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Confesiones con tarta de manzana

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CONFESIONES CON TARTA DE MANZANA

Capítulo 1: Noches de verano.

Kenma conoce a Kuroo como la palma de su mano y es por eso que es imposible que no se dé cuenta. Cuando le ve esa sonrisa estúpida al mirar el móvil de espaldas, como si nadie le viera, o cuando ya se está metiendo la mano en el bolsillo del pantalón para sacarlo con rapidez al girar el marco de la puerta y le escucha una risilla, seguida de varias vibraciones que indican que ha recibido varios mensajes, sabe que esta vez no es como las demás.

No ha pasado mucho tiempo, pero ha pasado el justo como para que Kenma no necesite levantar demasiado la vista de la videoconsola para advertir los pequeños cambios en el comportamiento de su amigo. Saltan a la vista. Gritan. Aunque solo sea a él. Kuroo no es el mismo de siempre y, en general, nadie parece haber notado nada, no en el Nekoma al menos. Podría jurar que en el Karasuno tampoco sospechan porque sino Hinata ya le habría comentado algo. El único que podría tener idea es Bokuto y, aunque a veces ha estado tentado a preguntarle, es consciente de que no es asunto suyo. Ante todo respeta a Kuroo y si éste prefiere no decirle nada aún (confía en que tarde o temprano lo hará), no va a ser él quien insista y rompa esa cálida burbuja de pequeños secretos a voces. Porque aunque ninguno de ellos diga nada, ambos saben que el otro lo sabe. Como queda patente cuando ese fin de semana no pueden quedar porque Kuroo pone excusas absurdas que a otros se las podría colar pero no a él.

¿Se puede ser más tonto? No tienes ninguna boda de ninguna prima en Kyoto. Porque encima puedo ver las luces encendidas de tu casa desde mi cuarto.

Como la cosa prosperara, la familia de Kuroo iba a ser la más fructífera (entre matrimonios y nacimientos) o, según se mirara, la más desgraciada (entre funerales y enfermedades) de todo Japón.

Lo más gracioso de todo es que lo dice y se queda tan pancho, con esa sonrisa descarada de sabes-que-te-estoy-mintiendo pero sé que no me vas a tirar de la lengua. Porque eso es lo que hace Kenma, quedarse callado y asentir, y anotarse internamente un punto por haber predicho que ese fin de semana Kuroo estaría ocupado. No sabía si sería en Tokio o Sendai, pero era el estreno de la nueva de Jurassic World.

A Kenma no le importa ser cómplice o incluso a veces la tapadera ("si alguien te pregunta, dile que me quedo en tu casa a dormir") de ese extraño romance que había empezado a surgir en verano. A Tetsurou se le veía feliz e ilusionado sin, al parecer, reparar en que esa relación no iba a ser nada fácil: la distancia, la diferencia de edad que, aunque sólo eran dos años, pronto los situaría en mundos diferentes y con distintas exigencias, como lo eran un universitario y un alumno de instituto…

A Kenma no le importa ser partícipe silencioso de todo eso, y no es sólo porque puedan disfrutar de esos inicios en donde todo es ilusión y mariposas en el estómago, sino porque cuanto más tiempo pasen juntos, antes se darán cuenta de si tienen futuro o está destinado al fracaso.

Quizás suene cruel y, sin embargo, lo único que pretende conseguir con ello es que su mejor amigo no sufra.

Porque en el mismo momento en que todo eso salga a la luz, será él mismo quien advierta al bloqueador del Karasuno que con Kuroo Tetsurou no se juega y como le rompa el corazón se las tendrá que ver con él, Kozume Kenma.

Quizás dicho así de sopetón y sin contexto no intimide demasiado, pero puede poner la mano en el fuego en que como haga sufrir lo más mínimo a su capitán, es capaz de arrancarle la cabeza a mordiscos.

No sería la primera vez que tiene que recomponer los pedazos rotos de Kuroo y no quiere volver a tener que hacerlo, sobre todo porque hay algo diferente esta vez.

Esta vez no es como las demás, no romperá a su mejor amigo en trozos. Lo desintegrará.

Desde aquella primera concentración en verano, Kenma supo que algo había picado la curiosidad del moreno. Era la forma de hablar de él y a la vez evitar hacerlo. Esos comentarios que los comparaban diciendo que ambos eran iguales de apáticos y que, del mismo modo que a Kenma le gustaban los videojuegos, debía haber algo que al otro también le gustara… Sabía que había captado su atención.

Pero no se imaginó que pudiera pasar de ahí.

Hasta que llegó el campamento.

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A Kenma casi se le había olvidado la existencia de Tsukishima, pues en esas semanas Kuroo no había hablado apenas de él y creía que se le había pasado la curiosidad. Por otra parte, daba la casualidad de que él no estaba pasando tanto tiempo con Kuroo porque tenía que entrenar sobre todo con Lev, a quien aún le costaba adaptarse así que se lo encontró de golpe, como una bofetada en la cara que no se esperaba y que por eso dolía más.

Sabía que después de los entrenamientos se quedaban en el Gimnasio 3 practicando. La primera vez que los vio a los cuatro rio para sí mismo; Kuroo, Bokuto y Akaashi parecían tres buitres rodeando al pobre e inocente cervatillo de Tsukishima. ¿Por qué habían tomado al del Karasuno como pupilo si encima era de un equipo rival?

No necesitó mucho más para recordar lo que había olvidado al ver cómo Kuroo le pasaba el brazo por los hombros, bromeando despreocupado y siguiéndole las risas a Bokuto. Ese Kuroo que no entiende de espacio personal y que estaba haciendo que Tsukishima pusiera cara de estar pasando la vergüenza de su vida. Con rubor en las mejillas.

Kenma pasó de largo por la puerta del gimnasio, de nuevo centrándose en una partida que iba cuesta abajo y sin frenos.

Los días de concentración eran agotadores, no tenía nada que ver con los entrenamientos diarios en los que, debido a las clases y los horarios, disponían como mucho de una hora y media. Entre el calor y que perfectamente podían a llegar a jugar cinco o seis partidos, al final del día Kenma llegaba para el arrastre. En otras circunstancias hubiera caído muerto al instante, más aún después de cenar y darse la segunda o tercera ducha del día antes de acostarse y, sin embargo, por mucho que lo intentaba, con lo poco que le gustaba cansarse en exceso, era incapaz de conciliar el sueño.

Se pasaba dando vueltas en el futón en la sala en la que ocupaban como dormitorio improvisado los del Nekoma, sin dejar de mirar el que estaba vacío al lado del suyo, esperando a que Kuroo por fin llegara.

Los primeros días no tardó mucho más que el resto en regresar. Se había entretenido con Bokuto y Akaashi (curiosamente no mencionó a Tsukishima aunque Kenma sabía que también había estado con ellos antes), o eso había dicho, aunque el colocador del Nekoma no tenía motivos para pensar que no había estado con los del Fukurodani, eran buenos amigos y siempre aprovechaban momentos así para estar juntos.

Y poco a poco fue llegando cada vez más tarde.

El calor sofocante, un equipo entero de tíos durmiendo en una misma habitación, más de una docena de zapatillas de deporte que habían visto demasiadas horas de entrenamiento ese día… era motivo más que suficiente para dormir con las ventanas de par en par a pesar del riesgo que corrían de ser acribillados por los mosquitos.

Lev y Hinata habían estado con ellos también y el ruso debía estar ya en el quinto sueño a juzgar por los leves ronquidos que daba. De igual manera, hacía por lo menos dos horas que había escuchado la voz escandalosa de Bokuto y a Akaashi regañarle, más comedido, por levantar la voz a esas horas y argumentar que debían haberse ido hace rato porque el entrenador les había regañado por trasnochar y estar cansados por la mañana.

El reloj de Inuoka, de esos que se ven en la oscuridad con números fluorescentes, no ayudaba en absoluto a tranquilizarse y conciliar el sueño. A ese paso el entrenador Nekomata también le regañaría por parecer un zombi al día siguiente. Pero cada minuto que veía pasar en el reloj más fuerte se hacía el nudo en su pecho.

Son las 3:17 cuando oye la puerta de la sala de usos múltiples abrirse con cautela y, de la misma manera, a Kuroo dejar sus zapatillas y caminar de puntillas hasta su futón.

Kenma pierde la respiración un segundo cuando el nudo aprieta y cierra los ojos de golpe, justo antes de que su amigo se acueste a su lado y mirando hacia él. Decisión que el rubio maldice internamente, ¿por qué no se pone para el lado de Yaku?

Es entonces cuando le oye reír por lo bajo, una risa casi nerviosa y siente sus dedos en el hombro, tocándole con cuidado pero lo suficiente como para llamar su atención.

-Kenma… -susurra.

Y Kenma es consciente que debe parecer un niño de tres años cuando aprieta los ojos más de lo que ya los tiene, haciéndose el dormido.

-Sé que estás despierto, a mí no me engañas.

El nudo del pecho se hace más pequeño pero más fuerte. Es hermoso pero a la vez aterrador lo mucho que se conocen.

-Estoy dormido -contesta esbozando una sonrisa. La situación no lo amerita, es incómoda y agobiante, pero con ello pretende que su capitán no siga insistiendo. Quiere poder fingir que duerme mientras oye la respiración de Kuroo acompasándose a su lado, no en otro sitio ni con otra gente. Allí con él, mientras prefiere imaginar, por muy malo que sea, a ver la verdad-. ¿Cómo lo sabes?

-Esa no es la cara que pones cuando duermes.

El corazón casi se le para y el nudo del estómago se le sube a la garganta, siente el calor en las mejillas y entreabre los ojos para comprobar que todo está oscuro y Kuroo no puede verlo. Es ridículo estar sintiéndose así cuando han dormido tantas veces el uno al lado del otro, el uno sobre las piernas del otro, en la misma cama, en el mismo sofá que incluso Kuroo sabe distinguir cual es su cara de dormido y cual no, y por supuesto que él también es capaz de hacerlo.

Como en ese momento, en que el aleteo de sus pestañas, que sólo querían ver un poco, terminan abriéndose del todo. Tiene suerte de que la luz de la luna entre por la ventana y le coja a él de espaldas, así Tetsurou no puede ver cómo le arde la cara, pero a éste le da de lleno sacando a la luz cosas que preferiría haber mantenido en su imaginación.

Se conocen de toda la vida y haber reparado justo en ese momento en lo guapo que está, se habría sentido raro y fuera de lugar. Se han visto de muchas maneras y "guapo" nunca ha sido precisamente un adjetivo que se le hubiera venido a la cabeza para calificar a su amigo.

Pero tenerle ahí enfrente, mirándole con ese brillo en la mirada que no tiene nada que ver con el reflejo de la noche, y con esa sonrisa tonta de labios hinchados e irritados que probablemente hayan estado besando a otra persona hasta cinco minutos antes, es injusto y doloroso y por eso trata de borrarlo de su mente y darle la espalda.

-Kenma… -le llama, y no es solo un susurro con el que tantea si está dormido o no.

-¿Qué quieres? -le reprocha, bostezando, realmente tiene sueño pero duda ser capaz de dormir.

El moreno se le queda mirando, y si aún le quedaba alguna duda, hace eso con la lengua que le ha visto hacer otras veces, como si repasar sus propios labios le ayudaran a mantener vivo el recuerdo y volver a sentirlo todo, a pesar de que al día siguiente probablemente los tenga escocidos. Kenma cierra los ojos, apretados otra vez, esperando a que Kuroo se decida a contar algo o no, porque está claro que está dudando si hacerlo.

El rubio reza internamente en una plegaria Que no lo haga, que no lo haga, que no lo haga. Y si pudiera se taparía los oídos también, por si cerrar los ojos para no verle esa cara mientras lo cuenta no fuera suficiente.

Quizás no hayan sido muchos pero los segundos que pasan se le hacen eternos y extienden el silencio lo justo para dar a entender que ese tema no tiene cabida en esa conversación. Al menos por hoy.

-¿Por qué estabas despierto? -decide por fin, cualquier aventura que estuviera a punto de confesar, de nuevo guardada en el cajón de los secretos.

Gracias a Dios.

A lo que el rubio relaja los hombros imperceptiblemente y siente un poco la tensión en su espalda desvanecerse.

-Mosquitos. Ya sabes, es o la ventana abierta o morir de calor y de peste -no le va a dar el gusto de decirle que no podía dormir por su culpa.

-Las zapatillas de Lev…- comienzan a decir los dos a la vez, y no tienen más remedio que reírse porque están tan compenetrados que la mitad de las veces no necesitan hablar y la otra mitad se terminan las frases el uno al otro.

-No lo digas muy alto que las tuyas se las traen también -le increpa Kozume.

-Pero él tiene los pies más grandes que yo, hay más superficie de pestilencia.

Kenma pone los ojos en blanco. ¿Cómo han acabado hablando de esa chorrada? Y entonces lo vuelve a hacer, lo de la lengua y recuerda que está molesto, aunque no debería. Quizás fuera más productivo centrarse en eso, en el por qué debería darle igual en lugar de alimentar esos celos repentinos. No es como si fuera la primera vez que Kuroo besa a alguien de todas formas.

-Kuro…

-Qué.

El reloj de Inuoka se proyecta en el techo, como si ser visible para todos le diese alguna especie de autoridad para mandarlos a dormir o recordarles que deberían estar haciéndolo.

-Son las 3:32. A dormir.

Seguramente tú no puedas, ni yo tampoco, pero a partir de este momento está permitido fingir y si el otro no para de dar vueltas en el futón, podemos hacernos los dormidos como si no nos enteráramos.

Intenta cerrar los ojos pero vuelve a dejarlos entreabiertos, observando cómo el moreno hace lo mismo durante un rato, de cara hacia él, hasta que finalmente toma su famosa postura con una almohada a cada lado.

Es entonces cuando Kozume se da la vuelta porque ha tratado por todos los medios tragar y respirar despacio para deshacer el nudo de su garganta y no sabe si acabará consiguiéndolo o la presión terminará por salirle por los ojos en forma de lágrimas. Y no quiere que Kuroo lo vea, ni que siquiera lo sospeche porque ni él mismo sabe a qué viene todo eso de repente.

El maldito reloj de Inuoka le enseña cada una de las horas que quedan hasta las 7 de la mañana.

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Capítulo 2: Rutinas.

Ha pasado un mes desde que terminó el receso veraniego y de nuevo están inmersos en la rutina de las clases. Una rutina que se ve salpicada de vez en cuando de elementos que antes no estaban allí y alteran el curso normal de las cosas. Como el escalón que se tiene memorizado y de repente un día no está para hacerle perder pie, o tener que elegir entre tomar zumo o no desayunar porque no queda leche en casa.

Kenma no es una persona especialmente maniática pero se encuentra injustamente siendo la víctima de algo que él no ha pedido. Nunca ha tenido que preocuparse porque siempre ha tenido a Kuroo a su lado creando un espacio seguro a su alrededor y teme que esas cosas que Kuroo trata de disimular acaben por apartarle de él poco a poco.

Es entonces cuando siente que lo cogen de la cintura alzándolo del suelo. No necesita levantar la vista de la videoconsola, (hoy la Nintendo, porque salió el nuevo de Pokémon ese fin de semana), para saber que ha sido Kuroo, como siempre hace cuando se pierde en lo suyo hasta el punto de no ver el suelo que pisa, lo cual no es muy difícil.

Lo lleva sujeto contra su propia cintura como si fuera un saco con las piernas colgando y el colocador ve que el suelo está lleno de charcos de barro en ese tramo de la calle que está en obras. Es absurdo, ridículo, el modo en el que el corazón ha comenzado a latirle, como si fuera la primera vez. Infinidad de veces lo ha llevado a caballito, ¿qué hubiera pasado? ¿le habría dado un infarto?

Idiota.

