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Decisiones, decisiones

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Miss Fortune sabía que ya habían desembarcado en Terra-2 y se apuraba en llegar al andén. Aún tenía cosas que acordar con su tripulación, pero pensó que estos podían esperar, temía más perderles la pista a sus nuevos aliados.

—Capitán— reconoció la voz de Yasuo entre la gente— que bueno es encontrarla. Estamos apurados y creí que no llegaría a verla de vuelta.

—¿Apurados?

—Pude contactar con un viejo amigo, él tiene un remolcador intergaláctico y me ayudara a traer mi nave a Terra-2, pero necesita que yo primero me encargue de unos… “asuntos”

La pelirroja lo miró con curiosidad, pero sabía que, si hablaba en códigos ahora, era probable que ser discreto es lo que les convenia a ambos.

—Si, de acuerdo.

—Supongo que aun somos aliados contra Gangplank.

—Mas que nunca— contestó de inmediato, ya no solo por lo valioso del ídolo que le habían robado, sino por la humillación que sufrió su nave.

—Excelente— exclamó el espadachín— contactare con usted apenas regrese de nuevo a este planeta.

—Me parece bien. Supongo que me tomara todo el día hablar de gastos con el mecánico y el ingeniero. Quien sabe cuándo tiempo… y dinero me tomara.

Yasuo le extendió un papel con una dirección.

—Mi tripulación están en esta dirección. Es probable que yo no vuelva a juntarme con ellos hasta traer la nave aquí, por eso era tan importante encontrarle. Yo sé que no eres su capitán, pero aun así se lo pediré— le confesó mientras la chica tomaba el papel y lo guardaba en el bolsillo— cuide de ellos.


A Miss Fortune no le gustaba el café solo, pero luego de ese primer día en Terra-2 había perdido la cuenta de cuantos había tomado ya.

Se sentó en la cabina hospital. Nunca la había visto tan sucia y aprovecho el momento a solas para repasar mentalmente todos los gastos.

Le alcanza si vendía todas las naves pequeñas del andén, las propias y las nuevas que habían conseguido del enfrentamiento con Kayn, y si aparte empeñaba todos los dientes que le quedaban del gusano de Sires.

Miró el bolso que tenía a un lado, donde los afilados y puntiagudos colmillos de la criatura aun descansaban.

Sacó uno. Era el triple de lo que su mano podía abarcar.

—Una pena, con lo mucho que disfruta de los trofeos— comentó EXO sabiendo porque la expresión desanimada de su capitán.

—Me siento peor por las naves.

Había un asunto más que le molestaba a la pelirroja y creyó que podía resolverlo todo, aunque eso implicara hablar con personas que preferiría nunca volver a encontrar.

Sacó todos los dientes del bolso y los puso sobre la mesa, separo el más grande y aun le quedaban 5 más.

—EXO, mete esto en la fiambrera laser y divídelos en la cantidad de tripulantes en la nave.

—Eso serian muchas monedas de ora puro, Capitán.

—Si… démosles una alegría a nuestros chicos.

—Dudo que “Nuestros chicos” lo inviertan en bienes raíces para luego de años de una favorable economía, comprar las reparaciones de la nave, Capitán.

—No, seguro la mayoría lo gastara en ron, comida, hombres y mujeres… está bien, se lo merecen.

—Espero que no piense venderme para abarcar todos los gastos, capitán. Soy muy carismático y querido, me extrañara ¿Que otra IA podría lidiar con el caldero eléctrico para que pueda disfrutar de sus baños a temperatura ideal?

—Calma, EXO… tengo un plan.

—Según mis datos e historial, solo el 37% de las veces que dijo eso las cosas salían como lo “planeaba”

—Si, bueno… solo haz lo que te digo ¿Sí?

—Enseguida, capitán.

Miss Fortune ahora solo jugaba con el ultimo diente, sabía que podría con él cubrir gran gasto de las reparaciones y creía que si todo salía bien no haría falta siquiera de vender una sola de las naves pequeñas.

—Sacrificios deben ser hechos…—habló mientras se acomodaba en el asiento de la sala. Con solo inclinarse un poco en este la sala tembló y un estante metálico cayó al suelo, rompiendo todos los suministros que traía adentro.

Pensó que seria una buena idea dejar la nave en el taller y buscar donde quedarse estos días.

Una de las cajas de mensaje llego a la sala de enfermería donde estaba.

—¿Ya repartiste el ora a todos? — quiso saber Miss Fortune mientras se levantaba y se acercaba para recibir el paquete.

