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Decisiones, decisiones

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—No lo entiendo— confesó Twisted Fate dejándose ver un poco perplejo, esperando que la chica repitiera lo que quería.

—Quiero la princesa— aclaró Miss Fortune— apostaron una en el pozo, pediré eso.

El hombre se rascó la barbilla y examinó a la chica.

—Pensé que tenías otras cosas en mente… relacionado con… otra persona.

—Puede ser, pero pensándolo bien, me da mas curiosidad de lo que hablaba ese tipo… dijo que era una princesa de Catinopia… conozco ese planeta.

—Si, todos lo conocemos porque no hay nada de ora en él y este cubierto de agua… No veo como algo así te pueda interesar.

—También dijo que tenía ciertas propiedades mágicas.

—Que atormentan a su tripulación, si, lo escuche, y estaba pensando que tendré problemas con algo así junto con la pata de mono de Gangplank.

—Pues parece que es tu día de suerte, no solo ganaste un pozo envidiable, sino que te quitare un problema de encima.

Twisted Fate la miró con atención nuevamente, y viendo la sonrisa confiada que portada podía sentir esa amarga sensación que le da ver a alguien tomando ese tipo de camino.

El de los necios.

—Como desees.


Casi no pudo dormir, levantándose realmente temprano para hacer todo lo que debía en vista de seguir la advertencia de Twisted Fate.

Parecía que las cosas mejoraban cuando EXO le anunció que la nave estaba en optimas condiciones y lista para ser abordada.

Comunicarse con toda su tripulación y darle un tiempo prudente para que se reunieran era otro tema que también le demandó sus horas y su energía.

Había muchos que quizás deberían abordar una vez que la nave ya esté en órbita y era necesario organizar un trasbordador para estos últimos.

Convencer a Jinx para que su equipo también abordara la nave y esperaran allí a su capitán fue otra travesía que la dejó exhausta, pero pudo contar con esa victoria al cabo de unas horas y a fuerza de sobornos.

Justo pensaba que podría tener la noche desocupada y dedicarles tiempo a otras cosas cuando Twisted Fate volvió a comunicarse con ella.

La princesa estaba lista para abordar la nave de la capitana.


La felicidad por ver a su nave en tan buenas condiciones, sabiendo que incluso tenia ahora un motor central mas potente, no cabía en el cuerpo de Miss Fortune.

Ya estaban en órbita, coordinando con los trasbordadores de Terra-2 para que estos abordaran la zona de carga, en uno de ellos estaba su premio.

—EXO, diles al trasbordador más próximo que al abordar haga lugar en el anden superior para la nave que debe llegar luego ¿De acuerdo? — indicó la pelirroja.

—Por supuesto, capitán.

Salió de la sala de mando para ir directamente a recibir el trasbordador, sintiéndose un poco ansiosa.

—Capitán, no logró comunicarme con el trasbordador C— comunicó EXO.

—¿Cuál es el problema?

—La conexión es estable y segura, pero nadie contesta.

—¿Qué?

—No logro establecer una comunicación con nadie adentro del trasbordador.

—Entiendo—contestó la mujer, apurando un poco sus pasos— ¿Tiene la trayectoria marcada?

—Si, capitán, el trasbordador se dirige al anden de carga sin variar su rumbo, el único problema es el interior de la nave.

—¿Puedes ver algo por las cámaras del trasbordador?

—Negativo.

Miss Fortune frunció el ceño al tiempo que su cuerpo se ponía en alerta.

—EXO, que un grupo armado se forme en el anden de carga, quiero esa nave bien vigilada cuando ingrese.

—Si, Capitán.

Ya había llegado al anden y con gusto vio que media docena de sus hombres ya preparaban sus armas cuando la enorme puerta se abrió, podían ver la nave a lo lejos, oscura, no había ninguna señal desde adentro.

Aun cuando la nave ingresó, pudo corroborar que nadie la piloteaba desde la cabina de controles.

Al aterrizar el trasbordador, raspó con gran estruendo la base del andén. Al no estar piloteado su aterrizaje fue brusco y bastante ruidoso. Las puertas del compartimiento se cerraron y todo se quedó en silencio.

—EXO, abre la puerta del trasbordador, los demás apunten y estén atentos.

—Si, capitán.

Las puertas del trasbordador se abrieron, desprendiendo un humo oscuro que se deslizo por el suelo, todo en el interior estaba oscuro, salvo por las luces de emergencia y una que otra indicación al fondo, donde estaban los tableros.

