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Decisiones, decisiones

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—No te acerques más.

Sona se detuvo en el medio del transbordador, podía ver la mirada molesta que le daba la pelirroja desde el reflejo del panel de la nave. De un momento a otra la capitana dejó la expresión moleta para sonreír, aunque era el tipo de sonrisa que nunca había recibido de ella.

Se volteo para mirarla desde su asiento.

—¿De verdad crees que soy tu dueña ahora? ¿Vas a obedecerme? — preguntó aun con un humor amargo— eso es genial…

La pelirroja se puso de pie y se acercó hasta estar en frente de la chica, la inspeccionó de pies a cabeza sin pudor y se acercó a su rostro.

—Curioso…— comentó mirándola directamente a sus ojos— de repente ya no eres tan interesante— concluyo con frialdad y se volvió hacia su asiento.

—Espero que estés comprometida con tu sentido de… lo que sea que tengas de tu planeta, porque te daré una orden clara y espero que la cumplas— siguió, mirándola de reojo por el reflejo, poniendo más atención a la ruta de navegación que a la chica— mantente alejada de mí.


Yasuo tenía problemas.

No era el capitán de la nave, pero era un capitán, al mismo tiempo entre la tripulación existía el segundo al mando.

No tenia nada en contra del hombre, al pasar los días entendía porque Miss Fortune lo había elegido como segundo.

Entendía que la nave estaba comprometida regiamente con la IA que siempre acompañaba a la capitana, pero parecía que esta no era omnipresente y había decidido abandonarlos con el propósito de acompañar a su dueña… de la cual no había señalas desde hace días y no parecía ver ningún indicio de que apareciera pronto tampoco.

Era difícil decidir el rumbo que tomarían las cosas.

Su motor hacia funcionar la nave, por ende, su tripulación tenia un voto importante allí, por otro lado, la nave no les pertenecía y caía en mano de la gente leal a Miss Fortune.

El mismo dilema parecía tener el segundo al mando.

Lograron ponerse de acuerdo en algo: Buscar a la capitana y Sona.

Pero si eso no daba resultado deberían tomar otras decisiones pronto, el tiempo apremiaba.

No fue hasta entrada la madrugada del segundo día de haber arribado a Galactosa, que se le informo de una señal.

Las habían encontrado finalmente.

Solo tuvieron que pasar unas horas hasta que la nave dio con un transbordador imperial. EXO tomo rápidamente el control del lugar anunciándose y abriendo las compuertas de cargas para que la pequeña nave abordara.

Yasuo y los demás vieron descender a ambas mujeres.

—De verdad espero que haberme tomado unas vacaciones no haya hecho que mi querida tripulación ponga a mi nave de cabeza— fue la forma de anunciarse a los suyos.

—Por supuesto que no, capitán. Bienvenida— se alegró el segundo al mando con una amplia sonrisa.

Solo tuvo unos momentos para intercambiar unas cuantas palabras cuando notó la presencia de Yasuo. En ese momento su rostro cambio a uno mas serio. Ya no había rastro de una sonrisa o complicidad de su lado.

—Ah, es verdad… aun tenemos unos asuntos que resolver.

La chica solo dijo eso y paso de todos, perdiéndose por el pasillo que llevaba al interior de la nave sin dar ninguna otra indicación.

Le pareció extrañó al espadachín, pero pronto vio como Malphite y Jinx se acercaban a Sona. La pistolera se le colgó de los hombros y la examinaba como si fuera a encontrar algún parasito interesante, luego desilusionándose de no ver nada anormal por el viaje. Malphite en cambio parecía emocionado de que así sea y de tenerla a salvo.

Él también lo estaba, y se acercó dándole una cálida sonrisa. Solo necesito de un intercambio de miradas con ella y ver lo débil de su expresión, aunque se mostraba alegre con los demás, para saber que habían pasado mas cosas de la que solo se podía ver a simple vista.


Le tomó alrededor de día y medio organizarse con su tripulación y la de Yasuo para pautar el siguiente lugar donde poder llevar a cabos sus planes.

Una vez todo listo dio la orden a sus hombres de supervisar el trayecto y el viaje, retirándose, finalmente a descansar.

Sin embargo, no podía hacer mas que dar vueltas en su habitación, molesta. Inspecciono su traje, ese que tanto había extrañado, y luego puso su atención en las armas.

—Recomiendo tomar un distanciamiento de por lo menos 2 metros de las armas de cualquier tipo— recomendó EXO.

—¿…que?

