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Decisiones, decisiones

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Miss Fortune miró a Sona con paciencia, la chica le devolvió la mirada luego de varios segundos analizando la caja y simplemente se encogió de hombros.

—Lo tomare como que no posee adentro ninguna maldición milenaria ni ninguna peste que atormentara a mi tripulación mientras su piel se desvanece— sentencio Miss Fortune, tomando la caja y poniéndola arriba de una mesa de análisis para que EXO la abriera y comenzara la investigación apropiada.

—Como si la piel de los tripulantes fuera queso siendo rallado para decorar la copa de un enorme tazón de espagueti—continuo Jinx, cruzada de brazos, asintiendo como toda la seriedad en su rostro— ¡¿Qué?!— Preguntó viendo como todos se le quedaban viendo— ¿Soy la única que le pone mucho queso a la pasta? Raros…

—El análisis indica que esta sellado, capitán— informó EXO con solo uno segundos de tenerlo en su poder— me tomara unos cuantos minutos, quizás una hora y algunos minutos más.

—Bien… haz lo que tengas que hacer. El resto disperse la sala ¡Tenemos mucho trabajo por hacer!

Y era verdad.

Ya con ambas naves andando en óptimas condiciones era propicio no alargar más la misión que unía a ambas.

Podía entender porque Sona quería quedarse en su nave, pero no podía concebir que Jinx siguiera causando problemas a bordo.

“— ¿Crees que dejare a nuestra hija a bordo de tu nave contigo sola allí?” fue lo que la piloto pregunto indignada “—Seguro usaras todo el lugar como un telo para ponerle manos a esta inocente criatura ya que nadie estará aquí para supervisar”

Se llevó una mano a la frente solo de recordar lo ruidosa de su voz.

Había coordinado con Yasuo una reunión una vez que alguna de las dos naves diera con el paradero o siquiera una pista de Gangplank.

Encontrar un pirata, más aun, un pícaro de su nivel, no era tarea fácil, todo lo contrario.

Le desmotivaba pensar que quizás le tome demasiado tiempo dar con su nave, y a la vez, la idea de prolongar la compañía de Sona le agradaba.

Podía verla en el pasillo, riendo por una historia que Jinx se esforzaba en exagerar.

No sabía qué hacer, ni siquiera había tenido tiempo de ordenar todo en su cabeza y parecía que las cosas necesitaban una pronta respuesta en el exterior.

Yasuo no lo mencionó, pero parecía de alguna manera al tanto que la sanadita ya no lo seguiría. Lejos de molestarle parecía cargar cierto alivio.

Dio un par de pasos en dirección a donde se encontraba Sona pero entonces EXO se anunció.

— ¡Capitán! ¡Es un descubrimiento que será mejor que usted vea por si misma!

—Eso fue rápido…


Frente a Miss Fortune la caja se encontraba abierta y una especie de hibrido metálico, cuyo aspecto era oscuro con ojos rojos, se retorcía de un lugar a otro, tratando de salir de la base de cristal blindando. No debía de medir más de medio metro y su aspecto se asemejaba a un escorpión.

—Entonces… ¿El atún trato de matarnos a fin de cuentas?— preguntó Jinx mientras golpeaba el cristal, molestando a la criatura.

Miss Fortune lo dudaba. Estaba casi segura que Nami no tenía intenciones de herirla. De haberla querido muerta lo hubiera hecho antes de manera más segura y eficiente.

Lo que en verdad le perturbaba era que el aspecto de la cosa que tenía en frente le resultaba repugnantemente familiar.

Solo unos segundos más y su mente encontró la solución al problema. Miro la lente de EXO y la IA tiro confites de colores.

— ¡Excelente capitán, lo ha descubierta, se lleva el premio mayor!— festejó su asistente al saber que su superior había adivinado de que se trataba.

— ¿Confites de colores? ¿En serio?

