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Decisiones, decisiones

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La niña comenzaba a sentir pena por el peluche perdido y cada tanto miraba hacia atrás, ya habían caminado varios metros así que era una tarea sin sentido para ella, pero no dejaba la esperanza de volverse a topar con él.

—Ya… vas a tropezarte si no miras por donde caminas— comentó la capitana, mostrándole el peluche de león, devolviéndoselo.

La niña sonrió ampliamente y recibió con cariño de nuevo su regalo.

—Leblanc nos pidió que, de traerla con vida, le inyectáramos el suero antes de llegar— explicó la capitana una vez que se puso al lado de Sona— no hay forma de saber si el suero es seguro y temo que la bruja la mate por razones ocultas… aun así debemos hacerlo.

Sona asintió, entendiendo que se lo estaba pidiendo.

—Contrólala, de haber alguna reacción pararemos para ayudarla ¿De acuerdo?

La sanadita asintió y se acercó a la princesa, sacando de entre sus cosas la jeringa. Para sorpresa de la pelirroja, la niña inmediatamente ofreció el brazo, como si se tratara de algo con lo que estaba familiarizada y esperaba por ello.

Sona le aplicó el suero, procurando usar su poder para que la niña no lo sintiera, pero esta ni siquiera pestañó de lo acostumbrada que estaba.

La capitana vio como a los pocos segundos sus ojos se tornaban verde azulados. Todos esperaron por alguna reacción adversa pero luego de un par de minutos parecía que solo la mutación en su mirada seria todo.

—No es lo mas raro que he visto— comentó Jinx, rompiendo el ambiente.

—Si…— divagó Miss Fortune y lidero la marcha de nuevo. Al paso que iban llegarían a destino antes de que anochezca ese mismo día.


—Ingresaron al perímetro— informó el soldado— traen a la niña con ellos.

Leblanc sonrió.

Creía que iba a tener que ir ella misma a torcer el cuello de la princesa si dejaba que pasara un par de días más.

Pero había hecho lo correcto en dejárselo a la pirata.

—Bien… infórmale al rey… que venga a la sala a retirar el paquete y traiga lo prometido.

—Si, mi señora, de inmediato.

Adoraba cuando las cosas salían según lo planeado.

Solo tuvo que esperar unos cuantos minutos cuando el mismo soldado le anuncio la llegada de la pirata.

La sonrisa de Leblanc se frunció un poco al notar como no solo ella, sino todo su grupo entraban en la sala. Principalmente le molestaba la mas delgada de todo el escuadrón, ahora colgada del gigante azul, tratando de morderle la oreja.

—Solo hago tratos… con el dueño del circo— comentó con cierto desdén.

—¡¿Me estas llamando mono?!— gritó Jinx, encarándola de inmediato.

—Basta… y… les dije que esperaran afuera— contestó Miss Fortune.

—¡Hay mosquitos!

—¡Pues aguántate! — le gritó con cierta frustración— necesito terminar de negociar y…

—Si quieren mantener sus cabezas pegadas al cuello… le recomiendo que se callen ahora— hablo con claridad, y como si sus palabras estuvieran sujetas a algún tipo de hechizo, todos obedecieron.

Unos guardias con armaduras brillantes entraron a la sala, miraron a todos uno por uno y luego dejaron que pasara a quienes escoltaban.

Un hombre alto, de quijada pronunciada, con una capa y capucha encima, entró. Poseía una fría mirada verde marina e inspeccionaba a todos allí al igual que sus guardias.

“Esa sí que es una pobre forma de ocultar la sangre real” pensó la pelirroja, obviando que quien entraba era el rey.

—¿Y bien? — preguntó con autoridad dirigiéndose a Leblanc.

—Ven— comentó la bruja y la niña se despego del lado de Sona para ponerse al lado de quien la llamaba.

La cara del rey cambio, mostrando una honesta sonrisa, pero pronto, como si recordara con quien estaba hablando, volvió al semblante frio y duro.

—¿Quién más sabe del… “asunto”?

—Solamente yo— contestó con contundencia, poniendo una mano en el hombre de la princesa— tiene tus ojos.