—Detecto un pulso rápido y alterado, y al hacer un reconocimiento fácil puedo calificarlo con emociones humanos erráticas e irascibles, una pésima combinación cerca de armas de fuego o plasmáticas, solo faltaría que le agregara alcohol de por medio y lo categorizaría en una situación riesgosa nivel 2.

—Estas exagerando— trató de minimizar al pelirroja, mientras ya tenia en sus manos una de las armas y la inspeccionaba con cierto cariño.

Su vista divagó por su habitación buscando algo mas con lo que entretener su humor y encontró rápidamente la flor de pétalos dorado. Solo verla por un par de segundos hizo que algo en ella se disparara sin oportunidad de controlarlo.

Apuntó, cargando su arma al instante que jalaba del gatillo. El recipiente se hizo pedazos manchando con tierra el sector de la habitación.

—Quizás sea una buena idea recordarle que la nave cuanta con una pista de tiros, la cual es segura y confortable, con conexión para poner la música que uno desee mientras dispara— intentó EXO.

—Me siento mejor ahora, gracias…

—Los niveles de-

—Cállate.

Cerró los ojos con fuerza, sabiendo que mentía. No se sentía bien, quería seguir disparando a lo que sea, pero sabia que una diana no sería suficiente.

Dejo sus cosas y salió de su habitación. No tenía un rumbo, pero sus pies caminaban por su cuenta.

Bajó en el ascensor y cruzó los pasillos que la llevaban a las recamaras designadas para la tripulación invitada.

Solo llegó hasta la puerta que sabia que la conducía a Sona. El cerrojo, una pantalla con una luz roja, le indicaba que estaba cerrada y que necesitaba la llave de acceso.

Era la capitana, no la necesitaba. Sus huellas abrían cualquier puerta de la nave sin importar la seguridad.

Pero antes de que su palma pudiera tocar el panel, se detuvo, sintiendo como el mal humor volvía a crecer en ella.

—Ya es muy tarde, seguro está durmiendo.

Giró su rostro para ver a Yasuo, apoyado en la pared del pasillo, viéndola.

—Fue un día largo para todos… aun así, si es un asunto de urgencia, no creo que le moleste tu intromisión—terminó de explicar el nombre.

—De hecho, estaba buscándote a ti.

—¿Ah sí? — preguntó con calma sin cuestionarle— bien… me encontró ¿Qué necesita, capitán?

Miss Fortune se alejo de la puerta y se acercó a él.

—Solo quería informarte que se estima que llegaremos horas antes de lo previsto a Terra-2 y que uno de mis hombres logró hacer contacto con un comerciante que cree tener todo lo que necesitamos. Te lo recomiendo, es de confianza.

—Bueno, muchas gracias, Capitán. Lo discutiré con mi tripulación a primera hora— contestó agradecido, pero aun le mostraba una sonrisa que le molestaba— ¿Eso es todo?

—Eso es todo.

Dicho esto, la pelirroja se dio la vuelta y comenzó a retirarse por el pasillo.

—¿Le gustaría jugar una partida de TFT? — preguntó con apremio el espadachín— no puedo conciliar el sueño… hay muchos asuntos que me tienen en vela y pensé en distraerme con una partida… Quizás necesite lo mismo.

Miss Fortune seguía dándole la espalda, pero finalmente asintió, siguiendo con su camino.


El salón de entretenimiento tenía en un rincón un tablero holograma que servía para algunos juegos como ese.

Se acomodó en el sillón mas cercano a la ventana y dejo que Yasuo tomara el que estaba en frente.

—Tienes un panel gigante con hologramas en la sala de entretenimiento, pero no tienes algo así en la cabina de mando ni una sala de junta…— comentó con desdén el espadachín.

—… prioridades.

Comenzaron la partida con los 6 rivales faltantes en línea. En la sala solo se escuchaba por lo bajo las interacciones del juego.

Nuevamente recordaba porque era su segunda cámara favorita en la nave.

—Debes estar complacida de volver a tu nave después de estar ausente tanto tiempo— comentó con monotonía el espadachín.

—Lo estoy— contestó de la misma forma— espero que todo haya estado en orden en mi ausencia.

—Lo estuvo— siguió prestando más atención a su tablero— espero que Sona tampoco te haya causado problemas.

—No lo hizo. Es realmente obediente y fácil de comandar— agregó sin intención de sacar la vista de sus piezas— debe ser “encantador” tenerla bajo tu mando.

