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Decisiones, decisiones

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—Debemos rescatar a alguien muy importante y es realmente peligroso. Podría hacerlo sola con la ayuda de este hombre, pero creo que sería mejor tenerlos de apoyo. Me gustaría… contar con ustedes.

Malphite y Sona inmediatamente asintieron, pero Jinx se puso entre medio de ellos con velocidad.

—Quiero la mitad de la niña.

—¿Qué?

—Queremos la mitad del ora que te den por la niña.

—…

Miss Fortune miró sin entender uno por uno al grupo y finalmente Sona se acercó a ella, pidiendo permiso para tocar sus ropas.

La pelirroja vio como ahora la sanadita le mostraba un pequeño dispositivo que tenía una débil luz que parpadeaba.

—¿Un micrófono trasmisor? ¡¿Estuvieron escuchando todo?!

—No me fio pechos bonitos— concluyó Jinx mientras le pasaba el aparato a Ziggs y este lo guardaba— pero no escuchamos todo, algunas partes se perdía, como la que explica que hace Ed con nosotros… pero sí que escuchamos lo la niña de ora.

—No es una niña de ora… y no se llama Ed… agh…

—Si, como sea ¿Quieres nuestra ayuda? Tendrás que pagar.

—No les daré la mitad de toda la recompensa. Si no fuera por mí ni siquiera estarían aquí.

—Entonces no hay trato.

—¡Bien! ¡Entonces vuelvan a la ciudad!

—¡Bien! ¡Muérete en esta selva comida por los mosquitos!

Le daba una mala sensación dejar así las cosas, pero no iba negociar con Jinx. No perdió el tiempo y comenzó a caminar a donde había indicado el prisionero, aun sin tener un plan en mente.

Solo caminó unos metros cuando sentía los pasos que la seguían. Se dio la vuelta para encontrar al grupo, Malphite traía a Jinx colgada de su hombro y la chica permanecía de brazos cruzados con una cinta en la boca, pero no hacía por pelear con su equipo.

—Nos conformaremos con un mano de la niña— comentó Ziggs caminando al lado de su grupo.

—Les daré un dedo a cada uno, no puedo ofrecerles más— dijo como ultimátum.

—Bien, aceptamos.

Jinx comenzó a largas exclamaciones molestas, pero nadie hizo por quitarle la venda y siguieron caminando en la dirección marcada por el esclavo.


—Tengo hambre.

Le parecía increíble a la capitana lo rápido que su cerebro se acostumbró a ignorar, más que eso, anular la voz de Jinx.

—Me duelen los pies.

Era casi como si su voz fuera un sonido de fondo que no debería de importar.

—Necesito ir al baño, como de verdad, es como si un topo, oscuro y marrón, estuviera empujando hacia abajo tratando de salir por ese agujero que tanto le costó en escarbar y lo siento empujando y empujando…

Mas que una voz de fondo era como el sonido de una horrible cotorra a punto de ser asesinada.

—Pero también tengo hambre… como si ese topo estuviera preñado y necesitara tener otros topitos bebes que luego crecerán y necesitare expulsarlos de mi cuerpo.

De hecho, todo el grupo seguía caminando sin que la voz de Jinx siquiera llegara a ocasionarles algo.

—¡Agh ya! ¡Este idiota nos está llevando en círculos! ¡¿Es que nadie se da cuenta?!— exclamó dando dos brincos y tomando al hombre con ambas manos mientras lo sacudía con fuerza— ¡Ed! ¡Di la verdad! ¡¿Para quién trabajas?!

—Te dije que no lo molestaras, Jinx— habló finalmente la pelirroja— no estamos caminando en círculos y no se llama Ed.

—¿Y cómo se llama?

—… Semental… creo… no estoy segura.

—Pffff ¿Qué? ¿Semental? — preguntó aun zarandeando los hombros del esclavo, este entendió que se le preguntaba y terminó asintiendo— ¿Semental de qué? ¿De una manada de koalas con anorexia?

—Déjalo en paz, Jinx, no es su trabajo entretenerte, sino encontrar a nuestro objetivo.

—Pero hasta que para eso está averiada esta cosa— siguió diciendo volviendo a sacudir al hombre— ¿Debemos encontrar una criatura?

—Niña.