El rey le dio media sonrisa y asintió al hombre a su izquierda.

—Mi niña debe pesar no mas de 40 kilos— comentó mientras el soldado volvía con dos pesadas bolsas de cuero en sus manos— nos ahorremos la balanza, me parecería olvidar su estatus en algo tan trivial… te daré 10 kilos mas de ora… para aplastar cualquier duda. ¿Bien?

—Perfecto… nunca fue el ora lo que me intereso después de todo, pero ayuda a cubrir los gastos por el rescate.

—¿Y que buscas?

—Nada… por ahora.

Ambos intercambiaron una mirada donde era obvio que el rey ahora quedaba a la merced de la bruja.

—Bien…— terminó diciendo el hombre— vámonos.

La niña volvió su vista al grupo de Miss Fortune y la capitana le sonrió amistosamente, con eso la chica tomó la mano de su padre y salió por la puerta con él.

—Agh, pero que tenso— se quejó Jinx— casi siento como se me tensó el asterisco del-

—Cállate— ordenó la pelirroja y la chica lo hizo no sin antes hacerle una expresión de asco.

Leblanc le hizo señas a sus hombres para que levantaran sus bolsas e inmediatamente estos la pusieron a los pies de la pelirroja.

—Tu parte. No me interesa quedarme con nada de tu trabajo… pero buscare la lengua tuya y la de todo tu grupo si llega a salir una palabra de lo que vieron hoy.

—Por mi la reina puede tener amoríos con todo su pueblo… ¡Junto! Y no podría importarme menos.

—Si, si… las cosas que te importan son…— comenzó hablando poniendo sus ojos en Sona— específicas y especiales.

La sanadita sintió el peligro y bajó la mirada para esconder su rostro entre las telas que caían de su turbante.

La mirada de Leblanc paso ahora al esclavo, le hizo señas y el hombre se acercó, poniéndose de rodillas ante ella. La bruja acaricio sus cabellos, como si de un perro se tratara, felicitándolo por la misión.

—Si eso es todo… nos marchamos— anuncio la capitana sin tener interés en seguir viendo la relación.

Malphite levanto una de las bolsas y con una sonrisa el indicó a la chica que podía con ambas, la pirata le hizo caso y se dispuso a marchar.

Fue cuando la puerta de la sala se abrió de golpe y los pasos apurados y fuertes de Rey lo anunciaron antes de que entrara.

—¡¿Me tomas el pelo?!— profanó contra Leblanc— ¡¿Qué demonios significa esto?!

Miss Fortune pude ver que llevaba en sus manos, fuertemente agarrado y con cierta ira, el peluche de león.

—No se… de que hablas— contestó la bruja tratando de no parecer sorprendida.

—Trajiste a ese mugroso costal de semen contigo ¿No es así? — siguió hablando, sus guardias ya estaban nuevamente a su lado— te dije claramente que nunca ¡Nunca! Se acercará a Laura… ¡¿Cómo te atreves?!

La bruja analizaba su mirada, en su mente las cosas comenzaban a tomar sentido y terminó lanzando un suspiro agotador.

—¡Habla!

—No había otra forma de localizarla… es verdad— admitió— lo use para rastrearla y fue todo.

—¡¿Y esto?! ¡¿Ah?!— volvió a exclamar en ira, mostrando el peluche, rompiéndolo en pedazos y tirándolo al suelo donde tocó las botas de la mayor.

—Me pregunto lo mismo…— siguió con aburrimiento— debió dárselo en algún momento de desdén.

—¡¿Algún momento de desdén?!— volvió a gritar, ahora el tipo miraba a todos en la sala—¡¿Dónde está?! ¡¿Dónde está?!

Semental arrastró sus rodillas hasta quedar enfrente del rey, tiró sus manos hacia adelante y hundió su frente en el suelo, temblaba.

El monarca no lo pensó más y comenzó a pisotear las manos en el suelo, clavaba sus talones en los dedos hasta que la sangre explotaba en las puntas, manchando el piso.

—¡Oye! Que-

Miss Fortune se apuró a taparle la boca a Jinx y esconderla detrás de los demás hombres de Leblanc.