—Luces— indicó y EXO entró al sistema de la pequeña nave, iluminándolo todo.

Se podía ver a la poca tripulación en el suelo, era difícil saber si estaban muertos o no. Tenían expresiones que desfiguraban sus caras, dejando ver un gran sufrimiento.

En el centró de la nave se encontraba un enorme recipiente, de un grueso cristal en forma de copa, el agua de su interior era oscura y difícil de ver su interior.

—Saquen a los hombres del trasbordador, revisen sus signos.

Sus hombres no titubearon ante el peligro desconocido e ingresaron, sacando de a uno a toda la tripulación.

—Están vivos, aunque en una especie de coma.

—Bien. Lleven a todos a la sala de emergencia, que los atiendan y me den un informe.

—De inmediato.

—Los demás remolquen esa cosa hasta el andén.

Dos subordinados agarraron el cristal y con cuidado lo sacaron del interior, la parte baja que hacía de soporte, tenía un panel.

—Matarife— llamó y la chica se puso al lado—¿Puedes manipular el tablero?

—Tratare— comentó con seguridad, acercándose y leyendo algunos de los botos con sus leyendas.

Solo le tomó unos segundos para que la luz entrara en el cristal y mostraran su contenido.

Se trataba de una criatura que dividía su cuerpo entre una cola que se asemejaba a los peces, y la otra mitad humanoide a lo de una chica. Su cabeza era parecida a la de las personas, dos ojos, negros con sus pupilas rojas, y la piel de un amarillo pálido, claro, que contrastaba con un verde que parecía ser de gruesas escamas.

Todo lo que alguna vez Miss Fortune había podido escuchar de las sirenas. Las leyendas sobre la sobre estas quizás no le hacía justicia a su belleza.

Lo único que no parecía natural en ella, era la tiara de plata con gemas azules, el mismo tipo de material del que un collar colgaba de su cuerpo y marcaba la zona de los pechos.

La criatura miró a todos lo que podía ver en el interior del andén. Pasaba sus ojos uno por uno, y finalmente puso su atención en la pelirroja. Sonrió con gracia.

—Y a eso le llamó una entrada inolvidable.

La voz era extraña, como si viniera del fondo de algún tubo cuyo eco resonaba. Todos sabían que era la criatura la que se comunicaba, pero esta no movía los labios, parecía entrar y salir de sus mentes sin que se pudiera evitar.

—¿No lo cree? — preguntó apoyando una de sus manos en el cristal, tratando de acercarse mas a la pelirroja— ¿Capitana Fortune?


Miss Fortune entró a la sala de custodia. Una sala pequeña pero que tenia el tamaño ideal para la “pecera” y daba espacio suficiente para poner guardias con sus facilidades.

—Informe— pidió.

—No me cabe duda que, en efecto, estamos ante la princesa de Catinopia, Nami— informó Matarife.

—Eres de ese planeta ¿No es así? — agregó la pelirroja viendo como la sirena parecía divertida con la conversación— así que te lo confió mucho, Matarife.

—Si, capitán… aunque no hay mucho que pueda decir— confesó la mujer.

—Por supuesto que no, los humanos solo tienen una pequeña colonia que lucha por sobrevivir en Catinopia— se comunicó la criatura, aun de humor.

—Ciertamente— concordó la mujer sin molestarse, pero pronto le dio su atención a su mayor— La pecera y su contenido son especiales, merman significativamente los poderes telepáticos de los vastaya de Catinopia, gracias a esta sustancia sus habilidades se mantienen al margen.

—¿Y como hizo para bajar a toda la tripulación del trasbordador?

—Fácil— se comunicó nuevamente, dejando que una pequeña risa invadiera sus cabezas— me rodearon de humanos… tan fácilmente manipulables.

—Alguien debió bajar las defensas… si se dejó persuadir por el canto de la sirena es normal que ni se haya dado cuenta que estaba desactivando el mecanismo hasta que fue muy tarde. Alguna de las maquinas debió tomar el control antes de que pudiera hacer mayor daño y volviera a subir la densidad en el agua lo suficiente para ponerla a dormir de nuevo— terminó explicando la experta a cargo— lo sabremos una vez que revisemos la cámara de seguridad del trasbordador, pero creo que es lo más probable.

—Bien… en otras palabras la princesita quiere matarnos, pero no puede porque el agua es demasiado… salada.

Nami rio paseándose en el poco lugar que la pecera le daba.

—Eres graciosa— halagó, dándole una simpática sonrisa.

Miss Fortune se acercó al cristal, contemplándola más de cerca.

