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Amor Ideal

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"EL PRIMER AMOR... NO SIEMPRE LLEGA EN ORDEN"

Luca_Solic

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Otro extraño día, otro obscuro y extraño día.

El calor cada vez más agobiante, porque está iniciando la primavera, las moscas pululan por todas partes, y su petulante rostro sigue sonriendo, intacto. Como si los 40 grados a la sombra que están haciendo, no le molestaran en absoluto. Bueno, no exageremos, según la aplicación de clima de mi celular son 36 °C.

Suspiro cansado, apenas llegue a mi casa voy a ducharme, no me aguanto, a pesar que dentro de la oficina el aire acondicionado hace su trabajo. Admito que tal vez mi desorden mental sobre la limpieza y la pulcritud me afectan, pero sólo un poco.

Su rostro, esa sonrisa que ilumina más que el sol, esos ojos verdes que me marean. Parece un gato, el corte en forma de avellana de sus ojos me lo figura, le faltarían las dos orejitas puntiagudas en su cabeza… y porque no, un par de bigotes largos.

Dejo de volar y vuelvo a los eternos papeles, a revisar, verificar, ordenar, clasificar y archivar. La administración es lo mío, creo que moriría si tuviera que atender gente. Admiro a los que trabajan en el departamento de atención al cliente, yo no puedo, pierdo los estribos con facilidad. O mejor dicho eso es ahora, porque antes realmente disfrutaba el contacto con la gente, disfrutaba resolver problemas, sacarles una sonrisa… antes…

—¿Levi? —¡Ah! Esa voz.

—¿Sí? —Respondo despacio.

—¿Ya terminaste con las pólizas de los usados?

—Sí, ayer, ahora estaba empezando las de los cero kilómetro.

—¡Increíble, eres un genio! —Lo miro sin expresión en mi rostro, hace años me acostumbré a usar esta máscara de indiferencia, y no sé cuántas veces me ha pasado, pero siempre hace que me lata el corazón de esta manera con solo escuchar mi nombre en sus labios—. Excelente trabajo, Levi, como siempre —Y sonríe—. No sé como haces, pero eres el único que cumple las entregas a término —Me sonríe otra vez.

—Sólo cumplo con mi trabajo —digo humildemente, aunque mi amor propio tenga el tamaño de un globo aerostático en estos momentos.

Finjo desinterés, yo nunca puedo devolverle esa sonrisa brillante, la mía queda opacada, es suficiente con la suya.

Eren J. Jeager, Er para los íntimos, o al menos eso escuché por ahí. Mi gerente, el director de la sucursal en la que me desempeño, hombre de negocios, con un gran carisma, extremadamente hábil para el comercio, alto, un poco delgado, pero es del tipo atlético, sonrisa de propaganda (uno de sus dones más evidentes), y es mi gran, gran amor platónico, desde hace ya tres años.

Es perfecto, excepto por el pequeñísimo detalle de que es hetero. Y bueno, no todo puede ser como uno quiere. Ya perdí la cuenta de cuantas veces lo imaginé… que nos imaginé, viviendo juntos, charlando… porque más que una fantasía sexual (que las tengo), con él mis fantasías por lo general son a otro nivel, más profundo, imaginar cómo sería una vida a su lado, compartiendo momentos, siendo compañeros. Tenía un par de fotos en mi celular, que tuve que borrar desgraciadamente, si las descubría Erwin, mi novio archi mega celoso, de seguro me hubiera dado una paliza. Aún tengo secuelas de la última.

Se sienta al lado mío, y eso me sorprende un poco.

—¿Estás bien? —Pregunta y lo miro con duda.

—Sí, ¿por qué? —No entiendo.

—No sé, normalmente eres callado y todo, pero últimamente te noto… un poco… ¿triste, a lo mejor?

No le contesto, le corro la vista, soy como un robot en el trabajo. Nunca hablo de mi vida privada, no me gusta, y menos que menos con él.

—Levi… —¡Ah, cómo me gusta el sonido de mi nombre con su voz!—. Soy tu jefe, y no pretendo que me trates como un amigo, pero quiero que sepas que puedes confiar en mí, ¿ok?

Asiento, para darle el gusto, pero no, no puedo decirte que es lo que en verdad me pasa.

—Voy a fumar, ¿me acompañas? —Me dice casi con lástima.

—Sí.

Adoro esos minutos en donde compartimos un cigarro, para él debe ser algo común, para mí es extraordinario. Está al lado mío, apoyado en la baranda, porque fumamos en la terraza del edificio de la compañía. Su codo apenas me roza, para mí es una caricia. Tal vez la única que tendré de este hombre. Lo miro detenidamente, algo le sucede, es más que obvio. Hace poco empezó a conversar más conmigo, tengo algún extraño poder para hacer que la gente me confíe sus dilemas, tal vez soy bueno escuchando, no sé. Será que hablo poco…

—¿Y tú? ¿Estás bien? —Pregunto.

—Sinceramente, no —Se sincera algo deprimido, es raro verlo a él en ese estado—. Las cosas con Mikasa no pueden estar peor —Mikasa, la esposa—. Me pescó algunos mensajes, no eran la gran cosa —Sí, claro, los revolcones ocasionales nunca son la gran cosa para él. Todos en la oficina conocemos su reputación—. Pero esta vez no me perdonó. Ya pasó una semana, es mucho, normalmente —¿Normalmente?—, en uno o dos días todo se arregla. No sé qué le molestó tanto esta vez.

—¿Se lo preguntaste?

—Sí, obvio, pero me mira con reproche, llora, me grita que no entiendo nada y sigue llorando —En serio, este tipo es un frígido sentimental.

—Tal vez se cansó —digo como si fuera lo más obvio, pero me mira sorprendido.

—¿Se cansó? —Repite con duda.

—Y sí, siempre es más de lo mismo, ¿no? Le pides perdón, te muestras arrepentido, ella te acepta de nuevo, y todo se vuelve a repetir, una y otra vez. Eso desgasta, probablemente esté cansada.

—¿Qué tengo que hacer, entonces?

—No sé, mostrar verdadero arrepentimiento, hacer algo importante para ella. Un viaje los dos solos, una salida significativa, una carta. Fingir que de verdad te importa.

—¿Fingir? —Pregunta desconcertado.

—Sí, fingir. Porque si de verdad te importara, y si de verdad estuvieras arrepentido de corazón, no lo volverías a hacer. O tal vez te confiaste demasiado que ella siempre te iba a perdonar. Lo cierto es que si sigues así, algún día te va a echar a patadas, y no va a cambiar de parecer —Como ven lo sutil no es lo mío, ni dar vueltas, soy directo, honesto, hiriente, lo sé.

—Me gusta hablar contigo —dice sonriendo—, porque eres el único que siempre me dice lo que piensa. Otro en tu lugar, porque soy el jefe, hubiera sido condescendiente. Y para solucionar esto necesito sinceridad absoluta. Voy a considerar lo del viaje, tampoco me vendrían mal unas vacaciones, hace dos años que no paro.

—¿Cómo están tus hijos? —Pregunto sólo para retenerlo un rato más.

—Bien, Far aprobó todas las materias, lo cual es un alivio— Farlan, el adolescente de dieciséis años—, y Armin, bueno, le fue bastante bien en el jardín, se adaptó rápido —Armin, el pequeño de cinco—. Armincito no se da cuenta aún, pero Far estuvo algo esquivo conmigo últimamente.

—Bueno, es un adolescente, realmente no se puede saber si es por tu pelea con su mamá o por sus hormonas.

—Tienes razón —Acepta sonriendo—. ¿Cuántos años tienes Levi? ¿26, 27?

—En diciembre cumplo 32 —Respondo.

—¡Ah bueno! ¿Eres pariente de Peter Pan?, pareces más joven, debe ser porque no tienes carga familiar —Se vuelve a reír, ¿acaba de llamar "carga" a su familia?—. ¿Y qué es de tu vida? ¿No tienes hijos, novia, proyectos?

—Sólo proyectos —digo mirando al horizonte, mientras termino el último cigarro que me queda.

Me estás poniendo nervioso, no me gusta que husmeen en mi vida privada.

—¿Qué clase de proyectos? —Sigue indagando.

—Bueno, terminar de remodelar mí cocina, de pagar mi primer auto, ser el mejor empleado…

—Ya eres el mejor empleado —Afirma—. Pero no se lo digas a nadie, tus compañeros son celosos —Susurra por lo bajo y el corazón se me dispara—. ¿No eres de los que se casan y tienen hijos, ¿uh? —Lo miro con seriedad.

—No, la verdad que no.

—¿Algún motivo en particular?

—Sí… soy gay —¿Dije que soy directo?

Lo miro sin expresión alguna, pero su cara se desfigura. Lo sé, "asco", lo está sintiendo ahora, ¿no? No es como si me sorprendiera, lo viví por muchos años. A veces creo que es una de las razones de mi aislamiento social… no, la razón principal es mi novio. Igual, no disfruto demasiado de las conglomeraciones, mantengo la distancia y mi espacio, es mejor así. Aunque pensar que hace un par de años atrás vivía de fiesta en fiesta, ahora miro esos recuerdos y me parecen tan lejanos.

—Ah bueno, está bien —dice por compromiso, ahora toca la parte en la que sale corriendo, rechazo, lo puedo palpar. Pero es el jefe y tiene que mantener la compostura, no te preocupes, te voy a ayudar.

—Permiso, me vuelvo, tengo mucho por hacer. Realmente espero que arregles las cosas con tu mujer —Levanto la mano a modo de saludo y me retiro.

—Gracias —Responde escuetamente.

Bajo los escalones, no tengo ganas de usar el ascensor. Dolor. Dolor punzante y agudo, típico. De todas manera es inalcanzable para mí, prefiero que se alejes, porque si se acercas aunque sea un poco, no puedo evitar soñar con una mínima esperanza, una esperanza en vano. Es mejor así. Y hasta siento cierto alivio, aunque me sorprende que en 6 años ni siquiera tuviera una mínima sospecha.

Vuelvo a sumergirme en la rutina, computadora, papeles, pilas de papeles, el colectivo, bañarme, cocinar, limpiar, lo mismo una y otra vez.

—¿Dónde mierda metiste mis cigarrillos?

—No los toqué, Winie —Apodo que mi novio me obliga a que use—. Siempre te digo lo mismo, ¿por qué no los pones en el mismo lugar? Te lo repito siempre, que si fueras más ordena… —Mejor me callo, conozco esa mirada, siento que se me eriza la piel—, em, mirá, tomá los míos —Te digo con más suavidad y te acerco el paquete del bolsillo de mi saco, si al final fumamos de la misma marca.

Lo pongo sobre la mesa, en este momento no me atrevo ni a tocarlo. Por favor, que se calme, que se calme. Tiras el paquete al piso empujándolo con fuerza.

—¡No quiero tus mugrosos cigarros! ¡Quiero los míos! —gritas y estampas las palmas de tus manos en la mesa.

—Tran-tranquilo, ya los busco —respondo a tu pedido, poniéndome de pie rápidamente—, tal vez sea mi culpa, es que estuve limpiando hasta recién.

—¡Claro que es tu culpa! —No me grites, no me gustan los gritos, nunca me gustaron.

—Los estoy buscando —digo girándome, pero me empujas contra la pared y me aprietas el cuello. Bien, estoy temblando, lo lograste de nuevo.

—No me ordenes nunca más nada —me hablas entre dientes.

—Sí, sí, entiendo, lo siento, fue una sugerencia, no te estaba ordenando nada.

Aflojas la presión, mi corazón está desbocado.

—Desnúdate —Me ordenas. No, así no, así no quiero—. Ahora —¿Acaso tengo opción?

—Es-espera Winie, espera un segun…

—¡No! Te deseo ahora —Me besas con fuerza, o mejor sería decir a la fuerza, siento los vestigios del alcohol en tu boca.

No quiero, no quiero. Pero como sucede últimamente, me arrastras, como un huracán, no tengo salida ¿Acaso no ves el miedo en mi mirada? ¿No sientes mi dolor?

Luego que termina todo, me baño. Dejo que el agua se lleve mi vergüenza. Me seco frente al espejo, cada vez me reconozco menos ¡Maldito Erwin! Me dejó marcas en el cuello ¡Las odio, las odio!

Y me odio un poco también.

Pasó más de una semana desde la última vez que fuimos a fumar juntos. No sé de qué me sirve llevar la cuenta de los días, es una estupidez, lo sé. Como si me fuera a invitar de nuevo. No después de decirle mis inclinaciones sexuales. Todos los heteros creen que uno anda atrás de ellos cuando escuchan una confesión así. Son tan predecibles e idiotas.

Voy a fumar solo, después de todo, éstos y el viaje a casa, son los únicos minutos de mi día que puedo considerar los mejores. Miro hacia abajo, siete pisos separándome del suelo, sin duda si cayera se terminaría todo. Me asomo más, escalando un poco la baranda, todos se ven tan pequeños desde aquí arriba, incluso Erwin. De pronto siento una mano sobre mi hombro que me tira para atrás.

—¡¿Qué estás haciendo, Levi?! —Oh, esa adorable voz. Lo miro con sorpresa.

—Es-estaba mirando —Realmente no iba a saltar, sólo estaba mirando.

—¡Mierda santa! Me asustaste, no seas idiota, podrías haberte resbalado y caer ¿Para qué mierda te asomaste así? —Oh, tres improperios en una sola oración, te exaltaste mucho.

—Curiosidad, en serio, valoro mucho mi vida, no tenía intenciones de hacer algo tan tonto —digo tratando de transmitirle calma—. Al menos no en el trabajo, no voy a generarle problemas a la empresa —Susurro por lo bajo.

—¿Al menos no en el trabajo? —Me preguntas alarmado.

—No, no, es decir, ni aquí, ni en otro lado. Como sea, no estoy planeando suicidarme, ya te dije que valoro mi vida. Lo siento si te pareció que sí, en serio.

Me miras con dudas en la mirada, lo que me faltaba, preocupar a mi jefe con supuestas intenciones suicidas.

—No estás bien, Levi, lo sé. No hablas mucho, pero puedo decir que en estos seis años que te conozco aprendí a "leer" muchas de tus expresiones.

—Estoy bien, Eren —digo squitando un poco el dramatismo—. Fue un malentendido. Si te hace sentir mejor, te prometo que no lo hago de nuevo —digo acomodando mi saco.

—¿Realmente no confías en nadie, eh?

—No, no es eso… en el trabajo… no me gusta mezclar las cosas.

—Bueno, entonces después de terminar vamos por un par de copas.

Te miro desconcertado ¿Perdón? ¿En qué momento acepté tu invitación? Además no puedo llegar tarde, Erwin va a matarme.

—No, gracias —Desisto.

—¿Qué tienes que hacer? ¿O ya hiciste planes?

—No… pero…

—Además necesito tu consejo, realmente no creo que nadie pueda ayudarme excepto tú —Págate un psicólogo para variar, tienes obra social nivel platinum, miserable tacaño—. ¡Anda, vamos! —Me sonríe como siempre ¿Qué pasó? ¿Por qué volviste? Esto no es bueno. No le contesto—. Bueno, cuando termines tu turno, ve al subsuelo, sector F, el auto azul. Nos vendrá bien drinkear un poco y desahogarnos.

¿Drinkear? Me palmea la espalda y se retira. Tendré que inventarle algo a Erwin ¡No! ¿Qué estoy diciendo? No puedo ir, de ninguna manera.

...

Nueve y cinco de la noche, y estoy de pie frente al Nissan azul. Eren no está. Perfecto, es el destino, me voy a casa. Camino al ascensor y aprieto el botón. Ven rápido, ven rápido, maldito aparato. La puerta finalmente se abre.

—¡Eeeeeh, Levi! —Me saluda contento—. ¡Qué bueno que viniste! ¡Vamos!

¿Acaso tengo opción? El motor ruge que es un espectáculo, que hermosa máquina.

—Me gusta tu auto —le comento.

—Y yo lo amo, es mi bebé —dice y acaricia el tablero, seguro le salió una fortuna, está impecable por dentro. Podría jurar que se compra todos esos productos siliconados para tenerlo tan flamante. Además huele muy bien, tiene no uno, sino dos perfumeros sobre las rejillas del aire, de los caros, obvio—. Elige algo de música, ¿quieres? —Me pides eso, ¡justo a mí!

Vaya, el auto tiene un display de lcd enorme y táctil. Paso por la larga lista de canciones grabadas en mp3, debo admitir que para la gran mayoría de temas, tiene muy buen gusto, considerando que es hetero. Bueno, no olvidemos que estoy enamorado platónicamente de él, es normal que cualquier cosa que haga o diga me guste, no puedo ser objetivo. Elijo Bob MarlHey, música que relaja y genera buen clima.

—¿Qué prefieres? —Consulta—. ¿Cerveza, whisky o algún licor?

—Cerveza, supongo. No soy de tomar mucho —Le explico.

—¿Alguna marca en particular?

—No, cualquiera, me da igual, la que más te guste.

Estaciona en un drugstore y vuelve con una bolsa, compró algunas latas y algunas papas fritas. ¿Qué haremos? ¿No se supone que deberíamos ir a un bar o algo así?

—Lástima que no tenían maní pelado —Me dice al subir.

Veo que enfila hacia el mirador de la ciudad, la noche está apacible y no hace demasiado frío o calor, es día de semana así que probablemente no haya demasiada gente. Llegamos, bajamos y buscamos un lugar solitario en las escalinatas de piedra que hay en los bordes del lugar. Las luces nocturnas de los barrios cercanos le dan un brillo irreal. La vista es hermosa.

—Este es mi lugar preferido para venir a pensar —Me cuenta mientras me alcanza una lata, abre la suya y toma un gran sorbo—. ¡Ah, están bien heladas!

Enciendo un cigarro, abro la mía, bebo, el líquido corre rápido por mi garganta dejando su rastro refrescante. No es mi bebida preferida, pero tampoco me desagrada. Supongo que no podría haberte pedido que me traigas un Cosmopolitan en medio del cerro. Quedamos en silencio.

—¿Y bien? —Le digo—, ¿vas a contarme para qué necesitabas mis consejos o qué? —Soy impaciente y estoy ansioso.

Lo oigo suspirar, y ahora es él, el que enciende otro cigarro, se afloja la corbata y desprende los dos primeros botones de su camisa, la brisa me trae su delicioso perfume, Black Xcess Men, Polo. Puedo ver su tentadora y bronceada piel por debajo de su cuello, no puede ser más lindo.

—Mikasa me pidió un tiempo… Estoy, un poco asustado para ser honesto. Jamás había pasado algo así. Dice que alejarnos nos ayudará a reflexionar y bla, bla, bla. ¡Mierda! No quiero esto.

Lo miro sin decir nada, vuelvo a beber y fumar, me pregunto cómo haré después para que Erwin no me sienta olor a alcohol. Bueno, espero llegar y que esté dormido, a veces sucede, hoy sería ideal.

—¿Levi? ¿Me escuchaste?

—Sí, si te escuché —Respondo de inmediato.

—Bueno, entonces dime que piensas, por favor.

—Bueno, si la amas, creo que deberías respetar su decisión y darle su espacio. Lo más probable es que te extrañe y eso la haga volver. Aunque, si es una mujer inteligente, probablemente no vuelva.

—¡¿Cómo?! —Levantas la voz alarmado.

—Pero ya te perdonó antes, muchas veces… intuyo que definitivamente va a volver con vos. Las relaciones dañinas son las más difíciles de terminar —A veces no sé si hablo para él o para mí.

—Tengo miedo de que no me deje regresar —Agrega con verdadera preocupación agachando la cabeza.

—Eso es inevitable, pero a partir de este punto ya no depende de ti. Tomaste decisiones arriesgadas y ahora tienes que responsabilizarte por eso.

—Sé que dije que aprecio tu sinceridad, pero lo que acabas de decir es un poco cruel —Te quejas.

—La verdad es la cruel, yo no —Le aclaro—. Además, si amas a tu mujer ¿por qué vas detrás de cualquier culo lindo que se te aparece?

—¿Me hablas en serio? ¿Estás en pareja? —La segunda pregunta me toma por sorpresa.

—Sí, estoy.

—¿Y me vas a decir que sólo tienes ojos para él? ¿Qué acaso no te atraen otras personas?

—Una cosa es desear, y otra diferente actuar —Me observa con detenimiento.

—¿Eres gay y eres fiel? ¡No bromees! —Le devuelvo una mirada indignado.

—Bueno, se nota que tienes unos prejuicios bastante importantes respecto a los gays.

—Perdón, pero en serio, me sorprende un poco. O hace poco que estás en pareja o le debes tener mucho miedo —Se despacha sonriendo, pero no puedo evitar estremecerme ante su conclusión—. ¿Le acerté, no?

—Jefe, no todos los homosexuales somos tan promiscuos —Vuelvo al primer punto para distraerlo de esa conclusión incomoda que acaba de sacar.

—¿Jefe? Relájate Levi, no estamos en la oficina, puedes llamarme Eren, mis amigos lo hacen —Oh, me incluyó en "mis amigos", me da un mini infarto, pero mi cara de póker no cambia.

—Gracias, pero no puedo, nunca dejarás de ser el Jefe para mí.

—Cómo quieras —Acepta y prende otro cigarro—. Ahora, cuéntame lo que te tiene mal. Anda, vamos, no le se lo voy a decir a nadie. Además tienes que largarlo alguna vez, si lo sigues guardando adentro tuyo se va a fermentar y te va a corroer, y eso va a ser peor.

—No tengo muchas ganas de hablar de eso —Mierda, acabo de admitir que algo me mortifica.

—Bueno, no importa, lo voy a deducir, soy muy bueno para adivinar —Enarco una ceja incrédulo—. Tienes un novio abusivo, ¿no?

Abro grande los ojos, ¿qué, acaso esconde una bola de cristal? ¿Tan sencillo fue?

—Ni cerca —Trato de negar, pero ya es tarde.

—Ah bueno, parece que es peor de lo que creía —Sigue afirmando.

—No juegues conmigo a las adivinanzas, no me va eso.

—No estoy jugando. Tengo años y años de experiencia "lHeyendo" a las personas, además que te conozco un poco, tal vez no lo creas pero desarrollé grandes habilidades para interpretar posturas, muecas, tonos de voz, a veces los silencios informan mucho más que las palabras. Respeto que no quieras aceptarlo, pero en tu caso pude darme cuenta bastante fácil, es un poco obvio.

—¿Cómo puede ser obvio? —digo un poco ofuscado pero sin que se note.

—Tu barbilla tembló apenas lo mencioné, evades el asunto, tal vez porque te da vergüenza, miras insistentemente tu celular cada cinco minutos, y permíteme este atrevimiento, pero… la tristeza te traspasa la mirada.

Giro de inmediato mi cabeza, se me quieren humedecer los ojos. ¿Cómo logró definirme tan bien en sólo una frase? Aprieto los puños e inspiro fuerte, no voy a llorar delante de él, a menos que esté agonizando, y aun así no creo. Me tiritan las manos, enciendo otro cigarro para disimular ¿No se supone que veníamos a hablar sobre él y su relación tormentosa? ¿Cómo fue que terminamos con esta conversación?

—¿Cómo se llama?

—Winie —Contesto muy quedo.

—¿Winie? ¿Cómo Winnie Pooh? ¿Qué clase de apodo horrible es ése?

—Su verdadero nombre es Erwin, pero le dicen Winie desde que era pequeño. Un apodo de familia, digamos.

—¿Y hace cuánto que están juntos?

—Demasiado tiempo —Me sorprendo ante mi respuesta, hoy los filtros no están funcionando demasiado bien.

—¿Cuánto es demasiado? ¿Tres, cinco años? — Hago los cálculos rápidamente en mi cabeza.

—Casi once.

—¡Fiuuuuu! —Silba con asombro—. ¿Y me juras que nunca le fuiste infiel?

—No —digo con seguridad. Soy así, llámenle aburrido si quieren, soy de los fieles.

—Mira Levi, yo no sé mucho de parejas estables, a los hechos me remito, pero no creo que sea bueno tenerle miedo a la persona que está a lado de uno.

