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Strange twist.

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Pasos.

Es lo que se escuchaba revoloteando a su alrededor, cubría su boca con ambas manos, presionando fuertemente estas contra sus labios, luchaba contra los sollozos de terror que buscaban escapar de su persona, mientras tanto las lágrimas salían a mares de sus ojos. Oculto dentro de un armario, escuchando como las botas de su atacante se movían de un lado a otro en la gran sala del laboratorio. Algo de sangre salía de una pequeña herida abierta en su frente y escurría por su rostro, aquel líquido combinado con sus mismas lágrimas le causaban náuseas al igual que la idea de que estaba siendo acechado por quien se supone que era un compañero de clases. El chirriante sonido de una de las patas robóticas con las que lo intentó atacar antes arrastrándose en el suelo, en un victorioso intento de causarle temor a su víctima, el niño humano en su mente comenzó a rezarle a un Dios en el que jamás creyó antes, ahora implorando porque pudiera salir con vida de toda esta pesadilla.

De su boca solo pudo salir un grito en cuanto la puerta del armario fue arrancada con fiereza y un par de grandes ojos rosados inundados en una locura enfermiza lo escanearon lentamente, el grito fue corto porque su garganta fue desgarrada de un manotazo, porque el ser que lo había acorralado en el laboratorio de la escuela cuando no había nadie poseía unas filosas garras mortales que con gran facilidad destrozaron su garganta, haciendo que una gran cantidad de sangre saliera de la zona ahora abierta. Unos extraños sonidos guturales salían del humano que agonizaba en el mismo rincón donde había estado llorando minutos antes, satisfecha con esto, la criatura desapareció en la oscuridad de la noche sin dejar otro rastro que no fuera el cuerpo frío y ensangrentado de un infante humano.

Eso había pasado cinco años antes, llegando a ser una de las noticias más tocadas por un muy largo tiempo y uno de los misterios sin resolver que más le llamaban la atención a Dib Membrana. Con 15 años de edad estaba muy interesado en ese caso que había ocurrido en la ciudad vecina, un niño que había sufrido una horrenda muerte fue encontrado en la escuela que actualmente seguía cerrada por todos los padres de familia que sacaron a sus hijos de ahí, hundidos en miedo. No habían sospechosos. No habían evidencias que guiaran a alguien. Tampoco había una razón para que el niño fuera asesinado. Por eso era el caso que más terror generó en los pobladores. O eso se creía. Dib se describía a sí mismo como apasionado por su trabajo, siempre investigando hasta que llegara a la solución, por eso se metió de lleno a revisar todo lo que estuviera relacionado con este caso. La policía de su ciudad y la vecina era incompetente, lo sabía bien después de tantos roces con ellos, por lo que creía que era su deber el solucionar estas cosas. Quizás finalmente obtendría el crédito que merecía, y quizás así le creerían con todas las cosas que tenía para decirle al mundo.

Sin embargo, su plan se vio descaradamente pausado por la llegada de un nuevo chico a su salón de clases, era algo...extraño, así lo podía describir. Extranjero, gritando por todo, con mil y un alergias y piel muy pálida, casi llegando a ser de un tono verdoso, grandes ojos verdes y una obsesión por llevar guantes puestos para evitar ensuciarse las manos. Zim, ese era su nombre, y Dib aseguraba que era un extraterrestre con intenciones de conquistar su mundo. Y no se lo guardó, se lo gritó en la cara en cuanto tuvo la oportunidad, se ganó unos insultos de sus compañeros por comportarse de esa manera con alguien nuevo. Zim negó sus acusaciones indicando que se encontraba realmente ofendido, y así es como una rivalidad entre los dos nació, uno diciendo que el otro era un ser de otro mundo, y el otro llamándole loco por decir esas mentiras.

¿Cómo es que nadie podía darse cuenta de lo que estaba frente a sus narices? 

Toda la situación enfadaba a Dib, ¿por qué el mundo era tan ciego? ¿Tan ignorante? 

Una vez más él debía ser quien se ensuciaba las manos para arreglar las cosas y evitar la destrucción total de su mundo, llegando al punto de seguir con sigilo al de más baja estatura, tratando de descubrir que se traía entre manos, cuáles eran sus viles planes. Incontables veces intentó adentrarse a su casa de pesadilla para obtener pruebas suficientes, pero no las necesitaba, con lo que ya sabía de Zim era obvio que no se había equivocado en ningún momento. Solo faltaba acorralarlo para que confesara.

