Actions

Work Header

Decisiones, decisiones

Chapter Text

 

—Esto se va a poner fri-fri-frio— anuncio EXO.

—Es bueno que no puedas sentir nada entonces.

—Afirmativo, pero temperaturas realmente bajas por un tiempo demasiado prolongado podrían dañar los sistemas de la nave y donde estoy almacenado.

—Entonces será mejor que cuides bien esa parte al apagar todo— recomendó Miss Fortune alejándose de la consola— pon todo en hibernación, asegúrate de encender los motores secundarios primero solo cuando no haya peligro cerca.

—Si, capitán…—apenas dicho esto las luces en el interior se apagaron, dejando ver unas delgadas tiras de fosforo con una débil luz anaranjada en el suelo— buenas noches.

Con esto ultimo los monitores se apagaron y todo se quedó en silencio.

Con la poca luz que ofrecía el fosforo, Miss Fortune se las ingenio para desarmar el asiento izquierdo, sacando de allí la caja de emergencia.

Al abrirla no encontró gran cosa, solo unas raciones de alimentos, botellas de agua, botiquín de primeros auxilios y una sola manta térmica.

“Que conveniente” pensó con sarcasmo mientras sacaba la manta y se acercaba a Sona.

—Mira— comenzó mientras se ponía en frente de ella— las cosas se van a poner un poco… difíciles aquí.

Con cuidado despego los parches del material, y pidiendo permiso corrió un poco de la ropa del templario para pegarlos por su cuerpo.

—Son parches de calor ayudaran a tu temperatura corporal— explicó mientras ponía el ultimo en el cuello de la otra chica— si baja demasiado la temperatura en la zona harán una reacción química que liberara calor, también le informaran a la manta para que ayude a regularlo.

Explicaba esto mientras ya abría el material y envolvía a la chica por la espalda.

—Yo estaré bien, este traje militar tiene su propio sistema térmico y es bastante abrigado.

No mentía del todo. El traje no se comparaba ni por aproximación al suyo, pero podía apostar que la mantendría abrigada por un tiempo, por lo menos en los primeros momentos.

Sona la miraba, no muy convencida de lo que se le decía.

—Necesite apagar toda la nave. Aun nos buscan, quien sabe por cuanto tiempo— explicó con calma— apenas estemos a salvo nos pondremos en marcha de nuevo.

Miss Fortune caminó de nuevo hasta quedar al lado de las consolas, ya todo estaba apagado y apenas podía ver el espacio por la abertura del asteroide.

—Descansa— le recomendó con una sonrisa confiada— después de todo, tu harás la siguiente guardia.


Se distrajo con el vapor visible que salió de su boca al suspirar.

Ya había perdido la noción del tiempo, era imposible saber cuando EXO prendería finalmente las pantallas y comenzaría a calentar de nuevo la nave, pero aun así lo esperaba con impaciencia.

Las cosas estaban poniéndose peor de lo que nunca habría imaginado.

Cada tanto miraba por Sona. La chica dormía, con las mejillas sonrojadas y una respiración tranquila. Lo que le daba cierta calma, pero de eso había pasado ya un buen rato.

Quería asegurarse que la otra chica estaba bien de vuelta, pero le era imposible mover su cuello de la contractura que tenía los músculos de la espalda.

Había optado por quedarse en el asiento detrás de los paneles, esperando por EXO, pero ahora no se podía mover.

Su mandíbula se tensaba con violencia, haciéndole doler la zona y el cuello. Ya no sentía las puntas de los dedos de su mano y tenía las piernas adormecidas.

La piel de la cara le ardía, sabía que debería estarse dañando y agrietando.

El frio se sufría a niveles que nunca pensó que debería pasar.

Tuvo miedo de morir, pero a medida que el sueño llegaba, pensó que por lo menos no tendría que soportar más esa tortura.

El tacto cálido en sus mejillas la hizo despabilar. Solo pudo atinar a sonreírle a Sona, pero le era imposible hablar. Su dentadura no le respondía como debería.

La temperatura en la nave era realmente baja y solo el hecho de haberse movido desde su sillón hasta llegar a Miss Fortune había sido de lo más incómodo y frio que había vivido, pero se alegraba de haberlo hecho.

