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Uno sólo.

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Abrió las piernas contrarias con gentileza, admirando dicho cuerpo que hace momentos atrás se había encargado de despojarlo de sus respectivas ropas, dejando una sola de ellas.

Sí había una de las cosas que Dazai amaba eran estos pequeños momentos donde aprovechaba para jugar un rato con el pelirrojo, donde aprovechando cada descuido del mayor para hacerlo suyo, deleitándose con ese bello cuerpo que ahorita mismo se removía nerviosamente durante todos sus juegos el castaño siempre había sido el de abajo, pero esta vez... Las cosas serían un tanto diferentes, esta vez Dazai había tomado el control y una vez tomado, estaba seguro que no volvería a dejar que el pelirrojo lo tuviera nuevamente.

Dirigió su mirada sonriente hacía los ojos contrarios, verlo morder sus propios labios, fruncir el ceño todo le causa esa sonrisa que tenía puesta en esos instantes, sus dedos inquietos desde hace ratos habían estado jugando con la entrada del mayor saliendo y entrando sobre la ropa, pero para Dazai esa última ropa ya le estaba haciendo estorbó.

Y sin querer esperar más tiempo decidió quitársela de un tirón.

Los ojos del castaño brillaron con intensidad al ver aquella hermosa vista, una sonrisa bastante satisfactoria se formó en sus labios, para el castaño no había mejor gloria que está, oh bueno quizás sí había... Y estaba a punto de llegar a ese punto.

Volvió a ponerse entre las piernas contrarias, poniéndolas sobre sus hombros, levantando levemente las caderas del pelirrojo.

Aquella sonrisa que tenía en sus labios muchos pensarían que es de pura maldad, pero para Odasaku no lo era, conocía a la perfección al castaño y sabía que aquella sonrisa no había ni un rastro de maldad más que una fina capa de pura satisfacción.

Es como si el castaño hubiera previsto todo esto, como si Dazai tuviera planeado todo esto... Y para este punto el pelirrojo no había dudado ni un segundo que todo esto era parte del plan del castaño.

Repentinamente su cuerpo sintió un escalofrío subir por toda su espalda, siendo sacado de sus propios pensamientos, apretó un poco más sus dientes contra su labio inferior, está situación no era de su total agrado pero... ¿Cómo negarse al castaño? De alguna u otra forma sabía que esto terminaría así, era un hecho que no podría evitar por más que quisiera.

Volvió a estremecerse ante la intromisión del segundo dedo dentro de él, sintiendo como su propia entrada apretaba los dedos del castaño y al mismo tiempo como este jugaba... Cómo abría sus dedos en forma de tijeras, le molestaba... Le molestaba porque una parte de él disfrutaba de esto entrando en conflicto con la parte que no lo estaba disfrutando ni un poco.

— Dazai...

Llamó al castaño suspirando en el proceso haciendo que el castaño levantará su mirada y se acercará a él depositando un casto beso en sus labios, Odasaku sabía que tenía que decir algo pero antes que pudiera hacerlo, el tercer dedo del castaño ya estaba dentro de él.

Desviando su mirada apretando sus dientes contra su labio cerrando sus ojos con algo de fuerza apretando ligeramente las sábanas con ellos unos pedazos de pétalos de rosas rojas, amarillas, azules, blancas todo gracias al castaño, no admitiría que esos delgados dedos dolían y aún más cuando el contrario los movía con lentitud sabiendo que lo hacía así para no lastimarlo más del dolor que ya sentía, cuando al fin se había tranquilizado ante aquella extraña situación, al castaño se le ocurrió apresurar más sus dedos, volviéndolos un poco salvajes al mismo tiempo cuidaba de no lastimarlo.

Durante toda la noche el castaño no había dicho ni una sola palabra más que en la cena, eso de cierta manera le preocupaba al pelirrojo poniéndolo en ciertas dudas, preguntándose si realmente estaba haciendo bien. Y como si aquellas dudas las hubiera dicho en voz alta, el menor ya estaba repartiendo besos por todo su rostro desde su barbilla hasta la frente mirándolo con atención antes de murmurar unas cuantas palabras. — Odasaku… si es contigo, todo estará bien.

Dejando que las dudas que el pelirrojo tenía se las llevará el viento dando paso a un demandante beso de parte de ambos, buscando más contacto, en busca de más pasión.

