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Decisiones, decisiones

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Era curioso mirarla tan fuera de su control.

Nami daba vueltas impacientes por la pequeña pecera que tenia de cárcel. Pegaba sus manos al vidrio, tratando de mirar más allá de lo que las paredes del trasbordador podían dejar ver, para luego buscar otro ángulo diferente, moverse y volver a intentar. Otras veces parecía sencillamente tratar de sentir algo, concentrarse, solo unos segundos, antes que la urgencia de buscar con la mirada cualquier otra cosa pudiera más, y volviera a moverse en el agua.

Miss Fortune sonrió un poco al ver como no podía disimular su impaciencia, pero la expresión se desvanecía de su rostro al pensar que esa emoción solo era reflejo de haber sufrido tanto lejos de su casa.

Sintió la mano de Sona sobre la suya, pidiéndole su atención. La pelirroja levanto la vista y pudo sentir lo cálido de la sonrisa que la sanadita le brindaba.

Se preguntó si habría leído sus pensamientos.

—Capitán, tenemos la aprobación para aterrizaje.

—Bien… bien…— comentó levantándose de su lugar y acercándose a la piloto de turno— no nos hagamos esperar.

No les llevó más de media hora cuando en el comunicador le daban la bienvenida y ya entraban al andén, abriendo la puerta para descargar.

El planeta Catinopia no era lo que ella esperaba.

Tenía la esperanza de estar en un lugar con mucho sol y olor a agua salada, con arena que le acariciaran los pies y un clima agradable para relajarse. En vez de eso tenían un pequeño lugar de metal oxidado, donde la resistencia de humanos y otras especies luchaba por sobrevivir, afuera, en los vidrios, un diluvio hacía imposible ver más allá de unos metros lejos del acorazado.

—Capitán.

La voz no era alguien de su tripulación, por eso le llamó la atención. Un hombre grande, moreno, bien musculoso le extendía una mano y le ofrecía una sonrisa. Miss Fortune no tardo en tomar el saludo.

—Le presento al regente de Hojalata, Capitán, Tuerto en acción— lo presentó Matafire.

—Mis amigos me llaman Tuco, por favor tómese esa libertad también.

—Así que… ¿Regente?— preguntó la pelirroja. No le llamaba la atención los nombres, pues sabía que este lugar la jerga era una que se manejaba por barbaros y bandidos y quedo de esa forma mientras las generaciones pasaban.

—La máxima autoridad por aquí— le aseguró el hombre sin perder la sonrisa— se me informó que traían cosas útiles para el acorazado.

La capitana había interceptado un mensaje de una colonia no muy lejos de la órbita del planeta. Parecían tener problemas para hacerle llegar suministros y el trasbordados de su tripulación les podría ayudar. Acepto ser de remolque sin muchas vueltas, aunque todo el asunto solo le dio un mejor panorama de lo precario y pobre que era la situación para las especies dentro del planeta.

—Mis hombres le ayudaran a desembarcar los suministros, a cambio de eso necesito un guía experimentado en la zona— anuncio, haciendo que el mayor asintiera de inmediato.

Vio como parte de su tripulación se ponía a disposición del regente y se desentendió momentáneamente del asunto.

Camino hacia un ventanal, donde Sona admiraba el panorama y se quedó a su lado.

—Te dije que fueras con tu capitán y la tripulación de la Morning Star— comentó vagamente— no hay mucho por hacer aquí. Haz de cuenta que soltaremos a un pez de nuevo a su mar y es todo.

Sona la miró con cariño y se acercó, poniendo una de sus palmas en el pecho de la pelirroja, aproximando su rostro al de ella.

—Mmm…— comentó con cierta comodidad la capitana mientras dejaba que esa proximidad la envolviera— por otro lado, creo que puedo acostumbrarme a esto. Aparte es bueno tenerte cerca, sé que estabas intranquila por cuidar a la tripulación de lo que esa sirena puede hacer y te vi esforzándote mientras veníamos aquí. Sé que la mantenías al marguen pese a la seguridad de su celda. Buen trabajo.