Se reprende y se fuerza en no mirarle. No son más que unos metros hasta que llegan al final de la calle y lo vuelve a poner en el suelo.

-Gracias -murmura, sin demasiada intención en que le escuche.

Es más para sí mismo, porque Kuroo lo da todo por él y no tiene ningún derecho a sentirse abandonado ni celoso, no cuando sigue haciendo cosas como la que acaba de hacer.

El moreno se para en seco en mitad de la calle. Entre que no quita la vista de la Nintendo (su Torracat está a punto de evolucionar) y la inercia de la marcha cortada de golpe, Kenma se habría caído de boca de no ser porque su capitán lo agarra de la capucha de su chaqueta.

-¿Qué? -exige, fingiendo inocencia. Fingiendo que no sabe por qué Kuroo le está mirando con esa cara de "¿a qué ha venido eso?" y "¿qué coño te pasa, Kenma?"

-¿Desde cuando me das las gracias por eso? -y le mira entornando los ojos.

Es obvio que de no haberle cogido habría acabado metiendo el pie en el barro, teniendo que volver a casa y llegando tarde al entrenamiento.

-Alguna tenía que ser la primera.

-¿En diez años que llevamos conociéndonos?

-No le des más vueltas, no es nada.

-Sí es. Y mientras esté aquí seguiré haciéndolo.

Sabe que tiene la oportunidad de soltarlo y hacerlo pasar por otra cosa, aunque no por ello menos cierta.

-Llegará un momento en que no lo estés. Por eso te doy las gracias ahora que puedo.

No se trata solo de Tsukishima y el hueco que se está haciendo entre ellos, rascando un tiempo y espacio que antes ocupaba él. Se trata también de la universidad, que empezará en unos meses y que posiblemente les lleve a separarse. Quizás debería ver lo de Tsukishima como un avance, un entrenamiento para cuando Kuroo se aleje de él.

La universidad de Tokio es de las más prestigiosas, aunque cuenta con varias todas ellas exigen notas muy altas, y aún está por ver si Kuroo podrá quedarse en Tokio o tendrá que irse a otro sitio a estudiar.

Incluso en los estudios, a pesar de ir a cursos diferentes, se muestra el buen equipo que hacen. Kuroo es un genio. Saca buenas notas en lo que le gusta sin apenas esfuerzo. Su situación familiar le ha hecho más maduro y responsable de lo que son los chicos de su edad pero a veces también se deja llevar con facilidad confiado en sus capacidades.

Y en la universidad la asistencia no se controla de la misma manera que en el instituto y Kenma teme que a Kuroo le llame más cualquier partido de voleibol improvisado en un parque que asistir a clase ese día. No duda de que Kuroo tiene la labia y la caradura de conseguir los mejores apuntes si se lo propone.

No debería preocuparle qué camino tome mientras el final sea el mismo. Quizás le de miedo que se acostumbre a no tenerle al lado recordándole que tiene que hacer tal trabajo o tal examen. Que no le necesite nunca más.

Quizás le aterre no saber si él mismo será capaz de tener la suficiente voluntad de hacer las cosas sin tener a Kuroo como voz de la conciencia. Kenma es listo, no por nada es el cerebro y estratega del Nekoma, pero no saca a relucir todo su potencial por pura pereza. ¿Quién se instalará ahora en su cuarto velando por su salud y sus calificaciones cuando salga un juego nuevo? Si no fuera porque Kuroo le obligó a dormir ¿cuántas veces hubiera ido al colegio sin haberse acostado?, ¿cuántas veces no hubiese preferido sacar un simple aprobado y pasarse todo el fin de semana jugando?

Kenma sabe que, a pesar de que él no esté durante su primer año, Kuroo será capaz de sobrevivir y adaptarse. Y que su desempeño en el voleibol le brindará una beca con la que prácticamente podrá elegir a qué universidad ir. Sólo espera que no esté tan tonto ni tan ciego de no ver más allá de sus narices y elija irse a Sendai. Les esperan unos meses complicados entre competiciones, exámenes y amores a distancia. No es el mejor momento para decidir sobre su futuro con tantos factores en juego. Hubiera sido todo mucho más fácil si…

Si hubiera sido yo en lugar de Tsukishima.

No, no va a juzgarle. Se dice a sí mismo. No tiene ningún derecho a hacerlo, ni siquiera el propio Kuroo tiene la culpa de haberse enamorado hasta la médula.

Por eso esta vez es diferente a las demás y la caída será más dura si todo se va a la mierda.

A Kuroo le suena el móvil y se le ilumina la cara cuando ve la pantalla.

Al menos no le ha puesto un tono de llamada diferente, aunque ya llegará.

Falla la primera vez al desbloquearlo, impaciente. Está nervioso y Kenma sabe por qué.

Le hace un gesto al descolgar y se adelanta buscando algo de privacidad. Kozume no da ninguna muestra de estar dándose cuenta de todo y vuelve a meterse en su juego aún sabiendo que va a prestar sin querer más atención a su oído que a lo que tiene delante. Falta poco para llegar a la parada del autobús y allí podrá entretenerse con los chicos del Nekoma que lo cogen en el mismo sitio.

Es sábado por la tarde y tienen entrenamiento. La semana siguiente tienen el primer partido de las clasificatorias de la prefectura de Tokio. El Karasuno acaba de jugar la final de Miyagi contra el Shiratorizawa y, a juzgar por cómo está saltando y gritando Kuroo, parece que han ganado.

Habían intentado ir pero había sido imposible cuadrar los horarios de los trenes y contar con tres horas de viaje, sin saber con antelación cuando jugarían los cuervos. Así que se tenían que conformar con el entrenamiento, que falta les hacía.

Después de diez minutos al teléfono, y con despedidas en voz baja, Kuroo se une finalmente al grupo que se dispone a subir al autobús.

-El Karasuno ha ganado -informa a los de su equipo.

-¿Quién lo iba a decir?

-Y yo que me quería enfrentar al famoso ese del Shiratorizawa.

-Mírale el lado bueno, nos lo han quitado de en medio, mejor para nosotros. Ten cuenta que el Karasuno no nos ganó ni una vez en todo el campamento.

-Será pan comido si nos cruzamos con ellos.

-Anda que tú -uno de los chicos le reprocha directamente a Kuroo-, enseñarle personalmente al bloqueador ese y Bokuto a Hinata. ¿En qué cabeza cabe?

-Queremos una Batalla del basurero ¿no? Pues si no ganan no hay, es así de sencillo -se defiende el capitán del Nekoma.

En cuanto lo ha escuchado Kenma se mete en Facebook, Twitter e Instagram. En el Facebook del Karasuno están compartiendo fotos y videos, uno de ellos de Akiteru con Tsukishima, con cara de vergüenza y el video del último punto del partido. Brutal.

-Mira lo que dicen aquí, que Tsukishima ha sido la estrella del partido -apunta Yaku, señalando uno de los comentarios y asomado por encima del asiento de Kenma, la mayoría del equipo congregados a su alrededor para enterarse de cómo había ido todo.

Kuroo le coge el móvil un momento para verlo más de cerca y en el trozo de brazo que se le ve al subírsele la manga de la chaqueta, Kenma puede ver que tiene la piel de gallina.

-Está bien, ahora nos toca a nosotros estar a la altura -trata de disimular devolviéndole el aparato.

Están sentados en el autobús y Kenma sigue mirando las fotos y los videos cuando al fin le llega un mensaje de Hinata contándole que han ganado.

Cómo se notan las prioridades, piensa, porque está claro que Tsukishima ha llamado a Kuroo nada más salir de la cancha.

-¿Mañana hacemos algo? -pregunta Kenma, incluyéndolos a ambos porque los domingos siempre han sido los días que pasan juntos haciendo otras cosas-. Podías venirte y jugamos al Naruto Ninja Storm.

-Soy horrible jugando al Naruto -contesta mirando por la ventana.

El Karasuno ha ganado. Tsukishima ha ganado y todos alaban su aportación al partido, debería estar más contento, ¿no?

-Porque te coges los más malos. Que te guste Gaara como personaje vale, pero en el juego es un manta -le recrimina Kenma.

No va a negar lo innegable, Kuroo es pésimo jugando al Naruto, quizás sea mejor proponer otro juego que se le de mejor. Pero ninguno de los dos habla. El ambiente está raro, tenso, y no entiende por qué.

Silencio.

-Mañana… -comienza Tetsurou.

Carraspea y desvía la mirada por la ventana de nuevo. Está escribiendo en el móvil.

-Me he acordado que tengo que hacer un trabajo para el lunes.

Miente pero Kenma no insiste. Es tan fácil como darse la vuelta y preguntar a Nobuyuki o Yaku, los otros de tercero, si eso es cierto.

No le cuesta mucho ver el logo de la compañía de trenes en la pantalla del móvil de Kuroo, la página online que vende los billetes para el domingo entre Tokio y Sendai.

Le escucha chasquear la lengua y protestar por lo bajo algo como, "joder, qué clavazo" para luego decir en voz alta:

-¿Sabes qué, Kenma? Que en cuanto cumpla los dieciocho me voy a sacar el carnet de conducir.

Tal vez Kuroo no es consciente de que para eso sólo quedan dos semanas y Kenma está tentado a preguntarle si su padre sabe de su decisión o acaba de tomarla sobre la marcha al ver lo caros que son los billetes a Sendai.

Porque lo de usar un coche para desplazarse por Tokio es lo más improductivo del mundo así que está claro para qué quiere saber conducir.

Luego dirá que es para hacer excursiones al campo, aunque Kenma sabe que al final ni una cosa ni la otra: Kuroo acabará de taxista de Bokuto y yendo a los sitios más inesperados, porque es así de blandengue y no sabe decir que no y también le va ese rollo.

-Me temo que también me voy a tener que buscar un trabajo por las tardes o los fines de semana. Qué ruina.

El rubio suspira. Demasiadas cosas para tener la prueba de la universidad a la vuelta de la esquina. No por nada los alumnos de tercero suelen dejar el equipo antes del último trimestre, para dedicarse enteramente a los estudios.

Pero ahí le tiene, comprando unos billetes a escondidas para irse al día siguiente a Sendai y celebrar que Tsukishima estará en Las Nacionales. Sin decirle nada.

Le duele porque es la primera vez y sólo le queda esperar que el resto que vendrán duelan menos, aunque lo duda.

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Capítulo 3: I bet you look good on the dancefloor.

Da la casualidad de que tienen doble motivo para celebrar. Están reventados después de jugar dos partidos ese día, con el Fukurodani y el Nohebi, pero también es el cumpleaños de Kuroo. Pese a haber perdido contra los búhos, irán a Las Nacionales, aunque les quede toda una noche (y semanas seguramente también), de Bokuto burlándose de ellos.

Todo fuera eso, la verdad.

Porque si había una sorpresa que nadie se esperaba, esa había sido que el Karasuno casi al completo había estado allí a ver los partidos pues quien ganara podría cruzarse en los próximos emparejamientos. Viaje técnico, de interés deportivo, lo habían llamado y podría pasar como tal de no saber Kenma lo que se cocía entre Kuroo y Tsukishima.

Algunos se habían ido en el último tren y otros se habían terminado quedando, improvisándoles alojamiento. A lo que Kenma se había comprometido a llevarse a Hinata y Kageyama con él.

Están en casa de Bokuto, su padre había tenido que viajar a Europa por trabajo y su madre le había acompañado porque no se daba esa oportunidad todos los días. Akaashi llevaba viviendo prácticamente allí desde que pusieron un pie fuera del edificio para asegurarse de que Bokuto no se alimentara únicamente de ramen instantáneo.

Kenma había ido el día anterior cargando con todas sus videoconsolas para tenerlas preparadas para la fiesta.

El resultado lo tiene delante.

Y, por una vez, es más interesante que lo que le ofrece la pantalla de la videoconsola portátil de turno. No puede evitar reírse, Kuroo y Bokuto son los únicos que se mantienen fijos, el resto van cambiando cuando empieza una nueva canción, dándolo todo en el Just Dance. Kenma sabía que era una apuesta segura.

Justo en ese momento están con ellos Hinata y Kageyama. Sí, Kageyama, el que parecía tener un palo metido en el culo, había sido arrastrado por el torbellino pelirrojo y ahora se empujaban e increpaban delante de todos porque según el moreno, Hinata le había pisado a propósito para quedar mal.

-Tranquilos chicos, luego la ponemos otra vez, no hay que pelear -trata de conciliar sin éxito Yamaguchi, encargado en ese momento de elegir las canciones del Just Dance con el mando.

Hinata y Kageyama hacen oídos sordos y se van con la pelea a otra parte, mientras que ocupando su lugar se unen Tanaka y Taketora.

Tsukishima se sienta en el sofá, donde Lev acaba de pasar ofreciendo un bol gigante de palomitas de las que Kenma coge un puñado y quiere metérselas en la boca todas a la vez para no tener que sacarle conversación.

Ve que el bloqueador del Karasuno también se ríe por lo bajo ante tal panorama.

-Tiene gracia, unos tíos tan grandes haciendo un ridículo tan estrepitoso -dice Tsukki.

Tiene razón, todos ellos se acercan o pasan del metro ochenta y como se descuiden y no midan el espacio, en una vuelta han llegado al otro lado de salón.

-¿No faltas tú ahí? -le dice Kenma. Aunque al principio no quiere mirarle, decide que ahora que están hablando es el mejor momento para observarle con motivo.

No está seguro pero diría que Tsukishima es aún más alto que Kuroo, o quizás sea una ilusión óptica por ser tan alto y delgado. Se le nota aún que no es más que un niño, con ese aire desgarbado del que todavía no se ha acostumbrado a su nuevo cuerpo de hombre. Si le mira a conciencia puede verle la piel blanca y suave, tan sólo irritada un poco en el labio superior y la barbilla, los únicos sitios por donde debe haberle salido vello en la cara. De todas formas, a juzgar por su pelo, corto y ondulado de un tono rubio casi blanco, no debe notársele mucho.

-¿Yo? Antes muerto -suelta a la par de una risa sarcástica que hace juego con la expresión de sus cejas.

Tiene los ojos entre un color miel y dorado muy parecidos a los suyos y las gafas de pasta negra le favorecen.

Los dos años que le lleva Kuroo se notan. No tiene más que observarle mientras baila haciendo el tonto pero anotando puntos sin parar pues Bokuto se lo toma en serio y no para de picarle con que ni a esas le va a ganar. Y Kuroo, como siempre, cae en la trampa y le sigue el juego.

Obviamente nadie tendrá jamás una espalda y unos pectorales como los de Bokuto, porque son de otro mundo, pero Tetsurou no se queda mucho más atrás. Los hombros anchos y fuertes, los abdominales que asoman cada vez que levanta los brazos al son de la coreografía de BlackPink. Esas piernas fibradas y kilométricas.

Mierda, se acaba de dar la vuelta.

Ese culo…

Ese pelo negro, que es un maldito caos pero que dan ganas de enredar los dedos en él y no soltarlo jamás.

No. No puede estar pensando eso con Tsukishima sentado justo al lado. Porque una de dos, o él también está babeando por ver a Kuroo, o está dándose cuenta de que le está mirando el culo a su novio.

Kenma tose, incómodo, saliendo del trance sin querer mirar a su derecha. Oye que el otro hace lo mismo. Al parecer la anatomía de Tetsurou Kuroo es suficiente para dejar a ambos fuera de juego, y lo agradece porque si no, no sabría cómo explicar lo que acaba de pasar.

-Míralo, parece un pato mareado -comenta Tsukki ocultando la risa con la mano, aún así el rubor de sus mejillas resalta en su piel blanca.

Kenma no quiere ni imaginar cómo debe estar él así que no le responde y sigue mirando el baile.

Por suerte, en ese mismo momento llega Akaashi, que les ofrece un vaso de bebida a cada uno y se sienta al otro lado de Kenma.

