Actions

Work Header

Si te pienso

Work Text:

Ritsu posó el dorso frío de su mano sobre su frente caliente, buscando alivio en la diferencia de temperatura, mientras suspiraba y trataba de poner su total concentración en los apuntes que tenía esparcidos sobre la mesa.
Sintió el peso de Sho sobre su espalda, y volteó sólo para encontrar su rostro demasiado cerca, su mentón apoyado sobre su hombro, completamente indiferente a su repentino sonrojo.
—¿Aun no terminas? —preguntó, quitando desinteresado la vista de los apuntes y viéndolo de reojo.
—No. —respondió. Llevaba horas sentado estudiando. —Estoy bloqueado. —no le costó asumir.
—¿Te ayudo? —preguntó, ahora paseándose por la cocina como si fuera su propia casa, sirviéndose agua en un vaso.
—¿Te va bien con esto? —preguntó, levantando una libreta en su dirección.
—No. —bufó. —Ayudarte con tu bloqueo, decía.
—Oh. —“a ver, convénceme" era lo que quería decir realmente.
—Juega conmigo un rato. —pidió, sonriendo, sin ningún tipo de compasión con lo que aquella sonrisa le hacía a las mariposas en el estómago de Ritsu. —Entonces te despejas, yo no me aburro y te dejo estudiar tranquilo.
La forma en que lo dijo, como si fuera un “todos ganan", le pareció absurdo. Pero estaba muy, muy de acuerdo, así que sonrió, cubriendo su rostro en un vano intento por ocultarlo, lo cual hizo sonreír a su amigo también.
—Lo voy a tomar como un sí. —dijo, devolviendo el vaso ahora vacío y subiendo ya las escaleras hasta su cuarto.
Ritsu acumuló todos los apuntes en un cerro sobre la mesa, engañándose a si mismo con que volvería.
Al entrar en su cuarto, Sho ya estaba sentado en el suelo frente a la consola, conectando los controles y eligiendo un juego.
Ritsu no recordaba haber usado esa consola con tanta frecuencia jamás, porque a su hermano no le gustaba y él sólo no se viciaba. Pero ahora, se tenían que poner un límite de horas, porque con la competitividad de ambos, las revanchas y desempates les podrían durar toda la vida.
Le costó acostumbrarse a su presencia dentro de la casa. No porque lo considerara una amenaza, como cuando lo conoció, sino que sentía que sus experiencias juntos eran una vida completamente aparte de lo que vivía con su familia, y le provocaba dolor de cabeza cada vez que Sho le respondía preguntas a su padre.
Le duró poco, porque con el tiempo pudo conocer a la madre de Sho, y se dio cuenta de que la cautela que tenía al hablar con sus padres también la tenía con su madre, en una manera bastante piadosa de ocultarle lo jodido que estaba su padre.
Tal vez esa fue la primera señal. El primer “clic" en el corazón de Ritsu. La primera vez que pensó en él de esa forma en la que no se piensa a los amigos.
Pero no fue capaz de darse cuenta en aquel entonces.
¡Qué fáciles serían las cosas para él si aquella señal hubiera sido su luz roja!
—¿Listo? —preguntó Sho, sonriendo, sentándose a los pies de su propia cama, dando palmaditas al espacio a su lado, invitándolo a sentarse junto a él.
Demasiado tarde.
Sólo pudo hacer un nudo con sus sentimientos y volver a tragarlos, mientras le recibía el mando y se sentaba a su lado, cayendo infantilmente en su forcejeo codo a codo.
.
Lo siguiente que supo, fue que despertó encima de la ropa de cama, con los pies hacia la cabecera, su cabeza al final de la cama, sus brazos cayendo por el borde y un hilo de saliva que llegaba hasta el colchón.
Le tomó unos segundos orientarse.
Se secó la mejilla con la manga de su sudadera, y se incorporó. El televisor estaba apagado.
Recordaba haberse acostado en la cama para jugar desde ahí. Debió caer dormido apenas se acomodó, y le avergonzó la imagen que le estaba dando a Sho.
Miró a su lado, y se encontró con su amigo acurrucado junto a él, dormido.
No pudo dejar de mirarlo durante un largo rato. Su rostro lucía relajado, como nunca, y le hizo sonreír imaginarlo acomodándose junto a él luego de notar que se había dormido.