Yasuo guardó silencio y siguieron jugando con calma sin ninguna interrupción.

—¿Así que Kayn mató a tu hermano?

Finalmente, el espadachín dejo de ver al tablero para observarla con curiosidad, aunque su calma seguía pareciendo inquebrantable.

—Si, así es.

—Y eso te hizo el flamante heredero de un rastreador de ora y ambulancia andante… que afortunado eres.

Yasuo sonrió sin inmutarse a los hostiles comentarios.

—Parece que esas cosas cambiaron ahora ¿No es así?

—¿Ah? ¿Estas al tanto de que perdiste algo valioso? — preguntó con un animo amargo— te diré que haremos, te la vendo. Su peso en ora.

—Yo también estaba sorprendido al principio ¿Sabes?

—¿Sorprendido de que?

—De lo fácil que es confundirla con un objeto.

Miss Fortune dejó de mostrar su sonrisa divertida y rápidamente su expresión cambio a irascible.

—No me malinterpretes. Me llevó bastante tiempo entender muchas cosas ¿Pero no lo has notado tu? ¿Como parece que “algo de valor” es mas normal que referirse a ella como “alguien valiosa”? Me preguntó si es alguna propiedad que deja el ser de ese curioso planeta, Sana.

Aunque se sentía molesta, recuerdos veloces la hicieron entender a lo que se refería el espadachín. Pensó que simplemente se trataba de algún chiste, un humor interno, pero era verdad.

—Desde el primer momento la he visto como alguien semejante a mi— confesó el hombre— muy semejante… quizás igual de perdido inclusive. Tenia ese dilema en su cabeza que la atormentaba.

—Sí, si… como Kayn mató a su dueño, pasa a ser de su pertenencia, pero por azares de la vida termino contigo, que también calificas como dueño por herencia… ya lo escuché, todo un dilema. Aunque conozco novelas con argumentos más interesantes.

—Y ahora entras en ese argumento… porque no importa si Kayn la consiguió finalmente, tu fuiste y la recuperaste.

—¡Premio doble! No solo conseguí un transbordador imperial con tecnología seriana intergaláctica, sino también un pedazo de carne capaz de traerme ora— habló recuperando su ánimo— Quizás vendértela por su peso en ora no sea suficiente…

—Puedo sentir lo pesado de tu sarcasmo…

—¡Es una estupidez! — terminó exclamando, dejando el juego de lado— y por supuesto, no quiero tener nada que ver con esto.

—Entonces no lo hagas.

—¿Disculpa?

—La decisión es de Sona, no tuya— explicó con simpleza, mientras ubicaba sus nuevas piezas en el tablero— nadie te esta pidiendo que te conviertas o creas lo mismo que cree ella.

—Si, por supuesto. Porque los idiotas puedan elegir creer en cosas como “el destino” “la muerte pactada” “Pertenecer a alguien”

—Si, pueden… y es su elección.

—Eres igual de estúpido que ese montón de humo sin forma— dijo sintiendo como le dolía la cabeza— A la chica la criaron para creer que era un objeto. Le metieron en la cabeza que su deber en la vida es servir y nada más. Hasta le cortaron las cuerdas vocales para que nunca pudiera decir nada que la llevara a oponerse a la voluntad de otros. ¡¿De qué elección me hablas?!

—Ella decide creer.

Miss Fortune se quedo sin palabras mientras veía como el espadachín seguía la jugada de sus rivales.

—¡¿…que?!

—Te parece que ella es incapaz de pensar por su cuenta.

—No…

—Yo pienso igual, ella ha demostrado ser muy inteligente y entender cosas complejas que otros no… es un ser pensante como tanto otros en este universo. Ella es capaz de tomar decisiones. Y ella decidió creer… si esa es su voluntad ¿Quiénes somos nosotros para decirle lo contrario?

—Me estas diciendo que su “voluntad” es ponerse al servicio de alguien que ella “no elige” porque no lo elige. No eligió a tu padre, no eligió a tu hermano, definitivamente no eligió a Kayn, no te eligió a ti y no me eligió a mí… y lo va a hacer de todas formas porque su creencia es esa… ¿Y ya está?

—Si.

—¡Oh, por Dios! Que ciega he sido todo este tiempo, gracias por aclarar mis dudas. Cuanto me hubiera gustado nacer en ese mugrero de planeta para que me arrancaran las cuerdas— comentó con sarcasmo.

—Es evidente que no hubiera funcionado para ti— siguió con una sonrisa el hombre al entender el humor rancio que manejaba la mujer.