—¿Por qué asumes que le tengo miedo?

—Porque a pesar de estar pasándola tan mal, no puedes terminar la relación —Lo miro de nuevo con molestia ¿Ahora se las das de gran filósofo? ¿Quién le dio derecho de opinar tan livianamente?—. Sabes que estoy en lo cierto —Afirma de nuevo.

—Bueno, ya basta, no vinimos a hablar de mi vida ¿No era que ibas a escuchar mis consejos? Ya deja de hacerme tantas preguntas y sacar conclusiones apresuradas. Hablemos de cómo arreglar tu matrimonio, si es que todavía se puede —Ahora seré yo quien te incomode.

—Soy todo oídos —Dice cruzándose de brazos.

—Si no quieres que ella se siga alejando, deberías buscar revivir aquellas cosas que los unieron. No sé, por ahí recordar las primeras citas, invitarla a lugares donde vivieron cosas importantes, por ejemplo donde le pediste matrimonio, donde bautizaron a algunos de sus hijos, no lo sé, ponte creativo. Eso sí, no se te ocurra mandarle flores, chocolates o peluches con mensajes melosos y corazones que digan "te amo", lo tomará como una ofensa, como que buscas "comprar" su perdón —Agacha la cabeza abatido—. ¿Ya lo hiciste, eh? Es una idiotez, cada vez que mire el peluche, o la caja de bombones o como se van marchitando las flores, recordará de nuevo tu falta, es contraproducente. Como sea, busca una foto de tu casamiento, alguna donde estén solos los dos, escríbele una carta sincera, eso para empezar creo que estaría bien.

—¿Una carta? ¿Y qué se supone que le tengo que poner? ¿Te amo mi cucharoncito de miel?

—No seas idiota, Eren —digo algo mosqueado y me mira sorprendido—. Ponle que ese fue uno de los días más importantes de tu vida, recuérdale los proyectos que tenían de jóvenes, pídele disculpas, dile que no quieres perder a la persona que más amas, háblale de la familia que forman juntos, no sé, usa tu corazón, para variar... Bah, asumiendo que tienes uno… que funcione.

—Y también te pones agresivo cuando escuchas cosas que no te gustan —Me acusa disgustado—. Pero admito que son muy buenas ideas.

Mi celular comienza a vibrar, lo saco, miro la pantalla, ¡mierda! Es Erwin. Atiendo de inmediato.

—Hola, ¿qué pasa?

—¡¿Dónde mierda estás?! —Grita y me quedo helado, está realmente enojado.

—Ya te lo dije —Trato de responder con calma y bajando la voz para que él haga lo mismo—, que tenía trabajo extra y me quedé para adelantarlo ¿Cuál es el problema?

—¡MENTIROSO, HIJO DE PUTA! —Me tiembla el cuerpo ante sus palabras, mi jefe me mira sorprendido, ¡tch! Esto es una mierda, ¿acaso también lo puede escuchar?—. ¡Estoy en tu trabajo justo ahora y el imbécil del guardia me dijo que ya no hay nadie en el edificio! ¿Dónde carajo estás?

Corto la comunicación. Mierda, mierda, mierda, estoy jodido, muy pero muy jodido.

—¿Ahora me vas a negar que le tienes miedo?

—Me voy —digo poniéndome de pie de un salto—. Hasta mañana, Eren. Adiós.

—¡Espera, Levi! —Me dice mi jefe y sale por detrás de mí pisándome los talones—. Te va a toma una eternidad bajar a pie y conseguir un taxi, déjame que te lleve en el auto, ¿sí?

—Bue-bueno —Acepto, no quiero demorar más de la cuenta.

Subimos al Nissan, no puedo calmarme, estoy muy nervioso. Mi celular no para de sonar, siempre lo tengo en modo silencio, y siento como vibra una y otra vez. Empiezan a lloverme sus mensajes.

"Maldito traidor. Eres una puta de callejón"

"Yo te voy a enseñar mentirme, ¡idiota malnacido!"

Decido contestarle brevemente:

"Te veo en casa, ya estoy llegando"

—Hey, Levi —dice mi jefe preocupado—. ¿Quieres que hable con él? Tal vez se tranquilice si le explico.

¡Por amor a Dios, que no! Erwin lo mandará al demonio sin importarle que sea el presidente de la nación, y acto seguido una trompada de regalo.

—Gracias, pero no hace falta —Le contesto con aparente tranquilidad, creo sinceramente que mi verdadera profesión de alma era la actuación. En verdad lo creo.

Estaciona frente a mi edificio.

—¿En serio? ¿Realmente no quieres que te acompañe?

¿Por qué de repente me trata como una damisela en apuros? ¡Soy un hombre, también tengo mi orgullo, carajo!

—No, jefe, todo está bien. Nos vemos —Semi sonrío, como para que me crea lo que le digo.

Desciendo del auto y me dirijo al departamento, se me caen las llaves dos veces antes de abrir, tengo que controlarme, tengo que estar tranquilo, no hice nada malo. Entro. No está.

Me voy a lavar los dientes, no quiero que me sienta olor a cerveza. Luego me pongo a cocinar, tengo que hacer algo suculento y delicioso, lo suficientemente delicioso como para que se calme. Suspiro con una bandeja de costillas de cerdo en la mano. ¿Por qué tiene que ser así? Lavo las verduras y preparo su ensalada favorita, me pregunto cómo fue que llegaron las cosas a estos extremos. Se me caen dos lágrimas, es la cebolla, obvio. Pongo la mesa, como siempre, normal. Pero estoy temblando cuando siento el ruido de la puerta.

¿Por qué? Antes era tan maravilloso. Erwin no fue mi primer amor, fue el segundo, pero vino para llenar un enorme vacío en mi vida. Estuvo detrás de mí más de un año, yo no quería saber nada del amor, estaba muy herido. Pero me abrazó tantas veces que me terminé aferrando a su cuerpo, a su alma, terminé anclando su amor en mi corazón, ahora son como cadenas que me atan a una condena.

Sigo en la cocina, no iré a saludar, esperaré que se acerque. Doy vuelta la carne y sigo esperando. Se está demorando y sé que es a propósito, también sé que el olor de la comida lo va a calmar, al menos un poco. Lo conozco mejor que a mí mismo. Ahí viene, se para detrás de mí y tiemblo aún más. También me acuerdo cómo temblaba antes cuando lo tenía cerca, pero los motivos eran diferentes, yo lo amaba, lo amaba con cada pequeña partícula de mí ser. Con él tuve todo, las mariposas, el romance, las flores… últimamente sólo es dolor. Siento su respiración pesada detrás de mí, las costeletas ya están en su punto, apago el fuego, me está acorralando, no puedo moverme. Me giro y lo enfrento, es unos treinta centímetros más alto que yo, y desde que va al gimnasio más musculoso también.

—Hola, Winie —digo tranquilo, pero ya la vi, esa mirada que busca mi miseria.

Me agarra del cabello y me besa con violencia. Me habla sobre los labios, hoy también ha bebido.

—¿Te lavaste los dientes? ¿Por qué? ¿Qué escondes?

—N-no te escondo nada.

—¡Mentiroso de mierda! —Estalla su furia, me zamarrea del cabello, aún no me suelta, tiemblo pero le sostengo la mirada, si llego a mostrarle más de mi debilidad terminará por devorarme—. ¡No estabas en tu trabajo!

—Pu-puedo explicarte —Maldición, sigo balbuceando—. Salí minutos antes de que llegaras, mi jefe me acercó en su auto hasta aquí. Por Dios, Erwin, son las diez y media, estuve trabajando apenas una hora más, ¿qué tengo que hacer para que me creas? ¿Tragarme un GPS para que sepas mi posición exacta cada segundo?

Me abofetea con fuerza, rayos, eso dolió mucho, realmente dolió. Siento mi mejilla latir adolorida, con seguridad quedaron marcados sus largos dedos.

—Eres mío —escupe las palabras con bronca sobre mi cuello, donde mi vena palpitante le muestra lo acelerado que tengo el pulso—, eres mío, y no quiero que nadie, absolutamente nadie toque lo que es mío.

—No bromees, nadie me tocó un pelo —Le devuelvo molesto.

—Pues no lo sé, voy a tener que comprobarlo, desnúdate —Lo odio, lo odio, odio que me ordene de esa manera, como si fuera una prostituta a su servicio. Tenso la mandíbula, no quiero, no quiero hacerlo.

—No, Erwin —¿Puedes ver las lágrimas en mis ojos, las lágrimas que no pueden salir?—. Ya basta, no voy a hacerlo, no de esta manera.

—Entonces tengo razón, estuviste con alguien más.

Me suelto de su agarre, ya aguanté demasiado, no puedo contenerlo más.

—No, no es así, pasa que eres un maldito psicópata, un celoso compulsivo, no estuve con nadie, no me dejé tocar por nadie, pero tengo mi dignidad. ¡Estoy cansado de tus actitudes! Siempre tiene que ser cuando tú quieres, en el momento que se te ocurra, jamás piensas en lo que yo quiero. Y esto no puede seguir así.

—Vas a hacer lo que yo diga, en el momento que yo quiera y punto —Ya no te escucho, ya no importa lo que digas.

—No, no lo haré —¿Y creíste que iba a aceptar tus condiciones sin rechistar? Estás demente.

Caigo al suelo, es como si fuera en cámara lenta. No lo vi venir, no pude atajar el golpe. ¡Maldita sea, Erwin! ¡En el rostro!, jamás me pegaste en el rostro, sabes que mañana tengo que trabajar. Los pensamientos se me confunden, me siento algo mareado. Creo que golpeé la mesada de la cocina, no lo sé. Me falta el aire, una feroz patada en el estómago me deja casi inconsciente. Esta vez te pasaste de la raya, en serio. Estoy en el piso de la cocina, blanco y limpio, y ahora salpicado por tres gotas de mi sangre, no sé por qué, pero lo único en lo que me puedo concentrar ahora son en esas tres brillantes gotas rojas. Siento como me arrancas los pantalones, débilmente te empujo con mis manos, pero sé que es imposible pararte. Sencillamente no lo entiendo, ¿cómo puedes disfrutar de mi dolor? Eso no puede estar bien. Cierro los ojos, y los quejidos se desprenden de mi cuerpo, casi involuntariamente, me duele… me duele… me duelen tus golpes, me duele la vida. De todas las veces que pasó esto, ésta es la peor, te juro que ésta es la peor, me siento indefenso, débil, impotente.

—¿Te gusta, cierto? —Escucho tus palabras filosas que entran por mis oídos cortando todo a su paso, desangrándome por dentro. No, no me gusta, lo odio—. Sé que te encanta —NO.

...

Qué frío. En serio, que frío está. Abro los ojos, me cuesta enfocar. Me duele todo. Estoy helado. Trato de girarme, punzadas muy fuertes me recorren la piel. Me arrodillo con dificultad, tengo los músculos entumidos, no puedo sentarme. Sigo en el piso de la cocina, y las tres gotas rojas también… secas. ¿Qué hora es? Miro a la ventana ¿Ya está amaneciendo? Agarro la mesada con ambas manos e intento ponerme de pie, sigo aturdido. Frías gotas se deslizan por mis piernas, sus fluidos y algo de mi sangre. Camino tambaleándome hacia el baño. Necesito lavarme, necesito volver a estar limpio, pero por más agua que corra, sus huellas en mi cuerpo permanecen frescas.

No puedo llorar, es como si tuviera bloqueados mis lagrimales. Ni picando cien kilos de cebollas podría soltar una sola lágrima. Cierro el agua, me envuelvo en la toalla. Me miro al espejo. Mierda. Tengo el labio partido, el pómulo muy hinchado. Saco la base de maquillaje, me he vuelto un experto para tapar las marcas evidentes, pero en el rostro… esta vez se notará de todas maneras. Creo que cuando caí, golpeé la mesada de la cocina con mi cabeza, tal vez por eso me desmayé, y tengo el chicón de prueba a un costado de mi oreja.

Gracias a Dios no me rompió un diente. Esperen un minuto, ¿gracias a Dios? ¿Y qué será lo próximo? ¿Gracias a Dios me dejó con vida?

Agacho la cabeza. También es mi culpa, lo acepto, por permitírselo. Al principio se mostraba muy celoso y eso alimentaba mi ego, realmente creía que era algo lindo de su parte. Pero sin darme cuenta fui dejando mis amigos de lado, poco a poco, logró aislarme. Me hizo creer que él era todo lo que necesitaba, que no precisaba más. Las preguntas sobre mi vida cotidiana se multiplicaron, empecé a encontrarlo en lugares que yo frecuentaba con mayor asiduidad. Pensé que me buscaba, pero solo buscaba controlarme. Me compadecí de él y lo traje a vivir conmigo, lo mantuve 8 años, porque él estudiaba, yo quería ayudarlo. Se recibió y empezó sus prácticas laborales, hace poco más de un año que ejerce y ha conseguido un muy buen trabajo en una empresa de construcción. Gana bien, no necesita de mí. Pero insiste en mantener esta relación, ¿se puede llamar relación?, ya no lo soporto. Hace más de un año le pedí que se fuera lo recuerdo bien.

"—Ya basta, Erwin, no se puede vivir así. ¿No te das cuenta que cada día nos odiamos más? Quiero que te vayas de mi casa de una vez…"

Lo recuerdo como si fuera ayer, su mirada, se volvió tan feroz, ahí fue que empecé a temerle de verdad y mientras más crecía mi miedo, más crecía su violencia.

"—¡No, Erwin, basta! —grité desesperado mientras me doblegaba con su fuerza —. ¡Basta!

—¡Cállate! —Me ordenaste tomándome bruscamente del cuello—. Deja de gritar o los vecinos vendrán a ver qué sucede, y no quiero que nadie venga a interrumpirme. Si alguien llega a llamar a la policía, ten por seguro que te voy a estrangular antes de que lleguen a abrir la puerta…"

En ese momento sólo pensé que no quería morir, y dejé de resistirme, dejé de gritar, sólo cerré mis ojos y dejé que las lágrimas cayeran dentro de mí. Desde ese día el sexo entre nosotros no volvió a ser normal. Siempre le gusta lastimarme un poco, morderme, arañarme, apretar mi garganta hasta que debo suplicar por aire, jalarme de los cabellos, pellizcarme. Creo que por cada quejido que sale de mi boca se le dibuja una sonrisa a él. Pero ya no puedo más.

Termino de vestirme, Erwin está tirado, roncando plácidamente en la cama. Pero ni siquiera lo miro. Tomo lo necesario y me voy. Paso por la cocina, necesito beber agua fresca, la garganta me pica de la sed. Me sirvo un vaso y bebo despacio. Miro la mesa, siento que se me van las fuerzas de las piernas, me apoyo contra la misma. Hay un plato sucio, evidencia de la cena que yo había preparado, una copa con restos de uno de nuestros mejores vinos. La botella está a la mitad, un cenicero y tres colillas de cigarros.

Tiemblo. ¿Qué clase de sádico psicópata eres? Yo estaba tirado, moribundo, a poco más de un metro de ti, ¿y te sentaste a cenar tranquilamente, a beber y fumar? Y por lo visto te tomaste tu tiempo. Tengo ganas de sacar el cuchillo para asados y clavártelo en la cara mil veces, y también tengo ganas de vomitar. Agacho más la cabeza. Vamos a terminar matándonos, cualquier día morirá alguno, o ambos, esto ha ido demasiado lejos.

Me cuesta caminar, me duele demasiado la espalda baja. Tomo un matacaballos para el dolor. Ya es una costumbre tenerlos a mano. Pero no puedo faltar al trabajo, hoy toca auditoría interna. Miro el reloj del living, las falta un cuarto para las ocho, debo apurarme. Tomo el bolso, el saco y salgo despacio. Me siento como un extraño en mi propia casa, cómo me molesta eso.

Hay poca gente en la parada, qué bien. Agarro el colectivo, el transversal F, y me siento al fondo. Saco los auriculares y mi celular. ¿Mmm? Tengo 6 mensajes en el whatsapp ¡Qué extraño! Anoche no lo escuché sonar. Bueno, anoche no escuché una mierda, estaba inconsciente. Reviso.

Mis ojos se agrandan, son de Eren. Jamás en los 6 años que trabajo para la empresa me ha mandado un mensaje. Una que otra llamada, pero mensajes, jamás. Se me acelera el corazón, es inevitable.

1) 23:00 hs —Hey, Levi, estás bien?

2) 23:01 hs —En serio, avísame si todo está bien.

3) 24:00 hs— Espero q estés bien, sabes q puedes contar conmigo, no?

4) 02:00 hs— Bueno, me iré a dormir, pero si necesitas algo, llama.

5) 06:00 hs— Estoy preocupado, no me contestaste. Puedes responder?

6) 07:30 hs— Espero verte en la oficina, si no vienes pasaré por tu casa.

Estoy conmocionado, él estaba preocupado por mí, aww. Bueno, tranquilo, no es nada del otro mundo, es un jefe que se preocupa por su empleado, sólo eso. Y además, ¡qué vergüenza! Haberse enterado que tengo un novio golpeador. Le contestaré.

"Buenos días Jefe, está todo bien, siento no haber contestado antes, se me terminó la batería anoche. Estoy yendo a la oficina."

Soy tan estúpido, me emociono por cualquier cosa. Me coloco los auriculares. Recibo un "ok", de mi él. Dejo que Marilyn Manson me dé un poco de su resistencia. Suena alto "Unkillable Monster", y pienso que es el tema perfecto para este momento. "Are we in love or are we in pain?" (¿Estamos enamorados o estamos haciéndonos sufrir?). Lo pongo en modo repetición, hoy necesito mucho de esta letra para sobrevivir.

Llego a la oficina, diez minutos antes. Saludo a mis compañeros, rápido y de entrada, con el pelo sobre la cara, los anteojos de sol y el paso rápido, nadie se percató de las marcas, menos mal.

Pulso el botón de inicio de la PC y voy a buscarme una taza de café caliente. Ayer no cené, ni tampoco desayuné, de manera que algo debo ingresar a mi sistema o me sentiré adormilado toda la mañana. No puedo permitirme eso, especialmente porque hoy es la auditoría. Veo que todos corren de un lado a otro, están nerviosos, desesperados, sé que el jefe me mandará el buitre a mí. Sabe que tengo todo en orden. Empiezo a sacar las carpetas, sólo porque soy un maniático, ya sé que no hay errores, tal vez el ambiente me contagia su ansiedad. En mi cabeza sigue resonando la canción. Estoy tan compenetrado en mis tareas que no me doy cuenta que se ha enfriado la mitad de la taza de café. La miro con desdicha, siempre me ha molestado desperdiciar comida o bebidas. No puedo con mi genio, le agrego agua caliente y un poco más de edulcorante. Sí, edulcorante, mis niveles de estrés me viene destruyendo el estómago. Si consumo un poco de azúcar me da acidez de inmediato. Por eso en mi bolso no falta la ranitidina, los antiácidos y similares.

El café tampoco ayuda, pero hoy hago una excepción, es solo para mantenerme alerta.

—¿Levi? —Ah, esa deliciosa voz, ¿algún día me cansaré de escucharla?

—Buenos días, jefe —digo con mi mejor cara de póker, es decir, la de siempre.

Frunce el ceño, oh, oh, está mirando la cortada en mi labio, y el pómulo hinchado. Me giro para volver la vista sobre la PC.

—Acompáñame a comprar un café —Pide como si fuera lo más normal.

—Jefe, hoy es la auditoria y aún no revisé…

—Tienes todo en orden, lo sé —Me interrumpe—. Esta vez no te voy a mandar los buitres. Vamos, que no he desayunado todavía y van a venir a la tarde, tenemos tiempo de sobra.

¿Acaso tengo opción?

Caminamos por la peatonal, cruzamos un poco más, ¿hasta dónde me lleva? Nos detenemos en un bonito café con aire colonial. Al entrar el olor de los granos molidos nos envuelven. Aunque ya tomé el mío, me hace desear otro.

El jefe camina hasta la barra, hace el pedido, abona en caja, y yo mientras lo miro de reojo. Los trajes negros le quedan bien, aunque mis compañeros digan que parece que viene de un velorio, le quedan demasiado bien, con la impecable camisa blanca y la corbata azul. Siempre pulcro y bien peinado. Sin duda su esposa lo recibirá de nuevo, hombres así no son dejados libres con tanta facilidad, aunque sean unos verdaderos idiotas. ¿En qué se demora tanto? ¿Acaso no nos vamos a sentar? Veo que le entregan una bolsa y dos vasos térmicos, de esos para llevar. Me acerco a ayudarlo con los vasos, son bastante grandes y están calientes.

—Volvamos —pide.

—¿Mmm?

—Vamos a la terraza a desayunar, y a fumar un poco.

¿Tan temprano? ¿Por qué? Ah, sí, las marcas. Maldito, Erwin. Incluso cuando no está me complica las cosas. Pero no me gusta esto, no voy a hablar de mi vida privada en el trabajo, ya se lo dije antes.

Subimos los siete pisos en el ascensor, que incómodos son esos lugares, uno no sabe de qué hablar. Solo te la pasas mirando el panel eléctrico y viendo como los numeritos suben o bajan.

Wow, hace frío acá arriba, lamento haber dejado mi saco en la silla, corre algo de viento y me hace estremecer. Por fortuna busca un recoveco en una esquina, el aire helado llega mucho menos, y algunos rayos de sol pegan sin molestar demasiado. Me pasa uno de los vasos.

—Gracias, pero ya desayuné.

—Estás pálido como esta pared, seguro tomaste un café aguado y nada más. Pruébalo, es mi favorito, capuchino con canela en polvo, te aseguro que no tiene desperdicio, y además lo pedí con edulcorante —¿Desde cuándo sabe ese detalle?—. Es que había una botella en la cocina y le pregunté a tus compañeros, fue la semana pasada, creo, y me dijeron que era tuya —Asunto aclarado, se lo acepto, me ayudará con el frío, ¿cómo hace para adelantarse como si leyera mi mente? Si estás leyendo mi mente en este momento quiero que sepas que eres hermoso y estoy enamorado irremediablemente de ti, sí, puedo ser cursi de vez en cuando.

Prende un cigarro.

—¿No tienes ganas de fumar? —Me pregunta.

—No traje el paquete, lo dejé en mi bolso —Le informo.

Me ofrece su cigarrillo y el solo roce con sus dedos me da escalofríos. No lo sabe, no tiene idea, lo mucho, que significa ese gesto para mí. Miro la boquilla, donde segundos antes sus labios estaban posados, lo llevo a mi boca y doy una fuerte pitada. ¡Ah, qué gloria! Un beso indirecto. Lo veo encender otro.

—¿Y bueno? ¿Te gusta? —Me quedo de piedra, ¿qué está preguntando? Sonríe, ilumina la terraza con su propia luz—. El capuchino —Me aclara, ante la cara de borrico que debo tener.

—Ah, sí, claro, bueno, es algo diferente, no estoy acostumbrado a sabores gourmet.

—¿Sabores gourmet? —Se ríe tan bonito—. No es algo taaaaan sofisticado.

—Sinceramente está muy bueno, no voy a mentir, me gusta, es agradable.

—Es la magia de esa cafetería. He tomado muchos capuchinos en muchos lugares, incluso en Europa, pero los de ahí son los mejores —Vuelve a fumar y yo también.

—Bueno, ya, lárgalo —Lo miro sin entender, realmente en estos momentos estoy perdido con el éxtasis de su cigarrillo, me cuesta mucho concentrarme. Debe haber visto el desconcierto en mi cara, porque levanta la mano y me sostiene de la barbilla, para tocar con su índice el lugar del corte. Un movimiento sin significado oculto para él, sin embargo siento que una deliciosa electricidad ha recorrido mi dermis de pies a cabeza. Me suelta y me mira esperando una respuesta, no puedo— Levi, nada de me resbalé, soy muy torpe, me caí. Sé que no es así.

—No quiero hablar de esto —No puedo mentirte, tampoco quiero, así que corro la vista incómodo.