—Criatura ¿Verdad? ¿Qué tiene este tipo que sabe dónde está? ¿La niña tiene un rastreador en su ano bien escondido y Ed tiene un chip en su cerebro que hace lucecitas cuando se acerca? ¡Es estúpido!

Miss Fortune sabía que era un asunto que también la intrigaba. Pero para ella era evidente que Leblanc sabia siempre lo que hacía y si ella decía que su esclavo podía conducirla a la niña, era cierto.

La apariencia y todo lo relacionado al hombre también le hacía sentir inquieta, pero no podía terminar de descifrar el porqué.

Como si supiera que se estaba dudando de él, se apuró a soltarse de Jinx y avanzar, señalando de nuevo la misma dirección que hacía horas marcaba.

La capitán le hizo caso y subió un pequeño pedestal donde el hombre seguía marcando el sitio.

Sonrió al ver un pequeño asentamiento y regresó para darle la misma expresión al resto. Ya habían llegado.


Jinx terminó de dos grandes bocados el resto del tentáculo de la criatura que estaba en su plato. Miró a Malphite con seriedad y dejo el recipiente a un lado en el suelo.

—Bueno… luego del tercer marisco raro y extraño y, ya habiendo pasado una hora desde que comí el primero… dictamino que no es toxico y los demás también puede comerlo.

Malphite asintió y volvió su atención a revolver la olla en la que cocinaba los mariscos sobre el fuego de la fogata.

Ya estaba oscureciendo y cada vez mas la luz del fuego era lo que iluminaba los rostros de los allí presente.

—Se acerca alguien al área perimetral— anuncio Ziggs luego de ver como sus monitores el informaban de un intruso— oh, no se preocupen, son ellas.

Sona apareció acompañada de Miss Fortune, esta llevaba arrastrando a dos hombres, que, aunque eran pesados, aun así no dejo que la sanadita la ayudara.

—¡Uy! Cadáveres— se emocionó Jinx, acercándose a ambas— no sabía que ese era tu concepto de diversión en los pastos, pensé que solo ibas con la intensión de “tijeras”

—No digas estupideces— le comentó algo cansada— necesitaba a Sona para que distrajera a los guardias y creara una oportunidad para mí.

—¿La usaste de cebo? — preguntó con malicia, pero la pelirroja sonrió encantada.

—Por supuesto ¿No la ves? — preguntó agarrándola con cuidado de la quijada— es un encanto.

—Agh… por favor, acabo de comer…

Miss Fortune no bromeaba, no estaba buscando tiempo a solas con Sona ahora. Decidió concentrarse en la misión para luego poder festejar como correspondía.

Emboscaron a dos guardias en el perímetro cercano y ahora podrían usarlos bien, de a poco el plan comenzaba a tomar formar en su cabeza.

—Oh… gracias— contestó al ver como Malphite le ofrecía un recipiente con un caldo a base de lo que parecía ser un marisco— huele bien— felicitó antes de probarlo, haciendo que el cocinero de turno sonriera y se emocionara.

Se sentó en una de las piedras cerca del fogón no sin antes echarle un vistazo a sus nuevos rehenes, seguían inconscientes.

Le gustaría comentarle al grupo que podían descansar esa noche, pero sabia que debían actuar cuanto antes. Aun así, pensó que alimentarse bien luego de ese largo día era una buena idea.

Su mente dejo de pensar tanto mientras saboreaba el menú. Instintivamente busco a Sona como si necesitara de la chica para mejorar la velada, pero la encontró compartiendo la comida con el esclavo, Semental.

Nuevamente surgió en ella ese sentimiento extraño que no entendía.

Durante toda la jornada había visto como la chica ayudaba en lo que podía al hombre, caminaban al lado sin hablarse, pero no podía evitar sentir que compartían algo. Y ahora pasaba de nuevo.

Pensó que sencillamente Sona sentía pena por el esclavo, o que de alguna manera sentía empatía por su situación como sanadita y la situación de Semental de tener un tutor al cual obedecer.

No lo sabía, pero no dejaba de sentirse como si se estuviera perdiendo de algo.

No le gustaba, le hacía sentirse inquieta.

“Quizás estoy celosa” pensó con gracia tratando de alejar el mal presentimiento que todo le daba.

