué querías decirme.

—James me dijo lo maravilloso que eres y cuánto te ama mi familia, siempre he sido un imbécil para elegir pareja. —Louis ríe ante eso, sus hermanos no han dejado de repartirlo desde el primer día que se conocieron—. Pero incluso Harry piensa que eres increíble, y eso es nuevo.

El corazón de Louis da un salto, no esperaba esa revelación, imaginaba que Harry no sentía el mismo resentimiento por él que al principio, pero saber que lo considera —de alguna forma— bueno para Liam es demasiado, más de lo que se podría haber imaginado.

—¿Eso dijo? —pregunta Louis, solo porque tiene la necesidad de confirmarlo.

—Sí, dijo tantas cosas buenas de ti que me detesto por no recordarte, pero quiero hacerlo, de verdad, quiero descubrir lo que mi familia ha visto en ti, apenas te conozco y ya sé que eres fantástico —dice Liam, hablando deprisa—, es por eso que, ya que estábamos comprometidos, ¿te gustaría casarte conmigo cuanto antes?

Oh.

Eso en definitiva no lo esperaba, su estómago da un vuelco y de pronto la habitación comienza a dar vueltas, los muros parecen estar aprisionándolo, Louis jala el cuello de su suéter, todo se torna más caliente dentro de él en comparación a como está realmente el clima.

—¡Oh, por Dios, bebé, vas a casarte! —exclama Anne, llorando mientras entra en la habitación, seguida de Des, todos sus hijos, su yerno y por último, por supuesto, James—. ¿No es así, Lou?

La mirada expectante Anne y Liam le adormecen la sensación extraña que se forma en su estómago, Des parece confundido, Gemma, Sebastian y Zayn tienen las sonrisas más brillantes que les ha visto y eso tranquiliza más a Louis, Harry parece irritado, sin embargo, cuando busca a James para tener algún tipo de explicación el hombre evita su mirada.

—Acepto. —Las palabras se deslizan de la boca de Louis de un momento a otro, parecen ajenas, sin embargo, una sensación extraña se posiciona en su pecho, no es arrepentimiento, ha deseado eso por meses, pero sin duda tampoco satisfacción. Solo es gratitud, tal vez.

«¡Fantástico!», exclama alguien, «hagámoslo cuanto antes», dice otra persona, el barullo y la algarabía llenan la habitación y Louis se deja hacer, asintiendo y esforzándose por sonreír, buscando de vez en cuando una respuesta de parte de James al lío en el que está, del cual parece no tener escapatoria.

¿Acaso quiere tenerla? ¿No era ese su sueño unas semanas atrás? ¿Qué no fue su mentira la que lo metió en ese embrollo?

❄ ❄ ❄

Su casa es un desastre, nuevamente se ha quedado sin leche y quién sabe qué otros suministros, Louis se alegra de tener al menos dos bolsitas de té y las galletas que había hecho para Navidad, su timbre suena y el maullido de Nala le dice que debe darse prisa.

Niall está esperándolo al otro lado de la puerta, sus mejillas arreboladas, su cabello rubio saliendo del beanie gris que solo acentúa la palidez de su piel, es la primera vez que no lo ve usando su uniforme de enfermero, en su lugar lleva una chaqueta azul, jeans y unas pesadas botas blancas para la nieve, Louis se mueve haciéndole espacio para que entre en su caja de zapatos.

Al principio el enfermero parece cauteloso, tanto de hablar, como de moverse por el pequeño lugar, Louis tiene que pedirle su chaqueta y  a una de las dos sillas que tiene en su mesa, mientras llena la tetera y la pone sobre la estufa, Niall parece tímido y Louis cree que si no comienza a hablar vomitará.

Cuando llamó al enfermero no analizó a consciencia la situación, solo recordó las charlas que habían tenido y el intercambio de información de Niall en un intento por compensar su intromisión, también fue el único en quien pensó podía ser lo suficientemente neutral para aclarar sus pensamientos.

Pensar en James siendo el padrino de Liam y metiéndolo en la cosa del matrimonio y Steve, su mentor, regañándolo seguramente, no hicieron la elección tan complicada.

—No voy a morderte —dice Louis cuando le es imposible mantener el silencio un segundo más.

El enfermero ríe, echando su cabeza hacia atrás, dejando ver la piel blanca de su cuello, lo mira divertido una vez regresa a su postura original.

—Te ves pálido —le responde Niall, es una afirmación, para llenar el silencio, piensa.

—Voy a casarme —se apresura a decir Louis, sus palabras apelotonándose, dejándolo sin aliento—. El lunes, con Liam. —No puede guardarlo más, siente que grita, tal vez sí lo hace, pero no se siente como si fuera su voz.

—¡Oh, por Dios! —Niall pasa de verse confundido a tener una enorme sonrisa—. ¡Felicidades, Louis!

El joven se levanta de su asiento y se apresura para atraer a Louis en un abrazo apretado, la calidez del hombre lo reconfortan un poco, solo hasta que recuerda que es una felicitación por su inminente boda.

—No puedo hacerlo —murmura Louis, enterrando su cara en el cuello afelpado de la chaqueta de Niall.

—¿Por qué no? Era tu sueño. —Afortunadamente Niall no rompe el abrazo y en su lugar lo atrae más contra él.

—No lo conozco, Niall, no realmente —admite Louis, al menos una parte del remolino de ideas que rondan en su cabeza desde el día en que Liam despertó—. Todo lo que sabía era que tenía una sonrisa hermosa y que siempre era amable conmigo y todos en la estación. Que es guapo e inteligente y seguramente éxitos… quería eso en mi vida — solloza Louis, las lágrimas comienzan a correr por sus mejillas.

—Y ahora sé que su familia está orgullosa de él y lo aman demasiado, y él aun así los olvidó por meses, no lo estoy juzgando, pero eso solo refuerza mi punto. ¿Qué si en el futuro nos detestamos?

—Tal vez solo deberías confiar en tu instinto —sugiere Niall con calma.

—Ese es el problema —Louis se quiebra, obligando al joven enfermero a deslizarse con él hasta el suelo—. Que no es él en quien pienso todo el tiempo, ni al que quiero besar desesperadamente. No espero que termine mi turno para encontrarlo en el hospital y ver si está de humor o estará gruñéndole a todos. Él no es Harry.

Ahí está. Lo ha dicho, después de días experimentando una extraña sensación cada vez que había una mínima interacción con el hombre de ojos verdes, por la necesidad de tener alguna aprobación de su parte.

O esa confianza que solo le tomó un par de charlas antes de terminar contándole sus secretos y parte de sus temores, y lo que sintió cuando Harry hizo lo propio.

Han sido semanas en las que la sonrisa de Harry es lo mejor que le pasa en el día y, cuando logra hacerlo reír y escuchar como su voz es una combinación gruesa y rasposa, es simplemente mágico. Podría decir que es trepidante o increíble, y sí, también lo es, pero siempre que sucede, su cuerpo se llena de paz y las preocupaciones por el dinero, el trabajo, su hermana o por la vida en general, desaparecen.

—Un segundo —lo interrumpe Niall con un hilo de voz—. ¿Harry? ¿Su hermano? ¿Te gusta Harry?

La sorpresa en el rostro de Niall solo hace que se las náuseas que ha tenido desde el momento dio a conocer la noticia,  incrementen.

El malestar de Louis aumenta: por no decir la verdad cuando pudo, por involucrarse demasiado con Harry mientras se suponía que estaba con su hermano, por aceptar un matrimonio incluso sin estar seguro de sus sentimientos —por no contar lo de Liam—, es un imbécil.

—Lo sé, es una locura —se queja Louis, tratando de restarle importancia—. No debí decirte, lo siento.

En ese momento suena la tetera, Louis agradece que el incómodo momento sea interrumpido, rápidamente se va dejando a Niall todavía con la confusión en su rostro, se tarda más de lo necesario sirviendo el té, esperando que la conversación anterior esté olvidada y puedan seguir como si nunca hubiese dicho nada.

Regresa a la habitación y coloca una taza frente a Niall, se disculpa por no tener leche que ofrecerle y antes de que el enfermero pueda decir algo vuelve a la cocina para tomar las galletas.

—Yo las horneé —dice Louis, tratando de romper el hielo y desviar la conversación.

—¿Por qué aceptaste casarte? —lo interrumpe Niall, olvidando su taza de té junto a las galletas—. Tienes que decirles, tal vez él…

—No puedo —lo corta Louis, siendo más brusco de lo desea—. No quiero ser responsable de la muerte de Anne, además, tal vez Liam con él tiempo llegue a quererme —dice más suave, como si estuviese tratando de convencerse a sí mismo.

Las palabras queman su garganta, sin embargo, son ciertas. El corazón de Anne sigue frágil, probablemente nunca recupere su fuerza, y de verdad cree que Liam podría quererlo, no es como si fuera una pesadilla estar con él, al menos eso espera Louis.

—¿Y qué si tú no llegas a quererlo? —La pregunta de Niall tarda en llegar y su voz es suave, casi como si temiera que alguien más pudiese escucharlo, sin embargo, Louis lo oye a la perfección y la duda se le incrusta en el pecho cual cuchillo sin filo, desgarrándolo lenta y tortuosamente.

«Viré con eso», se dice Louis.

—Hablemos de otra cosa, por favor —suplica Louis, quiere parecer firme, pero los descubrimientos de las últimas horas solo han hecho que su interior se desmorone con una rapidez impresionante—. No quería atormentarte, pero necesitaba decirle a alguien que no fuera a juzgarme.

—No me atormentas, Lou —lo consuela Niall, brindándole una sonrisa, toma su taza de té y se entretiene por un rato en ello, Louis lo agradece, de ese modo le da un poco de tiempo para recomponerse—. Estoy saliendo con Zayn —vuelve a decir Niall, su sonrisa se amplía más y su rostro adquiere una luz distinta. Más brillante y suave—. No como novios ni nada, solo hemos salido un par de veces —balbucea  detrás de su taza de té, al tiempo que sus mejillas se colorean de rojo.

—¡Eso es increíble, Ni! —Su alegría es genuina—. No tenía idea de que Zayn estuviera interesado, ni tú en él.

El enfermero asiente de forma enérgica, sin ocultan ni un segundo su sonrisa, Louis rememora entre sus pensamientos algún indicio sobre Zayn, pero lo cierto es que en la mayoría de los encuentros que han tenido solo era él contando montones de anécdotas de Liam.

—Yo tampoco —está de acuerdo Niall, la emoción filtrándose en cada palabra—, hablamos algunas veces en el hospital, tenemos mucho en común, entonces me invitó a una exposición de arte urbano navideño y yo pensé que era solo como amigos, ya sabes. —El hombre aprovecha para respirar—. Entonces tomó mi mano y luego me besó, le pregunté si eso era una cita, él se río al principio, después se preocupó y preguntó si estaba bien con el beso, fue mi turno de besarlo. Lo siento —se interrumpe Niall, mirando a Louis preocupado—. No quiero que pienses que estoy restregándote algo, solo…

—No, tranquilo —asegura Louis, riendo—. Me alegro por ti, por los dos. No nos conocemos hace mucho, pero eres un gran chico y Zayn parce serlo también, espero de corazón que las cosas funcionen, cuéntame más.

—Gracias. —Niall sonríe, tímidamente—. Las galletas están deliciosas, por cierto.

❄ ❄ ❄

A Louis le toma una eternidad levantarse de su cama el viernes, no es por el sueño que tiene, a pesar de que la noche anterior le fue imposible conciliarlo, la razón es porque no quiere enfrentarse a los innumerables mensajes de la familia Styles, tal vez solo sean un par de Anne y otros tantos de Gemma, pero aun así no está listo para lidiar con «la boda».

Es el mensaje que Harry envía alrededor del mediodía lo que finalmente consigue que se levante. El hombre ofrece su ayuda para buscar las cosas que Louis necesita para la gran ceremonia, y ya que le es difícil negarle algo, accede a pesar de que su interior le ruega que decline la oferta.

Son pasadas las dos cuando llaman a su puerta, esa vez —a diferencia de la primera ocasión que Harry fue a su edificio— no hay ninguna pelea campal desarrollándose en las escaleras, al abrirla hay únicamente un par de ojos verdes que lo miran.

—Hola —dice Harry, mostrando sus margaritas, su sonrisa queda escondida tras la bufanda guinda que lleva, aún así hace que el estómago de Louis se retuerza.

Hola —prácticamente suspira, intentando mantener el control—. Tomo mis llaves y salgo— Es lo que dice Louis antes de cerrar la puerta y dejar a Harry afuera.

Sus llaves descansan en una de las bolsas del pantalón, se recarga en la puerta y da fuertes inhalaciones, esperando recuperarse, una vez que cree estar listo —no lo está—, abre la puerta y se une al hombre.

En el camino hacia la puerta principal de su edificio se cruzan con Brendan, acompañando al vecino de arriba de Louis, al pasar a su lado le da la mirada más destellante y mortal que le ha visto.

—¿Qué le hiciste al cachorrito? —pregunta Harry, riendo, una vez que están fuera del edificio.

—Le rompí el corazón, aparentemente —responde Louis, dándose cuenta por primera vez que tal vez su propio enredo amoroso se deba al karma por ignorar a Brendan.

—Ese chico no es ni la mitad de lindo —dice Harry.

La respiración de Louis se atora por un segundo, pero sigue caminando, pretendiendo que —al igual que el otro— eso no ha salido de su boca, Harry va ligeramente por delante de él y en ningún momento pierde el paso.

