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Decisiones, decisiones

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Nami se paseaba por su reducida cárcel, jugando con sus dedos, moviéndolos a través del agua. Pronto la puerta de la sala en la que estaba se abrió, y con curiosidad miró a las dos chicas que entraban allí.

Sonrió con gracia mientras las indagaba con la mirada, haciendo que la sanadita se incomodara sin mucho esfuerzo.

—Así que… gran noche ¿Eh? — comentó de forma picara la sirena, haciendo incomodar aun mas a la castaña, pero Miss Fortune solo le sonrió segura.

—Ciertamente ¿Qué tal la tuya? — retrucó la capitana mientras se acercaba al cristal, haciendo borrar la sonrisa de la otra chica.

—No ha estado mal… ¿Qué tal la del resto de tus tripulantes?

—Bien… aun ¿No es así? Me informaron que aun no eres capaz de descifrar la sintonía que emiten las paredes pero que no tardaras mucho mas en hacerlo y darnos un dolor de cabeza a todos a bordo… que fastidio.

—Puedes tratar de traer tu bolígrafo de nuevo y haremos una competencia de quien puede llegar a ser más fastidiosa, Capitán.

Miss Fortune se lo tomaba con humor. Se sentía bien pese a todos los problemas y no iba a dejar que la criatura lo arruinara de vuelta.

—¿Qué haremos contigo?

—Si… que buena pregunta— agregó la sirena, viendo a ambas con algo de cansancio.

—No te metas con Sona.

Nami sonrió sin poder evitarlo y puso de nuevo atención solo a la pelirroja.

—Ah, te has vuelto más intuitiva ¿Eh?

—Solo se que te gusta causar problemas y prefiero que te mantengas al margen con ella.

—Ella puede manejarse y defenderse mejor que tu… no me preocuparía por ella.

—Oh, no, no me confundas, sardina, no estoy preocupada por ella, te estoy dando una recomendación…

—¿Ah sí?

—Si, ya que ella será la que decida que pasara contigo desde que yo no veo como salir ganando de esta situación en la que me metí.

—Interesante… ya sabemos quién lleva los pantalones en la relación… ¿Sabes? El primer paso es la aceptación y luego-

—Cállate…— recomendó con una sonrisa dura— habla con ella, no conmigo…. Comuníquense en esa…— comenzó a decir mientras ponía sus manos en la cabeza y las movía alrededor— cosa psíquica de criaturas peculiares que tienen y… lleguen a una conclusión.

—Por mi bien, la sanadita tiene más materia gris que todos en esta nave.

—No tientes a tu suerte… siempre puedo abrir el anden y dejar que te deshidrates en el espacio… ahí ya nada podrás hacer.

Nami se la quedó viendo por unos segundos y luego sonrió.

—No harás eso.

—Pruébame— la desafío la pelirroja, pero pronto Sona se puso a su lado para detener la discusión.

Nami pasó su mirada a Sona y la pelirroja dio unos pasos hacia atrás.

—No te metas con ella…— advirtió lo ultimo antes de alejarse mas y apoyarse en una de las paredes del costado, no las iba a dejar solas.


Ya había pasado un par de horas y la pelirroja comenzaba a cabecear del sueño. Nami y Sona rara vez emitían algún sonido o ruido, y cuando escuchaba algo, solía ser la risa de la sirena por algún chiste que obviamente no podría entender.

Quedó contemplando a la Sanadita, parecía cansada cuando finalmente miró hacia donde estaba ella y negó con la cabeza.

—Voy a necesitar…— comenzó a decir la pelirroja acercándose un poco a donde ambas estaban— más que eso, corazón.

—Quiere que sepas que no hay caso conmigo, no tengo nada de provecho que puedas sacar y que pierdes tu tiempo al intentar recuperar lo que invertiste en mi— intervino Nami, riendo un poco.

—… ¿Es tan así? — preguntó resignándose y Sona solo pudo quedarse viéndola, tratando de trasmitirle algo de confort pese al esfuerzo realizado en vano— Eres la princesa de un planeta… debes tener algo.

—En mi planeta el ora no existe y los humanos como tú, que son pocos allí, adoptaron la moneda nativa. Nada que una pirata como tu pueda sacar ventaja…

—¿Algún tesoro misterioso? ¿Artefacto de poder antiguo?... lo que sea.