—Muy bien… debemos actuar pronto—anuncio al grupo—cuando termines, quítale a la ropa a ese guardia y cubre bien tu rostro con su capucha— indicó al esclavo y este asintió obedientemente.

La ropa que llevaba la resistencia eran de colores bordo, con insignias vistosas en el pecho derecho. Una capucha oscura en adhesión a una bufanda del mismo color terminaba el uniforme alrededor del cuello.

Lo veía conveniente y sabía que así podrían infiltrarse mejor.

—El plan es sencillo. Semental y yo usaremos las ropas de los guardias. Nos meteremos en la resistencia en lo que el trata de dar con el paradero de la princesa— comenzó a explicar teniendo la atención de todos— apenas sepamos en parte del asentamiento esta se los informare. Una vez lo sepan y ubiquen ese lugar, deberán rodear el área y atacar el lado contrario a donde nos encontramos.

—Una distracción lejos del objetivo— simplifico Jinx, entendiéndolo.

—Si, exactamente. Cuando vea que bajan la guardia donde esconden a la princesa veré de sacarla de ahí y huir adentrándome a la selva. Tanto si logro sacarla como si solo consigo llegar a ella y matarla, nos reuniremos de nuevo en la enorme roca con forma de conejo que vio Jinx.

—La roca con orejas, si… queda como a tres horas de aquí.

—Es un buen lugar, apenas se enteren que perdieron a la princesa nos buscaran en las inmediaciones, será mejor no descansar hasta que estemos lejos, y reunirnos ahí estará bien.

—Me parece un buen plan— concordó Jinx, lo que sorprendió a la capitana al tenerla de su lado tan rápidamente—¿Qué? Incluye que yo haga ruido, dispare y explote cosas al azar, por supuesto que voy a estar de acuerdo.


Miss Fortune ya se había puesto la capucha y veía que Semental también estaba listo. Ya había dado las ultimas indicaciones y el resto ya estaba organizándose para el momento de la señal

—¿Qué sucede? — preguntó al ver que Sona se mantenía cerca de ambos aun— será mejor que regreses con los demás.

La sanadita parecía titubear, a sabiendas que no podía seguir a la capitana y al hombre mas de donde ya estaba.

—¿Preocupada? — trató de adivinar la pelirroja, acercándose a ella— supongo que estará será la última vez que nos veamos hasta que lleguemos a la roca en forma de conejo ¿No es así?

Sona asintió sin dejar de verla. Era evidente que estaba preocupada. Se pregunto si era simplemente por la misión, que de por si era arriesgada, o habría algo más.

—¿Quieres darme un beso de la suerte? — comentó con gracia, para levantar el humor de la otra. Sin embargo, Sona se acercó a ella y con cuidado unió sus labios.

La pirata parpadeo un par de veces antes de cerrar sus ojos y disfrutar del suave tacto. Se alejó de ella a los pocos segundos y la miró con cariño.

—Estaré bien— le aseguró— ¿Sabes qué? Cuando terminemos con esto… tengamos una cita ¿Te gustaría?

Sona asintió con seguridad, parecía mas animada y eso le daba gusto.

—Bien— comentó y ahora se alejaba dando pasos hacia atrás— Ya me deseaste suerte, ahora vete… y procura darle muchos problemas a estos rebeldes cuando llegue el momento.


Fue fácil infiltrarse, se notaba que se trataba de una rebelión mas organizada y con pocas ideas de que hacer a medida que pasaban los días.

Caminar a esas alturas de la noche con nadie que dudara solo al ver el uniforme que llevaba solo simplificaba las cosas más.

Aun así, si algo había aprendido Miss Fortune es que mientras más sencillas parecieran las cosas peor se podrían poner.

Llegaron a una vivienda improvisada. Semental se quedo a la par de la puerta, como indicando que era el lugar. Miss Fortune se acercó a la ventana y observó con disimulo.

Podía ver una niña rubia, acostada en el suelo, había dos cuidadores con ella.

—¿Es ella? ¿Estás seguro? — preguntó, y el esclavo asintió con seguridad un par de veces.

Miss Fortune no perdió mas tiempo y mando la señal para que el grupo afuera localizara la ubicación.

Ahora solo quedaba esperar.

Se pusieron a cada lado de la puerta, como si fueran los guardias que custodiaban la entrada.