—Fue Winie, estoy seguro —Bajo la cabeza, solo debo decir que no, que no es así, ¿por qué se me tiene que congelar la boca? Justo ahora, ¿por qué?

—¿Desde cuándo sucede? Hey, Levi —No me llames de esa forma, no lo hagas, en serio—. Confía en mí, yo lo hago contigo. A nadie más le compartí el problema de mi matrimonio, ni siquiera mi adorada madre lo sabe, y eso que siempre ha sido mi confidente. Compártelo conmigo, te va a hacer bien.

—Son mis problemas, Eren. Y además, eres mi jefe, no me parece correcto.

—Bueno, podemos empezar por ser amigos, ¿no? Tú me das consejos y yo te doy los míos, es un intercambio justo ¿Te hizo eso porque no te encontró en la oficina cuando vino a buscarte?

Mierda, al final sí escuchó la conversación. Y cómo no, si Erwin gritaba como desquiciado. Suspiro.

—Discutimos y se descontroló un poco.

—¿Se descontroló "un poco"? ¿Hablas en serio? Levi, te destrozó la cara —No exageres, no es para tanto. Además lo oculté bastante con la base de maquillaje.

—Ya lo dije, son mis problemas, no te sientas en la obligación de entenderme.

—No es una obligación, solo me preocupa, y mucho. No es normal que una pareja te pegue simplemente porque llegaste un poco tarde. ¿Tanto lo amas que soportas eso?

Me late fuerte el corazón, lo miro y no puedo decir nada. No, no lo amo, dejé de amarlo hace mucho, le tengo miedo, mucho miedo. Pero no puedo decirte eso. No puedo.

—Mira, estoy casado hace diecisiete años, y tuve muuuuchas peleas con mi esposa, pero jamás le puse un dedo encima. Por ahí ella me cacheteo un par de veces, bueno, tal vez me lo merecía. Pero esto, esto es realmente serio. Aunque lo ames, no puedes dejar que te maltrate de esa manera.

—Ah, si no me lo decías no me iba a dar cuenta —Respondo sarcásticamente, no pude evitarlo.

—¿Qué significa eso? ¿Él no te respeta acaso? —Evito mirarlo, ¿cómo fue que terminé en este enredo? No puedo sentirme más humillado y avergonzado que ahora—, ¿se lo dijiste?

—Muchas veces, es sólo que… a veces lo provoco con mis respuestas y se va de las manos… —Repito de nuevo, sin salida.

—¿Y lo aceptas así de fácil?

—¿Quién mierda dijo que es fácil? —¿Vieron? Pierdo los estribos con rapidez, me mira sorprendido, acabo de decir una grosería frente a mi jefe, ¡Dios, mátame!—.  Perdón, perdón Eren, no quise levantar la voz —Debo calmarme, debo calmarme—. Lo resolveré, no tienes que preocuparte, voy a estar bien.

—¿Lo vas a resolver? Si no lo echaste a patadas de tu casa hasta ahora, ¿cómo piensas resolverlo? Mírame, Levi —Es una orden, y la acato—. Estoy seguro que no es la primera vez, ¿cierto?

No te respondo, interpreta mi silencio como más te guste. No quiero que veas mi debilidad, la odio, me odio por no poder resolver esto por mí mismo.

—¿Hace cuánto sucede? ¿Meses? —No insistas, no te lo abriré mi boca—. ¿Años? —Cierro los ojos y el vaso tiembla en mis manos—. Toma —dice con voz suave, otro cigarrillo, otro beso indirecto, lo acepto, ya no tengo ganas de fumar, pero quiero sentir su contacto—. Dime… ¿a tí, te gusta que te pegue? —Lo miro indignado.

—¿A quién carajo le puedo gustar eso? —Realmente, no puedo calmarme.

—¿Por qué lo soportas entonces? ¿No quieres estar solo, es eso? ¿Tan enamorado estás de él?

—Ya no —¿Por qué a veces las palabras salen de mi boca antes de que pueda pensar mejor?—. ¡Tch! —chasqueo la lengua.

—No lo amas, pero vive en tu casa y dejas que te maltrate así. Discúlpame, pero no entiendo nada.

—Es mi problema, Eren, no pedí tu ayuda —Aléjate, aléjate por favor, no quiero tu lástima, no quiero que me mires con pena, aborrezco esa mirada.

—Desde el momento en que me enteré, desde que me importa tu seguridad, también se convierte en mi problema.

—¿Qué? No digas idioteces. Soy un hombre adulto, puedo manejar esta situación.

—No, no puedes. Si pudieras lo hubieras echado a patadas. Y lo que deberías hacer es ir a la policía y denunciarlo, que le pongan una restricción, de esa manera él no podrá acercarse más.

—¿De qué diablos hablas, Eren? En primer lugar, ¿crees que la policía va a tomar mi declaración? Se van a cagar de risa en mi cara, y después ¿qué crees que va a suceder? ¿Pondrán una custodia permanente en la puerta de mi casa para detenerlo? ¡Claro que no! Entonces él se enterará y me matará —Lo repito, en este momento no estoy pensando, las palabras solo salen como un vómito de mi boca, un vómito que no puedo detener a tiempo.

—¿Te tiene amenazado? —Lo miro, veo verdadera preocupación, no, no me mires así, por favor, no lo hagas, no tú, no quiero nada tuyo. No quiero que seas bueno conmigo, te lo suplico, no seas bueno conmigo.

—Se hizo tarde —Arrojo el cigarro, dejo el vaso a un costado y me voy casi corriendo.

Necesito urgentemente un poco de soledad. Basta de preguntas, ya basta. Llego jadeando a mi puesto y me siento. Hoy trabajaré más que nunca, el trabajo me salvará de este infierno, ya no quiero pensar, ya no quiero sentir. ¿Por qué se preocupa por mí? No lo hagas, porque si lo haces… entonces no puedo dejar de amarte.

...

Estoy agotado, no paré ni siquiera para almorzar. No volví a casa, de manera que me quedé adelantando cosas. Si sigo así dentro de poco no tendré nada para hacer en todo el mes. Son las cuatro de la tarde, no hay nadie en la oficina, excepto el guardia en recepción, la señora de la limpieza y el contador del segundo piso. Tomo mi celular y lo prendo, lo tuve apagado desde que volví de la terraza esta mañana, a propósito por supuesto. Miro la pantalla y me siento agobiado. Seis llamadas perdidas y tal vez quince o más mensajes, todos de Erwin.

"Mi amor, lo siento, lo siento tanto, estaba ciego… eres lo más importante para mí… no puedo vivir sin ti… necesito que me perdones… haré lo que sea… vuelve a casa por favor… te amo…"

¿Te amo? ¿En serio? De todo lo que puso, esas dos palabras me cabrean completamente. Me amas, pero me dejaste inconsciente en el piso de la cocina, me amas, pero bebiste y fumaste mientras yo sufría, me amas, pero me tomas por la fuerza sin importante cuanto me dañes. ¡Hipócrita! No sabes lo que es el amor.

No pienso contestar.

Miro por la ventana, el sol atraviesa el cristal, sin dudas debe hacer un calor de infierno afuera. Tengo hambre. No estaría mal un helado de cono con crema. Se me hace agua la boca. Bien, iré a buscar uno, de todos modos nadie llegará hasta las cinco. Pulso el botón del ascensor, se abre. Eren. ¡No puede ser!

—Hola, Levi —Me saluda animado.

—Hola, jefe —respondo mientras espero que salga para poder entrar.

—¿Te quedaste desde la mañana o viniste temprano? —Pregunta y frunce el ceño.

—Me quedé, voy por un helado —¿Para qué le informo lo que voy a hacer?—. ¿Quieres que te traiga uno? —Bueno, sólo quiero ser amable, después de todo él pagó el desayuno esta mañana. Mira su reloj.

—Vamos, te acompaño, pero primero voy a dejar esto —dice mientras se dirige a tu oficina a dejar el maletín, me quedo sorprendido.

¿Vamos? Mantengo pulsado el botón del ascensor hasta que vuelve.

—¿Mucho calor afuera? —Típica pregunta de ascensor, ¿se dan cuenta porqué odio esos lugares?

—Insoportable —Me informa—. Mis hijos ya me suplican porque les arme la pileta, pero estamos en Agosto, ¿no es un poco apresurado? También pensé en poner una piscina, no sé.

—Bueno, si hace tanto calor no creo que sea tan malo. Además es actividad física y eso es saludable para los niños —Le doy mi humilde opinión.

—Para ser honesto me da un poco de paja tener que armar el armatoste ese. Y con este calor… ¿Me echarías una mano? —Me pregunta con un halo de esperanza en los ojos y lo miro sorprendido—. Digo, si no tienes planes, por supuesto, te llevo y te traigo, va a ser rápido, supongo, no creo que nos lleve más de dos o tres horas, pasa que es realmente muy grande.

¿Qué no tiene algún amigo, pariente, alguien más a quién pedirle ayuda?

—Mmm, no sé, ¿cuándo?

—Este sábado, cuando salgamos de la oficina, ¿te parece? Podemos almorzar en mi casa de fin de semana y armarla después, luego te llevo en el auto a tu casa —repite como si no pudiera pagarme un taxi o tomarme un colectivo de regreso—. Pero si no puedes…

—Está bien —¿Acepté?—. De todas maneras no tengo mucho para hacer en casa —De hecho, NO TENGO GANAS DE ESTAR EN CASA. Además, puede ser divertido.

—¡Fantástico! Lleva ropa liviana, va a hacer mucho calor, eso según el servicio meteorológico —Observen, tiene la misma aplicación del clima que yo en su celular.

Llegamos a la heladería, pago en la caja antes de que se dé cuenta.

—Hey, debería pagar yo —¿Debería pagar yo? ¿Qué mierda significa eso? Levanto una ceja.

—No, ya pagaste el desayuno ahora me toca a mí, fin del tema.

—Buenas tardes, ¿qué gustos van a querer? —Consulta el empleado con cara de cansado.

Pobres, aquí los deben explotar de lo lindo, y encima con los calores de estos días deben estar a full. Yo quisiera, sabor Eren, y… sabor Ojos Verdes, gracias.

—A ver, quisiera crema del cielo y vainilla.

—Yo quiero crema sambayón y rusa —Elijo yo.

Nos sentamos en una mesita a un costado.

—Levi, ¿estás seguro que tu novio no se enoja si…?

—Qué haga lo que quiera, yo también soy capaz de tener mis propios planes.

—Bueno, es sólo que no quiero que tengas problemas por hacerme un favor.

—Tranqui, Eren. Además, creo que no va a estar este fin de semana. Hay un evento del Dakar en la próxima ciudad, él ya había hecho arreglos para ir, son tres días. Así que…

—Bueno, todo bien entonces.

—¿Y cómo va tu tema? —Le pregunto—, ¿ya conseguiste la foto de tu boda?

—Mmm, sí, sí, la tengo en la oficina, en realidad tengo tres, quería tu opinión sobre cuál sería mejor. Y lo de la carta, bueno eso… no soy muy bueno… escribí un par de cosas… no sé… —Me mira desesperado— ¡Help!

—En fin… haré lo que pueda, pero debes esforzarte —Regaño con mirada molesta.

—Lo estoy haciendo, lo estoy haciendo. Desde que nos peleamos no he salido ni una vez, ni he buscado a ninguna mujer. Te lo juro.

—Sólo pasaron… ¿qué? ¿Dos semanas?

—Eso para mí es muchísimo, créeme —Ah bueno, resulta que era un picaflor tremendo mi jefe—. Nunca probé sambayón antes, ¿puedo? —Dice acercando su cuchara, se lo permito—. ¡Ah, pero éste tiene alcohol!

—Muy poco, apenas unas gotas.

Fumamos un cigarrillo de regreso, y empezamos a hablar de los buitres, de las experiencias con las auditorías anteriores, de lo mucho que ha mejorado Erd y de que por favor le dé una mano a Jean con los endosos de los seguros de autos. Me gusta su lado profesional, se concentra, es suave para hablar. No es el tipo de jefe tirano, tampoco es el que se deja pasar por encima. Simplemente te llama la atención en el mismo tono de voz en el que te felicita. No te atosiga, pero sabe perfectamente quien trabaja y quién no. Ah, y estoy enamorado, de manera que lo que hace me gusta, pero en serio, es un excelente Jefe.

La jornada pasa lento, siempre la tarde es más larga que la mañana, es decir, es la sensación. Camino a paso tranquilo a la parada. No me mandaron los buitres esta vez, pero en la de verdad (la auditoría externa), ahí sí. Saco un cigarrillo, estoy por ponerme los auriculares.

—¡Levi! —Me giro, oh, es Jean, hoy estuvimos trabajando juntos.

—Hola de nuevo —digo mientras enciendo mi vicio.

—Suerte que te vi —¿Mmm? Supongo—. ¿Tomas el transversal F también?

—Sí, así es.

—¿Vives en zona oeste?

—Sí, pero nunca te vi tomar este transporte.

—No, yo vivo en zona norte, pasa que mi mamá vive en el oeste, y ahora cayó enferma, así que estoy yendo a cuidarla.

—Ah, ¿qué tiene? —Pregunta obligatoria.

—Leucemia —Me quedo de piedra, que jodida mierda.

—Lo siento mucho —¿Qué más podemos decir en un caso así?

—Sí, es muy problemático, pobre mi viejita. Así que estoy considerando mudarme a su casa. Ella vivía con mi hermano, pero el año pasado se casó y se fue del país, está probando suerte en Europa.

—¡Qué bueno! —Justo me estoy preguntando en qué momento dije que me interesaba tu vida, ¡ah, cierto! No lo dije.

—Sí, una gran oportunidad, bueno él es ingeniero químico, el estudioso de la familia. Como sea, yo también vivo solo, así que tal vez me vaya con ella para ayudarla a afrontar esto.

—Es una buena decisión, supongo. Va a necesitar tu apoyo —¿Qué podré cocinar esta noche?

—¿Qué te pasó en la cara? —Me dice de improviso—. Quise preguntarte en la oficina, pero no me pareció conveniente —¿por qué no?

—Me resbalé en la cocina y di la cara contra la mesada, me doblé del dolor, por lo general soy cuidadoso, pero justo se había derramado un poco de aceite, debería haberlo limpiado antes de seguir cocinando, por imprudente —Y ya no te diré más nada, no sirvo para mentir.

—Por cierto, quería darte las gracias por lo de hoy —Justo llega el autobus, ¡Oh, no, viene vacío! Y ya fue Jean a sentarse en uno de los asientos dobles, ¡qué fastidio!—. Como te decía, quería agradecerte, me ayudaste mucho —Jean es nuevo, lleva apenas dos meses en la empresa y le está costando un poco tomar el ritmo, hoy el Jefe me pidió que le dé una mano.

—No hay problema, Jean. Lo mejor que puedes hacer ahora es preguntar, pregúntame lo que quieras, voy a ayudarte en todo —Se le digo honestamente, siempre me siento bien cuando soy útil a mis compañeros.

—Bueno, ya que me das el pase para preguntar, ¿estás soltero?

¿Eeeeeeeh? What the fuck? Creo que mi cara refleja todo, porque lo veo sonreír. ¿Qué te pasa, de donde salió tanta confianza de repente?

—No, estoy en pareja.

—¡Oh, qué lástima! —Suelta algo decepcionado, ¿eeeeeeeeh? Ahora sí estamos en una atmósfera muy incómoda, gracias tonto—. Bueno, igual, ¿aceptarías salir a tomar algo este viernes? Una copa entre colegas, nada del otro mundo.

¿Eeeeeeeeeeeeeeeeeeeeh?, elevado al infinito. WTF?, pero al cubo.

—Ah, no, no puedo, te agradezco, —Es mentira, no te agradezco nada—, pero tengo planes.

—Aaah, entiendo —dice suspirando—, de todas maneras creo que eres demasiado lindo para que te fijes en alguien simple como yo.

Naaaaaa, naaaaaa, naaaaaa. ¿Qué le pasa a este tipo? ¿Dijo que yo era demasiado lindo?

—Levi —Me habla acercándose un poco mientras sonríe misterioso e instintivamente me alejo—, estás rojo.

—Eh, bue-bueno, te pido por favor que no digas más cosas incómodas ¿ok? En serio.

—Tranquilo —Me interrumpe—. Estás en pareja y no te intereso, la capté. Eso no cambia el hecho de que eres muy lindo, y sonrojado todavía más.

Giro mi cabeza, seguro el bolso verde de la joven a mi costado es mucho más interesante que esto. ¿Qué le pasa a este chico? Apenas le di un poco de atención, y no porque quisiera, sino porque mi Jefe me lo exigió, le das la mano y se agarra hasta el omóplato.

—Bueno, me bajo aquí —Avisa mientras se pone de pie—. Gracias por todo, hasta mañana.

—Adiós —jodido acosador.

Bueno, igual, no hizo que latiera mi corazón, pero si ensanchó un poquito mi ego, sólo un poco. No es un tipo feo, pero lanzarse así de manera tan desesperada le quita un poco de mérito. ¿Se sentirá solo quizás? ¿Y cómo fue que supo que yo era gay? No es como si fuera tan evidente que todos se dieran cuenta, de hecho pensé que nadie sabía en la oficina, bueno excepto mi Jefe, que se enteró hace poco. No hablo refinado, ni me muevo exageradamente, me visto formal, no agito las caderas al caminar… en fin, vaya uno a saber. Para ser honesto, no me ando fijando en mis compañeros de trabajo, de hecho el amor oculto por Eren se dio hace como tres años. Desde que lo conocí no pude evitar que me gustara físicamente, pero me llevó mucho tiempo llegar a conocerlo mejor y de pronto ¡pop!, un día estaba el amor ahí presente. ¡Qué increíble! Tres años.

Me pongo los auriculares, busco y selecciono "Marry You" de Bruno Mars, sonrío como estúpido, esa canción me pone de buen humor. ¡Ah! Si viviéramos juntos… le prepararía su comida favorita, iríamos a alquilar un *catamarán (*especie de bote gigante con todas las comodidades de una casa) al dique cercano y nos quedaríamos horas pescando y mirando las estrellas, tal vez tomados de la mano. Yo dormiría sobre su pecho, y él me traería una taza de café con leche caliente por la mañana, mientras me iluminaría con su eterna sonrisa de desafío de la blancura. Podría oler su cabello, mientras lo abrazo, ¡cómo me gustaría abrazarlo! Iríamos de paseo en ese hermoso auto azul que… ¡Mierda me pasé la parada!

Llego a casa, entro despacio. Voy a la cocina, oh, la cena está lista, milanesas con puré. De repente no siento hambre en absoluto. Erwin viene a mi encuentro.

—Hola —Saluda fingiendo miedo, como si sus palabras pudieran hacer más daño del que ya hicieron.

—Hola —le devuelvo apático.

—¿Cenamos? —Me invita.

Asiento con la cabeza, parece que al menos hoy te vas a dignar servirme. Me molesta estar sentado aquí, en el mismo lugar donde cenaste ayer mientras yo estaba tirado y quebrado en el suelo. Vamos, piensa algo bonito, piensa algo bonito, no quiero deprimirme más. A ver, sí, Eren… en bóxer, mmm, y Bruno Mars cantando de fondo, oh sí.

—¿Cómo te fue en el trabajo? —Me incomoda que se fuerce, que se haga el preocupado.

—Bien.

—¿Cómo te fue con los auditores?

—Bien —No tengo ganas de explicarle nada, como si le importara. Corto el primer bocado y mastico, está rico, pero me cuesta tragar.

—Mírame Levi, por favor —Lo hago—. Perdóname, en serio, ayer bebí demás y…

—¿No crees que tuvimos esta misma conversación muchas veces? Yo diría, demasiadas.

Bajas la cabeza, estás incómodo.

—Comamos en paz, por favor, ¿te parece bien? Hablemos después —No me arruines la cena, más de lo que ya lo hiciste, ¿ok? Te ves triste, y yo también debo estar igual.

Comemos un poco más, sólo el ruido de los cubiertos, el líquido que cae en los vasos, las sillas, el aire fresco que entra por la ventana y mece la cortina.

Terminé. No sé cómo pero lo logré, me tragué todo. Va a la heladera y trae una tarta de cerezas, ¡mi favorita! Pero me siento mal, supongo que así se siente Mikasa cuando recibe las flores, los chocolates o los peluches de Eren.

No, mi situación es peor.

—Mi amor… —Lo miro incrédulo—, estuve reflexionando mucho. Últimamente, no tuvimos tiempo para hacer cosas juntos, ir al cine, divertirnos… voy a cancelar mi viaje al Dakar, quiero estar con vos. Pensé que tal vez podríamos ir…

—No, no canceles tus planes, estuviste esperando por esto más de cuatro meses. Además, no me voy a ninguna parte, cuando vuelvas vamos al cine si quieres —Me mira alarmado, oh, por favor no insistas, realmente quiero ir a casa del Jefe este sábado.

—Entonces… —Toma mi mano entre las suyas—. ¿Me perdonaste? —Aaaaah, nooo, hijo de puuuuuuuu…. Manipulador asqueroso…

—No dije eso, pero ya no quiero seguir peleando. Voy a adelantar trabajo este fin de semana y pido un día libre la otra, entonces saldremos. Pero eso no significa que acepte que cosas como las de ayer pueden seguir pasando. No quiero que vuelvas a pegarme o forzarme, ¿soy claro?

Se levanta muy rápido y me asusto, es inevitable, es la costumbre, me abraza como si no fuera a verme nunca más.

—¡Te amo tanto! Estaba tan asustado, no puedo vivir sin ti. Te extrañé demasiado hoy —Busca mi boca con ansiedad. ¿Acaso escuchaste siquiera lo que te dije? Mierda Erwin, ¿nunca es suficiente, cierto?—. No te forzaré te lo juro, pero no puedo evitarlo, me excitas mucho —Susurra caliente sobre mi piel, esparce besos en los lugares que ya conoce, cierro los ojos, por un segundo me imagino que es otra boca la que hace esto, oh, sí, se siente grandioso—. Déjame que te haga el amor, te lo suplico, voy a ser suave, te quiero besar todo el cuerpo.

—Espera, detente, mi cuerpo está lastimado, mucho. Me dañaste bastante ayer. Necesito recuperarme —No miento, es la verdad, además no tengo ganas—, deja que me recupere, por favor.

—Sí, amor, te daré el tiempo que necesites, perdón, solo un beso más.

Luego disfrutamos una porción de la tarta de cerezas, está deliciosa. Pero me siento triste cuando lo veo sonreír tan tranquilo. No ha aprendido nada, ¿verdad? Todo es una puesta en escena, la máscara no se mantendrá demasiado tiempo. Suspiro, tengo demasiado sueño, iré a dormir...

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By Luna de Acero... con lagrimitas...

 

Chapter Text

Erwin partió hoy al medio día, puso todo en su bolso, hasta su perfume, bueno él siempre es muy coqueto en ese sentido. Jamás lo he controlado ni nada, tampoco es como si realmente fuera una persona celosa, pero si detallista, y al menos algunas cosas me parecen curiosas. Uno, está sumamente nervioso, lo cual es bastante rextraño en él, llevó sus jeans de marca (esos que estaban sin estrenar), y varias prendas para salir bastante llamativas. Bueno, que aproveche mientras está allí, lo segundo es que hace poco le puso clave a su celular, jamás se lo he revisado, pero en la mesa vi como colocaba la clave y me pareció curioso, puso el perfume nuevo, y tercero, lo oí quejarse de la cuenta de la tarjeta de crédito. De la cual no tengo idea sus gastos pues tengo las mías, y tampoco he visto compras del supermercado o algún electrodoméstico nuevo en casa, aunque Erwin gasta mucho en cremas, spa y ropa de diseño. En ese sentido soy mucho más sencillo, tal vez porque a mi familia le costó mucho ganar las cosas, así que cada centavo que entra lo administro cual contador de banco.

Mi familia… suspiro, recuerdo a mi padre, ese hombre que me genera un hueco en el estómago, y no precisamente por cosas buenas.