—Así que… ¿Nami?... no eres lo que esperaba.

—Puedo leer tu mente. Yo “se” que no era lo que esperabas, pero— comentó, mostrándose mas animada— tampoco soy lo que quieres o esperas… ya que desde un primer momento… eso tampoco lo tienes en claro… curioso.

—Es peligrosa— interrumpió Matarife— No es por maldad, conozco la tribu bajo sus poderes, pero al parecer ha estado cautiva varios meses y… no creo que eso ponga de buen humor a cualquiera.

—A pesar de ese peinado ridículo en cresta, la chica parece lista— se burló la criatura.

—Bueno, su padre la dio de regalo ¿Qué puede esperar? — agregó la pelirroja.

—Mi padre… me pregunto qué te habrá dicho el pirata que me vendió a ti— indagó la chica, pero Miss Fortune pronto sintió como invadía sin tapujo sus recuerdos— Ah… no me vendió, fue una apuesta… tan humillante.

La capitana pudo ver genuina tristeza en el rostro de quien hablaba, pero rápidamente la chica la miró divertida.

—¿Tan rápido di lastima? Gracioso… Es un sentimiento que es recurrente en ti últimamente ¿No es así?

Nami dejó de mirar a la pelirroja para posar su vista en otros invitados detrás de ella.

—Una sanadita.

Sona se quedó sin pestañar en su lugar, parecía apacible y seria, pero no hacia por intentar absolutamente nada más.

Luego de pesados segundos, la capitana entendió que se estaban comunicando en una frecuencia que nadie más podía entender.

—Pero que seres mas curiosos atraes a ti, capitana— comentó Nami, el tono anunciaba que quería burlarse de nuevo— No sabes nada sobre lo que te estas haciendo cargo… o con lo que estas jugando… y esta bien, no es mi intención ayudar en absoluto.

Sona suspiró y dejó de prestarle atención a la criatura para ver Miss Fortune, su mirada cargaba cierto cansancio y desazón.

—¿Qué? ¿No te cae bien? No te culpo— comentó con gracia la pelirroja, pero su broma no fue bien recibida por la curandera, quien se puso de pie y se inclinó a modo de despedida, retirándose del lugar.

—¿Lo ves? Ese si es una expresión que dio algo de pena… ¿No crees?

Miss Fortune la miró con cierta advertencia antes de hablar.

—No molestes a Sona— ordenó claro, cruzándose de brazos.

—Oh, no, capitana. La historia de los sanaditas y mi planeta se remonta a siglos en lo que mi tatara-tatara-tarara abuelo aprendía a nadar— comentó con gracias mientras se movía de nuevo en el escaso espacio que tenía— mi civilización es mas antigua, y a diferencia tuya, yo soy capaz de entenderla a la perfección… y por lo mismo te lo digo ahora… no soy yo quien la está molestando.


—¿La visitaras de nuevo?

Miss Fortune miró a su segundo a mando y dudo que contestarle.

—Trata de no hacerle mucho caso, es una sirena… de un planeta cuya tribu lo domina por completo— aclaró el hombre mientras daba unos ajustes en la sala de navegación— esta tratando de seducir a cualquier en la nave para liberarla… no eres la excepción.

—Conozco a las de su tipo.

—Si, pero varios de nosotros no… y no nos esta dejando dormir— agregó el marinero— Si persiste, la idiotez y el mal humor de todos juntos… no se a que pueda llegar.

—Hare algo al respecto.

—Es lo que siempre esperamos de usted.


Entró a la sala de custodia, a esas horas solo estaba la experta, que permanecía de pie. Quizás la única a bordo a quien Nami no ponía de mal humor, imposible saber que tanto hablaban dentro de sus cabezas.

—Déjanos solas— ordenó la pelirroja.

—Si, capitán— obedeció sin titubeos, reiterándose y cerrando la puerta detrás de ella.

—¿No tienes cosas mas importantes que hacer? Puedo ver que si— habló de forma juguetona, feliz de ver a la capitana de vuelta allí.

—Estas molestando a mi tripulación.

—Diferente capitán, mismas palabras.

La mayor sonrió a sabiendas que quizás el anterior pícaro también estuvo en una situación similar.

—Te recomiendo que los dejes en paz.

—¿O si no qué?

—¿Me desafías? — quiso saber con seguridad la capitana y se acercó unos pasos.

Nami se quedó en silencio, inspeccionaba con ojos curiosos a la chica.

—Eres bonita— confesó la criatura, apoyando su mano en el cristal, nuevamente recordando lo limitada que estaba para explorar— puedo ver en tu mente… que también crees que lo soy.