—Nada que funcione fuera del planeta.

—… eso es genial… muy, muy bueno… genial… genial…

Miss Fortune se alejó mientras seguía agregando palabras, sentándose en unas cajas de metal cerca, sintiéndose agotada.

Parece que debía resignarse a la perdida de todas esas cosas valiosas y aceptarse como la gran perdedora de los picaros.

Había quedado con Sona, tratarían de sacar ventaja de la sirena de una u otra forma. No podía seguir en la nave, mientras mas tiempo pasaba era peor para todos a bordos.

Sona le había terminado comunicando lo inteligente y peligrosa que era la criatura, tenerla encerrada solo molestaría mas a un ser que con el tiempo no podrían dominar.

Miró de reojo a Nami, esta le sonreía, seguramente sabiendo todo lo que había estado pensando, dejándola en evidencia y sabiendo que, si no encontraban una solución, ella terminaría ganando.

La criatura abrió la boca, pero antes que pudiera decir algo, la pelirroja la interrumpió.

—Siempre puedo tirarte al vacío y ver como te mueres… puedes ver y burlarte de mí todo lo que quieras, no me importa, pero tu sigues siendo la que está a mis órdenes.

—De momento… si, así es— contestó divertida, pero no agregando nada más.

“Que dolor de cabeza que eres” pensó con fuerza, y por como Nami se movió en el agua, supo que le había trasmitido esa idea.

Suspiró y se acomodó en el lugar, sin saber que mas hacer. Repasó las posibilidades y todas llevaban a la misma y costosa solución que no tenía recompensa alguna más que la moral.

—Yo si sabia lo del Sanadita de Leblanc.

Miss Fortune levantó la vista con curiosidad y vio como Nami tenia sus manos apoyadas en el vidrio de su pecera, mirándola con una sonrisa tranquila.

—No te lo dije porque él me pidió que no lo hiciera, pero si me lo hubieras preguntado lo hubiera hecho… supongo que es injusto plantearlo así, tenías razón en enojarte conmigo, lo oculte a sabiendas que era algo que desaprobarías, ojalá puedas perdonarme.

—¿De qué hablas ahora? — preguntó desde su lugar sin entender.

—Ella quiere que sepas eso también— contestó señalando a Sona con la cabeza. La sanadita también la miraba, cansada, pero con una sonrisa que demostraba que era así— Y que eres una idiota que se te da letal lo de meditar y la comunicación no verbal.

Sona miró de costado y con mal humor a la criatura y esta jugó en su “pecera” colocándose perfilada nuevamente a Miss Fortune.

—Esta bien, eso no lo dijo ella… lo pienso yo— admitió con gracia— será mejor que pongas atención, no todos los días se te hace el favor de tener una interprete de la realeza misma.

La pelirroja la miró, aun sin entender. Nami cerraba los ojos y parecía calmada, esperando.

—Esta bien, puedes confiar en ella, por ahora— habló de manera apacible hacia la capitana.

—¿… Sona? — preguntó y luego miró a la Sanadita, esta asintió con una sonrisa.

—Sera mejor no desperdiciar nuestro tiempo… ella es temperamental e impaciente— comunicó la criatura, trasmitiendo los pensamientos de Sona—… tu nunca lo admitirías, pero ambas se parecen bastante.

—… esto es tan raro— comentó finalmente la pelirroja poniéndose de pie, acercándose a la castaña, mirando de reojo como el cuerpo de Nami parecía calmo y estático.

—Lamento que sea raro, no puedo ofrecerte mucho mas que esto, y quizás no tengamos otra oportunidad.

—…Dios, juro que es igual a como pensé que hablarías— comentó con una media sonrisa incrédula— es decir, no el tono de voz de una odiosa sirena a través de la pecera, pero… las palabras y la forma de formular las oraciones… waho… acerté… estoy feliz.

Sona sonrió mas honestamente y se quedó contemplándola.

—Raro…— repitió la pelirroja, pero rápidamente sacudió su cabeza— es decir ¿Tu sabías? Lo del sanadita, me refiero ¿Por qué no me dijiste? Estaba tan molesta… no lo he logrado olvidar por completo, supongo que lo dejamos de lado porque pasaron muchas cosas, pero siempre quise saber… ¿Por qué no me confiaste algo tan importante para ti?