—No, la verdad es que no. Prefiero armar mi vida tomando mis decisiones y ser yo la dueña absoluta de eso sin depender de nadie. Perdona si eso te molesta.

—En lo absoluto. Creo que estas en lo correcto.

—… ¡¿Qué?!

—Que creo que es una buena forma de vivir… mas aun para un pirata.

—Si te das cuenta que eso es exactamente lo contrario a la forma de vida de los sanaditas que estas defendiendo ¿No es así?

—Ya te lo dije… es la decisión de Sona, no tuya… ¿Por qué estas tan molesta con eso?

—¡Por qué está mal!

—…eres un pirata.

—¡Sí, sí! Ya se que mi forma de vida es cuestionable política y moralmente ¿De acuerdo? Pero esto es otro nivel de idiotez.

—Es lo mismo de hecho… al final de cuentas, todo se resume en eso: Las decisiones que tomamos— explicó con calma— Supongo que muchos pueden opinar sobre tu vida y las decisiones que tomas en ella… tu forma de pensar, vestir, andar… creer. Pero al fin de todo son tus decisiones ¿No es así? Y tu creerás que tus decisiones son las correctas o por lo menos lo que esta bien para ti… y veras a los otros y pensaras que toman las decisiones incorrectas y que son idiotas solo por no pensar igual que tú.

Yasuo siguió viendo el holograma. Cambiando un poco su composición.

—Vas a perder en pocos turnos si no pones una línea frontal mas fuerte— recomendó con calma a la chica que solo lo miraba visiblemente molesta.

—Olvida el estúpido juego, esto es importante-

—¿Por qué? — la interrumpió levantado su vista para ponerle total atención.

Miss Fortune no tuvo una respuesta inmediata.

—Estas molesta porque alguien piensa y decide cosas que tu no… no es ni bueno ni malo… solo diferente— concluyó el espadachín sin quitarle los ojos de encima— ¿Por qué te cuesta tanto... dejar que Sona tome sus propias decisiones?

—¡Increíble! ¡¿Ahora yo soy la mala de la película?!

Yasuo se encogió de hombros con gracia y volvió a poner atención en la partida.

—¿Vas a matar a Kayn por lo de tu hermano? ¿Vas a vengarte?

El espadachín la miró apenas, sorprendido por el cambio de tema, luego entendió el punto.

—Ah… es verdad. Yo también tengo que ocuparme de asuntos a los cuales no tengo una decisión… ni un camino que seguir. En este tipo de cosas uno puede sentir celos de Sona, supongo.

—¿Qué alguien más tome las decisiones?... sí… envidiable…

—Desde afuera siempre las cosas se ven sencilla ¿No es así? — preguntó viendo como Miss Fortune quedaba fuera de la partida en un incomodo quinto lugar— pero desde adentro, cuando te acercas… puedes ver la tormenta.

—Estoy un poca cansada de tus sermones.

Yasuo sonrió comprendiéndola.

—Vamos, capitán… no me diga que solo por perder una partida se va a poner de malas conmigo.

Solo unas cuantas rondas mas y Yasuo salía victorioso con el primer lugar.

—Aun estoy de humor para darle una revancha— comentó con animo y una sonrisa confiada.

—Si tengo que escucharte comenzar un monologo sobre lobos blancos y negros, internos, alimentándose de nuestros pensamientos, tendré que negarme.

Yasuo rio, negando con la cabeza.

—No lo hare, lo prometo— concedió mientras creaba la nueva partida— de hecho, iba a hacer las cosas más interesantes para usted.

—Le escucho.

—Vi que trajo unos dientes de ora puro… Seguro es una historia interesante, cuéntemela… y ¿Qué le parece una pequeña apuesta con eso?

—Me complace ver que ahora hablamos un idioma que ambos entendemos bien, capitán.


Miss Fortune regresó a su habitación. Su humor había cambiado levemente pero su cabeza no había dejado de asaltarla con pensamientos contradictorios.

Se tiró en su cama, sin intención de cambiarse de muda, dormir, así como estaba le parecía una buena idea. Ya por la mañana podría arreglar lo que sea.

Las luces se apagaron de forma automática. Seguramente EXO entendió las intenciones y le hizo el favor.

Pronto su atención se dirigió al brillo en el piso, a un costado de la cama.

La flor que le había regalado Sona brillaba débilmente, con su tallo quebrado y unas pocas hojas que habían sobrevivido al disparo. Moria entre la mugre del barro y el frio del suelo.