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Decisiones, decisiones

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Era difícil entretenerse en esa habitación, no porque fuera pequeña, sino porque no tenia nada en ella que le ayudara a desviar su atención de todos los pensamientos que tenía.

Sona escuchó pronto que tocaban su puerta. Había sido un día largo en el que la capitana de la nave seguía distante, aunque había notado en ella, en las dos ocasiones que se vieron, intentos de acercarse que no habían culminado.

Podía sentirla del otro lado, no sabía cómo recibirla.

—Voy a pasar ¿De acuerdo? — se escuchó del otro lado, y dándole un tiempo considerado abrió la puerta con su comando.

Vio a la pelirroja en el marco, llevaba un par de latas en una mano y en la otra unas bolsas con frituras. Le sonreía.

—Cerveza y papas… en una bolsa— presento levantando lo que traía, presentándolo— si existe una forma más terrícola de pedir perdón y comenzar una charla de reconciliación... no la conozco.

Sona sonrió sin poder evitarlo, asintiendo mientras la otra chica ya cerraba la puerta tras de ella.

—… hablar de la fuerza… es realmente todo un tema.

Miss Fortune se había acomodado en el suelo de la habitación mientras Sona había optado por sentarse en la cama.

Llevaba ya algunos minutos hablando de cosas sin importancia, entre ellas lo extraño y variado que era el universo respecto a los seres que lo habitaban.

Claramente era la pelirroja la que llevaba la charla, pero de alguna forma Sona se daba a entender con miradas y gestos.

La capitana ya estaba por terminar su lata de cerveza cuando vio como la otra chica trataba de seguirle el ritmo con la bebida, pero solo con apoyar sus labios en el frio material y tocar la sustancia, sus cejas se fruncían con rapidez y sus labios se alejaban con algo de asco.

Miss Fortune no pudo evitar reír.

—¿Muy amarga para ti? — preguntó viendo como la chica titubeaba en contestar, tratando de tomar un sorbo sin que le afectara— no tienes que tomarla si no quieres, no es como si me fueras a ofender o hacerme sentir rechazada.

Sona dejó de intentar, pero se notaba en ella cierto pesar por no poder acompañarla mientras tomaba.

La pelirroja la miró con cariño y no tardó mas en ponerse de pie, extendiéndole una mano.

—Vamos, creo que puedo encontrar algo que disfrutes de verdad.

Sona terminó tomando la mano con una sonrisa y, dejando todo en su habitación como estaba, salieron ambas.

Era la primera vez que se alegraba de tener a la tripulación tan ocupada en la jornada que a la hora de silencio solía encontrar la sala de entretenimiento vacía.

“Y si aun así encontraba a alguien con una simple mirada bastaría para mandarlo a dormir”

Había acomodado a Sona en unos de los taburetes del bar y ella ahora estaba del otro lado, buscando entre las botellas.

Presumía su habilidad con las copas y las botellas, a la sanadita le causaba gracia.

—Esta es una bebida dulce que quizás te guste más. Se hace con un poco de leche, vainilla y ron… aunque podemos ponerla mas explosiva— explicaba mientras disfrutaba también del momento— aunque para alguien como tu quizás sea mejor dejarla que sea mas dulce que otra cosa…

Terminó vertiendo el contenido en una copa grande, era un liquido espeso color crema, el olor a vainilla impregnaba el lugar.

Sona se lo acercó a los labios y solo con un pequeño sorbo su cara cambio. Estaba sorprendida y miraba el líquido con atención.

—¿Rico? — preguntó la pelirroja y le agrado recibir un par de enérgicos asentimientos— Bien…

Tomó una botella de vino del estante y salió de detrás de la barra para sentarse al lado de la chica.

—De verdad quiero saber sobre que otras cosas te gustan ¿Has ido a la tierra alguna vez? — preguntó para comenzar, Sona negó— que mal… las mejores pizzas del universo están ahí. ¿Qué tal el sistema solar? — Sona volvió a negar— Así que no conoces ese cielo… ¿En cuantos planetas estuviste? ¿Los conociste bien? ¿Cuál fue tu favorito?