Se preguntó qué tan descabellado sería fingir que no se había despertado, para volver a recostarse junto a él, y verlo dormir un rato más. La idea le parecía mejor cada vez que Sho suspiraba con calma, y sus pestañas temblaban cuando apretaba los ojos. Pensó en lo lindo que se veía y lo jodido que era no poder decírselo.
La sensación fue reemplazada por pánico en menos de un segundo, cuando la puerta de su cuarto se abrió, y su hermano se asomó por el umbral.
—Mamá pregunta si puede mover lo que dejaste encima de la mesa. —dijo. Ritsu no podía imaginarse qué idea se estaba haciendo su hermano, pero no se inmutó para nada al ver a Sho.
—Si. —respondió. Luego se corrigió al verlo a punto de irse. —¡No! —la mirada confundida de su hermano lo obligó a aclarar su mente. —Yo lo hago. Bajo en un momento.
Shigeo asintió, y volvió a cerrar la puerta.
Ritsu le dedicó una última mirada a Sho y se levantó para quitarse el uniforme, que ahora estaba completamente arrugado por haberse dormido con él.
Mientras lo colgaba, escuchó a Sho estirándose, y volteó para verlo, bostezando como un gato y sonriéndole, aun adormilado.
Ritsu le dio la espalda y buscó ropa en los cajones. No era la primera vez que lo veía en ropa interior, además.
—¿Me puedo llevar una sudadera? —preguntó, incorporándose para hurgar también en los cajones.
—Sabes que si. —respondió, mientras se metía en una sudadera y unos jeans para poder bajar a ordenar la mesa. —Pero quédate a comer.
Sho asintió. No tenía ninguna razón para volver temprano a casa.
Ritsu bajó, resbalando en el penúltimo escalón, apareciendo de forma poco digna frente a su familia.
—¿Suzuki se va a quedar a comer? —preguntó su madre, que había quedado inmóvil viéndolo afirmarse de la baranda para no partirse en cuello.
—Si. —comprimió el cerro de hojas y libretas y las abrazó como pudo para hacer un solo viaje. —Gracias, mamá.
Subió las escaleras de vuelta y golpeó la puerta de su cuarto con el pie, logrando que Sho abriera con una expresión visiblemente confundida.
—¿Por qué no-? —le recibió las cosas de todos modos para ayudarlo a dejarlas sobre el velador.
¿Por qué no usó sus poderes?
—Además de doblar cucharas, no usamos los poderes en casa. —explicó.
—Me di cuenta. —cedió. —Solo no pensé que fuera en todo momento.
No sabía cómo explicarse. Para lo único que los usaban era para defenderse. Y Shigeo cuando Reigen lo llamaba, pero Ritsu estaba tan acostumbrado a vivir sin ellos que lo prefería de ese modo.
Obviamente, para Sho era una realidad universal. Ritsu también estaba acostumbrado a ellos, gracias a su hermano, pero sus padres lo ignoraban por completo. Debía lucir como un bicho raro ahora mismo, por tener poderes y preferir no usarlos.
—Es más cómodo así. —se justificó.
—Entiendo. —dijo, mirándolo fijo. Era su forma de dar énfasis a lo que estaba diciendo. Ritsu la interpretaba como “no te estoy juzgando, sólo preguntaba”. Aunque le había costado un tiempo acostumbrarse a su intensidad… en todo sentido.
—¿Quieres bajar a comer? —preguntó, apuntando hacia la puerta y desviando la mirada, y el tema.
Sho se puso su sudadera, y Ritsu sintió un calambre en el estómago.
—¿Estás bien? —Sho se acercó mientras terminaba de acomodarse la ropa.
No, no lo estaba. Le mareaba tenerlo así de cerca, verlo caminar por su casa, dormir sobre su cama y usar su ropa. Y sobre todo no le estaba yendo bien en disimularlo.
—¿Por qué? —preguntó, y se arrepintió al instante de no haber dicho en seguida que sí lo estaba.
—Siento que no me estás diciendo algo. —su mirada era tan fría a veces que Ritsu sentía que no debía hacer movimientos bruscos.
No podía decírselo. Era su único amigo, y sentía que se entendían el uno al otro de una forma que no había sentido antes. Nunca tuvo a alguien así de cerca.
Y decirle algo sería igual a tirar todo eso al tacho.
—¿Por qué lo dices?
