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Decisiones, decisiones

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El Yordle puso el cereal y lo baño en leche. Disfruto de su comida sabiendo que luego de ese pequeño descanso debería trabajar arduamente para tener el informe listo para el capitán.

No podía mentirse a él mismo tampoco, finalmente el imperio le daba algo realmente llamativo en lo cual experimentar e investigar.

¿Qué importaba si Kayn no aprobaba ser mas invasivo y agresivo con los análisis? Él no iba a saberlo, y la chica que tenia en estado de coma quizás lo noté, con horror y dolor, pero cuando despierte, luego de que ya tenga sus resultados.

Terminó y se dirigió al laboratorio, teniendo en mente con que parte seguir.

Estaba tan concentrado que, solo cuando llego a su escritorio y no entendió los carteles en rojos, se percato de que la cama de observación estaba vacía.

Rápidamente giró para encarar a los guardias, pero solo encontró a uno de ellos, muerto en el suelo a la par de la puerta.

Su bigote comenzó a fruncirse y moverse de lado a lado mientras su enojo comenzaba a crecer.


Sona se sentía mareada, sus ojos no podían enfocar nada y todo parecía borroso y confuso.

La arrastraban por un pasillo muy iluminado. Sus oídos zumbaban al tiempo que distinguía una fuerte y aguda alarma, estaba en todos lados.

Sentía quejas y gritos, para luego solo escuchar la alarma, luego tiros y más bullicio.

La tomaban del brazo, se colgaba de alguien del cuello, no podía terminar de poner sus dos pies en el suelo, se sentía una carga.

Trató de enfocarse en quien la llevaba levantando su vista, pero solo se encontró con un casco blanco y los lentes polarizados negros que no le dejaban ver el rostro.

Volvió a sentirse mareada y su cabeza calló de nuevo hacia abajo.

Pudo saber que una nueva puerta se abría y de repente la molesta luz y la alarma quedaron detrás cuando esta se cerró.

—¡Hey!

Escuchó la grave voz de un hombre y sin previo aviso su cuerpo cayó al suelo.

Se tomó su tiempo para poder erguir su espalda y se apoyo en la pared en una posición de sentada.

Allí pudo ver como un hombre de cabello negro forcejeaba con el soldado en su armadura blanca, este ultimo era de contextura mas pequeña y tenia una clara desventaja en la pelea.

Sona vio como el hombre golpeaba con fuerza el casco, ya controlando al soldado en el suelo. Se las ingenio para pasar sus manos a través del traje, tomando el cuello y ahorcándolo.

Notó como el sujeto, en su armadura, lograba desligar una pequeña arma de su muslo y dirigiéndola, con problemas, hasta la cabeza del hombre, disparaba, matándolo en el acto, haciendo que su cuerpo cayera sobre él.

Varios minutos pasaron sin que ya nadie se moviera en el lugar que estaban.

Se sentía mejor, lo suficiente como para usar sus poderes y empezar a mejorar su situación.

Ahora notaba que estaban en una recamara pequeña, a oscuras. Un cuarto con una cama individual a un costado. Algunos objetos personales, pero realmente muy pocos. Un espejo de cara colgado al lado de una puerta, y la otra puerta, por donde habían entrado, cerrada.

Se concentró entonces en los dos cuerpos al frente suyo. El sujeto de arriba estaba muerto, la sangre que salía de su cabeza ya era abundante, pero el otro sujeto, el que la había traído hasta allí, era difícil de saber.

La alarma en los pasillos, afuera, seguía sonando, podía escuchar a los soldados marchando a paso apresurado. Gritos y órdenes.

—¡Control de diana!

Se escuchó la orden por los pasillos.

—¡Verifiquen cada dormitorio! ¡Inmediatamente!

Solo unos pocos segundos y unos golpes se sintieron del otro lado de la puerta.

—¡Control! ¡Identifíquese!

Sona se puso en alerta cuando vio como el soldado de blanco se movía, levantando su arma que aun poseía en la mano izquierda.

Empujó el cuerpo que le obstruía y le quito al cadáver el guante de la mano derecha. Con dificultad se arrastró hasta quedar al lado del panel de la puerta, y puso la palma de la mano del muerto allí.

La luz del panel paso de roja a verde.

—¡Chequeado! ¡Habitación 48! ¡Siguiente!

