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Decisiones, decisiones

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Miss Fortune caminó por los pasillos de la nave, viendo como sus hombres trataban aun de reparar lo que podían.

No había sido su peor batalla, habían pasado por peores, aun así, un impacto como que el sufrieron dejaban a su querido hogar tan destrozado que la hacía lamentarse.

 Aun se preguntaba que tanto le costaría todo el arreglo y por cuanto tiempo cuando sus pensamientos se pausaron al entrar a su habitación.

Sona estaba allí, viendo la flor que le había regalado en uno de los muebles cerca de su cama.

—Estaba así cuando llegue, lo juro— se excusó de inmediato.

Había intentando salvar a la planta, cambiándole el recipiente por un jarrón dinástico, tesoro de una excursión, llenándolo con la tierra que había logrado levantar del suelo y poniéndole un pedazo de metal delgado para que hiciera de soporte del tallo quebrado.

Ahora cualquiera que viera la flor pensaría que fue pisoteada por una manada de elefantes y había sido restaurada por un niño de 4 años… pero Miss Fortune estaba satisfecha de ver que sobrevivía.

“Aunque quizás hubiera sido mas benevolente darle un ultimo tiro de gracias” pensó.

—¿Cómo sea? ¿Qué haces aquí? — preguntó sin intención de hablar con la chica. Realmente no se la esperaba y si hubiera querido encontrarla la hubiera buscado.

Su mente había estado haciendo unas conclusiones respecto al ataque y Sona que de momento no quería tratar.

—No quiero sonar descortés, pero estaba buscando un momento a solas para refrescarme…— trató de explicar, mientras el dolor de cabeza volvía a hacerse presente— aparte esta es mi habitación… no recuerdo haberte dado permiso de que… invadieras la privacidad de esta.

Se llevó los dedos a un costado de su frente y al mirárselos los encontró manchado de sangre. Recordó el primer momento cuando su cabeza golpeo con el suelo de la nave.

Trató de recordar algún otro golpe mientras se acercaba al espejo de su habitación, levantándose la camisa para ver su abdomen. Un enorme moretón comenzaba a formarse a un costado, recuerdos del golpe limpio que le había asestado Kayn.

Comenzó un rápido análisis de su reflejo. Se había cambiado nuevamente a sus pantalones oscuros y la camisa, ambos sucios ya por los esfuerzos de ayudar a sus hombres con la nave, pero aparte sus ropas tenían manchones de sangre, quizás suya, quizás de otros.

Era como si últimamente nunca tuviera tiempo para verse bien. Su rostro inclusive tenia manchas y tajos nuevos.

Suspiró cansada y pronto vio a Sona sumándose al reflejo del espejo.

La chica la hizo voltearse, y se apoyó su espalda en la pared, con los brazos cruzados. Esta postura no evitó que Sona pusiera una de sus manos en su frente y tratara de curar la herida que veía.

Miss Fortune solo sonrió sin decir nada, cerrando los ojos para evitar verla. No estaba de humor, pero supuso que dejar que la curandera la tratara, era mejor que ir a la cabina de enfermería donde sabía que varios de sus hombres necesitaban el servicio.

Sona tocó con cuidado el abdomen de la pirata por debajo de la tela. La pelirroja resistió el escarmiento lo mejor que pudo y poco a poco el dolor de su cuerpo se apaciguaba.

—Debe ser enorme— comentó finalmente, tomando la mano de Sona y bajándola, para alejarla de su cuerpo— la culpa.

La sanadita miró a los ojos a la chica, pero no hizo mas que darle una expresión seria.

—No me pongas esa cara— pidió con un humor amargo— si estas aquí, entrando sin avisar, esperando por ver si puedes hacer algo por mí, es porque te sientes responsable de todo esto.

Miss Fortune se alejó de donde estaba, caminando hasta llegar a la puerta del baño.

—Y no te equivocas— confesó— lo he estado pensando y es verdad, Kayn atacó mi nave “por ti” ¿No es así? Si tu no estuvieras a bordo el ni se hubiera molestado en traer un crucero imperial y tratar de eliminarme… y mientras te quedes cerca mío no solo yo, sino todos mis hombres correrán con esta suerte, ser cazados por un lunático con un enorme poder en el imperio demaxiano.

Miró de reojo a Sona, la chica parecía saber bien lo que se le decía y miraba hacia el suelo.

—Debes de sentirte terrible, corazón. Mi nave esta destruida y muchos de mis hombres heridos. No tengo idea de como hare para pagar todos los gastos de la reparación y seguro mi tripulación ahora mismo esta bastante desconforme con todas las molestias e infortunios sufrido estos últimos días— dicho esto sintió que el dolor de cabeza volvía—… y honestamente no puedo culparlos.

Ya que había comenzado a hablar no pudo evitar que mas cosas saliera. Se alejó de la puerta y caminó hacia Sona, sacando algo del bolsillo.

—¿Sabes lo que es esto?