-¿A cual de ellos te refieres? -pregunta el colocador del Fukurodani a colación de las palabras de Tsukishima.

Éste vuelve a reírse como diciendo "No sé cual de los dos es peor" pero sabiendo que no es buena idea meterse con Bokuto delante de Akaashi. La cara del moreno parece indicar que, esta vez, está de acuerdo con que ninguno de los dos se va a ganar la vida como bailarín. Es la misma cara que pone cuando Koutarou le produce vergüenza ajena, lo cual suele suceder el ochenta por ciento del tiempo y el cien por cien de las veces que se junta con Kuroo.

Kenma discrepa, ¡que nadie ose meterse con Kuroo!, así que masculla en voz baja.

-Da igual cómo lo hagan, lo que cuentan son los puntos, y dudo mucho que vosotros consiguierais más.

Como queriendo no dar pie a que le sacaran conversación después de eso, Kozume se ocupa en beber del vaso que le ha dejado Akaashi delante. Lleva alcohol, está malo y asquerosamente dulce. A pesar de que ninguno tiene veinte años para beber legalmente no le hace falta pensar mucho para saber de dónde lo han conseguido. No es para la primera cosa para la que se aprovechan de ser mucho más altos que la media japonesa y de poder aparentar ser universitarios si se lo proponen.

Tanaka y Yamamoto terminan y son ahora Fukunaga y Morisuke quienes ocupan las posiciones al lado de los capitanes del Nekoma y Fukurodani. Tanaka retoma su lugar al lado de Nishinoya, quien no duda en tratar de ligar con la hermana de Lev, la única chica en la fiesta, ya que bajo ningún concepto Taketora dejaría a Akane ir a una fiesta llena de tíos. Por lo visto, al líbero del Karasuno no le intimida que la chica le saque como cinco cabezas además de varios años.

De pronto, no sabe quién les habrá dado la bebida pero por delante se cruzan Hinata y Kageyama, que siguen discutiendo con un vaso cada uno en la mano. No está seguro de a qué temerle más, si a la idea de un Hinata bebido o al alcohol derramado por el suelo o aún peor, en los muebles o las cortinas. Decide que el estado en que quede la casa es cosa de Bokuto así que mejor se preocupa de no tener que llevarse de vuelta a su casa a los del Karasuno borrachos y tener que dar explicaciones a su madre de vomiteras y borracheras ajenas.

-¿No se supone que eres tú aquí el responsable del grupo? -le recrimina a Akaashi quien, en primer lugar, fue el que le ofreció la bebida tanto a él como a Tsukishima-. No es buena idea alimentar a las bestias que luego me las tengo que llevar yo a mi casa.

-No he sido yo. Ya bastante tengo con mantener alejado a Bokuto del alcohol.

-Sabes que no tienes nada que hacer ¿verdad? –le dice Kenma con una sonrisilla de suficiencia. Es cuestión de tiempo que alguien le ponga un vaso o una lata por delante que sea imposible de rechazar.

Aunque entiende el interés de Akaashi por que esto no suceda. La última vez acabó con Bokuto en calzoncillos subido en la barandilla de la terraza y dispuesto a saltar por alguna apuesta absurda que había hecho con Kuroo, de la que éste ya ni se acordaba, y en lugar de ayudar se reía con su risa de hiena como si fuera lo más gracioso del mundo.

Kenma entendía por qué Keiji Akaashi quería evitar eso por todos los medios. El colocador del Fukurodani le respondió con una sonrisa similar, no tomando en cuenta la poca confianza que el rubio parecía tener en él.

-Tienes razón, no lo podré evitar pero conozco a Bokuto y sé cómo alargarlo lo máximo posible. ¿Por qué crees que le estoy dejando bailar? Haciendo el tonto y sin camiseta… -esto último apenas un hilo de voz, pues la mirada del moreno se pierde en los movimientos de su capitán.

Es el pan de cada día. A veces se sienten como esas madres que comparten un café mientras sus hijos desfogan en un parque de bolas. Kozume entiende lo que hay tras la mirada de Keiji y se pregunta si él mismo se verá igual cada vez que el pantalón de Kuroo le baila en la cadera y le ve los músculos marcados que descienden desde ésta perdiéndose bajo la tela en dirección a la ingle, y como si fuera poco, una línea de vello moreno que le nace en el ombligo le obliga fijar la vista donde no quiere.

Joder, que tiene a Tsukishima al lado y debería ser más cauto, aunque no cree que se de cuenta pues tampoco quita la vista de Tetsurou, ambos lanzándose miradas y risas poco disimuladas a las que, obviamente, nadie presta atención salvo él.

El capitán del Nekoma se humedece los labios con la lengua, despacio y a propósito sin dejar de mirar a Tsukishima. Éste se remueve incómodo, se coloca bien las gafas innecesariamente y trata de ahogar la respiración alterada bebiendo del vaso.

Kenma decide hacer lo mismo para no dar explicaciones y mira de reojo a Akaashi, que no quita ojo de Bokuto sin camiseta, deja descansar la espalda en el sofá y cruza las piernas, apretándolas. Kenma se termina el vaso de una sentada, esperando que las mejillas le dejen de arder, consciente de lo patético que es que los tres sentados en el sofá se estén poniendo calientes solo de ver a dos tíos bailando el Just Dance.

En más de una ocasión se ha echado en cara a sí mismo el no haberse fijado en Akaashi en lugar de en Kuroo. Si ha de ser sincero, el del Fukurodani podría ser el novio perfecto, y no sólo porque sin lugar a dudas sea el más guapo de todos los que están en la fiesta. Es atento, listo, sosegado. Es curiosamente todo lo que complementa a Bokuto, tanto fuera como dentro de la cancha. Nunca ha preguntado a Kuroo ni tampoco ha querido indagar, así que no sabe exactamente qué hay entre los dos, si son pareja pero no lo muestran en público o si aún están en una etapa en la que se quieren platónicamente. Lo que está claro es que la mirada de Akaashi no engaña y si Kenma no se ha fijado en Keiji de esa forma es porque no está destinado para él.

Le gustaría decir que Kuroo y él están hechos el uno para el otro de la misma manera en que Akaashi y Bokuto lo están, pero sabe que no es cierto. No puede afirmar eso cuando tiene a Tsukishima sentado justo a su lado llevándose toda la atención de Kuroo, porque duele darse cuenta de que esas sonrisas provocadoras, esos gestos traviesos, esas miradas intensas no se dirigen hacia él por sólo unos centímetros de distancia; los que separan a Tsukki de Kenma. El moreno sólo tendría que mover la cabeza un poco para posar todo eso en él y hacerle feliz y no hacerle sentir como si esa mínima distancia se convirtiera en un abismo que los separa.

Por lo visto han dado por terminada la partida, quedando Bokuto como ganador, el "Hey, hey hey" sonando por todo el salón al ver el recuento de puntos. Lo que le faltaba a Kuroo era no sólo aguantar que les habían ganado el partido sino también en el juego.

Akaashi se levanta como un resorte y acude a su lado, interceptando cualquier lata de cerveza que pudiera aparecer en las inmediaciones, como un satélite girando alrededor de su estrella.

-¿Tú no juegas? -le pregunta Tsukishima-. Creía que te gustaban los videojuegos.

Quiere pensar que le dice eso porque Kuroo le ha hablado de él, pero lo borra de su mente en seguida. Duda que el poco tiempo que tienen juntos Kuroo se dedique a eso. Además, no hay que ser muy observador para darse cuenda de que siempre está jugando a algo, cuando no es una de las consolas portátiles es el móvil. Y el del Karasuno es bastante observador.

Tienen al parecer bastantes cosas en común, aparte de gustarles Kuroo, que es sin duda la más problemática. Y le fastidia que así sea porque en otras circunstancias podrían haberse llevado bien e incluso haber sido amigos. Tsukki es perspicaz y ácido. Shouyou le ha contado que la mayoría de las veces es antipático y bastante capullo y ha podido comprobarlo en lo poco que han coincidido, aunque con él siempre haya sido correcto. Pese a su aspecto no es para nada el cervatillo inocente que le dio esa impresión durante el campamento, es mordaz y sabe defenderse.

Y sabe que a Kuroo le gusta eso. Los retos. Que le den réplica. Que no sea fácil. Arriesgarse.

Como también sabe que Tsukishima lo tiene calado y es capaz de manejarlo porque en el fondo Kuroo es un tonto. Dócil, empalagoso y buena persona. Lo más preciado que alguien pudiera encontrar jamás.

Quiere girarse, tomarse otro vaso de alcohol del tirón para poder echarle la culpa y gritarle a Tsukishima que no tiene ni idea de lo que tiene, de lo afortunado que es, de que le gustaría saber qué tiene de especial para merecer el corazón de Kuroo. Si no fuera porque aún no es asunto suyo, mientras todavía lo mantengan en secreto no está en disposición de reprocharle nada.

Se repite que deben llevarse bien, aunque eso de las relaciones sociales no sea lo suyo, porque de la misma manera en que ve con claridad que Akaashi está hecho para Bokuto, es consciente de que Tsukishima es el tipo de pareja que le viene bien a su amigo. Alguien listo y tranquilo, que sepa cómo llevarlo. No alguien como Bokuto, un torbellino que sólo haría añadir más leña al fuego. Y el estómago se le encoge al darse cuenta de que todas esas cualidades no las personifica sólo el del Karasuno, sino también él…

La sensación se le hace aún más incómoda cuando cae en la cuenta de que, salvando las distancias, ambos son rubios y tienen una tonalidad de ojos muy parecida y poco usual. Es inevitable reparar en que, tal vez, ese sea el tipo de físico que le gusta a Kuroo. Se siente como un imbécil al admitir que se seguiría tiñendo el pelo eternamente tan solo por eso si fuera cierto.

Y… ¿qué le había preguntado Tsukishima? Ah, sí, si él no bailaba y si le gustan los videojuegos.

-No, lo máximo que he bailado son los bailes del Fortnite -admite. Incluso lo de saberse los bailes del Fortnite es algo inverosímil.

Pero a veces había que hacer ciertos sacrificios para congeniar con el grupo. Y una vez terminado el Just Dance era una especie de comodín que siempre acertaba en cualquier ocasión.

Como en ese momento, en el que Hinata, Nishinoya y Tanaka rivalizaban por ver quien hacía más rápido el Swish Swish o Backpack kid o como se llamara, a lo que Kageyama miraba con el ceño fruncido sosteniendo los vasos de todos como si fuera un mueble más, y Akaashi agarraba a Bokuto del pantalón (porque seguía sin camiseta) evitando que se sumara también y volviera a ganar a otra cosa.

Porque la verdad es que hacía calor para estar en noviembre, aunque era lógico, tanta gente encerrada en un mismo sitio era normal que diera esa sensación térmica.

Y maldita sea que Kuroo coge el borde de su camiseta para limpiarse el sudor de la cara dejando todo su abdomen a la vista. Se reprocharía el estar sintiéndose como un adolescente con las hormonas revolucionadas, pero es justo lo que es, así que quiere justificarse con eso por estar sintiendo cosquillas en la barriga y calor en todo su cuerpo. Como si no lo hubiera visto antes…

-Pues mira, ahora tienes tu oportunidad -le azuza el del Karasuno.

-Va a ser que no, no quiero dejarlos en ridículo -se defiende Kenma a modo de excusa.

No quiere pensar que ahora que Kuroo ha terminado el juego, Tsukishima quiere quitárselo de en medio. Va listo si es así.

Ve que Kuroo se acerca con un vaso que alguien le acaba de poner por delante y tal como le da el primer sorbo, lo escupe saliendo en todas direcciones y se limpia con el dorso de la mano.

-¿Qué mierda lleva esto? -pregunta a Akaashi, que pasa justo en ese momento detrás de Bokuto, quien ha conseguido un cerveza.

-No tengo ni idea, pregúntales a ellos -responde, señalando a Lev e Inuoka.

Los del Nekoma parecen ser los encargados de tan nefastos cócteles, que ahora que los observa, a Kenma le recuerdan a los niños que se dedican a mezclar todo tipo de cosas asquerosas en las comidas familiares y siente repentinas ganas de vomitar. Aunque a Hinata parecen gustarle, pues les grita eufóricamente "¡Qué bueno! Esto está woaaaaw" pidiendo que le rellenen el vaso, justo a su espalda está Kageyama, con el ceño aún más fruncido y haciéndoles gestos para que ni se les ocurra hacer caso al pelirrojo.

-Anda, dame una de esas.

Kuroo abandona el vaso en el primer hueco libre sobre el primer mueble que pilla a mano y coge al vuelo una de las varias latas de cerveza que Akaashi ha conseguido confiscar antes de que Bokuto se haga con su botín y ahora tenga a su alrededor a un corrillo de gente oyendo una historia con base real pero exagerada y adornada hasta el punto de ser épica.

Como es de esperar, Akaashi se la coloca perfectamente. La lata creando una parábola de libro y el colocador con cara de "de perdidos al río", se encoge de hombros, se abre una también para sí mismo y se une al corro de admiradores de Bokuto.

Da la sensación de que el salón está más vacío, con la gente reunida por grupos en lugar de estar yendo de acá para allá. Alguien pone música, aunque no se escucha demasiado debido al murmullo y a la voz de Bokuto que destaca por encima de todo y Kenma mira con extrañeza a Hinata, y a Kageyama tras él como su sombra, desaparecer por el pasillo y quiere pensar que quizás vayan al baño.

-Te gusta la música, ¿no? Y también los dinosaurios -comenta Kenma, sabiendo que el tema de conversación es de lo más patético pero el otro le ha hablado antes y no quiere quedar como un seco y un estúpido.

Si a él no es difícil encontrarle con una videoconsola en la mano, se podría decir lo mismo de Tsukishima con los auriculares.

-¿Lo de los dinosaurios te lo ha dicho Kuroo? -pregunta con las cejas encogidas, entre avergonzado y molesto.

-No -responde Kozume secamente, mintiendo-. Me he dado cuenta porque tienes muchas cosas de dinosaurios.

Tetsurou no suele hablar mucho del "cuervo" rubio, tal vez por temor a que se descubra lo que hay, sin saber que precisamente ese mutismo es el que lo hace aún más sospechoso. Sin embargo, el detalle de los dinosaurios es de las pocas cosas que se le han escapado y que dejan en evidencia que no se conocen de forma superficial. Que hay algo más, algo cercano e íntimo.

-No es para tanto. Me gustaban mucho de pequeño, es cierto. Supongo que no se le deja de tener apego a las cosas de la infancia -contesta, dedicándole una mirada escrutadora. Tal vez recuerde por qué a Kenma le llaman el cerebro del Nekoma y es tan bueno analizando al contrario.

Kuroo se acerca a ellos bebiendo de la lata y esa vez sí que le mira. Los mira a ambos y en su rostro se pinta una sonrisa orgullosa que Kenma es capaz de traducir en cuanto se planta frente a ellos y les dice:

-¿Lo estáis pasando bien? -y sin dejar tiempo a contestar, lo da por hecho-. Así me gusta.

Lo que viene a significar "me alegra que no os estéis matando vivos".

-Hay que comprar hielo, ¿vamos? -propone Kuroo.

Y Kenma está tan acostumbrado a ser él quien le acompaña siempre que su cuerpo se mueve solo, como por inercia hacia su lugar, que es al lado de Kuroo.

Quiere morirse, quiere que nadie se haya dado cuenta y vuelve a sentarse pesadamente en el sofá, blanco y sudando, después de ver cómo Kuroo le tiende la mano a Tsukishima para que le acompañe. Lo coge de la muñeca y con el pulgar traza recorridos en la palma de su mano.

Kozume les ve alejarse hasta la entrada, donde se ponen el abrigo y salen. No ha querido fijarse pero cree estar seguro de que no es el primer momento de la noche en que desaparecen juntos, aunque desde luego esa está siendo la más descarada.