—Dudo que Tommy esté interesado —contesta Louis, tan normal como le es posible.

Llegan al auto de Harry, una vez más ha dejado la camioneta del negocio familiar, a Louis le gusta, es más cálido y no se siente tan impersonal como la enorme cabina del transporte de carga.

—Entonces, ¿cuál es el plan? —inquiere Harry después de poner en marcha el vehículo y salir al camino.

—Debo comprar leche —es la respuesta de Louis, sabe que eso no es precisamente lo que está preguntando Harry, pero no quiere enfrentarse con ese asunto.

—¡Lou! No es eso  lo que quiero decir, lo sabes. —La voz de Harry es infantil y Louis no puede evitar reírse, Harry lo imita, parece un niño con sus mejillas arreboladas y sus ojos vivaces centrando su mirada al camino.

—Te ofreciste a ser mi padrino —dice Louis cuando se ha tranquilizado—, guíame por favor.

Harry solo asiente y sin decir una palabra más comienza a manejar, atraviesan las calles de Manchester, están atestadas de gente yendo de tienda en tienda realizando sus compras para las fiestas de fin de año, nada parecido a alguna bodas exprés o algo parecido, como es su caso.

—¿Qué te pondrás? —pregunta Harry de repente, mientras entra al estacionamiento de un centro comercial.

Louis suspira, vaciando sus pulmones, Harry lo observa, expectante, no había pensado mucho al respecto, tiene un traje, es viejo, pero no cree que se note, está pasado de moda tal vez, sin embargo, nunca había tenido que considerar comprar uno, mucho menos para su boda.

La única vez que lo usó fue durante el funeral de su mamá, no tenía dinero ni cabeza para pensar en eso, tampoco había mucha gente que asistiera, algunas enfermeras y médicos, además de unos cuantos pacientes y sus familias que conoció durante su estancia en el hospital.

Le gusta el traje de su padre con ese color tierra destellando entre el negro y el café —no está seguro qué color es—, tiene solapas delgadas y un único botón al centro del saco, le va ligeramente grande, pero si no lo abotona nadie parece notarlo.

—Uno de los trajes de mi padre —responde Louis—. El único que tengo, me gustaría decir que es el que usó en su boda, pero ese fue rentado. —Ríe al decirlo, no es gracioso, pero le resulta irónico, Harry se une, sin embargo, Louis no comprende la razón, tal vez, de alguna forma, lo entiende o hay algo completamente diferente en la cabeza rizada del hombre.

—Entonces es importante para ti usarlo, ¿no? —Lo mira directamente a los ojos, como si de alguna forma quisiera desentrañar los misterios de sus pensamientos, Louis no aguanta mucho más y desvía la mirada.

—Sabes, me gustaría hacerlo —finalmente decide Louis—, quiero tener algo de ambos.

Harry eleva una ceja, curioso, pero Louis no se detiene a dar explicaciones y se baja del auto sin esperar a que su acompañante haga lo mismo. Van de tienda en tienda, buscando zapatos, calcetines y la corbata ideal, Harry le ayuda a elegir, termina con una camisa blanca y una corbata del mismo color con líneas que, según él, van a juego con el traje.

En un principio temía que fuera abrumador ir de compras con Harry pegado a sus costillas, sin embargo, resulta todo lo contrario, es divertido y acaba riendo casi todo el tiempo, incluso en algún punto olvida el motivo principal de la salida, así que se relaja y se permite disfrutar el resto de la tarde.

Son las cinco y Louis no puede creer que haya pasado tanto tiempo comprando, solo para tener tres bolsas pequeñas y una más grande donde —de hecho— puede guardar las demás.

—Muero de hambre —dice Harry una vez están en el auto—. Podría comer un pudín de Yorkshire* con salchicha completo.

—¿Con salsa de gravy*? —pregunta Louis, sintiendo su estómago crujir ante la mención de la comida.

—Por supuesto. —Harry coloca la llave en la ignición y enciende el auto—. Vamos, te llevaré por el mejor pudín de Yorkshire que venden en Manchester.

Con esa promesa se ponen en marcha, pasan el centro y siguen avanzando, Louis comienza a pensar que nunca llegarán a su destino, pero cuando están cerca de la periferia de la ciudad Harry gira en un camino de piedra bordeado de árboles, al final hay una cabaña con finos acabado, paredes de madera y pequeñas luces alrededor, iluminando —suavemente— toda la habitación.

El lugar es pintoresco y gracias a que el día comienza a oscurecerse la iluminación le da un efecto todavía más acogedor, la zona de estacionamiento está detrás, el camino hasta allí es de tierra con una guirnaldas de pequeños focos en la parte alta, alumbrándolo.

Entran y el sitio es aún mejor que lo que se ve desde afuera, y huele delicioso, a Louis se le hace agua la boca y su estómago gruñe, entonces se da cuenta de lo hambriento que está, esperan uno al lado del otro mientras verifican si hay alguna mesa disponible.

—Creo que debimos reservar —susurra Louis en la oreja de Harry, trata de esquivar la mirada penetrante que le dedica el anfitrión del restaurante.

—Lo arreglaré —le asegura Harry y entonces saca su teléfono—. Confía en mí.

El camarero y Louis lo miran con expectación, a Harry le toma unos segundos comenzar a hablar con un tal Nick, luego de unas cuantas palabras y un par de risas cuelga, el anfitrión los mira alzando una ceja, antes de que alguno pueda hablar, un hombre alto sale de una puerta lateral del restaurante sonriendo y camina hasta ellos.

—Haz —dice el recién llegado, emocionado—. No me dijiste que vendrías.

El hombre abraza a Harry y su gran boca se curva en una sonrisa cubriendo casi la totalidad de su cara, el joven Styles le devuelve el abrazo a su amigo.

—No consideré la comida —explica Harry, apenado, sus mejillas se tiñen de rojo y a Louis le parece entrañable—. Además le prometí a mi compañero el mejor pudín de la región.

—Oh, entonces no lo hagamos esperar. —Es la primera vez que mira a Louis y todo solo le da una sonrisa torcida—. Vamos.

Le hace una seña al mesero y es suficiente para que el hombre tome un par de menús y asienta. El amigo de Harry camina hacia la parte trasera del lugar y él lo sigue, invitándolo a hacer lo mismo, atraviesan el lugar en dirección a la izquierda, sin embargo, Harry se detiene y va al otro lado.

—¿Zee? —pregunta Harry a la pareja que se sienta al fondo—. No sabía que estarías aquí y… Oh.

Louis se hace espacio entre el cuerpo de Harry y la pared y ahí, sentados bajo las suaves lucecillas, están Zayn y Niall riendo mientras comen lo que parece ser un aperitivo, la boca le saliva y de pronto se encuentra olfateando a su alrededor.

 —¡Haz! —exclama Zayn, sorprendido, mirando a Louis—. ¿Qué hacen aquí?

—Hicimos las compras de la boda —le explica Harry a su hermano, en ese momento Louis instintivamente voltea a Niall, quien le devuelve la mirada, solo sacude la cabeza en un pequeño movimiento, esperando que entienda que no hay problema—. ¿Ustedes están…?

—Él es Niall, ¿lo recuerdas? —dice Zayn, mirando al enfermero, sus ojos parecen dar un destello que hasta ese momento Louis no había visto en el hombre, regresando rápidamente la vista a su hermano y Louis—. Era uno de los enfermeros de Liam, te hablé de él.

—Oh, sí, sí, te recuerdo, hola. —Harry extiende la mano hasta Niall, el joven enfermero con las mejillas sonrojadas, le devuelve el gesto—. Gracias por cuidar a mi hermano, a los dos.

Harry ríe ante su broma, Louis también lo hace al tiempo que la piel de Zayn comienza a sonrojarse al igual que su cita. Niall asiente, sus ojos viajan a todos lados y es entonces que Louis decide ayudar a su confidente.

—¿Desean que traiga otro par de sillas? —Es el amigo de Harry quien finalmente pregunta y rompe la burbuja de tensión que se cierne sobre el enfermero.

—No, Nick, ellos están en una cita —declina la oferta Harry, mientras Zayn sacude la cabeza.

—Prefería que lo hicieran —es Niall quien habla, hay timidez en su voz, Louis supone que tiene que ver con Harry más que con el hecho de que sea un hombre nervioso. Zayn mira a su acompañante, confundido—. Sería más sencillo que estén aquí en lugar de estar cuidándolos. Solo si no te molesta.

—Oh, por supuesto que no —se apresura a decir Zayn—, pensé que te podrían incómodo.

Con un asentimiento al amigo de Harry, Nick, aceptan su oferta y solo es cuestión de segundos antes de que un par de sillas sean dispuestas frente a las de Zayn y Niall, Harry sonríe, observando descaradamente a la cita de su hermano, Louis, por el contrario, está un poco avergonzado, recordando la plática que tuvieron la noche anterior.

«Respira, solo respira», se dice Louis, lentamente se sienta entre los hermanos Styles, sin embargo su mirada nunca abandona las gruesas manos del enfermero, frente a él.

—Gracias, Nick —le dice Zayn al hombre, mientras avanza hasta la puerta por la que entraron—. Louis, encantado de verte otra vez, ¿conoces a Niall?

—Sí —contesta rápidamente Niall, como si su respuesta fuese parte de un concurso millonario.

—Somos amigos —completa Louis más despacio, atrayendo la atención de los hermanos que fácilmente olvidan el extraño comportamiento del enfermero.  

La comida es deliciosa, como Harry había prometido, resultó que el lugar es de la familia de su amigo Nick, y como es la favorita de los hermanos —incluso Liam, le aclaró Zayn—, este le pidió que le hiciera un lugar una vez que descubrió que las reservaciones para ese día estaban llenas, y como es gran amigo de su hermano lo hizo, exactamente como unos minutos atrás con ellos.

—Entonces al final te ganaste la confianza del bebé Harry —comenta Zayn, mientras sumerge un trozo de scone* a la salsa de gravy que ordenaron—. ¿También interrogarás a Niall?

El más joven de los Styles rompe en risas y su hermano solo continúa provocándolo, es un escenario maravilloso de presenciar, Niall ha perdido el miedo y también ríe sin vacilar,  Zayn y Harry se llevan de maravilla como Louis había imaginado, la conversación de ellos fluye con tanta facilidad, son graciosos y hacen bromas el uno al otro, pero aún se puede sentir el cariño que emana de cada uno de ellos.

—No soy el celoso de Liam —contesta Harry.

—¿Qué no? Te metes en todas las relaciones —contraataca su hermano, sin dejar caer la sonrisa.

—Solo los protejo —interrumpe Harry—, y antes de que lo digas, no intervengo, simplemente me cercioro.

—Tienes un punto, Liam es el celoso protector de la familia.

Las sonrisas que se lanzan Zayn y Harry al hablar de su familia calientan el pecho de Louis, el cariño que se tienen se siente incluso a través de la ropa, a Louis le gusta, sabe cómo es la familia de amorosa y cálida, pero verlos ser ellos mismos fuera del hospital, es simplemente maravilloso.

—¿Recuerdas cuando estaba enojado por ti y Gemma? —pregunta Harry, riendo, pero en el instante se calla, mirando preocupado a su hermano.

A Louis lo toma por sorpresa el comentario, ¿qué ha querido decir Harry con eso? Zayn y Gemma, ¿juntos?

—¿Cómo es eso? —se atreve a preguntar Louis, al darse cuenta que nadie más tiene intención de decir algo al respecto, su curiosidad ganando.

—Bueno, no es algo que yo deba contar… —comienza Harry, balbuceando, como pocas veces ha hecho desde que Louis lo conoce, sin embargo, su hermano no le permite continuar.

—Adelante, Haz, puedes contarle —dice Zayn con suavidad, mientras mira de Harry a Niall y le sonríe con cariño—. Niall lo sabe, y Louis ya es como de la familia.

Louis no va a pretender que desconoce el motivo del tirón que da su estómago, pero lo deja pasar para enfocarse en aquello que los hermanos quieren que sepa.

—Zayn fue el mejor amigo de Gemma desde la escuela primaria —dice Harry, sin apartar la vista de su hermano—, él era demasiado callado para ser un niño de ocho, eso hacía que los otros lo molestaran, a ella no le gustó y decidió defenderlo.

Louis está un poco confundido por el inicio de la historia, pero el afecto con el que los hermanos se miran mientras Harry habla es suficiente para no tomarle importancia.

—Imagina a la pequeña Gemma gritando palabrotas a un puñado de niños por burlarse del que prefería dibujar a jugar con ellos. —Ríe Zayn ante el recuerdo, Louis puede imaginarla, ha visto fotografías de Gemma de niña, castaña, pequeña y delgaducha, además que el asunto con las «palabrotas» todavía es algo con lo que Anne debe lidiar—. Nos ganamos una semana de detención, eso solo provocó que su rabieta aumentara, y así fue como así decidió que nos vengaríamos.

—Por alguna razón Gemms decidió que le gustaba Zayn lo suficiente para sentarse con él y ser su voz, tal vez solo era porque podía hablar sin parar y tú no la callabas —apunta Harry—. Mis padres dicen que hubo una época en la que Zayn solo hablaba con ella y conmigo, cuando estaba en la casa, que comenzó a ser casi a diario después de eso.

—Eras un bebé, Haz —bromea Zayn, golpeando afectuosamente el brazo de su hermano—, no me asustabas.

