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Diecinueve segundos

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Entró en la cafetería junto a sus dos mejores amigas y su pequeña hermana.

Diana ni siquiera miró a su alrededor. Fue directamente a sentarse a la mesa que se encontraba al fondo del lugar; en la que siempre se sentaba junto con sus amigas; sabiendo que una moza pasaría por su mesa en cuanto se fijara en ella y sus tres acompañantes.

Aquel era el único local dedicado a la repostería del conjunto residencial en el que vivían. Había estado funcionando desde que podía recordarlo y ella, junto con Syndra, Nami y Zoe, frecuentaban el sitio con regularidad y comían en el mismo la mayoría de las veces. Incluso conocían a las gemelas hijas de los dueños de la cafetería.

Diana miraba su teléfono con fijación, tratando de elegir entre una de las tantas fotos que había tomado en la plaza por la que pasaron antes, para subirla a sus redes sociales.

—Hace calor hoy. —dijo Syndra, dejando su cartera en sobre la mesa y sacándose su chaqueta de cuero negra—. Mal elección de ropa para salir.

—¡Pie de limón!, ¡pie de limón! —exclamó Zoe a su lado. Diana sólo asintió con su cabeza—. ¡Oh, elige esa! Así la gente sabrá que soy tu tierna hermana menor y nos queremos mucho, mucho, mucho.

—Como digas, Zoe. —dijo Diana con desinterés.

Eligió la foto que Zoe había señalado, junto con otras tres más. Sonrió un poco, mirando a su pequeña hermana a su lado.

—¿Cómo lo llevas? —preguntó Syndra, mirando su teléfono celular con fingido interés—. ¿Aún no superas al ex amor de tu vida, Di?

—No quiero hablar de ello en frente de mi herm-

—Ya dejó de llorar en las noches. —dijo Zoe, interrumpiendo a Diana, que la miró con enojo al instante—. ¿Qué?

—¡Cierra la boca o voy a quitarte la consola, Zoe! —se quejó Diana, gruñendo—. Decía que no quiero hablar de Alune. Ella está al otro lado del mundo, ya tiene pareja nueva y no quiero hablar de eso porque no me interesa en absoluto.

Nami la miró, sonriendo con algo de pesar. Así mismo, Syndra dejó de lado su teléfono por un momento.

—Tienes ojeras. —señaló Nami con cautela, ganándose una mirada de enojo por parte de Diana—. ¿Semestre duro?

—Toda mi vida es dura, Nami. —murmuró Diana, dejando su teléfono sobre la mesa—. Pero sí, derecho no es lo que pensé que sería.

—Es la recompensa de intentar ser lo que tus padres quieren que seas. —dijo Syndra, agitando su mano e intentando que algo de aire la golpeara—. "Estudia comercio exterior, Syndra, no te arrepentirás". No he cogido en ocho meses.

—Sí, si alguien me hubiera dicho que intentar salvar vidas iba a ser tan agotador estaría estudiando artes. —se quejó Nami, cruzando sus brazos por encima de su pecho—. ¡Medicina es un engaño, nada de lo que vi en Grey's Anatomy es real!

—¿igualmente no sería mejor una doctora Grey que tu novia vagabunda? —preguntó Syndra con burla.

—No bromas de pareja. —dijeron Nami y Diana al mismo tiempo.

—Como sea. —murmuró Syndra, girando sus ojos y volviendo a mirar su teléfono—. Así que Alune tiene nueva pareja, eso es interesante. La vi en Instagram el otro día… se ve bien.

—¿Sabes qu-

—Buenas tardes, señoritas. ¿Qué puedo servirles? —dijo una voz que Diana no reconoció.

Usualmente, durante el verano, Mihira; la dueña de la cafetería; hacía trabajar a sus gemelas allí. Morgana lo hacía encantada, pero Kayle solía quejarse todo el tiempo.

Diana pensó que quien le serviría sería alguna de las gemelas, sin embargo, apenas se fijó en la persona a su izquierda se congeló.

Era alta, Diana podía afirmar que más alta que ella incluso, y con la piel del tono bronceado más natural que nunca había visto en alguien. Su cabellera pelirroja era tan larga que llegaba hasta su cintura, y aunque parecía algo desaliñada se veía bastante suave. Sus ojos avellana estaban fijos en los violáceos de Diana, y quizás fue porque ella estaba boquiabierta y perpleja que la desconocida le regaló un guiño. Sus labios rosa estaban curvados en una sonrisa que no supo definir, era coqueta, pero amigable a la vez.

Era la joven más hermosa que Diana había visto jamás.

Permaneció boquiabierta. El tiempo que la moza estuvo frente a ella, Diana no hizo otra cosa que mirarla perpleja.

—Voy a querer tres cinnarolls y un frapuccino, por favor. —dijo Syndra, mirando su teléfono y sin notar que Diana estaba en una especie de trance.