Se levanta del sofá sintiéndose mareado, notando el sudor frío resbalar por la frente y la nuca, y coge el vaso que Kuroo ha dejado momentos atrás entero sobre una repisa. Lo vacía de un trago y es verdad que necesita hielo aunque esté malo como la muerte. Pero cualquier cosa es mejor que imaginar cómo se besan en el descansillo, tropezando y enredándose las piernas hasta entrar en el ascensor, y continúan haciéndolo contra el espejo con más lengua, con más manos, durante los quince pisos que les quedan por bajar hasta la calle.

Oye cómo los chicos del Nekoma le llaman para que se una a ellos, pero apenas es capaz de oír un zumbido constante. Empieza a sentirse verdaderamente mal y decide que lo mejor es volver a sentarse y tratar de calmarse antes de dar un espectáculo vomitando en medio del salón. No sabe cómo pero en el trayecto que le separa del sofá una lata de cerveza ha aparecido en su mano. Y quizás no sea mala idea porque es consciente de que todo eso que le está pasando no es por culpa de que esté borracho, porque no lo está, sino por la ansiedad que le oprime el pecho y no le deja respirar. Tal vez todo fuera más fácil si tan sólo pudiera culpar al alcohol de lo que le pasa.

Se sienta de nuevo en el sofá y saca la Nintendo. Es ridículo y lo sabe, estar en una fiesta rodeado de gente a la que conoce, por lo que no hay lugar a sentirse incómodo, y en vez de disfrutar como cualquier chico de su edad, aislarse jugando a un maldito videojuego.

A lo mejor no es ni muy buena idea, pues no es capaz de fijar bien la vista y los gráficos se ve un poco borrosos, provocándole aún más sensación de mareo. Chasquea la lengua y maldice cuando la partida no dura ni un minuto pero la cerveza fría le ayuda a bajar el nudo que le cierra la garganta.

-¿Te encuentras bien? -dicen a su lado.

Ha notado el sofá hundirse al sentarse alguien pero no es hasta que distingue la voz de Yamaguchi que se gira para mirarle.

No, no se encuentra bien, ¿qué clase de pregunta es esa cuando es evidente que tiene la frente cubierta en sudor con el pelo pegado a la piel y es incapaz de decidir si su cuerpo siente calor o frío o está parado o en una montaña rusa?

-Estoy bien.

Se le queda mirando un instante y entonces lo entiende. El del Karasuno juguetea con los dedos dándole vueltas al vaso, mirando a un punto indefinido del suelo.

-¿Y tú? -le pregunta Kenma, y no está seguro de si Tadashi captará toda la segunda intención que llevan sus palabras.

Parece que sí, porque alza la vista con una sonrisa amigable pero nerviosa. Ojos tristes y dedos que aprietan el vaso de plástico sin darse cuenta.

-Yo también.

Kenma no conoce mucho a Tadashi Yamaguchi, han hablado alguna que otra vez cuando el Nekoma y el Karasuno han coincidido y puede decir que es un buen chico. Y es también el mejor amigo de la infancia de Tsukishima, al igual que él lo es de Kuroo.

Y en ese momento ambos se encuentran en la misma situación. No va a poner en duda que verdaderamente le había preguntado cómo estaba sin doble sentido y, sin embargo, se había sentido como si conectaran, comprendiéndose el uno al otro sin necesidad de decir nada.

Ambos se sienten solos, abandonados y traicionados por alguien que siempre estuvo ahí, haciendo el vacío aún más grande y doloroso. Y así empiezan a hablar, sobre todo Yamaguchi, que lo hace deprisa y nervioso, como si no quisiera dar opción a que el tema de Tsukishima salga por ninguna de las dos partes.

Kozume no va a preguntar, se limita a escuchar cómo todas esas palabras le salen del pecho a borbotones, mezcladas con risas y a veces con labios mordidos que aguantan lágrimas, aunque el tema del que están hablando no tenga nada que ver. A veces le contesta y le hace ver que está ahí, escuchándole, que aunque estén rodeados de gente, les falta lo más importante y en ese momento son solo ellos dos.

No va a preguntar, ni siquiera quiere saber, si Yamaguchi y Tsukishima habrán sido pareja en algún momento, si habrá pasado algo entre ellos o hasta qué punto es consciente de la relación que mantienen sus dos mejores amigos. Si le habrá contado algo o si, como él, se ha enterado de todo a base de atar cabos y una buena dosis de observación.

No sabe si han tardado mucho o poco pero la cuestión es que vuelven de comprar el hielo. Tadashi sigue hablando y lo hace más atropelladamente cuando ve que Tsukishima se dirige hacia donde están, quitándose el abrigo y la bufanda para dejarlos en el sofá. Cuando se inclina entre ambos para hacerlo, el chupetón entre la oreja y la mandíbula resalta sobre la piel blanca, llamándoles, captando su atención aún sin quererlo como una señal de neón.

El rubio del Karasuno les saluda al ver que están juntos y hablando tranquilamente.

-¿Qué mierda de música es esta? -pregunta, arrugando la nariz como si de verdad fuera desagradable-. ¿Quién la está poniendo?

-Pues parece que es en aquella tablet y cualquiera puede poner lo que quiera. Antes estaba Yaku y luego Kageyama, pero ahora no sé donde está -explica Yamaguchi.

-Tenía que ser Kageyama… Esperaba que el "rey" tuviera mejor gusto -murmura poniendo los ojos en blanco.

De este modo, el bloqueador retoma su lugar usurpado junto a Kuroo dispuesto a tomar cartas en el asunto. Es inevitable que ambos les sigan con la mirada hasta que Tsukishima le dice algo al moreno al oído y los del sofá empiezan a sentir que se están entrometiendo en algo que no les incumbe pese a estar delante de todos y no ser nada más que un acercamiento inocente. Así que se vuelven a mirar, intercambiando en silencio que ese chupetón, que no es más que la punta visible del iceberg, les ha sentado como una patada en los huevos. Tadashi continúa la conversación con un nuevo vaso en la mano y Kenma hace lo mismo abriendo otra lata tal cual acaba de dejar la vacía en el suelo.

Empieza a sonar, con el volumen mucho más alto, "I bet you look good in the dance floor" de Arctic Monkeys, y se comen con los ojos cuando Tsukishima le dice el título en perfecto inglés, porque Kuroo es de los que aprueban inglés por los pelos y no entiende nada, hasta que el rubio se lo traduce y a ambos se les suben los colores.

Kenma tampoco entiende nada, si no llega a ser porque Yamaguchi se lo dice al explicarle que Tsukishima es un fanático del rock británico por culpa de su hermano mayor y que incluso tiene una guitarra eléctrica en casa con la bandera del Reino Unido.

El cambio en la música parece que surte efecto pues en seguida tienen a Nishinoya y Tanaka saltando como si estuvieren en un concierto junto al grupo del Nekoma, al que en breve se le une Bokuto, chocando con todos ellos después de que la música estuviera demasiado fuerte para seguir contando historias.

De pronto aparece por ahí Lev, sosteniendo en alto una muñeca hinchable, lo que hace imposible que ninguno pueda alcanzarla porque llega casi hasta el techo, gritando: "¡Es la hora del vodka! Directamente de la estepa rusa."

-Más bien directamente de la tienda de la esquina, querrás decir -se burla Yaku.

-¿Y qué más da? Tenemos vodka que es lo importante. ¿Y si tiramos la muñeca hinchable por el balcón a ver qué pasa? -propone Lev.

Con gran mortificación aparece su hermana Alisa. Desde luego que estaría pensando que en qué maldita hora se le ocurrió ir a la fiesta. Pero justo delante tiene el motivo: sólo a Lev se le puede ocurrir tirar una muñeca hinchable por la ventana y su deber como hermana mayor es impedirlo.

-¡Olvida eso ahora mismo! ¿O es que quieres que venga la policía? Ya bastante estamos tentando a la suerte con la música a todo volumen y el ruido. Ninguno aquí tenemos edad para beber o comprar alcohol, ¿y es que acaso no has pensado que tirar "eso" por la ventana podría causar un accidente? ¡Imagina que piensan que es una persona de verdad! -trata de hacerle entrar en razón Alisa.

Y aunque por un momento Lev parece comprenderlo, lo único que obtiene es una carcajada.

-¿Quién va a creer que esto es una persona de verdad? Es lo más cutre que existe, además de que saldría volando como un globo.

Y ante esa imagen, Alisa no tiene más remedio que reírse y darle la razón.

-Nada de tirarla por la ventana, ¿vale?

-Vaaaaale -acepta a regañadientes el chico.

Kenma y Yamaguchi siguen anonadados ante el show que se les ocurre a continuación, que se trata de rellenar los agujeros de la muñeca de vodka (a palo seco, sin refresco ni nada) y beber directamente de ella. Lo que les parece muy gracioso por lo visto, a juzgar por las risotadas y la cantidad de fotos y videos que se están haciendo.

-Sabéis que esto va ahora mismo al Facebook ¿no? -amenaza Yamamoto con el móvil en la mano mientras Fukunaga, sí Fukunaga, bebe el vodka de la boca y Kai del agujero entre las piernas.

No parece importarles demasiado porque van pasando una y otra vez por parejas hasta que la botella va por la mitad, mientras Tsukishima se escaquea poniendo música y Bokuto persigue a Akaashi, que anda con los brazos cruzados y cara de mosqueo.

-Venga ya, es una broma, no seas soso.

-No pienso poner la boca en una vagina de plástico llena de las babas de quince tíos. Y tú tampoco deberías, sabes que te puede salir un herpes labial.

-Jooo, Akaashi, porfa, porfa.

-Júntate con Kuroo-san, yo me niego -sentencia sentándose de un golpe en el sofá.

Akaashi resopla cuando ve a Bokuto proponérselo a Kuroo, que hasta ahora se ha mantenido al margen haciendo también fotos y pone los ojos en blanco cuando Tanaka coge la botella y empieza a rellenar los agujeros.

-Al cumpleañero le toca comerle el coño -dice alguien seguido de un "Wooo woooo."

Y Kuroo sonríe travieso, colocándose donde han propuesto, y el "Hey, hey, hey" de Bokuto actúa como cuenta atrás, 3, 2, 1… y los dos capitanes se ponen a ello mientras no paran de rellenar con vodka conforme beben y diez móviles por lo menos les hacen fotos.

-¡Venga, ahora Kenma y Yamaguchi!

Kenma se encoge y casi está tentado a esconderse junto a Akaashi.

-A mí me dejáis en paz -dice, revolviéndosele el estómago sólo de pensar en otro tipo de alcohol entrando en su organismo.

Deben verle la cara de estar pasándolo regular porque no le insisten más.

-Entonces Hinata y Kageyama -proponen, pero en seguida se dan cuenta de que no están ni nadie los ha visto hace un buen rato-. ¿Dónde están? Ya mismo habrá que sacar la tarta.

-Voy a buscarlos -propone Kenma, para salir de la situación comprometida. Él es de la misma opinión que Akaashi, hay maneras y maneras de hacer el ridículo y esa no va con él, aunque no niega que en otras circunstancias se habría echado unas risas también.

-¿Puedo ir contigo? -pregunta Yamaguchi, obviamente no queriendo quedarse solo con todos aquellos bárbaros.

Kenma asiente y se van por el pasillo, el último sitio donde avistó a Hinata. El ruido se amortigua bastante y prácticamente lo único que escucha es el zumbido rítmico del bajo que resalta entre el caos de la música y las voces.

Se da cuenta de que está más mareado de lo que había pensado y no es para nada lo mismo estar de pie que sentado, así que se tiene que apoyar en la pared y tener cuidado de no precipitarse en una habitación porque la puerta esté entreabierta.

En realidad no tiene que preocuparse por eso porque todas están cerradas. El baño vacío es como una señal, como si le zarandearan para despertarle.

-Pensé que Shouyou estaría echando hasta la primera papilla -comenta con sospecha.

Yamaguchi se encoge de hombros. Ninguno de ellos ha prestado atención a lo que el pelirrojo ha bebido y aparentemente no había nada fuera de lo normal en su comportamiento, tomando como normal las peleas con Kageyama y que a pesar de eso ambos fueran juntos como si fuesen siameses.

Quizás deberían haber prestado atención porque la mano de Kenma duda, se retira un segundo como atando cabos antes de volver a coger el pomo y abrir la única puerta que les queda, despacio, con unos nervios que no deben estar ahí pero lo están.

Está oscuro y Hinata está de rodillas acorralando a Kageyama contra la pared, le falta muy poco para subírsele encima y le está besando con una posesividad y un hambre que está claro que ninguno de ellos se espera, pues Kenma y Yamaguchi intercambian miradas sin saber qué hacer a continuación.

Es casi adorable cómo es Hinata quien desprende todo el fuego en esa escena mientras el moreno hunde los dedos tímidos en los rizos naranjas y se deja arrastrar al infierno.

Los puede oír, el sonido húmedo de sus besos y sus respiraciones agitadas, y si el calor y la excitación se pudieran oír también, sin duda lo estaría haciendo. Una parte de él lamenta interrumpir y, sin embargo, otra casi más fuerte y desagradable, le hace dudar entre si lo que está sintiendo en ese momento es envidia o son celos.

Carraspea bajándolos de su nube. La cara de Kageyama es literalmente la de alguien que quiere morir en ese mismo instante, rojo como un tomate hasta la punta de las orejas. Hinata, en cambio, le echa cara al asunto, siendo consciente de que no pueden engañar a nadie si han visto lo que han visto.

-A Kageyama se le había metido algo en el ojo -dice con todo descaro, levantándose del suelo y tendiendo una mano al moreno, que rechaza sin contemplaciones.

-Ya… y se lo estabas quitando con la lengua a oscuras, ¿no? -le suelta Kenma-. Anda, que van a sacar la tarta.

Hinata no dice nada acerca del sarcasmo en el comentario de Kenma, tan solo se ríe al pasar por su lado y le da un golpe amistoso en el hombro. Aún así también tiene las mejillas coloradas. Detrás va Kageyama, a quien es imposible fruncir más el ceño y pasa de largo sin mirarles. Cuando van varios metros por delante en el pasillo, el moreno coge a Shouyou de la cabeza apretándole con fuerza y haciendo el amago de darle una patada en el culo, "¡Te lo dije! Mira la que has liado Hinata idiota!" protesta inútilmente. Hinata se zafa sin problemas en cuanto ve el panorama del vodka y la muñeca hinchable y es recibido casi con ovaciones. Queda sólo un dedo de vodka en la botella y acaban de llegar justo a tiempo.

-¡Vamos, Kageyama! -exclama agarrándolo de la mano y tirando de él.

Si el colocador del Karasuno ya tenía cara de querer morir, eso es la gota que colma el vaso, sobre todo cuando le sitúan entre las piernas de la muñeca.

-Si quieres te cambio el sitio -dice Hinata, al ver la cara de incomodidad del otro.

Por un momento cuela, pero en cuanto intercambian las posiciones, la guerra comienza al grito de "Kageyama, es una muñeca de mentira, no me seas marica."

-¿Marica? ¡¿Me estás llamando marica, a mí?! -se exalta volviendo a ponerse junto a Hinata dispuesto a compartir el agujero más comprometido con él.

Hinata no cabe en sí de gozo. Sabe que se ha salido con la suya, y no sólo es por las fotos y montajes que circularán por el Karasuno durante meses.

Nishinoya vierte lo que queda del vodka y en cuanto ambos abren la boca para beberlo sus lenguas chocan. Delante de todos. Hinata se ríe y Kageyama le da un puntapié murmurando algún insulto que no se puede distinguir porque no tarda en decidir que la boca de Hinata es mucho más adictiva que el vodka que se están bebiendo y que terminan tomando de la boca del otro ante los silbidos de entusiasmo de la audiencia.

