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Decisiones, decisiones

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—¿EXO, estas ahí?

—Siempre capitán— contestó de inmediato la inteligencia artificial, haciéndose visible en su hombro derecho como una hombrera llena de circuitos.

Un pantalón simple y una camisa no era lo mejor para una batalla, pero teniendo a EXO, aunque sin el traje, las cosas podían cambiar un poco a su favor.

—Registro niveles de adrenalina altos, lo que indica un gran pronóstico de actos estúpidos.

—Y quizás lo sean—admitió Miss Fortune mientras analizaba velozmente la nave, que ya comenzaba a retirar todo para elevarse.

Escondió su arma como pudo y se acercó con una sonrisa hacia los dos guardias que custodiaban la entrada de la sala de carga.

Ambos sujetos vieron como una hermosa chica se acercaba agitando su mano en saludo, hablando un idioma extraño que no entendían

Uno de ellos se acercó, bajando el bastón eléctrico, tratando de entender lo que la chica quería decir. Pero a medida que más se acercaba, menos entendía.

Cuando ya la tuvo en frente se sorprendió al ver como la pelirroja sacaba su arma y, disparándola, le provocaba un inmenso dolor en la pierna.

Su compañero se acercó de inmediato, tratando de levantar su arma contra la chica, pero está ya se había hecho con el bastón eléctrico y en un rápido movimiento mando una descarga a su cabeza. Luego simplemente volvió para golpear al otro hombre herido y empujarlo fuera de la sala de carga, al tiempo que esta se cerraba y la nave tomaba vuelo.

—Bueno… eso fue sencillo— comentó Miss Fortune, feliz de tener una pistola y un bastón de descargas de su lado.

—2 menos de 458 hombres que puede estar a bordo de una nave imperial Demaxiana de esta magnitud. Excelente comienzo, capitán— felicitó EXO.

—Si, bueno…— agregó sin desanimarse mientras ahora analizaba la zona de carga. Por uno de los ventanales pudo ver como la nave dejaba atrás la colonia— es un comienzo.

Las luces en la zona de carga se apagaron, solo dejando ver las tenues rojas para marcar el camino.

Debía pensar bien sus movimientos. Aun no tenia un plan siquiera de cómo encontrar a Sona.

Se acercó a la puerta que, pensaba, conducía al interior de los pasillos de la nave. Vio un panel a su lado y trató de manipularlo.

—Adhiérete a esto y ve si puedes desde aquí buscar un mapa de la zona, trata de advertirme donde están las cámaras de cada sector y si hay uno que otro dispositivo de seguridad del que debe tener cuidado— ordenó Miss Fortune, despegando parte de su hombrera para que la IA se dividiera en dos.

—A la orden— comentó de inmediato, tomando forma de sostén en el borde y adhiriéndose, corrompiendo la imagen.

Dejó de lado la pantalla, adentrándose en el pasillo, viendo que el interior también estaba a oscuras. Mas adelante había varias compuertas, se preguntó por la mejor táctica para llegar hasta Sona y luego huir.

—Seguro este pasillo puede llevarme a la sala de-

Comenzó a decir solo dando unos cuantos pasos cuando las luces se prendieron en todo el lugar, haciendo sonar una ruidosa alarma de alerta.

—Capitán, detecto un sensor especial a unos metros de la entrada de la zona de carga.

Miss Fortune revisó sus pies y pudo ver una luz de laser saliendo de una de las paredes, que se interrumpía en su tobillo.

—Juro que voy a desarmarte y hacerte una limpieza “muy invasiva” cuando regresemos a la nave, EXO— amenazó la pelirroja.

La puerta detrás se cerró de inmediato, sellando el pasillo, podía escuchar varios pasos viniendo de la zona en frente.

No iba a esperarlos.

Corrió hacia su encuentro, bajando a los dos primeros hombres con el bastón eléctrico y disparándole al tercero con su arma.

—Izquierda— indicó EXO, y la pelirroja giró en esa dirección, disparándole a un nuevo hombre, pasando por encima de su cuerpo— derecha… no, no, tu otra derecha.