Sona podía ver un pequeño aparato plano, metálico con circuitos. Era oscuro y parecía mover sus extensiones, como si fueran patas, de forma lenta.

—Es un rastreador— explicó con molestia, sonriendo con ironía mientras el rostro del responsable se hacia visible en su mente— Me parecía extremadamente extraño que los demaxianos dieran con nosotros tan fácilmente en dos ocasiones casi seguidas. Con EXO hicimos una extenuante búsqueda para cerciorarnos que todo en la maldita nave estuviera en orden y no encontramos nada.

Sona podía ver como la mano de Miss Fortune temblaba mientras apretaba con fuerza el aparato, rompiéndolo de a poco y lastimándose con los fragmentos.

—Esta cosa es un rastreado de la nave de Gangplank. Lo puso en mi nave en el planeta KF-21 cuando logró entrar aquí— explicó mientras sus ojos brillaban en ira— Pero no lo puso en la sala de mando o en alguna cabina importante. No. Lo dejo activado en la sala de entretenimiento y pasaba desapercibida porque imita a un programa de juego en línea. El maldito le vendió la información de mi nave a los demaxianos, riéndose de mi ¡Mientras yo perdía el tiempo besuqueándome contigo a la par de su rastreador!

Dicho esto, último, tiró con fuerza lo que quedaba del aparato a un lado, rompiendo el espejo y haciendo un gran estruendo en la habitación que no terminaba de ayudarle a disipar el estrés que llevaba.

Miraba a Sona con detenimiento, sabía que debía tener una expresión intimidante, pero era difícil saber lo que pasaba por la cabeza de la sanadita.

—Vete— le ordenó, temiendo que el pésimo humor que traía pudiera ocasionar que dijera o hiciera algo que luego lamentara.

Al ver que la chica no se movía del lugar, rio con ironía, haciendo un ademan con la mano, demostrando que no lo podía creer y que el asunto la superaba.

La dejó sola en la habitación y entró al baño.

Se lavó la mano, que ahora sangraba considerablemente y ensucio sin importarle la toalla para parar el sangrado. Agarró unas vendas tirando sin cuidado lo demás del botiquín de primero auxilios y se vendó rápidamente la herida, haciéndose presión.

Volvió a abrir el grifo y trató de limpiarse la cara con la mano no herida, viéndose de nuevo en el reflejo sintió la necesidad de comenzar a romper todo el lugar.

—Mi madre debe estarse retorciendo en la tumba mientras ente infeliz golpea copas con los demaxianos— comentó entre dientes.

Sabía que Sona seguía en la habitación, no había escuchado los pasos que le indicaran que la había dejado, pero no tenía ninguna intención de seguir interactuando con la chica, ni siquiera para que le ayudara con la herida.

Entendía que estaba mal culparla de lo sucedido, al mismo tiempo que era consciente que solamente por ella toda su nave estaba destruida.

—Déjame sola— pidió en voz alta, sabiendo que la chica la podía escuchar— eres un poco inútil ahora. No posees el ora suficiente para pagar mi nave y los daños hechos no es algo que puedas curar con tus poderes. No hay nada realmente que puedas hacer para mitigar tu culpa así que…

Se puso una toalla limpia para secarse el rostro y salió del baño, esperando que con eso finalmente la chica la dejara en paz. Lo necesitaba. Necesitaba calmarse, reorganizarse, un momento de claridad.

Sin embargo, recibió todo lo contrario cuando volvió a cruzar mirada con la sanadita.

Sona se encontraba en el mismo lugar, junto al espejo roto. Ya se había sacado la capucha y sus cabellos caían desde su hombro, pero aun estaba terminado de deshacerse de su maya. Solo unos movimientos mas y su manto cayó, junto con el resto de la ropa, dejándola desnuda frente a la capitana.

Miss Fortune sintió la respiración pesada en su pecho un par de veces y no luchó con la necesidad. Camino a pasos veloces, tirando la toalla de mano a un lado, antes de agarrar con ambas la cara de Sona y besarla con fuerza.

Mordió con rapidez el labio de la chica y se hizo lugar así a que abriera la boca para explorar con insistencia la humedad. Una de sus manos se deslizó desde la oreja por los cabellos, hasta apretar la piel de la espalda para atraerla más, finalmente bajando, clavando sus uñas en la piel de sus glúteos, deleitándose por lo grande y formados de esto.

No tardó nada en empujarla hasta la cama, haciendo que la sanadita se recueste. Se tomó unos escasos segundos para contemplarla, sin pudor, de pies a cabeza, lo que sus ojos interpretaban como lo que iba a devorar.

Trató de acomodarse los rojos cabellos hacia atrás, mientras se ponía arriba de Sona, acorralándola con sus piernas, ya bajando con su cabeza para reclamar sus labios nuevamente.

El beso se tornó ansioso nuevamente, mientras las caricias, lejos de ser suaves, aferraban partes del cuerpo de Sona, estirando con fuerza la piel.

Le gustaba.