—Si, capitán.

—Bien, diles que se tomen unos días. Les avisare cuando la nave esté lista para partir con tiempo.

La chica abrió el compartimiento y notó tres monedas de ora muy grande, las que mando a hacer al rebanar los dientes del gusano.

—¿Qué es esto?

—Su parte, capitán. También es un miembro de la tripulación.

—Yo no lo necesito, idiota— comentó entre risas, alegre de ver que sus chicos recibirían una buena paga para distraerse en su estadía en Terra-2.

Jugó con las monedas en su mano, mientras ya pensaba en hablar con el encargado del taller y dejar todo pactado.

—¿Crees que puedas hacer algo bonito con esto? — preguntó la capitana mostrando una de las monedas.

—¿Algo bonito, capitán? ¿Para usted? ¿Mas bonito que una moneda grande de ora? No lo creo.

—Que bien me conoces…

—Pero puedo buscar algo creativo en las bases de datos con la búsqueda de “Algo bonito para una chica”.

—Hazlo, tienes hasta que termine de pactar con el encargado. También pon en inicio todos los protocolos para cerrar las áreas personales de la nave y dejarla lista para su reparación con el equipo del taller.

—Si, capitán.


Se hacia camino entre las personas en el área mas metropolitana de la zona. Tenia un bar en específico al que quería llegar.

Solo entrar se sintió aliviada de ver que adentro no estaba tan lleno como afuera.

—Capitán— saludó el encargado de la barra, volteándose para buscar lo que creía que la chica disfrutaría.

—Kett— contestó en el mismo tonó mientras se sentaba, esperando su trago.

—Es bueno verle bien— siguió platicando mientras el servía una jarra llena de un líquido amarillo brillante.

—Ni tanto…— comentó con algo de desdén mientras daba un sorbo— tengo algunos problemas… económicos.

—Como todos.

—Si vez a la bruja… dile que estaré unos días aquí y que estoy dispuesta a ensuciarme las manos por ella de nuevo, por su respectivo pago, claro está.

—Se lo hare saber.

—Gracias.

Disfrutó de la bebida amarga en sus labios, sentía el cansancio de esos días haciéndole un gran peso en los hombros.

—Parece que la han estado siguiendo.

El comentario le llamó la atención y terminó por ver por encima de su hombro. No encontró a nadie que le pareciera sospechoso, pero al ver la ventana supo a que se refería el hombre.

—Parece que algunas bestias rastrean mejor la necesidad que otras…

—Eso parece— concordó el barman, apoyándose en la barra.

—Gracias por el trago, pasare por aquí luego.

—Cuando guste.

Miss Fortune salió del lugar y buscó en la ventana el cuervo que había visto antes. El animal pareció entender y emprendió saltos por los objetos de la calle, hasta perderse en un callejón.

La pelirroja lo siguió con disimulo, cerciorándose de que nadie la estaba viendo cuando ingreso al oscuro lugar.

—Escuche que tienes… problemas— le habló una voz desde la oscuridad, solo podía ver al cuervo sobresaliendo del hombro, quien la miraba con ojos oscuros y curiosos— yo también…

—Tengo un precio.

—Mis problemas también lo tienen.

—Espero entonces que sean altos.

—Lo son.

—Escúpelo, Swain— contestó la mujer, incomoda por toda la situación.

—Aquí no puedo, las paredes tienen oídos— contestó la figura— encuéntrame mañana en las afueras de Vironia… hablaremos.

La pelirroja no llegó a decir nada más cuando la figura se desarmo en muchos cuervos que emprendieron vuelo de manera ruidosa, dejándola sola en el callejón.


Llegó a la dirección que tenia escrita en el papel. Se sentía un poco ansiosa solo de estar allí.

Era un edificio grande, el encargado parecía dormir cuando llegó así que no pidió indicaciones y prefirió subir las escaleras de metal en vez de tomar el ascensor, el cual parecía en cualquier momento a punto de caer.

Ni siquiera necesito ver el numero en la puerta, la voz de Jinx y los estruendos salían de la última habitación en el pasillo del tercer piso.

Golpeó la puerta y de repente todos del otro lado quedaron en silencio.

Miss Fortune pudo escuchar como susurraban desconfiados antes de sentir unos pasos.

—¡Brandon, diles a tus compañeros mercenarios que cierren la boca! ¡Estefanía dile a tu novio, el campeón de lucha libre de dos metros que limpie los platos! ¡Cristian, deja de pulir ese revolver, la sangre se quita con agua!