Estuvo unos segundos logrando aplastar a los soldados que salían a su encuentro, pero comenzaba a preocuparse por las cargas en su pistola. El bastón había dejado de dar descarga y lo ultimo que supo de él fue que le sirvió para hundirlo en la entrepierna de un soldado dos pasillos detrás.

—Problemas en frente, peligro— anuncio EXO pero Miss Fortune solo veía una salida de ese pasillo, atrás le pisaban los talones los soldados.

—¿Qué tipo de problemas? — quiso saber la chica, aumentando la carrera para sorprender a lo que sea que le esperaba adelante.

—Graves problemas, capitán.

Entró a una sala mas amplia, de un metal oscuro. Le parecía el comienzo de la zona mas intima de la nave. Se encontró sola y solo por eso cuestionó de nuevo a su compañero.

—No veo nada que-

Tuvo que interrumpir lo que decía cuando un material punzante y filoso atravesó su hombro, rompiendo a EXO en el proceso.

En total mutismo, sintiendo de a poco la ola de dolor, trató de tocarse el hombro, llevando luego la mano al frente de su rostro para poder ver la abundante sangre.

La habían atravesado por completo desde su espalda. Su rostro trató de ver a quien tenía detrás y lo primero que vio fue un ojo dorado. Un rostro con marcas de ora en él y una sonrisa que dejaba ver lo muy complacido que estaba de encontrarla.

Kayn sacó sin miramiento la punta baja de su guadaña del hombre de la chica, haciendo que un buen chorro de sangre acompañara al movimiento, solo para voltearla y hundir con fuerza uno de sus puños en el abdomen de la mujer.

Miss Fortune solo atinó a dar unos pasos hacia atrás, inclinándose hacia adelante y cayendo de rodillas frente al mayor.

—Esto es gracioso… curioso— corrigió con humor el soldado, caminando con calma, rodeando el cuerpo de la pistolera— No esperaba que así siguiera mi día.

La sala pronto se lleno de soldados, nuevos y los que la venían persiguiendo pasillos atrás.

—Parece que se la ingenio para reducir el número de mis soldados, capitán— comentó a sabiendas de su recorrido en lo poco que llevaba en la nave.

La pelirroja trató de sacar su arma con velocidad y disparar, pero el asesino era muy superior a ella en velocidad. Le pateo la mano, girando con rapidez para asestar una nueva patada en el rostro de la chica y tirarla hacia atrás.

—Y eso… me pone… de un pésimo humor— anunció, borrando su sonrisa y, dándole una mirada severa, puso su bota sobre el hombro herido de la chica, aplastándolo contra el suelo.

Sus gritos hacían eco en la sala, nadie mas se animaba siquiera a decir algo. Luego las risas de Kayn la acompañaron mientras pisoteaba sin piedad el cuerpo de la capitana.

Cuando el asunto dejo de parecerle divertido, dejo de reírse para acomodar mejor sus ropas y limpiar un poco la sangre de sus botas entre las ropas de la chica. Se acomodó el cuello de la capa y miró a sus hombres.

—Parece que es nuestro día de suerte chicos. Se puede reclamar una recompensa por ella, así que… denle a nuestra invitada una celda— anunció con animo a sus hombres— pero procuren que sea una celda “pequeña” así se entera que en realidad es un asunto diminuto para el imperio Demaxiano.

—Si, señor.

A la orden un par de tipos tomaron el cuerpo de la mujer, tirándola de los hombros. Era difícil saber si aún seguía con vida.

—No tengo idea de que fue lo que te hizo creer que entrar sola a mi nave…— comentó Kayn, acomodándose los guantes, viendo como la arrastraban lejos de él— era una buena decisión.


Ricardas se sacó el casco. Detestaba lo pulcro y prolijo que eran las armaduras del imperio Demaxiano. Tan blanco con los pliegues en negro. Solo con tratar de comer cualquier sándwich, uno corría peligro de manchar la armonía del traje.