—Para las maquinas, lo humanos tardan demasiado sacando conclusiones muy obvias. Deben hacer un recorrido extenuante entre su razonamiento y recuerdos guardados en corteza madre de…

—Sí, si, como sea. La verdadera pregunta es…— lo interrumpí Jinx— Esta cosa… ¿Se come?

—Es una de las marionetas mecánicas de Gangplank— sentenció Miss Fortune, poniéndole más atención.

—Eso es correcto. La procedencia de sus materiales y su tecnología es idénticas a la que encontramos en el trasmisor que logró plantar en nuestra nave— concluyó el análisis, EXO.

—Parece inquieto— comentó con malicia la pelirroja, mientras una sonrisa se le formaba en los labios— creo que quiere volver con papi.

—Estoy un 98% seguro que es así, capitán. Y créame, sabe cómo volver a su creador.

Miss Fortune asintió, entendiéndolo mejor ahora. Agradeció a Nami mentalmente mientras le molestaba el hecho de que seguramente la sirena había penetrado más de lo que le hubiera gustado en su cabeza como para saber la ayuda que necesitaba.

—Pues, no lo hagamos esperar— siguió hablando golpeando el vidrio, molestando a la cosa que parecía querer atacarla— papi debe estar muy preocupado por su bebe ¿Verdad?


Gangplank exprimía una de sus naranjas sobre una copa de ron con hielo. Caminó con desdén por la sala de mando y se sentó en su gigantesco asiento.

Tenía una vista hermosa de las estrellas, y allí, a su costado, brillaba el ídolo de ora que le había robado a esos “muchachos”.

Aun dudaba de venderlo. Tenerlo ahí significaba poder recordar la cara de Miss Fortune cuando se lo arrebato.

Quiso darle un sorbo a su bebida cuando una luz tintineante apareció en su tablero. La miró con extrañeza, pero al poco tiempo desapareció.

Volvió a acercar sus labios al vaso, cuando nuevamente una luz roja llamo su atención, pero esta estaba al otro lado del panel. Iba a acercarse al lugar, pero entonces se apagó y todo volvió a la calma.

Dejó el vaso a un lado y comenzó a manipular la computadora más cercana en busca de anomalías.

Nada.

Se rascó la barba, no terminándose de convencer, y se dirigió de nuevo al escritorio donde había dejado su vaso.

Lo tomó entre sus manos y lo analizó. De a poco pudo ver como algo brillaba en él. Pero no era el contenido, sino el material.

Agudizo su mirada y la luz comenzó a hacerse más grande, hasta que entendió que no venia del vaso, sino del ventanal.

Giró al mismo tiempo que toda la sala se iluminaba y lo último que vio fue la enorme cantidad de misiles de plasma impactando contra su nave.

— ¡Capitán! ¡Capitán! ¡Nos atacan!

Se puso de pie luego de haber conocido el suelo, todo temblaba y las alarmar sonaba fuertemente en todo el lugar.

— ¡Nos atacan, capitán!

— ¡No me digas, idiota!— masculló mientras se ponía de pie y agarraba su arma— pensé que era una invitación para tomar el té

Salió dando una fuerte patada al resto de panel que obstruía la salida de la sala de mando.

Era imposible.

La nave había recibido, no uno, sino varios impactos, podía verlo desde donde estaba.

Las alarmas, la prioridad de las maquinas al tratar de mantener el oxígeno adentro. Ni siquiera estaba seguro de querer ver las condiciones de los cañones.

¿Pero cómo?

Se encontraba en un lugar remoto. Decidió dejar descansar los escudos inclusive porque en millas no habían avistado una nave. Absolutamente nada había aparecido en el radar.

Su mandíbula se tensó mientras trataba de pensar que fue lo que se le había pasado por alto, pero a medida que los segundos pasaban era evidente que era menos importante que el que hacer ahora que estaban bajo ataque.

Su mirada se posó en el otro lado del andén, donde un flash había salido.