Ese día al finalizar las clases una vez más lo siguió, cosa que ya se había vuelto costumbre a ese punto. Ansioso, porque pronto podría desenmascarar a la asquerosa criatura que se escondía detrás de la sonrisa adorable del niño nuevo de la clase. El sol comenzaba a ocultarse con lentitud, la caminata de Zim hacia su casa también era lenta, haciendo más fácil su trabajo de seguirle el paso, hasta ese momento todo seguía normal, pero de pronto el otro empezó a correr, Dib no perdió el tiempo tratando de adivinar que era lo que planeaba y también empezó a correr detrás de él.

—¡Ya sé que me estás siguiendo Dib!—gritó el de vestimentas rosadas.

—¡Qué bien! ¡Así te preparas para lo que te espera!—exclamó sonriendo, aun cuando el aire le comenzaba a faltar y sus piernas ya se sentían cansadas por haber empezado a correr sin preparación alguna.

El error estúpido de Zim fue haber corrido de vuelta a la escuela donde ya no habían maestros o alumnos, saltando la reja que la rodeaba y dirigiéndose a la puerta trasera que siempre estaba abierta al no funcionar correctamente, o eso pensó Dib quien maldijo por lo bajo antes de trepar la misma reja con todo su esfuerzo y caer de pie al otro lado, su tobillo dolió, pero lo ignoró por completo y siguió su carrera en búsqueda de ese maldito alien que se escondía de él. Los pasillos estaban casi oscuros, el sol casi se ocultaba a su totalidad y en cuanto eso pasara le sería imposible encontrar a Zim, con lo escurridizo que este era y su pequeño tamaño le sería sencillo moverse entre la oscuridad sin ser notado. Dib acomodó sus lentes analizando sus alrededores, buscando alguna señal de hacia donde se había ido el otro, sintiéndose cada vez más desesperado que antes. Vagó unos minutos por el lugar, furioso al empezar a dar por hecho que Zim ya no se encontraba ahí, o al menos eso pensó unos minutos, porque pudo escuchar con claridad unos suaves pasos moverse cerca de su persona, deteniendo sus movimientos al instante para tratar de prestar mayor atención al tenue sonido, buscando su procedencia, años de perseguir extrañas criaturas le sirvieron demasiado puesto que logró interceptar de donde venían esas pisadas, inmediatamente sintió como su rostro se permitía dibujar una sonrisa, sus facciones causarían pavor a cualquiera que lo viera sonreír de una manera tan extraña. Dejó que su cuerpo se moviera en dirección a ese laboratorio donde tomaban sus prácticas de química y biología, donde esa misma mañana Zim había roto un instrumento y en medio del pánico culpó a Dib, y por supuesto, todos le creyeron al niño con esa jodida enfermedad de la piel. Le agradaba la idea de sacarle información para usar en su contra en ese mismo lugar donde le jodió el día. Sin poder esperar más abrió la puerta e ingresó a la sala, y sí, ahí estaba Zim, al parecer buscando donde esconderse.

—Ya no hay lugar al cual ir.

—¿Qué es lo que quieres de mí?—interrogó estando muy a la defensiva, tomando una escoba que se encontraba su lado para defenderse de cualquier cosa.

—¿No te das cuenta Zim? Estoy aquí para que me digas toda la verdad.—dicho esto sacó su famosa cámara para poder captar lo que estuviera por ocurrir.

—No sé de qué hablas.

—¡Deja de hacerte el tonto! ¿Es esto un juego para ti? ¡Vamos! ¿O tengo que hacer todo yo?

—¡No estoy jugando! ¡No sé de qué demonios hablas! Tú de verdad estás lo- ¡Ah!—se quejó del dolor porque Dib le había dado un puñetazo en el rostro.—¡¿Qué demonios Dib?!

—¡Solo muestra tu verdadera forma, bastardo!

Después de haber gritado aquello dejó la cámara en el suelo y se abalanzó encima de Zim quien solo le ordenaba que detuviera esa locura. Una vez más Dib le asestó un golpe, y otro, y otro, dejando al borde de la inconsciencia a Zim. Con la respiración agitada y feliz de que lo tenía casi inmovilizado se apuró a romper el cristal de la puerta que cubría los instrumentos de laboratorio y tomó cualquiera que se viera filoso, ni siquiera se detuvo a seleccionarlo con paciencia, tomó lo primero que encontró y se volvió a posicionar encima de las delgadas piernas del contrario para seguir evitando que se moviera, los ojos de Zim se encontraban viendo un punto perdido en la nada, aún tratando de volver en sí.