Harry infla las mejillas y hace un puchero, es la primera vez que Louis ve a Harry hacer algo como eso, y le encanta, a Niall parece gustarle también porque el hombre se permite sonreír mientras ve la interacción de los hermanos.

—El punto es que cuando tenían doce, Zayn venía todo el tiempo a casa y seguía a Liam para todos lados, Gemma lo seguía a él —sigue Harry, tomándose un tiempo para dar un respiro—, ella hablaba todo el tiempo con Liam de lo increíble que era Zayn. Lo llargas que eran sus pestañas y las bonitas mejillas que tenía, en algún punto Liam pensó que le gustaba su hermanita pequeña y no le gustó.

—Un día llegué —interrumpe Zayn— y Gemma seguía en su clase de danza, Liam me acorraló en la cocina y me dio su charla de hermano mayor, fue arreadora, no sé si por ser la primera que recibí o por el lado protector de Liam —dice Zayn, fingiendo estremecerse ante el recuerdo, Harry asiente dándole la razón, es muy diferente de los anécdotas de Liam que le han contado, se escucha como alguien diferente, eso todavía no explica por qué Zayn estaba enamorado de su hermana, que ahora Louis puede comenzar a entender no es su hermana, al menos no biológicamente—. Pero a la fecha es la única que me ha dado miedo.

Hay un silencio, Zayn parece pensativo, probablemente solo se deba a los recuerdos que debe estar teniendo, pero le da tiempo de ver que la dinámica entre Harry y su hermano no ha cambiado en lo absoluto.

—Al final Gemma tuvo que decirle a Liam que solo trataba de hacerle ver lo buen partido que era Zayn —dice Harry, cortando el silencio.

—¿Te rompió el corazón? —pregunta Niall, verdaderamente entretenido con la historia.

—Definitivamente, tenía doce y pensé que estaba en el momento cumbre de mi vida. —Ríe Zayn—. Pero fue mejor que seguir pensando que Liam alguna vez me vería como algo más que otro de sus hermanos pequeños.

El mesero llega en ese momento y dejas las bebidas de Harry y Louis y el siguiente plato de la pareja, hay silencio durante unos segundos luego que se retira, Louis no quiere preguntar qué pasó con los padres de Zayn, sobre todo ahora que han interrumpido el momento, no quiere hacer conjeturas, tal vez solo sea costumbre que Des y Anne llamarlo hijo, y de Zayn referirse a ellos como hermanos por la familiaridad que tienen entre sí. También puede ser que sea algo peor.

—Puedes preguntar lo que quieras, Louis —le dice Zayn, después de probar su rosbif*.

Las mejillas de Louis se tiñen de rojo, preocupado de que sus gestos pudiesen revelar tanto de él con las demás personas, sin embargo, se aclara la garganta y luego de darle un sorbo a su bebida de limón se da el ánimo suficiente para preguntar.

—¿Qué? —Louis hace una pausa, aclarándose la garganta nuevamente—. ¿Qué le pasó a tus padres?

La tensión que se forma de inmediato en el lugar es palpable, Louis se arrepiente de atreverse a preguntar, sin embargo, ninguno lo reprende o parece enfadado con él, Zayn simplemente asiente y toma un respiro, tal vez mandando un mensaje en clave a Harry, pues inmediatamente es quien habla.

—Creo que tú debes continuar la historia, hermano —le dice Harry, haciendo énfasis en la última palabra.

Louis no pasa por alto la sonrisa reconfortante que le da a Zayn, este asiente y luego de un largo suspiro, mirando su mano que en algún momento se entrelazó con la de Niall, comienza —o continua—, la historia.

—Tenía quince y mis padres me descubrieron besando a un chico, ni siquiera era serio, pero fue suficiente para que me echaran —dice Zayn sin dudar, como si fuese parte de un papel que ya tiene aprendido, a Louis, sin embargo, se le atora la respiración, había pensado que tal vez sus padres habían muerto, pero correrlo por besar a un chico, ni siquiera cruzó su mente—. No sabía a dónde más ir que a casa de Gemma, Liam atendió la puerta, no recuerdo mucho, pero en un abrir y cerrar de ojos tenía a los tres sobre mí, como pude les conté lo que había pasado.

A este punto Zayn parece afectado al rememorar ese momento, las manos de Louis se enfrían al pensar en lo que debieron decirle para ponerlo en esa situación tantos años después.

—Anne escuchó todo y cuando llegó Des dijo que hablarían con mis padres, pero que esa noche me quedaría con ellos. No sé en qué momento fueron a mi casa ni de qué hablaron, pero estoy muy seguro que fue parecido a lo que me dijeron a mí. —Suspira Zayn y se toma un tiempo para respirar, Louis lucha contra las lágrimas que se acumulan en sus ojos, evita mirar a Niall porque sabe que su amigo ya está llorando y no quiere romperse—. Esa noche me dormí con Gemma, Liam y Harry abrazados a mí.

»Des habló conmigo por la mañana y me dijo que desde ese día me quedaría con ellos y cualquier cosa que necesitara: ropa, útiles, dinero, consejo o un abrazo solo tenía que pedirlo y estarían para mí incondicionalmente; luego Anne me abrazó y me aseguró que desde ese momento yo era su hijo. Ese día perdí a mis padres biológicos, pero gané una familia que nunca ha dudado un segundo en darme su amor.

—Siempre has sido uno de nosotros, Zee —dice Harry con lágrima deslizándose de sus ojos.

En ese momento Louis se rinde y finalmente llora, ahora están los cuatro a la luz de los faroles lloriqueando en su mesa, el mesero vuelve a hacer su aparición y deja los platillos restantes, ve a los hermanos limpiarse las lágrimas e intercambiar una mirada que Louis es incapaz de interpretar, algo de ellos. Le gustaría tener eso con alguien, o Harry, pero eso no importa ahora, así que decide preguntar algo que todavía ronda en su cabeza.

—Entonces ¿tu nombre…? —Louis tiene vergüenza, pero es en lo único que puede pensar para distraer sus pensamientos.

—Lo cambié oficialmente antes de terminar la universidad —aclara Zayn, ya repuesto—, había estado esperando que mis padres me buscaran, pero no pasó, entonces yo lo hice, resultó que mi padre llevaba enfermo un tiempo, me dijo que su único hijo había muerto el día que decidí avergonzarlo.

Zayn toma unos segundos, durante los cuales da un sorbo a su cerveza, Niall parece muy entretenido escuchando, al igual que Louis y Harry solo asiente, mirando con cariño a su hermano

—Mi mamá ni siquiera me miró —continúa Zayn—, pero antes de irme me dijo que si alguna vez había tenido algo de respeto por ellos no volviera.

»En ese momento decidí que no quería tener nada que me ligara a ellos, me di cuenta que yo ya tenía unos padres maravillosos y hermanos y hermana que jamás se habían avergonzado por quién era.

Las palabras de Zayn quedan ahí, y la cena sigue su curso, después de la historia Louis tiene muchas preguntas que hacer, pero al mismo tiempo le preocupa el tono que pueda tomar la plática, sin embargo, todo se vuelve más alegre, y Louis al fin entiende lo que quiso decir James cuando dijo que los Styles aceptaban a todos como su familia; también las palabras de Niall sobre tener mucho en común con el hombre.

Después de terminar la comida es Harry el que decide que deben irse y dejar a la pareja disfrutar del resto de su cita, Louis está de acuerdo, lo único que desea después de lo agotador que resultó escuchar la triste historia de Zayn es ir a su casa, pero su padrino de bodas insiste en algo que debe mostrarle y Louis no es tan fuerte para negarse.

Ha sido un día maravilloso a su lado, luego de un tiempo olvida que no es lo más apropiado sentirse así con Harry, sin embargo, tratará de estirar eso que tienen tanto como le sea posible.

Harry lo lleva por un camino retirado del centro, los nervios corren a través de la piel de Louis que hace rato dejó de reconocer los alrededores, sin embargo, confía en el otro, su cabeza le dice que no debe hacerlo, pero a ese punto está totalmente perdido.

Llegan a una calle con pocas casas, son enormes y a eso se debe que cada cuadra tenga aproximadamente solo de tres predios, los jardines son grandes y las mansiones seguramente miden más que el edificio donde vive. Harry se estaciona al final de la calle, el lugar parece vacío, no hay ninguna luz encendida, tampoco hay autos y Louis juraría que a las ventanas les falta cortinas.

—¿Recuerdas que pediste ver alguna de las cosas que hago? —murmura Harry, mientras caminan por el bonito camino adoquinado, en la orilla hay lo que deberían ser arbustos, sin embargo, solo quedan las ramitas de lo que en primavera serán, seguramente algo hermoso. Louis se limita a asentir, no queriendo romper la tranquilidad de la noche—. Esta casa pertenece a la familia de Nick y me encargué de remodelar casi toda la planta baja, faltan algunas instalaciones y algo de pintura, pero prácticamente está lista.

El calor que invade el pecho de Louis se extiende a su estómago, una sonrisa imposiblemente grande abandona sus labios, lo recuerda, no es algo en lo que piensa constantemente, pero sin duda el pensamiento ha rondado su mente un par de veces.

—Estoy impaciente por verlo. —Deja que las palabras tomen control de su boca, sin ningún miramiento, vergüenza o preocupación de la que pueda ser víctima después.

Ciertamente lo está, aunque no entiende por qué Harry no lo ha llevado más temprano, Louis ya ha detectado que faltan —por lo menos— las lámparas del frente, de ser así con el resto de la construcción duda que se pueda apreciar gran cosa.

Harry saca un llavero y abre la puerta, a tientas, conduce a Louis al interior y lo deja solo por un par de minutos hasta que la luz de una lámpara al fondo del gran salón lo ilumina, proyectando un destello por toda la habitación.

—Siento que tengamos que conformarnos con esto, pero si veníamos más temprano la sorpresa se habría arruinado —dice Harry, la sonrisa tímida que le da es suficiente para que Louis se olvide de preguntar y simplemente lo siga a través de la casa.

Es bonita, a pesar de los espacios que quedan a oscuras y no puede apreciar como le gustaría, su parte favorita es la cocina. Es enorme y un gran ventanal la conecta con el patio trasero que está equipado con una parrilla y un horno de piedra, es más de lo que los locos sueños que Louis alguna vez se permitió tener.

—Espera —le pide Harry una vez están en el patio, desaparece adentro de la casa, luego de unos segundos, la luz de la lámpara se apaga, dejando todavía más oscuro el lugar para después dar paso a tenues luces de pequeñas lámparas colgantes que alumbran el camino a lo que parece una pista de hielo en el extremo exterior del patio y lo que se asemeja a una réplica de la Torre Eiffel, Louis deja caer su mandíbula, la vista es increíble, y las sensaciones desconcertantes revoloteando en su estómago hace todo mil veces más extraordinario.

—¿Esto por qué es? —pregunta Louis, curioso, sin embargo, su sorpresa aún se cuela en su voz, provocando que Harry sonría.

—No pude darte el sello en tu cumpleaños. —Harry señala el falso monumento—, pero quería que al menos supieras que no falta tanto para que tengas uno.

A Louis se le aguan los ojos, pensar que Harry de verdad recuerda lo que le dijo sobre los sellos en su pasaporte y, más aún, sobre París, hace que el nudo que se forma en su garganta incremente y el llanto comience.

—Gracias —se las arregla para decir, enjuagando las lágrimas de sus ojos.

—Entremos — le dice Harry, tendiéndole la mano y llevándolo a un pequeño cambiador junto a la pista donde los esperan los patines, a estas alturas lo que menos le sorprende es encontrarse con un par de botas de su número.  

No es un experto patinador, pero recuerda algunos inviernos divertirse con Lottie y su mamá, la pista parece recién pulida y eso le sirve a Harry para mostrar sus mejores movimientos, él, aparentemente, tiene más experiencia y gracia.

Ha pasado una media hora entre caídas, risas y giros tontos que Harry insiste en hacer y solo provocan que Louis pase más tiempo en el hielo que sobre sus pies, llevándose al otro consigo en más de una ocasión, sin embargo, la diversión parece infinita y ni la temperatura baja ni el aire que agita las ramas de los árboles son un impedimento para disfrutar cada minuto.

—Entonces tu instinto sobreprotector lo sacaste de Liam —dice Louis luego de la caída número diez o algo parecido, no lleva la cuenta, no es una pregunta la que acaba de hacer, sin embargo, Harry parece considerar la respuesta.

—Sí, supongo —Harry se calla durante algunos segundos, reanuda su avance por la pista, dando algunas piruetas frente a Louis que continúa recargado contra la barda, y vuelve a hablar—. ¿Recuerdas cuando te dije que luego te contaría mi problema con Liam?

Louis solo asiente, la anticipación asentándose en su estómago ante la posibilidad que se presenta, ha querido preguntar eso tantas veces que incluso imaginó tácticas de traer el tema a colación sin mucho éxito.

—No tienes que contarme nada que no quieras. —Louis se obliga a decir, sabe que lo que sea que pasó entre Liam y Harry es delicado para ellos y lo que menos quiere es ponerlo incómodo.

Harry se encoge de hombros, da un medio giro y patina dándole la espalda a Louis, el cuello de su chaqueta café levantado, cubriendo su piel y —de alguna forma— enredándose con las puntas de cabello que salen del beanie verde, alza su voz lo suficiente para que desde la distancia no sea difícil escucharlo.

