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Decisiones, decisiones

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Miss Fortune llegó a la nave pocas horas después de haberla dejado.

Sona la recibió a un lado de esta, probablemente aburrida de lo poco que podía hacer estando adentro.

—Tengo buenas noticas… y malas noticias ¿Cuál deseas escuchar primero? — fue la forma de saludar de la pelirroja al llegar a su lado.

La chica se le quedó mirando por unos momentos y luego levantó el dedo índice hacia arriba.

—Las buenas noticias primero, ok— adivinó la pirata— Vamos a poder viajar a una galaxia donde la comunicación con mi nave sea apropiada en poco tiempo. Conseguí a alguien que modificara este transbordador y si todo sale bien viajaremos en pocos días. Ahora las malas noticias. No me fio de este lugar del todo, así que mientras la nave es modificada, prefiero que te quedes alejada de la ciudad. Se que será incomodo, a lo sumo podre montar un pequeño refugio…

Miss Fortune se dio la vuelta para localizar con la vista las enormes piedras que había visto de camino de vuelta, creyendo que las podría utilizar para quedarse allí estos días.

—De verdad me da pena proponerte esto. Ambas estamos cansadas y nos vendría bien reponer fuerza, un baño, comida, cama… solo que no sé muy bien cómo-

Se interrumpió al sentir la mano de Sona sobre la suya. La miró y vio en ella un rostro que entendía lo que decía y aceptaba lo que les tocaba vivir esos días.

—Bien… traje algunas cosas. Trabajemos rápido, mientras antes lleve la nave a la ciudad, mejor.

Le había llevado el resto del día acomodarse, llevar la nave, terminar de pautar con el mecánico y regresar al desierto donde Sona.

Había traído con ella la cena y sabia, por EXO, que la temperatura del lugar podría bajar considerablemente, así que también compro unas bolsas de dormir térmicas y elementos para hacer una buena fogata.

—¿Esta todo bien?

Desde que había regresado no había dejado de notar lo dispersa y distraída que parecía Sona. En varias ocasiones no pudo evitar notar como la chica mantenía su vista al cielo nocturno o tardaba en mirarla, tratando de averiguar si le habían preguntado algo o no.

Este era uno de esos momentos.

Ya había logrado encender la fogata y tenia lista la comida instantánea, que constaba solo de unos fideos con vegetales y carne. Lo único que tuvo que hacer fue colocarlo cerca del fuego y esperar por unos minutos.

Pensó que quizás la chica no tenia hambre, o peor aún, no le gustaba el menú. Se sentía mal de no poderle dar algo mejor.

Era difícil comunicarse con ella. Sabia que los seres como Sona podían comunicarse con uno si se disponían a entrar en un plano mental, de paz, o por lo menos eso se decía. Seguía siendo un misterio para ella y la mayoría de los vivos.

Al terminar de comer y ver que la chica se había distraído de nuevo mirando al cielo, se acercó a ella dándole la bolsa y manta de dormir. Se acomodó a su lado también mirando el firmamento.

—La contaminación en este planeta parece ser baja, deja ver muy bien las estrellas ¿No es así?

Sona dejo de mirar hacia arriba para contemplarla, asintiendo con una sonrisa.

—Sigo pensando que se ve mejor desde mi nave, pero la vista aquí no está mal tampoco— siguió comentando.

Se quedó en silencio luego de eso. Con el pasar de los minutos comenzó a sentir cansancio, y lo tranquilo y cómodo del lugar, lo silencioso del desierto y lo agradable que era estar cerca del fuego, la llevaron poco a poco a cerrar los ojos.

Durmió bastante bien en una primera instancia, excepto por contados momentos en los que abrió los ojos para corroborar que todo estaba bien.

Veía a Sona, aun sentada sobre la bolsa, sin dormir, aun mirando algo que ella no podía ver en lo estrellado de la noche.

Su rostro se mostraba preocupado, pero no hacía nada más que quedarse allí.