La pelirroja miró hacia arriba, sin poder creer todas las mentiras de Jinx solo por abrir una puerta.

—¿Sí? — preguntó la piloto abriendo un poco la puerta, pero al ver que se traba de ella bufó molesta— agh, solo es la señorita pechos prominentes— se quejó abriendo la puerta totalmente— avisa antes, así nos ahorramos el protocolo “protección a la madre soltera en un barrio peligroso y socialmente desigual”

—… ni siquiera preguntare.

La capitana entró sin cerrar la puerta. El lugar era amplio, aunque no de los mejores que había visto. Tenia una gran sala pegada a un portal con la cocina y varias puertas, que ella suponía, se trataba de las habitaciones de cada uno y el baño. Sin embargo, toda la tripulación, a excepción de su capitán, estaban allí ahora.

Miró a cada uno de ellos. Ziggs parecía entretenido desarmando el enorme televisor de la sala. Malphite tenía puesto un delantal de cocina floreado y luego de sonreírle a modo de saludo volvía a la cocina. Jinx se tiró como si la vida se fuera en ello en el sofá y a la par, en un sillón de un color que no combinaba con nada en la habitación, estaba Sona.

Esta ultima al ver que se trataba de la capitana, se puso de pie de inmediato, inclinando su cabeza como saludo y sonriendo.

La pelirroja le devolvió la sonrisa sin saber que agregar, compartieron una mirada tranquila por unos segundos.

Lamentablemente para ella, el gesto, aunque duro poco, no pasó desapercibido por Jinx, que alternaba la mirada entre una y otra, hasta que lazo una exclamación ruidosa, como si hubiera resuelto un gran acertijo.

—¡No, no, no, no, no! ¡Ya se lo que pasa aquí! — gritó poniéndose en frente de Miss Fortune con una expresión seria— Ni lo sueñes, cachetes bonitos.

—¿…que?

—¡No eres digna de nuestro, pimpollo! — exclamó buscando con desesperación a Malphite—¡Querido, dile algo! ¡Nuestra niña quiere huir con un mugroso pirata sin futuro!

Malphite salió de la cocina, limpiándose sus grandes manos en el mandil, mirando sin entender a Jinx, pero preocupado.

—¡¿Quién te crees que eres?!— siguió exclamando, ahora con lagrimas en los ojos— ¿Si quieras tienes un trabajo decente? ¿Una casa, un futuro? ¡¿Un plan para tu errática vida?! ¡¿Dónde está tu título universitario?!

—¿Ti-título universitario? — preguntó sin entender.

Sona trataba de calmar a Jinx con sus manos, tratando de negar y lograr que se detuviera.

—¡No, no! — gritó esta, apartándole las manos— ¡¿Así nos pagas todo lo que hicimos por ti?! Teníamos sueños tan grandes para ti y nos vienes con… ¡Esto! — decía lo último señalando a Miss Fortune— ¡¿Qué le viste?!

—Agh… por favor, cállate— comentó la capitana llevándose una mano a la frente.

—¡No te atrevas a callarme en mi casa! ¡Querido! — exclamó mirando a Malphite quien se sorprendía de que fuera él a quien le hablaba— ¡Dile algo!

La enorme criatura levantó la vista, pensándoselo, y finalmente le hizo señas a Miss Fortune con ambas manos para que le diera un momento. Se apuró en ir a la cocina y trajo con él una bandeja de lo que parecían ser galletas deformes, aunque con un buen olor. Se las ofreció inmediatamente con una sonrisa.

—¡Traición! ¡Mi propia sangre me traiciona! — siguió lamentándose Jinx.

—… gracias— terminó diciendo la pelirroja tomando una de las galletas— como sea… no estoy aquí para… lo que sea que dijo la loca.

Le dio una mordida a la galleta y sonrió al sentirla deliciosa en su boca.

—Están buenas— felicitó y Malphite asintió con entusiasmo volviendo a la cocina.

—Quería decirles que mi tripulación descansara en esta zona del planeta hasta que la nave esté lista… lo que tomara su tiempo— explicó buscando las palabras correctas— aun somos aliados y, tanto mi tripulación como yo, los tenemos en cuenta.

—Pero que considerado de tu parte…— siguió hablando con sarcasmo la piloto, volviendo a tirarse en el sofá.