Sus manos tocaron la armadura blanca y tuvo que romper el tacto de inmediato al sentirla congelada.

Apoyó su mejilla con la de Miss Fortune y trató de acariciar su cuello a través de la tela negra, la pelirroja suspiro, agradeciendo el tacto.

—Lo lamento— la escuchó murmurar— me estoy muriendo de frio. De verdad lo lamento.

Sona sabia que era una decisión arriesgada, pero viendo morir a la pelirroja decidido tomarla. Le quitó la armadura con cuidado y pudo ver la piel a través de la camisa, que llevaba abajo, demasiado pálida. Los dedos, una vez quitado los guantes, hinchados y azulados.

Se quitó algunos de los parches y se los puso a la capitana.

Miss Fortune sufrió con el choque del ambiente en su piel, sintiendo como los parches solo hacían pequeños focos de calor, incapaces de llegar a todo el cuerpo.

Al cabo de un tiempo sintió como la llevaban hasta la parte trasera de la nave. Su cuerpo cayó en el sillón, pero fue incapaz de dejar la posición encogida en la que estaba por su cuenta.

—¿No tendrás, de casualidad, poderes de… calor? — preguntó en un hilo de voz, tratando de bromear

No estaba segura si Sona la había escuchado o no. Solo la vio sacándose la manta térmica para luego bajar su capucha y sacarse también el manto verde que llevaba.

Era la primera vez que veía a la chica así. Aun llevaba la malla negra y blanca de sus prendas, pero sus cabellos, castaños claros, largos y apenas ondulados en las puntas, la dejaron sin habla.

Se puso a horcajadas arriba de ella y cubrió a ambas con el manto verde y la tela térmica, antes de apoyar sus pechos sobre el hombro de la capitana, haciéndose un lugar a su lado y arriba de ella.

Con lo minutos el plan de Sona comenzaba a dar resultados.

La pelirroja aun sentía muy frías sus piernas, pero se encontraba capaz de volver a mover sus brazos y dedos.

Al sentirse mejor hizo lo propio para acomodarse en el asiento y ahora pasaba sus dedos por los cabellos marrones de otra chica. Lejos de darle calor, los encontraba fríos, pero aun así suaves.

Sus dedos se divirtieron recorriendo la espalda del templario, hasta que finalmente la abrazó por los hombres y comenzó a quedarse dormida.


Despertó viendo las luces del techo encendidas. Un rápido vistazo a su alrededor y comprobó que toda la nave estaba en funcionamiento. Inclusive podía escuchar los motores andando.

Su cuerpo se sentía entumecido al lado izquierdo, y al tratar de moverse encontró el cuerpo de Sona.

La chica dormía tranquila a su lado, con los cabellos cubriendo una parte de su rostro. Miss Fortune volvió a pasar sus dedos por ellos, como había hecho horas atrás.

Se sentía complacida solo de verla y hubiera optado por quedarse un tiempo mas así, pero sabia que el momento apremiaba.

Con cuidado dejo el asiento, cubriendo a Sona con su manto y se dirigió al panel.

—Bueno días, capitán—saludó EXO apenas la chica se puso frente los paneles.

—Te dije que me avisaras apenas prendieras la nave.

—Se veía muy cómoda— se excuso la IA y ya mostraba las rutas del sistema donde estaban— parece que los asteroides se movieron bastante en estas últimas horas.

—Ni siquiera se en que sistema o galaxia estamos.

—Sistema 17 capitán, galaxia Aonia

—¡Aionia!

Estaban increíblemente lejos del sistema donde habían visto su nave por ultima vez. Sabía que la nave de los demaxiano podía trasportarse de una galaxia a otra, al igual que su nave en optimas condiciones, en pocas horas a través de portales, pero era imposible hacer esos viajes en un transbordador como este.

Peor aún ¿Como contactaría con su nave? La comunicación Inter galaxia era imposible, mínimo necesitaban estar en el mismo sistema.

—Hace algunos años, los planetas de Aionia habían comenzado la guerra contra los demaxiano en contra de la colonización de estos.