—Te conozco. —fue su respuesta. Ritsu quería escapar escalera abajo. Podía quemarle la casa otra vez y de todos modos sentiría menos calor que al tenerlo tan cerca.—Sí sabes que me puedes decir cualquier cosa, ¿cierto?
Ahí estaba otra vez. Sencillamente, no había nadie como él. Era insuperable. Nadie más le diría algo como eso. Al menos, no de forma que le hiciera creerle sin ninguna duda. Y Ritsu confiaba en él a ciegas, a estas alturas.
—Lo sé. En serio, lo sé. —aclaró, volviendo a sus cabales.
Sho sólo asintió, subió las cejas, le acomodó el cuello de la sudadera con un tirón brusco y pasó junto a él para salir del cuarto.
Ritsu inhaló hondo, todo el aire que no fue capaz de tomar mientras lo tuvo en frente. Se repuso, y bajó tras él.
.
Mal.
No se supone que dejara sus sentimientos expuestos de esa manera. Nunca fue así antes, y ahora se estaba comportando como un niño.
Tenía que levantarse temprano al otro día, así que Sho se fue después de comer, y ahora caminaba con Shigeo a la escuela como si nada. Discutía internamente como si no llevara semanas dándole vueltas al tema. Por fuera: inmutable.
Le tomó años de práctica. Estaba orgulloso, de hecho.
—¿Te pasa algo? —su hermano tardó menos de un segundo en destruir su percepción de si mismo.
—¿Como qué?
—Te ves preocupado. —dijo, sin mirarlo directamente.
—No me pasa nada. —no era una completa mentira.
—Me lo dirías, ¿no?
No.
—Claro. —mintió, sin convencerlo.
Pero su hermano no insistió.
Durante el almuerzo, una chica que había visto un par de veces antes le pidió que se quedara para poder decirle algo.
Ritsu sabía qué esperar. No recordaba haber hablado con ella antes, pero tampoco lo había hecho con las chicas que se le han confesado desde que estudia ahí.
No quería quedarse, pero tampoco quería quedar mal yéndose sin decirle nada. Se quedaría, la escucharía y ya, luego se iría.
Y por la tarde, antes de irse, pasó al lugar donde ella le pidió ir, y ya estaba esperándolo.
Lucía nerviosa, apenas lo miraba a la cara y su vista estaba mayormente en la carta que se pasaba de mano en mano.
Ritsu se dio el lujo de analizarla de pies a cabeza, mientras le hablaba.
Era más baja que él, su cabello lacio llegaba poco más abajo de los hombros, y era de un castaño claro llamativo. Sus ojos eran bonitos, y Ritsu se imaginó que su cara luciría bastante atractiva si no estuviera tan pálida.
Pensó en las chicas que se encontraron antes frente a él en esa misma situación, y no pudo evitar compararlas. No con una mala intención; sólo divagaba.
Pensó si debía decir algo. Nunca respondía nada, pero tal vez sería maduro de su parte decir algo.
¿Pero qué podía decir? Sabía que no tenía ninguna obligación de responder, y tampoco correspondía explicarle que le gustaba alguien más.
El pensamiento de que había alguien más se metió en su mente de manera tan cauta, que casi se sorprendió de haberlo aceptado así como así: no podía corresponderla, porque le gustaba su mejor amigo.
Tan rápido como lo asimiló, se dio cuenta de que él tampoco era correspondido, y pudo entender de primera mano cómo se estaba sintiendo la chica frente a él, y lo valiente que era al decírselo a la cara.
Tal vez había una razón específica por la cual pensó en ella de esa forma, y no era una idea tan mala el aceptar sus sentimientos. Ella sería feliz, y él podría quitar a Suzuki de su cabeza.
Ella le tendió la carta, agachando la cabeza, y Ritsu se dio cuenta de que no escuchó una sola palabra de lo que acababa de decirle.
Apenas recibió la carta, la chica se fue, y Ritsu sintió que, si un auto lo arrollaba de camino a casa, lo tendría plenamente merecido.
.
Pero no se fue a casa, y se arrepentía un poco ahora que veía a su hermano junto a Reigen, en su oficina, mientras le hablaba cosas acerca de la escuela.
Se preguntó qué tan mala influencia fueron como familia para que Shigeo acabara escuchando sus patrañas con semejante ilusión en la mirada.