—Uff, pondré esa foto en el techo de mi habitación, la mirare cada vez que quiera pensar en algo excitante para… ya sabes… propósitos científicos— comentó Jinx mientras sacudía la foto que había sacado de su cámara vintage favorita y le daba un beso antes de ponérsela en el bolsillo— ahora si— comentó poniéndose el lanzamisil al hombro— di Whisky. Quizás el flash salga un poco diferente esta vez, pero no te preocupes.

Gangplank no le dio oportunidad, con hastió levanto su arma y apunto a un costado, haciendo explotar un tubo de gas que sepultó a la piloto.

Ahora ya sabía quién los estaba atacando, pero el saberlo solo hizo que se enfureciera aún más.

Se dirigió a zancadas hasta la sala de operaciones. Sus hombres caían a diestra y siniestra.

Cruzo la puerta y se quedó de pie, sintiendo como sus venas se hinchaban en ira.

—Vaya, vaya— comentó Miss Fortune mientras jugaba con su arma, apoyada en el escritorio, en una posición relajada— eso fue increíblemente más fácil de lo que pensé que sería… me siento hasta desilusionada…

Gangplank le apunto con su pistola pero quedo petrificado de momento. Miró al costado y vio un manto de ora que se dirigía a sus pies.

—Hazlo bailar, parece que tiene ganas.

A la orden, Gangplank comenzó a balancearse a un lado y a otro, por más que no quería.

Sona se presentó a un costado y recibió la enfurecida mirada del capitán.

—Agh, hasta para entretener a tus invitados eres malo— comentó Miss Fortune aburriéndose de la danza. Sona dejó su hechizo y el hombro cayó sobre una de sus rodillas.

— ¿Cómo…?— preguntó con la mandíbula apretada.

A la pregunta, Miss Fortune debelo un cofre que tenía a sus espaldas, abriéndolo.

Una de sus máquinas, una bastante antigua, salió corriendo del lugar. A gran velocidad, perdiéndose por las rampas inferiores, apurada de cargar sus energías en el núcleo madre de la nave.

— ¿De dónde lo sacaste?

— ¿Eso? Me lo regalo una amiga que te detesta… como muchos otros— comentó con desdén mientras se acercaba a él— Bueno, vamos al grano… Tienes algo que quiero ¿No? De hecho que me pertenece. Dámelo ahora y no volare en pedazos tu nave con toda la tripulación.

Gangplank rio con sarcasmos.

—Mentirosa.

—No todos somos un montón de bosta como eres tú. Algunos somos más inteligentes— comentó con paciencia, la victoria ya le pertenecía, quería sacar el mayor provecho— tus hombres se resisten afuera, no tienen posibilidad.

Gangplank vio como la chica se comunicaba con alguien en el exterior, a los pocos segundos pudo ver por el ventanal como dos naves enormes apuntaban y cargaban sus cañones contra la suya.

—Veras, un especialista me dijo que esta nave tiene un motor potente y varias cosas interesantes en el andén. Me lo llevare todo como “interés” de lo que me robaste. Sería una pena desperdiciar todo eso y destruirlo… aunque lo hare si no le das la orden de retirada a los tuyos.

—Nunca, prefiero mi nave hecha cenizas antes que en las cuidadas manos con manicura de una mujer como tú.

—Esperaba esa respuesta necia. De hecho me llena de alegría escucharla… ¿Jinx?

La piloto apareció, sacudiéndose el polvo y el aceite de su anterior encuentro, pero en buena forma. No tardó en ponerse un par de guantes negros.

Miss Fortune le paso un artefacto, uno que reconoció al instante. El trasmisor que logró colar a la nave de la pelirroja para venderle luego la información a los demaxianos.

—Me alegra ver que tienes eso de recuerdo, es una pena que no haya logrado ver tu rostro cuando esa nave militar los abordos— se burló Gangplank.

La pelirroja sonrió con dureza, recordando la humillación por la que paso, pero sabía que ahora podría cobrárselo.

—Sí, sí. Colaste un trasmisor en mi nave, en un lugar en el que nadie pudo encontrarlo ¡Felicidades!— anuncio con una nueva sonrisa que hizo escarmentar al capitán— ahora es mi turno ¿No es así?... de esconder este trasmisor en donde nadie podrá encontrarlo.

