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Y el espectro de ti

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3.- Es correcto, aquí.

 

—Entonces, recapitulando —dijo James Potter al subirse la montura de sus gafas por la nariz y discretamente (eso creía él) dedicarle una mirada de arrobo a Lily—, el, vamos a llamarlo fantasma, de Sirius apareció aquí la noche anterior y no tiene memoria de quién es o cómo llegó aquí. Tú —señaló a Remus— eres la persona con la que él se encontró en una cafetería, que después dejó en su casa por atender un asunto familiar y de la que sólo sé porque el propio Sirius me escribió al respecto antes de marcharse de mochilero por África.

La versión de James difería un tanto de la que Remus había escuchado de Peter, pues los tres coincidían en el asunto familiar que había obligado a Sirius a marcharse de su piso, pero a partir de ahí la historia se complicaba, pues por un lado Peter hablaba de estar fuera de Londres visitando familia, y en cambio la versión que tenía James y que todos pudieron leer en el chat de su móvil claramente hablaba de otro asunto por completo diferente.

Ambas excusas no embonaban entre sí, y que el fantasma de Sirius mismo fuera el que ocupara el cuarto asiento alrededor de la mesa de la cocina sólo contribuía a despertar más sospechas.

—Perdonen que me inmiscuya —dijo Lily, que por ser la única que nunca había conocido a Sirius (no al menos en carne y hueso) se mantenía un tanto al margen—, ¿pero Sirius alguna vez habló de visitar África? ¿Era siquiera un sueño suyo o...?

—No, en lo absoluto —denegó James con la cabeza—. Y francamente todo eso del ‘asunto familiar’ es también una patraña. Sirius no se lleva para nada con su familia. Hace años que vive por su cuenta con ayuda de un estipendio mensual que su tío Alphard le proporciona, y antes se cortaría un pie que ponerle en Grimmauld Place.

—¿Grim old place? —Malentendió Remus, y James hizo la corrección—. ¿Pero qué clase de sitio es ese? Y con un nombre así...

—Es escalofriante —coincidió Lily.

—Es su casa familiar, heredada generación tras generación al varón primogénito de los Black. En este caso, Sirius, aunque su madre, Walburga, no está muy contenta por eso.

Remus se llevó la mano derecha a la boca y se mordisqueó la uña del pulgar mientras intentaba ponerle orden a sus pensamientos.

La cronología era la siguiente: Remus había sido la última persona de entre ellos que hubiera visto a Sirius. Sus ‘asuntos familiares’ que tanto le habían preocupado en la llamada propiciaron un corto intercambio entre él y James vía mensajería, donde sólo mencionaba que habría una reunión entre él y sus padres y eso era todo. Más tarde James le había escrito para preguntarle cómo le había ido, y sólo había recibido silencio. Un mutismo que duró días hasta que de pronto Sirius le escribió de vuelta mencionando su viaje por África y que no volvería por una temporada así que tampoco tenía caso que le escribiera porque no tendría conexión.

Lily había examinado los mensajes entre James y Sirius, y tras largos minutos leyendo el infinito hilo de conversación entre ellos dos, había afirmado categóricamente que quien había contestado a James esa última vez, no podía ser Sirius.

—Mira la manera en que capitaliza palabras aquí cuando antes no lo hacía —señaló Lily los detalles—. Cuando responde ‘sí’ o ‘no’ suele agregar puntos suspensivos, pero aquí cuando le preguntas si volverá pronto es un ‘no’ a secas, un solo punto. Apostaría mi dedo pulgar a que no fue él quien escribió esto.

En el ínterin, el Sirius que permanecía con ellos acariciaba sin parar la bufanda que había olvidado, y aspiraba sin parar del té que Lily le preparaba y cambiaba cada vez que el vapor se acababa.

—Y si... —Dijo Remus de pronto, calibrando la opción que menos peso tenía en su cabeza—. ¿Y si realmente Sirius se marchó a África y en el camino sufrió alguna clase de accidente?