—Creo que soy igual de protector que Liam, era mi modelo a seguir; fue a la universidad, ya sabes —dice con parsimonia, sus movimientos sobre la pista son igual de pausados que su voz, se ve tan calmado que es casi imposible creer lo alterada que está la relación con su hermano mayor—. Comenzó a volverse arrogante y engreído, salió de la facultad y todo empeoró. Dejó el negocio familiar sin avisar, comenzó a burlarse de la ropa y comida barata, y poco a poco dejó de visitar a mis padres.

Harry hace una pausa en su charla y se dedica a patinar, sus movimientos gráciles en combinación con las tenues luces que los iluminan hacen que se vea atractivo, más de lo normal, resaltando la definida línea de su mandíbula y la piel pálida de su cuello que se tensa ante el recuerdo de lo que está en su cabeza, sus labios rojos son otra distracción que, normalmente evita mirar con detenimiento, pero justo ahora no hay ningún curioso al acecho o algún pensamiento tendencioso que le impida prestar atención a la forma en que sus dientes presionan de vez en vez su labio, aumentando el enrojecimiento.

—La gota que rebalsó el vaso fue Sophia —continúa Harry—, no llevaban mucho tiempo juntos, pero se las arregló para lavarle el cerebro. Gemma le pidió que no la llevara a su boda, pero la ignoró —explica, mientras da una vuelta sobre sí mismo—. No hizo más que criticarlo todo. El punto cumbre fue cuando Gemma quiso advertirle a Liam sobre el frosting* de crema de cacahuate, es alérgico, supongo que ya lo sabes —suspira sin mucho ánimo—, pero solo encontró a esa arpía y le dejó el recado, sin embargo, no solo no lo dijo, sino que quiso darle su pastelillo a mi hermano.

Harry está balanceándose frente a Louis, y solo puede poner atención a los suaves movimientos de las piernas del hombre en contraste con su voz, que es fría y acusadora, los puños apretados son un claro indicativo que sus recuerdos no son gratos, como quiere aparentar.

—Zayn evitó que lo comiera, yo comencé a despotricar contra ella. Liam dijo que no podía quedarse si no le ofrecía una disculpa y, literalmente, le dije que se fuera a la mierda si la prefería sobre su familia. No lo habíamos visto desde entonces hasta el accidente, gracias a ti que lo salvaste.

En ese momento está mirando a Louis, aunque mirar no es precisamente lo que mejor describe a Harry, simplemente se encuentra estático de frente a él y sus ojos parecen perdidos, tal vez recordando o reprochándose todo lo que permitió que pasara, Louis puede verse a sí mismo semanas —incluso meses— después de la muerte de su mamá, y de todo lo que está seguro es que esos pensamientos nunca dejaban nada positivo a nadie.

—¿Recuerdas que prometí decirte qué fue lo que mi mamá me enseñó? —inquiere de pronto Louis, después de lo que Harry le ha dicho tiene la necesidad de contarle lo que días atrás no pudo, además que, de cierta forma, espera liberarse de un peso extra que parece se incrementa con el paso de los días.

—No tienes que decirme si no quieres —comienza Harry, Louis lo mira, elevando sus cejas, esperando uno, dos, tres segundos antes de que el otro se ría, percatándose que es casi lo mismo que dijo Louis con anterioridad.

—Quiero hacerlo —dice simplemente—. Serás mi padrino de bodas, después de todo —bromea Louis.

La sonrisa que comenzaba a aparecer en Harry cae y en su lugar carraspera, las pulsaciones de Louis se detienen solo por una milésima de segundo antes de que el hombre gire sobre su eje y con un movimiento de su mano le pida que continúe. 

—Lo seré —murmura, Louis apenas puede escucharlo, pero eso le da el valor necesario para comenzar.

—Ella solía decir que sin importar el panorama debíamos ser siempre amables y actuar de buena fe —le explica Louis, sus palabras cubriéndose de nostalgia en cuando comienza a hablar, desde muy pequeño sus padres le enseñaron a ser bueno sin esperar recompensa, tal vez esa sea la razón principal por la que se aventó a las vías del tren en primer lugar—. Pero lo más importante es disfrutar la vida al máximo y aprovechar cada momento con las personas especiales, por pequeño que sea.

Louis da un largo respiro, alejando la humedad que se acumula en sus ojos y comienza a patinar, es más fácil si mantiene a su mente ocupada para no caerse que si solo se queda ahí y termine llorando ante el recuerdo de sus padres y, aunque son momentos felices, no quiere mostrarse vulnerable.

—Mi papá decía todo el tiempo que la vida se nos escapa de las manos por enfocarnos en cosas que no podemos controlar, cuando él murió fue el turno de mi mamá de decírnoslo, no lo comprendí por completo hasta que ella enfermó.

A su lado derecho ve a Harry asintiendo concentrado, como si de alguna forma estuviera procesando sus palabras, a Louis lo distrae lo suficiente para perder ligeramente el equilibrio y comenzar a balancearse sobre los patines en otro intento por no caer, por poco no lo logra, pero aun así consigue la atención del otro.

—Tus padres parecen haber sido el uno para el otro —comenta Harry, todavía parece que está pensando en algo muy importante, Louis solo asiente, esperando transmitir toda la seguridad que no puede expresar en palabras en ese momento—. ¿Cuánto tiempo estuvieron juntos?

—Quince años —dice—, mi mamá jamás dejó de amarlo.

—¿Cómo supo que era el indicado? —La pregunta parece más una súplica que retuerce el interior de Louis, sin embargo, para Harry parece una duda más, pues sus movimientos continúan acompasados mientras gira alrededor de Louis.

—Ella decía que mi papá le dio el mundo. —Ríe Louis, limpiando su nariz—. Y él alegaba que solo había sido un viaje a Hawái, pero estoy muy seguro que no se refería al viaje.

—¿Qué hizo Liam para darte el mundo? —pregunta Harry, deteniéndose de pronto frente a Louis y mirándolo fijamente a los ojos, haciendo que la respiración de Louis se detenga solo unos segundos.

Recuerda entonces las discusiones sobre helado y superhéroes, a Kitty, la mancha en la alfombra, la mecedora y un par de boletos de avión; grandes ojos verdes observándolo y sonrisas fantasmas, el suave roce de sus labios con los suyos y ese día.

—Me sonrió —dice simplemente.

Solía fantasear con eso los tres meses previos al accidente, de alguna forma su loca cabeza le había dicho que esa linda sonrisa que Liam posee era a lo que su mamá se refería cuando decía que su padre le había dado el mundo. Ahora no está tan seguro, sin embargo, se obliga a que la sonrisa torcida que le da a Harry sea lo suficientemente convincente para ocultar que su cabeza y estómago son un lío: entre aceptar y asimilar que todo lo que tendrá a partir del lunes por parte del pequeño de los Styles será justamente eso. Solo su sonrisa.

❄ ❄ ❄

 

Al día siguiente Louis llega a la estación con un pésimo humor, en su bolso hay dos rectángulos de papel con su nombre y el de Liam impreso anunciando su boda, él por supuesto quiere a Steve y Lisa allí —sean las circunstancias que sean—, sin embargo, no está seguro de que pueda soportar el interrogatorio de su jefe.

Espera todo lo que puede, a Lisa la busca cuando el turno de la chica termina, solo una hora antes del de Louis. La espera en la zona de casilleros de empleados y simplemente le tiende la invitación, se espera unos segundos y ve como los grandes ojos de su amiga se hacen todavía más grandes y sin esperar a que pueda hacer preguntas da la vuelta y se va, dejándola con todas las dudas que pueda tener.

Sin embargo, con Steve las cosas no pueden ser tan sencillas, luego de terminar su trabajo, se dirige a la oficina principal y sin más pone de un golpe la invitación en el escritorio, interrumpiendo la lectura de su jefe.

—¿Qué es esto? —pregunta con desgano el hombre, viendo por encima de sus anteojos.

—La invitación a mi boda. —Louis imita el tono, pero una ligera elevación en su voz al final hace que su intención no sea como esperaba que fuera.

Su jefe lo mira un par de segundos, su expresión ilegible, luego toma la invitación y comienza a leerla, lo que solo toma algunos segundos, Louis muerde su labio y juega con la costura de sus guantes, esperando que la tortura termine pronto.

—¿Quién es Liam? El hombre vegetal —contesta Steve a su propia pregunta, Louis no puede evitar que un amago de risa emerja de su garganta, haciéndose perceptible, ganando la mirada acusadora de su jefe.

—Estaba en coma —corrige entonces a Steve—. Y sí, me gustaría verte ahí y también a Lisa.

Una vez dicho eso, decide que es suficiente y se dispone a marcharse, sin embargo, la siguiente pregunta del hombre lo detiene antes de haber desaparecido.

—Pensé que te gustaba el hermano.

Es la primera vez que Steve menciona el hecho frente a él, Louis ni siquiera tenía idea que su jefe había estado escuchando todos sus disparates del último mes, su respiración se atora y todo lo que se le ocurre hacer es sacudir la cabeza, eso no cambia la pregunta, ni desaparece sus sentimientos.

—No ahora, Steve —suplica Louis—, quita esa cara.

Su jefe parece tener el entrecejo fruncido, es difícil saberlo entre el cabello y esos extraños lentes que usa, pero no ayuda en nada a Louis, ya tiene suficiente culpa cargando como para lidiar con Steve reprochándole algo.

—¿Estás seguro Louis? —es todo lo que dice su jefe, mirando de Louis a la invitación.

Esa pregunta solo logra enervarlo y escupe la pequeña lista de las cosas buenas que ese matrimonio significan.

—¿Qué si estoy seguro de tener a un hombre guapo y rico ansioso por casarse conmigo? —prácticamente grita, está muy seguro que lo hace—. Sí Steve, creo que merezco algo de felicidad por primera vez en años, y me encantaría que estuvieras conmigo y fueras feliz por mí. —Termina, apunto de derramar algunas lágrimas, sin embargo, respira para intentar controlarlas—. Por favor.

—Por supuesto que estaré ahí, hijo —dice Steve, poniéndose en pie y yendo directo a abrazarlo, es quizás, entre una felicitación y un consuelo—. Todo lo que quiero es que seas feliz.

Lo será, piensa Louis, tiene qué.

❄ ❄ ❄

Después del trabajo Louis camina entre los nevados caminos en dirección a la casa de los Styles, esa mañana Anne le envió un mensaje diciéndole que tendrían su cena navideña ese día debido a que les fue imposible hacerla el veinticinco de diciembre. Louis estuvo a punto de negarse, sin embargo, sabe que a esas alturas no tiene ningún caso hacerlo y sería un tonto si se pierde un momento así con su futura familia.

El camino a la casa es más rápido de lo que piensa, tal vez sean los constantes pensamientos en su cabeza que lo mantienen distraído la mayor parte del tiempo, al menos sus dedos congelándose ayudan de alguna forma a enfocarse en algo más que la culpa.

Llega a la casa de los Styles y, a diferencia de la última vez, no se topa con James en el pórtico, la casa sigue siendo grande y acogedora, toma un segundo antes de tocar el timbre, no pasa medio minuto cuando la sonriente Gemma lo recibe con un afectuoso abrazo.

—¿Puedes creer que Liam elige los días de fiesta para hacerse el importante? —se queja Gemma con su voz cantarina, mientras dirige a Louis al comedor, está bromeando, puede darse cuenta por la forma en que la boca de la chica se curvea cuando lo dice.

Louis asiente, sonriéndole, cuando llegan a la mesa su atención la captura el pálido rostro del enfermero irlandés sentado junto a Zayn, mientras es interrogado por Des, el hombre parece estar lidiando bien con el padre de su conquista, Zayn, por otra lado, se ve avergonzado.  

—Deja de quejarte del pobre Liam, Gemms —le dice Sebastian, desde el otro extremo de la mesa.

—Es como si quisiera seguir siendo el centro de atención —continúa Gemma al tiempo que rueda los ojos y deja a Louis en el sitio vacío—. Louis es quien cumplió años, Zayn tiene un adorable novio y yo voy a tener un bebé.

—Y Harry sigue tan gruñón como siempre. —Ríe Zayn, olvidando el interrogatorio a Niall, o desviando la atención.

Oh, cierren la boca —pide Harry, saliendo de la cocina con un recipiente con ensalada de Bruselas.

«Hola», emula con los labios al sentarse frente a Louis, la sonrisa que le da hace que el estómago de Louis revolucioné a mil por hora, él solo le devuelve el gesto y se concentra en seguir escuchando, pero James entra en ese momento con dos tazones de papas horneadas y Anne hace callar a todos para dar gracias.

Durante los primeros minutos la comida logra su cometido y lo único que se escucha son las cucharas al hacer contacto con los platos, sin embargo, luego de veinte minutos las charlas se reanudan, en su mayoría son preguntas para Zayn y Niall, otras a Gemma y su embarazo y, afortunadamente, casi nada para él.

—Entonces ¿Harry y tú fueron de compras? —pregunta Gemma, pinchando con su tenedor una patata.

Es tomado por sorpresa con la boca llena, los ojos de todos rápidamente se posan en él y se apresura a tragar.

—Fue más Harry de compras y yo cargando bolsas, pero sí —dice Louis, en un intento por desviar la atención al más joven de los Styles.

