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Decisiones, decisiones

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—Yo amo a Sona.

Sus propias palabras la hicieron despertar de su trance, y ahora podía ver con claridad. La sonrisa de Nami se borraba a medida que la pelirroja camina hacia atrás, alejándose de ella.

Los labios de la capitana se curvaron hacia arriba con incredulidad y terminó por darle la espalda y salir de la cabina.

Caminó los pasillos vacíos de su nave. La temperatura era baja, la ideal para que su tripulación durmiera a gusto, sin embargo, ella no podía sentirse más despierta.

Atravesó los vestíbulos y segmentos hasta llegar finalmente a la puerta de la cabina de quien quería ver. Llamó sin titubeos y solo luego de hacerlo contempló la posibilidad de que, por la hora, estuviera durmiendo.

—¿Sona? — la llamó al cabo de unos segundos—No se si duermes o no… ni siquiera sé si estás aquí en realidad y quizás este hablando sola— bromeó un poco— pero siento que estas aquí… y siento también como te… sientes.

Esperó para nada ocurrió. El sonido bajo de las turbinas de la nave comenzó a acompañar el silencio.

—Entiendo que no me quieras ver… así que no entrare a la fuerza como otras veces— anunció con paciencia— sin embargo, me quedare aquí… hasta que abras.

Se alejó de la puerta, suspirando pesadamente. Por parte era un alivio, aun no sabia que decir o hacer, pero por otra, esperaba que la chica pudiera ayudarla.

Así que cuando la puerta se abrió ante ella, no pudo evitar sorprenderse.

Sona se acercó apenas, poniendo su mano en el marcó y mirando con calma a la pelirroja, pero no le sonría.

Miss Fortune podía incluso sentir que tampoco estaba molesta con ella, simplemente parecía estarse esforzando por no demostrar emoción alguna.

Caminó sin que la invitara a entrar, y accedió a la habitación que se le había asignado a la chica hace ya tanto tiempo.

Esperó que la chica volviera a cerrar la puerta y la mirara.

Sonreía para ella misma al ver como Sona seguía tratando de mostrarse dócil y obediente, pese a que ya la conocía por ser mas terca y demostrar mucho mas de lo que su raza podía aspirar.

Llevaba las manos juntas en su regazo, dejando caer sus brazos, aunque con los hombros derechos, y bajaba la mirada esperando a que se le hablara.

Parecía cansada a diferencia del estado de la capitana.

A la pelirroja se le pasaron un montón de cosas por decir para acabar con ese silencio. Desde una disculpa a explicarse. De preguntar por lo que pensaba hasta negar las cosas que ya sabia que pasaban por su cabeza.

Sin embargo, sentía que diría mucho y quizás no llegue a nada nuevamente. Solo tenia en claro lo único que Nami no pudo cambiar aun teniéndola frente a frente.

—Te amo.

Las palabras la hicieron sonreír mas ampliamente. Había sonado ridícula y lo sabía. Sentirse cursi y torpe no le bastaba para justificarse, y luchaba para no retirar lo que había dicho.

—Estoy enamorada… de ti— intentó de nuevo— escuche hablar sobre el amor y esto no se le parece mucho, a decir verdad. La mayor parte del tiempo me siento confundida… angustiada… cansada… es muy difícil para mi entenderte… es complicado… todo lo es en estos días— trató de explicarse sintiendo que empeoraba a medida que hablaba— sin embargo… lo prefiero. Me gusta sentirme así… porque se que es por ti… y que tu puedes acabar con eso. Por qué siempre se trato de eso ¿No es así? Siempre se trató de ti— finalizó riendo un poco, aun paseaba su vista por la habitación por la vergüenza que le causaba la declaración— ah… es molesto, lo se desde hace un tiempo, pero no quería-

Se interrumpió cuando miró de reojo a la chica. Sona tenia los ojos bien abierto, mirándola con atención, sus mejillas estaban sonrojadas y lloraba, aunque parecía no darse cuenta.

Miss Fortune tomó aire ampliamente y lo mantuvo hasta soltarlo con un pesado suspiro.