Como Erwin no está, decidí almorzar una ensalada con atún, él odia el pescado, así que estos días me siento en verdad libre. De hecho estoy algo feliz que él se haya tenido que ir, ojalá no tuviera que regresar.

Jean me había invitado a tomar unas copas, como "colegas", aunque es obvio que tiene otras intenciones conmigo, no, no sería adecuado. Aunque no estoy haciendo daño a nadie, es solo sentarme y charlar un poco. Me encantaría que fuera Eren, pero bueno, sería bueno despejarme y no quedarme pensando en el trabajo y soñando con cosas que están bastante lejos de mis posibilidades reales.

Miro el reloj, aún tengo una hora y media para volver a la oficina, sin dudas iré a recostarme, por las dudas pondré el despertador del celular, si me llego a dormir, me muero.

Aaaah, que lindo es tener la cama solita para mí, el control del televisor solito para mí, el depa solito para mí. Me acurruco en las colchas y trato de relajarme, realmente estoy algo cansado, un poco de descanso va a venirme bien. Mmm, cómo me gustaría tener aquí a Eren, dormiría sobre su pecho sin vellos, tan pulcro y delicioso, su piel tan suave (me lo imagino, porque jamás la he tocado). Y pensando en esa deliciosa sensación me duermo completamente, con tranquilidad, con una paz que hacía muchos meses no sentía.

El celular suena a tiempo. Me levanto y me doy una ducha rápida, me peino pulcramente, me pongo una remera que tildo de "elegante sport", el saco, los zapatos bien lustrados y un touch de perfume. Me miro en el espejo del baño, oh sí, estoy hermoso. Cargo mi bolso, pongo el celular y me coloco los auriculares, pongo algo de Therion, más precisamente Sitra Ahra, algo densa pero me carga de pilas para el día.

Llego a la oficina, saludo a todos, me tomo un cafecito cortado con las chicas de "renovaciones", un sector de planta baja, ellas siempre son ruidosas, pero gentiles, y además tiene un gran sentido del humor, siempre me hacen reír muchísimo, el día pinta muy, pero muy bien. Trabajo diligente, a eso de las ocho ya me quedé sin nada para hacer, así me gusta, los viernes que quede todo finalizado. Odio que me queden pendientes, me dan vuelta por la cabeza todo el fin de semana. Y mientras me pongo a revisar, sólo por el placer de perder tiempo revisando lo que ya está hecho.

—Levi —Sí, sí, sí, acepto, ¡SÍ ACEPTO!

Eren hace el ademán de cigarro y yo asiento con la cabeza. Nos vamos a la azotea. Llegamos y encendemos el vicio.

—Mira —dice—. Aquí te traje las fotos del casamiento, fíjate cual sería mejor.

—A ver…

En la primera están ellos dos sonriendo mientras cortan el pastel, que lindo está Eren, es un nene ¿cuántos años tendría entonces? No más de 22 o 23, y su mujer espléndida, es obvio. ¿Cuándo se ha visto a un hombre tan hermoso buscarse una esposa que no esté a su nivel? Se la nota fina, con rasgos muy delicados. Miro la siguiente, están bailando el vals, se nota la alegría en sus ojos, la verdad es una bella imagen. La tercera es la más divertida, ambos con silbatos, maracas, y unos collares estilo hawaianos, aunque hay mucha gente por detrás, pero se nota que fue en el momento más feliz de la noche.

—¿Y bien?

—Bueno, la verdad que las tres son hermosas, sin embargo me parece que la del pastel es la mejor, me gusta esta de la fiesta, pero no quiero que tu mujer la asocie a tus locuras. Esta sería la mejor.

—¿Y la carta?

—Mmm, bueno, te ayudo, pero necesito saber algunas cosas.

—¿Qué cosas?

—¿Cuándo se casaron?

Eren piensa, yo lo miro molesto.

—Es que yo no le doy mucha importancia a esas cosas, a los cumpleaños, esas fechas, a ver —dice sacando el celular y rebuscando—. Ah, sí, el quince de abril.

—Uf, falta bastante, bueno no importa. Cosas que recuerdes, importantes, no sé, algo bonito que ella hizo por ti, algún regalo que se destacó, no sé —Me mira como si le hablara en otro idioma.

—Toma —y me alcanza una hoja y una lapicera que saca de sus bolsillos.

—Yo no soy tu secretario, Eren —recalco mientras me cruzo de brazos—, tú debes escribir, yo te dictaré —Me obedece sin rechistar, oh sí, y también sácate la camisa ya que estás tan dócil—. Veamos, escribe: Mikasa, mi amor

¿Y ahora? Piensa Levi, piensa…

—Una consulta, ¿ustedes se ven o ella se fue de la casa?

—Eh, sí, nos vemos, yo sigo llevando y trayendo a los niños del colegio y sus actividades, sigo haciendo las compras y eso, pero… ella me pidió que me fuera de la casa.

—Ah, ¿y dónde estás ahora?

—Por el momento en nuestra casa de campo —Aaaah, bueno, la familia tiene casa de campo y todo, miren ustedes.

—Ah, ¿por eso dijiste lo de armar la pileta?

—Claro.

—Bueno, sigamos, ponle: Estos días han sido horribles, me siento tan solo y abandonado

Eren me mira alzando una ceja. Cara de dolido no tiene.

—Tenemos que apelar a su lástima, que le duela tu situación, ¿entiendes?

—¿Ok?

Tan lejanos me parecen ahora los días en que todos reíamos juntos. Tan lejana me parece tu sonrisa. No dejo de culparme un solo día, este dolor que me atormenta, y no me deja dormir por las noches. No sé cómo hacer para enmendar mi error, no sé cómo reparar tu corazón, lo único que sé es que te extraño. Cada hora, cada minuto, es un desasosiego que me obnubila los sentidos. No soy nada sin ustedes, soy un rompecabezas incompleto, soy un artefacto echado a perder, mi existencia no tiene sentido. Lo tenía todo y ahora me siento tan vacío. Mikasa, quiero pertenecerte a ti, quiero ser tuyo y de nadie más, quiero que sepas que en mi corazón la única mujer que está grabada a fuego eres tú. No soporto estar sin ti, te pido me des una oportunidad para demostrarte… mmm, mejor borra eso de una oportunidad, porque la pobre se cansó de darte una tras otra, a ver… No veo las horas de recuperar a mi familia y demostrarte que quiero estar contigo, hasta que la muerte nos separe… Fin… a lo mejor podrías ponerle ahí al final un "te amo", si te parece.

—¡Genial, Levi! —dice entusiasmado—. Para mí es imposible escribir una cosa así.

—Sí, ahora escríbelo de puño y letra, no se te ocurra hacerlo en la notebook y mandarlo a imprimir… por favor…

—Mmm, no tengo buena letra —Lo miro indignado—. Bueno, bueno, está bien, lo voy a hacer. ¿Se lo mando hoy, no?

—Sí, lo más antes posible, y sería mejor que se lo entregaras personalmente y no con intermediarios. Le pones ojitos de cachorrito abandonado, invocas la ayuda de Buda, Alí Babá y los cuarenta ladrones, cruzas los dedos y con suerte te va a escribir o te va a llamar al otro día. No esperes una solución milagrosa, los corazones tardan en sanar.

Se ríe muy fresco y yo medio que no capto que fue lo que le causó tanta gracia.

— Eres muy divertido cuando quieres. Bueno, me voy a hacer esto, te veo después.

—Termino el cigarro y bajo —aviso.

—Ah, cierto, mañana nos vamos de aquí a mi casa, ¿te parece bien?

—Ok.

Sí, mi Dios gay interno escuchó mis plegarias, ya me imagino, Eren transpirado y con un ajustado short de baño de lycra… mi mente lanza un "sacrilegioso", al mejor estilo Homero Simpson y automáticamente brota una sonrisa en mi rostro. Este va a ser un cigarrillo memorable.

...

Miro mi bolsito, y hago el check list: traje de baño, yes, protector solar, yes, anteojos de sol, yes, toalla y toallón, yes, peine, yes, labial de crema de karité, yes, crema post solar, yes, cargador del celu, yes, celular, yes, gorrita canchera, yes, llaves, yes. Listo, primera vez que voy de jeans y buzo al trabajo, normalmente uso el trajecito de lunes a viernes, el sábado es de ropa informal, porque no hay atención al público, pero la verdad prefiero siempre el traje para no tener que perder tiempo pensando qué ponerme, soy algo quisquilloso con eso. Calzo las Converse, un toque de mi perfume favorito, listo el pollo, pelada la gallina.

Todos me miran como bicho raro en la oficina, ¿tanto les llama la atención? Vuelvan a sus puestos, esclavos. Se me acerca Jean, uufff…

—Buenos días, Levi —Me saluda con toda la buena onda que choca contra la muralla de mi seriedad habitual.

—Buen día.

—Qué bien te queda ese atuendo —Suelta mientras sus ojos me escanean con descaro.

—Thanks —digo algo agrio mientras abro sesión en la PC.

—Eh, el otro viernes, ¿vamos a tomar algo?

Tranquilo pescadito, ni siquiera empezó éste fin de semana ¿y ya estás pensando en el que viene? ¿Qué tan desesperado estás? Te miro con indiferencia, le faltan las orejitas y la cola estilo perro faldero, ah, y la lengua chorreando baba.

—No sé, tendría que fijarme si mi pareja no hace planes y te aviso —¿Captas las indirectas?

—Es una cervecita nada más —Sonríe con zalamería, como si no adivinara tus intenciones—. Una hora, hora y media cuando mucho, si total trabajamos los sábados, y aquí a la vuelta en CrossOver —Un barcito cercano con estilo irlandés—, tienen happy hour de 21 a 22 horas.

—Ok, cualquier cosa te aviso —Respondo sin confirmar y vuelvo a la PC, obstáculo, superado.

—Ojalá puedas, la vamos a pasar bien —Ajá, ándate, en lo posible cuatrocientos kilómetros a la derecha de Francia—. Te veo.

¡Al fin! Suspiro rodando los ojos, pero está a mis espaldas así que obvio no ve nada. Muevo apenas una mano como para completar el saludo y me concentro en lo mío, tengo tres horas y media para revisar pilas de hojas de Excel, ya estamos a fin de mes y en tres días hay que presentar los informes de tesorería, ventas y bajas, es lo más aburrido de mi puesto, por eso quiero terminarlo pronto. En pocos minutos estoy sumergido en mi tarea, descubro cuatro fallas en total en dos horas, es muchísimo, esto no puede pasar de nuevo. Reviso lo revisado, sólo por si acaso y siento una mano pesada sobre mi hombro.

—Levi — Bendito sean los ojos que te observan, es decir los míos—. Necesito que me pases un email con los archivos de las bajas, tengo que mandarlo al departamento comercial, al parecer hay algunos problemas con eso, tuvimos más bajas de las normales, así que vamos a tener una reunión con los otros gerentes en una hora, ¿podrás mandarlo cuanto antes?

—Ya están revisados, los vas a tener en 5 minutos en tu casilla —Wow, que eficiente soy, Levi el empleado del año, yeah, y por supuesto me imagino un retrato enorme con mi foto lleno de brillitos estelares, ah, Eren, cómo estimulas mi… imaginación, dice un mini yo mientras resopla aire caliente por la nariz.

—Gracias —Acompañado de la sonrisa más linda de la sucursal y un apretón en mi hombro—. Siempre puedo contar contigo —¿Tu propósito del día es darme un ataque al corazón? Aunque sé que mi imperturbable cara de póker no ha cambiado ni un milímetro—. Escúchame, si me demoro en la reunión, ¿me esperas en el estacionamiento? Toma —dice dejándome las llaves del auto sobre el escritorio.

—Ah, bueno, dale.

Se va y tengo que morderme la lengua para evitar girar mi cabeza y ver su silueta hermosa alejándose. Vuelvo a concentrarme en el email que tengo que mandar, en menos de 3 minutos ya está enviado. De pronto siento que se sientan al lado mío. ¿Otra vez Jean? ¿No lo acabo de saludar?

—Hola —Repite de nuevo como un loro y yo apenas hago un movimiento de cabeza—. Un cafecito —Y pone un vasito cerca del teclado, lo miro pero no te dirijo la palabra, me está empezando a incordiar—. Discúlpame, yo sé que estás ocupado, pero… tengo una consulta que hacerte, en realidad varias —Giro mi cabeza y levanto una ceja, saca un cuaderno con las preguntas anotadas y toma una lapicera, bueno, si es algo del trabajo está bien—. Te las iba a hacer antes y me olvidé.

Comienza su arduo interrogatorio, acepto que son preguntas objetivas e importantes, al menos prestó atención cuando le explicaba, le respondo de la forma más clara posible, agarro el vaso y lo bebo lento, tiene edulcorante, que detalle. Espero pacientemente a que termine las preguntas, sus manos están temblando, ¡qué bonito desastre es!

—¿Algo más o ya terminamos? —digo tirando el vasito de descartable a la basura con desdén.

—No, no… eeh… muchas gracias en serio —Cuando se pone de pie para irse se acerca de improviso a mi cuello y aspira con fuerza, me agarra desprevenido—. Mmm… delicioso…

Lo tomo de la muñeca y de un brusco tirón hago que se siente de nuevo, me mira algo asustado, oh si, a veces puedo hacer muecas de disgusto que asustan mucho, doy una rápida ojeada alrededor, no hay nadie cerca, los sábados todos se la pasan en la terraza o en la cocina.

—Escúchame, pendejo —digo acercándome a su cara y susurrando con fiereza—. Que sea la última vez que te desubicas así en la oficina ¿me entendiste? —Asiente con la cabeza—. No me gustan los chismes, ni los radios pasillos y menos que menos andar en boca de todos, tengo una reputación muy recta en esta institución, la próxima vez que hagas algo inapropiado te voy a patear los huevos con toda mi fuerza, ¿está claro? —Me mira con miedo pero con tristeza también, ¿por qué me afecta un poco?

—Discúlpame… tienes razón, estuve mal, no se vuelve a repetir, entendido… —Se levanta y se va, y ahora me siento una verdadera escoria.

Tal vez reaccioné con demasiada violencia, ¿o no era para tanto? Pero Jean es de las personas a las que hay que hablarles claro. Suspiro y vuelvo al teclado. Cuando dan las doce ya revisé todo tres veces. No hay otra, voy a tener que ir a hacer sociales. Me pongo de pie y me estiro disimuladamente, me duelen un poco los hombros, agarro mi celular, cuatro whatsapps, todos de Erwin.

1) "Mi amor! No sabes qué lindo es aquí! No hace tanto calor, y estamos almorzando mariscos, una delicia!" —(Fotito de la flor de paella que se está tragando, me da hambre)— Y que fue eso de ¿estamos? ¿Con cuál de sus amigos está?

2) "Me vas a extrañar?"— Ni a palos, de hecho me haría muy feliz que demoraras lo máximo posible o en su defecto no hace falta que regreses.

3) "Pórtate bien, no?"— Estoy trabajando y lo sabes, qué pesado. Además, ¿alguna vez me porté mal?

4) "Me mandas alguna fotito hot?"—Ni de chiste, chau.

Le clavo el visto y no le respondo nada, sé que eso le jode un montón, que se arregle. Me quedo mirando la pantalla del celular como ido, antes me gustaban tantos tus mensajes, me ponían tan feliz. Definitivamente ya no vamos a ninguna parte, somos como un barco a la deriva. Suspiro y me voy a la cafetería. Petra trajo un cheese cake, gloria de los dioses, amo ese postre.

—¡Levi! —Me saluda la bonita con su sonrisa tan cálida—. Menos mal apareciste, te guardé una porción, aquí ya se la iban a rifar.

—Gracias, my angel —digo mientras le doy un beso en la frente y ella vuelve a reír, es tan simpática esta mujer, siempre buena onda, dos sábados al mes nos consiente con sus tortas porque está estudiando pastelería.

—Uh, éste Levi, ya se las acapara a todas de nuevo —Se queja Auruo, mi compañero que se sienta en el box contiguo. Yo le sonrío ganador y paso mi brazo encima del hombro de Petra, yo sé que ella le gusta, lo hago para molestarlo únicamente.

—Mmm, Levi — dice ella agarrándome de la cintura—. Hueles tan bien, tú siempre hueles bien —Pero yo sé que es sólo buena onda de compañeros, aunque Auruo me está fulminando con la mirada, envidioso, le saco la lengua infantilmente y pruebo el cheese cake, de-li-cio-so.

—Cada vez te sale mejor —La halago, ella me mira como un gatito a punto de ronronear.

—Soltando, soltando —dice Annie, otra de mis compañeras, la más jovencita, que viene y me abraza del otro lado—. Ya te dije que Levi es mío —suelta en broma a la otra y ambas ríen.

—Hay para todas, mis amores —Aprovecho y las abrazo a las dos, mientras Dante y Carlos, otros dos de administración me miran con las venas saltando de la frente. Si supieran que le voy con todo a los pepinos y nada a las papayas.

—¿Qué tiene el petiso feo ése? —dice Dante, un hombre de unos cincuenta y pico y cara de amargado, pero solo de cara, porque es buen tipo.

—Y… ya sabés la fama de los enanos… —Responde Carlos mientras abre una botella de coca zero y empieza a servir unos vasitos, las chicas y yo nos carcajeamos.

—Ah, sí, la "levi-conda" nos atiende bien —“Confirma” Annie, siempre es la más picante con los comentarios, agarra el platito y me da de comer en la boca, a mí me encanta que me consientan así que me dejo.

Los tres hombres se quedan boquiabiertos y verdes de la envidia.

—¿Pero ustedes son o se hacen? —Dice Petra como aclarando—. Levi nos escucha, nos da consejos, nos ayuda con los sistemas, hasta nos enseña atajos para hacer las cosas más rápido, por eso lo queremos tanto, no porque sea guapo y nada más.

—Gracias, bonita —digo refregándole el brazo, oh, sí, vean perdedores, in your faces.

—Yo también te ayudé con el reporte de Figueiras el otro día —Reprocha Auruo a Petra como un nene caprichoso—. Y a mí, nada de abrazos, ni besos.

—¡Pfff! No te pongas celoso, nene —digo descaradamente y me mira sorprendido al ponerlo en evidencia, pero no soy taaan malo—. Vení que te hago unos mimos a ti también—. Todos echan a reír con ganas cuando le extiendo los brazos como para recibirlo.

—Pendejo  —Me dice Auruo nervioso mientras se ríe—. No gracias, paso.

Me gusta el clima laboral, ya nos conocemos de hace mucho tiempo, nos llevamos bien la mayoría, y la verdad me hacen sentir cómodo. Es un gran grupo. Petra me termina de dar el último bocado, le agradezco con un beso en la frente, agarro un vasito con coca zero y me voy a mi box a matar los últimos minutos de la jornada. No todos los sábados son tan relajados, pero veníamos trabajando muy duro por las auditorías, así que todos tienen el papelerío al día, por eso tanto relax, por eso y porque los gerentes están en la bendita reunión, sin duda el lunes habrá varios sermones. El departamento de ventas es el más comprometido, ya echaron a un par por fraudes.

Voy a hacer unas cuantas planillas de Excel con fórmulas para los próximos reportes, me pongo los auriculares y dejo que me envuelva la atmósfera de Therion"Mon amour, mon ami", uno de mis temas preferidos. Sin darme cuenta se hace la hora. Cierro sesión, limpio mi puesto y dejo todo en orden. Para finalmente irme al estacionamiento.

Saludo cálidamente a mis colegas y tomo el ascensor. La puerta de la sala de reuniones sigue cerrada, van a demorar, eso es seguro, ya siento algo de hambre. Busco el autito, humilde máquina (nótese el sarcasmo), de mi jefe y aprieto el botón de la alarma, que lindo suena ese bip, bip. Me meto, hace algo de calor adentro, así que pongo la llave en inicio para tener acceso al aire acondicionado. Prendo la consola de LCD para escuchar música, de paso me pongo a revisar la selección que tiene, recuerdo que era buena, un poco melosa ochentosa, noventosa, pero hay otras carpetas, estoy un buen rato seleccionando, muchos temas de bachata, que curioso. Al fin dejo un poco de rock internacional, Gun´s and Roses, los temas viejos, los mejores, me relajo en el asiento y me dejo llevar con la melodía de November Rain, Don´t cry, y otros… el auto tiene el olor de Eren impregnado, de su penetrante Xcess Men, y aspiro como si pudiera llenarme más de él. Realmente no puedo creer que vaya a pasar un par de horas en su compañía como dos seres humanos normales y fuera de la empresa, esto es genial. Siento la suave vibración de mi celular, atiendo prácticamente sin mirar, ya me imagino quién es.

—Hola, bebé —Suelta con tono alegre, lo suficiente para que desaparezca mi sonrisa.

—Hola, Winie.

—Que secote —Me recrimina—. ¿No me estás extrañando? Porque yo sí…

—¿Está lindo por allá? —digo cambiando de tema.

—¡Está hermoso! Estamos con Rocky, Julián y Connie —Ese odioso cabeza de foco que vive en un estado hormonal alterado, lo detesto, nunca supe por qué, simplemente lo detesto y punto—. Me hubiera gustado que vinieras…

—Ah, pero tengo que trabajar, además ya sabes que no soy amante de los fierros, los miro un rato y ya me aburren.

—Naaaah, tenes que ver como ronronean estas bellezas, son un placer —dice realmente compenetrado, pero no escucho ruidos de autos, a lo mejor están en algún restaurante, aunque está bastante silencioso, al fondo se escuchan apenas algunas risitas histéricas, sin duda ese es Connie—. No sabes lo lindos que son, tan brillantes, y bien armados.

¿De qué carajos está hablando? Por un momento no parecía hablar de autos, suspiro aburrido.

—Me encantaría que alguna vez cumplieras mi fantasía —Me dice bastante animado y yo estoy más y más confundido con el rumbo de la charla.

—¿Esa idiotez de los autos? —digo bastante cortante, me lo contó un montón de veces, tiene una especie de fetiche con los autos.

Por ejemplo cuando salimos a cenar, si o si a la vuelta usamos los asientos traseros de nuestro decente Fiat Palio, que él se encarga de mantener impecable, para tener sexo. Si me preguntan a mí es espantoso, apretados ahí, transpirando y con mi cabeza chocando contra el techo, pero a él eso lo deja en las nubes, en fin.

—Mi amor… —habla algo… ¿excitado?—. Decime cosas sucias…

Pongo los ojos en blanco, últimamente es como si viviera en celo, cualquier cosa lo enciende.

—Ni de broma, estoy saliendo de la oficina y voy a la parada de colectivos, no se puede— le corto la inspiración enseguida.

—Mmm… de solo imaginarte desnudo y con las piernas abiertas me pongo-

—Bueno, bueno —le digo ya fastidiado—. Si me llamaste para esto ya sabes que no me gustan estas tonterías —Además Eren se puede aparecer en cualquier momento, alarmado miro en todas direcciones por las dudas mientras lo escucho resoplar del otro lado de la línea, ¿qué le pasa?

—Decime guarradas con esa boca tan linda que tienes, Levicito… —Odio, odio profundamente que me llame así y lo sabe.

—Tengo que cortar, no me llames más tarde, voy a dormir una siesta larga y no quiero interrupciones, nos vemos.

Corto de inmediato, ya me hartó. Aunque me sorprende que hubiera estado en ese estado y con gente alrededor, digo por "mister cabeza de foco", sí, lo digo por Connie. El celular vibra de nuevo, por un largo rato, cuento más de tres llamadas, no, no te voy a atender, por más que tenga que aguantar tu bronca cuando vuelvas. Se finit.

Miro el tablero del auto, todo increíblemente limpio y pulcro, se ve que el Jefe le dedica su tiempo a su hijito de metal. Abro la guantera porque no hay mucho más para hacer. No debería hacer eso, pero es una miradita rápida. Está lleno de preservativos, realmente este hombre está preparado para cualquier ocasión. Casi agarro uno, quería saber si era de una "medida especial" o algo, pero la pienso mejor. No. Suficiente información por hoy, me pongo los auriculares y pongo música tranquila, piano instrumental, que adoro, los asientos son cómodos, y no sé en qué momento me duermo profundamente.