-¿Desde cuando? -se anima Kenma a preguntar por fin.

Aunque en realidad no le sorprende, es algo que se veía venir. Como también muchos también podrían haber visto venir lo suyo con Kuroo y ha acabado en algo totalmente distinto.

-No sabía nada. Es más, yo diría que acaba de pasar y les hemos fastidiado el momento -comenta Yamaguchi un poco avergonzado.

-Qué mal, cuando recuerden la primera vez que se besaron estaremos ahí para siempre. Qué responsabilidad -dice Kenma, medio en broma medio en serio.

Quiere pensar que qué monos, pero no puede evitar sentirse también desplazado por Hinata y el vacío que se hace más grande. No es que haya pensado en salir con Hinata, aunque tiene la mala suerte de darse cuenta que podría haber funcionado justo cuando esa opción queda tachada de la lista. Ha tenido que entrar Kageyama en la ecuación para verlo, al igual que ha tenido que venir Tsukishima a quitarle a Kuroo para llegar a la conclusión obvia con diez años de retraso.

De todas formas sabe que lo de Hinata no le va a afectar y que todo seguirá igual, hablándose por mensajes y viéndose de vez en cuando. Y lo de Kuroo tampoco debería, pues da igual a qué universidad vaya, en unos meses no estará ahí todos los días como ha estado haciéndolo hasta ahora incondicionalmente, sin que él le pida nada.

Un escalofrío le recorre la espalda al imaginarse al Nekoma sin él, jugar al voleibol sin Kuroo. Si solo de pensar en su ausencia del equipo ya engulle todo lo demás, no quiere ni imaginar cómo será en otras áreas de su vida. En cosas tan simples como hacer el trayecto hasta el autobús, la hora del almuerzo bajo un árbol, sentado entre las piernas de Kuroo porque hace muy poca sombra o con la cabeza de éste en su regazo aflojándose la corbata porque hace un calor que te mueres, en comunicarse de madrugada con las linternas por la ventana aún teniendo móviles, como cuando tenían ocho años.

La botella de vodka se ha acabado y despejan rápidamente la mesa de vasos y latas vacías porque Bokuto trae la tarta que acaba de sacar de la nevera. Es una monada, tiene que admitir, aunque si estará buena o no ya es otra historia. Tiene sus dudas porque parece que la han hecho Lev y Yamamoto y no tienen pinta de ser los mejores reposteros, sin embargo, confiesan haber tenido ayuda de Alisa y Akane, y en el aspecto al menos eso se nota. La tarta es pequeña para tanta gente, prácticamente anecdótica, pero tiene forma de balón de voleibol cubierto de fondant y un gato negro justo en el centro. Encima dos velas encendidas con el 18.

Tsukishima pone una versión ridícula de la canción de cumpleaños y deja la tablet para unirse alrededor de la mesa. Todos alrededor de Kuroo a quien alguien le ha puesto una corona del Burger King que le queda como el culo porque no le cabe con ese maldito nido de ratas que tiene como pelo.

Todos están pendiente de la tarta y de cómo Kuroo sopla las velas. Kenma está un poco apartado, sigue sintiéndose mareado y se ha sentado en una silla. Desde ahí es como si viera el backstage de lo que se cuece. Kuroo coge un poco de nata con el dedo y se lo unta en las gafas a Tsukishima, disimulando después de haber hecho lo mismo con la nariz de Bokuto. El rubio bufa y se las quita para limpiarlas y le da una patada en la espinilla que nadie ve. Como nadie ve la mano de Kuroo colándose por debajo de su camiseta mientras tiene la vista fija en las tonterías que hacen los demás como si fueran dos partes del cuerpo independientes. Nadie lo sospecha salvo Kenma que lo está viendo y siente cómo le dan arcadas. Literalmente.

Intenta levantarse despacio para no empeorarlo todo. No quisiera ser el que diera la nota en la fiesta, por eso piensa en dirigirse al baño, por si acaso mejor tenerlo cerca.

Se cruza con Hinata y Kageyama, éste último con la cara llena de nata y chocolate hasta incluso en el flequillo.

-¡Deja de hacer el tonto, Hinata! Tengo que lavarme la cara o se me va a quedar pegajosa.

El pelirrojo se ríe y le quita un pegote de nata de la mejilla con el dedo y se lo restriega por la boca a Kageyama. Se pone de puntillas y amenaza: "¿No es mejor así?" y le lame la nata de los labios, presionando hasta que el moreno termina por abrir la boca dejando a Hinata que haga lo que quiera. En mitad del pasillo.

-Lo siento chicos pero el baño lo necesito yo -dice apresuradamente antes de que le venga otra oleada de náuseas. Los del Karasuno se separan un momento para mirarle.- Creo que la idea de Hinata es mejor que lavarte la cara en el lavabo.

Aprovecha para meterse en el baño sin mirar atrás, sin mirar si Hinata y Kageyama habrán seguido a lo suyo delante de todos, si Kuroo y Tsukishima se estarán metiendo mano por debajo de la camiseta sin que nadie se de cuenta o si Yamaguchi (su compañero de desdichas esa noche) le estará buscando después de haberse comido la tarta.

Kenma no se entera de lo que está pasando en el salón. No distingue nada más que ruido, como un sonido blanco, constante, tan sólo roto por el propio sonido de su garganta al expulsar en el retrete todo el alcohol que ha obligado a su cuerpo a tomar para entumecer el dolor de sus heridas.

Es molesto y desagradable, de rodillas en un baño ajeno sin poder controlarlo. Y las lágrimas brotan al fin con la excusa del esfuerzo que está haciendo su cuerpo, aligerando la presión y dejando salir todo lo que ha estado guardando.

Kenma no se entera, y de haberlo hecho quién sabe si lloraría aún más o todo lo contrario, cuando Kuroo, que en todo momento lo ha tenido controlado con la vista, pregunta con preocupación "¿Dónde está Kenma?"

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Capítulo 4: En dos minutos de microondas.

-Kenma, oye, Kenma, despierta.

Es la voz de Kuroo y le está cogiendo de los hombros para espabilarle. Por un momento se encuentra desorientado, y ese sonido familiar le hace creer que está soñando. Le cuesta abrir los ojos porque tiene un sueño y un dolor de cabeza que se muere.

Oye más voces, Bokuto, Akaashi…

Joder. Mierda.

Se levanta de golpe y enseguida se da cuenta de que no debería haberlo hecho, pues una punzada le atraviesa el cráneo a través de las sienes. Delante tiene a Kuroo en cuclillas frente al sofá, sonriéndole con su típica mueca burlona.

Si no quería llamar la atención, hacer el ridículo, montar el espectáculo o cualquier otro sinónimo, desde luego que la ha cagado estrepitosamente. Nada. NADA. Ni siquiera vomitar en casa ajena (al menos lo ha hecho en el cuarto de baño y no delante de todos) se puede comparar a quedarse dormido durante una fiesta. Es el colmo del patetismo. Y para más colmo no delante de los del Nekoma solo o Bokuto y Akaashi, con quienes tiene más o menos confianza, sino delante de los del Karasuno. Delante de Tsukishima.

Dios, ¿acaso se puede ser más estúpido? Él, quien por nada del mundo quiere destacar hasta el punto de teñirse el pelo de rubio…

-Dime que no me han pintado un bigote con rotulador permanente o me han dejado desnudo -dice frotándose los ojos con desesperación.

Kuroo se ríe, no por la ocurrencia sino porque Kenma casi ha dado en el clavo.

-No, pero porque conseguí interceptar a Inuoka y confiscarle un rotulador -explica, sacando de su bolsillo el arma del delito.

-¿Qué hora es? -pregunta sin ser capaz de ver el reloj con claridad.

Mira a su alrededor y ve que casi todo el mundo se ha ido ya y los que quedan están ayudando a Bokuto a recoger un poco.

-Son las 4 -dice Kuroo-. Oye, Kenma, si queréis os podéis quedar, dice Bokuto que ya nos apañaremos como sea, pero puede que tus padres se preocupen si no vuelves a casa sin haberles avisado.

Ya nos apañaremos como sea. Kenma frunce el ceño tratando de descifrar qué significa eso

Independientemente de lo que quiera decir, Tetsurou tiene razón. Había llamado a sus padres para avisarles que dos amigos se iban a quedar a dormir para que su madre sacara con tiempo el futón extra del trastero.

Busca con la mirada a Hinata y Kageyama, que son quienes tienen que volver con él a casa, y se los encuentra enrollándose, con Shouyou a horcajadas sobre el regazo de Kageyama, sentados en una silla en dudoso equilibrio. A Kuroo no se le escapa los ojos en blanco de Kozume y se rasca la cabeza, incómodo, comprendiéndole al instante.

-Mañana van a tener agujetas en la lengua. ¿Cómo me los llevo en ese plan a mi casa? A ver si me la van a liar parda con mis padres allí… ¿Y si yo me llevo a Shouyou y tú a Kageyama?

-Qué cruel eres, Kenma, ¿y les vas a cortar el rollo separándolos?

-Es sólo una distribución más óptima y menos problemática. En mi casa hay sitio para dos. ¿Quién se va contigo?

Se arrepiente de preguntarlo en el mismo instante en que lo hace. Mira que eres estúpido y masoquista, Kenma Kozume, ¿acaso no es obvio? Se recrimina.

Y la respuesta es mucho peor de lo que esperaba y aclara a la perfección lo que antes quiso decir con "Ya nos apañaremos como sea."

-Yo no me voy a casa. Me quedo aquí -contesta el moreno, turbado y culpable, apartando la mirada cuando lo hace.

con Tsukishima. Es lo que le ha faltado, pero no es necesario. Está más claro que el agua.

Kenma ahora lo entiende todo. Y los retazos de la conversación entre los del Fukurodani terminan por encajar todo en su lugar.

-Yo me puedo llevar a Yamaguchi a mi casa -dice Akaashi.

-¡¿Qué?!¡Ni hablar! Tú te quedas.

-Tengo una casa y unos padres, llevo viviendo aquí desde que los tuyos se fueron de viaje, seguro que agradecen que aparezca por allí.

-No -se niega Bokuto cruzando los brazos y haciendo un puchero-. No me dejes solo con estos dos -amenaza haciendo referencia a Kuroo y Tsukishima.

Aunque poco le falta para que una gota de sudor aparezca en la frente de Keiji ante la insinuación, el colocador de los búhos termina cediendo. No puede negarse cuando su capitán le pide las cosas con esa cara.

-Vale, pero ¿qué hacemos con Yamaguchi? Va a quedar un poco raro si se queda aquí -opina el moreno.

-Podemos preguntarle a Kenma. Ya sabes, donde caben dos caben tres -sugiere Koutarou.

Así que cuando Bokuto viene a proponerle que Yamaguchi se vaya con él a su casa, Kenma ya lo sabe. Y también sabe por qué. Porque Akaashi se va a quedar con Bokuto en su cuarto mientras que Kuroo y Tsukishima se quedan con la cama de matrimonio como bien se ha encargado de advertir el anfitrión con un "Cuidado con lo que hacéis que es la cama de mis padres."

Kenma acepta sin demasiada opción. Es o eso, o actuar como un capullo fastidiando la noche a la parejita, a pesar de que una parte de él desearía hacerlo. Y casi más que nada lo hace por Yamaguchi, que viene detrás de Bokuto con la cara blanca y la decepción en su rostro como si acabara de enterarse de que Papá Noel son los padres. Kozume le entiende, entiende esa sensación de estupidez, ¿de qué coño van? ¿se creen que les están tomando el pelo? Puede que no digan nada, que no los hayan visto besarse directamente pero después de esto ya se acabaron los secretos a voces.

Van a compartir cama, sin adultos en un casa ajena después de una fiesta de cumpleaños donde, al parecer, todo ha sido orquestado para que acabe así. Y probablemente sea la única vez en mucho tiempo que puedan estar a solas porque viven como a 300 kilómetros. Blanco y en botella.

-Os puedo acompañar -se ofrece Tetsurou-. Es muy tarde para ir solos.

Kenma le mira con cara de no creer lo que está oyendo, casi ofendido.

-No somos unos críos -en realidad Kenma es el mayor de los cuatro, pero Kageyama y Yamaguchi son muy altos y duda que a alguien se les ocurra meterse con ellos-. Además, ¿qué tontería es esa? ¿acompañarnos para luego tener que volver tú solo? Estaremos bien.

-Bueno, mándame un mensaje cuando lleguéis.

-Sí, papá -dice Kenma con sarcasmo.

Kuroo le sonríe y le roza los nudillos contra la coronilla en un gesto cariñoso y Kenma se muere por dentro, porque sabe que esa sonrisa es sincera y es consciente de lo mucho que Kuroo le quiere y que si Tsukishima no estuviera allí, seguramente le habría abrazado y frotado la nariz entre su pelo, como el gato que es.

Tienen la suerte de que en el trayecto de vuelta Hinata no para de hablar y eso les ayuda tanto a él como a Tadashi a no pensar en lo que acaban de dejar atrás. También tienen suerte de que los dos tortolitos del Karasuno se estén comportando decentemente, pues están en un transporte público aunque a esas horas el metro está desierto y podrían hacer lo que quisieran. La lengua se les traba por el alcohol, con las mejillas arreboladas y los dedos entrelazados tímidamente a la espalda.

Yamaguchi se ríe de lo que acaba de contar Hinata pero traga fuerte y suspira. Kenma se pregunta si él también se está imaginando a Kuroo y Tsukishima desvistiéndose y besándose sobre la colcha celeste con flores de los padres de Bokuto.

No puede estar seguro de hasta dónde habrán llegado antes de lo de hoy. Llevan saliendo tres meses aunque en realidad sólo han sido unos cuantos fines de semana los que han estado juntos, y Kenma cree conocer a Kuroo lo suficiente como para sospechar que no han tenido sexo aún.

Tsukishima no parece del tipo de chicos que se acuesta con cualquiera a la primera de turno. Y Kuroo definitivamente tampoco, aunque lo parezca.

Y eso es algo que a Kenma le fastidia mucho. La infinidad de veces que Kuroo da una imagen equivocada de lo que es aunque, tal vez, sea mejor pensar que conocer al verdadero Kuroo es un privilegio que muy pocos tienen.

Porque muchos se aprovechan de que aparenta ser otra cosa, para comprar alcohol, para entrar en los bares que sólo pueden entrar a partir de los veinte porque las chicas del instituto son unas estrechas y no se dejan tocar donde se dejan las universitarias. Aunque luego no se coman nada porque tienen mucho cuerpo pero la mentalidad no les acompaña. Porque donde están verdaderamente en su salsa es jugando todos online al Minecraft o al juego que esté de moda, con Coca-Cola, palomitas y ositos de gominola o sentados en el cuarto de Kenma flipando con el último episodio de Shingeki no Kyojin porque Levi es el puto amo, y comentándolo con los que no están por el chat del móvil.

Puede entender que crean que es de los que le van los polvos de una noche porque tiene toda la planta: es atractivo y sexy, de esos que lo son aún sin proponérselo, y tiene ese aire de chico malo, de morbo, que no ayuda a la hora de limpiar su imagen. Así que sorprende que su lista de conquistas sea tan corta como accidentada.

Kenma aún recuerda cuando Kuroo tenía once años y volvió con una mano señalada en la mejilla por haber intentado besar a la chica más guapa de su clase, frustrado porque jamás le encontrarían atractivo, pues le sacaba dos cabezas a los chicos de su edad, y los brackets, que más tarde le darían esa sonrisa perfecta y pícara de todo dientes al estilo gato de Cheshire, tampoco ayudaban a su sex-appeal. Kenma se limitó a escuchar sus quejas viendo la mejilla roja y palpitante, pensando que esa niña debía ser estúpida por no querer que Kuroo la besara, recordando que se sentía bien cuando eran más pequeños y se daban besitos en la cara.