Sona escuchó como los hombres al otro lado de la puerta seguían su camino. El soldado de blanco pateo el cuerpo a una esquina y se sentó, apoyándose en la puerta.

Notaba como la armadura blanca se manchaba de sangre en el hombro y como la respiración a través del casco comenzaba a ser notoria y conflictiva.

El sujeto dejo la pequeña arma de militancia a un lado y con una mano trató de sacarse el seguro del casco.

Le llevó varios intentos por lo errático de los movimientos. Cuando finalmente lo hizo, fueron los cabellos rojos los primeros en caer.

Sona tardó un poco en reconocer el rostro por lo lastimado que estaba, pero apenas saber que se trataba de Miss Fortune, dejo su lugar en la pared, para gatear hasta quedar en frente de la chica y tomar sus mejillas.

La pelirroja sonrió de lado al ver el rostro preocupado en frente suyo, como esos ojos brillantes la inspeccionaban, desesperados por ayudar.

—No me pongas esa cara, corazón—trató de reconfortarla— esta fue mi decisión después de todo.

La sanadita vio como del labio de la chica comenzaba a salir un hilo rojo de sangre que comenzaba a manchar su quijada, poco a poco la respiración entrecortada de la capitana dejó de serlo para quedarse cada vez más inmóvil.

Cerraba sus ojos como si quisiera descansar, pero aun mantenía su sonrisa pícara.


Miss Fortune abrió los ojos con pereza, quería quedarse mas tiempo en donde estaba, hacia mucho que no se sentía tan cómoda.

Frente a sus ojos, en la oscuridad, podía ver pequeñas luces, cálidas, le recordaban al ora que tanto había perseguido toda su vida.

Extendió su brazo para alcanzar a tocar una, pero entonces vio que su mano estaba dañada y tenia unos cortes de los que aun la sangre no había terminado de coagular.

Fue cuando otra mano intervino en la visión, tomando la suya con cuidado.

“Quizás estoy muerta” pensó, sintiendo como las heridas dejaban de doler solo porque la otra mano la tocaba.

Dejó la posición de acostada de a poco, viendo en un primer momento sus piernas, las cuales llevaban la armadura militar blanca. A un lado de la cama pudo ver la parte superior del traje y el casco. Ella llevaba ahora solo la camisa con la que había dejado su nave tiempo atrás, ahora perjudica y sucia, con tajos y sangre por el encuentro con Kayn y sus tropas.

Se giró con cuidado, sin romper el contacto con la mano que sostenía la suya. Sonrió complacida al encontrar a Sona en el borde de la cama, quien era la que había cuidado de ella y usaba su regazo como almohada hasta que despertó.

—¿Sabes? — comenzó preguntando, poniéndose de rodillas también, para quedar frente a frente con la chica— Esta no es la idea que tenia en mente para cuando compartiéramos cama…

Sona mostró una débil sonrisa y luego tomó con ambas manos, la herida de Miss Fortune, atrayéndola a su rostro, cubriéndola con cuidado y cariño mientras la curaba.

La pelirroja podía ver la tristeza y la culpa en el rostro del templario, y se acercó también, pegando su frente a la suya.

—“Toc, toc” “¿Quién es?” “Alguien que definitivamente no quiere interrumpir el momento, pero debe informar sobre una situación que resultaría critica en 18 minutos”— se anunció EXO, haciéndose presente en la consola al lado de la puerta.

—¿Qué sucede ahora, EXO? — preguntó Miss Fortune, suspirando, pero terminando por cortar el contacto con la chica y acercarse al monitor.

—El sistema de seguridad de la nave, el cual deja mucho que desear, ha detectado mi anomalía finalmente. Están borrando y sellando sistema por sistema para expulsarme del lugar y según mis cálculos tardaran alrededor de 18 minutos en expulsarme por completo, quizás 21 minutos si logro hacer una ruta de señuelo, pero no más.

—Son malas noticas… ¿Por cuánto tiempo dormí? — se preguntó ya registrando los planos que EXO ponía a su disposición— no escucho las alarmas.

—La apagaron hace unas 3 horas 47 minutos atrás, capitán. Al parecer han cambiado el rumbo y se dirigen a una colonia imperial. La mas cerca esta a 1 hora 13 minutos.

—Eso son peores noticias. Si caemos en una colonia del imperio es para que limpien la nave, no habrá lugar en donde esconderse.