—No, eso no es lo que ocurrió —denegó James con la cabeza, su cabello de por sí despeinado sacudiéndose como un nido de pájaro en una rama y a merced del viento—. Ya pasé por su piso y encontré su pasaporte donde siempre. Por lógica, Sirius debe al menos estar en la isla, pero sospecho que no se ha movido de Londres.

—Así es —dijo Sirius, que provocó en los tres presentes un sobresalto.

Gran parte de la tarde Sirius se había mantenido silencioso, cada tanto murmurando un quedo ‘gracias’ cuando Lily le colocaba una nueva taza de té al frente, casi como un mueble, aunque la descripción más acertada habría sido la de un perro viejo fiel a los pies de Remus, pues sólo se había movido cuando éste se dirigiera al sanitario. El que de pronto hablara, y que su voz tuviera fuerza, los alertó de estar sobre la pista.

—¿Estás en Londres? ¿Es eso lo que dices, Padfoot? —Preguntó James, y la mirada turbia de Sirius de pronto se tornó luminosa, casi transparente.

—Padfoot... —Repitió apenas moviendo los labios—. Prongs...

—¿Padfoot? ¿Prongs? —Corroboró Remus, y James entrelazó sus manos por su nuca.

—Son nuestros apodos del colegio. Peter iba unos cuantos cursos arriba y era Wormtail, por eso el nombre de su cafetería. De hecho fue Sirius quien los eligió, era él quien mejor gancho tenía para esas cosas.

—Estoy en Londres —dijo Sirius, como si de pronto estuviera consciente de su entorno—. Es Londres y... Hay una cama... Y yo... yo... —La luminosidad en los ojos de Sirius se perdió, y pasó del más límpido plateado a un gris oscuro, casi plomizo—. No puedo liberarme...

—¿Liberarte de qué? —Preguntó Remus, sujetando una de sus manos—. ¿Dónde estás, Sirius?

—Ma... dre... —Articuló éste con un rictus de dolor—. No, Madre...

—Sirius —amagó James tocarlo, pero a diferencia de Remus, su mano atravesó la de Sirius y chocó contra la mesa—. Qué carajos...

—Es obvio —dijo Lily de pronto—. Esta es la confirmación que buscábamos. Sirius sigue con vida en algún lado, y... No la está pasando bien.

—Reggie... —Dijo Sirius, apenas moviendo los labios, y después desapareció.

Frente a su asiento, sólo quedó la bufanda y su taza de té ya fría.

 

Lily y James se coordinaron para averiguar en cada hospital, clínica, hospicio y pequeño dispensario por si entre sus pacientes había alguno llamado Sirius Black o que encajara en su descripción, y con una tetera llena de té negro para darse fuerzas empezaron a hacer llamadas y a tachar nombres en su lista.

Remus mientras tanto se retiró un rato a su dormitorio con la bufanda de Sirius apretada contra su pecho y una letanía de su nombre en labios.

El miedo lo tenía dominado. Sirius sólo se había desvanecido como humo ante el viento, y tras de sí no había quedado ningún rastro más que en la memoria de James y Lily, los dos igual de angustiados que él por lo que la repentina desaparición de Sirius podía significar.

—No puedes irte así sin más, Sirius —masculló Remus con la voz gruesa y los ojos picándole por lágrimas que se negaba a derramar—. Todavía no he podido pagarte el almuerzo, y... No quiero pensar que esos fueron nuestros primeros y últimos besos. Ni siquiera sabía que tenías un mejor amigo, y que lo llamas Prongs igual que él a ti Padfoot. Yo también podría llamarte Padfoot si quisieras... Padfoot.

Un repentino escalofrío recorrió la espalda de Remus, y de pronto se encontró éste a Sirius recostado a su lado. No tenía presencia, ni tampoco hundía su peso el colchón, pero sus dedos acariciaron el dorso de la mano de Remus.

—Otra vez —pidió éste, y Remus se sorbió la nariz.