Pasaron unos minutos así hasta que la puerta se abrió, uno de los tutores miró con enojo a Semental y comenzó a reprenderlo.

—¿Qué les pasa? Hace como una hora que esperamos por el cambio de guardia ¿Por qué se ponen como idiotas en la puerta? — comenzó el hombre. Miss Fortune intervinó de inmediato.

—Es mi culpa— explicó, y la atención fue a dar a ella— me sentía descompuesta y con nauseas, prefería quedarme afuera de la tienda cuidando en vez de adentro con ese horrible olor.

—Agh, ni me lo nombres, parece que la niña se hizo encima luego de que el idiota de Gundra la atormentara.

El guardia empatizo con la pelirroja y luego miro de nuevo a Semental con desconfianza, finalmente escupió cerca de su pie, como si quisiera provocarlo, pero la habitual calma del hombre no lo permitió.

—Vámonos, Gundra— anuncio y el otro guardia salió también— que estos idiotas cambien pañales… estoy cansado.

El otro tipo les dio una sonrisa maliciosa a ambos y se alejaron de donde estaban.

La pelirroja espero a que nadie al viera y se adentro a la improvisada vivienda. Vio a la niña que parecía dormir, ahora más de cerca podía ver a sus ropas sucias y como los anteriores cuidadores habían dicho la verdad, pues parecía que se había hecho encima.

“Pobre. No tiene la culpa de ser un objetivo llamativo” se compadeció la capitán “Por otra parte, es posible que nunca entienda en carne propia que es realmente ganarse el pan… pobre niña rica”

Notó que el comportamiento de Semental comenzaba a ser extraño, parecía nervioso y ansioso solo de estar cerca de la princesa. Sus manos temblaban como si quisiera hacer algo respecto a las cadenas, pero titubeaba perfilando a Miss Fortune, como si esperara indicaciones.

Podía apreciar como el ceño del hombre se fruncia, como si estuviera sufriendo algún tipo de tortura mental.

—Oye… ¿Estas bien…?

No hubo respuesta, pues un estallido afuera llamo la atención de ambos e hizo despertar de un salto a la princesa.

Otros estruendos más para confirmar el ataque y ya la pequeña resistencia se ponían en alerta.

—Ya comenzaron— alertó Miss Fortune. Salió a la puerta y encaro a dos guardias que venían a su dirección— ¡La princesa esta aquí! ¡La esconderé! ¡Ustedes bajen a esos malditos!

Los hombres, atontados aun por el repentino ataque, no dudaron de las palabras del guardia y se alejaron.

—No sé qué tanto nos creerán ¡Rápido!

Tomó a la niña del brazo y esta automáticamente la miró con temor y los ojos bien abierto.

En ese momento los segundos se detuvieron para la capitana.

La mirada de la niña le parecía extrañamente familiar, podía casi ver el rostro a la que le recordaba, pero este se perdía en su memoria.

No tenia un color de ojos extraños ni nada por el estilo, tampoco eran verde aguamarina como los de su padre, el rey. Eran marrones claros, casi un amarillo turbio, ámbar.

El tiempo volvió a correr y la niña empezó a gritar con fuerza, mientras trataba de zafarse del agarre de la pirata.

—Cállate ¡Cállate! — le pidió mientras viéndose sin escapatoria tomo una venda y le tapó la boca.

Sintió como la tomaban del brazo, pero inmediatamente la soltaban. Semental parecía querer intervenir, pero titubeaba en el que hacer.

—No le hare daño… solo-

Otra nueva explosión se dejo escuchar muy cerca, el fuego comenzaba a levantarse rápidamente entre las viviendas.

Casi podía ver la sonrisa de Jinx disfrutando de todo en su mente.

—Vámonos hacia el rio que queda detrás de la entrada oeste. Si llegamos podemos meternos y nadar al otro lado, no nos podrán alcanzar.

Salieron arrastrando a la niña. La confusión y los gritos le ayudaban, pero cuando finalmente uno de los guardias reconoció el movimiento, se acercó a interrogar.

La pelirroja no lo dudó y le dio un tiro, apurando el paso.

Tuvo que parar su avance cuando comenzaron a disparar en su dirección, se refugio en un vehículo y trató de bajar a algunos de sus atacantes.

—Quédate aquí con la niña, tratare de darles una oportunidad mientras los distraigo.