—Oh, no estarás pensando que es tu boda y no la de Liam, ¿eh? —Ríe Sebastian, el bocado de Louis se atora, obligándolo a beber un poco de agua, sin embargo, nadie parece notarlo, todos a su alrededor ríen, excepto Harry que parece incómodo y Zayn quien lo mira preocupado.

—Claro que no —se apresura a decir Harry cuando la risa colectiva ha disminuido—. Louis ni siquiera es mi tipo.

Auch.

Eso duele, no debería hacerlo, pero lo hace, Louis se obliga a no pensar en eso y reír como los demás hacen, Zayn parece complacido por la respuesta, deja de vigilar a su hermano y se une a la charla del resto de su familia.

—Es totalmente tu tipo, hermanito —dice Gemma, provocando que las entrañas de Louis se estremezcan con gran intensidad. No es justo.

Por fortuna es Zayn, nuevamente, quien interrumpe el momento y les dice a todos que Niall es un excelente músico, eso parece distraerlos de inmediato, Anne comienza a instar al joven a que toque algo, rápidamente Gemma corre a alguna habitación y regresa con una guitarra, todo es casi divertido a partir de ese momento, de no ser por la pesada mirada verde que sigue a Louis religiosamente durante toda la noche.

La velada termina y Louis se siente aliviado, eso es hasta que en la puerta Gemma y Anne obligan a Zayn y Niall a besarse bajo el muérdago que cuelga del pórtico. El beso es inocente y vuelve la cara del enfermero completamente roja, es un momento bastante tierno de no ser por los recuerdos de los labios de Harry sobre los suyos, el calor invade sus mejillas y espera que la poca luz de la farola de la calle oculten lo suficiente.

Había planeado ir a casa por su cuenta, pero de alguna forma, luego de que Zayn le pidiera a su hermano menor un aventón, termina atascado en el asiento del copiloto junto a Harry. Zayn no vive tan lejos de Louis y cuando la pareja se baja ni Harry ni Louis pueden evitar reírse.

—Eso es demasiado rápido para ser Zayn —comenta Harry una vez ha puesto el auto en marcha.

—¿Tú crees que ellos… ya sabes? —pregunta Louis, interrumpiéndose a la mitad, sinceramente es extraño hablar así de alguien que no está.

—No sé, y no quiero pensar en eso, es mi hermano. —Harry se estremece en su asiento, ganándose la risa de Louis.

—Sí, lo siento —dice, todavía sonriendo por la expresión de disgusto en la cara de Harry.

Avanzan un par de cuadras más solo con la música de fondo —que apenas se escucha— acompañándolos, Louis disfruta la compañía y lo tranquilo de la calles, la nieve cayendo y la lenta respiración de Harry, es relajante y le gustaría quedarse ahí por siempre.

—Entonces —Harry finalmente rompe el silencio al ser detenido por un semáforo a unas cuadras de su edificio—, ¿planeas deja la estación?

—¿Disculpa? —exclama Louis, extrañado, queriendo comprobar lo que salió de la boca de Harry.

—Bueno — comienza Harry, echando a andar el auto—, dijiste que querías viajar y cocinar, no podrás lograrlo si te quedas ahí.

A esas alturas de su situación, lo que menos espera Louis es que Harry continúe acusándolo de aprovechado, cree que ha dejado más que claro que no es esa clase de persona, no quiere que los Styles piensen eso de él, mucho menos Harry.

—¿Otra vez con eso? No quiero el dinero de tu hermano —casi grita Louis, sin poder ocultar lo herido que se siente por la acusación.

El auto se detiene y para sorpresa de Louis ya están fuera de su edificio, hace apenas unos minutos se encontraban a cientos de metros y ahora está en casa y Harry lo mira con sus penetrantes ojos verdes, escudriñándolo hasta que admita que es un farsante, tal vez. Louis toma el paquete de comida que Anne le insistió para que se llevara y baja del auto, siendo particularmente cuidadoso de dar un portazo.

—Eso no es lo que quise decir, Louis —chilla Harry, bajando del auto y comenzando a seguirlo—. Pero tus sueños de cocinar por el mundo no se harán realidad solo deseándolos.

—Eso no es justo, tengo deudas que pagar —suelta Louis, ya cruzando la puerta principal del edificio, el pensamiento de azotarle la puerta en las narices a Harry cruza por su mente, pero está más ansioso por resguardarse tras su puerta por lo que simplemente se apresura a subir las escaleras—, además tampoco estás haciendo mucho por decirle a tu padre que quieres hacer tu propio camino.

Las últimas palabras solo salen de la boca de Louis sin ser realmente consciente de lo que dice, se da cuenta que los pasos de Harry se detienen por lo que parece una eternidad, está tentando a girar y disculparse cuando escucha que vuelve a subir. No quería echarle en cara algo así, pero no tiene derecho a meterse en su vida como lo está haciendo y fue lo único que se le había ocurrido para detenerlo.

—¿Si quiera sigues tus propias palabras?

—No es lo mismo —le dice Louis—, y no es como si jamás lo hubiera intentado, pero tú no lo entenderías.

—Tal vez no —responde Harry, pisándole los talones, las escaleras parecen inmensas y apenas va por el segundo piso—, pero no tienes derecho a juzgarme cuando tú tampoco me entiendes a mí.

—Tienes razón —Es todo lo que dice Louis, parece fatigado, lo está, pero no de la forma en que cualquiera que lo mirase pudiera creer.

—Hey, lo… lo siento. —dice Harry, entrecortadamente, jadea entre palabras, Louis está acostumbrado a subir y bajar constantemente ese espiral de escaleras—. No era un reclamo, sé que no quieres el dinero de mi hermano.

—Pareces empeñado en recordar lo diferente que somos.

—No lo hago. —Harry se detiene por la falta de aliento y entre jadeos vuelve a hablar—. En realidad, lo hago.

Louis se detiene a media escalera entre su piso y el de abajo, esa declaración es un puñetazo a su estómago, una cosa es que asuma que Harry lo acusa de oportunista, pero escucharlo de su boca es doloroso.

—¡Vete a la mierda, Harry! —grita, usando toda la furia que estaba conteniendo, mira al hombre, sus mejillas sonrosadas y el cabello pegado a la frente gracias a lo agitado que se encuentra y, aunque parece un ciervo perdido, Louis quiere golpearlo ahora mismo más que cualquier cosa en el mundo.

—No, Louis, espera. —Harry termina de cerrar la distancia y toma la mano de Louis, este no hace ningún esfuerzo por soltarse, sin embargo, no voltea—. Sí, son diferentes. Son muy diferentes y sé que antes pensaba que no lo merecías —hay una pausa mínima, pero hace que Louis levante la mirada y vea la angustia que recorre la cara de Harry—. Pero en realidad él es quien no te merece, Liam había sido un cretino en los últimos años, hasta que te encontró, y de alguna forma parece que lograste cambiarlo. Y ahora mis padres lo tienen de vuelta, a Gemma le agradas, en serio lo haces.

Las palabras de Harry están impregnadas de incredulidad pura y Louis toma aquello como una agresión.

—Pues lo siento.

—No, no, eso es increíble —le aclara Harry, inmediatamente—, lograste que Zayn confiara en ti demasiado rápido, y a mí me hiciste admitir que quiero separarme de mi padre. Creo que eres maravilloso, Louis, y no te merecemos, pero por alguna razón Liam logró tenerte y en serio deseo que sean felices. Que seas feliz. Lo mereces Louis —dice Harry lleno de convicción, todo lo que expresan sus ojos parece gritarle que lo único que desea en la vida que es que lo logre.

El nudo en el estómago de Louis crece, las lágrimas se acumulan en sus ojos, pero se las arregla para contenerlas un poco más.

—Ojalá yo sea tan afortunado como mi hermano y encuentre a alguien tan maravilloso como tú.

Esas palabras terminan de perfora el pecho de Louis, quiere gritarle que puede ser esa persona, sin embargo, ya eligió a Liam, y aunque las cosas fueran diferentes, tampoco diría nada cuando la vida de Anne depende de esa decisión. Está jodido y debe vivir con eso.

—Harry. —Se detiene Louis a pensar un poco más si debe o no preguntar, decide que vale la pena el riesgo—. ¿Existe alguna razón por la que no debería casarme con Liam?

Lo ha dicho, las palabras de Harry retumban en su cabeza, su respiración se detiene y parece que su corazón también, su cuerpo entero esperan por una respuesta, por la respuesta.

—No, Louis.

Chapter Text

El lunes llega y es muchas cosas: el último día del año —lo que significa trescientos sesenta y cinco días más sin ver a Lottie—, un mes menos de dudas, volver a su horario de trabajo normal, pero nada de eso lo afecta tanto como saber que en unas horas estará casado.

Louis había imaginado ese día como algo inmenso, un día en el que no tuviese que trabajar medio tiempo, un traje nuevo —tal vez azul— esperándolo en su armario, un lugar bonito para la recepción y después elegantes adornos en la ceremonia. Su mamá y Lottie, por supuesto, acompañándolo, y también mucha gente más a la que de cierta forma estuviera ligado emocionalmente.

Sin embargo, no tiene nada de eso, excepto tal vez que allí habrá unas diez personas que lo quieren, ninguna es su sangre, pero el afecto que le han demostrado a lo largo de los días es indescriptible. Aun así no es suficiente, no con la bola que se forma en su estómago al pensar que unirá su vida a Liam.

Ese día ni Lisa ni Perrie están trabajando, Steve tampoco se presenta y solo tiene unos minutos durante su almuerzo para charlar con Jennie en la cafetería, antes que ambos deban volver a sus puestos.

Su hora de salida llega y aprovecha la oficina de Steve para cambiar su uniforme por el traje, sabe que tendrá un poco de frío al caminar con esa ropa bajo el gélido clima de esa tarde, pero es mejor que tener que arreglase en el cubículo estrecho de un hospital.  

—Ya estás aquí —dice Anne, emocionada cuando Louis entra en la habitación de Liam y, para su sorpresa, es la única en el cuarto.

Anne rápidamente se acerca y lo envuelve en un apretado abrazo, parece mágico, todos sus temores desaparecen en ese instante, tal vez se deba a su lado materno o lo mucho que su cabeza le ha estado pidiendo que huya desde que el día comenzó.

—Lamento llegar tarde —se disculpa, no sabiendo qué otra cosa decir y necesitando desesperadamente llenar el silencio.

—Tonterías, cariño, estás a tiempo —le dice Anne, separándose lo suficiente para mirarle el rostro y regalarle una hermosa sonrisa—. Te ves guapísimo.

Louis baja el rostro y lo oculta en su hombro, entre avergonzado y culpable.

—¡Finalmente! —exclama Gemma, apareciendo tras la puerta, lleva un pantalón oscuro a juego con un suéter rosa claro, se ve radiante, su sonrisa de oreja a oreja puede sustentarlo—. El juez acaba de llegar.

En ese momento el estómago de Louis se contrae, esperaba —un poco— que no consiguieran a alguien, le sorprende en demasía que un juez haya accedido a celebrar una boda, no solo tan precipitadamente, sino el último día del año, y en un hospital; sin embargo, los señores Styles presionaron a su hijo y de alguna forma lo consiguió.

Louis albergaba una pequeña esperanza de que el juez, amigo de Liam, se echase para atrás en el último momento. No sucedió, por lo visto.

Después del saludo de Gemma y sus buenos deseos, madre e hija lo conducen fuera de  la pequeña capilla del hospital, si bien no será una boda religiosa, fue el único lugar que el hospital garantizó podrían usar el tiempo que fuese necesario sin ser interrumpidos.

Le indican que espere en las sillas que están fuera del lugar, Liam ya está adentro, vistiendo un traje negro y luciendo tan guapo como lo recuerda, se ha rasurado la barba y su cabello fue recortado un poco, hace unas semanas todavía era «su futuro esposo» ideal, sin embargo, ahora anhela otra cosa, o más bien a otra persona.

Pasan alrededor de quince minutos durante los cuales ve un desfile de familiares, amigos y extraños entrar en la capilla, se alivia cuando Lisa se para delante de él con su amplia sonrisa y sus puños en alto, deseándole buena suerte, luego llega Steve, lo abraza caroñosamente antes de adentrarse en la habitación.

Harry también aparece, sin embargo, se ve decidido a ignorarlo, Zayn llega tras su hermano pequeño y solo sonríe mientras Anne lo presiona para que ocupe su lugar. Louis mira el reloj que descansa arriba del marco de la puerta, faltan unos minutos para que sea su hora de entrada, su estómago comienza a retorcerse y sus manos a sudar.

Es hora. Casi.

Se pone de pie y de pronto unos brazos delegados lo rodean, por el rabillo del ojo se da cuenta que es Niall, Louis se permite relajarse aunque sea un poco, son amigos y, después de todo, es el único que sabe cómo se siente con exactitud.

—Debo decirte algo —dice Niall finalmente cuando se aleja, su rostro parece mortificado y Louis no está seguro de poder lidiar con lo que sea que tiene así a su amigo.

—Dilo después, es casi mi entrada —se excusa, dándole una sonrisa torcida, es la primera que se siente honesta en lo que va del día.

—Escuché una conversación de Harry con Liam antes, luego Zayn dijo algo, pero lo ignoré…

—Sigues espiando, Ni —lo corta Louis, porque no se siente preparado para lo que sea que Niall intenta.

—No te diría nada de esto —sigue Niall, como si no hubiera sido interrumpido—, pero acabo de escuchar a Zayn hablando con Harry y creo que mereces saber antes de hacer cualquier cosa.

