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Bravado

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“El aburrimiento es solo el reverso de la fascinación: ambos dependen de estar fuera y no dentro de una situación, y uno lleva a la otra.” Arthur Schopenhauer.



Lilith no esperaba mucho de Greendale. Era un pequeño pueblo en el que no hubiera reparado nunca si su esposo no hubiera decidido que se mudarían allí. Ella no acababa de comprender que pretendía Lucifer al arrastrarlos al lugar, pero lo siguió de todas formas, viéndose obligada a alejarse de su trabajo, lo que más amaba hacer, en Greendale no había mucha demanda para una abogada así que ahora estaba atrapada y convertida en una especie de ama de casa que nunca había querido ser.

Comparándolo con la ciudad que nunca dormía, Greendale parecía casi monótono, casi, porque había algo ahí, una especie de magia en el aire, un encanto que no te permitía odiarlo completamente.

Sin embargo el lugar seguía siendo terriblemente aburrido, no es que Lilith no se aburriera en la ciudad, pero cuando vivía allá siempre encontraba una forma de distraerse, la mayoría de las veces la distracción venía en forma de una mujer con sonrisa bonita y cuerpo cálido, pero en Greendale eso no era una opción, las mujeres que habitaban el pueblo estaban casadas o eran demasiado heterosexuales, entonces no, el sexo ya no era una opción viable para distraerse; eso solo le dejaba el pequeño cine del pueblo, en la primera semana que Lilith vivió ahí decidió salir a explorar, así fue como descubrió el establecimiento que acostumbraba a pasar películas de horror todos los viernes, ella no se había perdido ni una función.

Entre idas al cine y vigilar el proyecto de restauración de su nueva casa había pasado un mes, y justo cuando Lilith se había resignado a no esperar mucho más del pequeño pueblo, se sorprendió mucho al encontrarse con que uno de sus habitantes era cierta mujer intrigante de cabello rojo. Si estuviera en la ciudad, ella no se hubiera molestado en darle una segunda mirada, o eso se decía. Sin embargo estaban en Greendale y Zelda Blackwood parecía ser la cosa más interesante del lugar.

Había algo en la actitud siempre correcta y estricta de la pelirroja que motivaba a Lilith a sacarla de sus casillas, era divertido ver cómo Zelda Blackwood se sumía en indignación cuando hacía un comentario particularmente molesto. Lograr que las mejillas de la mujer se pusieran rojas de vergüenza, enojo, o una combinación de ambas, la dejaba con una sensación que se acercaba un poco a la satisfacción de ganar un caso, un sentimiento de victoria que la llenaba de júbilo. Era muy posible que lograr molestar a la querida señora Blackwood en cada uno de sus encuentros futuros se acabaría convirtiendo en una de sus actividades de ocio favoritas. No era culpa de Lilith, ella solo estaba aburrida

“Señora Morningstar.” la voz de Sabrina llamó su atención, sacándola de sus pensamientos.

“¿Sí?”

“Quería pedirle un favor.”

“¿Qué puedo hacer por ti?” preguntó Lilith tomando un sorbo de su malteada de fresa, punto para Greendale y sus malteadas tan deliciosas.

“Mis amigas y yo... Bueno estamos tratando de fundar un club de mujeres en mi escuela, un club donde nos podamos sentir seguras y nos apoyemos en contra de las acciones injustas.“

Lilith asintió incitando a la adolescente a seguir.

“El problema es el director de la escuela, no nos permite crear el grupo, él es...”

“¿Machista? ¿Retrógrada? ¿Anticuado?” preguntó la mujer mayor.

“Digamos que un poco de las tres.” respondió Sabrina con una sonrisa.

“Bueno, es un hombre querida. No debería sorprenderte. Sin embargo aún no comprendo que puedo hacer.”

“Es abogada.”

“Una demanda suena bastante drástica, aunque si es lo que deseas...”

“Estaba pensando más en algo como la intimidación.” Lilith no pudo evitar levantar una ceja. “Estoy segura de que lo que está haciendo no es legal señora Morningstar, leí el reglamento de la escuela y está cometiendo un grave atentado contra la libertad de expresión pero él no me va a escuchar.”

“¿Por qué no te escucharía?”