—Cállate— le susurro mirándola a los ojos para que entendiera la gravedad— Leblanc le hace creer al rey que solo ella estaba implicada en el rescate de la princesa y que solo ella sabe lo de sus ojos… si el rey se entera que estamos implicado pedirá nuestras cabezas y no estamos en posición de pelear ¿Entiendes?

—MmM MmMmM mMmMmM mMmM.

—Eso no son nuestros asuntos.

—¡MmMm mMmM! ¡MmMmM!

—No podemos intervenir… ¡Ve solo por los tuyos! Porque a mi solamente me importan ustedes— contestó con honestidad y vio como la chica poco a poco dejaba de pelear.

Sacó las manos y Jinx se quedó en su lugar.

—Bien…

Los pisotones y el jadeo del rey de a poco dejaban de hacer eco en la sala.

—Mátalo— dijo clavándole la mirada a Leblanc, quien parecía no estar sorprendida por a la petición— mátalo… es la única forma de asegurarme que nadie nunca lo sabrá… y terminar de atar cabos sueltos.

—Tiene cierto valor para mi…— contestó viéndolo de reojo como los dedos destrozados de su esclavo solo significaba que se volvía más inútil.

—Te daré todo el ora que quieras.

—Tengo ora…— siguió hablando con seguridad— te lo dije antes… no lo necesito.

—Entonces te daré poder.

La bruja no ocultó su interés.

—Abriré un puesto en la cámara del senado… mete a la persona que quieres ahí— ofreció con seguridad, la mujer sonrió y levanto dos de sus dedos.

—Quiero dos puestos— negocio y el rey la miró con odio.

—Bien— sentencio, mirando al suelo y escupiendo en la espalda del marginado.

Leblanc invocó una daga y se inclinó a la par del esclavo.

—Me has desilusionado. Te di claras ordenes de mantenerte al marguen… pero aun así quisiste acercarte. Que producto tan defectuoso resultaste ser al final… quizás tu fe no era tan grande— habló con cansancio— pero alégrate, le has dado a tu dueña lo que quería a fin de cuenta.

Dejó la daga en el suelo y se puso de pie, no quería ensuciar sus botas.

—Suicídate.

Semental tomó la daga con ambas manos, como pudo por lo deterioradas de estas, y alzo su rostro al grupo de rescate. La pelirroja sabía que, aunque estaba vendando, miraba a Sona.

Se clavó la daga en el cuello y la sangre salió en un chorro abundante, el cuerpo cayó y el charco oscuro comenzó a crecer.

El rey lo miraba atentó, pero no convencido se acercó y con sus propias manos le quitó la venda de los ojos, tratando de buscar el ultimo dejo de vida en ellos, asegurándose de que su problema estaba finalmente muerto.

El monarca se puso de pie finalmente, pidió un paño, se limpió las manos y no tardó mas en retirarse de la sala.

Nadie se movió por varios segundos. Fue finalmente Leblanc la que cansada se acercó a la mesa, buscando la silla para poder descansar.

—Lárguense— comentó harta, pero al volver a ver al grupo encontró a la pelirroja inclinada sobre el cadáver.

Miss Fortune sostenía con cuidado la cabeza, mojando sus manos con la sangre que ya había dejado de brotar, lo único que le interesaba era el color que mostraba los ojos de esa persona, un color ámbar intenso, brillante, que poco a poco perdían su brillo para volverse opacos.

Por fin las cosas tenían algo de sentido.

—Vaya… no me digas que le cogiste cariño, solo estuvieron unos días juntos… ¿Vas a ponerte a llorar? — comentó con crueldad la bruja.

Iba a agregar algo más, pero en un rápido movimiento ya tenia a la capitana encima suyo, con una de sus manos en el cuello y en la otra un revolver apuntando directo a su cara.

—Irascible como siempre… algunas cosas nunca cambian.

—¡Cállate! — le gritó cargando el arma para demostrarle que iba en serio.

Los guardias a su alrededor levantaron las suyas y se dispusieron a atacar, el grupo de Jinx hizo lo mismo de inmediato en defensa de la pelirroja.

—¡¿No que no hagamos nada estúpido?!— le gritó Jinx viendo la desventaja numérica.