Sona pestañó sin poder evitar que la sorpresa aparezca en su rostro, pero termino asintiendo levemente.

—Esa sí que es una expresión muy linda, procurare provocarte más como esas.

—Capitán, todo listo— anuncio Matafire y tuvo que alejarse de Sona para atenderla.

—Bien, terminemos con esto.


—… dijeron que la zona más segura es la que la tribu no está custodiando, lo cual queda bastante alejada de donde está el acorazado, si su “majestad” lo dispone claro— terminó la idea la pelirroja, pero solo mirar a Nami supo que no la estaba escuchando— o podemos tirarte directamente aquí y que te coman los tiburones.

—No hay tiburones en Catinopia— contestó de inmediato la criatura, sin siquiera verla, parecía llenar su pecho de algo y luego soltarlo, con dolor y anhelo al mismo tiempo— pero hay criaturas peores y más voraces.

— ¿Puedes lidiar con ellas?

— ¿Estas preocupada? Que tierno.

Miss Fortune sonrió con dureza y sentía un pequeño dolor de cabeza nuevamente.

— ¿Sabes? Estoy segura que tu padre me ofrecerá algo muy valioso a cambio de que te meta un tiro entre medio de las cejas.

—Eso es seguro, capitán— anuncio la sirena, finalmente viéndola a través del vidrio— aun estas a tiempo de hacerlo… negociar de vuelta conmigo, a ver si así recuperas algo de todo lo que perdiste antes.

Antes que Miss Fortune pudiera decir algo, Matafire le anuncio que habían llegado a zona segura.

El trasbordador paro su recorrido y con los motores apagados podían escuchar ahora la tormenta afuera.

Miss Fortune abrió la puerta trasera y vio como era rodeada de un inmenso mar gris, siendo taladrado por las incansables gotas que no dejaban de caer.

Sintió frio e incomodidad solo acercarse un poco a la salida.

—Todavía estas a tiempo— le recordó la sirena— de tomar una decisión diferente, analizar otras opciones, ver quien decidirá ahora…

Miss Fortune volvió la vista para sonreírle, mientras desenfundaba rápidamente una de sus pistolas y le apuntaba directamente.

—No, ya no más.

Solo decirlo abrió fuego contra la consola de la celda, haciendo que los pocos tripulantes del trasbordador se resguardara hasta que el ruido de los disparos pasara. Cuando la calma volvió todos pudieron ver como el vidrio de la celda estaba roto y había vaciado su contenido, excepto la criatura, que levitaba en el centro, ahora sin ningún tipo de control que la detenga.

No miro a nadie, simplemente a su libertad y de un rápido movimiento cruzo la salida, sumergiéndose en las turbulentas aguas para no volver a aparecer.

—Hubiera bastado con apretar el botón de expulsión— comentó Matafire viendo la consola y todo el daño hecho por los disparos.

—Le hubiera quitado emoción al asunto— comentó con desdén la pelirroja— aparte, de verdad necesitaba disparar algo… aun no supero toda la perdida… agh, llévanos a casa antes que comience a llorar.

—Sí, capitán.


Le tomo unas cuantas horas llegar al acorazado, las mismas que para dejar a Nami. En otras circunstancias le hubiera gustado quedarse más tiempo allí, pero el planeta le parecía de los más incomodos

—Nos llevara un par de horas más coordinar con la nave principal y tener todo listo para salir de este galaxia, capitán— informó Matafire.

—Está bien, haz lo que tengas que hacer para traerla aquí y que nuestro viaje sea pronto.

—A la orden.

Ya estaba pensando como matar esas horas a bordo del acorazado cuando vio como la gente se amontonaba en los ventanales a ver algo.

Se acercó un poco, pero por más increíble que le pareciera, solo se trataba de como la lluvia había cesado y daba una visión más amplia de las aguas. Aun así el panorama seguía siendo frio y gris.