—Afirmativo, capitán

—Por eso este sistema es siempre bueno para piratas espaciales y cualquier entidad en contra de los Demaxiano… pero también hace que haya muchas flotas de ellos cerca.

—Los portales dimensionales están casi todos al servicio del imperio, capitán.

—Sí… también sabia eso. Esto es realmente problemático. ¿Sugerencias?

—Le sugiero la ruta al planeta Sires, Capitán— recomendó de inmediato EXO— es el planeta más cercano sin conquista demaxiana de ningún tipo y con una de las mejores economías del sistema.

—¿Tiempo?

—7 horas, 44 minutos.

—Bien ¿Este trasbordador tiene lo necesario para hacer ese tipo de arribo?

—Si, capitán. Previamente había liberado todo el sistema para que no sea detectable por la matriz del imperio demaxiano. Tiene autonomía plena. Una nave como pocas, toda suya, capitán. Llévesela ahora con el agregado de un bonito llavero con forma de gusano interestelar.

—Perfecto. ¿Cuánto tiempo paso sin que alguna nave enemiga apareciera en el radar?

—Un par de horas, lo suficiente para asegurarle que no nos seguirán.

—Esta bien… al planeta Sires será.

—A la orden.

Miss Fortune vio con gusto como la nave salía de su escondite y se dirigía sin problemas por la ruta pactada.

Miró hacia atrás justo a tiempo para ver como Sona se ponía en una posición de sentada, tocando con una de sus manos su rostro, tratando de despabilar.

—Comúnmente cuando a alguien le toca “su ronda” no debe quedarse dormido— comentó con gracia la pelirroja acercándose hasta ella.

La chica pareció entender su falta y puso cara de preocupación y disculpa hacia la pelirroja.

—Eso estuvo muy mal. Por la temperatura, si ambas nos quedábamos dormidas, seguro moríamos, tuviste suerte. De lo contrario, si es que alguien encontraba nuestros cuerpos alguna vez, seria todo responsabilidad tuya.

Sona bajó la mirada, avergonzada por su falta, pero pronto la palma de Miss Fortune se apoyó con cariño en su mejilla, depositando un húmedo beso en la otra.

—Gracias.


Aterrizaron sin problemas en una zona recomendada por EXO.

El lugar tenia un clima desértico, seco y caluroso. La ciudad mas cercana quedaba a unos cuantos kilómetros.

Miss Fortune desconfiaba de un planeta que no conocía y solo se podía valer de registros de su IA, por esta razón prefería mantener la nave escondida lejos y comprobar por ella misma el estado de la ciudad.

—No, no… tu te quedas aquí— le ordenó a Sona, cuando ya la veía con su habitual manto, predispuesta a acompañarla— Llamarías mucho la atención. Déjame ir primero, comprar algunas cosas y volver. Te prometo que regresare por ti pronto.

Había logrado hacerse con un pequeño comunicador. EXO podría así estar en ambos lados al mismo tiempo, con ella y con la nave, cuidando de Sona.


La ciudad estaba adecuada al clima. Las personas vestían ropas que le llegaban hasta los tobillos y cubrían sus cabezas con mantos o turbantes. Las calles estaban llenas de las arenas del desierto que rodeaba el lugar.

Por lo demás, parecía una ciudad amigable, aunque pobre.

Lo primero que hizo fue encontrar un lugar de cambio. Allí se sacó uno de los anillos que llevaba y lo rompió, dándole la mitad al dueño, el cual le devolvió por el ora una buena cantidad de efectivo siriano, la moneda del lugar.

—Necesito hablar con alguien que pueda facilitarme un viaje Inter dimensional— habló claro, y el dueño del lugar, luego de pensárselo por unos momentos, le señaló un lugar unas cuadras abajo.

Al llegar Miss Fortune se desilusionó un poco, se trataba de un bodegón mecánico.

—¿Eres el encargado? — preguntó a un hombre con una piel tan quemada por el sol que era difícil saber dónde terminaba la mugre de aceite y comenzaba su verdadero color.

—Soy el encargado— contestó el hombre, caminando hasta donde estaba Miss Fortune, extendiéndole la mano a modo de saludo.