—Afirmativo, esa parece ser la idea.

Miss Fortune miró la habitación, tratando de buscar con lo que ayudarse. Se sentía mejor ahora, aunque no plenamente.

El traje que traía de los soldados imperiales podía ayudarla, pero la vestimenta de Sona impedía que se moviera del cuarto. Debía estar todo el personal atento a sus movimientos ahora.

La situación era bastante critica.

Volvió a poner su atención en los planos, sabiendo los pocos minutos que EXO podría realmente ayudarla.

—¡Las celdas! — exclamó finalmente mientras el plan comenzaba a formarse en su cabeza— ¿Tienes los registros de los prisioneros, su clase y especie?

—Si, capitán, todos son altamente calificables para una gran noche de copas. Diversión asegurada.

—Entonces… ¡Que comience la fiesta!


Kayn trataba de mantener la calma mientras escuchaba como sus subordinados se dividían para cubrir las zonas de la nave, ya en vista de tener que recurrir a una colonia para una limpieza apropiada.

No podía creer que bajo sus narices una sola mujer, que debía estar muerta a estas alturas, se hiciera lugar para robar lo mas preciado que tenia la nave y bajar en su camino a una docena de sus hombres.

Solo pensar en tener que levantar un informe tan humillante le hacia querer sumar algunos números a las bajas.

En la sala de mando, uno de los paneles comenzó a lanzar una alerta.

—¿Y ahora qué? — preguntó sin ánimos el mayor, mientras el encargado atrás del monitor trataba de llegar a una explicación.

Pronto a ese panel se le sumó otro, y otro a los segundos, los monitores de la izquierda también comenzaron a alertar a la tripulación.

—Señor, tenemos un problema— informó finalmente uno de sus hombres.

—¡Eso es evidente, montón de inútiles! ¡¿Qué es?!

Pero antes que alguien pudiera decir algo, la puerta principal se abrió.

—¡Mayor! ¡Mayor! — gritó un soldado, pero no pudo decir más. Una bestia con cuerpo reptiliano, demasiado grande con abundante pelaje, abría su boca para devorarlo, mientras con su garra empujaba a dos de los soldados que trataban de dispararle.

Todos vieron el momento en que la bestia cambiaba su color a uno mas irritado cuando las balas comenzaron a molestarle, y como con sus enormes zarpas golpeaba a uno de los soldados contra el ventanal, con tanta fuerza que logró romperlo.

El vacío succionó a todos, haciendo caótico el entorno.

Las compuertas se cerraron, aislando el lugar. Pero en toda la nave se podía escuchar el destrozo de la lucha interna que acontecía.

—¡Los prisioneros escaparon!

Kayn solo apretó la mandíbula viendo como toda la sala era puesta en alerta y como su ordenada nave pasaba a ser un completo desastre

—Fortune— atinó a decir con la mandíbula apretada.

—¡Capitán! ¡¿Qué hacemos?!

—¡Controlen a las bestias, idiotas! ¡Mátenlas a todas de ser necesario! ¡Cualquier alma que no lleve el traje de Demaxiana o puede identificarse como uno de los nuestros, será liquidado!

—¡Si, señor!

—¡Cierren todas las puertas! — siguió dando ordénenos claras— cabina por cabina. Que cada soldado se encargue de su propio lugar hasta la muerte, y si no lo consiguen simplemente manténgala cerrada hasta llegar a la colonia.

—¡Si, mayor!

—Cierra la sala de mando, que nadie entre y salga de aquí. Llevaremos a esta nave a las puertas del infierno de ser necesario.

—Mayor, detecto ordenes no autorizadas en el andén de naves.

—¿Qué?

—Las compuertas se abren para dejar salir naves del imperio, señor.

Kayn lo entendía ahora. Toda esta orquesta para que la pelirroja pudiera escapar en una de sus propias naves de guerra.

No lo iba a permitir.

—Mantengan mis órdenes. Ni siquiera yo puedo volver a entrar aquí una vez que salga ¿Entendido?

—Si, señor.

—Yo mismo terminare este asunto.

El anden de naves no estaba realmente lejos de la sala donde estaba. Pero las puertas, selladas ya bajo su orden, suponían un pequeño contratiempo… aunque no para él.