—Déjame adivinar, el plato de la casa deber ser algún plato de mar— comentó acercándose al regente, el hombre sonrió.

—Así es, puedo recomendarle un lugar, hasta podría invitarla un trago si gusta.

—Lo lamento, pero ya tengo alguien en mente con quien me gustaría compartir— rechazó con una amable sonrisa, el asintió— ¿Tanto alboroto solo porque la lluvia paró?

—Ha llovido incesantemente en esta región por más de dos años… sin un solo día que descansara… y de repente…

Miss Fortune pudo ver como el hombre miraba a través de las personas y los ventanales. Se preguntó si todo eso había sido solamente por la criatura que había liberado, algo le decía que sí.

Tomó las recomendaciones del regente y buscó a Sona, encontrándola tratando de ayudar a la tripulación que aun organizaba el regreso.

—Me parece que te debo una cita ¿No es así?— se anunció ayudándola con una consola que trataba de manipular, aligerando el trabajo que hacía y dándolo por finalizado— este es un lugar horrible, sin intención de ofender a nadie, y no lo considera una opción para llevar a una belleza como tú de paseo, pero…

Miss Fortune recordó las palabras de Yasuo y como las cosas comenzaban a tomar formar más rápido de lo que a ella le hubiera gustado.

—Quizás no tengamos muchas otras oportunidades— terminó, haciendo que la sanadita la mirara extrañada sin llegar a entender— Vamos a comer, debes tener hambre, no hicimos ninguna parada desde que salimos de la nave.

Sona asintió pero aún se sorprendió cuando la capitana la tomó de la mano y la conducía así mientras salían de la zona de carga.

Llegaron hasta un puesto de comida, con unas precarias mesas puestas alrededor y se sentaron en una lo suficientemente cerca  de donde la cocina estaba. Podían ver todo el patio del acorazado desde donde estaban.

Miss Fortune pidió por ambas y no dijo nada luego de ello.

Las voces de todas las personas allí inundaban el lugar. Niños, terrícolas y de otros planetas, jugaban mientras se pegaban al vidrio y veían el nuevo paisaje. De a poco los primeros rayos de sol comenzaron a pegar en el rostro de las personas.

Ya no parecía un lugar tan terrible.

—Sona… tu… ¿Has pensado que quieres hacer a partir de ahora?— preguntó finalmente sin cruzar mirada, prefería distraerse con el movimiento de personas a su alrededor— Yasuo y los suyos ya recuperaron su nave, no hay razón para que sigamos compartiendo la mía.

Ahora miró de reojo a la chica y esta asentía a lo que decía.

—Si sabes eso entonces entenderás que deberás elegir que vas a hacer a continuación, quedarte o seguir a Yasuo. Aún tenemos algo que hacer las dos tripulaciones juntas pero-

Se interrumpió al momento que vio cómo, sin ninguna duda en su acto, Sona levantaba la mano, apuntándola con el dedo índice.

Suspiró sin dejar de mirarla, sintiéndose mal por la diferencia entre ambas al momento de elegir a la otra.

—Piénsalo mejor ¿Si? Ya te he demostrado lo desastrosa que soy.

Sona no cambió su postura hasta que la comida llegó a ellas, momento en el cual dejó de señalarla, podía aun así ver la sonrisa que trataba de ocultar la pelirroja mientras se hacia la distraída con el plato.


Despegaron sin problemas, desde las ventanas del trasbordador podía ver un nuevo panorama muy diferente al que se les presentó cuando apenas llegaban.

—Perdón, Capitán, me hubiera gustado que viera mi planeta a como lo recordaba de niña— se lamentó Matafire en el panel de control.

—No te preocupes— comentó al pelirroja, viendo como el sol tocaba el mar convirtiéndolo en destellos de ámbar brillante por donde pudiera ver. Le recordaba a los ojos de Sona de alguna forma y comenzó a entender que el color empezaba a gustarle cada vez más.

La alarma empezó a retumbar sin previo aviso, haciendo que la pequeña nave se iluminara de color rojo destellante mientras parpadeaba.

