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I want you

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La primera vez que Josuke lo ve, no puede evitar notarlo.


Todo comenzó cuando la pandilla Morioh, como Okuyasu había decidido nombrarlos, se reúne en el muelle al amanecer después de haber recibido un mensaje especialmente corto de Jotaro, aunque decir corto es una completa subestimación.


Llegados a este punto, el joven Pompadour ya está más que acostumbrado a la siempre estoica actitud de su sobrino, así que realmente no se sorprendió cuando recibió un mensaje a media noche prácticamente ordenándole que se presentara en el muelle antes del amanecer.


Sin embargo, lo que si le sorprendió fue descubrir que habían sido llamados con la única intención de recibir a su padre y a un agente, hasta ahora desconocido, de la fundación Speedwagon.


- Joder tío, es demasiado temprano- dijo Okuyasu sin poder evitar un bostezo.


- Tranquilo Oku, te prometo recompensarte después de esto – contestó Josuke, queriendo evitar más quejas de su amigo, aunque en realidad lo entendía, él mismo tampoco estaba muy feliz de esperar allí el amanecer bajo la promesa de la llegada de un misterioso barco sin haberles explicado el por qué, cuándo podría estar disfrutando de otra manera sus sábados en la mañana con actividades tales como dormir o molestar a un malhumorado Rohan. Sí, tal vez esa última sea la mejor opción.


- Me pregunto para que nos habrá llamado Jotaro-san, sé que tenemos que recibir al Señor Joestar, pero no entiendo porque, después de todo, los ataques de stand han cesado.


Koichi tenía razón en eso, había pasado más de medio año desde el enfrentamiento con Kira Yoshikage y, aunque los incidentes con usuarios de stand aun eran algo recurrente, no era nada especialmente peligroso.


Después de todo, Morioh era como un punto de reunión donde todos los usuarios de stand irremediablemente se veían atraídos debido a la presencia de los propios usuarios que allí vivían, por lo que era relativamente común encontrarse con uno o dos nuevos stands cada par de semanas, nada que la pandilla Morioh no pudiese resolver.


Así que Josuke realmente no comprendía por que hace una semana, practicante de la nada, su inexpresivo sobrino había decido regresar sin explicación alguna.


Peor aún, desde aquel momento Jotaro había visitado infinidad de veces la residencia Higashikata. El adolescente casi podría haber jurado que el joven biólogo intentaba decirle algo sino fuera porque Jotaro prácticamente nunca hablaba.

Pero esto ya era demasiado.


Con renovado interés pero a pasos precavidos, el menor giró su cuerpo y caminó hasta el ya impaciente pelinegro que rebotaba la punta de su pie con obvia exasperación.


- Eh… Disculpa Jotaro-san, ¿Por qué el Señor Joestar ha decidido venir hasta Morioh? –La respuesta nunca llegó, a cambio el pelinegro miró su reloj como si no hubiera escuchado la voz de su joven tío


- Ya vienen- anunció- no deben estar lejos.


Tras esas palabras el joven biólogo giro su cuerpo en dirección al mar como si en verdad pusiese verlos desde ese punto.


Y así era, Jotaro tenía razón, a lo lejos podía verse el leve rastro de vapor que el barco dejaba tras su navegar y, aunque tuvo que utilizar un par de binoculares para notarlo, había dos personas en la proa esperando pacientemente a que el barco anclara al muelle, una de las cuales estaba seguro que era su padre.

 

Le tomaron al barco unos 30 minutos arribar hasta la costa, y por lo menos otros 10 para que los pasajeros comenzaran a desembarcar. Llegados a este punto, el amanecer ya ha ocurrido y el ambiente frio y solitario de la noche es poco a poco reemplazado por un grato aire tibio pero húmedo característico del mar.


Cuando por fin los pocos pasajeros lograron tocar tierra firme, toda la pandilla Morioh (que en ese momento consistía en Okuyasu, Koichi, Jotaro y el propio Josuke) se acercaron para recibir a los recién llegados.


Sin embargo, en aquel momento Josuke no pudo evitar notarlo.


Al lado de su senil padre, estaba un sonriente joven pelirrojo de tez blanca y estatura un poco más alta del promedio, vestido en ropas negras ajustadas que consistían en unos pantalones formales y una camiseta de manga larga y cuello de tortuga fajada con un cinturón verde que no hacían otra cosa más que resaltar su delgada cintura dándole una apariencia curvilínea, acompañado de una especie de bufanda que rodeada vagamente sus hombros, unos pendientes rojo brillante que aludían la forma de par de cerezas, y unos lentes que se posaban cómodamente sobre su cara. Josuke no lo vio bien, pero casi podía jurar que sus ojos eran de un extraño pero hermoso tono violáceo.


No obstante, cualquier otra línea de pensamiento que el joven Pompadour pudiese llegar a tener fue interrumpida por el repentino saludo de su ya anciano padre.


- ¡Ey! ¿Cómo está mi pequeño hijo? – dijo mientras palmeaba el hombro del menor con la fuerza digna de un anciano de más 70 años.


- Joestar-san…. bien, ¿y usted?- tenía que recordar sus modales, después de todo aún no estaba acostumbrado a la actitud energética de su padre, y mucho menos a llamarlo como tal.


- ¿Qué dijiste? Casi no puedo oírte, esa no una voz digna de un Joestar


- eh…


En aquel momento Josuke apostó a que había escuchado un ligero “joder anciano, te estas volviendo cada vez más senil” viniendo desde Jotaro, pero el biólogo marino ya se encontraba lo suficientemente lejos como para evitar cualquier tipo de confrontación con el mayor.


- Disculpe mi intromisión señor Joestar, pero… ¿a qué debemos su visita? – ese era Koichi, quien intentaba sin éxito aligerar un poco el ambiente de incomodidad entre los presentes
- ¡oh! Veras…


Con esto el Señor Joestar continuó con una conversación de más de 30 minutos sobre los recientes ataques de stand, la misión de la fundación de Speedwagon de documentarlos todos, las ganas de querer visitar una vez más a su hijo, una tesis sin terminar y la promesa de una futura noticia importante; tiempo que fue aprovechado para alejarse del muelle y caminar hasta la ciudad en busca de un taxi y, posteriormente, un buen hotel, causando que Jotaro y el misterioso hombre pelirrojo fueran relegados a segundo plano.


Tal vez si Josuke hubiera puesto más atención en aquel momento, podría haber notado como prácticamente todo el ser de Jotaro era inmediatamente atraído hacia la presencia del joven pelirrojo, y como este último era abrazado fuertemente por un mucho más expresivo Star Platinum.

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La siguiente vez que Josuke se encontró con el misterioso joven pelirrojo fue cuando encontró al susodicho caminando tranquilamente al lado de su sobrino por una de las calles más hogareñas de Morioh.

 

En aquel momento Josuke se encontraba camino a la escuela en compañía de Koichi y Okuyasu, así que cuando vieron al biólogo marino sonriendo ante otro ser humano, no pudieron evitar interesarse.
- Ey Josuke, ¿ese de allí no es Jotaro-san?- pregunta Okuyasu genuinamente sorprendido.