Sonrió con calma y se acercó, rodeándola con los brazos, pasando su cabeza por uno de sus hombros para luego acariciarle los cabellos mientras la acomodaba en el suyo propio. Pronto pudo sentir que también la abrazaba.

—Lo lamento, amor— susurró con calma— solo estaba pensando en mí, soy estúpida, tú ya sabes eso— comentó con gracia— pensé que era la única que enloquecía por no entender tantas cosas… pero tu también estabas en lo mismo… tratando de entenderme en lo que resolvías tus propios problemas… no te la puse fácil tampoco ¿No es así? Lo lamento.

Se quedó sosteniéndola de ese modo. A medida que el tiempo pasaba también comenzaba a mover un poco sus piernas con un lento vaivén, como quien trata de calmar a un recién nacido en sus brazos.

—¿Te parece bien si trató de aclararte algunas cosas ahora?

Sintió como Sona asentía en su hombro y se alejo un poco de ella para poder verla a los ojos. Apoyo su frente contra la suya y siguió mimándola de cerca por unos segundos más.

—Contigo, corazón, he cumplido la cuota de criaturas mágicas por el resto de mi vida… no necesito a ninguna otra… no quiero a ninguna otra— comenzó aclarando— así que no solo eres “suficiente” ¿De acuerdo?

Le beso la mejilla mientras volvía a la posición en la que estaba cómoda.

—Te prometí una cita ¿Verdad? Últimamente me da la sensación que no hago más que fallarle a los que me rodean… te lo compensare… con creces… si me dejas.

Nuevamente depositó un nuevo beso en el rostro de la sanadita.

—Y… es verdad también, desperdicie oportunidad que quizás no vuelva a tener en mi vida con la propuesta de Twisted Fate— comentó dejando salir un pesado suspiro pensando en el pozo— puedo vivir con eso, supongo… los ganadores estamos acostumbrados a perder mucho… irónico como suene eso— comentó con gracia, alejándose para que la chica la pudiera ver bien.

Sona la contemplaba con curiosidad, esperando por sus palabras, ya parecía mas animada y eso ponía de buen humor a la capitana.

—Puedo apostar, arriesgar, ganar o perder… pasa todo el tiempo, está bien— siguió hablando mientras le acomodaba los cabellos castaños detrás de la oreja— siempre que no te pierda a ti… de verdad lo siento.

Bajó su mirada a los labios de la chica, de ese color rosa que tanto hacia contraste con su blanca piel, pero los subió de nuevo a sus ojos.

—Esto es duro— se quejó— quiero besarte, pero siento que he estropeado todo tan mal que no creo merecerlo. Soy realmente idiota, y este es mi castigo, está bien.

Por primera vez Sona sonrió ante la ocurrencia, abrazando el cuello de la pelirroja, siguiendo ese lento vaivén de un lado a otro que ya era difícil de dejar.

—Luces cansada—comentó luego de unos momentos y Sona asintió— No se quien me creo que soy, irrumpiendo así en tu cabina… no se ni se la hora… debe ser muy tarde, ni siquiera EXO me está molestando. Deberías descansar. Aun hay muchas cosas de las que debo hacerme cargo… pero de repente siento que solucione la más importante— confesó dándole una mirada de cariño— gracias.

La guió hasta que logró sentarla en la cama. No llevaba su habitual capa verde, pero su vestimenta indicaba que de hecho no parecía haber estado preparada para dormir.

Miss Fortune le quitó un cinto que tenía puesto, y aflojó las prendas en las cinturas para que la sanadita estuviera mas cómoda. Se puso de rodillas al frente de ella y desabotono las botas que llevaba, quitándoselas.

Subió su mirada al cuello de la chica, allí un collar llamó su atención. El mismo que le había regalado cuando recién habían llegado a Terra-2.

Sonrió mientras lo tomaba en su mano y lo contemplaba. Volvió a pensar que EXO había hecho un buen trabajo de artesanía con el pedazo de colmillo de ora.

La mano de Sona envolviendo la suya interrumpió sus recuerdos.