Miss Fortune dejó de hablar cuando notó lo sonrojada que estaban las mejillas de Sona. Seguramente el alcohol ya haciendo efecto.

Con el dorso de su mano toco la piel, haciéndole cosquillas a la chica. Sonrió al sentirla cálida.

—Eres realmente muy bonita— comentó con confianza, también sentía la influencia del buen vino en su lengua, pero tanto tiempo tomando entre navegantes hacia que su control bajo esa sustancia sea admirable— ¿Todos en Sana son como tú?

No había querido tocar aun el tema mas importante, pero la curiosidad se resbaló de sus labios sin poder evitarlo.

—Yo de verdad odie ir a ese planeta ¿Quién lo diría? Soy la envidia de millones por solo pisarlo… pero odie cada segundo… ¿Es diferente en las zonas verdes? ¿Es hermoso, como tú, en otras partes?

Sona asintió algo confundida por las preguntas, parecía recordar su hogar.

—¿Tienes padres? ¿Hermanos? Por lo que escuche tu especie puede tener descendencia ¿No es así? — indagó, pero parecía que no alcanzaría con simples asentimientos o miradas para contestar esas preguntas— claro… no puedo creer que te cortaran las cuerdas vocales…

El comentario quizás era tosco, por lo que Miss Fortune solo se recostó en la mesa del bar, apoyando su cabeza en las manos, perfilándose para mirarla.

—Apuesto a que tendrías una hermosa voz ahora— al comentario Sona sonrió con cariño— Dios, desearía tanto que pudieras hablar…

La chica pareció compadecerse de eso, y se perfiló en su taburete de modo que ahora estaba en frente a la capitana.

Miss Fortune no se movió del lugar por unos momentos, hasta que finalmente la imitó, entiendo que era lo que quería.

—Ya te lo dije, corazón… no conseguirás nada conmigo de esta forma.

Sona volvió a darle una expresión compresiva, pero insistió, pidiendo permiso para tocarla.

—De acuerdo…—coincidió con un poco de curiosidad, aunque mostrándose escéptica a cualquier cosa que pudiera pasar.

Para su sorpresa Sona posó con cuidado la mano derecha entre medio de sus pechos, un poco debajo de su garganta.

Estaba resistiendo lo incomoda que la hacia sentir, pero cuando la chica acercó su rostro, instintivamente se alejó un poco hacia atrás.

—¿Qué estas…? — trató de preguntar, pero la mirada paciente y serena de Sona la invitaba a confiar en ella.

Trató de concentrarse, poniéndose lo mas derecha que pudo en su butaca. Ahora la chica volvía acomodar su mano en su pecho y con lentitud terminó por apoyar su frente en la de la chica.

Miss Fortune cerraba los ojos, sin saber que esperar. La respiración de Sona le hacia cosquillas arriba de su labio.

Abrió los ojos, lista para lanzar algún comentario sarcástico sobre como no iba a funcionar nada de lo que la otra chica intentara, pero al ver a Sona tan cerca y tan concentrada, con los ojos cerrados, realmente intentándolo, hizo que quisiera tratar con más fuerza.

Cerró los ojos, sin saber que es lo que debía hacer, pensó en lo poco que sabia sobre temas como eso y trató de despejar su mente.

Pronto el aire que tomaba le era extraño, hacía que su pecho se sienta ansioso con cada respiración. No era agradable para alguien como ella, que siempre estaba en guardia y tomándose las cosas a la ligera.

Podía sentir que la invadían y, aunque la voz trataba de abrazarla, demostrarle como se sentía con ella tan cerca, no podía dejar de sentir la imperiosa necesidad de esconderse de ella.

La abrumaba, lo que la chica sentía era tan claro y apacible, tan seguro, que iluminaban los tormentos por lo que sus propios sentimientos pasaban.

Trató de resistirse, pero sentía que, de alguna forma, con cada respiración, Sona terminaría entrando más en ella.

—Ya…. Ya…— contestó al tiempo que con ambas manos tomaba la de Sona y la alejaba con cuidado de su pecho.