—Padfoot.

—Tendré que buscarte un apodo... Uno que te haga justicia... Porque estaba perdido y te encontré... Era fácil seguir tu luz.

—No soy la estrella polar para ti —dijo Remus con sorna, de pronto aliviado porque Sirius estaba de vuelta que pudo pasar por alto lo extraño de su situación.

—En ese caso serás la luna. Moony.

—Oh Diox... En verdad lo hiciste —dijo Remus, y volvió a sonarse la nariz con más fuerza—. Debes jurarme que no volverás a hacer algo como lo de antes. Desaparecer sin más y... Sólo hazlo, ¿sí?

—Lo juro —dijo Sirius, a tiempo para que alguien tocara a la puerta de Remus y se revelara como Lily.

—¿Remus, puedo pasar?

—Adelante.

Lily abrió la puerta, y si se sorprendió de verlos a él y a Sirius en la cama no lo dejó entrever. En cambio exhaló un suspiro de alivio.

—Menos mal que lo has hecho volver. Escucha, James y yo hemos llamado a cada número en la lista y... —La pausa dramática no fue tal, pero a oídos de Remus, se alargó una infinidad—. No hemos podido localizar a Sirius por ningún lado.

—¿Entonces...?

—Hay una posibilidad de que nunca haya estado hospitalizado... O que no se encuentre en un hospital. Sé que suena demasiado increíble para ser cierto, pero James tiene la sospecha de que esto tiene que ver con la familia de Sirius, que ellos están involucrados de alguna manera y que es esa línea de investigación la que debemos de seguir.

—¿Porque mencionó a su madre?

—Eso y porque mencionó el nombre de su hermano menor.

—Reg —suplió Sirius el nombre—. Regulus.

—¿Tienes un hermano menor? —Preguntó Remus, y Sirius se lo confirmó con un asentimiento—. Ok.

—James quiere hablar contigo. Con ambos —dijo Lily, y salió de la habitación dejando la puerta abierta.

En vista de que no tenían más opción porque se habían topado con un muro inquebrantable, Remus se levantó de su cama y Sirius le siguió de vuelta a la cocina, donde el cabello de James había alcanzado proporciones terroríficas de desorden y éste golpeteaba sin parar con su bolígrafo la hoja en la que antes tachara números.

—Tengo un plan —dijo James apenas Remus y Sirius ocuparon sus asientos de antes—, pero necesito de su colaboración.

James clavó sus ojos en los de Remus, y éste le sostuvo la mirada sin problemas. —Bien. ¿De qué se trata?

Punto por punto, James se lo explicó.

 

En un punto de su historia familiar, Sirius y Regulus habían sido cercanos.

Era lo que sucedía cuando en un hogar sin apenas afecto dos niños se necesitan mutuamente para proveerse el uno al otro del mínimo de cariño. Sirius era mayor por poco menos que dos años, pero desde muy pequeño adoptó para Regulus el papel de hermano mayor. Siempre dispuesto a asumir las culpas por él, y también los castigos que Madre o Padre decidieran infligirle.

La primera grieta en su relación apareció al marcharse Sirius al internado, y aunque al año siguiente Regulus se le unió, el que quedaran en casas diferentes (muy para disgustos de su familia, Sirius era el primero en no pertenecer a Slytherin en muchas generaciones de Blacks que asistían a Hogwarts) la brecha entre ellos dos se ensanchó.

La situación en casa tampoco ayudó. Verano a verano, Sirius demostró tener en sí una veta rebelde de la que sus padres no pudieron deshacerse al intentar adoctrinarlo con sus ideas o con castigos corporales, y a los dieciséis tuvo Sirius suficiente y se marchó de casa. Por una temporada estuvo hospedado con los Potter mientras decidía qué camino tomar con su vida cuando su ausente tío Alphard, hermano mayor de Madre, acudió a su lado para prestarle ayuda.