—¡Pie de limón, pie de limón! —exclamó Zoe, tamborileando la mesa con sus manos—. ¡Y una gaseosa!

—Un agua sin gas y un brownie. —dijo Nami, regalándole una sonrisa a la joven que las atendía.

—Tres cinnarolls, un pie de limón, un brownie, un frapuccino, una gaseosa, un agua sin gas y… —dijo la moza, volviendo a fijarse en Diana, que continuaba mirándola embelesada—… ¿para la señorita?

Fue entonces que tanto Syndra como Nami miraron a Diana. Ella era seria y silenciosa el noventa y nueve por ciento del tiempo. Cuando abría la boca no era para más que quejarse de algo que le molestaba o para debatir con alguien con su irritante tono de "he leído las bibliotecas de Targón, Shurima y Jonia de arriba abajo".

Su silencio en ese momento era incomprensible.

Syndra no entendía por qué su amiga estaba así. Con su boca abierta, pero en completo silencio. Sin embargo, Nami pareció notar el encanto en Diana al instante.

—Ella… querrá dos alfajores. —dijo Nami con lentitud—. Y un té helado.

—Correcto. —dijo la joven bronceada—. Traeré sus pedidos enseguida, señoritas.

Dándole un guiño a Diana, la pelirroja se dio media vuelta y volvió detrás del mostrador. Todo con los ojos violáceos de Diana encima de ella.

Diana no creía en el amor a primera vista. Nami había debatido con ella acerca de eso varias veces… muchas veces. Ella afirmaba que no había en el mundo una manera en que sólo miraras a alguien y quedaras en shock.

Si tan sólo pudiera verse a sí misma ahora. Estaba totalmente embobada con la joven de la barra. Nami estaba muy segura de que su mejor amiga tenía un crush en la joven.

—Tierra llamando a Diana. ¿Qué está mal contigo, amiga? —preguntó Syndra, chasqueando sus dedos frente a Diana, que pareció salir de su ensimismamiento—. ¿Viste algo que te gustó?

—¿La moza, quizás? —indagó Nami, interesada.

—¡¿Qué?! ¡No! Yo no… yo… ella… —dijo Diana entrecortada, intercalando su mirada entre Nami y la joven morena que aún tras el mostrador de cristal estaba mirándola con obvio interés—. ¡No estaba mirándola!

—¡Por supuesto que sí, sis! —exclamó Zoe, acercándose lo más que pudo a Diana—. ¿Quieres sus bebés?

—Ewww. —se quejó Syndra, negando con su cabeza—. Desagradable.

—¡No quiero bebés de nadie! —gruñó Diana.

—Sí, tenemos suficiente con tener que cargar contigo en el verano, monstruo. —se quejó Syndra, mirando a la moza con interés —. Oh, ella es atractiva.

—Muy atractiva. —dijo Nami, sonriendo con malicia a Diana—. ¿Te gusta?

—¡No! —aseguró Diana, con su rostro sonrojado.

—Oh, vamos, Diana… —dijo Syndra, fijándose en su amiga—… eres soltera ahora, no habrá una insegura celosa detrás de ti diciéndote a quién debes o no mirar. ¿Quieres cogerte a la mesera? Ve y hazlo.

—¿Qué quiso decir Syndra, Di? —preguntó Zoe con interés.

—Que tu hermana quiere hacer bebés con la mesera. —dijo Syndra, recibiendo un codazo de Nami en sus costillas—. ¡Hey!

—Ella quiso decir que Diana quiere besar a la moza. —explicó Nami con amabilidad.

—¡Lo sabía! Quieres sus bebés… y besarla. —dijo Zoe, volviendo a fijarse en su consola—. Quizás así ya no hablas de Alune, quiero decir… tendrías un bebé.

—¡No hablo de Alune! —gruñó Diana.

—Lo estás haciendo ahora mismo. —dijo Syndra con burla—. Está bien, no siempre todos pueden superar a su ex con la facilidad que yo lo hago, pero podría darte ciertos tips.

—"Los hombres son sólo un saco de placer" no es un tip ni consejo. —murmuró Nami, jugando con su cabello púrpura—. De hecho, ni siquiera podríamos tomarlo ya que… ya sabes… somos un poco muy lesbianas aquí.

Syndra frunció el ceño, sintiéndose ofendida por el comentario de su amiga.

—Bueno, lo siento por ver a las otras mujeres como competencia y no como algo placentero. —se quejó Syndra, cruzando sus manos por encima de la mesa—. Además, tengo más tips.

—"Hay muchos peces en el agua, Di. Deja ir ese pez borrón y consiguete un tiburón". —dijo Diana, intentando imitar la voz de su amiga.

—"Corta ese hilo rojo del destino y teje una bufanda de éxito, Nami". —continuó diciendo Nami, burlándose de Syndra.

—¡Hey, ese es bastante original! —profirió Syndra, comenzando a sentirse más enojada—. Ustedes dos, par de lesbianas sin autoestima, sólo me envidian porque puedo superar a mis exs en un par de días.