- Sí, pero parece que va acompañado.

- Joder tío, es tan extraño.

- ¿No es el hombre que desembarco con tu padre?- agrega vagamente Koichi

- ¡Oh! Tienes razón- Josuke apenas y logra reconocer al joven pelirrojo, después de todo, no lo había vuelto a ver desde el pequeño encuentro en el muelle, así que era comprensible que el Pompadour no pudiese reconocerlo.

- ¡Vamos! ¡Hay que saludarlos! – El entusiasmo de Okuyasu era obvio para este punto.

- ¿Tú crees que sea buena idea? – pero Josuke no puede evitar dudar.

- Sí, hombre, no vendría mal que nos invitaran el desayuno.

Okuyasu tenía razón, en el mejor de los casos, encontrarse con Jotaro significaba un desayuno gratis cortesía de la inmensa fortuna de los Joestar.
Y, aunque el joven biólogo en muy raras ocasiones (por no decir nunca) permanecía con los adoleces mientras estos degustaban sus alimentos, Josuke estaba seguro que su sobrino le tenía cierto cariño de una forma u otra, al menos el suficiente como para invitarles la comida

- ¡Tienes razón, vamos!

Con esto los tres adolescentes corrieron entusiasmado hacia los dos hombres que estaban frete a ellos hasta que algo los sorprendió, causando que Okuyasu y él mismo se parara en seco y, por ende, Koichi chocara contra ellos.

La causa era demasiado extraña como para ser verdad, el joven pelirrojo parecía haber dicho algo que causo que el siempre estoico Jotaro soltara una pequeña risa profunda, dejando ligeramente al descubierto sus pulcros dientes blancos mientras su cara se contorsionaba en una expresión feliz que marcaba ligeras arrugas al lado de sus ojos llenos de una cálida mirada.

- J,Josuke… t,tú sobrino… ¡está bajo el control de un stand!- gritó Okuyasu.
Y ciertamente podría estarlo, ver a Jotaro reír es algo que sinceramente Josuke nunca pensó llegar a presenciar. Él realmente admira a su sobrino, es genial, frió, fuerte y con un extraño gusto por los delfines y las estrellas de mar, pero sonriente no es algo que encaje en su descripción.

- ¡Vamos! Tenemos que liberarlo. – reitera su amigo.

La declaración de Okuyasu fue demasiado rápida como para analizarla, tan pronto como el japonés dijo esto, los dos jóvenes ya estaban corriendo hacia su sobrino, dejando atrás a un más precavido Koichi.

- ¡Esperen! Algo no está bien. – dijo el menor mientras intentaba inútilmente alcanzar a los mayores.

Pero las pisadas y los gritos de los adolescentes son suficiente para alertar al biólogo marino, quien no tarda en notar la intención de los menores de atacar a Kakyoin.

Lo siguiente que sucedió, pasó tan rápido que Josuke casi juraba haber visto su vida entera y su futura muerte ante sus ojos.

En una increíble cantidad de menos de un segundo, aunque Jotaro bien pudo haber detenido el tiempo, el joven biólogo marino se giró, cubrió a su acompañante y sentenció con su mirada la muerte inminente.
Esto es suficiente para que los dos adolescentes se detengan en seco, reconsiderando todas y cada una de las decisiones que los llevaron hasta este momento.
Mierda, están en problemas.

- ¿Qué demonios están haciendo? – la voz de Jotaro es tranquila, uniforme, ni un solo decibel más fuerte de lo común, pero su expresión, su postura, y su ser entero es suficiente para expresar muerte.

- Tu…, el… yo…, nosotros- balbucea Josuke

- ¡Creíamos que…!, tal vez ustedes… es que él…. – lo apoya Okuyasu.

Las monosílabas y lo balbuceos es lo único que Jotaro obtiene de los dos jóvenes demasiado asustados como para formar una oración coherente, el mayor no puede más que darles una ceja levantada.
A su espalda, se asoma el joven pelirrojo con una mirada curiosa, ajeno a la situación que se desarrolla entre tío y sobrino. Esto también le da el tiempo suficiente a Koichi para llegar hasta el lugar.

- ¡Oh!, Tu debes ser Josuke Higashikara – dice Kakyoin una vez que logra ponerse al corriente con la conversación, pero suena más como una declaración que como una pregunta.

- ¿Eh?... sí, lo soy… - el pompadour aún no está muy seguro de si debe responder.

- Mi nombre es Kakyoin Noriaki, trabajo para la fundación Speedwagon, un gusto conocerlos.

- Espera, ¿trabajas para la fundación? – interrumpe Okuyasu, olvidando el miedo de hace unos segundos y la amenazada de muerte de hace tan solo un instante.

- Así es, pensé que era obvio, después de todo vine en compañía del Señor Joestar… aunque parece ser que me equivoque…

- Nori… - eso es lo primero que Jotaro dice desde que comenzó la conversación, pero lo expresa en un tono tan bajo y tan impropio de él que Josuke duda haberlo escuchado en primer lugar. Además, ¿Nori?.

- Pensábamos que estaba bajo un ataque de stand, Jotaro- san- y allí esta Koichi, la voz de la razón entre todo esto.

- No, no lo estoy.

- ¿Un ataque de stand?- repite divertido Kakyoin, soltando al aire una risa ligera mientras cubre con el dorso de la mano su cautivadora sonrisa.

Josuke piensa, por un segundo, que la sonrisa del pelirrojo, no, de Kakyoin, es ciertamente hermosa y no puede evitar mirarlo por más de un instante.

Ahora que el joven pompadour por fin esta frente al pelirrojo, y puede admirarlo de cerca, logra notar un par de detalles que antes ni siquiera se había molestado en observar.

Como, por ejemplo, la forma en que el cabello pelirrojo del mayor parece arder en fuego ante la luz del sol y la suave brisa de la mañana.

O como su piel blancuzca, casi porcelana, parece más suave que ninguna otra, llevando al joven Josuke a preguntarse qué tan sensible sería el pelirrojo al tacto.

Y si lo observaba con más detenimiento, Inclusive puede notar un par de curiosas cicatrices verticales que se posan tentadoramente sobre los parpados del mayor, haciendo resaltar aún más las galaxias purpuras de sus ojos.

Tal vez si Josuke no hubiera estado tan perdido mirando al hombre frente a él, hubiese notado la presencia asesina que su estoico sobrino cernía sobre él.

Incluso, tal vez, si Jotaro no hubiese estado tan concentrado en asesinar a su sobrino, se hubiera dado cuenta de leve risita divertida que salía de los labios del pelirrojo ante singular escena.

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*ding dong*

Maldita sea el infernal sonido del timbre

*ding, ding, ding dong* sonó con más insistencia.  

- ¡Ya voy!- gritó con obvia  exasperación el joven mangaka mientras bajaba por las escaleras de su casa hasta la primera planta con la más clara intensión de asesinar al tonto que se haya atrevido a interrumpir su prestigioso trabajo.

Aunque Rohan ya tiene una vaga idea sobre quién es ese tonto.