Salió del escondite dando tiros, bajando a los que veía y refugiándose en otro vehículo mas cercano a los rebeldes que pasaban.

Penosamente vio como dos hombres habían logrado llegar a Semental y este, en un intento por escapar, comenzó a correr con la niña en brazos. Los hombres abrieron fue contra él y el esclavo cubrió a la princesa con su espalda, resistiendo los tiros y logrando ingresar a la maleza de la selva.

Miss Fortune pudo bajar a sus agresores y comenzó a correr en la misma dirección que el hombre.

Podía verle la espalda, asustado y cubriendo a la niña, corría mientras tropezaba y moría por los tiros dados.

Llego a una pendiente de donde podía ver el rio y cayó.

“Matara a ambos” pensó la pelirroja saltando sin dudarlo también.


Se arrastró por la orilla del rio, buscando a la luz de las tres lunas que tenía Terra-2. Encontró el cuerpo de la niña a un costado y al revisarla le dio gusto ver que estaba con vida.

Apenas reconocerla se asustó y trató de huir de ella. La capitana la agarró fuerte de la mano y la obligo a mirarla.

—Basta ¡Basta! — le gritó— No soy tu enemigo… vine a rescatarte… te llevare con tu madre ¿De acuerdo?

Era evidente que la niña dudaba, lloraba sin comprender nada, pero por lo menos ya no luchaba contra ella.

Se puso de pie sin soltarle la mano. Examinó la orilla en busca de Semental, pero no pudo verlo.

Se preguntó que hacer a continuación. Los rebeldes no tardarían en llegar y revisar ese sector también.

Unos ruidos en los pastizales cercanos le hicieron poner atención ahí, de la oscuridad y arrastrando una pierna, el esclavo se dejo ver y se acercó con cuidado a las chicas.

Miss Fortune no lo dudo, levantó el arma y le apuntó para que no se acercara.

—Deberías estar muerto— le anuncio con seguridad.

Lo miraba con atención ahora, estaba segura que algunas balas le dieron y el golpe con el rio debería haberlo desnucado, pero no era así. Es verdad que no tenia buen aspecto, pero verlo de pie solamente le perturbaba.

—¿Qué eres? — le cuestionó, pero el hombre no se movió del lugar, en vez de eso se inclinó, como tratando de pedir perdón, extendía sus dedos en la tierra, como si quisiera demostrarle a Miss Fortune que no ocultaba nada.

Temblaba.

—¿Qué eres? — repitió ya dejándole de apuntar— No eres humano. Rastreas a una princesa que no tiene relación contigo con una precisión que las mejores maquinas envidiarían y no eres ciego pese a que llevas vendas, te vi esquivando arboles y piedras, como si estuvieras atento a tu entorno y lo vieras mejor que nosotros.

El hombre seguía en la misma posición, como si esperara el disparo de la pelirroja o lo que sea que viniera de ella.

Pudo sentir los gritos de los rebeldes cerca y las luces de las lámparas iluminando la otra orilla del rio.

—Vámonos.


Caminaron un buen tramo.

Miss Fortune le había ordenado a Semental que caminara delante, alejándose ella y la niña de él por algunos metros. Si el sujeto intentaba algo podría verlo y dispararle, pero ya hacia un par de horas que comenzaba a pensar que el esclavo no tenia intenciones de hacer nada que la hiciera dudar de nuevo.

La más chica comenzaba a caerse, cansada de caminar tanto, se tropezaba y su andar era lento.

—No falta mucho… resiste— recomendó, pero solo unos cuantos minutos mas y la niña comenzó a sollozar.

El esclavo, atento a ambas mujeres, tuvo cuidado de voltearse, pidiendo permiso para hacerlo, mostrando sus manos, tratando de ganar la confianza de la capitana en que no intentaba nada.

Luego se agachó y mostró su espalda, golpeándosela de lado. Unos sonidos extraños salieron de su boca, asustando inmediatamente a la niña. Al notarlo, el esclavo calló y trató de darse a entender con movimientos más lentos.

Se señalaba la espalda y permanecía inmóvil.

—Deja que él te cargue— ofreció la capitana a la niña— iremos más rápido de esa forma.

La pelirroja la ayudó a subir a la espalda del esclavo y cuando la niña se encontró cómoda este se puso de pie.