Me despiertan unos dulces roces en mi mejilla, estoy soñando tan profundo que me sonrío como un bobo.

—¿Levi? —¡Ah, sí, que bien!, quiero despertar con esa voz for ever.

Abro los ojos algo somnoliento todavía y veo el rostro de Eren que me mira burlón. ¡No jodan! Me despabilo en tres segundos.

—Oh, ah, ejem —Carraspeo un poco—. Disculpa, creo que me dormí, que vergüenza.

—No te preocupes, no es tu culpa, terminamos tarde —Miro mi reloj casi las dos de la tarde.

—¿Toda salió bien? —Pregunto mientras me voy despabilando del todo.

—Sí, digamos que sí, es que está jodido, entre que mermaron las ventas y aumentaron las bajas, hay que implementar acciones urgentes para no perder la rentabilidad.

—¿Lunes de sermones? —Pregunto semi sonriendo.

Se me queda mirando, le devuelvo la mirada sin entender, ¿no tendré baba en mi cara, no? Me toco disimuladamente y vuelve la vista al volante, el motor ruge y echamos a andar ¿Qué habrá sido?

—Sí —Responde visiblemente agotado—. Fucking lunes de sermones, y bue… cortemos con el trabajo y nos desenchufemos, que el fin de semana es corto.

Cambia la melodía y pone un poco de reggaetón, un asco para mi gusto, pero bueno, tampoco es impasable, hasta incluso es medio pegajosa esa canción que solo habla de cachas carnudas y de como a los tipos se les pone dura de verlas menear, realmente inspirador. Hablamos un poco del paisaje, del clima, de cómo lleva su vida de "soltero", tiene un dejo de melancolía en la voz, está un poco triste. Enseguida empiezo a contarle sobre recetas de cocina, fáciles y rápidas, y algunos trucos caseros para lavar la ropa y esas cosas.

—¿Así que la sal ayuda a absorber el aceite de la ropa? No sabía, que genial — Realmente parece muy entretenido con la charla, ya se sacó la corbata, y de nuevo esos dos botones abiertos de su camisa me dejan en las nubes, bueno, bueno, stop, pensemos en otra cosa, el perrito ese que está por cruzar la ruta por ejemplo, que tenga cuidado.

Llegamos a su casa y aunque intento no puedo disimular mi asombro. Queda en un country al que se entra después de pasar por un puesto de seguridad, caminito de ripio muy coqueto, césped prolijo, arreglos de jardinería fina al costado, y de pronto la casona de dos pisos con frente vidriado, y un jardín que es una maravilla. Todavía no puedo creer que solo sea una casa de fin de semana. ¿Tanto ganarán los gerentes? Tal vez sea hora de sacar alguna especialización en sistemas y volverme un poco más ambicioso.

Estaciona en un amplio garaje que da como para tres autos como el suyo y bajamos. Le ayudo a descargar el baúl, hay varias bolsas de súper, ¿en qué momento hizo las compras? La mayoría botellas de alcohol del más variado. Carne, carbón, pan, algunos aderezos, oh, parece que alguien va a tener una linda fiestita.

Finalmente encaramos para entrar, abre la puerta doble hoja de cedro (una maravilla), con doble cerrojo de acero (como si no fuera fácil entrar rompiendo una de las mamparas de vidrio, que hay a los costados, el gran sentido común de la gente rica, y no olvidemos las ventanas sin rejas; sí soy un jodido detallista.

Adentro me quedo asombrado, todo el salón (porque eso no es un living, es un salón enorme), está lleno de piedras tipo lajas a la vista que recubren la pard, muy estilo rústico, el piso de parqué oscuro, muebles de madera de quebracho lustrado, un confortable juego de enormes y largos sillones con almohadones en color nude que bordean una acogedora chimenea, con mantas en gamas de naranja y terracota encima, rematan unos pequeños cuadrados con pompones en los costados. Sin duda esto lo decoró Mikasa o algún diseñador con exquisito buen gusto, muy hermoso. Siguen más allá tres peldaños y se ingresa a la cocina, que también es enorme, con una isla al medio donde está la bacha para lavar la vajilla y un bajo mesada muy grande, a un costado la mesada larga, con más muebles arriba y también una heladera de tres puertas, sí, esas que te sirven soda, te hacen los cubitos a medida y te dan un masaje en los testículos, re top. Un LCD de tal vez 24 pulgadas en una de las paredes. Ponemos las bolsas al medio y te ayudo a repartir las cosas en los estantes y cajones.

—Tengo unas empanadas que encargué ayer, le damos un toque en el horno y almorzamos, ¿te parece?

—Dale —Asiento aceptando la idea—. Decime dónde están, yo me encargo.

Sigo las indicaciones, mientras me avisa que se va a cambiar, tengo que abrir un par de puertas hasta que doy con las fuentes, el horno es con encendido eléctrico y está empotrado en un costado, las hornallas en la isla, de esas que no usan fuego, estoy chocho, es la cocina de mis sueños, pienso. Seeeee, casémonos Eren, ¿sabes cómo te voy a pulir el piso, la cocina, las mamparas todos los días? Me río de mi propia estupidez. Pongo a calentar las empanadas y busco un par de vasos, abro la heladera, una muy linda selección de vinos, agarro un torrontés algo dulce, supongo que estará bien para la ocasión, pero no puedo encontrar el sacacorchos. Mientras reviso los cajones buscando uno aparece de nuevo. Casi se me cae la botella de las manos.

OMG, esto es mil veces mejor que mis fantasías, un short de gabardina verde musgo, con una remera ajustada negra, y unas nike negras, nunca lo vi informal hasta ahora. Mi cara sigue seria por fuera, pero por dentro soy una freaking loca a los gritos.

—Los cubiertos están en el tercer cajón a tu izquierda —Me indica, tardo un poco en reaccionar, pero al fin los encuentro, agarro el sacacorchos y antes de abrir lo miro de nuevo. Ríos de baba mental inundan mis pensamientos.

—Eh, tomé está botella, ¿está bien?

—Sí, está perfecto —Aceptas y se sientas sobre uno de los cuatro banquitos altos hechos a medida para la isla, mientras acerca unas servilletas de papel y prende el aire acondicionado, que bien, porque ya estoy sintiendo mucho calor.

Saco las empanadas y pongo un repasador bajo la fuente, nos sentamos y te veo devorarlas una tras otra. Vaya, vaya, alguien estaba con mucho hambre. Sirvo el vino y bebo un trago, corre refrescante por la garganta, quedando apenas un dejo dulzón, mmm, está más bueno de lo que parecía, porque lo estoy compartiendo con él, Eren, mi corazón. Terminamos de comer bastante rápido.

—Bueno —digo una vez que acomodamos las cosas que acabamos de usar—. ¿Empezamos?

—Correcto —dices sonriendo y me guías por la puerta de atrás de la cocina al patio.

Una medianera alta de ladrillos separa las propiedades, lo que le da bastante privacidad. Veo la enorme caja de la más enorme pileta que vi en mi fucking vida. Abrimos el envoltorio con un cúter, y empezamos la faena, son las 4 de la tarde y el sol está que pela las piedras. Por lo que saco el protector solar de mi bolso y me pongo un poco en la cara y los brazos.

—¿Quieres? —Ofrezco.

—Naaah, eso es para… —Se frena en seco y a mí me causa risa su expresión de "metí la pata".

—¿Maricas? —Completo la frase y me mira pasmado—. Bueno, entonces está bien —digo y me termino de encremar, mi piel es una cosa seria que yo cuido mucho.

—Disculpa, es que…

—No seas tonto —digo sonriendo—. Hasta yo lo digo a veces.

Sacamos todos los elementos de la caja y revisamos que esté todo, va a buscar un destornillador porque vamos a tener que ajustar unos cuantos en los codos de plástico de las esquinas.

Despejamos un buen lugar, ponemos un plástico abajo y empezamos la titánica, tarea, en más de una hora apenas hemos podido estirar la lona adecuadamente y encastrar unos cuantos tubos de los costados. Estamos transpirando, por lo que te veo sacarte la remera estilo Baywatch. Sí, yo merezco el óscar a la mejor interpretación de Shreck y su cara de "no me importa en absoluto". Pero siento un tirón en mi entrepierna, que lindo cuerpito, Jefecito, mis yoes internos no paran de silbar y aullar como locos.

Después de renegar dos jodidas horas más ya tenemos la estructura a medias, esto no es una pileta, ¡es una jodida piscina de hierro y plástico! Suspiro agotado, me acercas una coca zero punto frozen y siento que me vuelan las mariposas en el estómago, santa coca, después de Eren eres lo que más amo en este mundo. Tomamos un poco y seguimos. Al fin, luego de otra extenuante hora y cuando el sol ya está oculto podemos decir orgullosamente que lo hicimos.

—¡Qué hija de puta! —Le oigo decir con los brazos en jarra—. Menos mal que te pedí ayuda.

—Bueno, pongamos la manguera para llenarla, ¿mañana van a venir tus hijos, no?

—Sí, dale, está en el garaje.

Vamos a buscar la serpiente finita y verde, después de colocar los cuatro tapones, dejamos el monstruo para que se llene y volvemos adentro.

—Me voy a duchar —Avisa y veo su espalda rojísima, oh, oh, eso va a doler—. Si quieres puedes usar la habitación de abajo, está a un costado del living, tiene un baño en suite.

—Si, por favor —le digo suplicante, agarro el bolso y nos dividimos.

La ducha esa es una gloria, el agua sale caliente y fuerte, me tomo mi tiempo, y lamento haberme hecho la película de que iba a ver a Eren en traje de baño, con el cuerpito mojado, era obvio si había que armar la cosa esa y esperar que se llene. Me pongo mis jeans negros desgastados en los muslos, mis converse, y una chomba azul con rayas blancas. Un toque de perfume, me peino prolijito, seeee, estoy jodidamente sexy. Salgo y Eren ya está tirado en el living, prendió otro LCD enorme, ¿será de 50 pulgadas? Mientras aburrido cambia de canal. Me acerco y me sorprende verlo en pijamas, la parte de arriba es de algodón blanco y la de abajo celeste, ¿qué onda? Son las ocho de la noche recién.

—¿Y? ¿Qué tal el baño? —Pregunta sonriendo espectacularmente y se me acelera el corazón.

—Estuvo buenísimo, volví a la vida —Contesto y me acerco, me siento en el sillón a una distancia prudente—. Eeehh… ¿quieres un té negro? —Le pregunto porque ya me dio hambre.

—Sí, seria genial —Se pone de pie con unas graciosas y peludas pantuflas y vamos a la cocina, agarro una pava silbadora que vi a un costado y la pongo a calentar.

Saca unos bollos caseros de vaya a saber dónde y un salamín, seeeee, riquísimo, me está por rugir el estómago. Preparo el brebaje con las cosas que me alcanza. Hay una frutera encima de la isla, tomo una naranja y le arranco unos pedacitos a la corteza, para darle un toque más chic. No te molesta que le ponga edulcorante al agua, volvemos al living.

—Tengo *Direc tv (*Canal de tv), ¿buscamos una peli? —Creo que me va a dar un orgasmo en todo el cuerpo.

—Bueno, ¿te gusta el terror? —digo y le alcanzo la taza, y solo puedo pensar que Eren se ve hermoso, en pijamas, en un traje Christian Dior… no quiero imaginarme desnudo… ¡No quiero imaginarme dije!

—Noooo, soy re cobarde, encima me tengo que quedar solo en este caserón, veamos alguna de acción.

—Bueno…

Pone una de unos montañistas escalando el Everest y pasando mil vicisitudes, me suena más a drama que otra cosa. Te encanta comentar las películas, cosa que detesto, pero Eren es Eren, y te lo permito, ni le presto atención a la película, es imposible si te tengo al lado. Veo que hace una mueca como de dolor, y me doy cuenta.

—¿Estás destruido, no? —Te digo y te miro de reojo.

—Sí, me arde el cuero.

—A ver —Me pongo de pie y revuelvo mi bolso, gracias a Dios traje el post solar—. Mira, aquí tengo algo que te va a aliviar, claro que es para maricas, no sé qué efectos secundarios pueda tener en machos pechos peludos.

Tu carcajada es un poema, me contagias y acabamos riendo hasta que nos duele la panza. Enseguida te sacas la remera.

—Voy a correr el riesgo, veamos —Me dice dándome la espalda, y yo me convierto en un lobo en ese momento, te mordería tanto la nuca esa divina que tienes.

Me acerco y rocío el spray. Nota mental: Nunca más volver a comprar spray, si hubiera sido para untar podría haber tocado esa gloriosa piel. Veo unos deliciosos lunares marrones, son tres, muy pequeños, casi como pecas debajo de tu omóplato derecho, quiero grabarme a fuego todo, como si fuera un mapa. Te pongo en los hombros que son los más dañados y en los brazos, queda todo brilloso. Por todos los infiernos que no puede estar más sexy… siento que "mi amigo" que vive del ombligo para abajo quiere reaccionar. Cht, cht, tranquilo "satanás", no me hagas quedar mal.

—Debes espera que la piel lo absorba y después te puedes poner la remera —le explico y dejo el spray sobre la mesa ratona—. Más tarde te vuelves a colocar, y mañana, ya vas a ver qué vas a estar mucho mejor.

—Gracias —dice mientras gira de nuevo hacia la pantalla y me pasa la taza vacía. Tienes esa mirada que conozco bien, estás pasando un mal momento. La película termina sin pena ni gloria y yo creo que ya va siendo hora que me vaya—. ¿Sabes jugar al ajedrez? —Pregunta mientras prende un cigarro, bien, ya necesitaba uno, me lo pasa y me acerca un cenicero mientras prende otro para él, ¿qué fue eso, ahora me prende los cigarrillos? Como sea, más besos indirectos, todos bienvenidos.

—Me encanta —digo la verdad, fue una pasión desde niño, antes incluso iba a torneos, pero después de alejarme de Hange, uno de mis mejores amigos y con el que jugábamos hasta el cansancio, no tuve un digno rival. Y Erwin dice que le aburre, ¿por qué será que ahora me doy cuenta que tenemos tan pocas cosas en común? Maldito amor que te vuelve ciego.

—¿Jugamos? —Propone con una chispa en tus preciosos ojos aguamarinas, y me imagino jugando contigo, aunque no precisamente al ajedrez. Shu, shu, pensamientos pervertidos.

—Ok… pero para mí las negras, siempre… —Aclaro, mientras nos ponemos de pie.

Vamos a la cocina y traes un rústico juego, las piezas se ve que son algo antiguas, pero en su vejez hay un aroma a sabiduría y sentimientos.

—Solía jugar con mi papá —Me empieza a contar—. Hasta que le detectaron Alzheimer, después del diagnóstico todo se volvió un caos. Usábamos estas piezas —dice mientras las mira con nostalgia—. Desde que murió el año pasado no volví a tocar la caja. Pero ahora puedo hacerlo sin sentirme mal, al contrario. No seas un desgraciado que perdí un poco la mano, la primera es de prueba ¿ok?

—No. Un juego es un juego, yo no juego para disfrutar, juego para ganar —Le aclaro y se ríe, chocando su palma en uno de sus muslos.

—Agresivo el chiquitín —Me sulfuro por dentro con ese apodo horrible, sí, mido uno sesenta pero tampoco significa que sea un hongo—. Bueno, si vamos a jugar en esos términos voy a tener que tomar algo que me avive —Trae un pack de cervezas Budweiser de la heladera y me ofrece una, acepto.

Cuando estamos por empezar suena tu celular, lo agarra y atiende con algo de fastidio.

—Hola… Ah, sí… sí… no… Mmm… no puedo. Creo que a buen entendedor pocas palabras ¿no? — Lo oigo suspirar frustrado—. Pará, espera un momento, ya te había contado todo, en ningún… en ningún momento te prometí nada… no me vengas con amenazas, ya pasamos por esto… No, no… estoy en casa de un amigo y no… Cálmate un poco… —Escucho una voz chillona y no se alcanza a escuchar lo que dice—. Mira, no quiero verte ¿ok? ¿Eso querías escuchar? Ni ahora, ni más adelante, se terminó, punto… No seas así, somos adultos… Uuufff… No me vas a convencer con tus lágrimas, Nina —Ajá es una mujer, y por lo visto una de sus tantas amantes—, vos y yo sabemos que no vas a hacer eso, ya basta, tuve una semana de mierda, no me la compliques… No vuelvas a llamar, no te voy a atender… Ok… Ok… bueno, ¿así quieres que sean las cosas? Bien, lo acepto. Adiós.

Corta y veo la incomodidad en su mirada, prende otro cigarro y yo ya traje mi paquete, tampoco me iba a abusar todo el tiempo.

—¿Una gatita enfurecida? —digo para quitarle algo de dramatismo, mi mira melancólico y apenas sonríe, suspira y se despeina un poco.

—Te juro que no las entiendo… Ella sabía que las cosas eran así, ahora que estoy alejado de Mika piensa que es para que concretemos algo más serio, si jamás le di a entender algo como eso.

—Y bueno, ya está, si fuiste claro no te sientas mal.

—Es una jodida histérica, carajo. Y yo un idiota, no debería haber aceptado la primera vez, Juan ya me había advertido, y ahora por ese desliz estoy atravesando este jodido infierno.

—Ah, ¿ella era con la que te pescó tu mujer?

—Sí, y bueno, qué no me iba a pescar si llamó a mi casa. La atendió Far —El adolescente—, y pidió hablar con mi mujer. No la puedo culpar del todo porque yo me metí en esto, pero es la primera vez que se descontrola tanto.

—Ah una stalker… —digo mientras muevo después de la jugada de él.

—¿Una qué?

—Una acosadora, quiero decir.

—Algo así.

—¿Estuvieron mucho tiempo juntos? —Soy curioso por naturaleza y la historia me apasiona.

—Naaah, nos habremos visto, no sé, cuatro veces como mucho, hola, como estás, un polvo y chau. Tiene un trasero que es la gloria.

—Bueno, no eres la primera ni la última persona que arruina todo por un trasero —Le digo sonriendo y me mira molesto—. Vamos, relajate, o seguí tomando— Me hace caso y se empina un buen sorbo—. Además, hacete cargo de tu parte también, sino parece que ella fuera la única que hizo mal las cosas, no podés enojarte porque se haya enamorado, las personas no funcionamos así. Si estás casado y buscás amantes sabés que tarde o temprano algo sale mal.

La partida dura cerca de quince minutos, lo derroto miserablemente, no le tengo ni una pizca de compasión, así soy en las competencias.

—Dame la revancha al menos —Me dice ofuscado, ah, miren eso, no le gusta perder.

—Buaaano, si quieres caer más bajo te doy la chance —digo con aires de superioridad.

—Ya veremos, los últimos serán los primeros, dicen… —Acomodamos las piezas otra vez y vibra mi celular, voy a tener que atender, no tengo otra.

—Hola…

—¿Qué mierda te pasa que no respondes mis mensajes y llamadas? ¿Y dónde carajo estás? Llamé a casa al teléfono fijo y no atendiste —Aquí vamos de nuevo.

—Salí a dar una vuelta, ¿te tengo que pasar el cronograma de mi día para que lo apruebes previamente? ¿O será que puedo decidir como adulto que soy?

—¿Qué haces un sábado por la noche dando vueltas?

—Estoy en casa de mi jefe, hizo un asado para los de la oficina, ¿quieres que te pase con él así me crees? —digo agriamente.

—¿Y no me pensabas avisar?

—Te estoy avisando ahora, ¿por qué mejor no dejas de hincharme las pelotas y te vas a lamer algunos de esos autitos que te fascinan tanto? —Me siento especialmente valiente, tal vez porque estoy frente a Eren, pero sé que estoy arriesgando mi cuello.

—¿Pero qué mierda te pasa? ¿No me puedo preocupar acaso? ¿Y a qué hora vas a volver? —Si claro, "preocupado", maldito controlador.

—No sé, cuando lo crea conveniente.

—¡Ves que me provocas, hijo de puta!

—Bye, que la pases bien, no vuelvas a llamar, no te voy a atender —Le corto, wow, siento la adrenalina corriendo por mi sistema.

Estoy jodidamente demente. Pero bueno, hay trescientos kilómetros de distancia, mañana ya lo calmaré de alguna manera. El celular empieza a vibrar de nuevo, lo apago.

—¿Erwin? —Pregunta Eren, solo asiento—. Las cosas no están muy bien, ¿no?

No le respondo, suspiras fuerte.

—Tengo hambre, ¿pido unas pizzas?

—Bueno, pero pago yo, ya me diste de comer y todo hoy. ¿No ibas a salir? —Le pregunto.

—No tengo ganas, además mañana vienen los chicos y yo quiero estar fresco para ellos, ¿qué harás tú?

—Nada, luego de cenar me voy a casa.

—Te acerco si quieres.

—No, no hace falta, me llamo un taxi.

—No, ni de chiste —dice buscando el inalámbrico y marcando un número—. Te llevo.

—¿Así en pijamas?

—Me cambio en dos segundos, ¿hola? Sí, te hablo de "Los Paraísos", mándame la especial cuatro quesos… sí, esa, la extra large… familia Buontempo, sí, casa 77, código 4044, ok.

—Te toca mover —Aviso cuando las piezas ya están puestas—. Búscate un par de pañuelos para secar las lágrimas que te va a salir una vez que te derrote.

—La humildad es un aspecto fuerte en ti ¿eh? —Habla y se ríe—. Bueno, dale, contame tus miserias así estamos más a mano —dice y mueve.

—Nada, que estoy pensando en terminar mi relación con Erwin, ya no tiene sentido… es más como que compartimos un odio mutuo, es como si él disfrutara si yo sufro, se acabó el amor, supongo…

—Me parece la mejor decisión —Me apoya—. Pero ¿cómo harás? Es decir…

—No sé, nos sentaremos a hablar y tendrá que entender, e irse.

—Son complicadas las relaciones, sobre todo cuando uno lleva tantos años encima…

—Bueno, yo soy de los que creen que mientras haya amor, todo se puede arreglar…

—Mmm… —Murmura con la mirada apagada, ¿qué pasó? Mi boca se mueve más rápido que mis pensamientos, cosas que suelen sucederme y las detesto.

—¿Sigues enamorado de tu mujer, o no?

Eren se queda mudo mirando el tablero y yo me quiero meter dentro del horno.

—No sé… —dice al cabo de algunos tortuosos minutos de silencios, cigarros y más bebida—. Es decir, es la madre de mis hijos, formamos una familia muy linda, es una mujer extraordinaria, casi sin defectos, pero… Bah, es que desde un principio todo fue una mierda… —Lo miro sorprendido, no sé si es la segunda lata de cerveza que se te está vaciando con demasiada rapidez o qué, pero creo que voy a escuchar cosas que no sé si quiero escuchar—. Yo tenía 25 cuando nos casamos. Estuvimos de novios, no sé… creo que dos años… Y era todo tan jodidamente perfecto, mi familia la quería, su familia me quería, económicamente los dos estábamos bien, era linda, joven, estábamos llenos de proyectos… Creo que me casé porque era lo que todos estaban esperando, es como… te recibes ¿cierto? Y después te toca el posgrado, es lo esperable.

Momento, momento que soy lento. ¿Eren me está confesando que no se casó enamorado?

—Hicimos todo lo que se supone que se debe hacer, ¿no? Es como la receta de una torta, seguís los pasos y el resultado era esta torta espectacular llena de adornos. Y mis hijos, que los amo con toda el alma, son lo que de verdad me alegran los días. Recién ahora que nos distanciamos aprendí a valorar un montón de cosas de las que se encargaba Mikasa, pero también me hizo ver… que no es tan malo un poco de soledad.

—Bueno, la soledad siempre te hace reflexionar— le digo como si fuera obvio. Está por abrir la tercera lata, pero se detiene, se levanta y va al living, vuelve con un Jhonny Walker y dos vasos para whisky, ¡epa!