Volvía a dormir, pero en sueños, algo comenzaba a generarle cierta ansiedad.

No fue hasta por la mañana, cuando se estiró en el lugar, despertando finalmente, que, al ver nuevamente hacia arriba, supo que sus planes iban a cambiar nuevamente.

Miss Fortune se entretenía en el taller mecánico montando un caño de fuego gravitacional en un soporte. Luego de mirar algunas de las otras cosas que el ingeniero tenía allí, comenzó a hacer algunos agregados y, ya que quería que el hombre solo se encargara de lo que habían acordado, ella decidió trabajar con el resto.

Le gustaban las armas de toda la vida, no era siquiera una molestia para ella.

Se interrumpió al ver como unos niños jugaban en el portón, pero prontos eran interrumpidos por un par de adolescentes que traían un monitor pequeño, hablaban con animo entre ellos, y le compartían a los más chicos lo que veían.

La pelirroja no tenia que ni adivinar, pues estaba en la boca de todos. Aun así, dejó de hacer en lo que estaba para acercarse con calma.

—“… un equipo bien tripulado trató de acercarse a un par de horas, solo para ser rescatado por un patrullero. La nave al parecer dejó de funcionar al acercarse y sus miembros se petrificaron, dando una fuga de emergencia. Tenemos palabras de uno de los navegantes a bordo”

Ahora en la pantalla se podía ver el rostro de un hombre aun exaltado.

—“Es algo que nunca en mi vida vi… sentí”— trataba de explicar el hombre— es difícil saber lo que esta frente a tus ojos, los radares, andaban bien, y de repente al acercarse mas murieron. Poco a poco nos comenzamos a sentir terriblemente mal, era una fuerza ¡SI! Una fuerza en tu cabeza que algo estaba terriblemente mal. ¡Salgan! ¡Váyanse! Parecía ordenarnos, no con palabras… era, no sé cómo explicarlo… y de repente la nave murió y tuvimos que ser rescatados.”

—“¿Volverán a intentarlo? ¿Entrar al planeta, por lo menos acercarse un poco más?”— cuestionaba el entrevistador.

—“No lo sé, hombre. No voy a mentirte, fue aterrador y todos sentimos que era algo superior a nosotros, pero tan… llamativo. Es arriesgado, pero si me preguntas si vale la pena, aunque sea acercarse un poco más… yo lo haría. Pero por lo que vi, quizás sea la ultima acción en vida de alguien”

Miss Fortune siguió viendo la pantalla con los chicos, aunque ahora mas erguida, perdiendo el interés ahora que el hombre a cargo de la noticia daba datos sobre la aparición del cuerpo celeste.

—Escuche que se trata de un planeta maldito, mi abuelo me dijo que solo personas de poder van a él para conseguir los peores venenos para sus enemigos, y con solo una gota de ellos acabas con un planeta entero.

—Mi madre dice ella vio el planeta cuando vivía en la constelación de Andrómeda. Solo apareció por apenas 2 horas y luego desapareció, pero luego de 9 meses la reina del planeta Menon dio a conocer el nacimiento de su primogénito.

Miss Fortune sabía que podría pasar horas entreteniendo a ese grupo de niños con la cantidad de historias como la que contaban entre ellos.

Pero el tema le tocaba personalmente ahora y decidió salir del taller por un poco de aire. Levantó su vista al cielo y allí estaba, como todos lo habían encontrado esa mañana.

Era un planeta enorme, de un color verde con desigualdades marcadas en negro, un aro dorado lo rodeaba, como si se tratara de un círculo de asteroides que uno solo podría imaginar el material.

—¿Curiosa, como todos?

El mecánico se acercó a donde estaba ella, prendiendo un cigarrillo y sentándose en un montículo de chatarra.

—No eres de por aquí, se nota— comentó con calma.

—No, no lo soy.

—Ah… pero supongo que aun así sabes lo extraño que es la aparición de un planeta de la noche a la mañana.

—No es algo que pasa todos los días ¿Verdad? — agregó con calma, sentándose a su lado, con los brazos cruzados.