La miró, indagándola, tratando de preguntar porque aun llevaba ese collar pese a todo, pero como siempre Sona contestó con sus actos, inclinándose para robarle el aliento en un corto beso.

Miss Fortune analizó por unos cortos segundos el rostro de la chica antes de volver a unir sus labios.

No creía que se lo merecía, pero si era lo que Sona quería, gustosa accedería a todo lo que la otra propusiera.

Sus manos acariciaron la cintura de la chica hasta tocar sus muslos y luego volvieron a explorar su abdomen.

Se daba cuenta que, aunque ya había pasado un tiempo, era curioso como los momentos como este entre ellas eran escasos. Casi podía esperar algún tipo de interrupción. Lamentó no haber sido capaz de crear mas situaciones como la que vivía ahora, lejos de los problemas.

Solo pudo desear quedarse así un rato más.

Una exclamación corta, pero apremiante salió de Sona y con esto Miss Fortune se alejó para contemplarla, sonriendo sin poder evitarlo al ver el sonrojo y la pena en la chica.

—¿Tienes pensando otros planes para esta noche? — preguntó de forma coqueta, mientras apoyaba sus brazos en las rodillas de la sanadita y la miraba de cerca— Ya sabes ¿Conmigo?

La leve sonrisa y la caricia en su mejilla fue afirmación suficiente.

Miss Fortune se puso de pie. Lamentó que el espacio en esa cabina sea reducido y pasó por su cabeza el llevar a Sona a su cuarto.

Aun así, temió porque en el pasillo la cortaran o algo evitara que llegaran, inclusive creyó que ya dentro de la cabina del capitán la pudieran buscar por algún problema y prefería no ser encontrada si es que había uno.

Por una vez, deseo que sus hombres fueran capaces de lidiar con lo que sea por las próximas horas.

Cerró la puerta con seguro y apagó las luces, solo se tuvo que girar para estar nuevamente cerca de Sona.

—Recuéstate— le pidió mientras se sumaba a ella en la cama individual.

Se puso encima de ella cuidando de no poner todo su peso para la comodidad de la sanadita y ubicó su rostro arriba del de la chica también.

—Esto es difícil— admitió mientras le acariciaba el rostro— eres tan linda que me cuesta hacer este tipo de cosas lentamente y no desesperarme por devorarte.

Se las ingenió para levantar la túnica de Sona hasta su abdomen, haciéndose lugar entre sus piernas y sacando con cuidado la ropa interior, la ultima prenda que cubría su centro.

Ya sentía a su mente muy metida en la situación cuando abruptamente su rostro fue alejado.

—¿Qué? — preguntó con curiosidad, al correr la mano de Sona de su rostro.

La chica estaba avergonzada, como si hubiera adivinado las intenciones de antemano y quisiera evitarlo.

—¿Qué sucede? Pensé que querías esto— preguntó sin sonar exigente, más bien curiosa.

Nuevamente la dificultad para comunicarse con ella la hizo suspirar. Puso más atención en sus gestos y notó también que la chica había logrado extender y cerrar sus piernas.

No se cubría realmente, y mantenía a la pelirroja cerca, pero alejada de su centro.

Miss Fortune pareció adivinar lo que pasaba, y sonrió. Una sonrisa que lejos de calmar a Sona la hizo escarmentar en su lugar.

—Déjame que te termine de quitar eso ¿De acuerdo? — preguntó mientras tomaba los pliegues de la túnica y obedientemente la curandera levantaba los brazos para hacerle la tarea más sencilla.

La pelirroja la admiró en la cama, ahora desnuda. Al cabo de unos segundos de no hacer mas que eso, Sona trató de cubrirse.

—Lo siento— se disculpó finalmente reaccionando— de verdad quería guardar esa imagen en mi cabeza.

Se inclinó para besarla y por como la chica correspondía y la atraía a ella, podía estar segura que quería seguir.

Trató de pasar su mano entre las piernas y estas de inmediato se abrieron, solo un poco para que pudiera seguir con las caricias.