El corazón de Louis se detiene por un segundo antes de sacudir su cabeza, inseguro sobre qué hacer, no tiene las fuerzas para albergar esperanzas y luego dejarlas ir, sin embargo, Niall no espera y continúa: —Cuando Liam seguía inconsciente, escuché a Harry decirle que siempre fue su modelo a seguir y por primera vez estaba celoso de él —comienza Niall, su voz es trémula, y de vez en cuando lanza miradas en dirección a la puerta—. En ese momento no le di importancia, tampoco lo hice cuando Zayn dijo el viernes pasado, después de la cena, que estaba preocupado por ti.

—No sé a dónde vas con todo esto, Ni —dice Louis, aprovechando la pausa que hace Niall, quien sacude la cabeza afligido, tal vez acaba de darse cuenta que no tiene sentido, sin embargo después de un profundo respiro, vuelve a hablar.

—Viste a Zayn entrar detrás de Harry hace un momento, ¿verdad? —Louis asiente—. Bien, no sé qué tanto se dijeron, pero alcancé a ver a Zayn rogándole que no hiciera nada estúpido, algo que pudiera arruinar la boda y la felicidad de su hermano.

El corazón de Louis sigue palpitando con fuerza, Niall está desesperado por lograr algo, puede deducirlo, sin embargo, no hay nada claro en las palabras de los hermanos, y si lo hubiera, aun así no tendría muchas opciones, tal vez… No. No las tiene.

—¿Qué sentido tiene que me digas esto? —No quiere sonar derrotado, pero lo hace, así que solo se gira para enfrentarse a la puerta, por la cual, en cualquier segundo Gemma le indicará que entre.

—¡Le dijo que los dejara ser felices, Louis! —La voz de Niall es una súplica y Louis puede ver en los ojos el conflicto interno del hombre—. No habría dicho nada si no me hubieras confesado lo que sientes por Harry, pero luego de juntar las piezas es muy probable que Harry te corresponda, creo que mereces saberlo, antes de tomar una decisión que pueda arruinar tu vida… y la de él.

La cabeza de Louis es un lío, observa a Niall entrar en la capilla con sus hombros caídos, se despide con una sonrisa que no llega a sus ojos, no tiene tiempo de procesar lo que siente porque Gemma elige ese momento para salir y anunciarle que llegó la hora.

Respira.

Cierra los ojos para encontrar un poco de valor en su interior, no funciona, así que los abre y acompaña a la joven Styles, quien le dedica una suave sonrisa. Louis entra y la marcha nupcial empieza a sonar, en el extremo izquierdo hay un piano viejo y de alguna forma se las arreglaron para llevar a alguien que tocase durante la ceremonia. Es perfecto, solo que no se siente así.

Avanza a paso lento, encontrándose con la mirada de los Styles, también está Lisa, Steve, Brendan y Bob, su padre, al final del pasillo lo espera Liam, elegante como siempre, Harry está a su lado, su sonrisa es tensa, sin embrago, continua haciendo que su corazón salte y haga su pulso latir de forma frenética.

—Estamos aquí reunidos —comienza el juez y Louis solo puede pensar en las palabras de Niall, las de Steve, en sus padres: casados, enamorados y felices hasta el último día que estuvieron juntos—. Para unir en matrimonio a Liam Styles y Louis Tomlinson.

—¡Me opongo! —se encuentra Louis diciendo ante el asombro colectivo de la habitación.

Fantástico. —Sonríe Harry ampliamente por primera vez en días—. Lo habría hecho yo —murmura lo suficientemente bajo para que los murmullos que están comenzando lo cubran.

—Todavía no llego a esa parte —dice el juez, confundido.

El rostro de Liam se frunce, mira de Louis a Harry y luego a su amigo el juez, sin comprender. El señor y la señora Styles parecen igual de consternados que su hijo, James se ve preocupado, pero de un modo distinto, al igual que Zayn.

—¿Qué sucede? —Des es el primero en hablar, su voz demasiado aguda.

—Estoy enamorado de ti —dice Louis mirando a Harry sobre el hombro de Liam, la sonrisa del hombre crece más si es acaso posible.

—¿De mí? —cuestiona Des, más confundido que antes.

—No. —Ríe Louis, nervioso—. Bueno sí, de todos ustedes, y de su hijo.

—Por supuesto que sí, cariño. —Esta vez es Anne, que parece tranquilizarse mientras mira a Liam y trata de tranquilizarlo, Louis se golpea mentalmente, había olvidado los problemas de corazón de la señora Syltes, pero es demasiado tarde de echarse para atrás, así que solo espera no provocar algo irremediable. .

—No de él —apunta a Liam—. Ese hijo. —Y esta vez se inclina un poco para mirar a Harry.

—¿Qué has hecho, Harry? —La voz de Anne imperturbable, se escucha, por primera vez, descompuesta al tiempo que lanza una mirada molesta a su hijo menor.

—No hizo nada —aclara Louis rápidamente—, no intencional al menos.

—¿Quieres explicarlo? Por favor —le pide Des, comenzando a mirar hacia todos los invitados, quienes parecen demasiado entretenidos.

—¿Cómo está tu corazón, Anne? —se atreve a preguntar Louis antes de lanzar la bomba que está a punto de estallar en su pecho, o boca, para ser más exactos.

—En perfecto estado —dice la mujer, confundida.

Esa declaración le otorga el valor necesario para proseguir, da un paso hacia delante, recorre con los ojos a cada integrante de la familia Styles, Anne con su elegante vestido borgoña y su cabello recogido parece haber recuperado la compostura y ahora lo mira intrigada. Des sigue tan distraído como siempre, pero sin perder la cálida sonrisa tan típica de él, se detiene un momento a guardar eso, porque sabe que está a punto de perderlo.

Ver a los hermanos Styles es más difícil, Gemma se aferra a su esposo, por primera vez sin palabras, parece herida, Sebastian, por su parte, la mantiene con firmeza a su lado, para la fortuna de Louis sus ojos siguen siendo amistosos. Zayn parece librar una batalla en su interior, por un lado tiene a un aliviado Niall quien se muerde los labios y por otro sostiene a Harry que está visiblemente varios tonos más pálido.

Finalmente encara a Liam, es el más confundido, eso envía a Louis una ola de culpabilidad, recordándole que lo que le ha hecho al hombre —y a su familia— es muy, muy bajo y deshonesto. Antes de continuar capta a Steve, quien solo le sonríe, pero parece decirle que haga lo que haga estará para él y será correcto.

Espera que sí.

—No soy el prometido de Liam, ni siquiera nos conocemos —comienza, sintiendo un peso demasiado pesado abandonar sus hombros al instante—, es decir, lo había visto en la estación de trentes antes y, el día del accidente, vi cómo caía a las vías… por algún tonto error alguien creyó que estábamos comprometidos —dice mirando a Niall, quien tiene las mejillas arreboladas—. Y entonces nos conocimos… Los conocí. —Su voz es suave, Louis espera que puedan darse cuenta de lo que esa afirmación conlleva.

—¿Por qué no me lo dijiste? —pregunta Harry, su sonrisa ha desaparecido y ahora todo lo que sus ojos revelan decepción y, tal vez, dolor.

—Tenía miedo —balbucea Louis, el valor drenándose de su cuerpo ante la reacción de Harry—, pasé de ser el chico solitario que trabaja todos los días festivos a ser un hijo, un hermano, un futuro tío. —Ríe, apuntando el estómago de Gemma—. Un amigo y un prometido.

»Al principio me preocupé de tu corazón, Anne —explica, apesadumbrado mirando a James—, y después ya no pude verme sin todos ustedes.

—Mi corazón está saludable, cariño —dice Anne, tan maternal como la recuerda y eso solo duele el doble.

—Pero… los escuché decir que te daría un ataque —se queja Louis, pidiendo con la mirada una explicación a James, quien se ve, extrañamente, avergonzado.

—Mis hijos tienden a exagerar, Louis.

Ahora todo se ve mal, y se siente mil veces peor.

—Lo siento tanto… —se disculpa, sin saber qué más hacer, todas las sonrisas han desaparecido, incluyendo la de Lisa—, por mentirles y prender que era parte de su familia, ustedes son maravillosos y no merecían esto. Espero puedas perdonarme, Harry… lo siento.

Sin esperar una palabra más Louis abandona la capilla, va por sus cosas hasta la habitación de Liam y corre hasta su casa una vez las tiene sin importar el frío, la nieve cayendo o los pisos congelados. Llega a su casa en tiempo récord y sin más se mete bajo las cobijas. No quiere pensar en nada ni en nadie, pero no puede evitar recordar la decepción de los Styles, el dolor en Harry, ese pensamiento lo arrastra a un sueño que poco o nada hacen para tranquilizarlo.

Pasan unas horas, el reloj casi marca la medianoche, ignoró su teléfono envuelto en su cama hasta que se quedó sin batería, es hasta que escucha a Nala maullar que decide es el momento de levantarse al menos para alimentar a su gata.

Luego de depositar el pollo en el trastecillo, decide que un poco de galletas Oreo y leche son un buen remedio para el vacía que crece en su estómago, está llenando su vaso cuando alguien llama a la puerta, su corazón salta y el nombre de Harry es el primero que llega a su cabeza, es tonto, sin embargo, se apresura a la puerta. Es Brendan y, aunque no quiere darle importancia, su rostro cae ligeramente.

—¿Estás bien? —pregunta el chico, mirando por encima del hombro de Louis, en su cara se puede reflejar la genuina preocupación, lo que hace pensar a Louis que tal vez Brendan es a quien debió elegir desde el principio.

—Lo estaré.

No cree sus palabras, sin embargo, sabe que su pecho no estará frío por siempre, en algún punto de su futuro próximo —o no tanto, quien lo sabría— Harry y su familia ya no serán más que un bonito recuerdo que lo hizo soñar.

—No debes de llorar por ellos —intenta consolarlo Brendan—, si ninguno de esos tontos se da cuenta de lo valioso que eres, se lo pierden.

Louis no está llorando, no es que no lo haya considerado, pero pareciera que no tiene lágrimas que llorar, sin embargo, son los ojos cristalizados de Brendan lo que le impide decirlo, en su lugar le da una sonrisa.

—Gracia, Bren —dice, suavemente—. ¿Cómo está Tommy?

—Me abandonó por una rubia —dice el joven, abrazándose a Louis—. ¿Tienes galletas?

Louis se deja abrazar por Brendan, también le da de su leche y galletas, escucha atentamente todo lo que pasó con el vecino de arriba, en algún momento después de que el joven ha dejado su piso los boletos que Harry le dio quedan en su línea de visión, los había olvidado por completo, los toma, cuidadosamente, temiendo que cualquier movimiento brusco pueda llevárselos y con ellos todas las memorias de ellos dos juntos; parece arte de magia, pero al instante que sus dedos hacen contacto con el rugoso sobre sabe qué es exactamente lo que necesita en ese momento.

❄ ❄ ❄

El primero de enero llega temprano a su trabajo, es el único en esa zona de la taquilla, hay poca gente viajando y Louis lo agradece, cada pocos minutos mira a través del pasillo con la esperanza de que Harry aparezca, sin embargo, eso no sucede.

A las cinco de la tarde, cuando su turno termina, echa un vistazo en la oficina de Steve y, para su fortuna, lo encuentra.

—Pensé que te habías tomado el día —le dice, sin molestarse en preguntar si puede atenderlo, retomando un poco de la irreverencia que lo caracteriza.

Su jefe parece imperturbable mientras hojea el periódico, se encoge de hombros y lo invita a sentarse sin decir una sola palabra.

—El sistema de la línea tres colapso y estoy esperando para firmar la autorización de la reparación —explica Steve, dejando su periódico a un lado y prestándole toda su atención a Louis—. ¿Cómo estás? ¿Puedo hacer algo por ti?

Aunque Louis no desea pensar en su boda fallida, sabe que la preocupación que refleja el rostro de su jefe es a causa de ese pequeño incidente, sin embargo, si lo piensa bien, es un aliciente para lo que está a punto de pedirle.

—Me gustaría que autorices mis vacaciones a partir de mañana —responde Louis un poco inseguro, todavía no se asienta en su pecho que en verdad está planeando visitar a su hermana—. Y los días festivos que me debes, si es posible.

Por un segundo Steve parece como si no hubiese dicho nada, después sus pequeños y rasgados ojos se abren hasta alcanzar un tamaño que nunca le había visto, seguida de una sonrisa brillante.

—Por supuesto, hijo —acepta, saliendo de su lugar tras el escritorio—. ¿A dónde irás?

Un peso cae de sus hombros y de pronto su estómago se siente más ligero, ahora todo lo que Louis puede pensar es que su siguiente parada es Nueva York y, finalmente, un sello en su pasaporte.

❄ ❄ ❄

Desde el momento que sale con su equipaje al aeropuerto y hace el protocolo de embarque hasta que cruza la aduana y toma un taxi, todo parece una bruma borrosa. Llega al piso de su hermana pasadas las seis de la tarde y todavía debe esperar otra hora antes de  ella llegue, sin embargo, por una vez en su vida no le importa esperar.

Está sentado con la espalda apoyada en la puerta del lugar de Lottie, desde el momento en que se desplomó en aquel sito ha estado dormitando, luchando de vez en cuando con el sueño que lentamente se apodera de él, descansando por primera vez en al menos veinticuatro horas.