—No tienes idea de cuántas veces imaginé con esto, en mi cabeza era en un laboratorio más elegante, pero no importa, el resultado será el mismo.

Los ojos desorientados de Zim se abrieron abruptamente cuando Dib le levantó las prendas que le cubrían el torso, trató de inmediato detenerlo con sus manos pero fue inútil porque el primer corte que sintió fue demasiado profundo y solo pudo soltar un grito desgarrador y dar golpes a su agresor, dejando que de su boca salieran ruegos de piedad. De pronto su vientre ya se encontraba con una larga herida abierta y para Dib fue sencillo introducir una de sus manos al interior del supuesto extraterrestre que se removía de dolor debajo de él no sin antes darle una bofetada con su mano libre para que se callara, cosa que fue en vano porque el llanto desconsolado de Zim y sus quejidos continuaron. Virando sus ojos siguió con su labor, ahora deleitándose con la sensación en sus manos, ignorando por completo al otro que parecía estar ahogándose con algo, no le interesaba. En cuestión de segundos pudo inspeccionar sus órganos, comenzando a sentirse nervioso cuando no pudo encontrar nada fuera de lo normal, removió y sacudió todo lo que estuviera a su alcance, poniendo de cabeza el interior de un ahora Zim muerto, debía haber algo ¿No es verdad? Algo que no encajara con la anatomía humana, lo que fuera. Ahora víctima de su propio miedo y locura supo que era él quien se había equivocado todo este tiempo. Sacó sus manos, siguió sentado sobre el cuerpo que yacía inmóvil en el frío piso. Sus lentes tenían gotas de sangre, sus manos y ropa estaban llenas de esta, ahora solo había un pitido resonando en sus oídos y un escalofrío le recorrió la espalda.

—No... Debe haber algo... Yo lo sé. ¡Debe haber algo!—exclamó metiendo una vez más sus manos al vientre abierto de Zim tratando de encontrar cualquier cosa, por más mínima que fuera, algo debía encontrar, hecho un mar de lágrimas ahora, totalmente arrepentido de su error por haber sido tan ciego y estúpido.

 De repente se llevó sus manos ensangrentadas a su pálido rostro llenándolo de ese tono rojizo que ahora mismo detestaba completamente y dejó salir un grito, saltando lejos del cuerpo inerte de Zim.

—¡No! ¡Esto no es posible! Debe ser una pesadilla, sí, eso debe ser, solo eso. ¡No puede ser verdad!—se mintió tratando de calmarse, su visión comenzaba a volverse borrosa, de todas maneras pudo ver la cámara a su lado, debía deshacerse de ella de inmediato, debía hacer algo.

Se movió para intentar tomarla pero algo lo tomó del tobillo, clavando algo demasiado filoso de las puntas de sus dedos, y lo jaló hacia sí mismo. Giró como le fue posible y pudo conectar su mirada con una mirada brillante, dos grandes ojos rosas, piel verde y dos largas antenas en su cabeza. ¿Ya había enloquecido por completo? El pitido que anteriormente se había colado en su cavidad auditiva había sido reemplazado con una respiración agresiva que chocaba contra su mejilla a pesar de la lejanía que el ser tenía de esta. Todo había sido volteado en su contra ahora, primero mataba sin alguna pizca de piedad a uno de sus compañeros de clases por la obsesión que se dejó implantar y ahora se encontraba frente a frente con algo presuntamente peligroso que había llegado de la nada. ¿Qué quería? ¿Por qué había llegado?

—Debí haber sabido que ese inútil no podría contigo.—siseó el ser que seguía son soltarlo, viendo directamente a Zim.

—¿Qué eres?—pudo susurrar, temiendo de lo que esa extraña criatura le pudiera hacer. Estaba obligándose a ignorar el dolor que sus garras clavadas en su piel le causaban, cosa que no era tan complicada al centrar toda su atención en esa mirada hipnotizante.

—Yo, querido Dib, soy el verdadero Zim, aquel que acabas de asesinar con tus propias manos era la carnada para traerte a mí.

—¿De qué hablas? ¡¿Qué significa todo esto?!

—Significa que todo este tiempo siempre estuve un paso adelante, humano asqueroso.—le susurró muy cerca de su rostro para proceder a clavar sus filosos dientes en su cuello y arrancando un pedazo de piel de aquella zona.

Mucha gente cuenta que el asesino sigue suelto, sin sospechar que bien podría ser el chico nuevo de la clase. O quizás, sería el titiritero que controla a ese nuevo estudiante para atraer presas. Mucha otra gente teme de quien podría ser la siguiente víctima, cuando bien podrías serlo tú.