La pelirroja no dudó en estrecharla y luego de soltarse comenzó a hablar, con confianza y al punto.

—Necesito un viaje… fuera de esta galaxia. Preferentemente al sistema Kantos, el dinero no es problema.

—Interesante, pero me temo que todo el dinero del mundo no podrá sacarte de este sistema. Hace un par de meses los demaxiano prohibieron los viajes Inter dimensionales con el afán de que la resistencia no consiguiera refuerzos de otros lados. Todo esta controlado por ellos. Si no eres uno de sus hombres y no tienes papeles que corroboren al pie de la letra que no eres alguien en contra de su sistema… lo cual dudo, no pasaras.

Miss Fortune suspiró, temiendo que algo así pasara. Parecía que todo el tiempo estaba saliendo de una situación mala para ponerse en una peor.

—El hombre en la caja de cambio pensó que me ayudarías.

—No soy un contrabandista ni tengo ningún poder político o militar con los demaxianos, como podrás ver.

—Si, es verdad.

—Soy un simple mecánico… pero…

La pelirroja le puso atención, esperando para ver como le salvaban el día.

—Las naves van y vienen de los portales escapando de los controles demaxianos… si tienes una nave veloz, puede pasar a ciertas horas por allí. La resistencia usa ese medio para pasar sus “cosas”

Miss Fortune rio un poco.

—El viejo de la tienda piensa que tengo el ora suficiente para comprar una nave con capacidad de viaje Inter dimensional… gracioso… pero no, no tengo ese poder… no ahora.

—Y quizás sea bueno, una nave como la que te imaginas seria fácilmente blanco de los demaxianos y la bajarían sin problemas— explicó el hombre— No, las naves que pasan por los portales son pequeñas.

—Naves pequeñas intergalácticas… claro— se burló la pelirroja.

—Supongo que es muy difícil de creer para un extranjero como tu… y a decir verdad es difícil de creer hasta para mi propio vecino… pero llevo años montando naves para esos viajes, esperando por el día de sacar a patadas a cada pequeño trasero demaxiano de aquí.

La pelirroja lo miró por unos momentos, pero el hombre no cambio ni una sola palabra. Luego se paseo por el taller, viendo las piezas y los planos, sintiéndose curiosa por algunos de sus trabajos.

—Tengo una nave… un transbordador demaxiano para ser más específica, se los robe.

—Me gusta cómo suena.

—¿Crees que eres capaz de montarlo para realizar viajes Inter dimensionales?

—¿Con el equipo y el… dinero necesario? — preguntó, haciendo cálculos en su cabeza— Claro.

—No te preguntare cuanto, porque en realidad no me importa, sino cuando.

—Depende, necesitaría ver el modelo del transbordador y ahí, dependiendo del estado y unos cuantos detalles variaría. Si todo va bien, unos días, de tener cosas en contra, quizás un par de semanas.

—Bien…— comentó aun paseándose por el taller— te diré que haremos. Te pagare lo que sea que pides por la modificación de la nave, y te daré el doble si lo logras en menos de 3 días.

—Un incentivo como nunca escuche, señorita.

—Luego una IA chequeara a fondo la nave y vera que sea competente y te puedo asegurar que es muy, pero muy, eficiente. Algo con lo que esta galaxia no podría siquiera soñar en tener. Y si esta IA me dice que hay una mínima posibilidad de sabotaje o desperfecto en esa nave… te volare los dientes uno por uno y le prenderé fuego a este taller por completo, ni siquiera las cenizas que juntes bastaran para llenar el tarro de basura de un baño público.

—Tenemos un trato, entonces.

Nuevamente Miss Fortune estrechó la mano del hombre y con una sonrisa confiada comenzó a caminar hacia la salida.

—¿Necesita un lugar en donde quedarse? — preguntó con apremio el hombre, la pelirroja solo lo miró de costado— Mi hermano y su esposa tiene un hotel con pocas habitaciones, es un buen lugar. Las restricciones del imperio demaxiano le están haciendo pasar un mal momento y le vendría bien un huésped tan generoso.