—No, pero al parecer somos afortunados ¿No es así? No todos pueden decir que vieron en vida al planeta Sana.

La pelirroja había identificado al planeta con solo verlo, aun así, hizo que EXO recapitulara los archivos y las fotos, cualquier registro que pudiera encontrar para disipar dudas.

Con todos los misterios que había por desvelar, ahora se sumaba la aparición de Sana, de la nada, justo en una galaxia, tan cerca inclusive del planeta donde ella estaba.

Incontables personas habían tratando de dar con este. Investigaciones de todo tipo. Ya era casi imposible acercarse a un sanadita, ¿Pero su planeta?

—¿No se siente afortunada, señorita? — indago el hombre, viendo también el planeta arriba de sus cabezas.

—Lo estaré cuando tenga mi nave lista…

—Hace poco que llego aquí ¿No es así? y tuvo la suerte que al día siguiente un milagro como este pasara… es una casualidad como ningún otra ¿No cree?

—¿Casualidad? — se burló Miss Fortune. Llevaba desde la mañana pensándolo y le parecía imposible que lo sea.

Había tratado de hablar sobre el tema con Sona de inmediato, pero la chica parecía no entender el asunto del todo tampoco.

—No tengo nada que ver con esto, si es lo que tratas de decir— se justificó con calma— Te lo dije, si yo tratara de comprar un sanadita primero hubiera elegido comprar una nave entera y salir de aquí.

—Ah… ¿Crees que esas historias son ciertas? ¿Qué el planeta vende a sus habitantes para propósitos personales?

—Es la creencia mas popular ¿No es así?

—Lo es, lo es… aunque también se dicen otras cosas.

—Si, lo se…

—El imperio está interesado en hacer otro intento por abordar el planeta, o por lo menos eso escuche.

—No lo lograran.

—¿Lo ha intentado alguna vez?

—Nunca, es la primera vez que veo el planeta… pero conozco personas que trataron. Llámalo espiritualidad, creencias, tecnología de una civilización extrañamente distinta o avanzada o como sea… nadie logra acercarse por nada… excepto…

—Los mismos sanaditas…

—Y las personas que pactaron, dios sabe cómo, un intercambio.

—No creo que haya en esta galaxia alguien tan poderoso o rico como para hacer un intercambio por un sanadita… aunque me dijeron que a veces no es algo que se pueda comprar con ora… y tampoco conozco de la existe de un sanadita por estos lugares.

—¿Quién sabe? — terminó diciendo con desdén— ¿Cómo va mi nave?

—Bien, al parecer podre cobrarle el doble de lo que cuesta.

—Es una buena noticia para ambos— se alegró la pelirroja— creo que es una buena hora para almorzar, me retirare de momento.

—Como guste, señorita— contestó al tiempo que apagaba su cigarrillo— si me permite darle un consejo…

—¿Mmm?

—He notado que sus zapatos están arruinados por la arena caliente, solo se arruinan de ese modo si va a las afueras, al desierto— comenzó explicando— tenga cuidado, aquí es bien conocida la existencia de piratas de las dunas. Son hambrientos y despiadados… si puede, ya no salga de la ciudad.

—¿Piratas de las dunas? — preguntó.

—Sí, aunque no es lo mas peligroso que hay en el desierto de este planeta…

El comunicador sonó un par de veces más, hasta que el hombre lo tiró al suelo y con su enorme bota lo aplastó, rompiéndolo en pedazos.

—Tus amigos no te ayudaran, lindura— comentó el rufián, atrás de él lo acompañaban dos hombres más.

Sona los había sentido antes de que aparecieran en su visión, pero no tenia a donde ir. Viajaban en un pequeño y oxidado vehículo de varias ruedas y traían armas con ellos.

Se preguntaba que hacer mientras se mantenía firme frente a ellos.

Sin miramiento y sin pudor, uno de los hombres comenzó a destrozar las bolsas y desparramar lo poco que había en el refugio, rompiéndolo de paso.