—¡Cierra la maldita boca de una vez o te juro que luego de hacerle un agujero en la frente a esta infeliz, tu sigues! — gritó la capitana y por primera vez Jinx se la tomó en serio.

—Vas a matar a todos.

—¡No me importa! ¡Tu me dirás que está pasando aquí!

—¿Por qué tan involucrada de repente?

—¡Yo hago las preguntas!

—Bien… pero puedo asegurarte que no quieres las respuestas…— contestó con calma Leblanc.

—¡¿Qué es todo esto?! ¡¿Qué hiciste, maldita bruja?!

—Solo recupere la hija de un poderoso rey para tener su favor… y ahora gane puestos para el imperio demaxiano… en otras palabras… hice mi trabajo.

—Era un sanadita ¿No es así? Semental… era un sanadita.

—Si… Estas familiarizada con el termino, veo.

—¡¿Por qué lo mataste?! ¡¿Sabes lo que son?!

—Se bien lo que son… la que no lo sabe… obviamente eres tú— siguió explicando, pero el comentario hizo que la pelirroja disparara al lado de su cara, haciendo un agujero en la pared. La mayor sonrió— Tu no tienes cabeza para estas cosas. No tienes idea de lo que haces.

—¿Que tenía él que ver con todo esto? — preguntó con autoridad y esperó paciente la respuesta de la bruja hasta que vio como esta parecía divertirse con el asunto— ¡Dime!

—Es exactamente lo que tu crees… Semental es el padre de la princesa… bueno… “era”— comento con humor—La reina llevaba años sin poder concebir y se enteró que yo poseía un esclavo “peculiar”. Hicimos un trató con ambos, el rey y la reina, y le entregue a mi sanadita por un par de días. Sirvió para impregnar a la reina y me lo devolvieron.

—¿Impregnar?

—¿Quiere que te lo explique con manzanas o es que tu difunta madre nunca tuvo esa charla contigo? La sangre y propiedades de los sanaditas son alabada en toda la galaxia, es bien sabido que pueden dar descendencias fuertes, tu seguro escuchaste historias… bueno… algunas son ciertas.

—¿Lo obligaste a tener relaciones y a que embarazara a la reina?

—Lo dices como si fuera algo terrible— comentó con gracia— la reina de aquí es guapa, seguro lo disfruto… no puedo decir lo mismo de la presidenta de Extonia o la Senadora de Emburgia y esa otra criatura reina del planeta Zizen que se sentía curiosa por la mezcla de especies… quizás esas veces no lo disfruto tanto…

—¡¿De qué hablas?!

—Podría haber sacado su esperma con la tecnología de hoy y fecundar a esas mujeres sin tener que encadenarlo y obligarlo a que las preñara como el buen perro que era, pero dicen que con el acto obtienes mejores resultados— explicó levantando su vista como recordándolo— da igual… ellas nunca se quejaron y, en efecto, al poco tiempo tuvieron a su descendencia.

—¿Lo prostituiste y los alejaste de sus hijos?

—Sigues hablando como si fuera terrible… lo que demuestra lo poco que sabes de Sana y sus habitantes… mal por ti… y mal por ella.

Leblanc desvió su mirada encontrando la de Sona. La chica aguardaba junto con sus compañeros y esta vez no hizo por ocultarse.

—¿Qué sucede? — preguntó con gracia ahora— ¿De repente te importa?… porque hace unos momentos era solo un esclavo más… ¿Y ahora?

Miss Fortune analizaba de cerca sus ojos, cada vez la ira crecía más.

—No te proyectes, niña— la reprendió la bruja, ya cansada— yo soy superior a ti… yo “si” se lo que hago.

La capitana la empujó con fuerzas y se alejó unos metros dando pasos hacia atrás.

Leblanc arregló la tela en la zona de su cuello y le sonrió con malicia.

—Estoy de humor hoy… vete ahora y olvidare esta pequeña “escena”.


Miss Fortune caminaba apurada. No le importaba si el resto del grupo la seguía, pero sabia que así era desde que los escuchaba detrás, tratando de seguirle el paso.