—No se trataba sobre confianza. Ya había notado que te oponías a mi forma de pensar… a la forma de pensar y vivir la vida de los sanaditas, mas bien. No te culpo, es difícil de explicar y mas aun de entender si no eres de Sana, pero nosotros creemos… tenemos fe.

—La forma en la que Leblanc lo trataba ¿Tu también lo sabias? ¿También estabas de acuerdo con eso?

—¿Si sabia como era su vida? La respuesta es sí. Nosotros ya sabemos que el camino puedo tornarse difícil y quizás inentendible en ciertas circunstancias… aún más que eso, quizás no lo lleguemos a entender en nuestra vida ni en la muerte. Pero decidimos creer y mantenernos aferrado al camino.

—Es estúpido.

—Lastimas mis sentimientos cada vez que dices que algo tan importante para mí es estúpido.

Miss Fortune pestañó rápidamente, tensando sus hombros, no esperaba una respuesta tan severa y honesta de repente.

—Perdón— se apresuró en declarar la sanadita— pero no tenemos tiempo y tu insististe con la honestidad… tratare de ser honesta. Yo entiendo que lo que los sanaditas creemos es incomprensible hasta reprochable para el resto y no trató de cambiar eso. Respeto lo que los demás piensan y trato de vivir con ellos a pesar de lo difícil que es convivir con opiniones tan diferentes. Si quieres decir todo el tiempo que lo que yo creo es estúpido, puedes hacerlo, no voy a impedírtelo ni prohibírtelo, solo quiero que sepas como me haces sentir con eso a veces.

—…no lo sabía.

—Lo sabes ahora, lo que es más importante ¿Qué harás con ese conocimiento?

Miss Fortune se quedó viéndola sin saber que agregar.

—Eres lo mas importante para mi ahora, te debo obediencia y dedicación. Toda mi vida esta orientada a ti… y mi camino se mostrará a través de tus pasos y elecciones.

—Esa es una enorme responsabilidad que no quiero— aclaró con sinceridad la capitana.

—No es tu decisión… sino la mía ¿No le entiendes aun?

—Me temo que no… no entiendo— insistió la pelirroja y el recuerdo de la sangre derramándose en el suelo a los pies de Leblanc la hicieron enojar— y quizás sea mejor que no lo entienda.

La sonrisa de Sona desapareció de momento, suspirando con pesar, pero aceptando lo que veía.

—Esa también es una decisión que respetare.

—¡No! No hables así, es detestable— se exaltó la otra, sintiéndose incomoda por la situación.

Era como tratar con un ser inquebrantable y ciego del que no iba a sacar nada y del que no iba a ponerse de acuerdo nunca.

Ella quería que Sona peleara, que le dijera lo que quería y que discutiera con ella si estaba escuchando algo estúpido.

—¿Cómo puedes estar de acuerdo con que alguien te use como Leblanc? ¿Cómo ese infeliz murió con una sonrisa en la boca luego de que lo trataran como basura? ¡¿Cómo puede eso estar bien para ti?! ¡¿Para cualquiera?!

—Esa fue su decisión, murió feliz a sabiendas que vivió su vida como quería… bajo sus decisiones.

—¡Eso es un montón de mierda!

—No lo es.

—¡¿Tu estarías feliz?! ¡¿Eso es lo que tu quieres?!  Ser violada por un montón de hombres, que se te pase de mano a mano sin importar que, quedar preñada y que nunca conozcas a tus hijos solo para volver a pasar a la mano de otro repugnante ser que vuelva a hacerte lo mismo ¡¿Quién querría esa vida?!

—¿Me ordenarías que haga algo así?

—¡No! — contestó de inmediato, sintiéndose ofendida solo por la pregunta—¡Nunca!

Sona se tomó el tiempo de contemplarla. Deseaba que se calmara un poco, temía que las pocas palabras que tenia para decirle no llegaran a ella.

—Tampoco era feliz para él— comenzó a explicar— Se llamaba Rufel antes de que lo apodaran Semental… y el tampoco entendía porque tenia que pasar por esas cosas. Me dijo que estaba confundido y se sentía desolado, casi no le quedaba fe y el camino lo atormentaba, pero decidió seguir creyendo. Era alguien inquebrantable, admirable, aunque tú lo consideres estúpido. Todo se resolvió para él momento antes de su muerte… por eso sonreía. Él me dijo que lo entendió todo cuando abrazó a su hija.