Pasan de las siente cuando las puertas del ascensor se abren y una cabellera rubia de rostro familiar sale, cargando una pila de revistas, libros y muestras de tela. Louis se pone de pie inmediatamente y espera hasta que su hermana está lo suficientemente cerca para finalmente verlo.

Sus cosas caen al suelo, formando un revoltijo de papel y telas, primero una expresión de incredulidad aparece en su rostro, la sorpresa viene después, y luego felicidad, para terminar con ella lanzándose a los brazos de su hermano, ha crecido innegablemente, pero aún así es capaz de sostenerla al menos unos cuantos segundos sin ningún problema.

—¡Louis! —exclama Lottie, apretando con excesiva fuerza la espalda de su hermano—. ¿Por qué no dijiste que vendrías? Hubiera pasado a recogerte.

—De haberlo hecho hubiera arruinado la sorpresa —contesta Louis, sin poder ocultar la sonrisa que tira de la comisura de sus labios, Lottie lo abraza con más fuerza y comienza a sollozar contra el cuello de su hermano.

—Tonto, te he extrañado tanto —dice suavemente su hermana, acurrucándose en el pecho de Louis.

—Yo también, Lots.

❄ ❄ ❄

Estar con Lottie es increíble, los días pasan demasiado rápido y los recuerdos de las últimas semanas parecen un borrón que pronto terminará por desaparecer. Su primer fin de semana en Nueva York llega, durante la semana Louis se las arregla para visitar diferentes sitios turísticos, solo y en compañía de su hermana, sin embargo, ella debe asistir casi a diario al trabajo, tiene un nuevo puesto y debido a su llegada de improviso no tuvo oportunidad de adelantar ni un poco, pero Louis no se queja, sigue siendo maravilloso tenerla cerca de él.  

La semana ha sido increíble, en ese momento Louis descansa en el sofá de la sala de estar, habla con Perrie y Lisa mientras su hermana toma un baño luego de haber tenido un turno complicado en la agencia, sus amigas se ven extasiadas por él que es difícil no ver la sonrisa que ni la mala conexión logra esconder.

—Te extraño, Lou —le dice Perrie, la imagen está congelada como es costumbre, sin embargo puede imaginar el puchero de su amiga—. Lalisa también.

—Y yo las extraño a ustedes —responde Louis, su pecho poniéndose calientito de repente debido a las palabras de sus amigas—. Nos veremos en una semana.

—Auch —se queja Perrie y Louis se pone alerta.                                        

—¿Todo bien?

—Bien, Lisa quiere decirte algo —Perrie deja de hablar, pero la línea no queda en silencio, Louis escucha los ruidos procedentes del intercambio de teléfono de una mano a otra.

—Hola, Lou-lou —lo saluda la suave voz de Lisa.

—Hey, ¿qué sucede? —Por la forma en que su amiga habla, Louis no puede evitar preocuparse un poco.

—El chico de la boda te buscó ayer.

El corazón de Louis da un vuelco en su pecho y por un segundo cree que es muy posible que salga de su cuerpo y estalle.

—¿Qué chico? —pregunta cuidadosamente.

—Harry, el hermano de Liam preguntó por ti —agrega Lisa con rapidez ayudando muy poco a la salud emocional de Louis—, le dijimos que estabas de vacaciones y se fue sin decir otra cosa.

—Creo que irá a buscarte —exclama Perrie, emocionada, no había regresado de sus vacaciones y su amiga ya sabía los detalles de su boda fallida y la confesión de amor de Louis y la primera vez que se hablaron después de eso ella se dedicó a consolarlo en la distancia.

—Él no sabe dónde estoy —dice Louis como si su corazón no esté latiendo a mil por hora y su estómago no esté brincando ante la mera idea de Harry sorprendiéndolo apareciendo frente a la casa de su hermana, es una locura, lo sabe, sin embargo, su cuerpo parece no darse cuenta.

La llamada termina poco después, pero la idea no abandona la cabeza de Louis, ese día más tarde también habla con Niall, evita mencionar a Harry y todo lo referente a la familia Styles casi por completo, sin embargo, a Louis no se le escapa el comentario sobre Des asociándose con James.

No quiere pensar demasiado en eso, pero la única idea que se le ocurre a Louis es que Harry finalmente se haya sincerado con su padre. Espera que así sea, el hombre lo merece después de todo.

❄ ❄ ❄

Otra semana pasa y a Louis solo le quedan unas horas antes de volar de vuelta a Londres. Harry no fue a buscarlo, como se había permitido soñar en los momentos que más optimista se había sentido, eso tampoco evitó que estuviese al pendiente del teléfono en espera de alguna milagrosa llamada del hombre, pidiéndole su dirección.

Louis deja de lado su teléfono, toma su nuevo —y ahora sellado pasaporte— y sonríe con cariño, ese tarde Lottie le dijo que todo el fin de semana sería solo de ellos, ella se las arregló para comprar una especie de pasaporte falso y personalizarlo, luego lo llevó a uno de los restaurantes de los chefs asociados con la editorial donde trabaja, permitiéndole cocinar uno de los postres estelares del restaurante.  

También consiguió sellos culinarios, como decidió llamarlos, y ahora tiene su primer postre visado con un pastel en tinta, dos foto del momento acompañan la página para respaldar la experiencia. Simplemente increíble.

—Voy a extrañarte —le dice Lottie desde el umbral de la sala de estar.

La luz de las farolas en la calle le alumbra un lado del rostro y su cabello blanco parece destellar a su alrededor, enfatizando su bronceado, su piel ya no lleva maquillaje y la sonrisa que se extiende en su rostro solo hace que parezca más joven de lo que comúnmente hace.

También va a extrañarla.

Había olvidado lo que era tenerla tan cerca de él, estar al pendiente de ella y recibir el mismo grado de preocupación de regreso, es una sensación que se había mantenido adormecida durante años, Louis está seguro que será difícil volver a la rutina de su solitaria vida después de ese viaje.

—Voy a extrañarte más —murmura Louis, tratando de alejar el nudo que se forma en su garganta ante la idea de irse.

Tal vez Lottie nota la reticencia de su hermano, o puede que sea la nostalgia que ella misma experimenta, pero se empuja del marco de la puerta y hace su lugar hasta acomodarse junto a Louis, prácticamente echa bolita sobre él, como en los viejos tiempos.

—La buena noticia es que mi nuevo sueldo me permitirá visitarte en las próximas fiestas.

Lottie está extasiada con la idea de pagarse sin ninguna complicación un boleto de avión solo para visitarlo, la culpa lo invade un poco, no está avergonzado y menos molesto, pero no se siente bien saber que le es imposible velar por su hermana pequeña.

—Sabes que no hace falta que gastes en eso —reprocha Louis, encogiéndose de hombros—, ya estamos acostumbrados.

Desvía la vista hacia el ventanal, la luz de las farolas proyectándose en el piso en forma de sombras de los edificios contiguos, loso vehículos pasando por la calle y algunos ladridos son todo lo que se escucha durante unos segundos, sin embargo, Lottie atrae su atención a ella, resultando en una lucha que, hasta entonces, había logrado evitar con éxito.  

—Discúlpame, pero yo jamás me acostumbraré a no verte —contesta su hermana con determinación, la incomodidad no abandona del todo a Louis, pero decide ceder solo por esta ocasión—. Además, quiero estar enterada la próxima vez que planees casarte.

«Era un truco», quiere decirle, pero se muerde la lengua, a pesar del tiempo que llevan viviendo lejos el uno del otro, Lottie no tardó más de dos días en descubrir que Louis estaba triste y descubrir la razón. En lugar de reírse, como pensó que haría, se enfadó por excluirla de un momento importante en su vida, y no logró convencerla de que no estaba del todo decepcionado hasta que habló de Harry y de pronto lo entendió todo.

—De acuerdo.

Hay silencio durante unos minutos, sus respiraciones se sincronizan, su hermana traza patrones con su dedo sobre una de las palmas de Louis, él solo la observa, dejándose embargar por el momento, disfrutándolo.

—¿Qué harás al volver? —Lottie rompe el silencio.

Louis no quiere pensar en eso, sin embargo, la respuesta viene en automático: —Volveré a la estación, ojalá no tenga trabajo acumulándose.

—Lou —su hermana dice con una solemnidad que, por un momento, le recuerda a su madre, ella se separa de Louis y lo mira—. Creo que es momento de que busques algo que te haga feliz.

—Soy feliz —se apresura a decir, entierra los dedos en el borde del sofá, de alguna forma aferrándose a sus palabras, nunca se ha quejado de lo que tiene, al fin de cuentas él lo eligió, sin embargo, últimamente las cosas no se sienten del mismo modo.

—Sé que sí, pero quiero que cumplas tus sueños —expresa Lottie lentamente, sopesando cada palabra antes de hablar—, y sé que reparar la estación no te va a llevar a ellos. Cuando cocinaste con Carl te veías radiante… como hace mucho no lo hacías.

—No es tan fácil, Lots —se excusa Louis, nuevamente dejando salir su armadura, y mandando sus deseos al fondo de su cabeza.

—Lo sé, pero podrías buscar algo de medio tiempo relacionado con la cocina —dice su hermana, no dejándose vencer este vez por las excusas memorizadas que tiene Louis para este tipo de pláticas—. Volver a la escuela culinaria, o lo que sea que te lleve a donde quieres.

—Hay cuentas que se deben pagar, Charlotte —Louis se encoge de hombros, sintiéndose un poco culpable por usar el nombre completo de su hermana, sin embargo ella ni se inmuta, en su lugar suspira sobre su pecho, pero no deja de trazar círculos, se ve tan adulta, difícilmente puede verla así cuando mira a través de sus enormes ojos azules que lo llevan a pensar en su madre y su vida en Doncaster cuando eran niños. Cuando todavía tenían a su padre.

—Sobre eso —Lottie se detiene un segundo y pasa saliva, parece insegura de mirarlo, pero finalmente lo  hace—. Creo que llegó mi momento de aportar algo, puedes dejar tu trabajo actual y buscar algo mejor, y ese dinero usarlo para pagar tus estudios.

—Ni hablar, es tu dinero, y dijiste que me visitarías —se queja Louis, apartándose de su hermana, no puede permitirle hacer eso, ella se ha esforzado tanto por llegar hasta donde ha llegado que a Louis le duele siquiera pensar que se lo gaste en cosas que él eligió como su responsabilidad.

—Puedo hacerlo, Louis. —Lottie es firme al hablar, todo rastro de la niña, desapareciendo—. Es un gran sueldo, haré los pagos y todavía tendré para juntar lo del vuelo, lo prometo —dice con más suavidad, casi suplicante, la tenue luz que alumbra sus mejillas hacen que la escena se vea más dramática de lo que en realidad es.

—No es tu responsabilidad.

Louis habla en apenas un hilo de voz, su garganta cerrándose, sus ojos de pronto están empañados y debe usar el dorso de su mano para enjuagar las lágrimas que se apelotonan en sus ojos. Lottie, lo mira con cariño y toma su mano con suavidad, dándole un ligero apretón, reconfortándolo.

—Lo era, pero tú y mamá me la quitaron —le dice su hermana— y lo agradezco, pero es momento de dar lo que me corresponde, sé que no es ni la mitad de lo que tú has hecho, pero déjame ayudarte.

—Nunca quise que te preocuparas de nada —se excusa Louis, tal vez es un intento de desviar la conversación o de mitigar la vergüenza que siente—. Tampoco mis padres.

—Mi mamá sabía que eras el listo de la familia. —La sonrisa que su hermana le da le infunde confianza y tranquilidad, Louis se siente extraño, se supone que es su trabajo confórtala, sin embargo, hay algo agradable en dejarse mimar un poco, aunque sea solo una sensación efímera.  

—Tú eres quien ganó una beca en el extranjero —se burla Louis, perdiendo un poco las energías para continuar con una discusión que lentamente se está inclinando a favor de su hermana.  

—Sí… mi mamá y tú sabían que si no la tomaba probablemente terminaría en la calle —dice Lottie, totalmente resuelta a convencer a Louis—. Ella también sabía que no necesitabas terminar la escuela, al menos no en ese momento, sabía que encontrarías la forma de ser el gran repostero que siempre quisiste ser… creo que llegó el momento de que lo hagas.

—No quiero que tengas esa presión tú sola. —La voz de Louis es un lamento, lo siente parecido a una derrota, no quiere ceder, sin embargo, le es imposible no pensar en las posibilidades que la propuesta de Lottie podrían significar en su futuro inmediato, sobre todo después del desastre en el que se arrastró gustoso.

—Entonces encontraremos la forma de que ambos ganemos —continúa Lottie con suavidad casi maternal, que hace al corazón de Louis estrujarse en su pecho y acceder, por lo pronto—, al menos promete que lo pensarás.

—Lo hare, lo prometo.

❄ ❄ ❄

Vuelve al trabajo el siguiente martes, con todo y la descompensación horaria, afortunadamente ese día —su último día— estará en taquillas, compartiendo cabina con Perrie y Lisa, espera aprovechar el tiempo al máximo y ponerse al día con todos los acontecimientos que sus amigas tienen para él.

Hace su camino, de su casillero de empleado hasta su lugar en la zona de abordaje, todo está igual, pero de alguna forma parece más luminoso y agradable.

—Voy a extrañarte —le dice Perrie unas horas más tarde, la cantidad de pasajeros ha vuelto a la normalidad y, mientras el sol parece dejar su punto más alto, las personas en los andenes también comienzan a disminuir.