“Porque soy menor de edad.”

“Nunca subestimes tu poder Sabrina.” dando otro sorbo a su bebida, Lilith continúo. “Puedo entender tu preocupación querida, por qué no me envías una copia del reglamento de tu escuela y me aseguraré de pasar por ahí para hablar con el director. ¿Cómo se llama?”

“Hawthorne.”

“Me aseguraré de hablar con ese hombre para que tu club pueda convertirse en una realidad.”

“¿De verdad?”

“De verdad.”

“Gracias, las chicas estarán muy felices.”

Lilith le dirigió una media sonrisa a la chica, la verdad es que no le resultaba tan desagradable en comparación al resto de adolescentes que conocía. La mirada de Lilith se detuvo en el paquete con un moño sobre la mesa que la tía de la rubia había dejado hacía una hora atrás.

“Sabrina. ¿Tu tía siempre es tan...?”

“¿Dura, fría, emocionalmente distante?”

Lilith se sorprendió por el repentino arrebato de la adolescente frente a ella.

“Iba a decir que siempre parece estar a la defensiva.”

“Oh... sí eso también.”

“¿No quieres a tu tía Sabrina?” preguntó interesada.

“Claro que la quiero, era mi tía favorita, pero entonces se casó.”

“Ya veo...”

“Ella cambió cuando se casó.” continuó Sabrina. “No es que antes la viéramos mucho, siempre estaba viajando pero cuando regresaba a casa era cariñosa, y pasaba todo el tiempo que pudiera con nosotros.”

“Me parece que es natural que una mujer cambie un poco al casarse, se adquieren nuevas prioridades y...”

“Esto es diferente.” interrumpió Sabrina negando con la cabeza. “Ella comenzó a vivir aquí en Greendale pero la vemos aún menos que cuando viajaba. Aun así ella paga la escuela de Ambrose, mi primo, y envía dinero cada mes para los gastos de la casa donde vivimos. La tía Hilda dice que debemos entenderla, estar casada con un hombre como Faustus Blackwood no es trabajo fácil.” la forma en que la rubia pronunció el nombre de Faustus provocó que una ceja de Lilith se alzara con curiosidad.

“Parece que no te agrada.”

“No me agrada en absoluto.” dijo Sabrina. “Es horrible, anticuado, grosero, desagradable, no comprendo qué ve tía Zelda en él...” Sabrina la miró como si recién se diera cuenta que estaba allí y disminuyó el tono de su voz considerablemente. “Como sea, siempre que la veo solo peleamos. Ya lo vio señora Morningstar.” la rubia señaló el regalo sobre la mesa.

Lilith sonrió a medias y apretó su mano.

“Llámame Lilith.”


Lilith odiaba ser anfitriona, aun así tuvo que organizar la primera reunión que se celebró en su nueva casa debido a la incapacidad que tenía Lucifer para hacer cualquier cosa que no fueran negocios turbios. Para su buena suerte, la segunda velada a la que se vio obligada a asistir no fue en su casa, no pudo evitar sentirse aliviada ya que no tendría que vigilar que todo saliera perfecto, ese no era su fuerte, ella trabajaba mejor con el caos.

Así que el viernes por la noche se puso uno de sus vestidos favoritos, negro evidentemente, y subió al auto de su esposo que los llevó a una casa que se encontraba justo a la orilla del bosque, hubiera parecido tenebrosa si no fuera por las lámparas iluminando el camino hasta la puerta de entrada. Lilith no pudo evitar sentirse abrumada por el salón ostentoso que la recibió, había muchas pinturas y retratos en las paredes, tantos que hacían imposible fijarse en uno solo, la lámpara de araña en el techo reforzó la idea de que había viajado cuatro siglos atrás.

No era sorprendente que en cuanto Lucifer abandonó su lado para ir a charlar con otras personas un grupo de hombres la rodeó, dejándola en el centro mientras todos peleaban por encender el próximo cigarrillo que sacara de su bolso.
Lilith no se avergonzaba en admitir que le gustaba ser el centro de atención, si la gente no la miraba por su ropa la miraba por su actitud, se había acostumbrado a que todo en ella gritara: Mírame.
Pero estas personas a su alrededor la estaban cansando, ninguno de ellos era divertido en absoluto, todos parecían ansiosos por sorprenderla.
Un hombre cuyo nombre había olvidado estaba en medio de una aburrida historia a la que no ponía atención cuando alcanzó a ver en la distancia un destello de cabello rojo, con una sonrisa Lilith se despidió de su compañía para seguir a la dueña del cabello.