Finalmente dio un bolso de cuero, adentro encontró anillos de ora y otros objetos del mismo material.

—¡Es nuestro día de suerte! ¡Somos millonarios chicos! — anunció pasándole uno de los anillos a su compañero. Este vio el material, reconociendo. Sonrió y volvió su atención a Sona.

—¿Tanta cantidad en el desierto? ¿Ahora tengo mas curiosidad? ¡Harol! ¡De donde crees que sea?

—No lo sé, esos ojos amarillos… esas marcas de ora en el rostro… no lo sé.

—El manto que tiene también tiene ora… debe valer una fortuna.

—Ahora que lo dices— comentó el hombre, aproximándose Sona, tomándola con rudeza del brazo para acercarla y mirarla mejor— si debe valer mucho… y si, ahora tengo dos razones para quitarle la ropa.

La chica no se dejó intimidar y de inmediato uso sus poderes, haciendo que el hombre se congelara con dolor en su lugar.

—¡¿Qué haces?!

Acto seguido le dio un golpe de poder haciendo que su cuerpo se estrellara contra la roca más cercana.

—¡Maldita! — gritó su compañero, desenfundando una pistola y disparándole.

Sona no tuvo tiempo y el dardo eléctrico dio en su hombro, electrocutándola en el acto y haciéndola caer de rodilla.

El hombre se acercó con rapidez, tomando su capucha, sacándosela para poder agarrarla por los cabellos.

La acción molestó a la chica, dándole una mirada severa. El tipo pudo ver como sus ojos amarillos brillaban. Pronto el suelo comenzó a temblar.

Pasaron unos segundos hasta que todo se calmó.

—¿Qué hiciste? — la cuestionó el hombre— ¡¿Qué hiciste?!

—¡No importa! ¡Vámonos de aquí! — anuncio el tercero, metiendo en el bolso de cuero lo que encontrara que le pareciera de valor.

Se apresuró a dejar el refugio, acercándose al vehículo, y entonces todo tembló de vuelta. El suelo debajo de sus pies dio lugar a una figura llena de dietes afilados y enormes.

Un gigantesco gusano ciego se lo había comido de un bocado, poniéndose imponente ante todos.

—¡No! — atinó a decir el hombre, al tiempo que la bestia golpeaba con su cola donde el y Sona se encontraban.

Ambos apenas pudieron esquivar a la bestia, que de un solo golpe hizo trozos el vehículo que los había traído.

El hombre que en un principio había sido expulsado por Sona, se unió a su compañero para dispararle a la bestia.

Un asunto inútil, las balas no le hacían nada.

—¡Esto es tu culpa! — anuncio el primero, apuntándole a Sona, quien se trataba de esconder en las rocas.

Antes de que pudiera dispararle, una bala le perforó la cabeza desde la oreja, haciendo que el cuerpo cayera sin vida.

Miss Fortune rápidamente cambio el objetivo, y trató también de bajar al otro hombre, pero este se escondió entre las rocas también, disparándole cuando podía.

El gusano no tardó nada en notar a la pelirroja, y con su cola trató de aplastarla.

La chica lo esquivó un par de veces y terminó refugiándose en los restos del vehículo que el gusano había aniquilado.

—¡¿EXO, que es esa cosa?!

—Gusano rey de Sires, o por su nombre científico Vermis Sirenico, de la familia de los Alenidos. Fue encontrado por primera vez en el planeta de nombre por el biólogo, Esteban Duartio en el año-

—¡Solo dime qué demonios debo hacer para bajarlo!

—Ah, claro capitán, que desconsiderado de mi parte no contemplar las circunstancia— se corrigió la IA— Los segmentos violáceos en el hombro son especialmente sensibles al-

—¡Genial!

Miss Fortune no esperó más y salió de su escondite, apuntando al primer sector que el gusano dejaba expuesto.

El tiró dio exactamente donde quería, haciendo que la bestia chillara. Aplastando con su cola violetamente lo que sea que alcanzara para luego meterse de cabeza a la tierra, haciéndola temblar.