Después de todo, ya han pasado más de 6 meses desde el incidente con Kira Yoshikage, más de 6 meses desde que había tenido la desgracia de conocer a Higashikata Josuke, y más de 6 meses desde que el molesto pompadour había decidido irrumpir con sus constantes visitas cada sábado por la mañana de una forma casi religiosa.

Por lo que él joven mangaka ya estaba más que familiarizado con la molesta presencia de su tonto acompañante.

Sin embargo, que este familiarizado no significa que las acepte. No importa cuánto tiempo pase, el extraño artista jamás podrá adargarse a algo tan molesto como Josuke Higashikata.  

* ding dong*

- demonios, ¡dije que YA VOY!-  vuelve a gritar mientras abre la puerta, tomándose unos segundos para admirar a su nuevo visitante.

Que Josuke lo visitara cada sábado había creado una especie de familiaridad masoquista que Rohan no sabía si disfrutaba, haciéndole esperar con cierta exasperación cada semana su presencia.

Así que mucha fue su sorpresa cuando esa visita molesta fue reemplazada por una cuando menos grata a la vista.

Su nueva visita era un joven pelirrojo, delgado, de mirada violácea y dotado de un presencia llena de encanto, completamente contrario al molesto adolescente que el mangaka esperaba encontrar.

- Buenos días, Rohan sensei, mi nombre es…-

Sin embargo, que el joven que lo visita sea un niño bonito no significa que lo libre de sus fauces.

- Heavens Door! –

Inmediatamente una serie de hojas se abren sobre la perfecta piel del rostro del hombre que cae de rodillas, dejando al descubierto una serie de historias narradas de sus vivencias, sentimientos y emociones a la vista curiosa del mangaka.

Rohan ama admitirlo, el hombre le llama la atención y es material claro para su manga.

Aunque un nuevo hecho sorprende al mangaka, cuando se dispone a acercar su rostro para poder leer un poco de la narrativa del lindo pelirrojo, su cuerpo entero se congela, incapaz de moverse a voluntad como si de un títere se tratase.

- ¡¿Qué demonios?! – sin respuesta - ¡¿Qué demonios es esto?! – vuelve a preguntar.

- Vaya, sí que eres más rápido de lo que esperaba, Rohan sensei- dice el pelirrojo mientras se levanta del piso, sacudiendo el polvo de sus rodillas- por lo menos hubieras esperado a que terminara las presentaciones.

Rohan no puede evitarlo, una sonrisa torcida se forma en su rostro.

Tal vez si el joven Kishibe no hubiese estado inmovilizado, podría haber notado los brillantes zarcillos verdes que lo rodeaban y se metían a su interior desde sus oídos.

 

 

 

 

- Demonios… ya es tarde. – dice Josuke acelerando su paso.

La noche anterior se había quedado jugando videojuegos con Okuyasu hasta muy tarde, dejándolo demasiado cansado como para siquiera levantarse por la mañana.

En su defensa, se trataba de un nuevo videojuego que ambos habían esperado por mucho tiempo, por lo que, cuando se enteraron que por fin salía a la venta, no dudaron en ir a comprarlo y derrochar el resto de su día en terminarlo.

Aunque ni siquiera había logrado terminar el prólogo….

¡Oh! Allí está la casa del mangaka.

- Espero que Rohan sensei o me haya esperado por mucho tiempo – dice esbozando una sonrisa divertida mientras toca con insistencia el timbre.

* Ding, dong*

*Ding, ding, ding, ding, don… *

Sin respuesta nuevamente.

 

 

Mientras tanto, dentro de la casa la conversación se había tornado cuando menos amigable.

- ¿Aun conservas la dirección de la familia Kawajiri? – pregunta Kakyoin mientras toma entre sus manos diversas fotos: un anciano con una flecha, un estante con frescos llenos de uñas, una mano cortada en un apartamento, una especie de planta-gato, pero sobre todo presta atención a una foto de una estación del tren. En ella, está un niño de cabello bermejo observando sospechosamente a un hombre de mediana edad.

- Sí, pero ya los hemos entrevistado. – contesta rochan - El mocoso no nos dijo mucho más de lo que ya sabíamos y la mujer… bueno, ella seguía creyendo que el hombre a su lado era su esposo.

- Eso es triste…

- Sin duda lo es, ¿pero que podíamos hacer?, no había manera coherente de explicarle que el hombre con el que se casó ya había muerto hace mucho. Además es mejor así, que la mujer conserve con cariño el recuerdo de su esposo.

- ¿incluso si no era él? – pregunta Kakyoin sin esperar una respuesta- Una pregunta más, los informes escritos antes del último encuentro con Kira Yoshikage no dicen nada sobre su habilidad de retroceder el tiempo, ¿sabes si esta habilidad ya la poseía o…?

- ¿Insinúas que de alguna forma la consiguió de otro lado?, ¿eso es siquiera posible?- Rohan pregunta esto último con una risa burlesca, como si lo que acaba de decir Kakyoin fuera tan ridículo como para siquiera considerarlo.

- Sí, en los últimos meses un colega mío ha estado investigando en Italia la posibilidad de conseguir habilidades extra tras un segundo contacto de la flecha, así que necesito cualquier información que lo confirme.

- Bueno, si necesitan eso porque no simplemente se pinchan nuevamente con la fecha.

- No es tan sencillo, si la persona no es lo suficientemente fuerte, muere.

- Mmm…

Es entonces que una alegre voz interrumpe el ambiente tenso.

- ¡Kakyoin- san! No tenía idea de que estabas aquí.- dice Josuke, ignorando completamente a un molesto Rohan-

- Josuke, buenos días – contesta el pelirrojo.

- ¿Cómo demonios entraste?, la puerta estaba cerrada -

- La rompí – contesta a secas el pompadour

- Oh… tu… maldito…. -

- Dejando eso de lado, no sabía que ustedes dos se conocían – dice con curiosidad el pompadour.

- Por supuesto que sí, soy un fiel seguidor del manga de Rohan sensei, aunque hasta hoy tuvimos la oportunidad de conocernos en persona- dice Kakyoin con una leve sonrisa oculta tras el dorso de su mano.

- Lo mismo de mi parte, digamos que su arte me es agradable a la vista, aunque no esperaba que su autor también lo fuera – dice Rohan mirando de lado a Kakyoin.

Josuke no sabe porque, o por quien, pero por un breve momento la más leve punzada de celos pincha su corazón.

Y, aunque los dos jóvenes artistas continúan con toda calma su grata conversación, una nueva presencia irrumpe el lugar, esta vez una tan imponente que en seguida logra llamar la atención de los 3 hombres en la habitación. Se trata nada menos y nada más que del gran Jotaro Kujo.

- ¡Jotaro!, lo siento por no llamarte antes es solo que… - comienza kakyoin-

- Está bien, no tienes que explicar nada – lo para Jotaro, una vez que se ha acercado a los tres hombres.