Quería matar a Leblanc, pero darse con ese gusto en ese momento significaba morir a manos de sus hombres y matar a todos lo que venían con ella.

Peor aún, Leblanc sabia. Podía sentir como había visto a través de su atormentado corazón. Le molestaba, y había visto a Sona. Peor, sabia de Sona, y ahora ella también corría peligro.

Podía imaginarse como la ambición de Leblanc la buscaba, la mataba, y se quedaba con la sanadita a su cargo.

Tenía sentido ahora que había matado a su esclavo y el puesto quedaba bacante.

Se imaginó a Sona siendo esclavizada por Leblanc, quemándole la piel y arrancando los sectores donde el ora demostraba que era una sanadita. Atándola y teniéndola en la mugre.

Rentándola para que importantes hombres la violaran las veces que sea necesario hasta que consiguieran lo que quisieran.

Obligarla a parir a los hijos que no vería, solo para que alguien mas la volviera a usar como cubo de esperma para el siguiente.

Comenzó a caminar errática y sintió tibio el pecho. Se acercó al árbol más cercano y comenzó a dar arcadas hasta vomitar todo lo que había comido ese día.

—Oye… ¿Estas… bien? — preguntó con cuidado Jinx, sin dejar de poner una expresión de asco mientras intercalaba mirada con el vómito y la capitana.

Miss Fortune finalmente encaró al grupo. Busco la mirada de Sona entre todos y vio como la chica bajaba su vista con pena.

Eso solo hizo que su enojo creciera.

En dos zancadas ya estaba en frente de ella y la tomaba con fuerza de la muñeca, obligándola a verla.

—¡Tu sabías! — la acusó de inmediato— ¡Todo! ¡Sabias que era un sanadita! ¡Sabias que era su hija! ¡Sabias lo que Leblanc estaba haciendo! ¡Lo sabias todo!

—¡Oye! Baja el tonito cuando te diriges a ella o-

—¡No te metas! — sentencio clavándole la vista y al ver como Jinx se encogía en su lugar volvió con la misma ira hacia Sona— ¡¿Por qué no hiciste nada?! ¡¿Por qué no me dijiste?! ¡¿Estabas de acuerdo con todo esto?!— preguntó, pero Sona solo se limitaba a mirarla— ¡Contéstame!

—Ella es… muda— se animó a tratar de defender Ziggs, pero viendo lo tenso de la escena volvió al mutismo.

—¡Oh, ella puede comunicarse! ¡No es imbécil! ¡¿Verdad?! ¡Claro que no! ¡No eres imbécil para nada! ¡Por eso no me dijiste! ¡Porque sabias que yo trataría de interponerme en esta… estúpida idea! ¡En la voluntad de ese pobre infeliz! ¡¿Fue por eso?! ¡Preferías tenerme como una ciega idiota?!

Comenzaba a presionar con fuerza la muñeca y Sona trató de disimular una mueca de dolor.

—Eres igual a Leblanc— sentencio— no me obligues a apuntarte con el arma, contéstame. Se que puedes hacerlo, haz esa cosa que hiciste conmigo en el bar… que parecía tan “bello y espiritual” … ¡Hazlo! Pon tus manos y trata de hablarme ¡Hazlo!

Sona negó un par de veces, viendo como al hacerlo solo incrementaba la presión en su muñeca.

—¡Hazlo! ¡Yo quiero hablar contigo! De una maldita vez… seamos claras— habló sin titubeos, clavando sus ojos en los brillantes de Sona, pero la chica mantenía su postura— Te ordenó que lo hagas.

El hecho de que la sanadita dejara de negarse y tratara de poner la mano en su pecho, obedeciendo la orden que le daban, solo la hizo sentirse aún más descompuesta.

De repente su mente le trajo el recuerdo del rostro y la voz de Leblanc.

“Tu no tienes idea de lo que haces”

La pelirroja alejó de una bofetada la mano de Sona y la empujó hasta acorralarla contra un árbol. Levantó la mano que tenía apresada y siguió presionándola, casi podía sentir que iba a romperle la muñeca.

Se aturdía en sus pensamientos. Podía sentir los gritos desesperados en su cabeza para poner orden.