Una vez que acabaran, podrían irse ambos a casa, y Ritsu ya estaba ahí, así que le parecía correcto esperarlo.
—Es lo que un adulto haría. —dijo Reigen, y Ritsu se dio cuenta de que tampoco a ellos les estaba poniendo atención hasta ahora.
Pero por alguna razón, la palabra hizo eco en su cabeza. Para bien o para mal, Reigen era un adulto, y, Dios lo ayude, el único con quien sentía confianza.
Por eso, o tal vez porque su mente estaba al borde de un colapso por exámenes y enamoramientos no correspondidos, aprovechó el momento en que su hermano se alejó para poder acercarse a él.
—Reigen. —le llamó. Llevaba tanto tiempo haciendo evidente el rechazo que le tenía que se sintió hipócrita, pero Reigen volvía a demostrar lo inmune que era a su apatía.
—Ritsu. —le respondió, esperando que hablara.
No sabía cómo ponerlo en palabras, ni estaba seguro de querer preguntárselo. Las probabilidades de que se burlara eran altas, según él.
Ya estaba ahí. Tampoco se imaginaba volviendo a esa oficina demasiado pronto.
Al diablo.
—¿Qué harías si no eres correspondido y otra persona se interesa en ti?
—Oh. —casi se pudo ver humo salir de sus orejas. —En realidad eso-
—Sé que no es tu área. Tampoco debe ser tu fuerte. Sólo busco un consejo de un adulto.
—¿Me consideras un adulto apto para dar consejos?
—No. —confesó, siendo honesto. —Una opinión externa, entonces.
Reigen se llevó una mano a la cabeza y se desordenó el cabello antes de hablar.
—¿Estás seguro de que no eres correspondido?
La idea le hizo crear esperanzas que no había querido hacerse, simplemente porque no era posible.
—No. Pero tampoco puedo saberlo.
—Si puedes. Lo único que puedo decirte como adulto es que te la juegues y corras el riesgo.
Era el peor consejo que le podías dar a alguien que claramente se estaba ahogando en un vaso de agua. Era algo que él mismo diría si fuera otro el que estuviera en su lugar.
—Eres el peor ejemplo de adulto que conozco. —soltó.
—¿Estamos hablando de Suzuki, cierto? ¿Con ese posible suegro me vas a decir que soy un mal ejemplo?
Su rostro ardió, y sabía que estaba completamente sonrojado desde antes de escuchar la risa de Reigen. Ahora quería darle un golpe en el estómago y salir corriendo.
—¡No debí preguntarte! —se quejó. Y confirmó que para los adultos eran evidentes ese tipo de cosas. —Pero, ¿crees que-? —“sea correspondido”, quiso decir, pero la idea le paralizó la lengua.
—No doy spoiler. —dijo, negando con la cabeza, divertido con la conversación.
Ritsu se quejó con un grito, y vio el rostro preocupado de su hermano al volver.
—¿Todo bien? —preguntó Shigeo, con cautela.
—Odio a tu jefe. —gruñó.
—Perdón. —fue la respuesta de su Mob. Ni siquiera entendía por qué lo decía ahora, pero confiaba que su hermano tendría sus razones.
Antes de salir, Ritsu volteó una vez más a verlo, y Reigen se despidió con la mano mientras sonreía.
Logró meterle en la cabeza que en serio tenía una oportunidad, y planeaba culparlo si su relación de amistad se veía arruinada. Por tener a quien culpar, porque no se perdonaría el ser quien lo arruine todo.
.
Pero al llegar a su casa, subir a su cuarto y ver a Sho acostado en su cama mirando el celular, le pareció mucho más tentadora la idea de acobardarse y no decir nada.
—¿Tienes que estudiar? –preguntó. Algo que tal vez debió preguntar antes de aparecerse en su casa. Ritsu agradecía que no lo hubiera hecho.
—No. —mintió. —¿Qué hacemos?
Ni siquiera se preguntaría qué hacía en su cuarto. Si su madre no le había dicho nada, era porque se había metido por la ventana.
El chico tenía la organización completa de su padre a sus órdenes y prefería perder el tiempo con él; Ritsu no podía sentirse más agradecido.
Se quitó el uniforme para colgarlo desde ya, y buscó ropa para tirarse en la cama con él. Ya asumido a que se dormiría.
—¿Dónde tienes el cargador? —Sho levantó el celular mientras se incorporaba, por si Ritsu se preguntaba de que cargador hablaba.