Sentía una enorme excitación solo por poder tocar y reclamar lo voluptuoso que era el cuerpo que tenía abajo.

Intentó desprenderse los botones de la camisa, pero solo logró romperla por lo bruscos y rápidos de los movimientos. Solo quería sentir que la piel de su pecho se pegara y sintiera lo mismo que estaban experimentando sus manos. Frotó su seno descubierto con los de Sona, mientras insistía en el beso.

La chica lanzaba pequeñas exclamaciones y gemidos. Los besos parecían asfixiarla y cada vez que Miss Fortune notaba esto, adrede se pegaba más a ella. Como resultado, cuando finalmente le dejaba dar un respiro, el aliento cálido y agitado de la sanadita le golpeaba el rostro, desesperándola por querer más de ella, por ponerla en aprietos nuevamente.

Aun no queriendo despegarse de los labios de Sona, trataba de desprender los botones de su pantalón para poder quitárselos, frustrándose por no lograrlo, largando un leve gruñido al tener que separarse e intentarlo con ambas manos.

Sabia que debía calmarse. Sabía que debía ir mas lento. Sabia que debía tener más cuidado.

Es solo que no podía. Deseaba desesperadamente que ese tormento en su vientre encontrara el alivio. Lo necesitaba y tenia en claro como quería que pasara.

Se deshizo de su ropa interior al mismo tiempo que su pantalón. Abrió las piernas de Sona, clavando con fuerza sus uñas para que la chica entendiera que las mantuviera así, y se hizo lugar, juntando su centro con el de ella.

Una descarga eléctrica le recorrido la espalda en el mismo momento que sus carnes sintieron lo cálido y húmedo de la cavidad de Sona.

Se tomó unos segundos para disfrutar de la sensación con los ojos cerrados, inclinándose y apoyando una mano en su cama, dándose estabilidad.

Al abrirlos se encontró con la imagen de Sona, recostada en su cama y respirando con dificultad. Tenía prácticamente todo el rostro sonrojado, y sus atípicos ojos mostraban sus pupilas dilatadas. La chica parecía estar esforzándose también por procesar toda la intensidad de la pelirroja.

—Perdón…— comentó la pirata, aunque con una sonrisa que demostraba que realmente no lo lamentaba— pero de verdad… quiero…

Decidió no terminar de excusarse y en vez de eso le dio un pequeño beso en los labios, suave y apenas rozándolos, sabiendo que quizás sea el único gesto controlado que tendría antes de comenzar a frotarse contra ella.

Trató por todos los medios que los roces sean lentos, pero solo lo consiguió en un primer momento. La excitación y lo bien que se sentía moverse en su zona la hizo perderse.

Se alejó del rostro de la sanadita y comenzó a concentrarse solo en que su centro encontrara el placer que buscaba. Sus manos se posicionaron en las caderas de Sona y solo hacían presión para atraerla más a ella.

Lo intentó con fuerza por unos segundos más y cuando sintió que estaba por llegar, se inclinó nuevamente, pegando su frente a la chica, sintiendo de cerca sus jadeos mientras dejaba de aferrarse a su cadera para poner ambas manos en las sabanas, disfrutando de la sensación que le llegó como olas desde su centro al resto de su vientre.

Rio cuando la sensación comenzó a dejarla, pero, aprovechando la posición, volvió a buscar los labios de la sanadita para besarla, ahora ya de forma más dedicada y calmada.

Se entretuvo en un beso perezoso, mientras se acomodaba entre los muslos de Sona, en una posición mas acostada, sin intenciones de dejar de estar arriba de ella y con sus piernas rodeándola.

Le gustaba así, le hacia sentir el dominio que tenia de la situación y sobre la chica.

La libido comenzó a bajar al tiempo que sentía que sus energías la dejaban.

Finalmente trató de acomodarse a un costado, encontrando una de sus almohadas. Buscó el rostro de Sona y lo encontró como si la chica supiera que la necesitaba.

Volvían a besarse como si en un pacto no hablado eso significara que todo estaba bien entre ellas.


—… despierte, Capitán.

Miss Fortune ya había escuchado la alarma previa y había estado ignorando a EXO por unos minutos ya, pero parecía que no iba a lograrlo por más tiempo.

Dio vueltas en su cama y al inspeccionarla se dio cuenta que estaba sola. Se sentó y pudo ver los destrozos de horas atrás, pero en efecto, Sona no estaba.

Apoyó su mano en las sabanas y notó la venda que llevaba. Se la sacó y pudo ver que no tenía ninguna herida.

Sonrió de lado al saber por qué y se refregó un poco el rostro mientras no podía dejar de tener una expresión complacida.

—Infórmame, EXO— pidió mientras se acercaba a un borde de la cama y buscaba sus pantalones.

—Parece de un mejor humor, capitán.

—Cállate e infórmame— ordenó, sin poder evitar reír al comentario.

—Arribaremos a Terra-2 en unos minutos, capitán. ¿Qué desea hacer?