Por el sonido, Miss Fortune adivinó que se había marchado.

Corrió hacia Sona y la ayudó a ponerse de pie.

—¿Qué demonios...? —comenzó a decir el hombre, aun aturdido por todo, pero pronto sintió los estallidos en su pie, haciendo que saltara en el lugar.

—¡Baila! — le ordenó Miss Fortune mientras realizaba mas tiros a los tobillos del hombre— ¡Baila, maldito infeliz! ¡Dame una razón para no volarte la cabeza porque gracias a ti y tus amigos, un gusano se acaba de llevar todo mi ora!

El hombre siguió saltando, su rostro tenia una dolora mueca de terror mientras las balas amenazan con dejarlo sin pies.

A la pelirroja se le terminaron las balas y con odio terminó por tirarle el pesado cañón a la cabeza del tipo, haciendo que cayera inconsciente en el suelo.

—¿Sabes como podemos rastrear a ese gusano? — le preguntó a Sona, recordando que la chica tenia cierta propiedad para con el ora.

Sona asintió segura, al tiempo que Miss Fortune preparaba otra de las armas que había comprado.

Extrañaba tanto su traje y su arsenal propio.

—Bien, entonces prepárate. Iremos de cacería.

Claudius, el mecánico, se sentó en la barra del hostal de su hermano. La mujer de este le llenó la segunda jarra de cerveza mientras le contaba todo lo que había escuchado sobre el planeta Sana, el tema más popular del momento.

—Cosas extrañan pasas, pero para mi ha sido de buena suerte— admitió el hombre, dando un buen trago— bueno, no se si tanta. ¿Recuerdas la mujer que te dije que vino… con el transbordador?

—Sí.

—No he vuelto a saber de ella desde ayer al mediodía. Pactamos realmente buen crédito por su nave, y esta lista, pero me temó que se trate de una estafa ahora que no aparece.

—Bueno, pero tu tienes su nave en el taller ¿No es así?

—Sí, puedo venderla y ganar lo que invertí con creces, pero… ya me había hecho a la idea de que iba a ganar lo que me propuso… quizás fui un idiota.

La mujer se compadeció de su cuñado, llenándole de nuevo la jarra.

Había sido otro mal día para su hostal. Ahora apenas tenia dos mesas ocupadas a las cuales atender y ya era muy tarde.

Cerró la cocina y se dispuso a colgar el cartel de “cerrado” afuera cuando la puerta se abrió de golpe.

Todos giraron a ver y nadie pudo despegar la vista de la entrada, menos decir nada.

Una mujer, totalmente embarrada de una sustancia viscosa violácea entraba, arrastrando un enorme saco del tamaño de ella misma, quizás mas grande, por el suelo, dejando a su paso una repugnante mancha oscura. Sus ropas, apartes de estar cubiertas por esta sustancia, estaba arruinada y llena de tierra. Tenía sangre en ellas, pero era difícil de saber si era propia o ajena.

La puerta la cerró otra figura que la acompañaba, otra mujer con una capucha, también manchada de pies a cabeza con la misma sustancia y en condiciones similares a su compañera. Mantenía la cabeza agachada por lo que solo era posible verle los labios y el mentón.

El mecánico reconoció a la chica, mas no pudo decir nada. Miss Fortune se sentó a su lado en el bar, dejando caer el saco.

—Quiero un trago, el mas fuerte que tenga— se anunció, pero la mujer del otro lado de la barra no se movió, aun impresionada por como lucían.

—A-amm Anette, sírvele— trató el mecánico. Al escuchar su nombre la mujer reaccionó, trayendo una pequeña copa y llenándola.

Miss Fortune se pasó la manga sucia por el rostro, tratando de limpiarse lo mejor posible y luego de un solo trago se tomó todo el contenido.

—Ah, esta bueno— anuncio, sonriéndole a la mujer— ¿Este es el hostal del que me hablaste? Es bonito

—Oh… si, este es— trató de seguir la conversación el hombre.