—Siento curiosidad por ti, no voy a mentirte— confesó la mayor acercándose más— me pareces vagamente familiar… pero no entiendo el porqué.

—Ven cerca…

La capitana caminó segura, no quería demostrar titubeo al tratar con una criatura como esa.

—¿Me preguntó por qué será?

Miss Fortune apoyó su mano en el mismo sector del cristal que la sirena. Podía sentir como invadía su mente y ahora de cerca, como esos ojos rojos la analizaban hasta lo mas profundo de los suyos.

—Me preguntó tantas cosas ahora— confesó la criatura— ¿Por qué teniendo tantos tesoros por elegir, elegiste a una princesa? Podías elegir una planta con dones extraordinarios, de los que se que ya tenias planes, o naves de valores inmensurables, llenos de historia y misterios. Inclusive pensé que querías algo con el libro del sabor, algo intimo que no solo te correspondía a ti… sino también a otro a quien le demostraste amor. ¿Por qué le demostraste amor? No lo entiendo ¿Para que querías otro esclavo? ¿No era suficiente con lo que ya tenías? ¿Tanta curiosidad te daba alguien más? ¿Una princesa? Definitivamente es mejor que otros seres mundanos supongo. O quizás, dos seres extraños son mejor que uno solo. ¿No le prometiste una cita? Ah, pero la curiosidad y los preparativos para saciarla eran muchos, ya no quedaba tiempo para trivialidades… quizás era demasiado complicada… no te lo puso fácil ¿No es así? Nunca puedo ayudar a entender, por más que me esfuerce… así que lo entiendo… está bien. Ojalá haya valido la pena.

—No entiendo de que hablas…

—¿Yo no era suficiente? Supongo que algo te dio más curiosidad ahora.

Miss Fortune sonrió, alejando un poco su rostro para mirarla bien.

—No se en que recuerdo te metiste o quizás el agua se te metió tanto que afecta a tus poderes, pero esos no son mis pensamientos.

Ahora era el turno de sonreír de la criatura, raspando el cristal con su dedo, como si quisiera acariciar la mano al otro lado del cristal.

—¿Y quien dijo que estaba hablando de tus pensamientos?

Miss Fortune tardó en entender, y a medida que lo hacia la sonrisa se desvaneció de sus labios y se dio vuelta.

Sona estaba en la entrada mirando la escena. Permaneció ahí en silencio y luego de unos momentos de incomodidad, agachó la cabeza y se retiró.

—Ambicioso y desconsiderado— anuncio Nami, viendo como la palma de la capitana dejaba el cristal— tan humano de tu parte.


Nami se paseaba impaciente de cristal a cristal. Se agarró la cabeza con violencia cuando creyó que iba a enloquecer.

Las paredes en la cabina emitían un sonido que hacia que usar su psiquis le doliera. Sabia que era idea de la humana que había habitado su planeta. Entendía de frecuencias y como suprimirlas, pero lo que realmente la estaba llevando al abismo era como la capitana de la nave jugaba con su bolígrafo. Apretando su botón tantas veces que el sonido retumbaba en el lugar con gran molestia.

—¿Me echas la culpa de tus errores? — preguntó finalmente molesta, y el único ser que podía contestarle dejo de jugar con el bolígrafo— Las decisiones que tomaste… yo no las tome por ti.

—Yo se…

—No, no lo sabes, ya no puedo molestar a tu tripulación, felicidades capitán, pero sigo logrando entrar en la mente de quien este cerca, y “tu” decidiste quedarte a vigilarme aquí porque quieres torturarme con tu mente, ese retorcido y frustrante lugar, donde solo hay confusión y arrepentimiento.

—Divertido ¿Verdad?

—¡Me estas castigando por algo que yo no hice! — anunció la criatura molesta, pero cuando Miss Fortune la observó pudo ver que luchaba por no quebrarse— como lo vienen haciendo todos en este último tiempo.

—Mira, que seas un dolor de cabeza, bonito, es suficiente razón para hacer algo al respecto.

—Tu solo sabes lo que ese maldito pirata te dijo, que mi padre me ofreció, pero no te dijo tantas cosas.

—Pruébame.

La sirena trató de calmarse, volviendo a apoyar sus manos en el cristal, contemplando si la humano valía la pena.

Podía verla igual de derrotada que ella. Sentada en un lado de la sala, sus pensamientos iban y venían con el rostro de la sanadita. Podía ver en sus recuerdos como había tratado de acercarse para justificarse, y podía ver como había fallado en esos días. No sabia como tratar el tema y menos aún solucionarlo.