Atravesó cada sala, cada pared, hasta llegar al andén. Allí unas bestias asquerosas, las mismas que minutos atrás tenía bajo control, destrozaban a un puñado de sus hombres.

Con gran habilidad, y deseoso de encontrar ya a la pelirroja, decapito a la bestia y siguió camino.

Solamente una de las naves en el anden estaba en marcha, una de batalla, pequeña, bien equipada con armas del imperio.

Se enfureció solo de pensar que un prisionero la manipulara.

Hizo brillar su guadaña y partió a la nave en dos, sabiendo que prefería perderla ante que en manos enemigas.

Con un puño y aplicando una fuerza descomunal abrió el casco de la nave, solo para encontrar que nadie la piloteaba.

Se extrañó y trató de razonar, pero antes que pudiera hacer algo la compuerta se abrió, dejando ver el espacio.

El centro de gravedad de la nave evitaba que cualquiera salga despedido y que el oxigeno se mantuviera. Así que la única razón para que estuviera abierta era justamente para la entrada y salida de naves.

Miró a sus espaldas al tiempo que encontraba el rostro de Miss Fortune, sonriendo, saludándolo con una mano, sentada en una nave transbordadora.

Kayn gruñó, pero no tuvo tiempo de nada más, la pelirroja pisó el acelerador y la nave lo embistió con fuerza, haciendo que su cuerpo volara y cayera con fuerza en el suelo metálico del andén.

Lo ultimo que vio fue la cola de uno de sus transbordadores dejando la nave.


Miss Fortune aún se mantenía en alerta viendo el espacio desde el parabrisa.

La pequeña nave que había tomado no tenía ningún arsenal o arma y tuvo que pilotear con gran esmero, ayudada por EXO para perder la cuadrillad de naves que habían salido en su búsqueda desde que había abandonado la nave madre imperial.

Tuvo la suerte de encontrarse cerca de un anillo de asteroides. Encontró uno grande, con un cráter, lo suficientemente amplio para esconder la nave ahí, y ahora esperaba atenta.

EXO le mostraba en el panel principal las naves que rodeaba la zona, aun eran muchas, peor aún, la nave principal se había acercado y no parecía tener intenciones de abandonar el lugar aun por lo complicado del anillo de asteroides.

—Si nos encuentran nos freirán.

—Afirmativo, capitán, a fuego lento.

Se estiró en su asiento y luego miro de reojo hacia atrás.

El transbordador no debía medir mas de 7 metros. Contaba solo con la cabina de mando que estaba sin ninguna división adherida a la sala de carga, con dos sillones largos, uno a la derecha y otro a la izquierda.

Era evidente que era una nave que solo se usaba para transportar un pequeño grupo de gente de un lugar a otro.

La había elegido por la facilidad que suponía perderse con algo tan pequeño en el espacio y porque sabia que las naves de batallas estaban llenas de sensores y mandos que cualquier nave madre podría identificar y manipular.

Aparte, luego de ver como Kayn había desconfiado primero en su nave de batalla, despedazándola, sin sospechar que ella se escondía en un humilde trasbordador, la hacía saber que había escogido correctamente.

Reparó en Sona. La chica estaba sentada en uno de los sillones, con su habitual manto y calma.

—EXO, realiza un análisis de “los pasajeros”— pidió con determinación luego de recordar como la chica había estado expuesta a sustancias y manipulaciones en un laboratorio.

También le vendría bien saber que no tenía ningún hueso roto, aunque desde que Sona la había tomado en su cuidado, creía que era imposible.

—A la orden, capitán—concedió la IA— la sanadita no presenta ninguna alteración de ningún tipo, tampoco encuentro en ella ningún elemento artificial de monitoreo o trasmisor. Ritmo cardiaco en los parámetros normales. Estado final óptimo.

—Genial— comentó aliviada.

Aunque sabia que EXO no estaba orientado a la parte clínica- medica, sabía que podía hacer un eficiente trabajo de análisis, así que confiaba en lo que le decía.

La pelirroja recordó como había encontrado a la otra chica atada en la camilla, teniendo que sacar las punzantes agujas que enviaban los sueros que ese extraño Yordle la había proporcionado.

Recordaba que, aun estando inconsciente, Sona le seguía pareciendo muy valiosa, y con eso en mente, se había esmerado en llevarla con cuidado hasta dejarla a salvo.