- ¿Acaso mi casa es un maldito centro de reunión?- interrumpe un siempre enojado mangaka- Además ¿Cómo entraste? -

- La puerta está rota –

- Josuke… juro en mi nombre que te voy a... -

- Bueno Rohan sensei- interrumpe el pelirrojo- gracias por contestar a mis preguntas, pero por ahora me retiro, espero que más tarde nos pongamos nuevamente en contacto para tratar con los asuntos pendientes. –

- Mh, que así sea- continua el mangaka- que aun tienes que contestar a mis preguntas.

- Adiós Josuke- Kun

 Tras ello, un joven pelirrojo, acompañado de un siempre estoico Jotaro, salen de la casa, dando no más que un leve asentimiento y una mirada rápida a manera de despedida. Dejando solos al pompadour y al mangaka en una casa demasiado silenciosa.

Es Rohan quien primero decide romperlo.

- Ya me parecía raro que no vinieras el día de hoy.

- Oh ~ ¿acaso me extrañaste?

- Por supuesto que no.

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La lluvia sin duda no era algo a lo que el joven Higashitaka este acostumbrado.

El siempre soleado tiempo de Morioh casi había hecho que sus habitantes olviden que existen más climas además del calor.

Así que por la mañana, cuando Josuke escuchó en el informe del clima que había una alta probabilidad de precipitación en el pequeño pueblo, no lo creyó, optando por salir irresponsablemente de su casa sin un paraguas.

Pero, como es natural en toda acción irresponsable, las consecuencias no tardarán en llegar y, para la hora de la salida del día escolar, la lluvia ya se había hecho más que obvia con fríos vientos, nubes oscuras y la amenaza latente de un fuerte tifón

- Ah ... demonios, mi peinado se va a arruinar- se queja mientras los mechones de cabello más corto amenazan con deslizarse sobre el rostro húmedo del menor.

Josuke lo odia, no solo lo incomoda sensación de la ropa mojada adherida a su piel, sino también los constantes charcos que tiene que esquivar en su caminar, el frío en su núcleo interno antes de los fuertes vientos y el peligro latente de un estruendoso catarro.

Todo esto forma la mezcla perfecta para que el glamuroso adolescente este de mal humor.

Tiene que correr, y rápido, o para cuando llegue a casa será demasiado tarde y ya no habrá nada de su peinado que pueda salvar.

- Oh, vamos, Jotaro, no podemos quedarnos aquí, tal vez si corremos ...

- No, el frío no le hace bien a tus prótesis y lo sabes.

- Jotaro, no estoy hecho de papel.

La voz exasperada del pelirrojo y el estoicismo de su sobrino son lo suficientemente fuertes como para llamar su atención. Provocando que detenga su correr y gire su mirada en busca de la joven pareja.

Si Josuke no hubiera estado tan de mal humor, tal vez se reiría de la situación que tiene frente a sí.

Bajo la protección de una parada de autobús, encuentra a Kakyoin, quien intenta inútilmente jalar de la mano a su malhumorado sobrino. Situación que, acompañada de la baja estatura del joven pelirrojo comparada con la del pelinegro, y el puchero que amenazaba con pintar en los labios del primero, crean una escena realmente digna de admirar.

- Vamos Jotaro, no podemos quedarnos aquí toda la noche - Volvimos a insistir en el pelirrojo, jalando una vez más de las mangas del alcalde.

- Dije que no ... - tras una nive pausa y en un tono más bajo- te enfermarás si te mojas.

Vaya, Jotaro si se preocupa por otro ser humano después de todo.

Y eso es suficiente para cautivar el corazón del joven Higashikata.

- ¡Ey, Jotaro-san, Kakyoin-san! - Grita mientras corre hacia los mayores, quienes inmediatamente centran su mirada en el menor.

- Oh, Josuke-kun, no esperábamos encontrarte por aquí.

- Lo mismo digo ... - recupera un poco el aliento y continua- mi casa no está muy lejos de aquí, ¿les gustaría quedarse hasta que la lluvia pare?

Kakyoin solo voltea y mira expectante al mayor, quien le da como única respuesta un leve encogimiento de hombros.

- Tomaré eso como un sí - dice kakyoin, y girándose hacia Josuke- lidera el camino.

- ¡claro !, síganme.

Pero antes de que puedan continuar, Jotaro coloca su bata blanca sobre los hombros del pelirrojo, recibiendo una mirada curiosa por parte de Josuke y el más leve sonrojo proveniente de Kakyoin, así que para evitar más incomodidad, el mayor continúa.

- Vamos - dice más como una orden que como una sugerencia.

 

 

5 minutos más tarde y 7 cuadras más adelante, los tres hombres logran llegar a la residencia Higashikata. Pareciendo más un grupo de gatos mojados que los tres hombres con poderosos se encuentra que son.

- ¡Mamá !, estoy en casa - una leve pausa - y traje visitas- grita Josuke mientras se quita sus zapatos con una mueca de disgusto. Demonios, tendrán que buscar una forma de secarlos sin que se maltraten, ¿tal vez en la tintorería podrán salvarlos? - ¿Mamá? - vuelve a gritar.

Es entonces que llama tu atención una pequeña nota sobre la mesita Es de su madre, avisando que está en casa de una amiga y amigable con no hacer nada estúpido en su ausencia.

- L, lo siento por la intromisión, Josuke kundes Kakyoin mientras se quita los zapatos mojados en la entrada sin poder evitar tiritar de frío. La bata blanca de Jotaro había logrado protegerlo apenas nada de la fuerte lluvia.

- No te preocupes, al parecer mi mamá fue a visitar a una amiga, así que dudo que regrese hasta que la lluvia pare - y se sentirá alegra por eso, quien sabe qué haría su madre si viera el piso mojado- además, ¿Qué clase de tío sería sino ofreciera asilo a mi propio sobrino ya su ... - Josuke para hablar sin saber cómo continuar, se da cuenta tarde que hasta ahora no sabe qué tipo de relación hay entre su estoico sobrino y el joven pelirrojo.

¿Colegas ?, ¿compañeros de trabajo ?, ¿Se consideran solo amigos?

Pero los dos adultos en la habitación parecieran no notar esta leve pausa en el más joven, por lo que simplemente cambian de tema.

- ¿Hay alguna ducha que podamos usar? – pregunta Jotaro, sacando de su trance al menor.

-S,sí, pueden usar la ducha del segundo piso o la del baño del cuarto de mi mamá, los guiaré hasta allí.

- Gracias- esta vez es Kakyoin quien habla, como es común.

- Por nada. También meteré sus ropas a la secadora, así que no se preocupen por ella, aunque tendré que prestarles ropa mientras tanto – El pompadour no puede evitar sonreír ante esto último, permitiendo que su mente divague una vez más mientras se imagina a Jotaro vestido con ropas demasiado pequeñas y a Kakyoin con ropas demasiado grandes.

Bueno, ahora Josuke ha recuperado su buen humor.

- ¡Vamos, es por aquí! - dice el menor.

 

Una vez en el cuarto de lavado, sin siquiera hacer preguntas, Jotaro es el primero en desnudarse, permitiendo meter directamente su ropa mojada a la secadora.

Hasta ahora, Josuke nunca había tenido la oportunidad de ver a su sobrino sin camisa o sin pantalones, y ciertamente es una vista impresionante. Más allá de los obvios músculos y la piel bronceada del mayor, lo que más llama la atención de Josuke son la cantidad de cicatrices que este tiene.

