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Decisiones, decisiones

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Era la primera vez en mucho tiempo que tenía la oportunidad de descansar.

De alguna forma se las había ingeniado para meter a su tripulación en una misión a otra. Cuando no era una búsqueda era una persecución, cuando no era una persecución era una recompensa, cuando no era una recompensa era una fuga y cuando finalmente ya no huía de nadie, EXO el rastro de lo que había estado buscando por meses.

Así que no era un descanso como tal, pero el viaje hacia destino quizás le dé un poco de tiempo para distraerse y relajarse.

Luego de bañarse y cambiarse estaba lista para dormir, pero la capitana decidió pasarse por la sala de navegación. Pese a estar cansada tenía ganas de mirar el espacio como solo ese lugar podía hacerlo.

Solo llegar encontró que la sala no estaba vacía, como hubiera esperado a esas horas, luego de mandar a todos al silencio.

Sonrió mientras se acercaba a donde estaba sentada Sona y se quedó de pie a un lado de ella.

—A veces me pregunto si lees mis pensamientos y “casualmente” te metes en mi camino— comentó un poco en serio y un poco en broma la pelirroja.

La sanadita le sonrió, mirándola de lado y luego de nuevo al frente.

Miss Fortune temió en un primer momento que a la chica le costara adaptarse a su nueva tripulación y dejara de lado a la antigua.

Muchas noches le pesaba que la castaña extrañara a sus colegas y que ella, tan egoístamente, le haya pedido quedarse a su lado.

Para esos momentos, dejaba de hacer lo que estuviera haciendo, y la buscaba por la nave, encontrándola sin mucho problema. Sona siempre la miraba como si supiera porque la tenía en frente y le sonreía, tratando de disipar cualquier duda que la chica tuviera.

Con el pasar de los días la chica se convirtió en parte de la tripulación siendo aún muy diferente a cualquiera de los piratas o mercenarios que tenía a bordo.

Era una combinación extraña, pero valiosa. Muchos de los trabajos y viajes que tuvieron por delante se facilitaron gracias a las habilidades de la sanadita, encontrando su propio lugar a bordo.

Inclusive en dos ocasiones se toparon con la Morning Star, llegando a trabajar lado a lado de nuevo.

En una de esas ocasiones Sona estuvo a bordo de su antigua nave por algunas semanas y no tuvo contacto con ella por otro medio que no virtual.

La había extrañado como nunca pensó que extrañaría a alguien de su tripulación.

Seguía pareciéndole extraño, como tantas cosas de ella y aun emocionante y excitante.

— ¿Alguna vez piloteaste una nave tan grande como esta?— preguntó la pelirroja mientras se sentaba en su lugar. La sanadita negó— entonces es tu momento de brillar.

Sona volvió a negar, esta vez enérgicamente, mientras presentaba sus manos, pero la capitana ya había tomado su decisión.

—Vamos, será divertido, ven— indicó haciéndole señas de que se acercara.

La castaña se resignó y siguió las indicaciones, cuando estuvo al lado de la pelirroja espero por mas pero solo recibió una sonrisa cálida.

—Ven— insistió, tomándola de la mano y guiándola hasta que estuvo sentada sobre sus piernas— Ok… EXO, acerca el mando y pon la consola principal aquí al costado.

Su IA obedecía mientras se acomodaba en su asiento con Sona ahora entre medio de sus piernas, de modo que le daba la espalda y podía apoyar su quijada en su hombro. La esencia dulce que siempre acompañaba  a la curandera la invadió de modo que se sintió algo soñolienta.

Se distrajo un rato abrazándole la cintura y atrayéndola más a su centro, hasta que EXO le informó que estaba todo listo.

—Bien… no estés nerviosa— le ordenó viendo como los hombros de repente se tensaron— esto es sencillo, Jinx era su piloto, estoy más que segura que puedes hacer un trabajo aún más que decente si tenemos ese parámetro— bromeó mientras manipulaba con una de sus manos la consola a su lado— Toma ese mando con ambas manos… bien… ahora la nave esta en automático, la sacare cuando estés lista y pasara a manual… entonces de ti dependerá que no choque contra nada y no se desestabilice lo suficiente como para que toda la tripulación vomite ¿De acuerdo?

Disfruto sintiendo como nuevamente la espalda de la sanadita se tensaba, pero no dijo nada, sabía lo que iba a pasar.

Puso la nave en manual y la cabina hizo algunos sonidos, EXO ayudando a notificar los cambios y luego… nada. La nave siguió de estable como en un principio.

—Buen trabajo— la felicitó la pelirroja viendo como Sona tenía el mando fuertemente agarrado, esforzándose por no moverlo ni un centímetro de su lugar— pero, en serio, debes relajarte. La ruya no es todo derecho así que tendrás que mover la nave un poco.

Volvió a manipular el panel que tenía a su costado. No se lo dijo a Sona, pero tenía la situación controlada desde allí. El escudo de la nave estaba activado, si algo chocaba contra ellas no iba a recibir ni un rasguño y tenía cierta estabilidad automática. Aun si Sona tiraba el mando, no iba a ser posible que los tripulantes lo sintieran.

“Pero por lo demás…” pensó mientras depositaba un beso en la mejilla de la chica.

—Tú tienes todo el control ahora, pero descuida, no dejare que nada malo pase ¿De acuerdo?— le aseguró, mientras se inclinaba hacia atrás y descansaba su cabeza en el respaldo de su asiento.

Era una buena vista. Tenía el espacio de fondo a través de los grandes ventanales de la sala de controles, y más próximo podía ver la silueta de Sona en contraste.

Solo podía desear tener más momentos como ese en el futuro, pero mientras ese durara, seguiría disfrutándolo.