El dilema de que la chica obedecería las ordenes sin pesarlo tampoco la ayudaba a saber sinceramente que era lo que le pasaba.

—No se cual es el problema… sencillamente ordénale que te perdone… creo que ella ya entiende con el tipo de persona con la que se involucró… un pirata a fin de cuenta, un jugador.

—Cállate— la interrumpió la pelirroja— te estoy dando la oportunidad de que te expliques. No la desperdicies o juro que buscare otro bolígrafo.

—¿No deberías estar buscando tus propias oportunidades? Es como si no supieras que es lo realmente importante… tan humano.

Miss Fortune se puso de pie, dispuesta a salir.

—Es algo que tu puedes entender— la detuvo la criatura—Así como tu amas a tu tripulación, yo amo a mi gente… y haría lo que sea por ellos.

La pelirroja se giró un poco y la contemplo, esperando a que se explicara.

—En mi mundo, hay un gran revuelo porque mi padre se dejó corromper por criaturas del vacío. Terribles cosas pasaron, mi gente sufre todos los días. Por mas que se trata de mi padre… es mi deber derrocarlo, tomar su puesto… y traer paz a los míos de nuevo— explicó con pesar— el tipo que me apostó, al que le ganaste, hizo un trato con mi padre, y de esa forma el se deshizo de la única posibilidad de un cambio a su tiranía.

Miss Fortune se acercó de nuevo. Tomando en serio lo que se le decía, y la sirena podía ver que así era.

—Llevo tanto tiempo… en esta pecera que no me permite ni estirarme adecuadamente, pero más allá del dolor físico, mi mente sufre pensando en como la esperanza de mi gente se desvanece… puedo sentirlo aun del otro lado del universo… haría lo que fuera por volver a ellos.

—Mmm— exclamó finalmente la pelirroja, cruzándose de brazos— no te creo del todo.

—Si me crees, puedo leerlo en tu mente— contestó con contundencia— solo estás enojada… no, el sentimiento es diferente… sientes envidia.

—¿Envidia? — preguntó con gracia, riendo un poco— La ultima vez que me fijé yo pude moverme con libertad por toda la galaxia y tu estabas encerrada en una pecera apestosa ¿A ver? Si, sigue siendo así.

—Puede que yo sea prisionera en este lugar. Pero te aseguro que eso cambiara. En cambio, tu serás prisionera de tus propias incertidumbres el resto de tu vida.

La pelirroja mantuvo la sonrisa, pero su expresión se volvió dura.

—Tan humano— agregó la criatura, no con enojo y molestia, sino pena— ese enojo que sientes, ni siquiera lo entiendes… crees que eres irascible e inestable, y quizás tengas razón, pero ahora tu corazón se ahoga y prefieres mostrarte cruel y molesta en vez de lo que realmente sientes.

—Odio a los sabelotodo…

—Estas triste— sentencio, compadeciéndose— lo se porque yo también lo estoy, el sentimiento es el mismo, aunque por razones diferentes… puedo empatizar con él. Te sientes llena de tristeza porque perdiste algo que querías y no tienes ni idea de como recuperarlo y tu corazón late de dolor porque perdiste, no una, sino varias oportunidades y ahora ves claramente que no hay vuelta atrás. Tu perdiste… como yo perdí.

—No es el fin… ¿Por qué hablas como si fuera el fin? — preguntó con malestar, sintiéndose vulnerable.

—Sabes que si— comentó con calma— acércate a mi… mantente a mi lado… finalmente se porque nos somos familiares la una con la otra.

La pelirroja se acercó nuevamente, el rostro de la criatura era amable, le daba calma.

—Yo puedo acabar con todos esos males… todo tu sufrimiento, lo prometo… hare que todo desaparezca.

Miss Fortune se sentía tan cansada, y mirando en esos ojos, podía encontrar allí la paz que le permitiría finalmente descansar. Deseaba que su cabeza se detuviera, aunque sea solo unos segundos.

—Las cosas fueron muy complicadas en el camino… Una criatura como ella es realmente difícil, duro de llegar… yo soy diferente, creo que nos entenderemos bien… en perfecta sincronía ¿Te gustaría? Hare todo realmente sencillo para ti— le aseguró, sintiendo el calor de la palma al otro lado del cristal, apoyando su frente, viendo como la pirata se perdía en sus ojos y la imitaba, reconfortándose con la cercanía— libérame… y veras.