—Si te pido algo, ¿no te ofendes? —dice mirándome con tristeza, meneo la cabeza, ¿será que me pedirá que tengamos sexo violento sobre la mesada?, con gusto—. Esta noche necesito tomar un poco, ¿me acompañarías? Puedes usar la habitación de abajo y yo mañana te llevo a tu casa —No necesito pensar la respuesta, para nada.

—Ok… —Me sirve el whisky.

—¿On the rocks? —Me pregunta.

—Dale —Acepto.

Son las tres de la mañana y yo estoy bastante mareadito, después de dos latas de cerveza, tres vasitos de whisky, una pizza enorme, ya perdí la cuenta de las partidas de ajedrez, el vino tinto etiqueta negra que ni me acuerdo de que bodega es, pero estaba jodidamente rico y dos paquetes de cigarros. Aunque me medí un poco para no perder la conciencia, vos tomaste mucho más, ya estamos hablando con tanta confianza como si nos conociéramos de toda la vida. Nos reímos de cualquier idiotez, típico de ebrios. Enciendes otro cigarro y sigues conversando.

—Si Mikasa estuviera acá me rebana la polla por fumar en su sagrada cocina.

—Menos mal que no está —digo mientras yo también fumo, ahora estoy tomando agua mineral, y él le seguís dando a la cerveza.

—Te voy a contar algo —Me dice y tiene la nariz algo roja, debe ser por el sol de la tarde—. No se lo conté nunca, nunca a nadie, ja, ja, ja… Cuando tenía dieciocho, yo estaba en el equipo de rugby de mi universidad, venía con recomendaciones y me aceptaron de inmediato. Entonces éramos unos pendejos con las hormonas desbocadas, cada tanto viajábamos aquí, allá, por los torneos, pero la verdad después de los partidos chupábamos alcohol como esponjas y nos poníamos hasta la coronilla. En una de esas saliditas, me descompuse y me volví temprano al hotel, teníamos piezas cuádruples, y me encuentro con… con… Alejo, era un tipazo, un gran jugador, era quarterback. Bueno, me ayudó un poco, me dio una pastilla y me acosté, todo me daba vueltas, en un momento lo tengo sentado al lado, muy cerca, muy, y lo miró así cómo, ¿qué onda, man? Y viene y me da un beso cortito, un pico, bah.

Lo miro sin parecer sorprendido, pero me pregunto porque se te da por contar eso.

—Lo saqué a las patadas, el pobre me pidió disculpas y todo y no me jodió más. Pero después de dos viajes más, nos dieron una habitación doble, justo a él y a mí. Yo, no le daba mucha importancia al asunto, o sea, me daba igual. Pero una noche me patea mí, por entonces, novia por teléfono, en ese momento no había celulares, era por fijo, yo la llamé y ella me dejó, ¡por teléfono! —dice y mete otro sorbo—. La cosa es que me quedo en el hotel a beber solo, y después cae Alejo. Conversamos, le cuento, yo me sentía como la mismísima mierda, y no sé cómo, termina confesándome que estaba enamorado de mí hacía no sé cuánto tiempo. Me sorprendió, o sea, yo no sabía que era gay, lo tenía re escondido, en ese tiempo era mejor morirte que ser puto. Ups, perdón —dice mirándome con la vista nublada.

—No me jode, no importa —Le respondo.

—La cosa, que me dijo, "solo te pido un beso, uno solo, y te juro por mi madre que nunca más en la vida te vuelvo a decir nada de nada". No sé, me dio pena, al fin de cuentas él también sufría de amores, así que le dije, bueno, un beso no es la gran cosa, pero que nunca le dijera a nadie porque lo iba a negar a muerte. Te juro que nunca vi a un tipo más feliz en toda mi vida, parecía que se había sacado la lotería. Se me acercó despacio, y cuando me agarró la cara yo ya no estaba tan seguro, pero tenía que cumplir mi palabra, así que me besó, yo cerré los ojos, y pensé que me iba vomitar o algo así… —Se queda callado como pensando y yo siento que el corazón se me va a salir del pecho, quiero que contando, que no se quede callado justo ahora—. Fue muy gentil, fue despacio, era tan extraño, sentir sus manos callosas sobre mi cara —Se toca la quijada y ahora está muy serio—. Para qué te miento, me gustó —Yo siento que voy a explotar y voy a salpicar en todas las direcciones—. Fue como irreal, ¿o será que estaba medio borracho?, ¿o que tenía el corazón dolido?, no sé… era una mezcla de demasiadas cosas… Fue el beso más largo de toda mi fucking vida, y bueno, como que entre tanto roce y resoplido uno se pone medio caliente —La mandíbula mía rebota en el piso y vuelve a su lugar—. No sé, la cosa que terminamos, bastante desnudos, ja, ja, ja… ¡que pendejos de mierda que éramos!

Como no dice más nada y la curiosidad me está estrangulando, tengo que hablar.

—Ah, ¿y qué pasó? O sea…

—Nada, que follamos como conejos, eso… —Vuelve a beber y prende otro cigarro, yo estoy en blanco, literalmente, es decir, WTF?—. Al otro día volvimos a ser los de siempre, y tal como yo había cumplido él cumplió y no volvió a acercarse a mí. Después se mudó con su familia o algo por el estilo.

—Nunca más…

—No, no, nunca, o sea, me gustan las mujeres, las tetas eso, yo estoy seguro, fue un desliz, que se yo. Los tipos no me generan nada.

—¿Y si te lo encontraras ahora, por ejemplo?

—Nada, hola, como estás, adiós, nos vemos. Cosas de la juventud, esas locuras que uno comete sin pensar. Mi padre se llegaba a enterar que me había revolcado con un tipo y me desheredaba cómo mínimo —dice riéndose y yo siento un dolor en el pecho.

Tomamos un poco más y nos vamos a dormir, se va medio tambaleándose, cuando veo que subió bien las escaleras me voy a acostar.

Al otro día preparo un café espumoso y le acerco un par de analgésicos, que siempre tengo a mano. Desayunamos, limpiamos un poco el desastre de la cocina, la pileta de la cocina está a medio llenar, le pongo el spray de nuevo y vamos a su auto.

—Hey, Levi, ¿quieres quedarte a almorzar? Digo, si quieres, yo los voy a buscar a los chicos y vuelvo.

—No quiero ser una molestia.

—No, para nada —Me dice muy seguro—. Voy a hacer un asado que te vas a chupar los dedos.

—Bueno… —¿Existirá algo que me propongas a lo que te diga que no?

Los hijos de Eren son adorables, sobre todo el pequeño Armincito de cinco. Es culo inquieto, va de aquí para allá, y me invita a jugar a la play. Por supuesto que acepto, antes me gustaba mucho. Nos pasamos más de una hora en eso, después Farlan, que es fanático del rock pesado, quien diría con esa carita de angelito, me pasa unos temas por bluetooth de la banda "In this moment", que según él son geniales, ya los escucharé. Antes de que esté el asado los dejo y me voy a preparar unas ensaladas para acompañar la carne.

Comemos en el patio y la verdad que la pasamos genial, me da tanta nostalgia, ya hace más de doce años que no veo a mi familia. Después nos vamos por un helado en el auto y volvemos para que los chicos disfruten de la pileta que todavía está a medio llenar, pero igual le sacan el jugo. Me encanta la actitud de Farlan que juega a la par de su pequeño hermano a pesar de la enorme diferencia de edad, son adorables.

A la tarde les hago panqueques a todos, la verdad me salen fantásticos, comen bastante, el agua les abrió el apetito, con Eren jugamos otros dos partidos de ajedrez con té negro de por medio y vuelvo a humillarlo. Finalmente empieza a anochecer y recién me doy cuenta que prácticamente pasé dos días enteros al lado del hombre que amo y se sintió genial. Todos subimos al auto y los chicos me hacen prometer que tengo que visitarlos pronto, que es más divertido, lo cual me hace reír, luego de dejarlos en su casa, Eren me acerca a mi departamento. Me bajo del auto y ya sea por cortesía le ofrezco que cene conmigo, a lo que accede de inmediato, me sorprende un poco, pero me alegra.

Tengo lasaña congelada y la pongo en el microondas, mientras saco un jugo de durazno, ya tuvimos demasiado alcohol y mañana se trabaja. A los quince minutos ya está lista, sirvo y Eren se deshace en elogios, internamente mi lado chef está bufando de gusto. Finalmente un café cortito y ya es hora de despedirse. Lo acompaño abajo, estoy en las nubes.

—Hey, gracias por todo, en serio —Me dice muy contento.

—No agradezcas, yo la pasé genial, yo te agradezco.

Me da un sentido abrazo y yo siento que me voy a derretir entre sus brazos.

—Cuando quieras ven a casa —Me dice y levanta la mano saludando, ¿puedo volver ahora mismito?

Me sonrío y subo casi corriendo de la alegría. Cuando llego lavo los platos y oh, sí, prendo el celular, madre de Dios, tengo cincuenta y cuatro llamadas perdidas, y veintidós whatsapps. El castillo de la alegría se me derrumba de golpe. Conecto el teléfono fijo y a los pocos minutos empieza a sonar. Atiendo.

—¡La puta madre que te re mil parió, Levi!

Trato de calmarlo un poco, sé que si no lo hago va a venir directo a molerme a golpes.

—Cuando vuelvas nos vamos a sentar a hablar, Erwin Smith —Él sabe que cuando lo llamo así es porque es algo muy serio.

—Sí, vamos a hablar de una vez —Contesta molesto y me corta. Me doy una ducha y me voy a dormir. Suena de nuevo mi celular, lo miro con fastidio, es un mensaje de Eren.

"Que se repitan estos fines de semana ;)", mi respuesta no se hace esperar:

"Seguro"

Salgo de la oficina y llego a casa, estoy muerto, después de los sermones del jefe y del supervisor tuvimos una jornada muy dura. La puerta está sin seguro, Erwin ya llegó. Entro y lo veo en la cocina llenando el lavarropas con la ropa sucia.

—Hola —Saludo con cautela.

—Mi amor —dice y viene rápido para abrazarme, OK, eso no me lo esperaba, me empieza a besar frenéticamente—. Te extrañé mucho, mucho, ven —Empieza a sacarme la ropa.

—Pe-pero, espera un poco —Trato de detenerlo, ¿qué es un perro en celo?

—Por favor, te necesito Levi —Pide con esa voz ronca que antes me gustaba tanto, ataca mis puntos débiles, y aunque no estoy muy en tono mi cuerpo empieza a reaccionar, pero NO, tengo que ponerme firme, no puede hacer lo que se le ocurra todas las veces.

—Erwin —digo muy serio mientras me libero de sus brazos—. Detente. Es hora de hablar, yo quiero separarme…

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By Luna de Acero... con el corazón acelerado...

Chapter Text

 

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"EL CLOSET ES PARA LA ROPA... NO PARA LAS PERSONAS"

Anónimo

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Voy a ser breve para no ser pesado, esa noche tuvimos una ardua discusión con Erwin, me tuve que comer un par de cachetadas, y hasta me apretó el cuello un par de veces, pero no iba a aflojar, no, de ninguna manera, se iba a ir de mi departamento, como fuera, así tuviera que llamar a prefectura.

Me voy a la terraza, tengo una bufanda, pero salió el sol y empezó a hacer un poco de calor. Pronto se me une Eren, pareciera que sincronizáramos las ganas de fumar últimamente.

—¿Qué haces? —Me dice poniéndose a mi lado.

—Aquí, tejiendo a crochet —Respondo con desgano. Me suelto la bufanda, o voy a empezar a transpirar.

—¿Qué pasó con Winie? —Directo al grano.

—Discutimos, ya le dije que quiero que se vaya.

—Fiuuuu, ¿y que te dijo?

—Se enojó —Comento girándome para su lado y de pronto veo que su hermosa frente se arruga, su ceño se frunce y me mira seriamente, ¿qué pasa? Acerca su mano y me saca la bufanda.

—¿Te pegó de nuevo?

Aaaahhh, ya me acordé porque me la había puesto.

—U-un... un poco, pero-

—¡Levi! —dice exaltado—. No puedes seguir así, mira nada más como te marcó el cuello. No me importa lo que digas, hoy quiero que hagas la denuncia —Acepto que tiene razón.

Así que después de la jornada laboral, Eren me acompaña, una experiencia humillante debo aclarar. Lo hice más por su insistencia.

—Escúchame —dice Eren—. A la hora que sea, me llamas y te busco, ¿ok?

—Sí, no te preocupes —digo mientras mil yoes mentales agarran todos sus celulares al mismo tiempo marcando el número de Eren, trato de sonar seguro—. Prometo que te llamaré si necesito algo, ¿está bien, así? —Y yo siempre cumplo mis promesas.

Fue una de las peores semanas de mi vida. Winie se puso tan violento que tuve que llamar a la policía, a la mañana siguiente le pregunté a Eren si podía darme asilo por dos días, aceptó de inmediato. Amenacé a Erwin con iniciarle una denuncia penal y al final aceptó irse si le daba unos billetes y se quedaba con el auto, “la libertad no tiene precio, llévate todo”, fue lo que le dije. Pero yo sabía que no me la iba a hacer tan fácil, de manera que el mismo día que se llevó sus cosas cambié la cerradura. A la fuerza tuve que cambiar mi número de celular porque había noches que se volvía insoportable. Me seguía en su auto, me dejaba cartas debajo de la puerta y me mandaba flores al trabajo. Tuve que pedirle al guardia que ni siquiera las recibiera y que jamás contara nada a nadie, lo que me salió otro buen par de billetes.

Una tarde de Jueves iba caminando por el barrio y me encerró con el Fiat Palio, casi me cago del susto, era él pidiéndome otra oportunidad, me largué a correr y llegué empapado a mi departamento, rogando que nadie haya visto esa escena tan vergonzosa. Me asusté de verdad, él podía venir ebrio y atropellarme, o hacerse el ebrio. Se lo conté a Eren, a estas alturas ya no me importaba si quedaba como un cobarde, y realmente no tenía otro confidente a quién contarle.

—¿Te molesta si te llevo a tu casa a la salida del trabajo? —Me sugiere en la terraza, es tan príncipe azul, acompáñame toda la vida bebé.

—Sólo si dejas que pague la gasolina —Asiente porque sabe que es imposible de otra manera.

Pasan un par de días, y aunque me siento algo avergonzado de que mi jefe hiciera medio de guardaespaldas mío, agradezco enormemente el gesto.

...

Subo los dos pisos, meto la mano para sacar la llave y siento que de la oscuridad surge una figura que me agarra de la muñeca. Mierda, es Erwin.

—¿Qué haces aquí? —Ya siento que la adrenalina empieza a contaminarme mal todo el cuerpo.

—Quiero verte un minuto, quiero hablar, solo hablar, no te asustes, podemos hablar aquí si quieres no hace falta que me dejes entrar —dice eso pero no me suelta la muñeca.

—No quiero escucharte, no hay nada para decirnos.

—Perdóname, te lo suplico —dice Winie estrechándome entre sus brazos, estoy duro como una tabla, asustado a muerte, quiero irme, quiero que me suelte, quiero alejarme.

—Win-Erwin —Tartamudeo sin poder evitarlo—. Suéltame... ya pasamos por esto, vamos.

—¿Erwin? —Repite mientras me mira dolido, no tienes derecho a sentirte así—. Así que ahora soy Erwin nada más.

Me intenta besar contra mi voluntad y me resisto, no, no volveré a permitirlo, giro mi cabeza evitándolo, mientras lo empujo con mis brazos, no me importa nada, si tengo que patearle las bolas lo voy a hacer.

—¿No entiendes que te amo? No puedo vivir sin ti, Levi ¿Cómo puedes ser tan frío conmigo viéndome sufrir así por tu culpa? —Me dice con rabia mientras una mano aprieta dolorosamente mi muñeca y la otra mi hombro. Me está lastimando, de nuevo.

—¡Ya basta! —Le digo liberándome al fin de sus brazos y respirando agitado, y no me importa un comino si los vecinos escuchan o no, llegué a mi límite—.¡No tienes idea lo que es el amor, no sabes nada! Me violabas cuando se te venía en gana, nunca pensaste si yo quería hacerlo o no, siempre me forzabas, me golpeabas casi todo los días ¡Me dejaste inconsciente en el piso de la cocina, mientras cenabas de lo más tranquilo! ¿Y ahora hablas de amor? ¡¿Pero qué mierda te pasa, maldito matón?! —Sorpresa, hace mucho que no veía una expresión en tu rostro, y es liberador, es realmente como alivianarse, decirte todas estas cosas que las tenía atravesadas en la garganta desde hace tanto tiempo—. Me da asco que me toques, yo no siento amor por ti, siento repulsión, no tienes idea las veces que me odié por dejarte hacerme todas esas cosas, pero no, nunca más, aquí se termió Erwin.

—Se termina si yo digo que se termina —Ahora me mira con odio, con esa mirada que conozco tan bien y siento miedo de nuevo, como tantas veces antes, mientras empieza a acorralarme en una esquina del pasillo.

Estoy temblando, veo como cierra la mano en un puño, pero no voy a ceder, no importa lo que pase. Cuando lo levanta en el aire me quedo estupefacto, paralizado, como el ratón que sabe que va a ser comido por la serpiente, y no tiene manera de escapar.

—¡Detente, maldito idiota! —Escucho una voz detrás de Erwin que lo agarra de la muñeca y lo tira hacia atrás. Abro los ojos muy grandes, ¿Eren?—. ¡¿Qué carajo ibas a hacer?! —Le grita desencajado y yo estoy igual que él, sin entender qué está pasando, ni de donde salió, ni... nada.

—¿Y quién mierda es éste? —Replica Erwin soltando su muñeca de su agarre—. ¡Ah, sí! Yo te conozco —La memoria inquebrantable de mi ex, lo reconoce—. Eres el jefe de Levi... ¿Y qué mierda haces aquí?

—Bueno, simple, vine a ver que mi pareja estuviera bien. Estaba preocupado que se encontrara con el lúnatico de su ex novio, y tuve razón.

Tanto Erwin como yo estamos con la mandíbula por el piso. Luego de la sorpresa inicial, mi ex me mira rencoroso y veo que se está poniendo rojo, oh, oh, eso no pinta bien.

—¡Hijo de puta! —Grita encolerizado—. ¿Con éste me estuviste engañando todo este tiempo, no? Por eso las horas extras en el "trabajo"—dice haciendo comillas con los dedos en el aire—. ¿Así que éste te cogía mientras yo te esperaba en casa?

—No mezcles las cosas —Aclara Eren que se interpone cubriéndome con su cuerpo, para frenarlo un poco—. Nosotros empezamos a salir después que ustedes terminaron, aunque lo que tenían ya estaba terminado hace años, tú no tenías una pareja, lo que tenías era un esclavo.

—¡¿Qué mierda interfieres imbécil?! —Ya lo sabía, Winie se desboca cuando lo confrontan o lo contradicen.

No me gusta cómo están yendo las cosas, trato de buscar el celular en el bolsillo de mis jeans para llamar al 911, pero al agachar la cabeza siento el ruido de una tremenda trompada y veo caer a Eren en el piso. Es como si todo sucediera en cámara lenta, lo veo agarrarse el pómulo con dolor, y siento que se encienden todas las alarmas en mi cabeza. Miro a Erwin, que tiene una expresión tosca, los sonidos se apagan para mí, sólo escucho mi respiración agitada y mi corazón, el celular cae de mis manos, y la vista se me nubla de rojo. Al frente mío veo a mi tío Kenny, veo a los bravucones de la secundaria escupiendo sus insultos, veo a mi padre que me rechaza y se niega a creerme, veo a Mike abandonándome, veo a todos los que me dañaron, es suficiente.

...

—¡Levi, Levi, Levi! ¡Por Dios, reacciona! —Siento unos brazos debajo de los míos, que me sujetan y me levantan—. ¡Cálmate, cálmate!

Estoy resoplando como un toro en brama, los puños apretados, tiesos, de uno se escurre sangre, el flequillo pegado a la frente por la transpiración. No estoy muy seguro qué sucede, solo veo a Erwin en el suelo, con la cara destrozada a golpes, mientras intenta en vano girarse. Tiemblo como si fuera a convulsionar en cualquier momento, no sé qué pasó, pero por cómo están las cosas me empiezo a dar una idea.

—¡Levi, Levi! ¡Respóndeme! —Siento la hermosa voz de Eren bastante asustada, y me giro, soltándome de su agarre.

—Er... Eren —le digo mirándolo con dolor.

Sentimos los quejidos y lamentos de Erwin, que se levanta como puede, resbalando un poco y tambaleándose, pero finalmente se marcha, veo un diente en el piso a un costado. Me duelen las manos. Estoy en shock, aún no me repongo del todo.

—Ven —Pide Eren, con tranquilidad me toma de los hombros, me empuja y nos metemos al departamento, ni siquiera sé cómo hizo para abrir la puerta.

Enseguida me fijo que el piso está algo sucio, y todo en un silencio estremecedor, no me siento a gusto adentro, es como si fuera la casa de otra persona. Eren me lleva a la cocina y hace que me siente, abre la heladera saca una botella de agua y me sirve un vaso.

— Bebe un poco —Me pide, cuando agarro la bebida recién me doy cuenta de cómo me tiemblan las manos.

Dejo el vaso sobre la mesa y me pongo de pie para lavarme las manos, no soporto tenerlas manchadas de sangre. Recién me doy cuenta que algunos nudillos se me pelaron, están todos hinchados. Después que termino de lavarme me miro la camisa, está salpicada con algunas pequeñas gotas de sangre y me empiezo a alterar, trato de desprenderme los botones pero no puedo, las manos me tiemblan mucho. Eren se acerca y me agarra de las muñecas.

—Tranquilo, tranquilo, Levi —Trata de ayudarme, pero yo no puedo controlarme, jamás lloré delante suyo, pero no puedo evitarlo, se me saltan las lágrimas de la angustia que siento, así que Eren me abraza con calidez.

Trato de respirar y no dejarme llevar por la tristeza que siento, trato de concentrarme en ese perfume que me encanta y me apoyo con mis manos sobre su torso. Eren me acaricia el cabello pasando su mano lentamente, como si consolara a un hijo.

—Déjalo salir, Levi, ya no lo contengas más o va a ser peor, confía en mí, ¿está bien? —Escondo mi cara en su pecho y me tranquilizo, las lágrimas dejan de salir, fueron apenas unos segundos de debilidad, siento que ya puedo respirar mejor, como si la opresión se hubiera ido. Cuando puedo respirar con normalidad me separo.

—Yo... yo no... no sé... —Hablo apenas con la voz quebrada.

—No importa, ya pasó, ¿por qué no te das un baño? Voy a prepararte un té.

—¿Un té? Pfff —Resoplo con sorna—. No, busca mejor en la bodega al lado de la heladera y saca un buen vino, necesito al menos dos copas —Eren me sonríe.

—¿Te ayudo con los botones? —dice y me doy cuenta que me duelen las manos y aún me tiemblan un poco, así que suspiro, antes de recibir una respuesta se acerca y los desprende rápidamente.

—Gracias... —Le digo bajito, me fijo en el calefón y coloco la temperatura adecuada.

Tomo un relajante baño y me coloco el pijama. No tengo muchas ganas de quedarme en el departamento, pero tampoco tengo ánimos de salir y buscar un hotel, está empezando a hacer frío, suspiro frente al espejo, tengo ganas de tirarme en la cama y no levantarme al menos por un mes. Estoy agotado, como si hubiera corrido una maratón. No quiero pensar en lo que hice, todavía no tengo idea como pasó, sólo sé que vi a Eren herido y reaccioné sin pensarlo. Gracias a Dios él estaba ahí, quien sabe que hubiera pasado, lo único que me faltaba era matar a Erwin y terminar mi vida en una prisión. O que él me mate a mí y terminar en un cajón, ¿eso sería peor? Me arden las manos, busco el desinfectante con lidocaína que está en el botiquín y me lo pongo, arde apenas y después me alivia un poco.