Sus pasos la llevaron al patio de atrás, era considerablemente grande y sorprendentemente lleno de vegetación, una valla de madera era lo único que separaba el lugar del espeso bosque cuyos árboles se alzaban grandes e imponentes. La luz de la luna era la única iluminación que tenían, dando una sensación extraña, como mágica. Zelda Blackwood estaba sentada en las escaleras frente a la puerta por la cual Lilith acababa de salir.

“Bueno, bueno. ¿Qué tenemos aquí?” dijo Lilith.

“Señora Morningstar.” saludó Zelda mientras fumaba.

“Cualquiera diría que te estás escondiendo” comentó sentándose a su lado y mirando como una lechuza pasaba revoloteando entre los árboles.

“Cualquiera diría que me está siguiendo”

“Ahora mi querida Zelda. ¿Por qué haría eso?”

“Lo mismo me pregunto yo, parecía estar felizmente acompañada ahí dentro.”

“¿Son celos lo que oigo?”

Zelda soltó una profunda y ronca carcajada que dejo a Lilith mirando embelesada unos segundos.

“Eso desea.” Zelda levantó la mirada hacia la luna.

“Tu casa es encantadora.”

“Lo único que ha visto es el salón.”

Sonriendo malévolamente Lilith se acercó a Zelda y susurró en su oído.

“Me encantaría ver el resto.”

La pelirroja saltó sorprendida y miró a Lilith con las mejillas ligeramente rojas.

“¿Qué demonios significa eso señora Morningstar?”

“Me encantaría ver el resto de tu casa querida Zelda.” Lilith respondió levantándose y sacudiendo el polvo inexistente en su vestido.

“¿Y qué le hace pensar que le mostraré el resto... de mi casa?” preguntó Zelda mirándola fijamente.

“Vamos Zelda, yo te mostré la mía. ¿No es justo que tú hagas lo mismo?”

“No recuerdo el momento exacto en que le pedí que lo hiciera señora Morningstar.” respondió Zelda sin moverse de su lugar. “Me quedaré aquí.”

“Bien.” Lilith se sentó de nuevo.

“Dígame. ¿Tiene alguna clase de fetiche con perturbar la tranquilidad de la gente señora Mornings...”

“¿Alguna vez me llamarás Lilith?” interrumpió la otra mujer.

“¿Alguna vez me dejará de molestar?”

Lilith sonrió y le guiñó un ojo.

“Jaque mate.”

Zelda suspiró y volvió a mirar hacia el bosque, parecía dispuesta a ignorarla todo lo que pudiera. La pelirroja llevaba puesto un vestido azul oscuro, casi negro, y su piel brillaba fantasmagóricamente bajo la luz de la luna. Solo se habían visto en tres ocasiones pero Lilith ya podía decir que Zelda tenía un placer particular en vestirse como una mujer de una película antigua, aparentemente también le gustaba comportarse como una. No debería sorprenderla dada la tendencia que tenía Greendale a parecer estar atrapado en el tiempo, tal vez Lilith se comenzaría a vestir igual pronto, no pudo evitar hacer una mueca de disgusto.

“¿Perdió algo?” le preguntó Zelda.

“¿Perdón?”

“Me está mirando fijamente, con disgusto. Créame, yo me siento igual por usted pero soy educada y lo disimulo.”

“Créeme Zelda, lo último que me causas es disgusto.” respondió Lilith sin ofenderse por el insulto. “Es monótono este pueblo. ¿Qué se supone que hace aquí la gente para divertirse?”

“Algunos trabajamos.” comentó Zelda sin darle importancia. “Lamento que estar todo el día descansando resulte aburrido para usted.”

“Por increíble que parezca prefiero trabajar.”

“Vuelva a Nueva York si le aburre tanto estar aquí.”

“Nada me gustaría más.”