Ante la falta de oxígeno ambos se separaron, Odasaku sin pensarlo dos veces llevó una de sus manos acariciando la mejilla del contrario, sabiendo que un simple gestó de él alegraría al menor, cualquier cosa que dijera lo haría, porque Dazai era un niño que necesitaba ser mimado.

Y él estaba dispuesto a mimarlo sin importar que, estaría ahí para protegerlo de todo y de todos, estaría ahí para darle su apoyó no solo como amigo sino también como su pareja.

Por eso mismo con un simple gestó fue suficiente como para dar a entender al castaño que podía seguir, no supo cuál fue su reacción al ver la tierna mirada del contrario pero si sabía que detrás de esa sonrisa se escondía otra totalmente diferente.

Su instinto reaccionó apretando las sábanas con fuerza, volviendo a morder su labio inferior queriendo evitar soltar un gemido siendo este ahogado por él mismo.

Sabía que los dedos al tamaño del miembro iban a ser diferente y con esto traería cierto dolor, no se esperaba que fuera un poco más doloroso de lo previsto. Para ser sincero jamás pensó que estaría en esta extraña situación. Para estos momentos Dazai recordaba cómo empezó esto y fue justamente cuando el pelirrojo salió de la casa, dejándolo completamente solo.

Fue ahí donde una sonrisa se formó en sus labios, empezando su pequeño plan arreglando toda la casa incluso los rincones más pequeños o los más polvosos, se encargó de limpiarlo y decorarlo… así es como la cama compartida termino lleno de pétalos de diferentes colores formando un corazón con ciertas palabras escritas, un simple pero significativo “te amo” de parte suya, al ver el resultado que tuvo no pudo estar más que feliz su segunda fase del plan estaba lista y ¿la primera? La primera la tenía más que lista, mucho antes que Oda se fuera y mucho antes de que se levantara.

La reservación estaba lista de hecho todo estaba listo, lo único que tenía que hacer era llevar al mayor al lugar reservado para ambos, terminando en la cama.

Dando a la situación que estaban teniendo, pero para estos momentos el mayor se encontraba besando sus labios de forma lenta y pausada poco a poco subió de intensidad, introduciendo su lengua en la cavidad bucal contraria, dando a entender al menor que podía empezar a moverse. Dazai sin perder tiempo correspondió el beso de la misma forma que fue dado al mismo empezó a moverse lentamente con cierto cuidado.

Seguía sin poder creerse verse en este estado, pero para este punto realmente ya no importaba nada, simplemente disfrutaría del momento que estaba teniendo con su pareja, además el simple hecho de que ambos se estaban volviendo uno… no le molestaba, le gustaba en especial porque era con él. A pesar de ser extraño, estaba seguro que no se imaginaba con nadie más de no ser con ese castaño que le robaba cada gemido salido de su boca, cada vez que su nombre salía de sus labios, cada vez que su espalda hacia un perfecto arco debido a las embestidas contrarias, cada vez que su cuerpo se removía o ponía un expresión placentera, todo eso es y era de ese pequeño demonio. Que para él, era un simple ángel intentando hacer una travesura, una muy traviesa travesura pero a la vez una muy exquisita experiencia.

Siendo que esta había llegado a su fin cuando el menor había eyaculado dentro de él, ambos mezclando sus voces en sintonía, respirando con dificultad, agotados por completo. Fue ahí donde nuevamente el castaño aprovecho para abrazarlo levantando su mirada con una sonrisa pegada a su rostro. — Odasaku

Lo llamo soltando en un tono suave y lo suficiente alto para que lo escuchara, hizo un pequeño ademan esperando las palabras del menor.

— Si tenemos una hija… quiero que se llama Kazue

Odasaku parpadeo levemente sin entender muy bien lo que deseaba el castaño, su mirada tranquila término en el techo mientras apretaba el agarre acercando más al castaño.

— Ambos somos hombres no podemos tener hijos… — sus palabras se vieron interrumpidas por un pequeño quejido de parte del menor, al verlo y ver el pequeño puchero que estaba haciendo su corazón dio más de mil vueltas haciendo que una pequeña sonrisa se dibujara en su rostro. — Pero podríamos adoptar.

Finalizo cerrando sus ojos apachando al cuerpo contrario, ocultando su rostro en su cuello aun sin quitar esa sonrisa pegada en él, dejando que el menor le diera unas cuantas caricias antes de caer dormido en sus brazos.