—De hecho, si tengo que serles honesta— cortó viendo como no tenia sentido las formalidades— las reparaciones exceden el presupuesto que tengo… y quizás necesite tu ayuda— dijo lo último mirando a Sona.

La chica estaba a punto de asentir cuando nuevamente Jinx de un salto se puso entre ellas.

—¡Claro que no! ¡Lo mismo le dijeron a mi hermana! ¡Y después tuvo que cambiar pañales por varios años!

—¡No voy a…! ¡Agh! — exclamó arrepintiéndose de haber venido— no le voy a pedir que haga nada raro. Solo… tengo que hablar con unas personas, y decidí que mi tripulación quedaba fuera de esto… con todo lo que paso prefiero que tengan un respiro. Creí que de necesitar apoyo podría contar con… olvídalo. No importa. Lo solucionare sola.

—Como debe ser— contestó Jinx, asintiendo con contundencia— no somos tu tripulación, así que no nos concierne.

—Si, tienes razón. No soy su capitán.

Jinx y Miss Fortune tuvieron un momento tenso, en el que ambas se cruzaban de brazos y miraban con desconfianza, hasta que las palabras terminaron por sentenciar la reunión.

—Me iré ahora— anuncio finalmente la pelirroja— Serán avisados cuando la nave esté lista.

—Perfecto— coincidió Jinx con una sonrisa antipática— gracias por su tiempo, capitán.

La pelirroja sonrió a los demás miembros antes de darle la espalda y salir por la puerta, cerrándola detrás de ella.

Caminó por el pasillo, llegando a bajar un par de escalones cuando sintió que la misma puerta se abría a sus espaldas.

Volteó y vio a Sona en el marco, ya saliendo al pasillo. Detrás de ella podía ver como Malphite y Ziggs agarraban a Jinx y la mantenían bajo control, tirándola al suelo para evitar que haga algo más.

La sanadita cerró la puerta con cuidado, dejando los ruidos en la habitación atrás mientras se acercaba a la capitana.

El pasillo solo tenia una tenue luz, por lo que los ojos amarillos de Sona volvían a ser lo mas brillante que Miss Fortune podía ver.

Subió nuevamente los escalones y ahora podía estar ambas al comienzo de la escalera.

—Ustedes si que parecen ser un grupo… interesante— comentó con una sonrisa y Sona asintió algo avergonzada por todo— aun así, ella tiene razón. Son mis asuntos y debo resolver lo de mi nave y tripulación por mi cuenta. Somos aliados, si, pero eso no significa que los pueda usar tan libremente y meterlos en problemas.

Sona le extendió una mano, y esperó en esa posición. La pelirroja suspiró, pero terminó por tomarla. Solo entonces la sanadita asintió con obediencia.

La chica interpretó que estaba de acuerdo con ayudarla.

—Lo pensare, gracias— accedió la capitana, sin soltar su mano, acercándose un poco más, tomándose el tiempo de apreciarla nuevamente— Tengo algo para ti.

Metió la mano en el bolsillo de su chaqueta y sacó de ella un brillante dije de ora. Era circular como una moneda, pero tenia formas en el interior delineadas que asemejaban a varias estrellas. Traía ya su cadena dorada, fina, pero a juego.

—Me gusta siempre llevarme algo de las cosas que conquisto— comentó con cierta seriedad— está hecho con el ora de los colmillos del gusano que cazamos juntas. No voy a quedarme con nada de ese ora, todo lo empeñe en mis hombres y la nave. Y este ultimo pedazo que queda… quiero que lo lleves tu.

Sona miró con cariño el dije y terminó por asentir, dejando que la pelirroja colocara la cadena alrededor de su cuello.

—Se ve bien en ti.

Podía ver como la sanadita lo acariciaba con sus dedos desde su cuello, parecía encantada con el pequeño regalo lo que hacia que Miss Fortune se alegrara por la decisión de dejarle lo último a ella.

—Debo tratar unos asuntos. Quizás si todo sale bien, luego ambas tengamos algún tiempo para nosotras— comentó mientras se acercaba para besarle la mejilla y luego alejarse—… o por lo menos eso me gustaría.


Regresó al bar y el cantinero le hizo señas para que se acercara a él. Alcanzó a sentarse y el hombre se inclinó para que en un susurró lograra oírlo.

—Contacte con la bruja. Tiene algo grande entre manos de lo que quieres que te encargues. La paga es buena… tan buena como oscura.

Miss Fortune sonrío con cierta amargura. Las cosas buenas siempre se hacían.

—Espero entonces que sea igual que su alma…