“Honestamente señora Morningstar, creo recordar que tiene una biblioteca más grande que la del pueblo y me está diciendo que se aburre.” Zelda bufó.

“He leído todos los libros de esa biblioteca.”

Zelda soltó una carcajada burlona.

“Imposible.”

“¿Por qué tendría una biblioteca con libros que no he leído?”

“Entonces debería conseguir más libros.”

“Zelda, los libros pueden llegar a ser tediosos.”

“Ya veo.” Zelda se levantó y sacudió su falda. “A mí me parecen más interesantes que las personas. La veré después señora Morningstar.”

Y así la pelirroja la dejó sola bajo la luz de la luna.


Lilith estaba aburrida, no podían culparla por aceptar cualquier método de distracción que le ofrecieran, por eso el Lunes por la mañana se puso su mejor traje, digno de una abogada mortífera y se dirigió a la escuela de Sabrina para hablar con el director que no la dejaba fundar su club.
La secretaria, una mujer que parecía estar al borde del colapso, la hizo esperar media hora hasta dejarla pasar.

En cuanto Lilith vio al director Hawthorne entendió a qué se refería Sabrina, de hecho “difícil” no le parecía la mejor palabra para describirlo, probablemente cerdo quedaba mejor.
El hombre no había dejado de mirarla de arriba a abajo con una expresión asquerosa, tenía la sensación de que ni siquiera la estaba escuchando. ¿Cómo podían permitir que un hombre así fuera director de una escuela?
Harta de que todo lo que dijera fuera desechado en favor de invitaciones nada discretas a cenar, Lilith se levantó y miró con seriedad al hombre frente a ella.

“Por tercera vez, sí estoy casada y no, no voy a salir a cenar con usted. Ahora, si sigue negándose a permitir a Sabrina Spellman fundar su club, incluso con la amenaza de una demanda, tengo formas mucho más efectivas de convencerlo.” Lilith se sentó en el escritorio y miró al hombre que parecía temblar de la emoción.

“Dígame director. ¿Sabe cuántas formas efectivas existen para borrar de la existencia a una persona sin que nadie se entere?”

“¿Física o metafóricamente?” preguntó el hombre con una sonrisa.

Lilith le devolvió la sonrisa fríamente

“Conozco personas que pueden ocultar cuerpos para nunca ser vueltos a ver, físicamente hablando en caso de que no le haya quedado claro.”

“¿Es eso una amenaza?” preguntó el director enderezándose rápidamente.

“¿Una amenaza?” Lilith preguntó inocentemente mientras tocaba su pecho. “No. Una amenaza seria algo más como esto: Si no permite a Sabrina fundar su club puedo eliminarlo solo con hacer una llamada. Física y metafóricamente hablando.” Lilith concluyó, su voz aunque tranquila tenía un tono amenazante dejando al hombre frente a ella hecho un desastre tartamudo que le prometió que el club se inauguraría de inmediato. 

Más tarde ese mismo día Lilith se encontró tocando la puerta de la casa Spellman dispuesta a compartir su triunfo con Sabrina. Una mujer rubia de cabello corto le abrió la puerta sonriéndole amablemente.

“¿Qué puedo hacer por ti amor?”

“Hola, soy Lilith Morningstar. ¿Se encuentra Sabrina?” un destello de reconocimiento paso por los ojos de la otra mujer.

“Soy Hilda y ¡Tú debes ser Lilith!”

“Eso acabo de decir...” comentó Lilith confundida.

“Pasa amor.” la mujer la tomó del brazo y la hizo entrar en la casa. “Sabrina no ha parado de hablar de ti.”

Era la primera vez que entraba a la casa de Sabrina, no le sorprendió en absoluto que parecía tan atrapada en el tiempo como el resto de Greendale. Todo era de madera, había una gran escalera frente a ella que seguramente llevaba a las habitaciones, en general la casa daba una sensación de... calidez.

“¡Lilith!” Sabrina exclamó saliendo por una puerta, sorprendiéndola. “¡Gracias!”

La adolescente le dio un abrazo repentino que dejó a la mujer que no estaba acostumbrada al afecto físico en un estado de shock momentáneo. Lentamente comenzó a darle palmaditas en la espalda.

“De nada, de nada.” comenzó Lilith.