—Trata de virar un poco a la derecha, hay un planeta cerca que tiene dos anillos cruzados, es realmente hermoso, quiero verlo— indicó con una voz perezosa, pero Sona no sabía cómo acatar la orden— solo gira un poco el mando que tienes en tus manos, amor. Te lo dije, no te preocupes, nada malo va a pasar.

Sona terminó por obedecer y brincó un poco en su lugar cuando, en efecto, la nave se movió acorde a como movía sus manos.

Miss Fortune rio por lo bajo ante la reacción.

— ¿Aun sorprendida? No te mentí, te di el control.

Pudo ver como Sona asentía y se concentraba nuevamente en el rumbo de la nave.

Se quedó un rato así, viendo como la sanadita iba construyendo su confianza en el nuevo desafío que se le presentaba.

Finalmente, ya sintiéndose cansada, le acaricio la espalda con sus dedos, al poco tiempo Sona bostezo.

—Fueron días muy duros para ti también ¿No es asi?— indagó la capitana conociendo la respuesta— lo hiciste muy bien, como todos… también mereces un descanso… Pero la malvada jefa que tiene te puso de turno a pilotear la nave.

Sona rio por el comentario, girando su rostro para verla.

—Ven, recuéstate.

Dio indicaciones a EXO para que acercara más el mando, de modo que Sona pudo hacerse hacia atrás y apoyar su cabeza sobre los pechos de Miss Fortune, no tardó mucho en encontrar una posición cómoda en los brazos de la pelirroja, mientras aun podía contemplar las estrellas y tener el control de la nave.

— ¿Mejor?— preguntó, sintiendo como asentía debajo de su mentón— ¡Pero hey! No te duermas, eres el conductor designado después de todo.


Miss Fortune no durmió pese a que esa era su intención al principio. Quedo hipnotizada viendo como al sanadita era la que sucumbía primero al sueño.

Había presenciado por unas cuantas horas como Sona tuvo la inquebrantable voluntad de mantener el control de la nave, pero su cansancio y la comodidad que se sentía pudieron más.

Apenas reaccionó cuando Miss Fortune le quitó con sutileza el mando, haciendo que EXO lo alejara de nuevo.

Para la hábil capitana solo bastaba con estirar su mano y tocar botones en el panel del costado para estabilizar la nave con su rumbo.

Aprovechaba entonces para acariciar los cabellos castaños de Sona, ya había logrado quitarle la capucha antes y ahora solo quedaba disfrutar del tacto.

Se quedó contemplando la hermosa imagen que daba los ventanales y volvió a acomodarse en el asiento.

Le susurró a EXO para que cerrara el compartimiento donde estaban y fijara el rumbo, delegándole todo lo referido al recorrido. Había llegado su hora de dormir también y no quería que se la molestara.

Iban detrás de la pista de una nave desaparecida demaxiana. Su valor, si la conseguían medianamente intacta era elevado, pero no era lo más llamativo que tenía.

No se lo había dicho a nadie, pero dentro de esa nave viajaban unos cuantos tesoros que los demaxianos habían robados. “Confiscados” en los términos corruptos que usaban.

“—Habíamos conseguido un buen postor para el Grimorio del vacío Ikkiano, solo le quedaba a Graves llevarlo… pero no, él se tentó con esa nave demaxiana y perdió la batalla que él mismo empezó.

— ¿Y por qué me debería importar lo que le pasen a tus ganancias, Twisted Fate?

—Porque sé que te interesaba ese libro… y yo no lo voy a buscar. Vale mucho, pero no tanto como para perder otra de mis naves. Lo di por perdido, pero mis fuentes me dicen que la nave sufrió un… atentado, y ahora esta extraviada, con el libro y otras cosas más.

— ¿Cómo sé que no usaron el libro ya? ¿De qué me sirve a mí un libro de “cocina” por ejemplo?

—No lo sabes, mi querida capitana, pero a veces uno debe arriesgar.”

Recordaba la charla que había tenido con el otro pícaro y, luego de meses, EXO consiguió una pista de la nave demaxiana desaparecida.

El lugar de la galaxia a la que iba era peligrosa y a medidas que se acercaban más misterios envolvían al siniestro que había tenido lugar.

“Solo lo sabremos una vez que lleguemos” pensó para darse calma.

Tenía una tripulación fuerte y una nave que lo era aún más. Contaba con las armas y el personal y con la ayuda de Sona ahora a bordo dudaba que existiera algo que pudiera ponerlos realmente en problemas.

Quizás se arriesgaba demasiado por algo que no valía tanto, pero Twisted Fate tenía razón, de ganar, ganaría mucho.

Sona suspiró profundamente, acurrucándose en sus brazos, seguía dormida.

Miss Fortune sonrió al saber que era capaz de darle esa confianza y seguridad a la sanadita, la suficiente para que este tan vulnerable y tranquila ahora.

La quería.

Y quería aún más de ella. Quería entenderla más, involucrarse más, y pensaba que lo lograría más fácilmente con el libro de su lado.

Acarició los cabellos castaños una vez más, besándole la frente.

Sonrió sin poder creer que finalmente llegó el día en que dejaría de hacer cosas para ella misma por pensar en alguien especial.

No entendía como Sona ocupaba muchos de los pensamientos que pasaban por su cabeza, en especial en los momentos de calma, cuando se preguntaba que hacer después, la siguiente hora, el día después, el día que le sigue a ese. Dentro de una semana, dentro de un mes, quizás un año.

Muchos planes diferentes, algunos se mantenían, otros cambiaban, pero siempre estaba la sonrisa cálida y la mirada color miel de Sona en ellos.

—Es tan raro para mi… bueno…— murmuró abrazándola más— tan raro para un pirata ser él el asaltado.