En los brazos, en el pecho, en estómago, incluso un par de cicatrices gemelas en sus piernas, decoran su piel, narrando una larga historia de la que Josuke sabe apenas nada pero le interesa todo.

Quiere preguntar, Josuke en serio quiere hacerlo, pero siente que es algo tan íntimo que teme incluso que su sobrino le parta la cara allí mismo.

En cambio, prefiere esperar con cierta curiosidad a que el joven pelirrojo también se desnude, en parte para poder secar su ropa en ese mismo instante y por otra para satisfacer su propia curiosidad y poder ver un poco más de ese cuerpo blanco porcelana.

Después de todo, hasta este momento, Josuke aún no sabe que su sobrino y el joven pelirrojo se conocieron durante ese legendario viaje alrededor del mundo.

Nadie se lo ha dicho. No hay siquiera forma de que se lo imagine.

Sin embargo, Kakyoin se limita a abrazarse a sí mismo y tiritar de frío sin el más mínimo indicio de querer quitarse allí mismo la ropa mojada.

Tal vez sea tímido, piensa Josuke.

O eso es hasta que una parte del cuello de tortuga que usa Kakyoin se baja levemente debido al peso del agua, dejando a ver un poco de la piel del pelirrojo y mostrando a miradas curiosas una extraña marca oscura.

- ¡Kakyoin- san!, ¿Qué te pasó allí? – pregunta preocupado el adolescente.

En ese mismo instante, el rostro del joven pintor pasa de blanco porcelana a rojo cereza, compitiendo con el de su cabello.

Jotaro, en cambio, permanece callado, esperando el momento exacto para parar el tiempo y huir de la situación que se avecina, o asesinar a Josuke por ser un maldito adolescente entrometido, cualquiera de las dos opciones es buena.

- Oh…. Esto… - dice el pelirrojo mientras toca con sus finos dedos la marca lasciva en su cuello. Su mirada pasando de un punto a otro en el piso, evitando a toda costa encontrarse con la de Josuke mientras su cerebro busca cualquier excusa que lo libre de esta situación- Bueno…

Jotaro casi se quiere reír de la tierna timidez del pelirrojo. Casi.

O eso al menos hasta que ve la sonrisa juguetona y la mirada desafiante que le responde el pelirrojo.

Oh no. Eso es mala señal para el mayor.

- Digamos que… - continua el pelirrojo- me la hizo un usuario de stand.

- ¡¿Peleaste con un usuario de stand el día de hoy?!- pregunta sorprendido Josuke.

- Sí, aunque lo correcto sería decir que fue ayer por la noche.

- P,pero ¿estás bien? -

- Sí, nada de qué preocuparse. – dice el pintor con una sonrisa victoriosa en su rostro.

- ¿y cómo era el stand?, ¿Cuál era su habilidad?- Josuke no intenta cuestionar la declaración de Kakyoin, más bien pregunta por mera curiosidad y admiración adolescente.

- Era enorme, de casi dos metros, y muy feroz – contesta el pelirrojo, gesticulando de forma apasionada- era realmente obstinado, incluso me atacó en repetidas ocasiones.

- ¿Y qué hiciste?

- Oh~ lo castigue, por supuesto – esto último lo dice dirigiendo una mirada juguetona al joven biólogo marino.

Jotaro en serio agradece que Josuke sea tan inocente.

- Bien, ya has contado suficiente de tus aventuras, Nori. Ahora, ¿Dónde está la ducha?, Josuke.

- Ah, sí, sí. Una está al final del pasillo, la otra la pueden encontrar en la puerta de la izquierda en la habitación de mi mamá.

Jotaro solo mira a Kakyoin, con la frase “Entra tu primero”  de alguna manera implicada.

- Gracias… - con ello el pelirrojo se va por el pasillo y entra al baño.

Minutos más tarde, Josuke también guía a Jotaro hasta el baño de la habitación de su madre, y les hace a ambos la promesa de llevarles ropa de repuesto.

Jotaro la acepta sin problemas, pero cuando se la va a entregar al pelirrojo, la situación es diferente

Kakyoin se limita a sacar la mano tras la puerta, entregándole la ropa mojada  a Josuke, e intercambiándola por ropa seca

Puede que la ropa no sea de su talla, mucho menos para Jotaro quien supera  con creces el promedio, pero de algo servirá.

Es así que, una vez que los dos adultos salen de las duchas, Josuke se disculpa con ellos y se retira al baño para hacer lo mismo.

 

No puede evitar agradecer a cualquier deidad existente el calor del agua cuando esta toca su cuerpo y calienta su núcleo, haciendo la nota mental de hacer un poco de chocolate cuando salga de la ducha para intentar aliviar el frío. Tal vez incluso preparar algo de cenar, aprovechando que ahora tiene compañía.

Una vez que termina, se viste con no más que una camiseta holgada y unos pantalones de pijama, y se cuelga una toalla sobre el cuello, esperando que su cabello no moje su nueva ropa seca.

Casi se lamenta salir del cálido vapor del baño que rodea su cuerpo. Sin embargo, en cuando sale de la pequeña habitación, es recibido por un nuevo calor, esta vez acompañado de un aroma que lo conduce casi de forma hipnótica hasta la cocina.

Allí, tiene la oportunidad de ver otra escena que su mente no sabe cómo procesar.

Kakyoin menea con una cuchara una olla burbujeante que, a juzgar por el aroma, pareciera ser curry, mientras que Jotaro pica con precisión y velocidad casi profesional algunas verduras.

Pero lo que hace tan singular la escena, es la tranquilidad con la que los dos hombres conviven.

Se da cuenta  tardíamente que ambos adultos se ven tan armoniosos… Tan calmados… Tan cómodos uno al lado del otro. Mostrando una familiaridad y coordinación sin igual, como si esta situación la viviesen todos los días y cocinar juntos no fuera más que otro hecho de su vida cotidiana.

Josuke se pregunta cuantas veces han trabajo ellos dos juntos como para llegar a este punto de confianza.

Cuando Jotaro termina de cortar las verduras, levanta la tabla para picar y se acerca hacia la estufa con la intención de vaciarlas en la olla. En el proceso, empuja levente a Kakyoin quien le responde con otro empujón mucho más juguetón y recibiendo como única respuesta un resoplido divertido proveniente de Jotaro.

- Huele delicioso… - dice josuke aun sumido en su trance.

- ¡Oh!, lo siento, de nuevo no te oímos –dice kakyoin mientras se separa un poco del mayor.

- ¿Qué están cocinando?

- Curry, espero que no te moleste que hayamos tomado los ingredientes de tu alacena, pero pensamos que una comida caliente es lo mejor para aliviar el frío de esta lluvia , y lo menos que podemos hacer es preparar la cena después de que nos ofreciste tu hospitalidad.

Josuke está sin palabras, la sonrisa que le da el pelirrojo es hermosa y tranquila, así que sin pensar pregunta:

- ¿Ustedes dos trabajan juntos muy seguido?.