El Kuroo sensible y más vulnerable de lo que parece, que llegó a su casa casi llorando a principios de verano en mitad de la noche, entrando por la ventana del cuarto de Kenma, porque había estado a punto de perder la virginidad con una desconocida y había sido una experiencia horrible.

-Los chicos me estaban presionando. ¡La tienes a huevo, so maricón! Y tú sabes cómo son cuando se ponen pesados -trataba de justificar lo injustificable.

Kenma había recibido un mensaje al móvil y le había abierto la ventana de su dormitorio. Eso de trepar a las tantas de la madrugada hasta su ventana era normal, así no despertaban a sus padres. Y Kuroo se dejó caer en su cama con actitud derrotada y la cara descompuesta. Podía haberle dicho que a quién se le ocurría hacerles caso, o mil cosas más que estaban mal, pero eso no iba a arreglar nada, sino hacerle sentir mucho peor. Así que Kenma trató de ser lo más comprensivo que pudo, a pesar de sentir la necesidad de juzgarle y estar dándole collejas durante un mes.

Akaashi no tenía pinta de ser de los que se metían en esas cosas así que sólo quedaba una opción.

-Bokuto debería callarse la boca y preocuparse de sí mismo que con eso ya tiene de sobra -comentó Kenma, refiriéndose a la intrigante relación entre Bokuto y Akaashi. El moreno lo estaba pidiendo a gritos y era hora de que el otro abriera los ojos por fin si es que no lo había hecho ya.

Kuroo parecía dudar entre si contarlo o no, pero acabó hablando, necesitando hacerlo aunque la vergüenza le hizo hundir la cara en la almohada. Refugiándose en la sensación de que esa barrera que contenía su voz lo hacía menos real. Pero era real y había pasado.

-Ni siquiera sé cómo se llamaba, había demasiado ruido y no me enteré y me daba cosa volver a preguntarle. El baño estaba sucio y olía mal. Era minúsculo y había piernas por todos lados y rodillas que se me clavaban.

Kenma quiso recriminarle diciendo algo como "en el baño de un bar, Kuro…" pero no ganaría nada mortificándolo aún más.

-Y…"eso" es como un alien -Kenma no pudo evitar abrir los ojos ante la comparación y reprimir una risa por respeto-. No sabía qué hacer, si lo estaba haciendo mal o bien, donde tocar… La chica tenía cara de aburrimiento, ¡es lo más corta rollos que te puedes imaginar! No pude hacer nada, te lo juro.

-En serio, Kuro… ¿Alien? -comentó incrédulo entre alzando una ceja y poniendo los ojos en blanco.

El moreno no pudo evitar reírse de su propia referencia.

-¿Me estás diciendo que no sirve para nada todo el porno que hemos visto desde que tenías catorce años? -preguntó Kenma, indignado.

-De la teoría a la práctica hay un abismo, aunque quizás en mi caso han sido un cúmulo de cosas…

-O sea, no pudiste hacer nada.

-No, nada de nada -terminó por admitir, siendo consciente de lo que suponía admitir algo así para el orgullo masculino.

-Quizás lo agradezcas después -dijo Kenma que, conociendo a Kuroo, sabía que era del tipo de persona que daban importancia a esas cosas.

-Lo sé. Ni era la persona ni el momento adecuado -y Kuroo sacó la cara de la almohada para mirarle fijamente-. Kenma...

El rubio perdió la respiración y el latido por un segundo.

-No te voy a decir que me lo prometas, tú eres libre de hacer lo que quieras, pero no merece la pena, en serio. El día que lo hagas, que sea con alguien que te quiera.

Pudo volver a respirar aunque seguía teniendo esa sensación de que le faltaba algo.

-¿Y qué me dices de ti? ¿Se acabaron las excursiones a baños malolientes con compañías equivocadas?

-Totalmente, de todas formas sabes que no es lo mío, es todo culpa de Bokuto, ¡cabrón! Y hablando de Bokuto…

Kenma alzó una ceja esperando lo que seguía, sospechando por la cara a medias traviesa a medias avergonzada que tenía su amigo.

-No le digas nada -el gesto reprobador de Kenma debió hablar por sí solo. Mentir en algo como eso…-¡No me mires así! Sabes que como se entere de que pegué el gatillazo será mi muerte, será el estigma que me persiga el resto de mi vida.

Kenma suspiró, comprendiéndolo.

El día que lo hagas, que sea con alguien que te quiera… como te quiero yo… Recuerda justo ahora en el momento en que acaba de dejarle atrás para compartir la noche con su novio.

Es matemático que cada vez que hay un evento accidentado en el vida de Kuroo, Bokuto está de alguna manera relacionado con él. Hace tres años que se conocen, desde que entraron en la Preparatoria. Durante su primer año, Kenma aún seguía en la Escuela Media y a Akaashi todavía no lo conocían. Ese primer curso… en el que Kuroo estuvo muy confundido porque, de pronto un día, ese amigo nuevo con el que lo pasaba tan bien y con el que jugar al voleibol era una auténtica pasada, se le declaró y acabaron besándose una tarde en el vestuario después de un partido de práctica.

Y era un chico.

Y lo peor era que le había gustado.

Fue duro tener que rechazarlo durante todo un curso porque valoraba más su amistad que otra cosa que pudiera surgir, y era casi cíclico que ambos entraran en depresión por estar haciéndose daño mutuamente. Pero el cielo quiso intervenir mandando a un ángel llamado Keiji Akaashi el curso siguiente, y con la incorporación de Kenma, el ambiente se relajó. A día de hoy todo está olvidado y cuando recuerdan aquella anécdota es para burlarse el uno del otro: "Besas como el culo y lo sabes, por eso no te comes una rosca." "Tus partes bajas no decían lo mismo, recuerdo que estaban bastante contentas." "Capullo." "Cabrón."

Claramente aquello sirvió como una señal tanto para Kuroo como para Kenma, un horizonte nuevo que explorar. Chicos… A los chicos también le podían gustar otros chicos…

Y no pasaba nada.

Por eso cuando Kenma empezó a sospechar lo de Tsukishima, tampoco le extrañó pues no había sido la primera vez.

Llegan al fin a su casa y el reparto está bastante claro, lo ha estado pensando durante el viaje en el metro recordando las palabras de Kuroo que le recriminaban ser cruel por querer separar a Hinata y Kageyama.

Así que Kenma les deja su cuarto, advirtiéndoles que sus padres están en la planta de abajo durmiendo (cruzando los dedos y rezando internamente porque no se le desmadren y tenga que rendir cuentas por otros de lo que ha pasado esa noche). Recoge el futón y a Hinata le falta tiempo para cerrar la puerta, todo sonrisas y promesas de que se van a portar bien.

Y Kenma vuelve a rezar al bajar las escaleras camino del salón, donde Yamaguchi ocupará el futón y él se quedará en el sofá.

-Voy a hacerme leche caliente con cacao, ¿quieres? -sugiere el anfitrión mientras Tadashi le ayuda a colocar el futón en el suelo junto al sofá.

-Vale.

Ambos se dirigen a la cocina porque Kenma cree que eso les asentará el estómago después del alcohol que han bebido (aunque dentro de su cuerpo ya no quede ni una gota, aún tiene esa sensación desagradable cercana al dolor en la barriga).

Yamaguchi se sienta en un taburete mientras Kenma va sacando las cosas de la nevera y los armarios de la cocina.

Llena dos tazas de leche y las mete al microondas pero antes de ponerlo en marcha, el móvil sobre la encimera le recuerda que debe mandarle un mensaje a Kuroo. Entre el viaje y todo han pasado casi tres cuartos de hora… A saber qué estarán haciendo a esas alturas.

-Kuro me dijo que le avisara cuando llegáramos -le dice a Yamaguchi a la vez que le manda un mensaje diciendo que ya han llegado a casa. Es innecesario dar explicaciones y también egoísta no querer ser el único que está pensando en lo que podía estar ocurriendo en ese momento.

El del Karasuno pica el anzuelo con facilidad, y ahora son dos los que observan el móvil de Kenma, esperando a que el par de ticks azules indiquen que lo ha leído y ver cuánto tiempo tarda en contestar, contando cada segundo, desviando la mirada hacia el suelo, mirándose entre ellos con ansiedad hasta que el sonido indica que ha respondido, un simple "Ok, nos vemos mañana", que les hace expulsar aliviados el aire que han retenido sin darse cuenta. Sólo ha sido poco más de un minuto lo que ha tardado en devolver el mensaje y la sensación era como la de estar esperando el resultado de un test de embarazo.

Ambos saben que eso no significa nada, que tienen lo que queda de noche por delante para hacer todo lo que quieran.

-Lo sabes, ¿no? –Kenma se atreve a admitir abiertamente por primera vez-. Lo de Kuro y…

-Sí -le corta Yamaguchi, como si dejarle terminar la frase lo hiciera aún más real de lo que ya es.

El rubio siente cierta calidez y alivio en su interior porque el dolor compartido es más fácil de llevar. Hace tres meses que se lo está tragando todo y la bola de sentimientos cada vez es más grande. Poder aliviar un poco esa presión, darle una vía de escape aunque sólo sea por esa noche, no suena tan mal.

No es algo que puede compartir con cualquiera y, a pesar de que a Yamaguchi apenas lo conoce, es la persona perfecta con quien hacerlo. Aunque se sienta raro destapar delante de él esa parte de su corazón que nadie más ha visto.

-¿Tsukishima te lo ha contado? -pregunta con algo de ansiedad. Sabe que la pareja del Karasuno tienen una relación muy parecida a la que él tiene con Kuroo. Son mejores amigos y se conocen desde la infancia, tienen confianza y en principio ninguno de los dos debería haber ocultado nada al otro.

-No.

Entiende cómo debe sentirse porque le pasa lo mismo, así que se solidariza con él y admite su parte aunque no le haya preguntado.

-A mí tampoco. Pero es tan obvio… quiero decir, en el Nekoma no sospechan nada pero no es algo que puedas ocultar a tu mejor amigo. Aún así, yo creo que es consciente de que lo sé, pero se hace el desentendido.

-¡Es exactamente lo que me pasa a mí! -exclama Yamaguchi y se le puede ver incluso contento por saber que no es el único-. Tsukki no es de los que se relaciona mucho con los del equipo fuera de lo estrictamente deportivo, pero no creo que tuviera problema en admitirlo delante de todos. Le resbala lo que puedan opinar y estoy seguro de que no se atreverían a bromear sobre el asunto. Así que creo que si no ha dicho nada, ni a mí siquiera, es porque debe haber algo que le hace dudar.

Kenma frunce el entrecejo. Es surrealista que estén hablando de la relación que mantienen sus dos mejores amigos y esté a punto de saltar como una fiera a defenderlo.

-¿Cómo que le hace dudar? Como le haga daño a Kuro te juro que le arranco la cabeza -amenaza con el puño en alto entre el rostro de ambos, que como Yamaguchi está sentado, quedan a la misma altura.

-Por encima de mi cadáver -afirma el del Karasuno, adoptando una pose similar a la del Nekoma-. Y lo mismo digo, si Kuroo-san le hace daño a Tsukki, no respondo…

Ambos se sostienen la mirada con el ceño fruncido durante unos segundos hasta que se dan cuenta de lo ridículos que están siendo y terminan por estallar en risas.

-Capullos… no nos merecen -murmura Yamaguchi.

-Desde luego, totalmente de acuerdo. Oye, ¿tienes hambre?

-Pues ahora que lo dices…

-No tengo tarrinas de helado de dos litros pero podemos hacer el momento confesiones con tarta de manzana. Está buena, la hace mi madre.

Tadashi asiente y Kenma se dispone a servir un trozo de tarta a cada uno. Al otro se le ve un poco avergonzado y ruborizado por lo que acaba de decir, pero ¿cómo definirlo de otra manera? Es lo que están haciendo, desahogarse y compartir sus penas. En las series se curan el mal de amores comiendo helado, ¿no?

-¿Y por qué crees que tiene dudas? -quiere saber Kozume, que se apoya contra la encimera enfrente de Yamaguchi con el plato de tarta en la mano.

-No son más que suposiciones, pero si me pongo en su lugar lo entendería. Kuroo-san es mayor que él, va a ir a la universidad, viven lejos y por otro lado está que Tsukki es de los mejores estudiantes de primero, es normal que tema que todo esto afecte a sus notas. Siendo sincero, tienen todas las papeletas para que sea un fracaso.

-Ya, yo pienso lo mismo, pero también es cierto que si de verdad quieren, pueden esforzarse porque funcione. Y no sé Tsukishima, pero Kuroo es de los que se esfuerza al máximo cuando quiere algo y… -y esto le cuesta admitirlo-. Y nunca lo he visto así antes…

"Kuroo es feliz y yo me siento fatal por desear que todo salga mal y volver a tenerlo para mí. Aunque se vaya a la otra punta de Japón y sepa que no lo voy a ver todos los días como hasta ahora. Aunque lo destrocen, yo soy el único que puede arreglarlo. Soy una mala persona por querer eso en lugar de verlo feliz con Tsukishima, porque sé que podría funcionar y no quiero que lleguen a tener la oportunidad de darse cuenta. Por desear que se rompa todo antes de llegar ahí."

-Yo nunca había visto a Tsukki interesado por alguien antes. Fue un poco sorpresa porque no me esperaba que fuera… un chico… -Tadashi se ruboriza y se mira los dedos mientras juguetean con el borde de la camiseta-. Podría haber sido una buena noticia pero…

No hace falta que diga nada para que Kenma pueda armar el puzzle con los retazos que ha ido sacando. Es tan simple como que Yamaguchi siempre ha estado enamorado de Tsukishima, éste nunca mostró interés por nadie por lo que Tadashi nunca le dijo nada. Hasta el día en que descubre que le gusta otro chico, y que ese chico no es él.

-Te gusta, ¿verdad? -le pregunta Kenma sin rodeos. Tienen el corazón abierto y desgarrado, ya qué más da.

-¿A ti no? -le responde el del Karasuno con otra pregunta, como dando a entender que es evidente lo que sienten porque de lo contrario nada de esto estaría sucediendo.

Se queda pensando en todo lo que ha pasado desde que eran niños. Son pequeñas cosas, gestos, momentos de los que no era consciente hasta ahora que echa la mirada atrás y es capaz de comprender todo lo que significan. Tal vez sea la edad, la adolescencia en la que todo empieza a encajar en su sitio o, todo lo contrario, a confundirse. Será que la amenaza de que se lo quiten despierta su cuerpo y sus sentimientos para que reaccione. Pero sí, llega a la conclusión de que le gusta.

-Supongo que sí -y no es consciente de la sonrisa tonta que se le ha puesto al perder la mirada y recordar tantos momentos-. ¿Entonces vosotros no…?

Yamaguchi contesta antes de que termine de preguntar y ser más específico.

-No hemos salido, ni ha habido nada entre nosotros -afirma para aclarar cualquier duda.

-Nosotros tampoco -confiesa Kenma.

-¿Entonces tú crees que pasará algo esta noche? -pregunta Yamaguchi un poco nervioso.

Kenma supone que quiere su opinión porque es él quien conoce más a Kuroo, que es el mayor, y quizás sepa qué puede esperar de él.

-No lo sé, quiero pensar que no, pero a quien voy a engañar, si fuera yo no perdería la oportunidad -dice el rubio con sinceridad. El del Karasuno no tiene más remedio que darle la razón entre una risa disimulada y las mejillas calientes-. Me duele que no me lo haya contado y por eso creo que tampoco se lo ha contado a Bokuto y Akaashi, sino que Akaashi ha debido descubrirlo y Bokuto no se calla una, porque lo de esta noche no me digas que no estaba preparado.

-Les faltó hacerle un corazón de pétalos de rosa sobre la cama.