Kageyama tiró su bolso encima de la cama y siguió en lo suyo: vistiéndose con un buzo deportivo y una sudadera vieja.
—¿Trajiste mi sudadera? —le preguntó al recordarlo.
Sho apuntó la silla frente al escritorio, donde estaba doblada la sudadera, y lo miró como si le ofendiera la pregunta.
Ritsu se recostó a su lado, y ni siquiera se molestó en fingir que no estaba cansado. Se acomodó para dormir, directamente.
—¿Qué es esto? —la voz de Suzuki lo devolvió a la vida. —¿No la has visto? —cuando lo miró, vio en sus manos la carta que la chica le había dado antes.
Mierda.
—Una carta. —trató de quitársela, pero Sho la alejó de su alcance.
—¿De amor? —no tenía intenciones de abrirla; sólo lo miraba a él.
Ritsu dejó de sentir el apuro por quitársela, y en cambio volvió a dejarse caer frente a él, cerrando los ojos apenas su cabeza tocó la almohada. Las palabras de Reigen perdían sentido poco a poco, cada vez que la respiración de Suzuki chocaba contra su rostro.
No podía darle un fin a eso.
—Una niña se me confesó esta tarde. —dijo, y un bostezo escapó de sus labios.
—¿Eres popular, no? —preguntó. Ritsu se sintió avergonzado de considerarse a si mismo de esa manera, pero supuso que lo era. —¿La aceptaras?
—No.
Tal vez el sueño le averió el filtro que tenía desde sus pensamientos a las palabras que en serio soltaba, pero lo dijo y ya. Tal vez al tenerla frente a él dudó, por sentirse identificado con su posición, pero la verdad era que no estaba interesado en ella.
—¿Por qué?
—¿En serio quieres hablar de esto? —preguntó, pero Sho no respondió. —No sé. No está bien decirle que si cuando no siento nada por ella.
Sho se quedó en silencio, y Ritsu abrió los ojos. Seguía mirando la carta en sus manos.
Se la pidió con la mano, y Sho se la entregó.
—¿Hay alguien que te guste? —preguntó, agarrándolo con la guardia baja.
Ritsu supo que las cosas irían cuesta arriba a partir de esa pregunta.
—Si. —soltó, sin dudarlo, y se estiró para dejar la carta encima del velador. —Pero no haré nada al respecto, tampoco.
—Ritsu.
—¿Hm? —no alcanzó a voltear, porque sintió los brazos de Sho envolver su cuerpo, y sólo atinó a bajar el brazo y quedarse quieto, evitando que su respiración se descontrolara. Más aún. —¿Suzuki?
—Me gustas. —dijo, sin más. Sin dejar de abrazarlo. Ritsu sentía su frente pegada a la espalda, y sintió que acababa de congelarlo. Lo cual era irónico… por varias razones.
—¿Qué?
—No finjas que no me entendiste la primera vez.
Ah. Ritsu deseaba que lo soltara, para así poder rodar hacia el otro lado de la cama, caer y morir.
—¿Por qué?
Sho se tomó un tiempo para responder, y Ritsu adivinó que la razón por la cual no le permitía voltear era para no permitirle ver su rostro.
Ritsu no tenía idea de lo que pasaría de ahora en adelante, pero sabía una cosa o dos acerca de confesarse, y sólo deseaba dos cosas en ese momento: poder verlo, y que nadie abriera la puerta de su cuarto.
—Porque lo eres todo para mi. —dijo al fin. —Si no estuviera aquí contigo… no sé. No tengo nada más que a ti, y tú eres popular, y tienes a tu hermano, tus padres, esa carta y… no quiero que dejes de estar conmigo.
¿Era esa la razón real por la cual lo sujetaba? Incluso su voz sonaba extraña. O al menos sin la confianza que siempre emanaba.
Quiso voltear. Se removió, forcejeó, lo golpeó y acabaron viéndose como el protagonista de un programa de supervivencia en una lucha con una boa constrictor.
Ritsu estaba seguro de que, en todo sentido, nunca sintió a nadie tan cerca.
Cuando al fin logró voltear, lo único que hizo fue sonreír, y Sho parecía bastante dispuesto a borrarle la sonrisa de un golpe.
—¿Por qué estás molesto?