Por un segundo Jotaro parece desconcertado por la pregunta, pero en seguida kakyoin continua

- Sí, como sabes Jotaro posee un stand de corto mientras que yo tengo uno de largo alcance, así que esto realmente facilita mucho las peleas.

Josuke se lo imagina, donde Jotaro es débil, kakyoin es fuerte, y viceversa; ambos complementándose en combate de una manera en que los hace prácticamente invencibles.

O bueno, al menos eso se imagina, ya que aún no ha tenido la oportunidad de ver el stand de Kakyoin en acción, pero se imagina que debe ser bastante fuerte como para hacer equipo con el mítico Jotaro Kujo.

*Ding dong*

El timbre lo saca de su nuevo trance. Ganando una mirada curiosa del pelirrojo y el más leve cambio en la expresión de su sobrino.

- Ya vuelvo, iré a ver quién llama la puerta. – se excusa Josuke mientras se va.

 

- Joder hermano, en serio los relámpagos son horribles- se queja Okuyasu mientras se quita los zapatos mojados en la entrada.

- Lo siento por la intromisión – dice el siempre cortes Koichi.

- Nha, no se preocupen, ¿pero puedo preguntar que hacen aquí? De Okuyasu lo entiendo, vive al final de la cuadra, ¿pero tu Koichi?

- Iba en camino a casa de Yukako pero la lluvia se hizo demasiado fuerte… lo siento.

- Jaja está bien, está bien.

Es entonces en que Jotaro se asoma por la cocina.

- La cena está servida – dice el mayor

- Oh comida ~ - celebra Okuyasu.

- ¡Jotaro san!, gracias. – lo apoya Koichi.

El entusiasmo de sus amigos provoca otra sonrisa más en Josuke.

Al final de la noche, pese a la fría lluvia que se presenta afuera, la cena termina siendo mucho más animada, divertida y cálida, y Josuke no podría pedir nada mejor.

Oh claro, esto es hasta que el pelirrojo se da cuenta de las consolas que guarda con cuidado  el adolescente y la noche de cena tranquila termina siendo de apasionados videojuegos.  

 

-¡Já!, con eso se suman tres victorias a mi favor- grita animadamente Kakyoin, después de una hora de haber estado jugando F-Mega.

- Demonios – se queja Okuyasu – ¡pido la revancha!

- Nunca aprendes mi querido Okuyasu.

- ¡Vamos amigo, tu puedes! – lo apoya el pompadour.

Jotaro tan solo observa divertido la escena, intentando recordar cuando fue la última vez que vio a Nori tan emocionado con un videojuego.

- No tenía ni idea de que le gustaran los videojuegos, Kakyoin san – interviene Koichi.

- Por supuesto que me gustan. Cuando era más joven solía jugarlos bastante – contesta el pelirrojo sin despegar la mirada del televisor. Sus finos dedos pasando rápidamente de un botón a otro hasta que un bostezo interrumpe su concentración. Causando que su auto se vuelque y, por primera vez en la noche, el joven Nijimura gane una partida.

- Mmm… supongo que ya es tarde – dice Josuke dirigiendo su mirada al reloj de la sala de estar. – si quieren Kakyoin-san puede tomar la habitación de invitados y Jotaro-san… bueno, espero que no te moleste dormir en mi habitación.

- No te preocupes por eso, podemos dormir en el mismo cuarto - dice Jotaro.

- ¿En serio?-

- Sí, ya estamos más que acostumbrados – reitera Kakyoin.

Oh bueno, Josuke no puede discutir nada contra eso, se imagina que es porque los dos hombres suelen viajar mucho juntos en la búsqueda de usuarios de stand. Así que es natural que estén acostumbrados a compartir una misma habitación. Aunque una cama…

 

10 minutos más tarde, el reparto de algunas mantas y unos “buenas noches” después; y los tres adolescentes y los dos adultos están más que listos para dormir. El sonido de la lluvia haciendo de musica de cuna para todos.  

 

- Tienes suerte que Josuke sea tan inocente y no haya sospechado nada de los chupetones en tu cuello – dice Jotaro mientras se sienta en la cama del cuarto para invitados y observa a Noriaki desvestirse frente a él.

- ¿y de quien es la culpa?- pregunta divertido Kakyoin, mientras se dirige al mayor, quien solo le responde con un gruñido y un abrazo por la cintura. - Sino que hubieras hecho, Kujo. – continua el pelirrojo, sentándose a horcajadas sobre las piernas del mayor - ¿Me castigarías?-

- Eso te gustaría, ¿no es así? -

- No serías capaz de hacerlo en casa de tu tío – contesta desafiante el menor, restregando un poco su trasero sobre la entrepierna del otro.

- ¿Sabes? Soy precisamente conocido por darle a todos los imbéciles su merecido. – dice mientras muerte y marca el cuello del pelirrojo- veamos que piensa tu pequeño admirador cuando vea lo pervertido que eres.

 

Fuera del cuarto, Josuke intenta recordar donde dejó los futones y las mandas de repuesto. Después de todo las necesitará para que Okuyasu y Koichi puedan dormir sin problemas por lo menos esta noche…

Pero ¿dónde?, ¿dónde?, ¿dónde están?

Oh sí, en el cuarto para invitados.

- Disculpen, ¡Jotaro-san, kakyoin-san! – dice el adolescente mientras toca la puerta - creo que deje unas mantas allí, ¿me las podrían pasar por favor?

Sin repuesta.

- ¿Jotaro- san?, ¿Kakyoin-san? – vuelve a llamar.

Es entonces en que escucha movimiento desde dentro de la habitación: un repentino golpe, como de alguien cayendo, seguido de un murmullo parecido a la palabra “joder” que juraría que proviene de su sobrino.

- ¿Esta todo bien allí? –

Pasan unos segundos más en los que vuelve a escuchar movimiento desde dentro de la habitación hasta que alguien contesta.

- S, sí, no te preocupes - Es la voz de Kakyoin- es solo que Jotaro se cayó de la cama.- un golpe sordo interrumpe su voz - ¡Auch! -

Bien ... Josuke en serio no puede imaginarse esa escena.

- ¿Qué es lo que quieres? - pregunta Jotaro desde dentro.

- Oh, vine por una mantas que dejé en la habitación, es solo que Okuyasu y Koichi necesi- el resto del diálogo es callado cuando el joven biólogo marino abre repetidamente la puerta, deja a su ceño fruncido y su aura amenazante.

Josuke ni siquiera es capaz de procesar la imagen de Jotaro sin camisa y con el cabello despeinado para cuando las mandas y los futones ya han sido empujados contra sus manos, siendo finalmente sacado de su trance por un fuerte portazo.

- ¡Lo siento !, buenas noches. - es lo último que dice el copete antes de salir corriendo de allí.

Chapter Text

Después de unos cuantos días de fuertes lluvias en Morioh, las nubes negras y los fríos vientos cesaron para dar paso al clima cálido y cómodo que todos los habitantes de Morioh estaban acostumbrados. La siempre primavera prometida en el pequeño pueblo había regresado.