—Si intentas algo, te mató— le advirtió y Semental asintió sin inmutarse.

Ahora era extraño ver como el tipo parecía corregir su andar, tratando de hacerlo fluido y parejo. Moviéndose lo menos posible para que la princesa este a gusto.


La situación siguió siendo extraña cuando llegaron a la roca con forma de conejo.

Habían llegado antes que el grupo de Jinx así que les tocaba esperar, pero no era como si no tuviera algo entretenido que hacer mientras.

La capitana observaba con curiosidad el comportamiento del esclavo en torno a la niña.

La había dejado en el suelo, inclusive se había sacado parte de su uniforme que lo encubría para que la princesa pudiera estar cómoda en el suelo y de querer dormir podía usar sus ropas.

Semental trataba de arreglarse los cabellos y no abría la boca, cuidaba que la mas chica no viera su mandíbula sin dientes o se asustara por sus cicatrices, la cual ocultaba bien en las ropas que aun llevaba.

Era evidente que ocultar la renguera de hace tiempo era difícil para él, pero trataba de disimularlo lo mejor posible para verse como alguien sano.

Finalmente se acercó a la niña, poniéndose de rodillas, mostrando sus manos en señal de calma para no asustarla.

Sacó con cuidado una pequeña bolsa.

Miss Fortune la había visto en toda la travesía, era la única pertenencia, aparte de sus ropas, que llevaba el esclavo.

Creyó que se trataba de un objeto que guardaba cosas personas o un poco de dinero, era realmente algo pequeño, pero también le parecía extraño para algún ser que no llevara nada consigo.

Su curiosidad era igual a la de la niña cuando el hombre abrió la bolsa de tela.

Adentro de esta, envuelto en un plástico bien sellado que el tipo rompió con cuidado, se encontraba un pequeño peluche de un león sonriente.

La niña quedó encantada inmediatamente con el juguete y pareció solo con ese gesto perderle el miedo al esclavo.

Semental se lo acercó, ofreciéndoselo, tratando de hacerle entender que era un regalo y se lo podía quedar.

“Por lo menos con eso dejara de llorar un rato” pensó viendo como ya inspeccionaba con sus pequeñas manos el peluche.

Aun cuando eso significaba un alivio, solo ver de nuevo al esclavo le hizo saltar de nuevo esa sensación extraña e inquietante que tenía para con él.

— ¡…De verdad pensé que no podría hacer volar esa puerta sin mi lanzacohetes! ¡Pero tu lo viste! ¡Quien diría que esos motores fueran tan inflamables!

La voz de Jinx se anuncio antes que pudiera ver al resto del equipo llegar a la roca.

Sona le dio una sonrisa de inmediato al verla y esta no pudo ocultar la suya propia cuando la chica ya se acercaba a ella para cerciorarse que estaba sana y salva.

—Estoy bien— le aseguró, pero la sanadita ya estaba concentrada en la palma de su mano, curando una herida que tenía allí por la travesía— deja eso un momento ¿Quieres? — le pidió mientras tomaba el rostro con su otra mano y la besaba.

Sona se alejó avergonzada, haciendo que Miss Fortune se extrañara por la reacción, sabiendo que la última vez había sido la sanadita misma quien la había besado sin muchos miramientos.

Solo echarle una vista al grupo vio como Malphite parecía emocionado con la escena, juntando sus manos como si apenas aplaudiera, junto con Ziggs y Jinx que también las miraba con curiosidad.

—¡Te dije que quería bajarse a nuestra pequeña! — gritó la piloto, golpeando a Malphite en el hombro— ¡Haz algo! ¡¿Siquiera sabes cómo usar un preservativo?! ¡¿No quiero pelirrojos en la familia?!


Esperaron a que el sol iluminara bien el día para desayunar.

Se alistaron y Miss Fortune compartió la coordenada que le había pasado a Leblanc con todos. El siguiente destino a alcanzar.

Se pusieron en marcha y fue cuando la pelirroja notó como la princesa parecía buscar algo en la zona, atrasándose para avanzar, preocupada por no hallarlo, pero terminando por seguir al grupo por miedo a decir algo.

La capitana la imitó luego de verla partir, analizando el suelo mientras caminaba.

El peluche de león estaba tirado a un lado, casi escondido cerca de un arbusto.