—¿Qué puede entender?

—No lo sé… y el solo repetía eso. Él estaba feliz. El me recordaba a mí. Entiendo el sentimiento. Estaba atormentada y confundida… dudaba y trataba de encontrarme de nuevo en el camino… hasta que este me llevo a ti… y de repente todo tuvo sentido de vuelta. Entendí… entiendo mejor las cosas.

—¿Y si te pierdo? — preguntó exteriorizando la mayor preocupación que tenía— ¿Qué sucederá si te pierdo y quien te agarre… sea alguien… como Leblanc?

—Si me pierdo… si me alejo de ti… estaría muy triste— admitió, acercándose a la pelirroja, tomando su mano y haciendo que esta le tocara la mejilla— me sentiría confundida y desanimada… peor que eso. Me sentiría aun mas perdida que cuando vi a las personas que quería morir una tras otra. Mas desolada que al ver como mi destino pasaba de una mano a otra. Tendría aún más miedo que cuando estaba atada a esa fría cama siendo examinada por científicos que querían abrirme. Dudaría mucho. Me preguntaría tanto. Estaría justo como estaba antes, preocupada… y luego apareciste. Era complicado, pero ahí estabas. Sin lugar a duda eras tú. Y pensé “Tiene sentido ahora” porque… no importaba lo difícil que había sido el camino, las dificultades, los horrores, los sacrificios… todo lo que tuve que pasar… si este me llevaba a ti.

Sona besó la mano antes de volver a apoyarla en su mejilla y tomarla con ambas de las suyas con cariño.

—Estaba tan feliz de encontrarte finalmente. Y no sé lo que haría si luego debemos separarnos… pero tengo fe de que no será así. Siento que llegue a donde tenia que llegar, pero si me equivoco… estaré bien… eventualmente… volveré a encontrar mi camino a ti… puedo sentirlo.

Miss Fortune tomó control sobre su mano para acariciarle con el pulgar la mejilla, nunca se había sentido tan embelesada por los ojos ámbar de la chica que tenia en enfrente, pero aun así los cerró para tomar sus labios.

Le dolía en su cabeza el saber que nunca podría tener la misma seguridad que Sona tenía. Sabia muy para ella que seguiría sin entender su forma de ver las cosas, pero quería amarla, aun así.

—Agh, perturbador— se quejó Nami, interrumpiendo el momento— aún estaba concentrada en tu mente. No creo que quieras que le diga lo que piensas mientras te besa ¿O sí? Ese contenido es para adultos… y tienes una mente muy sucia para ser alguien tan devota ¿Sabes?

—Cierto… el pescado— recordó Miss Fortune, aunque aún mantenía a Sona entre sus brazos— ¿Qué haremos con ella?


Salieron de la cabina, dejando a Nami atrás.

Sona miró a uno de los costados instintivamente antes de sonreír. Lo había sentido antes, pero necesito verlo para comprobar.

—¡Vaya! ¡Ya era hora de que se hiciera cargo de sus hombres, capitán! — fue la forma de saludar de Miss Fortune cuando encontró a Yasuo apoyado en una de las paredes del pasillo.

—¿Por qué? ¿Te dieron muchos problemas? — comentó con ánimo el hombre mientras se acercaba a ambas.

—Demasiados… pero pude solucionarlos.

—Veo que tenemos una criatura complicada a bordo… una nave mejor equipada, tus hombres un poco alterados y… “una situación especial” aquí…— comentó lo ultimo mirando hacia abajo, entre medio de ambas, donde sus manos estaban entrelazadas.

Sona dejó de sonreírle para desviar su mirada al piso y en esa posición se quedó.

—Parece que me tomara un poco de tiempo ponerme al tanto de todo— terminó comentando mientras le daba una sonrisa a Miss Fortune.

—Supongo…— concordó la pelirroja, sin soltar la mano de la chica y sintiéndose con confianza— ¿Lograste arreglar todo lo relacionado con tu nave?

—La mayor parte, si… debemos ver el tema del cambio de motor.

—Ya me encargué por parte de eso, pero tendrás que volver a Terra-2 para retirarlo y comenzar los arreglos.

—Aun mas para ponerme al tanto… quizás es apremiante, hay algunos temas que debemos tratar.

—¿Pueden esperar? Ya tenía algunos planes.

—Quizás si… quizás no.