-Asqueroso.

-Vomitivo.

-¿Y por qué estamos hablando de ellos? ¿Tú crees que estarán hablando de nosotros? Está claro que no -dice Kenma con indignación.

-¿No era el momento de confesiones con tarta de manzana?

-Cierto.

-Por desgracia es lo que tenemos en común -suspira el del Karasuno, resignado.

-Yo creo que tenemos más cosas en común que el que nuestros amigos posiblemente estén perdiendo la virginidad juntos en este momento mientras nosotros ahogamos las penas con un subidón de azúcar.

El pecho le burbujea por lo que acaba de decir y lo que implica. Le ha salido inesperado y sin pensar pero natural o incluso necesario. La guinda que falta en el pastel que es dulce y nunca sobra.

-¿Kozume-san? -Yamaguchi le mira abriendo mucho los ojos, y en su voz hay dudas. No está seguro de haber entendido bien.

Kenma tiene que dejárselo claro pues no es algo que deba decidir él solo. Es consciente de que puede verse raro en él tomar la iniciativa en algo así dada la impresión de persona tranquila y apática en general. Pero es porque no le conocen.

Está seguro de que a Kuroo no le hubiera sorprendido.

-¿No crees? -se acerca a Tadashi, presionando contra sus rodillas hasta que éste capta la intención y separa las piernas, entre las que Kenma se coloca para acortar la distancia entre ellos.

¿Entonces tú crees que pasará algo esta noche?

Si fuera yo no perdería la oportunidad.

Se acerca más, inclinándose sobre él y deja su plato detrás de Yamaguchi. El plato que éste sostiene tiembla y el tenedor hace ruido contra la porcelana. Kenma se lo quita de las manos poniéndolo también en la mesa y quedándose con el tenedor que tiene un trozo de tarta pinchado.

Se lo lleva a la boca y muerde la mitad. Lo que queda se lo acerca a Yamaguchi, que abre la boca obedientemente con el rostro ruborizado sin dejar de mirarle como si el cerebro le hubiera dado un cortocircuito. Tiene unos dientes bonitos, blancos y perfectos y los labios carnosos. La nariz pequeña regada de pecas de todos los tamaños y tonalidades que se extienden por las mejillas. En ese instante le parece tan mono que no entiende cómo Tsukishima no se ha fijado en él.

Kenma se gira y le da al microondas, que había quedado olvidado con las tazas de leche en su interior. Cuando vuelve a mirar a Yamaguchi es como si hubiera terminado el tiempo de cortesía para recibir una contestación.

-No me importaría tener algo más en común -admite Tadashi, todo mejillas rojas y mirada huidiza.

No necesita más. El corazón ha empezado a latirle fuerte en el pecho. Se lo merecen, por supuesto. Palabras de Kuroo vuelven a invadirle y las desecha porque no quiere que le arruinen su momento. Porque no va a pensar que es la persona y el momento equivocado cuando no puede haber otra más acertada que Yamaguchi sentado en su cocina con las piernas abiertas para que él se acomode en medio de ellas y compartan todo lo que tienen para dar.

Acorta la distancia hasta que pueden respirar el uno del otro y sus labios casi se rozan. Ve cómo Tadashi cierra los ojos y tiene unas pestañas súper largas y bonitas y Kenma no puede creer que justo antes de tener su primer beso esté pensando en que menos mal que se lavó los dientes en casa de Bokuto, echándose dentífrico en el dedo y robándole un poco de enjuague bucal, como si fuese una premonición de lo que estaba a punto de pasar.

Y entonces le besa, sintiéndose nervioso, emocionado y raro, porque no es así cómo se imaginó que sería, apenas improvisado en una noche de borrachera y corazones rotos. Pero está bien, aún cuando ninguno de los dos sabe muy bien qué hacer. Se besan al principio sólo con los labios, superficial, besos cortos, pequeños, dulces hasta que Kenma decide hacer lo mismo que con las rodillas del castaño. Presiona con la lengua y éste responde dejándole hacerlo. El beso es más profundo, más desastroso porque hay más cosas en juego y más saliva. Hay dientes, lengua y labios ajenos que no puede controlar y tienen que aprender a acoplarse el uno al otro pero no tienen tiempo. El beso se hace más profundo pero el abrazo también, porque ya no tienen los brazos estáticos sino que Yamaguchi le ha rodeado la cintura atrayéndolo hacia él y Kenma ha hecho lo mismo aprovechando los brazos en sus hombros y las manos en su nuca. Así puede guiarle hacia donde quiere manejando el ángulo y la profundidad. Es cuando la cosa va mejorando y por buen camino cuando el pitido del microondas los pilla de improviso, sobresaltándolos.

-Joder, qué susto -maldice Kenma, más que por el microondas en sí, porque el dormitorio de sus padres está en la planta baja y podrían sorprenderles en cualquier momento.

El corazón le late a mil, pero sabe que el microondas sólo es culpable del veinte por ciento de su taquicardia. El otro culpable lo tiene delante esperándole. Es el momento de la verdad. Aunque antes le dio su tiempo para decidir, ahora es el momento para arrepentirse.

Kenma hace el amago de abrir el microondas, aunque realmente ya no le apetece la leche, y antes de poder salir de las piernas de Yamaguchi, éste le da un tirón de la cintura y vuelve a colocarlo donde estaba, besándole sin dejarle opción a protestar.

Está claro que ninguno de los dos se está arrepintiendo pues esta vez se unen con más fuerza y más ganas, sabiendo que la oportunidad acabará en cuanto los primeros rayos de sol aparezcan. Que es como el cuento de Cenicienta donde la magia acaba a media noche y la suya acaba con dos ciudades distintas a tres horas de viaje.

Como Kuroo y Tsukishima.

Quieren explorar todo lo que puedan, practicar todo lo que sus labios les dejen antes de dejarlos en carne viva, tener sus mentes ocupadas en algo que no sea lo que esté pasando en casa de Bokuto, sentir todo lo que no se pueden permitir.

A veces el tiempo que cuenta el microondas es el más largo del mundo, pero cuando éste vuelve a pitar recordándoles que no han sacado lo que hay dentro, sienten como si sólo hubiese pasado una fracción de segundo. Kenma maldice de nuevo, deja la puerta del microondas abierta con las dos tazas dentro y coge a Yamaguchi del pecho y le vuelve a besar hasta que juntos llegan hasta el sofá. Allí siguen haciéndolo durante lo que parecen horas, reconfortándose, hasta que se quedan dormidos. Hasta que no pueden distinguir si eso que les moja los labios son las lágrimas de Kenma o las de Tadashi.

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Capítulo 5: Bálsamo para los labios.

Al día siguiente los cuatro comparten desayuno con tortitas que ha preparado la madre de Kenma antes de que tengan que irse a la estación. Los del Karasuno habían empezado a mandarse mensajes quedando para regresar todos juntos a Sendai en el tren de las 12.

En el grupo del Nekoma empiezan a compartir videos y fotos de la fiesta y le da un vuelco el corazón cuando ve que Kuroo contesta, sin poder evitar preguntarse qué estará haciendo en ese momento, ¿tendrá a Tsukishima al lado viendo las cosas que están enviando? ¿estarán en la cama? ¿estarán desayunando también con Bokuto y Akaashi?

¿Qué habrá pasado esa noche?

Todos están mirando el móvil en ese momento, cada uno centrado en lo que se comenta en sus respectivos grupos, para Kenma es casi mejor así, cuando su mirada se cruza sin querer con la de Tadashi no saben cómo reaccionar y teme que sea demasiado evidente e Hinata y Kageyama descubran algo.

Aunque en realidad, tampoco es algo que tenga que ocultar ni puede controlar lo que Yamaguchi pueda contarles después.

De todas formas la parejita del Karasuno parece estar pasando por su propio momento de aceptación, que lejos de estar tan acaramelados como la noche anterior, es una situación incómoda en la que apenas se miran y las palabras que cruzan son murmullos entre dientes. A lo que menos le prestan atención es a Kenma y Tadashi.

Menos aún cuando llega la primera foto.

A esas alturas es imposible que los seniors del Karasuno, los únicos que no estuvieron presentes en la fiesta, no se hayan enterado de lo que pasó con Hinata y Kageyama, si es que no se enteraron en tiempo real grabándolo en video. Y si éstos estaban demasiado borrachos como para recordarlo, ahí tenían la prueba inequívoca.

Kenma puede verlo porque oye reír por lo bajo a Tadashi y éste le enseña en su móvil el grupo de Whatsapp del Karasuno.

Ve que es Tsukishima quien envía la imagen del moreno y el pelirrojo besándose en el salón, que había sido editada colocándole la típica corona de rey a Kageyama y a Hinata la de reina, con letras encima que decían "Todo rey tiene su reina" por si necesitaban más mortificación. Al rato llega otra, es la misma foto pero en la que Shouyou lleva un bigote y una peluca negra de media melena, con las letras King amp; Queen, haciendo un juego de palabras en referencia a Freddy Mercury en "I want to break free."

El rubio solo tenía que alzar un milímetro el rostro para comprobar cómo Hinata parecía querer estallar, haciendo juego con las palabras que tecleaba furiosamente en el móvil y que en la pantalla quedaban más edulcoradas y sin el mismo efecto dramático pese a estar escritas en mayúsculas y con miles de exclamaciones.

Después de amenazarlos con enviar un video de la cara asesina de Kageyama, de intercambiar varios audios agresivos con Tsukishima (en el que en uno de ellos Kenma podía identificar con claridad la risa de Kuroo de fondo), de que Bokuto cogiera el móvil del rubio y mandara "¡Nuestro Chibi-chan se nos hace un hombre!" Hinata se golpea la frente con desesperación viendo que aún no termina el audio. "Como tus padres adoptivos que somos, Akaashi y yo nos pedimos ser los padrinos de vuestra boda" Kageyama pregunta desconcertado "¿De qué está hablando?" y Hinata se encoge de hombros porque es muy largo de explicar.

Después de todo eso, Hinata suelta el móvil con un largo suspiro dispuesto a tomar el desayuno sin más molestias.

-A tomar por culo -le da un bocado a la tortita cubierta de nata y chocolate mientras que a su lado, Kageyama adopta la misma actitud de fingida relajación.

Hombro con hombro, Kenma sigue mirando el móvil de Tadashi. Quizás la cercanía debería incomodarles pero está tan absorbido por lo que sucede en el grupo como para pensar en lo monas que son las pecas de Yamaguchi y lo bien que huele su pelo.

La explicación llega al instante cuando un "Hinata ha abandonado el grupo" seguido de un "Kageyama ha abandonado el grupo" da por finalizada la diversión a costa de su affair y los diferentes testimonios gráficos de éste.

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Kenma no tiene intención de quedarse hasta que se vaya el tren, la situación ya es suficientemente rara sin tener que decir adiós con la mano… ¿a quién?. ¿Al chico con el que se había liado la noche anterior y que probablemente no volviera a ver salvo en algún partido? ¿a Shouyou, el único por el que pudo haber sentido algo aparte de Kuroo y al que acabó dejándole su propia cama para que pudiera acostarse con Kageyama? ¿a Tsukishima, y ver cómo Kuroo mira el tren alejarse sin querer verle el maldito brillo en los ojos?

Tanaka y Nishinoya no tardan en llegar acompañados por Yamamoto, como tampoco tardan en empezar con las bromas inevitables. Puede oír a Hinata afirmar que no piensa separarse de Kageyama por mucho que se burlen, que acabarán acostumbrándose y tarde o temprano dejarán de hacerles gracia. Se reafirma en lo que dice cogiendo la mano del moreno. Éste se tensa inicialmente. Están en público y no está bien visto pero le corresponde el gesto apretándola con la suya, entrelazando los dedos brevemente antes de soltarla. Los otros dos del Karasuno les dan palmadas en la espalda, se supone que están dándoles la enhorabuena pero son tan brutos que parece que están salvándoles la vida de morir asfixiados.

Quedan cinco minutos para que cierren las puertas del tren. Ya empiezan a impacientarse cuando ven aparecer a Tsukishima acompañado por Kuroo. Salvo él y Yamaguchi, que se miran de soslayo como dándose ánimos, nadie parece sospechar nada, más interesados en ver el cara a cara entre el rubio y la parejita de primero.

Hinata a veces reacciona exageradamente con facilidad, es ingenuo y revoltoso. Todo eso añadido a su apariencia casi infantil no ayuda a hacerse una verdadera idea de lo que es. Porque es de los que no se rinden, de los que hablan a la cara sin miedo, de los que se enfrentan a la adversidad doblando las fuerzas aunque se encuentre en desventaja.

Todo eso que Kenma le había visto jugando al voleibol, lo está viendo ahora al plantarle cara a Tsukishima. Después de todo, el cerebro de Hinata solo tiene capacidad para dos cosas: el voleibol y Kageyama y está claro que con el moreno pretende poner el mismo tesón.

Por eso, antes de que el bloqueador pueda decir algo (duda que fuera una disculpa así que lo más seguro es que sea uno de sus comentarios mordaces), el pelirrojo se pone de puntillas y besa en la boca a un desprevenido Tobio.

No es como si todos los presente no lo hubieran visto la noche antes, pero es una manera de hacerle ver al cuervo rubio que le importa una mierda lo que opine de ellos y que lo que tenga que decir no les va a aguar la fiesta.

-Entonces ¿estáis saliendo? -pregunta Nishinoya-. Lo digo viendo venir a Daichi.

-Vosotros veréis lo que hacéis en privado pero las cosas de pareja se dejan en la puerta del gimnasio -dice Tanaka haciendo una imitación casi perfecta de la voz y la pose del capitán del Karasuno.

Hinata pide ayuda con la mirada a Kageyama, pero éste parece haber caído en la cuenta en ese momento de que no ha sido cosa de una noche, que quizás sí estén saliendo.

-Kageyama, ¿estamos saliendo? -le pregunta Hinata, sin importarle estar aclarando ese tema tan personal delante de todos. Sus ojos brillan de ilusión.

Kenma no sabe qué habrá pasado esa noche en su habitación, pero siente envidia del modo en que Hinata lo mira y Kageyama le devuelve la mirada, a pesar de su ceño fruncido y la boca enfurruñada.

-¿Por qué me preguntas? -contesta, mirando hacia otro lado. Los labios aún más apretados.

-No sé, si quieres le pregunto a aquel señor de allí -dice Hinata, poniendo los ojos en blanco-. ¡Mira que eres cerrado!

-¿Y tengo que contestar aquí? -dice, pasando la mirada por la audiencia, con la sensación de que sólo le falta que le den un micrófono y lo anuncie por megafonía. O aún peor, que les enfoquen con una cámara de esas que enfocan a las parejas en los partidos de baloncesto para que se besen o se pidan matrimonio.

-Por favor, estamos esperando -dice Nishinoya, que no para de dar saltitos por los nervios.

-Estamos impacientes -le apoya Tanaka.

-Odio tener que decir esto pero si vais a ser igual de intensitos como pareja prefiero saberlo. Así me puedo sacar los ojos antes de veros besuqueándoos todos los días -admite Tsukishima a su manera.

-¡Hasta Tsukishima necesita saberlo! -exclama Shouyou y el rubio suspira como si nada de aquello fuera con él.

Yamaguchi simplemente les da una señal de ánimo con el pulgar hacia arriba. Es normal que no quiera posicionarse ni dar la espalda a ninguno de los dos bandos. Después de todo, según acabó diciéndole a Kenma, Tsukishima no era mala persona una vez que lo acabas conociendo y, a pesar de que Hinata y Kageyama lo sacan de quicio y suelen ser el blanco de sus comentarios, en el fondo los aprecia.

-Su… supongoquesi… -murmura Kageyama sin querer enfrentar la mirada curiosa de su público.

-¿Qué? -preguntan Tanaka y Nishinoya.