La sanadita parecía alejarse de ella a medida que abría los ojos.

Miss Fortune terminó suspirando ampliamente, tratando de calmarse y volver a sentirse ella misma en su propio cuerpo. Se rio, disimulando estar confiada, mientras con una mano se daba aire en su rostro.

—Ok, eso fue… eso fue interesante…— confesó parándose de su lugar, yendo al otro lado de la barra donde comenzó a sentirse mas a gusto— hace calor aquí…

Comenzó a prepararse un trago que consistía básicamente en un Whisky y mucho hielo. Revolvió en su mano el vaso y luego giró para seguir la conversación con Sona.

La chica justo terminaba de acomodarse el cabello, echando su capucha hacia atrás, y ahora parecía peinárselos con cuidado con sus dedos.

El sonrojo de sus mejillas y sus ojos brillantes, solo hacían que se vea aun mejor para la pelirroja con el contorno que le daba el cabello castaño.

—Tu… No me leíste la mente ¿Verdad? — preguntó de forma divertida, pero realmente temía que sea así.

Una vez que la había visto con el pelo suelto, perdió la cuenta de la cantidad de veces que había querido repetir lo vivido.

Sona negó con gracia, dándose cuenta del verdadero temor de la otra.

—¿Por qué te lo sacaste? — preguntó con curiosidad— o sea, de verdad me gustas…. Me gusta verte así, pero pensé que preferías… esconder tu cabello…

Ahora Miss Fortune dejo de sonreí y parecía perderse en sus pensamientos.

—De verdad espero que no lo estés haciendo solo para complacerme— quería enojarse solo por pensar en esa posibilidad, pero la sonrisa de Sona y su repentina timidez la hizo cambiar de postura—Es decir… no quiero que hagas algo que no quieras por mi… o sea, es un lindo detalle porque si creo que te ves mas linda… ¿Podemos hablar de eso ahora?

Dejo de estar detrás del bar y antes de sentarse en la butaca al lado de Sona vio los sillones cerca de los paneles y prácticamente sintió su llamado.

Caminó aun sosteniendo el vaso de whisky y se tiró en uno de ellos.

—Acércate, no me hagas tener que gritar de una punta a otra del salón— indicó la pelirroja viendo que la chica aún seguía en el bar.

Sona obedeció y busco un lugar en el mismo sillón que la pelirroja, lo cual hizo que la capitana optara por sentarse mas propiamente en su lugar.

—Aun no hemos hablado de ese asunto… de que tu crees que soy tu dueña— comenzó a decir con cuidado— aun… ¿Crees que perteneces… a mi lado?

Sona asintió con una solemnidad impropia a los momentos que antes habían estado viviendo.

—Agh… mira, a mi no me van esas cosas, de verdad… me ponen de mal humor… pero al mismo tiempo— trataba de darse a explicar, sus rodillas tocaban los muslos de Sona y la hacían sentirse inquieta— no creo que seas un objeto ¿De acuerdo?

Sona le dio una expresión graciosa, como si no supiera de que estaba hablando.

—Si, claro, búrlate de mí, casi no conozco nada de Sana, y esta bien ¿De acuerdo? Nadie conoce nada de ese planeta, no puedes culparme… y esa cosa horrorosa sin nariz que apareció de la nada no ayudaba a mi entendimiento.

Se excusaba mientras pasaba un brazo por detrás del respaldo del sillón y con la otra se llevaba un buen trago de su vaso.

—Es complicado… pero te diré la verdad ¿Sí? Con lo que en verdad estoy molesta— terminó confesando mientras dejaba el vaso en la mesa ratona y se despeinaba los cabellos— de verdad te quiero para mí, como… cerca, de esa forma… y al enterarme que te tenia de una forma que no quería… que no quiero, como… si me hubieran arrebatado la conquista… Dios, que molesto.

La capitana entendía que quizás el ultimo vaso de Whisky estaba de más, pero el importaba poco, le causaba gracia al tiempo que frustración.

Puso su mano en la rodilla de Sona, jugando con la tela allí.