— ¿Qué es?

A la pregunta le siguió la sombra de una enorme ola que se extendió frente al trasbordador, impidiéndole el avance. Otras dos columnas de agua le siguieron y rodearon a la nave.

Los tripulantes quedaron inmóvil en sus lugares, viendo como estas paredes de aguas que amenazaban con azotar el trasbordador y hacerlo desaparecer, quedaban en su lugar, sin moverse más que por el fluir de los líquidos, como si esperaran órdenes.

—Capitán, algo se acerca.

Miss Fortune se acercó a la consola pero fue lo que pudo ver a través de las ventanas frontales lo que le dio una mejor idea de lo que se trataba.

Las columnas dejaron lugar a una nueva ola gigante que se estiró hasta estar a la altura del trasbordador. Una criatura estaba en la punta, dominándola con maestría, dejando ver una corona brillante de plata y un báculo aún más imponente. Clavó sus ojos rojos en la pelirroja y le sonrió de lado.

Vira la nave y abre la compuerta trasera.

—Pero, capitán…

—Hazlo… parece que tiene algo que decirme.

Sona se paró dispuesta a enfrentarla junto con ella, pero Miss Fortune negó con la cabeza y dio indicaciones de que todos se quedaran en sus lugares, atentos.

La compuerta se abrió dejando que el aire húmedo y salado entrara. Estaban ya muy alto, caer desde allí supondría la muerte, la misma que le esperaba si una de las olas decidiera abatirlo.

—Igual de idiota que valiente…— comentó Nami, acercándose más al borde para poder hablar cara a cara con la pelirroja.

—Hay quienes creen que esas dos cosas son sinónimos.

Nami sonrió y paso su báculo de una mano a la otra.

—He recuperado el control sobre este planeta.

—¿Bien por ti?— preguntó con sarcasmo la capitana, luciendo aburrida.

—Quiero que sepas que tratare con justicia y consideración a los de las otras especies en este planeta.

—Ah, sí, si… justo por lo que había venido en primer lugar ¿No es así? ¿Crees que me construyan una estatua?... agh, detestaría que se llene de musgo en algunos lugares. Por favor, cuida que no se me haga un bigote verde en ella ¿Si?

Nami sonrió con frialdad y extendió una mano hacia ella. Miss Fortune la miró con recelo y con desconfianza comenzó a extender su mano.

La criatura no le dio tiempo y se adelantó tomándola con fuerza y jalando de ella. La repentina acción hizo que todos en el trasbordador se pusieran en guardia, pero con la otra mano Miss Fortune los llamó a la calma.

Apenas podía apoyarse en el borde de la compuerta, y el viento golpeando su cara solo hacía que la sensación de vértigo aumentara, pero se esforzó por concentrarse en el rostro de la sirena, podía ver sus ojos rojos analizándola, quizás metiéndose en su cabeza una vez más.

De la columna de agua, Nami hizo traer una caja oscura, oxidada y vieja, se la entregó a la capitana apoyándosela con fuerza en el abdomen, haciendo que su equilibrio peligrara más y solo se valiera de la mano que Nami sostenía.

— ¿Sabes?— preguntó mientras le daba una sonrisa juguetona y empujaba su cuerpo de modo que la pelirroja pudiera apoyar sus pies de una mejor forma en la nave.

Ahora se alejaba haciendo que el tacto entre sus manos casi se cortara.

—Empiezo a entender porque le gustas tanto.


—Eso fue intenso— comentó Matafire una vez que la las columnas de agua se desvanecieron y la criatura se había alejado junto con cualquier peligro que le impidiera dejar el planeta.

Ya se encontraban en el espacio y su nave la esperaba con las compuertas abiertas para ingresar.

— ¿Va a dejar que esa cosa suba a bordo?

Miss Fortune aun parecía aturdida por toda la confrontación, pero sostenía en su regazo la extraña caja.

—Yo no… no lo sé— comentó bajamente mientras inspeccionaba el artefacto.