Pero no lo hizo.

Miss Fortune se alejó de su rostro y trató de descender, tuvo que contener su risa cuando las piernas de la chica volvieron a cerrarse y nuevamente trataba de alejarla con sus manos.

—¿Qué sucede, corazón? Ya hicimos esto antes— se burló la mayor, divirtiéndose por la cara de pena que la otra ponía— ¿Cuál es el problema?... ¿Mmm?

Trató de hacerse lugar con sus manos, pero Sona se resistía, peor aun podía ver como la chica entendía perfectamente lo que pasaba, pero se burlaba e insistía con eso.

—¿Quizás el problema es que no quieres que meta mi rostro “ahí”? — preguntó con fingida curiosidad, recibiendo un asentimiento tímido de la otra— Que mal dejas a tu gente… tantas mitos y leyenda diciendo que son expertos en las sabanas… pero a una de las mejores en Sana le da pena algo como esto ¿Mmm?

Sona la reprendió con la mirada por estarse burlando, pero nuevamente se sintió apenada cuando la pelirroja sorpresivamente comenzó a besarle el abdomen.

—Ese fue un sonido muy bonito que acabas de lanzar— comentó de forma coqueta mientras volvía a besar la zona— ¿De verdad me vas a privar de ellos?

Miss Fortune la miraba de reojo, se estaba divirtiendo mucho con sus reacciones.

 La chica a veces era apacible, inquebrantable, otras veces traviesa, disfrutando con meter a otros en situaciones vergonzosas sin perder del todo su inocencia, pero ahora estaba apenada, y la expresión que ponía cuando estaba en ese tipo de aprietos era algo que Miss Fortune quería tener tantas veces como pudiera.

—De verdad quiero hacer esto ¿Sabes? — habló con franqueza— quiero hacerte sentir bien luego de todo lo mal que te hice pasar… déjame.

Negó un par de veces y era evidente que quería darse a entender que no era necesario ese tipo de atención para con ella, pero la capitana la interrumpió.

—¿Y si te lo ordeno?

Sona se quedó en blanco, no creyendo lo que había escuchado, pero esto solo ensanchó más la sonrisa de la pelirroja.

—Te lo ordeno— confirmó con confianza— abre las piernas.

La castaña le clavó los ojos, esperando a que retirara las palabras, pero no lo hizo, en vez de eso se puso de rodillas y se acomodó el cabello.

—Entiendo, quizás de verdad detestas la idea… será mejor que regrese a mi habitación. Seguro estas molesta y es muy pronto para este tipo-

Antes de poder levantarse por completo, la sanadita la tomó de la manga y la atrajó nuevamente arriba de ella.

—Estoy bromeando con las ordenes, amor— le aclaró viendo como la chica parecía querer tener una lucha interna en su cabeza, dispuesta a fin de cuentas a cumplir con lo que se le pedía— pero de verdad me gustaría hacerlo de esta forma ¿Esta bien?

Se quedó esperando, pero la chica no hizo nada. Finalmente cerró los ojos y la escuchó suspirar.

No sabia como tomárselo, así que volvió a deslizar sus manos, acariciando el abdomen para luego posar toda la palma en uno de los muslos.

Las piernas de la sanadita se abrieron con titubeos, pero finalmente aceptaban la intromisión de la capitana.

Descendió dando besos, disfrutando de como las piernas de la chica temblaban a medida que se iba acercando a su objetivo.

Se acomodó como pudo en la pequeña cama, inclusive tuvo que flexionar sus piernas a un lado para poder estar cómoda mientras se abrazaba a las piernas de la chica, no sin antes juntar su cabello rojo y ponérselo de lado.

Le dio una ultima mirada a la chica. Sona estaba apenada a mas no poder y ya tenía una de las manos en su boca para tratar de disimularlo lo mejor que podía.

Miss Fortune sonrió y sencillamente con solo acercar sus labios lo suficiente para besar las los pliegues la chica se estremeció en el lugar.

Nuevamente sintió la presión de una mano en su cabeza, pero ya no la empujaba con fuerza, parecía simplemente pedir tiempo.