—Iba a seducirte y que vinieras por mí con el mismo interés que yo te miraba— confesó con una sonrisa mientras miraba con cariño a la chica— y aun quiero esas cosas… pero no las quiero si tu no.

Sona la miraba con paciencia, la necesidad de comunicarle lo que sentía le impedía devolverle la sonrisa.

—Dios, de verdad me encantaría que pudieras hablar ahora… sería todo más fácil.

La sanadita volvió a poner su mano en el pecho de la chica, pero Miss Fortune la alejó con cuidado, sin dejar de mirarla a los ojos.

—No, corazón, tu de verdad me pones nerviosa haciendo esas cosas… lo siento.

Sona se sintió malinterpretada en sus acciones y con contundencia subió su mano hasta tocar la mejilla de la capitana.

La sonrisa de Miss Fortune se borró al tiempo que inspeccionaba con rapidez el rostro que tenia en frente.

No esperó por una señal que confirmara lo que sospechaba, con rapidez tomó el cuello de Sona y sin que la chica se moviera del lugar se acercó velozmente a tomar sus labios.

Fue un húmedo y cálido beso que solo había consistido en tomar sus labios, por lo que se despegó con cuidado haciendo un curioso sonido, viendo de reojo a la chica, temiendo de estar haciendo algo que no le gustara.

Fue Sona la que volvió a unir sus labios y con este gesto la capitana podía entregarse de lleno al acto.

No perdió el tiempo en un juego suave, buscó profundizar el beso a medida que ponía su peso para que la chica se recostara.

Su boca sabia a alcohol. Aun sentía el sabor del whisky, pero este se perdía en contacto con la humedad de Sona y el sabor dulce de lo que había estado bebiendo.

Comenzó a sentir de nuevo su pecho intranquilo, ansioso, pero era justamente esos sentimientos lo que la estaban excitando más.

No fue hasta que sintió el gemido debajo de ella que su espalda se sacudió por un corriente que la estremeció hasta la punta y la hizo despabilar.

—Esto es… esto es una mala idea— logró decir, desconociendo su propia voz por la necesidad y su respiración.

Debajo de ella, Sona se abrazaba aun a su cuello y sus ojos brillaban perdidamente en el rostro de la chica. Tener a algo así viéndola tan embelesada y entregada le hizo aún más difícil el mantenerse firme en no caer.

—Y corazón, créeme… nunca una mala idea se vio tan bien.

Se lamentaba de sus palabras mientras apoyaba su frente en la de la chica, se sentía feliz y sonreía sin tapujo.

—Deberíamos ir a dormir ¿De acuerdo?... no voy a resistir mucho tiempo si te sigo viendo y de verdad… de verdad me gustaría estar sobria para verte… aún más íntimamente ¿Sí?

Sona asintió, elevando su rostro un poco para unir sus labios de vuelta.

—No hagas eso, me estas matando…

Tenían las horas contadas para llegar a Terra-2. Inclusive ya habían hecho los primeros planes.

Había pasado todo un día y ya era hora de silencio de nuevo, para cuando los deberes se pongan a la orden seguramente ya desembarcarían.

Miss Fortune había tenido la oportunidad de verse con la sanadita en su nave. Habían intercambiado miradas y sonrisas, pero nada más.

Se sentía agotada por no darse un adecuado descanso y pensó que como todo estaba en orden, ya con sus hombres designados, podría descansar.

Se retiró a su cuarto y a medio desvestirse cayó en su cama, durmiéndose de inmediato.

Lamentablemente para sus planes, los sueños por los que paso eran pesados y asfixiantes. Se revolvía en la cama con insistencia hasta que terminó por sentarse.

No sabía cuánto tiempo había pasado, pero creyó que no demasiado.

Trató de recordar sobre que soñaba, pero todo era confuso ahora.

Era imposible volver a dormir. Estaba intranquila. Un mal presentimiento la aquejaba.

Caminó descalza por su habitación y, aun guiada por la curiosidad, tomó el elevador que la llevaba a los pasillos de su nave.