Voy a la cocina y veo papas fritas, maníes en unos cuencos, y dos copas vacías con el vino ya descorchado al lado.

—Me crucé al almacén un segundo mientras te bañabas —Explica Eren sonriendo, siempre con ese eterno buen humor—. Puse llave antes de salir —Aclara y yo me siento a la mesa—. No vayas a tomar frío, ponte un abrigo —Padre modo on, sonrío ante su comentario.

—Estoy acalorado por el agua, en un rato me pongo algo, sino voy a transpirar — le explico mientras sirvo las copas.

—Qué buena selección que tienes ahí —dice agarrando su copa y señalando la bodega, tendrá entre treinta y treinta y cinco botellas que fui comprando a lo largo de los últimos ocho años. Estoy orgulloso, son todos finos y caros, y es uno de mis hobbies y gustos.

—Ah sí... hice un curso hace como cuatro años de *somelier (*especialista en vinos) —le cuento mientras muevo el líquido para que se oxigene—. Hace mucho que no me siento a disfrutar de un buen vino —Luego bebo un sorbo fresco y delicioso, la bodega siempre está a 14 grados, está programada así, cierro los ojos mientras siento como recorre mis papilas gustativas activándolas de punta a punta, es una sensación increíble.

Me levanto para sacar un paquete de cigarrillos que escondo detrás de una caja de avena arrollada instantánea en la alacena, sonrío, lo abro y saco uno—. ¿Gustas? —le ofrezco a Eren que acepta.

—Tienes un departamento muy, muy lindo —Suelta mirando alrededor—. Bueno, los gays siempre tienen buen gusto para decorar, ¿no?

—¿Otra de tus verdades irrefutables sobre los homos? —Le digo mirándolo con recelo.

—No, pero es así, yo la verdad no me ando fijando en los detalles, o sea, las cortinas, esas cosas —dice señalando unos adornos que están sobre la mesa de la cocina—. No presto atención, simplemente pasan desapercibidos para mí.

—Oh, habló el macho de América —Escupo con reproche mientras fumo y vuelvo a beber un sorbo del exquisito elixir del , vale cada uno de sus cuarenta y ocho dólares por botella—. Ya estás a la defensiva, eso significa que te estás recuperando, ¡ah, cierto! —Dice recordando algo, deja la copa sobre la mesada y abre el frízer, saca una bolsita con hielo molido adentro y me la alcanza—. Para tus nudillos, sobre todo de la mano derecha —dice señalando el lugar que ya está cambiando de rojo a morado. Qué considerado, pienso.

—Bueno, gracias de nuevo... —Digo mientras pongo la bolsa sobre el lugar, ahora tendré que hacer malabarismos, con la bolsa, el cigarro y la copa.

Tomo una papita y mastico.

—Aquí está tu celular, afortunadamente no le pasó nada.

—Ah, es que es Motorola, me encantan, resistentes, buena batería, buenos procesadores.

—¿Te gusta la tecnología?

—Mucho —Suspiro, sintiéndome aliviado de que el costoso aparato no hay resultado dañado, todavía me faltan como 8 cuotas para terminar de pagarlo.

—Entonces después me vas a ayudar a comprar un nuevo celular, porque el que tengo se tilda a cada rato.

—Sí, cuando quieras —Ya me imagino la escena en mi cabeza, con gusto te enseño de todo, pienso.

—Uh, ¿no tienes hambre?

—Un poco —La verdad no, apenas puedo pasar esa papa que me raspa el esófago, pero si pregunta es más porque él debe tener hambre—. ¿Quieres que pida al delivery? —Le pregunto.

—Genial ¿Qué puede ser? —Dice mirando el refrigerador con los imanes de los negocios—. ¿Unas empanadas árabes?

—Bueno —Realmente no tengo ganas, pero pongamos que me voy a comer una para acompañarlo, después de todo se lo debo.

Agarra el teléfono inalámbrico como dueño de casa, a pesar de que el ofrecimiento se lo hice yo, y lo veo llamar, me sorprende como le sale la dirección con naturalidad, pensé que me iba a tener que consultar. Pide una docena, está loco, es muchísimo. Después viene, se sienta frente a mí y me hablas un poco más serio, me hace acordar cuando tiene que corregir a alguien, es la misma expresión de profesora ciruela.

—Escucha Levi, yo no quiero meterme en tu vida, ni mucho menos decirte qué hacer, pero creo que todo esto ha sido un poco... inevitable —¿Inevitable? ¿En serio?—. Sinceramente me preocupo por ti, yo sé que quisiste ser reservado y te respeto, pero ese muchacho está enfermo, su cabeza está enferma, y realmente me da miedo pensar lo que puede suceder si decide regresar de nuevo. ¿Por qué no haces otra denuncia?

—Sí, tienes razón —Admito—. Voy a hacerla, aunque ahora creo que fui yo el que le rompió la cara —Luego miro a Eren que tiene un moretón en la mejilla, lo olvidé completamente, Winie le dio una flor de trompada. Le paso la bolsita con hielo, total que ya tengo las manos heladas—. Ten, se está hinchando tu pómulo —Le advierto.

—Ah, si —Respond muy serio—. Tiene mano pesada el desgraciadito ése —Es como un recordatorio del pasado, sí no habré sentido sus golpes una y otra vez y cuando sus dedos se cerraban como garras sobre mi cuello, algo que particularmente lo excitaba, estrangularme un poco—. Pero te desataste, no te podía frenar con nada, le caíste encima como un rayo y prácticamente lo dejaste nock out —Comenta sorprendido—. Para ser tan menudo tienes una fuerza impresionante.

—¿Menudo? —digo frunciendo el ceño.

—Bue-bueno. Es que eres más bajito que yo y cómo eres algo delgadito, da la impresión de... de...

—¿Debilucho? —Completo la frase y ya me estoy alterando.

—No, no, más bien como de frágil —Bue, te fuiste al carajo, literalmente—. No te molestes, Levi —Pide sonriendo, ¿y cómo me puedo enojar cuando me dedica esa mueca?—. Dije que es la impresión que das, no que seas así, y por lo visto eres bastante peligroso —Reímos ambos.

—No sé, no lo pensé, yo... se me puso todo rojo y actué... no me acuerdo... no sé, es como si se me hubiera borrado la memoria en esos segundos, solo recuerdo que caíste y después cuando me llamaste, el resto, nada, negro...

—Supongo que es lo que llaman emoción violenta, y justamente, eso me preocupa, que venga este hijo de puta, te provoque y termines cometiendo una desgracia... o peor, que realmente te lastime, esto es jodido, Levi.

—Una denuncia no lo va a frenar, y lo sabes. Si todos los días lees que murió este chico o alguna mujer, porque la mató el marido o el novio, y tenían mil denuncias anteriores, botón antipánico y todo, imagínate con un tipo como yo. Igual voy a hacerla, pero no sirve más que de precedente, para que después cuando se lea en Facebook sobre mi muerte los comentaristas pongan "que mal anda la justicia", o "un puto menos" —Eren me mira asustado.

—No te tomes a la ligera, idiota —Me sorprende que me llame de esa manera y que se altere, pero sí, está enojado—. Se trata de tu vida, ¿qué acaso no te preocupa ni un poco? ¿Qué te pasa?

—Bue, no dramaticemos —digo para relajar el ambiente, mientras lleno mi copa de nuevo, Eren se cruza de brazos y me mira molesto, es divertido, nunca lo había escuchado levantar la voz antes, ni que me dijera "idiota", aunque acepto que por mi comentario me lo merezco.

—No puedes quedarte aquí, es peligroso —habla de nuevo, más tranquilo—. ¿Puedes irte unos días a casa de algún pariente?

—No tengo contacto con mi familia hace... más de una década.

—¿Nadie? ¿Un primo, un hermano, un tío? —Me da escalofríos solo recordar a mi tío.

—Está bien, entiendo, pero no, no tengo contacto con nadie, ninguno, nada...

—Bueno, ¿amigos?

Lo pienso un poco, tenía cuatro excelentes amigos, que amaba con el alma, salíamos juntos, nos consolábamos, nos ayudábamos, allá lejos y hace tiempo, los había conocido en la facultad. Pero Winie hizo que me dejara de hablar completamente con ellos, los celos lo volvían loco, incluso casi lo emboca a uno, Hange se llama. Ah, también tenía dos amigas queridísimas, Christa e Ilse, pero Christa se fue a estudiar a Canadá e Ilse me dejó de hablar una vez que Winie la echó de casa y yo no la defendí. Después está Jean de la oficina... ¡Ni borracho!

—Es patético tener que admitir esto, y sinceramente me doy pena yo mismo, pero no, perdí contacto con todos mis amigos por culpa de Erwin, como supiste, él tenía problemas de celos enfermizos, y yo se lo permití. Sería bueno retomar el contacto con ellos, sé que me van a perdonar con el tiempo, son muy buena gente, pero no creo que sea lo mejor empezar pidiéndoles que me den asilo. Como sea, puedo ir a un hotel unos días ¡Maldición! —Suspiro bajando la cabeza—. Tener casa propia y andar huyendo como si esto fuera mi culpa, bueno, en parte lo es... por permitírselo, no frenar a tiempo.

—Podrías poner en alquiler este departamento, por un tiempo, y alquilar en otro lugar, unos meses, un año, hasta que se calmen las cosas.

—No, Winie va a volver... no se va a conformar... tarde o temprano... lo conozco bien. Quiere verme destruido, quiere verme agonizando. Creo que va siendo hora de pensar en vender este lugar y buscarme otro, además no podría alquilarlo y después volver, de sólo pensar en personas extrañas usando "mi hogar", se me revuelve el estómago —Suena el timbre y me estremezco.

Eren se pone de pie para atender, es el delivery, tengo al corazón saltando en el pecho, necesito tranquilizarme, no puedo reaccionar así cada vez que llamen, y la puerta de entrada al edificio que está rota tampoco ayuda. Mañana voy a hablar seriamente con el consorcio.

Eren trae la bandeja y yo pongo platos, servilletas y una botellita de picante que tengo en la heladera. Era de Winie, pero que va, ahora es mía.

—Lo hiciste de nuevo —Me dice Eren y lo miro sin entender—. Lo llamaste "Winie" —Y abre la caja.

—Ah, eso... mmm, es la costumbre —Muerdo una de las empanadas y al instante sé, aunque está deliciosa, que no podré pasar más que una.

Eren come dos bastante rápido, se nota que estaba con hambre y luego me mira con seriedad, y ya van, no sé, muchas veces.

—Escúchame, Levi, no te lo tomes a mal —Típico de su forma de ser, atajarse antes de mandarte algún centro al pecho—. Ni quiero que pienses mal, pero... están medio quietas las cosas con las inmobiliarias, por todo el tema económico que es un desastre, yo también tengo una propiedad a la venta por eso te lo digo, de que lo vas a vender, lo vas a vender, pero a lo mejor te lleve un tiempo, y hasta que consigas otro lugar para alquilar, hotel o lo que prefieras... —Hace una pausa como buscando las palabras—. Yo te ofrezco que te quedes en mi casa —Lo miro con sorpresa—. Yo me estoy quedando allí, en mi casa de campo, la de Saint's Sina, es medio lejitos, pero te puedo llevar y traer en el auto, si total trabajamos en el mismo lugar. Ya la conoces, el caserón de dos pisos, sabes que habitaciones sobran, y de paso podrías cocinar, que te sale muy bien, porque yo hace rato que me muero de hambre y los deliverys me tienen cansado —Agrega sonriendo—. Al menos vas a estar seguro, tu ex no te va a buscar por allá, y además los residentes tenemos seguridad privada. A mí no me molesta para nada, y de paso nos hacemos compañía. Además a Far y a Armincito les caíste recontra bien. Siempre preguntan por ti y tus panqueques —Ahora sonrío yo.

Qué difícil, sé que tengo que decirle que no, sé lo malo que sería decirle que sí, pero a ver... el hombre del que estoy secretamente enamorado hace tres (casi cuatro) años me está invitando a vivir con él, ¿cómo puedo negarme?, además, ¿cuánto me puede llevar encontrar un nuevo lugar? ¿Una semana? ¿Dos semanas? En el peor de los casos, menos de un mes, y si me hago el vago, porque para ser honestos cuando uno quiere las cosas salen rápidamente. Mientras tanto, voy a poder ver el rostro de Eren todas las mañanas, voy a ser el primero en mirarlo, tal vez el último antes de que se acueste, y la casa es divina, aunque dice "Mikasa" en cada uno de sus rincones, pero es bellísima igual.

—¿Levi?

Me trae devuelta su voz melodiosa, ya me fui por las ramas, lo miro sin mostrarle ninguna reacción a favor o en contra, porque la loca mitad de mi quiere gritar SI, SI, SI, SI, con voz lasciva y evidente, y la mitad racional y prudente acaba de agarrar un bate de béisbol con el cual está por hacer un home run con mi cabeza.

— Disculpa, no te quise presionar, está bien, sólo... tenlo en cuenta.

—Bueno —Lo interrumpo antes de que continúe y me mira sorprendido, entonces suspiro, a quién le quiero mentir, siempre gana la mitad más loca de mí y más si está Eren de por medio, seguridad y ver al amor de tu vida en un solo combo, ¿que más quiero?—. Creo que tienes razón, esto se tornó muy peligroso, así que, igual van a ser unos días, no quiero abusar de tu generosidad —“¡Sí, sí quiero abusar!”, grita la mitad loca con los ojos casi en blanco—. Al menos hasta que encuentre otro lugar, igual voy a poner a la venta este departamento y voy a alquilar mientras. Y... ya no sé cuántas veces te lo dije hoy, pero gracias, realmente, me estás dando una mano gigante —Levanto la copa para hacer un brindis y Eren luce espléndido, aunque tenga el cachete que se está poniendo morado, su brillante aura no se contamina nunca, parece, no sé, alegre, yo también.

—Bueno, terminemos de comer y vamos.

—¿Ahora? —Me sorprendo, miro el reloj, son más de las doce—. Pero, ¿no tenías que encontrarte con alguien? —Le recuerdo a la rubia muy bien formada que fue la otra vez a su oficina y que se supone que lo andaba frecuentando o eso intentaba.

—Ah, "eso", no, le dije que no —Se me abre la mandíbula exageradamente—. Bue, tampoco es para tanto —Suelta reprochando mi actitud—. Es una mujer divina, pero ahora estoy, no sé, tengo la cabeza llena de líos, no es un buen momento, sinceramente tener una amante es para problemas, un derroche de dinero, no, ahora no, sería complicarme más y más las cosas.

Veo que está un poco bajoneado, tal vez sólo se estaba esforzando para hacerme sentir mejor, pero la verdad siempre sale a la luz, y Eren está pasando un mal momento, capaz que vino para que le dé un consejo y justo se topó con la discusión entre Winie y yo.

—¿Quieres hablar? —Me mira de reojo, sí, está triste—. Es un ida y vuelta —Le recuerdo.

—Sí, quiero hablar, pero cuando lleguemos a mi casa. Ahora comamos en paz. Otra cosa, llévate un par de botellas de tu bodeguita, hoy brindemos para olvidar —Agrega mientras se llena la copa de nuevo y yo sonrío.

Me como una empanada más. Después levanto y lavo (no puedo evitar mis manías) y procedo a armar el bolso, estoy más emocionado que egresado para el viaje de fin de curso. Eren entra a mi pieza con total confianza, me sorprende un poco lo avasallante que es, se tira boca arriba en la cama con un hondo suspiro y yo casi que tengo una hemorragia nasal porque me sube la presión de golpe, de verlo así, como el pelo revuelto, despatarrado sobre mi colchón, me haría un clavado ahora mismo, NO, el salto del tigre desde la punta de mi armario. ¡Basta, basta!, dice mi lado racional, *vamo a calmarno equipo que hay mucho por delante, y comienzo a seleccionar rápidamente las cosas que voy a llevar, me miro los nudillos pelados, voy a tener que conseguir unas vendas para eso, se ven muy mal.

Desodorante reactivo, cepillo de dientes, los dos peines, crema de peinar, crema de noche, perfume (dos por las dudas), la notebook y el amplificador de sonido que tiene forma de auto antiguo, un par de remeras, un par de pantalones, dos trajes que ya los tengo en las perchas y todo, sahumerios (bueno sí, me gusta prender uno cuando vuelvo del trabajo, me relaja), el raid eléctrico, las pantuflas de conejo (son tan mullidas y agradables). Me quedo mirando todo el maquillaje que se había acumulado con el tiempo, cubre ojeras, bases, polvos compactos y todo tipo de cremas para tapar los golpes y marcas que dejaba Winie en mi cuerpo, aprieto los dientes cuando veo eso y los agarro a todos y los tiro en el tacho de basura del baño. ¡Nunca más! Lo que me hace acordar, el jabón líquido de frutos rojos, no puedo bañarme con otro, el alcohol en gel, el shampoo con propiedades regenerativas y el tratamiento de ampollas para el brillo y la fortaleza del cabello, mi esponja vegetal, que amo, un par de medias, boxers y... bueno creo que ya está, ah, no, el despertador, y las botellas de vino, no me puedo olvidar. Separo un jogging y unas zapatillas tipo Converse para ponerme ahora y llevar el pijama, se siente bien, hace mucho que no me relajaba así. Mientras me cambio con rapidez, siento la mirada de Eren sobre mi cuerpo, lo cual me pone algo incómodo, pero me hago el desentendido, en menos de dos minutos estoy vestido. Por fin me doy vuelta y lo miro, efectivamente me está mirando.

—¿No tienes pelos en tu cuerpo? —Me dice sorprendido y a mí me arden las mejillas así que me giro rápido y me hago el de buscar algo entre las cajas dentro de mi armario.

—No, no... Es que hace unos años que me hago tratamientos con luz pulsada, láser, depilación definitiva. No los veo muy estéticos y bueno, a Wi, quiero decir Erwin no le gustaban, así que fue medio decisión mía, medio a pedido de él.

—¿En la cara tampoco?

—No, bah, de vez en cuando por ahí sale un pelito entonces lo saco con una pinza —le explico.

—¿Y duele? —Me pregunta tocándose el rostro, como si pensara en él.

—No, no duele, bah, depende del paciente, a mí la verdad no me dolió. Después te paso el teléfono de mi dermatólogo, hazle una consulta y ves, está bueno realmente. Son dos sesiones al mes, durante, un año como mucho y luego fin, valió la pena lo caro que fue, pero tú lo puedes pagar sin problemas —digo mientras separo dos pares de zapatos y creo que ya con esto es más que suficiente—. Bien, estoy listo —Le aviso y se sienta, se ve cansado.

—Está bueno este colchón —dice apretando un poco a los costados.

—Ah, sí, es la versión Very Dreammer de Custanello —Me mira como si le hablara en chino—. Quiero decir, es una versión costosa, porque es un colchón hipoalergénico, con tecnología *pillow pop (*que se amolda a tu forma del cuerpo), con densidad propicia para más de quince kilos de mi peso actual por lo menos, y las almohadas también salieron una fortuna pero son *vicoelásticas (se adaptan a la forma de la cabeza), así que no me arrepiento —Eren me mira horrorizado.

—Ok, lo único que entendí: costoso pero bueno. Como sea, vamos.

—Sí, me llevo mi almohada.

Eren me ayudó con las cajas de zapatos y los trajes. Antes de cerrar la puerta miro alrededor, no es como si me estuviera despidiendo del todo de mi querido departamento, pero empiezo a sentir que sería una buena experiencia para empezar a desapegarme. En otro momento tendría que venir y hacer unos bizcochuelos para doña Pola, mi vecina del "D", que siempre es un amor de persona y me riega las plantitas de la entrada cuando yo no estoy. Salimos y me doy con el charquito de sangre ya medio seco y el diente, a simple vista parece una muela, bueno, al menos no le rajé uno de adelante. ¿Qué pasa conmigo y estos pensamientos por Dios? Suspiro y lo esquivo, hay que dejar esto atrás.

Nos subimos al auto azul obscuro, que ronronea al ser encendido y partimos, está lloviznando, aaaah, amo andar en auto cuando llovizna, por supuesto si es que yo no manejo. Lo que me hace recordar que Winie se llevó mi auto, me gustaría recuperarlo pero naaaah, que se lo quede, ya no me importa nada, solo quiero paz.

—Pon algo de música —Pide Eren señalando el display de lcd.

Busco, encuentro Evanescense seeeee, si hay algo que me relaja es esta banda, busco y encuentro uno de mis temas favoritos "Lithium", la letra parece hecha para mí. Miro de reojo a Eren que parece bastante animado, a su lado siento que estoy soñando todo el tiempo. Es más, me voy a permitir soñar justo en este momento. Mientras la lluvia lame deliciosamente los vidrios, como una lengua nocturna y lasciva. Eren y yo somos amantes que no pueden esperar por llegar a la casa para ir a la cama ¿Cómo será despertar y ver su lindo rostro dormido a mi costado? Sentir su respiración caliente y calma sobre la base de mi cuello. Acariciar su mejilla con lentitud, mezclar mis dedos en su sedosa cabellera aterciopelada, frotar mi nariz con la suya, prepararle un café y despertarlo besando su frente, a veces me pregunto cómo es que me conformo con tan poco, incluso si sólo se trata de una de mis fantasías.

—¿Estás mejor? —Su voz es tan dulce, ¿o será que cualquier cosa que dice me hace sentir como si degustara un caramelo? No sé.

—Sí, un poco.

—Ahora vas a poder dormir sin sobresaltos.

—Sí, bueno... igual te voy a molestar unos días nada más, me voy a poner a buscar algo para alquilar de inmediato.

—No seas tonto, Levi —Bueno, alguien entró al círculo de confianza demasiado rápido—. Bah, haz como te plazca, pero sinceramente no te pongas en gastos innecesarios, quédate el tiempo que necesites, además cocinas fantástico —No sé cuál de los dos se aprovecha más del otro, sonrío levemente.

—Bueno, me quedaré, hasta que te arregles con Mikasa ¿Trato?

—Trato, pero entonces vas a tener que mudarte definitivamente —Me dice y veo una veta de tristeza en la mirada.

—Me sorprende que te pongas tan pesimista, no conocía esa faceta tuya. Además ella no te va a dejar ir así de fácil, sólo te está castigando un poco, y debes admitir que te lo mereces.

—¿Realmente crees que se le va a pasar? —dice con un dejo de melancolía.

—¿Qué duda te cabe? —Le respondo, mientras miro por la ventana.

—No sé... yo siento que cada vez nos alejamos más. Mañana tomate el día— agrega de repente.

—¿Qué? No, Eren, de ninguna manera, mañana se trabaja, no insistas.

—Bueno, pero vas a encargarte del desayuno.

—Obvio, ¿te gustó el café el otro día o estaba muy cargado?

—Estaba perfecto —Mi chefcito interno suspira enamorado y promete hacerle los mejores platillos del mundo, a pesar de haber sido un día muy complicado siento que podría volar en este momento.

Llegamos, ya me siento un poco más a gusto con la casa, Eren me acompaña ayudándome con algunos de los bultos que llevo y se mete en la habitación conmigo.

—Aquí tienes el control del televisor y del dvd —Explica, recién reparo en que hay un tele enorme empotrado en la pared—. Éste es del aire acondicionado, como hoy hace frío tiene modo calefactor —Es una especie de mosaico gigante de color marrón clarito sobre un costado—, aquí está el regulador de la temperatura, aquí en el placard hay un par de frazadas, almohadas extras —¿Para qué tantas almohadas?—. Detrás de las mesas de luz están los enchufes, bueno, creo que eso sería todo.

—Gracias, realmente tu casa es muy acogedora —Siento que me abraza de improviso y creo que se me van a doblar las rodillas.

—Quédate tranquilo, ¿ok?

—Sí, sí estoy tranquilo, no te preocupes —Le digo mientras me escabullo un poco, si me sigue apretando así me va a dar un paro cardíaco.

—Bien, hay que levantarse a las siete y media, cosa que a las ocho y cuarto salgamos para llegar bien.

—Ok

—Hasta mañana.