—Es genial, me gustaría pasar la noche aquí ¿Tiene alguna habitación libre?

—Eh… si, si… deme, deme un momento por favor, señorita— se disculpó la mujer, retirándose de la vista de todos.

—¿Y cómo va mi nave? — quiso saber ahora.

—Bien, de hecho, termine por la tarde. Esta lista y en orden.

—¡Eso es genial! — se alegró, levantándose y abriendo el enorme saco que había traído.

Todos quedaron atónitos al ver la enorme cabeza de un gusano rey, con sus dientes brillantes y la mirada en blanco.

La pelirroja tomó uno de los dientes y de un jalón se lo arrancó a la bestia.

Lo puso en la mesa, ensuciando un poco el sector, era más grande que la enorme garra de cerveza que tenía Claudius.

—Esta es tu paga, como acordamos.

—¡¿Qué?!— gritó golpeando la mesa con una mano el mecánico— ¡No, no! Esto es un diente de un gusano de Sires, es ora puro. Vale muchísimo, señorita, no es lo que acordamos ¡Es como diez veces más! ¡No puedo aceptar eso! ¡Claro que no, por favor!

—¡Oh, vamos! Agranda tu taller, cómprate el negocio del lado… o cómprate la manzana entera, no me importa— anuncio sin interés— ¿Puedes servirme otra? — le preguntó a la encargada que ya había regresado con un libro de registro.

—¡Sírvele! ¡Sírvele! — la apuró su cuñado.

—Gracias— se alegró mientras tomaba con gusto el trago— De verdad me gustaría pasar la noche aquí y cenar…

—Cerramos la cocina hace unos minutos…— comenzó la mujer, pero la mirada insistente de Claudius le hizo cambiar de opinión inmediatamente— pero puedo abrirla de vuelta.

—Se lo recompensaría generosamente— le aseguró con una sonrisa— vera…

La pelirroja miró por su hombro, y vio que Sona llamaba la atención de un par de niños en la sala, pero la chica se esforzaba por mantener su distancia con ellos.

—Mi esposa y yo… tuvimos un largo día— terminó explicando— quisiera que tomara un baño y se relaje, pero perdimos nuestro equipaje y no tenemos nada para cambiarnos. Es tarde y no encontré nada abierto ¿No sabes dónde podría conseguir algunas prendas?

—Una de mis vecinas tiene una tienda, esta cerrada, pero…— comenzó la mujer— ¡Natalia! ¡Ven!

Una joven se acercó a la mujer y se quedó esperando.

—Ve a donde Laura, golpea la puerta de atrás, dile que es una emergencia y que te de sus mejores ropas para dos mujeres, son ellas— le explicó señalando a las recién llegadas— fíjate que sea mas o menos de su talla y tráelas.

—Si, mamá— contestó obedientemente la joven.

—¿Natalia? ¿Verdad? — la detuvo la pelirroja, dándole un anillo de ora— págale con esto y dile que no quiero nada ostentoso realmente, solo ropas del lugar que nos cubran bien del sol por el día y abriguen en la noche ¿De acuerdo?

—Si, señorita.

La joven se fue sin perder más el tiempo.

—Tengo una habitación matrimonial bastante grande, con baño privado, disponible si lo desea, señorita.

—¿Eh?

—Para usted y su esposa ¿Le gustaría que las escolte a su habitación ahora?

—Ah sí, seria perfecto.

Había dejado que Sona se bañara primero y se le adelantara, por lo que al salir de su ducha no la encontró en la habitación.

Realmente la joven le había traído muchas prendas, pero terminó optando por un pantalón oscuro y una camisa de algodón blanca, se puso unas botas y bajo aun con los cabellos húmedos al comedor del lugar.

Allí encontró a la encargada terminando de poner en la mesa designada para ellas una ensaladera llena. De hecho, la mesa desbordaba en abundancia y todo se veía realmente bien. El estomago de la pirata prácticamente se sentía agradecido solo con mirar.