A fin de cuentas, había sido Sona la que la había salvado a ella, sacándole el traje y tratando de curarla. Cuidando de tenerla cerca y en contacto hasta que mejorara.

Miss Fortune podía decir un montón de cosas sobre la experiencia, pero la verdad había resultado muy divertida. “Toda una aventura” como a ella le gustaba.

Sin mencionar que tuvo la oportunidad de disparar bastante y medirse contra temerarios y creídos “soldaditos” del imperio.

Aun podía sentir la emoción de la cacería en sus venas.

Sona le sonrió desde su asiento, parecía feliz de verla animada y bien.

“Definitivamente algo así vale la pena” reflexionó mientras se perdía en sus pensamientos.

—Su estado no es el óptimo, pero sobrevivirá, capitán— siguió informando EXO— Tampoco encontré ningún material artificial ajeno a su cuerpo, aunque detecto un alto nivel de dopamina en sangre, lo que es fácilmente explicable ya que las feromonas que está liberando sugieren que desea aparearse con la-

La pelirroja golpeó el tablero con su puño un par de veces hasta que el ruido hizo callar el informe.

—Eso es todo, EXO, muchas gracias— lo cortó de inmediato— por favor, mantenme informada de las naves cerca, nada más.

—Si, capitán.

Se llevó una mano a la cara, tratando de ignorar lo ocurrido, cuando notó el atípico guante. Aun llevaba el traje militar del imperio.

Por primera vez se preguntó cuando tiempo pasaría hasta reunirse de nuevo con sus cosas, su traje, su nave.

Ni siquiera estaba segura de seguir en el mismo sistema que su tripulación.

—Así que… poderes curativos ¿Eh? — comenzó la conversación con Sona, abandonando el asiento detrás del panel, y reuniéndose con ella en la cabina trasera— No eres la única criatura en el espacio que puede hacer eso. No me malentiendas, estoy bastante sorprendida y agradecida de tus poderes… pero no creo que sea una razón suficiente para que una nave imperial como esa te busque hasta un sistema recóndito.

Sona asintió comprensivamente.

—Mira, de verdad no soy alguien que le gusta meterse en asuntos ajenos, y lo que tu y tus colegas, la loca de las explosiones, la piedra, el enano y tu capitán, hagan con sus vidas, realmente no me interesa…pero— siguió hablando, tratando de no sonar ruda— resulta que ahora mi nave y tripulación parece haberse comprometido con asuntos “que no entendemos” y todo indica que tiene que ver contigo… ¿Me explico?

Otro nuevo asentimiento obediente.

—Así que… ¿Qué trae al imperio tan obsesionado contigo?

—Capitán, detecto varias naves imperiales acercándose peligrosamente al perímetro— anuncio con apremio la IA.

—¿Qué?

Miss Fortune se acercó al panel, y en efecto, podía ver como unos puntos se acercaban a su ubicación.

—Están usando señales de zonda gama— explicó EXO— aunque haya logrado desconectar todo registro de esa nave y no sea perceptible para el sistema Demaxiano, cualquier motor podría ser detectado ahora.

—Suspende los motores, pon la nave en estado de reposo absoluto, apágalo todo.

—Esa sería una decisión acertada capitán, no seriamos detectados por nadie a menos que descubran la nave de milagro. Al mismo tiempo debo informarle que la temperatura en esta zona desciende los -134 ºC. La suspensión de toda la energía y el estado de reposo haría que la temperatura adentro de la nave sea peligrosamente baja para cualquier organismo con vida.

—Lo entiendo— comentó Miss Fortune y miró por su hombro, Sona no hacia mas que quedarse sentada esperando por ordenes de como seguir— ¿No hay ninguna capsula de suspensión a bordo?

—Negativo, capitán, solo cajas de emergencias.

—Podemos no apagar el sistema de calefacción de la nave y todo lo demás sí.

—Si, es viable, el sistema dejaría de ser altamente detectable. Las posibilidades de que nos encuentren serian bajas, pero probables.

Miss Fortune lo pensó, viendo como las naves aun se acercaban a donde estaban. No tenía ningún arsenal contra ellas, pero aun así podía arriesgarse a un nuevo enfrentamiento, huyendo nuevamente con la ayuda de EXO.

—Así que… ¿Morir de hipotermia o morir acribillada?