“Señora Morningstar.” una nueva voz se unió a la conversación. Zelda Blackwood estaba apoyada en una pared dirigiéndole su mirada más mortal y fumando un cigarrillo de ese extraño artefacto que usaba en su dedo índice.

“Zelda.” saludó Lilith.

Una especie de batalla de miradas se comenzó a disputar entre las dos mujeres. Zelda parecía enojada, Lilith imaginaba que tenía que ver con el hecho de que se había presentado en la casa de su familia, sin invitación ni aviso previo. Demasiado tarde para arrepentirse. El rellano de la casa se sumió en un silencio que comenzaba a ser tenso.

“Uh…” comenzó Hilda. “¿Por qué no pasa al salón señora Morningstar?”

Lilith miró una última vez a Zelda antes de centrar su atención en Hilda.

“Es Lilith querida.” le dirigió una sonrisa. “En realidad sólo venía a ver cómo habían salido las cosas con el club de Sabrina, parece que bastante bien.”

Sabrina tomó a Lilith por el brazo y la llevó a lo que debía ser la sala de estar, había una gran chimenea que estaba apagada y un sofá de aspecto antiguo en el que tomaron asiento. Solo Zelda las siguió, sentándose frente a Sabrina y Lilith, sin dejar de taladrar a la última con sus ojos duramente.

“¿Qué hiciste Lilith?” preguntó Sabrina.

“Lilith.” repitió Zelda en apenas un susurro.

“Lo que me pediste cariño, hablé con él.” respondió ella ignorando a la pelirroja.

“Parece que hiciste más que hablar con el Lilith. Estaba asustado.”

Lilith soltó una carcajada.

“¿Qué clase de abogada sería si no causara un poco de miedo?” le guiñó un ojo conspirativamente. “Además tu director es una persona bastante desagradable.”

“¿Qué hizo?”

“Me invitó a cenar, más de una vez, créeme cariño, se merecía lo que le dije.” Sabrina y Lilith no pudieron evitar soltar una carcajada.

“Lamento interrumpir su diversión pero me gustaría saber de qué están hablando, Sabrina.” dijo Zelda en un tono de voz tan tranquilo que daba escalofríos.

“Lilith me ayudó a fundar el primer club exclusivo de mujeres en mi escuela.”

“Oh cariño me estás dando demasiado crédito.” comentó Lilith tomando la mano de Sabrina. “Tú eres la mente maestra detrás de todo.”

Lilith dirigió su mirada a Zelda pero se encontró con que los ojos de la pelirroja ya miraban la mano de Sabrina entre las suyas echando chispas. Lilith se apresuró a soltarla.

Hilda regresó en ese momento dejando una gran bandeja con galletas frente a ella.

“Sabrina, necesito tu ayuda en la cocina.” comentó Hilda. “Traeremos té para la señora Morningstar”

“Oh, eso no será necesario, ya me iba...”

“Al contrario, quédate por un té.” dijo Zelda con una voz fría. “Insisto.”

No pudo evitar mirar a Zelda confundida. Lilith era una mujer que nunca se ponían nerviosa ni retrocedía ante un reto pero la mirada que la otra mujer le estaba dirigiendo casi la hacía removerse incómoda en su asiento, casi.
Hilda y Sabrina se apresuraron a salir. Zelda en cambio se levantó y se puso justo en frente de Lilith que tuvo que inclinar su cabeza para poder ver la cara de la pelirroja. 

“Me preguntaba señora Morningstar. ¿Cuáles son sus intenciones con Sabrina?”

“¿Intenciones?” preguntó Lilith.

“Intenciones.” repitió Zelda. “Tomando su mano, saliendo con ella, tratándola tan casualmente...”

“Bueno...”

“No pude evitar que un rumor llegara a mí, señora Morningstar.” la interrumpió Zelda. “Naturalmente no presté atención pero debo admitir que estoy comenzando a dudar.”

“¿Qué clase de rumor?”

“La clase de rumor que asegura que engañas a tu marido.” Lilith no pudo evitar reír secamente.

“Zelda, yo no...”