—Eres dulce… no hay ningún problema con esto… de verdad— le susurró levantando un poco su cara— déjame… por favor.

La mano dejó de tratar alejarla y temblando le acarició lo que pudo del rostro. Miss Fortune no necesito más.

La habitación se lleno de sonidos ofuscados y gemidos ahogados en poco tiempo. Para la capitana era sencillamente cerrar los ojos y poder comprender a la perfección a su compañera con esos sonidos.

Era bueno saber que no se privaba de entenderla en esa sintonía, todo lo contrario, la escuchaba bien, quería deleitar sus oídos con más.

Aumentó la presión y el ritmo cuando creyó que la chica estaba cerca y aun luego de la sacudida que sintió en el centro no dejó de estimularla hasta pasado unos momentos más.

Cuando finalmente se retiró para limpiar su rostro, vio con atención a la Sona, tratando de inmediato de guardar ese recuerdo con fuerza en su cabeza.

La chica estaba tan sonrojada que creía que el rojo saldría de sus mejillas en cualquier momento, jadeaba derrotada en la cama y con los ojos brillantes, como si estuviera a punto de llorar.

Seguía apenada, podía notarlo, pero sin nada más que hacer.

—Ya se que te lo dije… pero eres de verdad linda— mencionó mientras se acercaba a su lado y le besaba la frente— ¿Estas bien?

Sona asintió mientras se hacia a un lado para darle lugar a la capitana. Esta no tardo en acomodarse y envolverla con los brazos, mientras también se acomodaba entre sus piernas.

—Me alegro— agregó mientras le besaba el rostro, viendo de cerca como se quedaba dormida casi al instante— está bien… descansa… amor.


Miss Fortune dormitaba en la cama. Había logrado conciliar el sueño en ese reducido lugar y ahora estaba mirando el techo entre idas y venidas de sus pensamientos.

Una voz que se dejaba escuchar de apenas la había interrumpido y ahora estaba mas en el mundo real que en el de los sueños.

La oscuridad de la cabina era mínimamente interrumpida por las luces de acceso de la puerta y uno que otro monitor en su estado de descanso que no llegaba a molestarla realmente.

Hacia frio, pero el cuerpo de Sona y la manta con la que había logrado tapar a ambas era suficiente.

La sanadita dormía apoyada en la mitad de su cuerpo, y era pesada, lo que le causaba gracia, pero no llegaba a incomodarla.

De hecho, no recordaba haberse sentido tan a gusto desde hace tiempo.

Enredaba su mano derecha entre los cabellos castaños de la curandera y giraba su cabeza para poder oler su aroma y darle besos en la frente cada tanto.

La chica dormía a gusto y parecía que no importara lo que hiciera, no despertaría, y aun así era atenta en cuidar su sueño.

La voz nuevamente hizo su intento por invadirle.

Esta vez pareció que Sona también la captó y se despertó, tratando de moverse de su posición, aun dormida sin entender que sucedía.

—Shhh— la calmó Miss Fortune acomodándola nuevamente en su hombro— no es nada… vuelve a dormir— le indicó, y como si la voz de la pelirroja fuera lo único que necesitaba para sentirse a salvo, cerró los ojos y se entregó de nuevo al descanso.

Por la respiración lenta y pausada, Miss Fortune supo que su compañera había logrado conciliar el sueño nuevamente.

Sabía que habían sido días muy largos y duros, con poco tiempo para descansar, y solo le deseaba eso a quien ahora abrazaba. Le pesaba, pero también era consciente que quizás vuelvan a tener una seguidilla de momentos difíciles antes de encontrar una calma como la que experimentaban ahora.

La voz trató de nuevo de penetrar en su mente, pero volvía a fallar. La capitana sabia que eso significaba que aun la barrare era fuerte, pero que no pasaría mucho tiempo hasta que Nami pudiera contra ella.

Miss Fortune suspiró, apoyando su mejilla en la frente de Sona, dejándose aliviar por el calor, pero ya pensando en la criatura que persistía en comunicarse.