Situación que Josuke, Okuyasu y Koichi no dudaron ni un segundo en aprovechar para visitar la hermosa playa dorada de la que tanto presume su hogar.

Y, de paso, invitar a los demás.

- ¿Ya estás listo, Josuke? – pregunta Koichi al salir de los vestidores con un traje de baño verde bandera y un salvavidas bajo su brazo.

- Ah… sí, solo estoy esperando a Kakyoin san salga – dice el pompadour recargado en la pared del vestidor, intentando parecer casual.

- Bien, te veré en un rato, iré con Yukako al agua. -

- ¡Sí!

Josuke no puede negar que sigue interesado respecto a las marcas en Kakyoin, así que si tiene que esperarlo afuera de los vestidores como un acosador para poder ver más de cerca al pelirrojo, pues qué más da, lo hará.

Sin embargo, el problema que Josuke inmediatamente nota es su sobrino, que está igualmente esperando a Kakyoin fuera de los vestidores, pero transmitiendo un aura asesina que casi hace erizar la piel del adolescente.

- Joder… - no puede evitar murmurar.

Jotaro ni siquiera le dirige una mirada ante esto último, tan solo se queda a un lado, recargado en la pared de la misma forma en que lo hace Josuke, en un silencio escalofriante.

Lo peor de todo es que Josuke no entiende por qué su sobrino parece estar tan de mal humor.

Le recuerda un poco a lo ocurrido la noche anterior en su casa, en la que el joven biólogo marino parecía mas enojado que de costumbres después de que Josuke llamó a su puerta.

Su línea de pensamientos es interrumpida después de que una pequeña presencia roja irrumpiera su campo de visión.

- ¡Kakyoin san!, ¿ya estás listo? – pregunta animadamente el adolescente.

- Oh, - sorprendió un poco al hombre, se da cuenta Josuke- Sí, lo siento por la tardanza.

Josuke se toma unos segundos para observar al artista, notando en seguida su short verde, sus sandalias negras  y su camiseta blanca que, a consideración del menor, sale sobrando; eliminando cualquier esperanza que tuviera el otro de ver un poco más de piel.

También nota, por el rabillo del ojo,  que su sobrino se acerca un poco a la escena, parándose junto a Josuke solo para en seguida mirar detenidamente a Kakyoin, quien solo le responde con una mirada mucho más tímida.

- ¿Está todo bien, Jotaro san? – pregunta el pompadour

- Sí… de maravilla…

- Ah…

Un nuevo silencio se insta entre los tres.

Los dos adultos tan solo se miran. Jotaro prácticamente devorando al otro y Kakyoin quien responde nerviosamente, dejando de lado a un desconcertado adolescente.

Josuke no lo sabe, o directamente no lo entiende, pero en realidad Jotaro esta frustrado.

Después de todo, Kakyoin prácticamente le había prohibido tener sexo hasta que el día de playa pasara ya que, de lo contrario, Jotaro le haría sospechosas marcas que no podría ocultar. O al menos eso daba por sentado el pelirrojo.

- Oi, Kakyoin. Ayúdame a buscar un usuario de stand, creo que podría estar en los vestidores. – dice el mayor mientras toma la mano del otro y lo arrastra dentro del vestidor.

- ¿Eh?, ¡Jotaro, espera!

Van a tener sexo.

- Oigan, esperen. Si hay un usuario de stand allí dentro, podría llamar a los demás para que nos ayuden. – dice Josuke, intentando seguirlos, aun sin entender la situación.

- No.

Es todo lo que escucha antes de que la puerta sea cerrada en su casa, seguido de un tembloroso “Nosotros nos encargaremos” proveniente de Kakyoin.

- Bien…. –

Tal vez lo mejor sea esperarlos en la playa.

Chapter Text

A manera de festejo después de las fuertes lluvias en el pequeño pueblo de Morioh, Josuke y los demás deciden ir a la playa. 

Así que aquí esta Josuke, parado en medio de la playa y vestido con no más que un par de shorts rojos y unas sandalias anaranjadas mientras disfruta del cálido sol que baña su piel ahora descubierta.

A unos cuantos metros de él, observa las olas que rítmicamente se repiten, solo interrumpidas por la presencia de su masivo sobrino mientras busca quién sabe qué en la orilla de la playa.

Del otro lado, esta Okuyasu y Yukako peleando a toda costa por la atención de Koichi, este último se encuentra siendo arrastrado por su novia hacia el agua con la excusa de querer pasar tiempo de caridad en pareja.

Y finalmente están el par de artistas bajo la cómoda sombra de una enorme sombrilla. Ambos concentrados en los trazos que rápidamente dibujan sobre sus cuadernos. Josuke casi se ríe de ellos al ver a los dos adultos vestidos inmaculadamente de forma casi impropia para el lugar en que se encuentran.

Rohan, el artista malhumorado que a duras penas había aceptado venir a la playa (y que, para colmo, había llegado tarde), esta vestido con reveladoras ropas blancas que dejan ver su estómago, pero su pantalón y sus botas desentonan completamente con el ambiente playero del lugar.

Por unos segundos Josuke se pregunta qué tan difícil sería quitarle estas prendas al joven mangaka y obligarlo a entrar al agua, pero luego descarta la idea al darse cuenta de que prácticamente lo estaría obligando a quitarse los pantalones.

¿Qué tipo de ropa interior usara Rohan?

Oh no, ahora Josuke esta sonrojado.

Por otro lado, Kakyoin pareciera estar vestido un poco más acorde a la situación con su short verde, sus sandalias negras y su camiseta floja color blanco.  Sin embargo, el joven pompadour no puede evitar pensar que tal vez esta última prenda está de más.

¿Podrá convencerlos de entrar al mar?

- Ey, Kakyoin san, Rohan sensei, ¿no quieren acompañarnos al agua? – pregunta animadamente mientras observa a los dos artistas concentrados en sus obras.

- Por supuesto que no- contesta Rohan sin despegar la mirada de su dibujo- Ahora hazte a un lado, arruinas el hermoso paisaje con tu presencia. -  “Auch” piensa Josuke.

- Lo siento Josuke, yo también tendré que negarme a tu oferta – continua Kakyoin.

- ... – ante esto último el pompadour hace un pequeño puchero infantil.

Se queda allí unos segundos más.

Aprovecha este tiempo para observa a los dos artistas trabajar, estos últimos mueven sus manos y sus lápices de una forma tan rápida y tan calculada que casi es hipnótica. 

- Hace un bonito clima, ¿no? – pregunta el adolescente

Sin respuesta, solo un simple sonido de afirmación proveniente de Kakyoin.

- Y… ¿Qué están pintando? -

- Nada de tu interés – vuelve a hablar Rohan, a la par en que oculta protectoramente su obra contra su pecho.

- Lo siento, tampoco te lo puedo mostrar. – vuelve a contestar Kakyoin, haciendo prácticamente lo mismo que el hombre anterior.

¿Por qué de repente Josuke se siente tan rechazado?

- Oh vamos, no puede ser tan malo. –

Ninguno de los dos artistas habla. Rohan se limita a presionar con las fuerza su cuaderno sobre su pecho, mientras que Kakyoin evita su mirada.