— ¿Qué?— preguntó sin entender al tiempo que Malphite lo agarraba de los hombros y lo inmovilizaba, tirándolo al suelo boca abajo— ¡Detente! ¡¿Qué piensas hacer?!

Escuchaba la risa de Jinx retumbando en la sala, en todas partes. Comenzaba a transpirar en frio adivinando las intenciones.

—Relájate, será más difícil si estas todo tenso, créeme, no es mi primera vez— anuncio de forma alegre la piloto— Sona, toma mi cámara ¿Quieres? Trata de tomar una buena toma de su expresión en cada momento, hare un hermoso collage.

Pudo ver como la sanadita se ponía en frente, arrodillándose, con la cara incomoda y avergonzada, pero obedeciendo a lo que se le decía. Apuntaba con la cámara la cara del atemorizado pirata.

— ¡No! ¡¿Qué van a hacerme?! ¡No!— gritaba cuando sentía lo que trataba de entrar— ¡Fortune!

Y lo último que vio fue el flash.


Jinx jugaba en su escritorio con las fotos. Tiraba brillantina en los bordes, que contrastaban a juego con lo rojo de la cara de Gangplank.

—Lo hubieras visto, capitán— le comentó  a Yasuo, que era reacio a ver la nueva colección de imágenes— créame, necesitara una cirugía para sacarse el trasmisor… es una pena que no estaré allí para escuchar la historia que le dirá al cirujano— se burló, mientras colgaba dos fotos en su pared y la enmarcaba con luces de colores— agh… ¡Perfecto!

— ¿Sabían que el ano de una persona puede dilatarse 12 centímetros?— pregunto Ziggs al otro lado de la sala, aun entretenido por la anécdota.

—…fascínate— comentó Yasuo.

El capitán se alejó del grupo y miro por la ventana de su nave. A la par viajaba la imponente  tripulación de Miss Fortune.

Ambas naves ya no tenían nada en común. Se mantenían navegando cerca solo por salir del territorio en el que estaban, pero llegado determinado momento se separarían.

Ni siquiera era necesario una última reunión de despedida. Ya habían dividido ganancias y acordados los términos.

Yasuo solo esperaba una última llamada para la decisión final. La cual aún no conocía, pero aceptaría sea cual sea.

Volvió su mirada a la tripulación, animada y alegre y volvió su vista a la ventana, con nostalgia, preguntándose si ella también los miraba ahora.

Y así era.

Sona miraba desde la nave de Miss Fortune a la Morning Star. Respiró profundamente, recordando todo el viaje que había ocurrido en este tiempo. Le parecía increíble.

—Ese sí que es un suspiro— comentó la pelirroja acercándose hacia donde ella estaba.

Se puso a su lado y ambas miraban ahora la nave de su colega. Podía adivinar los pensamientos de la sanadita.

—Perteneces allí ¿No es así?— cuestionó, sin mirarla directamente, aunque en secreto la contemplaba por el reflejo del vidrio. Sentía a su corazón hacerse pequeño solo con pensar en lo que pasaría— y también me perteneces a mí… que difícil debe ser.

Sona la miraba de costado, le hubiera gustado que la encarara pero la capitana parecía decidid a perderse en las estrellas en frente.

—No voy a decirte que hacer— sentencio la pelirroja— puedes hacer lo que tú quieras. Yo sería feliz solo si sé qué haces tu voluntad.

Pudo sentir como la mano de Sona tomaba la suya, y se resignó finalmente a verla.

Ya frente a frente, podía sentir lo que la chica quería trasmitirle.

Esta vez fue ella la que suspiró.

—Me gustaría que tu decidieras al final… pero si tengo que decirte la verdad, no me da igual lo que decidas— confesó mientras le acariciaba la mejilla, haciendo que Sona sonriera por las cosquillas que la causaba— a mí me gustaría…