Encontró a Sona relacionándose con el mecánico. La chica llevaba unos pantalones holgados marrones que se ajustaban en el sector de la pantorrilla con unas bandas blancas. Unas sandalias del mismo color y una camiseta y tapado claros. Una vestimenta muy típica del lugar y mucho mas cubierta y pudorosa de lo que Miss Fortune le gustaría. Llevaba en la cabeza un turbante claro con vendas en marrón también, como si el asunto de ocultar su cabello siguiera siendo algo importante.

—Te ves linda— fue lo primero que le dijo al acercarse a Sona, a lo que la chica con un leve rubor le sonrió.

—Está todo listo, señorita— le anuncio la encargada.

—Bien, muchas gracias— contestó con cortesía y luego miro a Claudius— ¿Ya cenaste?

—No, aún no he cenado.

—Bien, acompáñanos, quiero hablar algunos asuntos de la nave.

—Si, por supuesto.

—Si necesita algo más, señorita, por favor no dude en avisarme— le comunicó la encargada— estaré en la cocina, aun debo preparar la cena para mis hijos.

—Lo hare.

Tanto la pelirroja como el mecánico se acercaron a la mesa, pero cuando notó que Sona no la seguía la buscó. La chica parecía tratar de comunicarse con la encargada, por el rostro de la mujer era evidente que no llegaba a entenderla.

Miss Fortune suspiró, lamentando no poder sentarse y comer aún. Se acercó a donde estaban ambas y solo viendo un poco a Sona entendió de que se trataba.

—En realidad… es demasiada comida para nosotras—admitió— porque no nos acompañan también.

—Mis hijos son muy ruidosos y curiosos, ya conocen a Natalia, pero los otros dos dudo que dejen en paz a la señorita.

—Esta bien… a mi esposa le encanta los niños ¿Verdad, amor? — le preguntó rodeando su cintura con uno de sus brazos— estamos pensando en tener uno.

—Oh ¿De verdad?

Sona no supo que expresión poner, sintiéndose en un aprieto que la avergonzaba, pero al ver la sonrisa de la encargada terminó asintiendo.

—Muchas gracias, siempre esperó a ultimo momento para cocinar para ellos por el asunto de mantener el hostal en funcionamiento. Es un alivio, realmente.

Se sentaron en la mesa luego de unas cuantas vueltas más.

A la capitana le complació ver que para esas horas solo estaban ellos en el comedor, por lo que era más fácil distenderse y entrar en confianza.

Los niños tenían particular curiosidad por la cabeza monstruosa que ambas habían traído, así que la conversación fue rápidamente al relato de como habían cazado a la bestia y anécdotas sobre otras criaturas.

Decidió dejar el asunto de la nave para el día siguiente, podía indagar a fondo una vez en el taller con Claudius y EXO.

La idea de tomar y disfrutar el momento con una buena comida era un plan que ningún pirata podría dejar pasar.

Al mirar a Sona y ver como sonreía por las ocurrencias de Claudius y las vivencias de la encargada con la travesura de sus hijos, le hizo lamentar no haber optado por traerla desde un principio.

Deberían marchar a primera hora mañana, y no había ningún asunto que debieran tratar para prolongar su estadía ahora.

Le daba un poco de pena, pero le hubiera gustado más momentos como ese.

Se movió en su lado de la cama. Despertando de un sueño muy confuso. Giró sobre su eje y encontró el otro lado vacío.

Buscó a Sona en la habitación y la encontró mirando por la ventana, al cielo, su expresión ya no era como en la cena, parecía que algo la agobia con pesar.

Se puso de pie y se acercó a ella, se apoyó en el marco y cruzo sus brazos. No sabia como comenzar el tema.

—Es por ti ¿No es así? — terminó preguntando— El planeta. Sana.

Sona la miró, inexpresiva, luego volvió a dirigir su mirada al planeta, que se dejaba ver claro y brillante por lo limpia de la noche.