Dejó el casco a la par de la consola y se tiró en su asiento, sacándose las rastas afuera del cuello del traje, acomodándose para su turno como vigilante de las celdas.

Sonrió recordando que por lo menos tenia algo divertido que custodiar luego de tantos días solo cuidando que los mugrosos y peludos Tergloditas que habían capturados no ensuciaran sus jaulas.

Se inclinó hacia adelante en su escritorio, en frente tenia la celda donde la nueva prisionera estaba.

Aun viéndola tirada en el suelo de espaldas, con los hilos de sangre manchando las proximidades, podía disfrutar de ver las curvas de su cuerpo.

“Seria mas emocionante verla de cerca, pero tener esa celda cerrada es prioridad” se lamentó.

Se levantó para conseguir algo de la máquina expendedora. Últimamente se había vuelto adicto a las barras de chocolate cubiertas de gelatinas. Consiguió una y se dio vuelta, justo para escuchar como la computadora del escritorio hacia sonidos extraños.

—Registros: listos. Mapas: listos. Ubicación del objetivo: encontrada. Todo listo, Capitán.

La voz venia del mismo lugar y luego pudo ver como en la pantalla aparecían y desaparecían varios planos. Reconoció que se trataba de la nave misma, inclusive se mostraban las imágenes de varias cámaras del lugar.

—¿Pero ¿qué…? — se preguntó, dejando de lado su bocadillo, sentándose rápidamente atrás del monitor, tratando de descifrar de donde salía todo eso.

Era imposible. Nada de lo que hacía tenía ningún efecto en la máquina. Su desesperación comenzó a crecer cuando comenzó a ver archivos importantes, dando pantallazos como si nada evitara que los abrieran.

Tomó la decisión de arrancar los cables de la toma de electricidad y el monitor quedo muerto.

Respiró profundamente, creyendo haber solucionado de momento el problema, pero entonces las luces del lugar comenzaron a titilar, dejándolo a oscuras para luego iluminar el despacho unos momentos y repetir.

Comenzó a traspirar en frio cuando finalmente todo se apagó y solo quedó encendido un monitor en el fondo, alejado a unos metros en el pasillo de celdas.

Desenfundó su arma y caminó con cautela hasta llegar hasta allí.

Un texto se dejaba leer en letras rojas.

“No nos gustas, Ricardas”

“No nos gustas nada”

El soldado ya no disimulaba su miedo e inmediatamente dejó todo para dirigirse a la puerta de salida. Trató y trató, pero no pudo conseguir abrirla.

Miró el panel de acceso a un lado, tratando desesperadamente de que reconociera su palma para darle acceso, pero se horrorizo cuando vio otro texto, en el mismo rojo, allí.

“Sabemos lo que hiciste, Ricardas. Sabemos lo que buscaste y encontraste”

—¡¿Qué?! ¡¿Qué?! ¡Yo no hice nada! — comenzó a exclamar el hombre, mientras golpeaba la puerta, gritando para que alguien del otro lado lo socorriera.

“Mira la pantalla, Ricardas. Mira con que nos has ensuciado”

El hombre tembló en su lugar, pero sin nada mas que hacer se dio vuelta. En la pantalla del final de las celdas, mas letras comenzaban a aparecer.

Se acercó con cautela, lleno de miedo, para leerlas.

“Sabemos lo que buscaste. Siempre estamos viendo”

“Tu búsqueda de <Hermosa joven montando osito de peluche con strap on> dieron resultados que… serán informados a tu capitán”

—¿… que?

Las luces se encendieron de repente en todo el lugar y las pantallas se apagaron.

Giró sobre su cuerpo. Todo parecía haber vuelto a la normalidad.

A paso veloces fue a la puerta de entrada y esta se abrió sin oponerse.

Ricardas no sabía que pensar.

Volvió a su escritorio, revisó sus cosas. No había nada, salvo su computadora desconectada, que fuera inusual.

Miró la celda enfrente y la encontró vacía.