—Si te vas a burlar, entonces-
—No, no. —tenía afirmadas sus manos, para evitar que lo golpeara. O eso se decía a si mismo. —Déjame hablar.
—No me tienes que decir nada, en serio. Dale ese discurso a las niñas de tu escuela.
—¿Eres idiota?
—Suéltame.
—No. —volvieron a forcejear.
—¡Ritsu!
—Tú eres quien me gusta. —dijo, y cuando Sho se quedó quieto y lo miró, tuvo que agregar: —Idiota.
—¿Entonces…?
—No saldré con ella porque me gustas.
Sho lo miró, estático, por un momento. Entonces frunció el ceño.
—¿No ibas a decírmelo?
—No.
Ahora si recibió un empujón suave contra el pecho, pero lo único que hizo fue sonreír.
—Tú eres el idiota. —se quejó Sho.
—¡No esperaba que me dijeras eso! O… lo pensaras, siquiera. Creí que lo tomarías mal si de pronto te lo decía. Y dejarías de venir, o sería incómodo estar a solas otra vez. No sé, me daba miedo perder esto.
La mirada atenta de Suzuki le hacía querer cubrirse la cara, pero se mantuvo firme. Era su forma de hacerle saber que hablaba muy en serio.
Pero ya no había más que decir de su parte tampoco.
Y Ritsu se preguntó si debía tomar la iniciativa.
Obviamente, Sho lo decidió antes, y antes de que se diera cuenta sus labios estaban sobre los suyos, obligándole a cerrar los ojos y dejarse llevar, mientras sus manos sujetaban su cadera como tantas veces antes, pero con un calor completamente nuevo envolviéndolo.
Nunca creyó que arruinar una amistad se sentiría tan bien.
Empujó a Sho de vuelta a donde estaba, y se incorporó para poder acomodarse sobre él, haciéndolo sonreír por el atrevimiento. Volvió a besarlo, porque sentía que jamás sería suficiente, mientras sus manos subían otra vez a envolver su cintura, esta vez por debajo de la ropa.
La puerta se abrió, y el salto que dio era comparable sólo con aquellos que daban los gatos cuando se encontraban de improviso con un pepino.
Se sentó junto a él en la cama lo más rápido que pudo, pero la expresión de su hermano delató que los había visto.
Bajó la mirada y le dijo que bajara a comer, sólo para irse sin volver a mirarlo a los ojos.
Sería una cena algo incómoda.
—Que oportuno. —soltó Sho, sonriendo. Sus mejillas estaban rojas, y Ritsu supuso que se encontraba en las mismas condiciones.
—¿Quieres bajar a comer? —ofreció.
No quería, pero ya les habían cortado el momento de forma olímpica, y le vendría bien despejar la mente antes de retomar.
—Ni siquiera saben que estoy aquí.
—Si mi hermano bajó con esa misma cara… ya saben.
Sho volvió a sonreír, y Ritsu le quiso comer la boca otra vez.
La sonrisa de Reigen cruzó fugazmente su mente, y su líbido se esfumó por completo.
Detestaba admitirlo, pero tenía razón.
Ni siquiera siguió su consejo. Fue Sho quien se confesó primero, pero… de todos modos tenía razón.
Fue un riesgo. El riesgo de transparentarle tus sentimientos a otra persona y dejarle la decisión de hacer con ellos lo que quiera. Y Sho no lo dudó ni por un segundo.
—De acuerdo, entonces. —aceptó. —Sólo… para dejarlo claro… no me gusta lo cursi.
La sola palabra saliendo de su boca era lo más cursi que Ritsu había presenciado.
—¿Como qué?
—Como… palabras lindas, o… apodos. Ese tipo de cosas.
—Ah. —era algo obvio. —A mi tampoco.
—Bien.
Pero eso no quitaba el hecho de que podría usarlas con el fin de molestarlo.
—Suzuki. —llamó cuando ya estaba en la puerta, y esperó a que lo mirara para decirlo. —Te amo.
Lo demás fue demasiado rápido como para procesarlo. Sólo sabe que vio su rostro tan rojo que parecía a punto de estallar, y en menos de un segundo estaba bajando la escalera eufóricamente rápido para escapar de él.
¿En serio valía la pena arriesgar la amistad por ello? Si, valía la pena, decidió Ritsu mientras corría por su vida con la sonrisa más estúpida plasmada en el rostro.