Gracias a su intervención, Sirius contó con un estipendio mensual razonable, y a cambio le demostró a su tío que su inversión no caía en saco roto al graduarse con honores y después estudiar en una prestigiosa universidad de Londres.

En apariencia, Sirius había conseguido ser más que el apellido Black que tanto lo había atormentado al crecer, y su único arrepentimiento había sido no salir de casa y llevarse consigo a Regulus, que creció en compañía de sus padres y estaba con ellos en sus ideas retrógradas acerca de las ventajas inherentes que creían merecer por su mera pertenencia a la familia.

Todo eso le explicó James a Remus mientras éste escuchaba atento y Sirius a su lado se mostraba taciturno y ajeno a la conversación.

—Yo estuve en el piso de Sirius —dijo James—, y faltan algunas de sus cosas. Ropa, una maleta, no estaba su móvil. Todo da la impresión de que se ha marchado, pero cuanto más lo pienso... Sirius no salía a ningún lado sin su chaqueta de cuero, y esa la encontré en el respaldo de su escritorio. Faltaba un cepillo de dientes, pero era el mío cuando estaba de visita, no el suyo. Además, nada ahí daba la impresión de que se hubiera marchado en realidad. No a África o lo que sea.

—James cree que ha habido juego sucio —suplió Lily, que de nueva cuenta traía la tetera y suficiente cafeína en la forma de té como para provocarles a todos temblores.

—¿Crees que la familia de Sirius lo ha...? —Remus se vio incapaz de completar la frase porque la mera idea le horrorizaba incluso si después de haber escuchado de los Black no le sorprendía del todo.

—Pienso que el menor de sus crímenes sería el secuestro. En cuanto a... atentar contra la vida de Sirius, no sé. Los creo capaces, pero no sé —enfatizó James, pasándose los dedos por el cabello y dejándoselo más de punta—. Mira, sé que son acusaciones grandes, enormes, pero... No los conoces como yo. Los Black no están acostumbrados a no salirse con la suya, y Sirius había sido siempre la excepción a esa regla.

—Nunca fui el hijo perfecto, no como Reg —dijo Sirius de pronto, la vista desenfocada y un tanto alelado.

—E incluso así... —Dijo James en tono conspiratorio, inclinándose al frente sobre la mesa—. Regulus es nuestra mejor opción si es que queremos tener la menor oportunidad de contar con noticias de Sirius. Por regla, debe estar enterado de algo. Bastará ver sus reacciones para saber si debemos intervenir en serio.

—En serio —rió Sirius de pronto, apenas un ruidito—. Porque... Sirius. —Y volvió a reír.

James puso los ojos en blanco, pero había humor en su expresión. —Al menos sé que Sirius no ha perdido afición a su broma favorita.

 

James se marchó ya tarde del piso de Remus y Lily, y éste tuvo sospechas de que al menos en una pequeña porción su estancia se debía a su pelirroja amiga. Era obvio que entre ellos dos había saltado una chispa de atracción que sólo fue creciendo por la imperiosa necesidad de conectar y ser íntimos debido a la situación en la que todos ellos se encontraban empantanados hasta el cuello. Remus suponía que una vez que todo eso terminara ellos dos tomarían caminos distintos, o... Podrían intentar dar un paso juntos en la misma dirección, pero su futuro inmediato era todavía demasiado incierto para hacer conjeturas.

—Creo que estoy enamorada —suspiró Lily apenas estuvieron ellos dos a solas. O mejor dicho, ellos tres, porque de pronto Lily recordó a Sirius y le advirtió—: Ni una palabra a James, Sirius.

—Ni una palabra —prometió Sirius—. Seré como una tumba.

—Ugh —expresó Remus su desagrado por aquella frase—. Qué terrible manera de decirlo.

—¿Y acaso hay otra mejor? No es momento para irse por las ramas con sensibilidades —dijo Lily, que estaba recogiendo de la mesa las distintas tazas que se había acumulado a lo largo del día, además del platón en el que había colocado un par de bísquets y la cuchara pegajosa de mermelada con la que los habían untado.

