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One Night Later

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En medio de los gritos que salían de la casa, Tom Riddle observó, sus ojos cubiertos de pánico y ansiedad el cuerpo sin vida de Ginny Weasley. Sus manos estaban cubiertas de sangre, descansando a cada lado de su cadera mientras sus ojos solo podían mirar; mirar como la sangre seguía brotando del cuerpo de la niña, como sus ojos sin vida seguían fijos en él con un brillo de horror incluso si estaba muerta. El tórax estaba abierto, el cuchillo aún estaba profundamente enterrado en el abdomen de la pelirroja, su cara estaba desfigurada, Tom no recordaba cuanto tiempo estuvo jugando con la niña hasta que volvió en sí.

En su mente, a pesar de estar en pánico seguía gritándose, reclamándose a si mismo por no haber tomado las pastillas que debía tomar todos los días, por haber sido tan imbécil, por haber olvidado algo que llevaba años haciendo, algo que era parte de su rutina. 

Pero ya era demasiado tarde para reclamarse por eso. Había perdido el control, toda la rabia y los impulsos contenidos por años habían salido a la luz y para mal o para bien, fue Ginny Weasley quien estaba en el lugar equivocado en el momento equivocado. Tom agradecía el hecho de que estuvieran en una zona apartada; todos los demás estaban en la fiesta, demasiado borrachos o drogados para notar algo fuera de lugar. Tom podría esconder el cuerpo en algún lugar, quemar toda la evidencia, él podría hacerlo.

Pero...

¿De qué serviría?

¿Cuánto tiempo pasaría hasta que la policía lo arrestará? ¿Hasta que le pusieran dos esposas en las muñecas y lo dejaran pudrirse en la cárcel?

Tom sintió una arcada y está vez no se contuvo, dio un torpe paso atrás y vacío su estomago, el alcohol se fue junto a la poca comida que había consumido y su rostro palideció aún más, su corazón latía errático contra su pecho mientras sus ojos se llenaban de lagrimas, lagrimas de impotencia, su mente luchaba por pasar por alto la retorcida sensación de satisfacción que crecía en su estomago, era pequeña, pero Tom aún podía sentirla, latiendo y irradiando satisfacción y se sentía jodidamente enfermo.

Se dejó caer contra un árbol, sintiéndose patéticamente perdido, desconcertado, sin saber que hacer, como actuar.

Se arrepintió de no haber seguido el consejo de su madre y haberse quedado en casa, estudiando, como todas las noches. 

Joder, se arrepentía de tantas cosas.

Tuvo el impulso de hacerse un ovillo, quiso que la tierra se lo tragará, quiso desaparecer.

Pero eso era imposible.

Entonces, en medio de su ataque de pánico, cuando sentía que las bocanadas de aire que tomaba no eran suficiente, cuando sentía que sus pulmones iban a explotar, una risa suave y burlona se dejó oír, y todo el cuerpo de Tom se tensó. Sus ojos subieron al instante y sintió su corazón detenerse cuando dos par de esmeraldas lo miraron como si fuera la cosa más hermosa que existiera. 

"Y he aquí," cantó, dando un suave paso hacía adelante, sus ojos jamás apartándose de la figura de Tom, "aquel al que todos consideraban un ángel, un ser de luz, con las manos manchadas de sangre, responsables del fin de la vida de la pequeña Ginny." Se burló, sus palabras golpeando aún más a Tom.

"Potter..."Sollozó, cerrando sus ojos con fuerza, con la tonta esperanza de que cuando los abriera, nada fuera real.

Harry James Potter se arrodilló a su lado, su palma acunó la mejilla húmeda de Riddle, acariciando con suavidad, casi con cariño.

"No puedes escapar de tu verdad, Tom."Murmuró, sus uñas incrustándose brevemente en la mejilla rosada de Riddle antes de seguir acariciando."No puedes escapar de tus impulsos, de ti mismo."

Tom se rompió aún más entonces, las lagrimas cayeron a cantaros de sus ojos mientras se rompía en fuertes sollozos que amortiguó parcialmente enterrando su rostro en el pecho del niño frente a él. Del niño que lo conocía demasiado bien a pesar de que nunca habían hablado, a pesar de que solo se miraban desde lejos.

"Te divertiste siendo el cordero."Habló, su voz más dura."Pero es tiempo de que aceptes tu papel como el lobo, Tom Riddle."Sentenció, sus manos cesando las caricias dulces.

Por un momento, Tom tuvo el impulso de gritar, de alejar a Potter, de golpearlo, de culparlo por todo lo malo que le había estado sucediendo desde que apareció.

Pero solo pudo sollozar con más fuerza y acurrucarse más, dejándose llevar por las caricias burlones y bruscas.