“Honestamente no me importa si lo haces o no, lo que me preocupa es la segunda parte del rumor.” Lilith levantó una ceja. “Aparentemente no solo engañas a tu marido, sino que lo haces con mujeres. Así que te lo preguntaré una vez más.” empujando las galletas a un lado Zelda se sentó en la mesa frente a ella haciéndolas quedar a la misma altura. “¿Cuáles son tus intenciones con mi sobrina, Lilith?”

Sin darse cuenta Zelda se estaba acercando peligrosamente a la cara de la mujer frente a ella, Lilith hubiera permitido encantada que continuara recortando la distancia pero la gran carcajada que soltó detuvo el avance. Zelda la miró frunciendo el ceño, comenzando a ponerse roja de ira.

“Mi querida Zelda, no voy a negar nada.” comenzó Lilith secándose las lágrimas. “Sin embargo déjame aclararte una cosa: no me gusta perseguir adolescentes para después meterlas a mi cama.” comentó acercándose a Zelda que intentó retroceder pero no tenía lugar a donde ir al menos que decidiera saltar la mesa de una forma muy poco digna. “Me gusta perseguir mujeres...” Lilith se aseguró de que su boca quedara a solo centímetros de la de la pelirroja que no pudo hacer nada para evitar que sus ojos miraran fijamente los labios rojos. “...para luego meterlas a mi cama.” susurró Lilith finalmente.

Zelda parecía haber entrado en un estado de petrificación absoluta porque no se movió, ni parpadeó, sus ojos seguían mirando fijamente los labios de Lilith y su piel cada vez se sonrojaba más.

“¡Alguien quiere té!” entró exclamando Hilda. Las dos mujeres saltaron y se separaron con una rapidez sospechosa.

Zelda se apresuró a dar la espalda a todo el mundo, probablemente para evitar que alguien notara el enrojecimiento de sus mejillas.

“Que amable eres Hilda.” comentó Lilith con la voz un poco más ronca de lo normal. Carraspeó intentando recuperar su timbre natural y tomó una galleta frente a ella. “¿Tu hiciste las galletas?”

“Sí.”

“Son deliciosas.” dijo mordiendo una. “Sí, muy buenas.”

“¿Tu cocinas Lilith?” preguntó Sabrina.

“Solo cuando es absolutamente necesario, aunque debo admitir que tengo una debilidad por cocinar postres.”

“¿Té, Zelds?” le preguntó Hilda a su hermana que por fin decidió voltear.

“No.” respondió volviéndose a sentar en el sillón frente a ellas, convenientemente sus ojos no se fijaron en Lilith ni un momento.

“La tía Zelda no puede cocinar, ella quema todo.” comentó Sabrina.

“¡Sabrina!” exclamó Zelda.

Sabrina se encogió de hombros y sonrió.

“Muchas gracias por tu ayuda Lilith, te invitaré a una reunión del grupo cuando tengamos más miembros.”

“Iré con gusto querida.”

Sabrina le dirigió una sonrisa y se levantó.

“Me tengo que ir, Nick me invitó a comer.”

“Diviértanse.” le dijo Lilith guiñando un ojo.

“Sabrina Spellman.” comenzó Zelda. “Te avisé que venía específicamente para pasar tiempo contigo y tú te vas a ir con... tu amigo.”

“Es mi novio tía, y lo lamento pero no pude cancelar. Tal vez nos podremos ver otro día, cuando puedas volver a hacerme espacio en tu ocupada agenda.”

“Sabrina....” advirtió Hilda.

“Adiós tías. Adiós Lilith, tal vez la próxima semana podamos ir al cine.”

Zelda hizo un sonido de incredulidad al oír lo último, Lilith volteó a verla pero ella parecía estar tan compuesta como antes. Entonces tomó una decisión.

“Claro que sí Sabrina, y podemos invitar a tu tía Zelda también.”

La adolescente se quedó quieta por un segundo antes de asentir con la cabeza a Lilith que la miraba con una sonrisa confiada.

“Sí, bueno… Supongo que te llamaré para avisarte el día tía.”

Con esto la rubia se fue, Lilith bebió de su taza de té con inocencia y miró a Zelda, la mujer por fin devolvió la mirada, su expresión parecía estar divida entre la indignación y la gratitud. 
Bueno, tal vez la estadía de Lilith en Greendale no sería tan aburrida después de todo.