—Hasta mañana —Apenas sale por la puerta me siento en la cama, me tiembla el cuerpo, podría gritar de la felicidad que siento, ahora sí, no paro de sonreír, ¿es un sueño? ¿Es un sueño? ¡Quiero soñar for ever!

Me tomo mi tiempo en acomodar la mayoría de mis cosas. Me pongo el pijama y me envuelvo en las mullidas cobijas, no sin antes poner el despertador, voy a levantarme temprano para hacer el mejor desayuno de la historia.

No miento, ver la sonrisa de Eren por las mañanas, y esa expresión de placer que hace cuando posa sus divinos labios en la taza de café espumoso que acabo de preparar, es algo casi erótico, diría, no hay mejor manera de empezar el día.

—Esta tarde vienen Farlan y Armin —Avisa, esos mocosos son realmente una delicia, son tan divertidos y lindos—. Se van a quedar toda la semana, porque Mika tiene que irse a una capacitación o algo así.

—Buenísimo —digo entusiasmado—. Les voy a cocinar bien sabroso —Eren sonríe divinamente y se me queda mirando, por favor Dios mío que no tenga migas en la cara o algo así.

—Normalmente no muestras tus verdaderas expresiones en el trabajo, ¿no? Durante todos estos años siempre te vi bastante serio —¿Me estabas observando mi querido Eren?—. Tienes que relajarte más, eres carismático, pero no permites que se te acerquen fácil.

—Bueno, al trabajo lo tomo con mucha seriedad.

—Bueno pero no estamos en la oficina, Levi. Oh, por cierto, debería hacerte una copia de la llave, ¿no? ¿Tienes auto?

—Sí, digo, ya no, al final se lo quedó Wi-, quiero decir Erwin, fue una de sus condiciones para dejarme en paz.

—¿Le diste tu auto? —Pregunta asombrado mi jefe.

—Sep, que se lo quede me da igual. Pero vi la parada del corredor D aquí a la vuelta, creo que ese me deja cerca de la oficina.

—Bueno, eso en caso que tenga cosas que hacer, pero por la mañana y en la tarde te puedo llevar.

—No quiero abusar, digo, ya hiciste un muchísimo, te agradezco, pero-

—Y es una tontería, si venimos al mismo destino, ya deja de disculparte, cuando pueda bien, cuando no pueda usas el autobus.

—De acuerdo.

Lavo las tazas, acomodo y nos vamos a la oficina, esto es tan malditamente genial. Jamás ni en los sueños más locos que tuve me imaginé que podía llegar a ser tan cercano con Eren. Bueno, tampoco es para exaltarse tanto, son unos días, pero los voy a disfrutar al máximo.

Ese día decido quedarme en la oficina, la casa de Eren queda a cuarenta minutos en transporte, así que salgo y almuerzo en McDonald’s, tienen un combo bastante económico de lunes a viernes. Las hamburguesas no son santo de mi devoción, pero solo por esta vez. Por la tarde vamos en el auto de Eren, pasamos por su casa en el centro, buscamos a los niños quienes me saludan con alegría y partimos, de Mikasa ni la sombra, ¿ya habrá viajado?

Pasamos por un mercadito, le sugiero que hagamos ravioles con salsa de queso, sé que se van a chupar los dedos. Aceptan mi propuesta muy divertidos. Llegamos, me lavo las manos, me cambio y me pongo a cocinar, mientras veo a Eren que está revisando las carpetas de Farlan y ayudándole con la tarea.

—Papá —dice el pequeño Armin—. Mañana salgo en el acto —Todos lo miramos sorprendidos.

—¿Acto de qué? —Pregunta Eren.

—De los pastores.

—Ah, sí —dice Farlan como recordando—. Sale de oveja, me acuerdo que la maestra le dijo a mamá.

Eren mira el reloj de la cocina, marca las diez, un poco tarde para salir a buscar un traje.

—¡No te puedo creer! —Dice mi jefe agarrándose la cabeza—. ¿Y ahora?

—Bueno, un traje de oveja no es tan difícil —digo yo dejando la cena un segundo—. Aquí debe haber un costurero, tu mujer debe tener algo de maquillaje ¿no? Necesito un delineador negro, a ver ayúdenme a conseguir un costurero y busquemos alguna manta blanca de lana, o buzo tejido, o cualquier cosa que sea parecida.

Nos ponemos todos manos a la obra, conseguimos aguja e hilo, afortunadamente Armincito tiene unas especies de pantubotas marrones con corderito en su habitación que vienen al pelo, agarro un osito blanco que tienen en una repisa y que me dicen que sólo está de adorno, lo siento oso, hoy vamos a sacrificarte. Lamentablemente no conseguimos nada parecido a un corderito, pero si un chaleco blanco de tela polar que va a venir bien. Eren también recuerda que hay un pantalón de algodón blanco que usa para pijama, eso también. Me doy maña y recorto al oso, le hago unas bonitas orejitas peludas que después coso en un alambre a modo de vincha. Fase 1 lista. Todos están contentos con el resultado.

—Bueno, mejor cenemos que se hace tarde —Les advierto y dejo el trabajo del disfraz para poner los ravioles en el agua y la leche a hervir con la manteca y los otros ingredientes. En menos de 20 minutos ya tenemos los platos humeantes sobre la mesa.

—Buen provecho —Les digo sonriendo mientras agarro el tenedor.

—¡Hay que bendecir! —dice Armincito apresurado. Ajá, bueno, eso es nuevo para mí. Junta sus manitos y todos lo imitamos.

—Gracias Diosito por la comida —comienza el pequeño, aawwww, es taaaan tiernoooo, es un mini Eren pero rubio y de ojos celestes—. Que todos los niños tengan un plato de comida, y bendice a mi mamita, y a mi papito, y a Fary, y también a Levi que es muy bueno con nosotros, amén —Definitivamente este enanito me compró para todo el viaje.

Todos se deshacen en elogios con la comida y mi ego se infla al máximo. Armincito apenas llega a terminar su plato que se cae de sueño. Eren lo carga y lo lleva a su pieza. Nos quedamos lavando y limpiando con Farlan, luego le pido ayuda para destripar una almohada y con el vellón armar el traje de oveja. El joven es muy colaborador.

—¡Eres un genio! —Me dice mientras ve como con una abrochadora, porque es más rápido que coser, voy poniendo el vellón y dándole forma al cuerpo de la ovejita.

—Siempre me gustó mucho esto de crear cosas, las manualidades se me dan muy bien.

—Sin vos no lo hubiéramos logrado —dice sonriendo—. ¿Vas a vivir aquí?

—Ah, no, eso, bueno, estoy con algunos problemas en mi casa, así que tu papá me permite quedarme unos días hasta que consiga donde vivir. Así que lo menos que puedo hacer es colaborar con lo que pueda.

—Bueno, sorry, pero me voy a dormir, estoy cansado —avisa y me saluda chochando el puño—. ¿Qué te pasó? —Dice al ver mi mano vendada, parece que recién se dio cuenta.

—Ah, esto, me lastimé un poco —No le doy más explicaciones—. ¿Qué quieren desayunar mañana? —Pregunto tratando de desviar el tema.

—¿Puedes hacer tus panqueques? —Me pide y le brillan los ojos, le sonrío y asiento—. ¡Genial! Nos vemos —Y se va corriendo escaleras arriba.

Farlan no es muy parecido a su mamá, el cabello sedoso y rubio, los ojos celestes, es algo delgadito, se ve que no le van mucho los deportes, sé que le gusta la batería, hay una en la casa, ojalá pueda escucharlo algún día. Eren vuelve y se sienta a fumar.

—¿Te ayudo con eso? —Pregunta.

—No, ya termino, voy bastante rápido.

—Está quedando genial. Um, ¿gustas una copita de vino? —Lo miro con reproche, mañana se trabaja, no sería adecuado beber—. Una sola —Justifica.

—De acuerdo... —En fin, no tengo fuerzas para negarme, “Levi ¿saltemos del precipicio?” Sí, claro...

Después de una hora y media más, el traje queda buenísimo. Los dos ya estamos cabeceando.

—Listo, mañana levanta a los chicos un poco más temprano así lo maquillo —Le digo.

—OK, buenas noches y muchas gracias.

—Fue un placer, hasta mañana.

Me doy una ducha rápida y me meto a la cama, que lindo día. Es tan bonito poder compartir, aunque sea la familia de otro, pero es taaaan lindo. Me siento algo inquieto, me hace acordar a mi familia, yo también ayudaba a Isabel, mi hermanita, con sus tareas del colegio, con sus actos, la peinaba todos los días... ella y mi mamá son a las que todavía extraño. Pensar que pasaron casi diez años, me pregunto que estarán haciendo ahora. ¿Me habrán extrañado un poco? Me duermo con algo de tristeza, es raro, tantos años durmiendo con Winie a mi lado, uno es un animal de costumbre, será por eso que me siento algo solo. No hay nadie esperando por mí.

Al otro día me levanto primero, y me pongo a preparar los panqueques, Eren baja impecable, ya los despertó a los niños, justo cuando estoy poniendo los panqueques en la mesa y las tazas de chocolatada. Me llevó un tiempo encontrar las cosas, pero eficiente como me gusta ser, ya me voy ubicando bastante bien en la cocina.

—¡A bueno! —Dice mientras se acerca al desayunador—. Te luciste, hoy.

—Siempre me luzco, ¿o hasta ahora cociné algo feo? —Bitch, please.

¿Hay algo más lindo que escuchar tus carcajadas por la mañana? Se sienta y le pongo el espumoso café al frente.

—Que flor de idiota tu ex, ¿no? —Siento que las rodillas se me vuelven de gelatina, oh, sí, seguí diciendo esas cosas tan lindas, mi amor.

—Hola, hola —Los chicos bajan sonriendo, realmente son adorables, y otra caterva de elogios por los panqueques calentitos.

—Bueno, no se acostumbren, tampoco es bueno desayunar pesado todos los días— les advierte Eren.

Luego de comer apropiadamente me dedico a Armincito, con un delineador de ojos negro que encontré de Mikasa y un tutorial de YouTube que vi temprano, lo dejo hecho una pinturita, le bato el cabello rubio claro con un peine, le pongo la vincha con orejas y ¡voila! Tenemos la ovejita más tierna del mundo mundial. Todos están contentos, y Eren y Farlan le sacan fotos a la obra maestra para colgarla en sus redes sociales.

Me dejan en la oficina y se van al colegio, Eren promete traerme fotos del acto, y efectivamente tres horas más tarde, pucho de por medio en la terraza me las muestra. La maestra quedó chocha de que no hubiera sido un traje alquilado y que fuera hecho en casa.

—¿Vamos a almorzar a casa, dale? —dice Eren, "a casa", wow, eso se siente bien, por supuesto que acepto y ya me pongo a pensar en qué puedo cocinar rápido y fresco, hace calor de nuevo.

La semana se me pasa en un santiamén, con los chicos en casa todo es más divertido. Después de las tareas y la cena, los cuatros nos ponemos a jugar, ya sea a la play, o algún juego de mesa, siempre terminamos a las carcajadas.

—¿Vas a mandar a tu pobre padre a la cárcel? —Le dice Eren con ojos de cachorro abandonado a Far mientras jugamos Monopoly.

—La ley es la ley, lo siento —dice el joven imperturbable y todos reímos. Yo ayudo a Armincito, y les volvemos a ganar.

—Bueno, ya es hora de dormir, ¡qué digo! Nos recontra pasamos la hora de dormir, no le vayan a decir a su madre —Pide Eren juntando las manos.

—No, no vamos a decir nada, vamos Armi —dice Far y levanta a su hermano que ya no puede tener los ojos abiertos—. Hey, pa, ¿mañana puedo ir a quedarme a dormir a la casa de Pablo?

—No, después tu madre me va sermonear, si quieres dile que venga él acá, yo no tengo drama.

—Bueno —Acepta a regañadientes.

Mañana es viernes, y yo estoy medio en el aire, tal vez debería ir a mi departamento a ver que esté todo bien, de paso busco las escrituras para llevar a alguna inmobiliaria, me dormí con eso. Como se nos hizo costumbre, Eren saca la botella de vino de media calidad y tomamos una copa, mientras fumamos un cigarrito.

—¿Sabes?, este fin de semana vienen unos amigos míos —me dice Eren—, vamos a hacer un asado, música, vamos a tomar, ¿tienes planes? —Recuerdo la invitación de Jean, no es que quisiera decirle que sí, pero tampoco puedo estar metido en una casa que no es mía todo el tiempo.

—Tengo una salida el sábado, nada importante.

—Bueno, cuando termines vení, te los voy a presentar, te van a caer bien.

—¿Estás seguro? Digo...

—Sí, obvio. Ya eres como de la familia —Me dice sonriendo y yo me derrito, eres demasiado confianzudo Eren.

—Bueno.

...

Sábado, estoy en la PC y suena mi celular, ya casi ni lo miro, el 90% son mensajes de Winie, seguro se puso a tomar y comenzó a escribir sin parar, ya no los leo, lo tengo bloqueado en el whatsapp. Así que me sorprendo cuando siento el sonido de un mensaje de esa aplicación, agarro y miro la pantalla, un número desconocido. ¡Por favor! Lo único que me falta, que éste idiota se ponga a comprar chips pre pagos y me siga acosando, pero no es él.

"Hola, soy Jean... No te enojes, tu celular lo conseguí de una de las tarjetas de presentación que tenés en tu escritorio..." y un emoticón con una gotita en la cabeza. Lo pienso pero al final contesto.

"Hi, ¿qué necesitás?", me responde de inmediato, o a lo mejor escribió antes de recibir mi respuesta.

"¿Salimos hoy? Dale, yo invito".

"Where?", si no sabe inglés le digo que no.

"Irish Pub, hoy hay happy hour", bueno sabe, voy a tener que aceptar, ¿Qué onda con los happy hour? Como sea, el bar es lindo, tranquilo, música jazz y relajante.

"Ok, te veo en la puerta a las nueve", le voy a dar el gusto, además tengo que dar unas vueltas antes de volver a la mansión que comparto con Eren.

Me manda una línea llena de emoticones sonrientes, ¿qué tiene, quince años?

Termina la jornada, compro algunas cosas de camino a la casa, ya tengo llave propia, y los guardias de la garita ya me empiezan a reconocer, afortunadamente el D me deja a tres cuadras de la empresa y a dos del country. Llego y me pongo a preparar un par de ensaladas, al menos tengo que colaborar en algo, hago de papas, perejil y huevo, típica y que les encanta a todos, rúcula, lechuga, tomate cherry y queso de cabra, una mayonesa de ajo y una de aguacate. Las dejo envueltas en papel film en la heladera. A todo esto ya se hicieron las cinco de la tarde, me voy a dormir un rato, mientras mastico un par de sándwiches de queso con tomate y un café. Veo el auto de Eren entrando, al poco rato bajan todos con las bolsas del súper, más bebidas y gaseosas.

Me sorprende ver mi pieza muy limpia, se ve que vino Miriam, la mujer que limpia, viene tres veces por semana, es una divina, siempre le sirvo un tecito cuando me la cruzo. Ella me dice "patroncito", es tan tierna, me dan ganas de abrazarla.

Nos saludamos todos y Far me presenta a su amigo Pablo, es más alto que él, se ve que hace rugby o algo por el estilo, tiene un cuerpo bastante musculoso el mocoso. Me sorprende que no vino Armin.

—Se quedó con los abuelos —Explica Eren.

Qué pena, lo voy a extrañar. Me despido y me voy a acostar. Me levanto a las siete, hora de empezar a acicalarme. Me tomo mi tiempo en el baño, me pongo una remera al cuerpo color verde oliva, unos vaqueros negros impecables, con un adorno de cadenitas en el bolsillo, saco una campera de cuero negra con algunas tachas, me peino el pelo hacia atrás con gel, un collar de cuentas de coco con un anillo haciendo juego, bastante perfumito y un par de botas cortas color nude. O sí, hoy estoy para matar.

Me siento en la cama y me tomo mi tiempo para limarme las uñas, siempre me gusta tener mis manos presentables, y apenas les pongo un brillo por encima, que es más que nada para fortalecerlas y que no se quiebren. Apenas me pongo una muy finita línea de delineador negro en los ojos que esfumo con un pincel, es sólo para darle algo de profundidad a la mirada. Sí, Jean se va a caer de culo cuando me vea. No es que quiera llamar su atención, pero me hace bien al ego. Miro la hora, ocho y media, tengo que apurarme, normalmente soy increíblemente puntual, pero hoy... que esperen por mí.

Salgo y Eren ya está prendiendo el fuego del asador. Farlan se ve que está con su amigo en su habitación. Me acerco para saludar y ver si necesita algo, cuando se gira me mira de arriba abajo y yo siento cosquillas en la panza.

—¡Ah, bueno! ¡Mirá que lindo estás! —Dios de mi corazón, en este humilde y sencillo acto te pido que no permitas que me sonroje—. ¿Adónde te vas tan arreglado?

—Una salida, con un amigo —No pienso darle más detalles.

—¿No te iras a encontrar con tu ex, no? —Me dice de repente poniéndose serio, yo me río fuerte.

—No, para nada, no te pongas celoso —Hablo sin pensar, guiñándole un ojo, pero Eren me mira sorprendido, oh, no, ¿en serio? ¿Acabo de decir semejante idiotez?—. Eeeh, era una broma —Aclaro mientras siento que se me acumulan gotitas de sudor en la espalda.

—No es por eso, tonto, sólo que no te vayas a estar arriesgando al vicio.

—No, Eren, nada que ver, a la última persona a la que desearía ver es a mi ex, lo juro.

—Bueno, igual, si necesitas que te vaya a buscar llámame y voy de inmediato.

—Sí, papá —digo sonriendo de nuevo—. Me voy, ¿necesitas que traiga algo?

—No, ya tenemos más que suficiente, además ya van a caer los otros y van a traer cosas. Vi las ensaladas en la heladera, ¿las puedes sacar antes de irte? Déjalas en la isla, gracias, se ven buenas.

—OK, nos vemos.

Llego al pub a las nueve y veinte. Veo a Jean que está paradito esperando. Tiene una cara de nervios que se le nota a la legua, me hace reír un poco. Está lindo, unos jeans azules, unos zapatos negros, una remera negra cuello en V amplia, miren ustedes la espaldita que tiene. Tal vez no tengo dobles intenciones con él, pero hay que admitir que es muy guapo.

—Hola —Saludo y se me acerca como un perro que recibe a su dueño.

—Hola, Levi, wow, ¡qué lindo estás! —Me da un beso en la mejilla y yo tiro uno al aire, tengo las manos en los bolsillos del jean, me estoy haciendo el cool.

Entramos, está muerto, es demasiado temprano. Veo que Jean no sabe qué hacer con sus manos, está muy nervioso. Buscamos una coqueta mesita con bancos altos cerca de la ventana. Un mesero se nos acerca, pido un Cosmopolitan, para empezar y él un Gancia con Sprite.

—Gracias por aceptar —dice bajando la mirada.

—Bueno, una copa entre colegas ¿no?

—¿Qué tal tu semana? —Empieza, no tiene idea de qué hablar, uuufff, como me enferma remontar conversaciones aburridas.

—Bien, normal...

—A mí me está yendo mucho mejor, gracias a tus consejos, el supervisor me dijo que estoy mejorando mi productividad, menos mal, estaba preocupado.

—Eso es bueno, me gusta ayudar a mis compañeros —¿Escuchaste? Te acabo de poner en la work zone, y te vas a quedar ahí una buena temporada—. ¿Tu mamá? ¿Cómo está?

Su semblante cambia, su mirada se oscurece.

—Está muy mal —Me confiesa—. Tiene metástasis —Lo miro alarmado, esa palabra es nefasta—. En el hígado, están haciendo lo posible, pero... es complicado.

—¡Cuánto lo siento! —digo con sentimiento, es un golpe muy duro, ver sufrir a la persona que amas, ver que se muere y que no puedes hacer nada.

—Sí, bueno... La verdad, la estoy pasando muy mal. Pero, a ver, háblame un poco sobre ti —Me dirige sus ojos suplicando que cambie de tema y trato de seguirte la corriente.

—No sé, ¿qué quieres saber?

—¿Tu novio no se enojó que saliste?

—Ah, eso, no, bueno, rompí con él hace unos días.

—¿En serio? —Veo esa llama de esperanza titilar en tus pupilas, tranquilo mocoso.

—Si, muchas incompatibilidades, y el desgaste, bueno hacía más de diez años que estábamos juntos, no hay mucho más para agregar.

—¿Estás bien?

—Sí, la verdad que sí, necesitaba alejarme, necesitaba paz...

—¿Qué te pasó en la mano? —Me miro, ya no llevo las vendas, apenas quedan rastros de la violencia en mis nudillos.

—Una pelea. Nada importante.

—Te quería preguntar, en el trabajo, pero bueno, cómo dijiste eso que...

—Ah, "eso", no importa, tampoco es que te prohibí que te acercaras, una charla entre colegas no se le niega a nadie. No me molesta conversar un poco.

Llegan los tragos, por dos, me había olvidado del condenado happy hour. Pronto me empiezo a relajar y la conversación empieza a fluir. Hablamos de gustos musicales, que son bastante parecidos, de películas, le gusta el mismo género que a mí, el terror. Y es un aficionado al animé y al manga, eso me solía gustar, pero como a Winie le molestaba, decía que era pasatiempo de pendejos, dejé de comprar los doujinshis, sería bueno retomarlo. Hablamos de algunas series como Death Note, Inuyasha, clásicos como Dragon Ball, Super Campeones. Jean tiene una sonrisa linda, inocente, es un buen chico, de esos afortunados a los cuales los apoyó su familia, lo envidio un poco. También hablamos de parejas, relaciones con compañeros, cuando me doy cuenta son las once. El pub ya se va llenando de a poco y tenemos más de tres copas encima, pero todo tranqui. Me alegra haber aceptado su invitación, la estamos pasando bien. Otra hora transcurre, la música empieza a sonar fuerte, y ya estoy terminando mi daikiri de durazno nevado, sí, me gustan los tragos dulces, ¿y qué?

Las doce han dado y sereno, vibra mi celular, ¿quién será? Me sorprendo de nuevo.

"¿Cómo va la salida? Si no te apurás te vas a quedar sin carne ;)", mensaje de Eren, y mi mente, ya algo aturdida con los tragos se dispara a otro tipo de carne, bueno, bueno, basta.

—Me tengo que ir —Le digo a Jean que me mira sorprendido.

—¿Tan temprano?

—Si, bueno, es que tengo otro compromiso, una fiesta a la que me invitaron.

—Ah, bueno, que pena, pensé que... está bien —dice mientras se levanta, vamos a la barra para pagar, pero como él me dijo se hace cargo, lo dejo, está bien, que se esmere.

Caminamos unas cuadras y prendo un cigarro, voy a darme un gustito y voy a tomar un taxi, no tengo ganas de esperar en la parada de buses, además la frecuencia del corredor D por las noches es un verdadero desastre.

—No fumes —Pide Jean con esa vocecita tímida que tiene, lo miro con curiosidad—. Vas a arruinar esa piel tan linda que tienes.

—Sí, algún día lo voy a dejar, pero por ahora voy a disfrutarlo —Iba a contestarle alguna grosería, pero mejor no me meto, cigarrillo es sinónimo de cáncer y por respeto a tu madre no voy a decir nada. Levanto la mano y detengo un taxi—. Bueno, gracias, fue una linda salida —Acepto sonriendo suave.

—¿La podemos repetir? —Jean me mira nervioso, le veo las orejitas de cachorro atento en mi cabeza y me dan ganas de reírme.

—Puede ser... ya veremos, bye —Se acerca y me agarra de la mandíbula, me deja un beso en la comisura de los labios, miren ustedes al atrevido.

—Adiós, nos vemos, cuídate, hasta el lunes —Se gira rápido y se va, es un nene. Me subo y le doy la dirección al chofer.

Eren, allá voy a comer tu carne... eeehh... quiero decir, la carne asada... sí, claro...

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By Luna de Acero... subida en el taxi con Levi...