-¿Qué? -pregunta Hinata, pero esa sonrisa y esa luz en su rostro son tan sinceras que no pueden engañar a nadie.

-Lo has escuchado perfectamente, no me hagas repetirlo -está a punto de apretarle la coronilla cuando Hinata se escabulle entre sus brazos y se cuelga de su cuello repartiéndole pequeños besos en una mejilla que jamás había visto tan colorada.

Tanaka y Nishinoya vitorean y hacen poses. Y no hay más que ver la cara de Hinata para saber que le está costando conformarse con besos castos e inocentes, porque la manera en que le gustaría estar besando a Tobio no es apta para hacerla en público en una sociedad como en la que viven.

Finalmente se suben al tren, siendo la nueva pareja los últimos no sin antes ser advertidos por Tsukishima:

-Son tres horas de viaje, dejad la calentura para después y no montéis el espectáculo.

Antes de que se cierre la puerta, el rubio del Karasuno mira a Kuroo por encima del hombro. El único gesto que han intercambiado desde que han llegado pero que no pasa desapercibido para Kenma.

Han sido los últimos en llegar y supone que es porque no se pueden despedir como quisieran delante de todo el mundo. Entiende que no es lo mismo que la noche anterior en la fiesta donde si se les iba la mano o desaparecían durante diez minutos nadie iba a decir nada porque estaban en otra cosa.

Se le hace raro que sean capaces de mantener la distancia. Incluso él y Yamaguchi han intercambiado miradas y alguna tímida media sonrisa antes de que el castaño se suba al tren. Y entonces le golpea la duda, la posibilidad que empieza a rugir dentro de su pecho.

¿Y si no ha ido bien? ¿Y si han discutido?

¿Y si es el principio del fin?

Observa a Kuroo, que en ese momento habla con Taketora, y no ve nada raro en él. Sabe que si hubieran roto o hubiese pasado algo podría intuirlo y no estaría tan animado como se le ve hablando con su compañero del Nekoma.

Kenma recuerda la primera vez en que supo que algo había pasado con Tsukishima durante el campamento de verano. Era porque ya tenía referencias de cómo actuaba Kuroo en esos casos. Cuando pasó lo de Bokuto fue tan evidente que no tuvo ni que insistir mucho para que Kuroo confesara (aparte de que parecía estar deseando hacerlo).

Esta vez no veía nada distinto, porque los clichés de las películas románticas de adolescentes eran eso, clichés. Nadie se levantaba al día siguiente con "ya no soy virgen" escrito en la frente, ni era algo que todo el mundo pudiera saber a simple vista.

Quizás porque Kenma no tenía referencias sobre cómo se comportaba Kuroo ante esas situaciones.

¿Sería por eso también que Hinata y Kageyama habían estado tan raros hasta que empezó a liarse parda en el grupo del Karasuno?

Sacó el móvil del bolsillo dispuesto a refugiarse en alguno de los juegos, para esconderse de la realidad y no tener que enfrentarla.

Kuroo lo conocía muy bien… ¿sería capaz de darse cuenta de lo que había pasado esa noche?

Era mejor si no tenía que mirarlo y el móvil es la excusa perfecta cuando no quiere que le molesten.

Allí parado en medio de tierra de nadie, Kenma no se da cuenta de que Kuroo lo llama hasta que tiene que tirarle del brazo para que le siga. En la puerta de la estación, Yamamoto se despide y sigue camino a coger el metro que va a su casa, mientras que los otros dos del Nekoma se quedan a solas. Sin decir nada, el moreno toma la dirección que los llevaría hasta su barrio. Viven en la misma calle y podrían volver juntos, sólo que es Kenma quien lo detiene antes de que avance y se alejen de la parada del metro.

-Debería ir a casa de Bokuto a recoger las consolas -dice el rubio.

No tiene intención de que Kuroo le acompañe, más bien lo contrario, es una manera de buscar una excusa para no tener que volver juntos a solas con silencios incómodos y situaciones que era mejor mantener ocultas.

Se siente mal por estar propiciando ese distanciamiento cuando realmente Kuroo sigue tratándolo como siempre. Es cierto que Tsukishima está robándole un tiempo que antes le pertenecía y que es mucho más evidente cuando está presente, como la noche anterior en la fiesta, aunque tiene la suerte de que no es algo que ocurra a menudo.

Kenma no podría echárselo en cara siquiera. No tiene más que alzar la vista un poco para verle pararse en seco y volver a su lado dispuesto a acompañarle sin protestar.

-Voy contigo.

-No hace falta.

-No podrás tú solo con todo.

-¿Quién te crees que lo llevó? No soy ningún enclenque -le reprende Kozume con la mirada entornada, haciéndose el ofendido.

Kuroo se ríe, dándole la razón, avergonzado en parte por que Kenma pensara que lo había dicho con esa intención. Su risa, cercana y un poco escandalosa, le templa el pecho a Kenma y por un instante es capaz de olvidar todo el lío de sentimientos en el que se han metido.

Olvida que no quiere que le mire a la cara y sea capaz de leer lo que no quiere contar.

Olvida que no quiere que se siente a su lado porque teme encontrar un olor ajeno, el de Tsukishima, en lugar del reconfortante olor de Kuroo.

Lo olvida todo hasta que ya han cruzado los tornos del metro.

-Puedo ir solo, en serio -insiste.

-Acabo de pasar la tarjeta, ¿me vas a hacer gastar el viaje en vano?

-Siempre puedes cogerlo en dirección a casa, tonto.

-Kenma… Si estás tratando de evitarme, puedes decírmelo y me ahorras estar haciendo el imbécil.

El rubio del Nekoma suspira y hunde los hombros, derrotado. Objetivamente Kuroo no ha hecho nada que merezca que lo aparte de él.

-Está bien. Es absurdo. No vas a parar de todas formas -murmura Kozume, sabiendo que su amigo le acompañará a casa de Bokuto sea como sea.

El metro no tarda en llegar y tienen suerte de que hayan asientos libres, sentándose uno al lado del otro. Kenma finge estar más centrado en el juego del móvil de lo que verdaderamente está, Kuroo saca su teléfono y lo ve de reojo escribir y reír entre dientes. El pellizco y la mala sensación no se le van. No levanta la vista de la pantalla pero termina por soltarlo.

-¿Por qué iba a estar evitándote? -pregunta Kenma. Sabe que es verdad, después de todo ha intentado que no le acompañe. Tampoco le extraña que Kuroo se haya dado cuenta, tiene ese sexto sentido que hace casi imposible ocultarle nada.

Pero lo pregunta con segunda intención.

¿Por qué iba a estar evitándote? ¿acaso tengo motivos?

-Estás raro -le dice Tetsurou.

¿Cómo quieres que esté?

Kenma es consciente de que Kuroo no puede ser más explícito sin dejar al margen a Tsukishima. Pero aunque no lo diga, está seguro de que el moreno sabe perfectamente cual es el motivo del comportamiento de Kozume. Insistir es meter el dedo en la llaga y removerlo.

-Tú también -se limita a contestar el rubio.

Ve por el rabillo del ojo la mano de Kuroo acercarse y por un instante se pone tenso, apretando entre sus dedos el móvil. Cuando Tetsurou quiere que le preste atención, a menudo suele quitarle la consola de las manos.

Se acerca y Kenma le mira, esperando que le quite el móvil, esperando que le exija una explicación, una confesión. El corazón le empieza a latir rápido. Hincha el pecho reteniendo el aire dentro, el olor de Kuroo, solo de Kuroo y nadie más se extiende por su cuerpo como un placentero hormigueo, conocido y cálido, como una tarde de domingo acurrucados en el sofá, jugando a la Play y tapados con la manta de Sonic que ya solo les da para taparse la mitad del cuerpo. Kuroo tiene las piernas demasiado largas y la mala costumbre de tumbarse a todo lo largo del sofá, con la cabeza o los pies apoyados en el regazo de Kenma y así es imposible que quepan lo dos debajo de una manta que fue comprada para un niño de nueve años.

Los dedos se le quedan sin fuerza y a Kuroo no le cuesta nada separar algunos de la pantalla. No le arrebata el móvil pero sí los observa con cuidado y chasquea la lengua recriminándole que después de tantos años y con lo que le costó dejarlo, haya vuelto a comerse las uñas.

Kenma se da cuenta y se avergüenza de sí mismo, aún así, aunque no sirva de nada, trata de ocultarlos. Ya es tarde. Por si quedaba alguna duda, Kuroo ya sabe que todo lo que está pasando le está pasando factura.

Es cuando le coge de la barbilla para hacer que le mire, pues para Kenma es mucho más cómodo inclinar la cabeza, hundirse en su mundo virtual y que su pelo largo lo proteja del resto.

Se da cuenta de que aún está aguantando la respiración, sin querer dejarla salir, como atesorando para sí mismo la esencia intacta de Kuroo. Y es cuando le hace mirarle a la cara sin nada en lo que refugiarse, que suelta todo el aire de golpe, porque los dedos de Kuroo le han rozado la mejilla para apartarle el pelo.

Es ridículo sentirse como se siente cuando han compartido tantos momentos juntos que un simple roce de piel contra piel no debería desatarle lo que le desata. Pero eso mismo es lo que indica que ya nada es como antes.

Le tiene justo delante, cerca, el corazón le duele a rabiar por todo lo que está pasando. Se siente desnudo y descubierto, vulnerable ante la mirada de Kuroo que parece querer ver más allá. No sabe por qué no dice nada, por qué le mira con tanta intensidad.

Kenma hace lo mismo, repasando sus facciones, esperando encontrar algo distinto que le delate, aparte de moratones en su cuello que le remueven las entrañas.

¿Qué pasaría si lo dice? Si en ese instante le dijera a Kuroo que le quiere… ¿Cambiaría todo o no cambiaría nada? ¿No sería mejor hacerlo y terminar con todo de una vez?

Están tan cerca que es fácil perder la mirada, desenfocarse y aún así seguir viéndolo tan perfecto en su imperfección. Kenma entreabre la boca sin darse cuenta, dispuesto a que salgan las palabras que tengan que salir. La mirada de Kuroo no tarda en centrarse en sus labios y al rubio se le vuelve a cortar la respiración sin saber si habrá sido una provocación por su parte.

Casi está a punto de cerrar los ojos y que pase lo que tenga que pasar, ¿por qué si no Kuroo estaría mirándole la boca con tanto interés?

No le ha visto mojarse el pulgar porque está más pendiente de la lengua que ha asomado brevemente entre sus dientes. Está absorbido dentro de una burbuja donde no están en público, no en el vagón de metro rodeado de gente que posiblemente les estén mirando.

No piensa en nada de eso hasta que la burbuja se rompe en cuanto el dedo húmedo de Kuroo le roza los labios y le escuece.

-¡Ay! -se queja.

Se lleva sus dedos a los labios por inercia, como si quisiera comprobar que con los suyos también molesta y no sólo es por culpa de los de Kuroo.

De pronto hay ruido a su alrededor, y gente que habla y se levanta, haciéndole volver a la realidad. Kuroo sigue frente a él y no le está besando sino que le está mirando con cierta preocupación.

No cae hasta que es demasiado tarde y cree haber hecho el ridículo, (porque no puede estar seguro al cien por cien de no haber cerrado los ojos), que Kuroo no le besaría jamás mientras esté con Tsukishima. No es de ese tipo de chicos que juegan a dos bandas.

-Los tienes irritados.

-Lo sé.

-Deberías ponerte bálsamo sobre todo ahora que empieza el frío.

-Ya…

Como diga una sola cosa más le va a reventar la cara de la vergüenza. Kenma no está muy seguro de si Kuroo lo está haciendo a propósito para reírse a su costa o verdaderamente no tiene ni idea de lo que ha pasado. Quizás sea que no lo ha asociado, pues no hace tanto que a él le pasó exactamente lo mismo y no paraba de pasarse la lengua por el labio. Será la experiencia lo que le ha curtido la piel y ya no se le irrita como las primeras veces.

Porque ahora es su turno, labios que habían permanecido aún tiernos y vírgenes hasta esa misma noche y que ahora se estaban cobrando su precio. No puede decir cuantos besos compartieron Yamaguchi y él, habría perdido la cuenta de haber querido contarlos. Sólo sabe que parecieron horas, que no pararon hasta que la noche empezó a clarear y la llegada del día amenazaba con que alguien pudiera descubrirles.

Y aún así, en lo único que es capaz de pensar es en ¿cuántas veces se habrán besado Kuroo y Tsukishima para llegar a ese punto en que sus labios ya se han acostumbrado al roce de otros?

-Te he echado de menos -le dice Kuroo, justo en ese momento en el que las defensas de Kenma están bajas después de haber creído que iba a besarle.

Como si fuera una frase totalmente inocente y no fuera a provocarle ese pellizco en la tripa.

¿Qué demonios estás diciendo, Kuro? No lo hagas más difícil de lo que ya es, porque…¿cómo?¿cuándo?¿dónde? Me has echado de menos. Maldita sea, no puedes hacerme esto.

Kenma no está dispuesto a que juegue con él. Sabe que no, que Kuroo no lo haría y, por mucho que le guste chincharle o bromear, nunca lo haría con algo serio.

-¿Por qué? -pregunta el rubio, volviendo a mirar al frente y a su teléfono, tratando de aparentar que no le afecta-. Sigo estando aquí.

-Lo sé, pero ayer en mi cumpleaños apenas te vi. Supongo que no estoy acostumbrado.

Es consciente de a lo que se refiere. En los diez años que llevan conociéndose, en ninguno de ellos ha faltado Kenma a su lado en su cumpleaños. Ni siquiera aquel año en el que se empeñó en salir de la cama con 40 de fiebre y cruzó la calle con más ropa de abrigo de la que su cuerpo era capaz de gestionar. Si no fuera porque su padre le acompañó, habría temido caerse y morir como las tortugas cuando caen de espaldas y no son capaces de levantarse.

Tampoco es que Tsukishima lo acaparara todo el rato. Si tenía que ser objetivo, salvo él que se daba cuenta de lo que ocurría porque lo sabía, habían sido bastante discretos y no habían llamado la atención en general.

No es que sean exclusivos y no se junten con otras personas. De hecho, Kenma está bastante acostumbrado a que Kuroo ande con Bokuto y Akaashi. Él a veces va con ellos y otras va con los chicos del Nekoma, y no pasa absolutamente nada.

Pero sí es capaz de entender el por qué Kuroo le está diciendo que esa noche le había echado de menos. Apenas habían intercambiado palabra. Kenma se pasó la mayor parte de la noche en el sofá, o bien sentado y jugando o dormido, mientras que en el momento clave, estaba vomitando en el baño. No tenía nada que ver con cómo habían pasado los cumpleaños otras veces.

Pero claro, otras veces, aunque hubiese pasado exactamente lo mismo, Kuroo no tenía ese cargo de conciencia de estar pasando un tiempo con Tsukishima que antes compartía con Kenma. Es normal que se sienta culpable cuando en el día a día es algo mucho más esporádico, unos mensajes aquí, alguna que otra llamada. Y que no se puede comparar con tenerlos a los dos, Kenma y Tsukishima, en el mismo sitio reclamando su atención a la vez.

-Pues acostúmbrate. Dentro de poco irás a la universidad.

El colocador del Nekoma quiso dejarlo en el aire y no ser más concreto. No sabía en qué universidad terminaría Kuroo pero incluso ingresando en algunas de las de Tokio lo más probable era que hiciera vida en el campus y no lo viera a diario. Era un tema que le impacientaba pero que tampoco quería tratar como si estuviera juzgando sus decisiones, no quería ser él o su opinión quien condicionara el futuro de Tetsurou.

Pero tampoco quería que fueran otros. Si Kuroo terminara yéndose a Sendai lo respetaría pero no estaba seguro de ser capaz de soportarlo.

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