Luego de una tarde que se prolongó hasta la noche trazando un plan de acción en el que a la tarde siguiente buscarían a Regulus Black y lo confrontarían en búsqueda de información acerca del paradero de su hermano, ya fuera por las buenas o a las malas si tenían que llegar a eso, y la enormidad de su acción los había orillado a buscar consuelo en el dulce.

Remus se unió a Lily en la cocina lavando los trastes sucios mientras ella los secaba y Sirius les hacía silenciosa compañía.

—¿Crees que funcionará? —Preguntó Remus a nadie en particular, sólo expresando sus preocupaciones en voz alta, pero algo en su tono alertó a Lily, que dejó la taza y el trapo para secar, y lo abrazó.

—¿Honestamente? No lo sé, Remus... Si la mitad de lo que James nos ha contado de los Black es cierto, sin ánimo de ofender, Sirius, pero... Todo esto puede llegar a ser peligroso.

—También, si la mitad de lo que nos contó de Regulus es verdad, entonces puede que tengamos todavía una oportunidad. Son hermanos, eran cercanos. Algo tiene que quedar de eso... ¿No? Tenemos esperanza, por pequeña que sea.

Lily apretó los labios. —No soy yo a quien deberías hacerle esa pregunta. Recuerda a Tuney...

Remus exhaló con pesadez, porque si quería pruebas de lo mal que podía fracturarse una relación cercana entre hermanos, tenía a Lily como el peor ejemplo. Ella y su hermana Petunia habían sido muy unidas hasta que Lily demostró tener mejor habilidades que ella para el colegio, y gracias a su inteligencia consiguió ganarse una beca en un prestigiado colegio. Eso bastó para que Tuney se distanciara y se convirtiera en Petunia, rompiendo así el lazo que las unía y del que hasta la fecha todavía no podían reponerse.

—Lo siento —murmuró Lily al separarse de Remus, y con discreción limpiarse las esquinas de los ojos—. Estoy segura que mañana tendremos mejor suerte que hoy con este asunto. En este caso no hablamos de celos estúpidos sino de un asunto de vida o muerte. Regulus no puede ser tan terrible... ¿Cierto?

Pero ni Remus tenía una respuesta, y en cambio Sirius...

Sirius cruzó el muro que dividía el pasillo de la habitación de Remus y se refugió ahí dentro sin mediar palabra alguna.

 

—Sirius...

—¿Sí, Moony?

—¿Recuerdas a Regulus? —Una pausa—. Algo. Lo que sea de él.

—Es mi hermano menor. Eso... suena correcto —dijo Sirius, tendido de costado en la estrecha cama de Remus, una copia perfecta de espejo de su posición.

—Pero... ¿No hay algo más que recuerdes de él? Cualquier dato que me haga más fácil acercarme a él mañana.

—No —fue la rotunda respuesta de Sirius, que entrecerró los ojos—. Ni siquiera puedo recordar su rostro. Sólo su nombre.

—Antes... —Remus se humedeció los labios—. Lo llamaste Reggie...

Las líneas de expresión en el rostro de Sirius se suavizaron hasta casi desaparecer. —Reggie...

—¿Te suena de algo entonces?

—Sí. No. Es confuso. Es correcto, aquí —murmuró Sirius al tocarse el sitio donde debería estar latiendo su corazón y en su lugar sólo había brumas—. Él es mi hermano menor, y siempre tuvo miedo de demostrar su valentía, pero quizá... Quizá ahora...

El sueño pareció apoderarse de Sirius, y en pánico buscó Remus su mano hasta sentir el tacto de sus dedos. No tan tibios, no tan firmes como los recordaba, pero estaban ahí, y eran la prueba de que en algún lugar el verdadero Sirius Orion Black seguía con vida.

A esa esperanza se aferraba Remus, que no tardó mucho en seguirle y también quedarse dormido.

El cansancio acumulado por fin hizo mella en él.

 

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