Un silencio incomodo se hace presente entre los tres. De fondo solo se escucha el rítmico sonido de las olas, los cantos de las gaviotas y lo que parece ser una batalla campal entre Okuyasu y Yukako, acompañado de los gritos casi desesperados de Koichi.

Josuke también nota como el rostro de ambos pareciera estar levemente rojo, aunque es un poco más notorio en Kakyoin debido a su piel naturalmente blanca.

¿Acaso ya han comenzado a quemarse con el sol?

Un fuerte estallido proveniente mar interrumpe el momento de incomodidad, llamando en seguida la atención de los tres hombres.

Josuke se sorprende al ver a su sobrino de casi dos metros sin camisa, con unos ajustados shorts negros, con la luz del sol dándole de fondo, presumiendo su ya de por sí impresionantes abdominales, salir del agua mientras pasa una mano por sus espesos risos negros.

El adolescente casi juraría ver un par de delfines saltando en el mar a espaldas de Jotaro, como si quisieran coronar la escena.

También juraría haber visto babear a Kakyoin, pero esto último es olvidado cuando el mayor comienza a caminar hacia ellos.  

- ¿Qué estas pintando, Nori? – dice Jotaro una vez que se ha acercado lo suficiente.

- Oh… yo… - El adolescente entonces sí nota un fuerte sonrojo en el artista – No es nada, solo un simple garabato – continua, mientras muestra su cuaderno al otro.

Es oficial, Josuke se siente despreciado.

- Es hermoso. – dice simplemente Jotaro, aunque lo pronuncia mientras observa el rostro del pelirrojo.

Rohan y Josuke también aprovechan para echar un vistazo a la obra.

Decir hermoso es un enorme eufemismo.

La escena representada no es otra más que el atardecer en la playa, mostrando en la mitad inferior una clara arena blanca y un mar tranquilo pintado en varias tonalidades de azul con detalles dorados, reflejo del cielo.

En este último, se muestra un precioso atardecer en degradados azules, rosas y anaranjados, creando un precioso juego de luces sobre las dispersas nubes representadas. En él, también se observa el más leve rastro de estrellas. Josuke no lo nota, pero en total son 6.

Finalmente y como detalle central de la pintura, se presenta la pequeña silueta de un hombre solitario parado sobre la arena blanca mientras observa el atardecer.

Josuke no sabe por qué, pero de alguna forma la escena lo llena de nostalgia y lo transporta a un mundo igual al de la pintura.

Ahora entiende porque las pinturas de kakyoin son tan aclamadas.

Los otros dos hombres también están sin palabras: Rohan al parecer demasiado impresionado por la pintura y Jotaro, quien se mantiene en silencio mientras pasa lentamente su mirada del autor a la pintura y de regreso.

De alguna forma esto es suficiente para que el aura de los adultos cambie levemente por una un poco más pesada, más llena de sentimientos.

- L, lo ves, dije que era un simple garabato – dice Kakyoin, una vez que siente que el silencio a durado demasiado.

Jotaro no dice nada, en realidad nadie dice nada, pero el joven biólogo marino por lo menos abre y cierra la boca como si quisiera decir algo.

Finalmente escuchan los gritos de Okuyasu a lo lejos.

- ¡Ey!, ¡Vengan al agua! – grita su amigo

- ¡Está lo suficientemente tibia! – lo apoya Koichi.

Josuke lo medita por un instante, desde un inicio esa era su intención, pero las negativas de los dos artistas habían impedido esto último.

Sin embargo, Jotaro se le adelanta. Aprovechando la distracción para quitarle el cuaderno al pelirrojo y levantarlo de manera nupcial casi como si pesara nada.

- ¡Jotaro, bájame! - dice kakyoin con falso enojo, siendo traicionado por las pequeñas risotadas que se escapan de su labios.

Pero este no hace caso, en cambio, comienza a caminar con el pelirrojo en sus brazos hacia el mar.

- Jotaro, no estoy bromeando, bájame – más risas que traicionan su intento de seriedad.

Es raro para Josuke, pero logra ver una sonrisa pretenciosa en su sobrino.

Una vez allí, camina un poco más hasta el agua cubre sus rodillas y, con ayuda de Star Platinum, lanza al pobre artista.

Un sonido general de “oh” se escucha entre los presentes, acompaño de un grito un tanto agudo del pelirrojo que cesa en cuando entra al agua.

El biólogo marino muestra una  sonrisa triunfante en su rostro. Espera 3 segundos, 5 segundos, 10 segundos para que el otro salga del agua, pero no lo hace.

Oh no, ha comenzado a preocuparse.

En ese mismo instante un delgado pelirrojo sobresale del mar a espaldas de Jotaro y salta hacia él, atacándolo con sus frías manos la espalda del otro.

Josuke observa como su sobrino se retuerce de forma casi inhumana, perdiendo el equilibro y cayendo al agua no sin antes jalar al pelirrojo con él.

La pelea infantil continua entre los adultos y sin darse cuenta, Josuke se encuentra a si mismo riéndose de tan singular escena.

Allí, en la pequeña pero hermosa playa de Morioh, justo al atardecer, Jotaro y Kakyoin juegan infantilmente. El joven biólogo marino baja sus defensas y deja salir una profunda pero hermosa risa que sorprende a todos menos a Kakyoin, quien solo le responde con una mirada cariñosa y una sonrisa enorme que no hace otra cosa más que crear ligeras arrugas en las orillas de sus ojos.

Josuke entonces piensa que la relación entre su estoico sobrino y el artista pelirrojo tal vez es un poco más parecida a la que él mismo mantiene con Okuyasu de lo que inicialmente creía. Siendo mejores amigos.

No tardan en unirse a la pelea los otros tres adolescentes, atacando con fuertes chapoteos a los dos adultos y dejando a Rohan y a Josuke solos bajo la sombra de la enorme sombrilla mientras escucha las risas y los gritos que ha cada segundo se intensifican.

- Y bien, ¿no piensas ir con ellos? – dice Rohan, retomando su dibujo.

- Mmm… tal vez, pero tú vienes conmigo.

Es toda la advertencia que obtiene el joven mangaka antes de que Josuke lo levante de la misma manera en que Jotaro lo hizo con Kakyoin. Sin embargo, el adolescente no toma en cuenta la pintura de su acompañante, provocando que esta caiga a la arena, a la vista de los curiosos.

Josuke nota que es un dibujo de él.

- ¡Oye! Me estabas pintando. – dice el adolescente, ignorando lo obvio.

- Cállate, y solo bájame.

- Oh no.

El alegre pompadour repite las acciones de su sobrino y lleva al mangaka hasta el mar, sin darle  tiempo de quitarse sus delicadas bocas o sus costosos pantalones antes de ser atacado por los chapoteos de todos.

 

 

Al final la tarde termina tranquila, con todos sentados en la arena mientras miran como poco a poco se oculta el sol.

Dentro de Josuke, el más cálido sentimiento de cariño se hace presente y, por unos segundos, se pregunta si así es como Jotaro se siente cuando esta con sus seres queridos.