—Vas a visitarnos, ¿verdad? —pregunta Lisa, su sonrisa de siempre opacada por un adorable puchero que solo provoca que sus ojos se vean más grandes.

Louis asiente.

—Cada semana.

Después de la plática con Lottie se encontró pensando constantemente al respecto, recordó de igual forma las palabras que le dijo Harry, pensó en Steve y sus posibles reacciones, y al final en sus padres. Cuando bajó del avión había tomado la decisión de renunciar a su empleo.

Se las arregló para estar en la oficina de Steve el día anterior y —a diferencia de cómo lo había imaginado—, su jefe le dio la sonrisa más grande que alguna vez le había visto y lo abrazó con fuerza, deseándole suerte, le dijo que si era su deseo el siguiente día podría volver de sus vacaciones, como era el plan, pero también ser su último turno. Louis aceptó, antes de que la retahíla de pensamientos lo abrumasen y diera marcha atrás.

—Y qué harás ahora o mañana —pregunta Perrie, sin poder ocultar la mueca de disconformidad en su bonito rostro, Louis la entiende, han sido años de verse casi a diario y ser el único soporte el uno del otro, piensa en sus días a partir de ahora sin la escandalosa risa de Perrie alrededor o la suave sonrisa de Lisa ante cualquier situación, incluso la más adversa, y es difícil.

—Buscaré algo de medio tiempo en un restaurante, lo que sea que me den —explica Louis, sin culpa ni vergüenza, ignorando los contras de su decisión, es increíble como rápidamente ha dejado atrás todos los peros que tenía y ahora la idea se posa en su piel como si ese hubiese sido el plan desde el principio—. También encontraré una escuela de cocina, Lots se hará cargo de las deudas por un tiempo.

Ambas, Lisa y Perrie, asienten en silencio, cada una sopesando la noticia, pero sea lo que sea que corre a través de sus pensamientos las dos concluyen brindándole una sonrisa, llena de simpatía, cariño y complicidad.

Puede que Perrie sea la única que conoce un poco más a detalle su historia —solo por el hecho de haberla presenciado junto a él—, sin embargo, Lisa no necesita muchas explicaciones, sabe que cocina delicioso y que hornear es su pasión, también sabe de la muerte demasiado rápida de sus padres y sobre Lottie estudiando en el extranjero. Es suficiente para ella para entenderlo sin cuestionarle nada.

Consciente de eso Louis acepta las sonrisas y la reticencia de las dos con cariño, él también va a extrañarlas, siete y cuatro años conviviendo con ellas le han dado lo más parecido a una familia que ha tenido en un tiempo. El apoyo incondicional, las charlas superficiales y las confidencias que han compartido en esa cabina son demasiados que sería imposible recordarlas todas.

—Lo harás increíble —le asegura Perrie, sonando feliz por primera vez desde que les comunicó la noticia—. Por favor, no nos olvides.

—No podría. —Por primera vez Louis se permite dejar salir una lágrima, pero en lugar de ser triste está cargada de esperanza y eso es más de lo que ha tenido en años.

—Puedes visitarnos cuando quieras —esta vez es el turno de Lisa de darle una de sus enormes sonrisas.

—Y debes prometer que nos juntaremos al menos una vez por semana —apunta Perrie, con la mayor seriedad de la que es capaz de colectar—. No puedo imaginar pasar un día entero sin saber de ti.

—Dramática. —Ríen Louis mientras asiente—. No se van a deshacer de mí tan fácil.

En ese momento el andén se llena de personas y los tres deben pausar su conversación, Louis ha vendido cerca de treinta boletos en un periodo de cinco minutos, suspira, reacomodando su abrigo, listo para enfrentarse a otro grupo ruidoso que se acerca.

—Bunas tardes, ¿destino? —pregunta Louis sin levantar la cabeza, su voz es monótona, en ese punto del día, su garganta quema a causa de la cantidad de veces que ha hecho la misma pregunta en el lapso de una hora.

No hay respuesta, al menos no inmediata, Louis está a punto de mirar a través del cristal, su entrecejo arrugándose, cuando el ruido de la moneda cayendo en la zona de pago se escucha, sin embargo, no es una moneda, a su vista le toma un par de segundos en ajustarse para  descubrir el pequeño, brillante y redondo anillo de plata que descansa en el tazón del dinero.

El estómago de Louis parece estallar, miedo, emoción, anhelo, confusión, incertidumbre. No está seguro de nada, tan rápido como puede, levanta el rostro y frente a él, al otro lado del cristal de su taquilla, está un grupo demasiado ruidoso, encabezado por el mismísimo Harry Styles. Su barbilla cubierta de barba incipiente a juzgar por lo que la bufanda le permite ver, bajo sus ojos hay un par de círculos oscuros, el color no es tan marcado, sin embargo, no recuerda haberlos visto así antes, lo que provoca que su corazón dé un vuelco.

A parte de esos detalles en particular que antes no habían estado, todo parece familiar: los suaves rizos sobresaliendo del beanie, la calidad mirada verde que parece gritar «¡tranquilo, tranquilo, tranquilo!», la dulce sonrisa y el par de hoyuelos en sus mejillas. El aliento de Louis se atora unos segundos, los suficientes para marearse.

—Respira, cariño —susurra Anne y es música para sus oídos.

Louis lo hace. Inhala y exhala, haciéndolo muy notorio para cualquiera a unos metros de él.

Ella está junto a Harry, observa todo con una sonrisa del tamaño del mundo, piensa Louis, atrás de ellos, logra ver a Des, apretujándose entre James y su hija, él parce tener la misma mirada confundida que tenía el día de la boda fallida, Gemma levanta su cabeza, tratando de ver sobre los hombros de todos los que están delante de ella, Sebastian cierra filas, mirada amable y una sonrisa cariñosa en dirección a su esposa, a su lado está Zayn mirando de su hermano a Louis, todo lo que transmite es paz absoluta,  tal vez la razón es el joven enfermero de mejillas sonrosadas junto a él que abraza por la cintura.

—Mierda. —Es todo lo que atina a decir, su estómago se contrae y sus piernas comienzan a temblarle cual gelatina—. Perdón, Anne —se disculpa al ser consciente que la madre de Harry puede escucharlo.

—Descuida, cariño. —Anne le sonríe, más amplio de lo que es humanamente posible, aún así sigue luciendo encantadora.

—Pregúntale, idiota —grita Gemma y solo obtiene una mirada de advertencia de su madre.

En ese punto se han ganado algunos espectadores, desde pasajeros que esperan abordar su tren hasta los que están llegando y se colocan en lo que debería ser la fila de la taquilla, el frío que todavía tiene las calles cubiertas de nieve no es lo suficientemente gélido para evitar el calor en las mejillas de Louis, que ahora —seguramente— parecen un par de tomates.

—Louis…

—¡Por favor, H! —Zayn habla entre risas desde su lugar al fondo del grupo—. Te tomó una eternidad ¡Pregúntale!

—Hazlo apropiadamente. —Es el turno de Anne, sin embargo, ella aprovecha la cercanía y le da un manotazo a su hijo en el hombro.

—Arrodíllate, Harry — dice Sebastian, sonriendo.

Atrapa la mirada complacida de Niall, puede sentir las sonrisas y la sorpresa de Lisa y Perrie a su lado, incluso los extraños en el andén murmuran cosas sin dejar de miralos. Louis cubre su rostro con la única mano enguantada, un golpe de realización de lo que está sucediendo en su cabina de boletos, «no está pasando» se dice.

El hombre del que está enmaromado, el mismo a quién engañó no puede estar ahí haciendo lo que cree que hace. No así, y no a él.

—¿Puedo pasar? —Harry finalmente se recupera después de toda la palabrería que su familia le lanzó, sin embargo, esas simples palabras, que no significan nada, revolucionan el interior de Louis.

—No —murmura Louis, tratando de ocultar la sonrisa que pide por aparecer.

Un jadeo colectivo se escucha a su alrededor, la confianza en el rostro de Harry cae ligeramente, sin embargo, no abandona su lugar frente a la taquilla e insiste.

—¡Oh, vamos, Louis! —grita a su espalda Perrie, y le lanza lo que se siente como un trozo de tela, seguro es un guante o su bufanda.

—¿Eso fue un no? —pregunta Des, que ha logrado hacerse un espacio al otro lado de Harry.

—Por supuesto que no —chilla Anne, sacudiendo la cabeza hacia su esposo, sin dejar de mirarlo con cariño.

—No, al menos que pagues tu boleto —termina de decir Louis, mostrando finalmente la sonrisa que a ese punto ocupa la totalidad de su rostro, la sonrisa de Harry reaparece y con ella su confianza, rebusca en sus bolsillos hasta encontrar las monedas y las desliza a través de la ventanilla.

—¡Se aman! —anuncia Gemma demasiado alto, como si fuese la narradora de alguna comedia romántica de Hollywood.  

Louis desbloquea la puerta y Harry no pierde un segundo para entrar y hacerse un lugar en el pequeño espacio libre que queda debido a las tres personas que ya están adentro. Apenas está frente a Louis, Harry se arrodilla, su familia se pega como puede a la ventanilla y aguardan.

El tiempo parce detenerse, el calor que comienza a sentir Louis es irreal para la temperatura que marca el termómetro, cuenta tres respiraciones al ritmo de los latidos de su corazón, sin embargo, no puede decir si son lentos o veloces, simplemente están, aguardando, igual que todos. Igual que Louis.

—Ugh, lo siento —se queja Harry, frunciendo el ceño y poniéndose nuevamente de pie, se acerca a Louis, prácticamente pasando sobre él ante la mirada atónita de todos los presentes, toma el anillo, que aún descansa en el hueco de las monedas, y luego se arrodilla nuevamente.

No puede ocultar la sonrisa, una oleada de cariño le llena el pecho al ver a Harry, vulnerable y valiente al mismo tiempo delante de él, es por mucho mejor que cualquiera de los locos sueños que alguna vez ha tenido.

—Disculpa por tardarme tanto —comienza Harry, hablando deprisa.

—Dos semanas —aclara Zayn como si fuese necesario, a un volumen que, seguramente, cualquiera en su andén puede escucharlo.

Gracias, Zee. —A juzgar por el tono y la mirada que lanza Harry, sabe que su intención es más sarcástica que agradecida—. Te busqué, pero dijeron que estabas de vacaciones en América, espero que lo disfrutaras.

—Lo hice, gracias…

Louis deja incompleta la frase, pero Harry parece mirarlo con entendimiento, espera que sea así, simplemente está ansioso por conocer el motivo que tiene tan nervioso a Harry de su propia boca. Más tarde, puede aclararlo más tarde.

—Quería pensar y saber en dónde estaba parado —continúa Harry, mirándolo fijamente, se remoja los labios una vez antes de tomar aire y seguir hablando—, todo lo que sé es que mis sentimientos no han cambiando ni un poco. Estoy enamorado de ti y, si todavía estás enamorado de mí, por favor ¿cásate conmigo, Louis?

—¡Sí, sí! —grita Louis sin detenerse a pensar—. ¡Acepto!

Harry se pone de pie, Louis no sabe quién de los dos se abalanza sobre el otro, solo es consciente de tener unos gruesos labios finalmente sobre los suyos en un beso real, no un roce producto del muérdago. Es mejor de lo que recordaba, Harry es suave y dulce y quiere quedarse ahí para siempre, alrededor hay gritos y aplausos y Louis en ningún momento se siente avergonzado por dar un espectáculo.

¡Va a casarse con Harry Styles, joder!        

—Felicidades, Lou.

Escucha a Lisa a su lado cuando está separándose de Harry, el chico, su prometido, uno real, le toma la mano libre de guante y coloca el aro plateado, es sencillo, pero es suficiente.

Ve a Perrie y Lisa deslizarse fuera de la taquilla, colocándose junto a Steve, quien aparentemente también fue uno de los espectadores, en un segundo la familia de Harry están sobre ellos, apretujándose en el pequeño espacio diseñado para tres personas, es perfecto.

—¿Y Liam? ¿No le importará? —pregunta Louis, saliendo su burbuja de ensueño unos minutos después.

—Está en casa, tiene reposo absoluto —dice Gemma, regodeándose, al parecer.

—Y está feliz de haber ayudado. —Termina de contestar Sebastian, Louis ya se acostumbró a verlos como una unidad, espera algún día verse de la misma forma con Harry.

Tal vez.

—Te amo —susurra Harry en el oído de Louis, a pesar del barullo que hay sus palabras retumban como gong en la cabeza de Louis, haciendo un eco interminable.

—También te amo, prometido —dice de vuelta, y se siente tan bien decirlo que de pronto hay lágrimas cayendo por sus mejillas.

—¿Y cuándo es la boda? —pregunta Anne, aparentemente ser paciente no es lo suyo.

Louis se preocupa un poco, acaba de renunciar y quiere comenzar su vida, Harry es un gran aliciente, pero otra boda exprés no parece ser la mejor idea en ese momento, quiere a su hermana junto a él y que ambos decidan las cosas tontas y triviales de una boda, eso quiere.

—No tenemos prisa, ma —contesta Harry por los dos, mirándolo a los ojos, se inclina y le da un besos en la frente, Louis cree que es un silencioso «todo estará bien», su corazón palpita a una velocidad que no puede ser normal, pero no le interesa, lo único que importa es que va a casarse con el hombre que ama y resulta ser que también lo ama de vuelta.

 

FIN