—No puede ser…— murmuró y en dos zancadas ya estaba inspeccionando la puerta, la cual se abría y cerraba como si no tuviera ningún tipo de seguro.

El suelo estaba manchado de sangre, pero era el único rastro que quedaba de la chica.

Se agachó para ver con más detenimiento, justo cuando una sombra le tapaba parte de la vista. Quiso perfilarse para arriba y algo lo golpeó con fuerza, oscureciéndolo todo para él.


Kayn estaba complacido con lo que venía.

Lo que tanto había estado buscando por fin estaba en sus manos, mas que eso, la tenia atada en la mesa de observación del laboratorio.

El científico Yordle detrás del enorme panel hizo que la mesa se inclinara lo suficiente para que pudieron ver el cuerpo de Sona de parado, llevando una jeringa a su cuello para sacar una considerable cantidad de sangre.

La chica apenas contrajo un poco sus facciones. El estado de coma en la que la mantenían hacía que sea mucho más sencillo el análisis.

—Tengan cuidado con ella— ordenó el asesino, desaprobando lo tosco de la maniobra con la jeringa.

—Si, señor— accedió Carlox, el Yordle a cargo.

Le parecía contradictorio que su mayor tratara con tanto cuidado a alguien a quien él mismo amarró a la mesa sin piedad.

También le llamaba la atención como Kayn parecía mirar a la chica con cierta devoción, como si se tratara de algo preciado a lo cual estar obsesionado.

Creyó para sus adentros que había mas historia que una simple orden de captura y análisis. Acentuó esta teoría con los primeros resultados que lanzaba la maquina con la sangre de Sona.

—Fascinante— comentó el Yordle.

—Sí que lo es— concordó Kayn, acercándose al rostro de la templario, acariciando la quijada de esta con cuidado.

El Yordle se incomodó un poco por la escena, pero no hizo mas que concentrarse en la pantalla.

Como científico creía que sería más cómodo analizar en profundidad el cuerpo de la chica, aun si eso significaba “desarmarlo”. Estudiar cada parte por separado.

Pero el mayor había dado ordenes claras. Ni siquiera tocaron las ropas de la chica. Su capucha aún seguía cubriendo su cabeza.

“Que molesto” pensaba el científico, teniendo que maniobrar con jeringas y sueros penetrando las telas.

Creyó que quizás tanto la chica como su superior habían sido pareja o tenido alguna especie de relación más íntima en algún punto.

Recordaba que ella no había puesto resistencia cuando la amarraron y no dijo ni hizo nada cuando le inyectaron el fármaco para dormirla.

“Como si se entregara a la voluntad del mayor”

—Quiero los primeros informes a las 0800— ordenó finalmente, alejándose de Sona, recuperando la postura de un militar superior.

—Entendido.

Con esto dicho, abandono el laboratorio, dejando que el científico siguiera con su labor.


Pasada un par de horas, Carlox se estiró en su lugar. Pensó que su labor ameritaba una pausa y salto de su asiento.

La puerta de entrada estaba custodiada ahora por dos guardias con sus típicas armaduras blancas y herméticas.

Frunció su bigote con disgusto al notar la mancha de sangre en el sector del hombro del guardia de la izquierda.

—Por favor— pidió con repugnancia— este un laboratorio, cualquier sustancia extra podría alterar los resultados estudiados. Límpiese, tenga un poco de conciencia.

El soldado asintió con obediencia debajo de su casco y el científico cruzó la puerta rumbo a la sala comedor.

El lugar estaba a esas horas prácticamente vacío, lo que le alegraba desde que prefería la soledad en su laboratorio a lo ruidoso que llegaban a ser los demás soldados.

Cenar apropiadamente supondría comer pesado, lo que estropearía su labor y desempeño si luego la ingesta le provocaba sueño.

Lo pensó con cautela y terminó optando por cereal y una botella de leche.

Su conclusión lo complació de sobremanera mientras una maquina ponía en la bandeja que llevaba, los productos que había seleccionado con un tazón y una cuchara.

Pero entonces se dio cuenta de la difícil decisión que debía tomar ahora.