—De hecho… —murmuró Diana.

—Quizás envidio un poco tu autoestima, pero odio que se infle tanto, que llega incluso a flotar y alcanzar al ego. —aseguró Nami, mirando a Syndra con algo de burla—. Es uno de los motivos por los que nunca llegué a sentirme atraída hacia ti.

—¡¿Perdón?! —exclamó Syndra. Su rostro comenzaba a tomar un tono rojo.

—Sí, estoy de acuerdo. —dijo Diana, continuando la broma de Nami—. No podría soportar cómo quiere ser alabada cada tres minutos. "Mirenme, tengo el teléfono de último modelo que me consiguió mi papá antes de que saliera a la venta, soy la moda andante".

Nami comenzó a reír, siendo acompañada por Diana y Zoe, que no entendía de qué hablaban al estar jugando con su consola portátil.

Por su parte, la rubia señaló a sus dos amigas.

—¡Pues no me importa porque ustedes, excusas de lesbianas, jamás podrían siquiera hacerme dudar de mi sexualidad! —aseguró Syndra—. Tú ni siquiera puedes decirle a tus padres que tu novia es una vagabunda que dejó la universidad para vivir en un remolque y tatuar delincuentes.

Nami sintió su rostro sonrojarse y desvió la mirada a la mesa.

—Ella… hace excelentes tatuajes. —susurró Nami, avergonzada—. Además, ella te tatuó gratis, mal agradecida.

—Y tú, —continuó diciendo Syndra, señalando ahora a Diana—, no eres capaz de hablarle a la mesera que no dejas de mirar y a la que quieres darle al menos quince hijos.

—¡No quiero los bebés de la moza! —gruñó Diana al borde de un colapso.

Buscó con su mirada a la joven pelirroja.

Su rostro se coloreó de un tono rosa pálido cuando la encontró dirigiéndose de nuevo a su mesa. Miró su teléfono, hundiéndose en su sitio y deseando que la tierra se abriera y la tragara en ese preciso momento.

Diana no levantó la mirada. Ella sólo escuchó cómo la joven colocaba los pequeños platos con sus respectivos postres en la mesa frente a ella. Podía sentir el aroma del perfume tropical de la moza inundando sus sentidos. Aspiró con fuerza, moviendo los dedos en su teléfono para abrir y cerrar una aplicación, intentando concentrarse en otra cosa.

—Traeré el frapuccino y el té helado en un instante. —logró escucharla Diana, y sintió el descontrolado revoloteo de mariposas en su estómago.

—¡Gracias, señorita! —exclamó Zoe sonriente.

—Muchas gracias. —agradeció Nami con simpleza.

—Gracias, dulzura. —dijo Syndra, en un tono muy sugestivo.

Estaba probando a su mejor amiga. Quería saber si hacía o decía algo.

Sin embargo, Diana continuó haciendo lo mismo. Abría y cerraba la aplicación con rapidez, nerviosa de lo que la joven a su izquierda pudiera pensar por la manera inapropiada en que estuvo mirándola boquiabierta y su último comentario.

Su madre la reprendería. Su padre se burlaría de ella por introvertida. ¿Qué clase de abogada era introvertida?

Escuchó a la joven alejarse y sólo entonces levantó la mirada. Syndra la miraba con burla, una sonrisa socarrona estaba dibujada en sus labios y una de sus cejas alzada.

Definitivamente iba a burlarse.

—Así que… ¿te gustan con delantales? —preguntó Syndra con burla y Diana bajó la mirada.

Estaba claro con su comentario genuino que la pequeña discusión anterior estaba en el olvido para el trío de amigas.

La ligera risa de Nami pudo escucharse, así como la de Zoe.

No sabía si le gustaba el delantal… pero sí que le gustaba la moza.

Era atractiva. Muy atractiva. Al menos para Diana era bastante muy atractiva. No podía dejar de buscarla con la mirada, de reojo.

Miró los dos alfajores, lamiendo un poco sus labios. Tomó uno y lo llevó a su boca, dándole un pequeño mordisco. Suspiró complacida. Mihira era, en definitiva, la mejor pastelera del mundo entero. No había probado jamás en otra región unos alfajores iguales.

—Sarah volverá a Aguasturbias el próximo mes. —dijo Nami, rompiendo el silencio que se formó debido a que todas decidieron darle una probada a sus respectivos dulces—. Creo que iré con ella.

Al instante sus dos amigas la miraron con sorpresa.

—¿Qué? ¿No tienes prácticas o lo que sea? —preguntó Syndra, desconcertada.

—Acabaré mis prácticas esta semana, y sólo iría por dos semanas. —aclaró Nami, lamiendo sus labios—. Quiere que conozca a su madre.

—Oh, no… —susurró Diana con fingido pesar—. Ha caído una grande.

—Efe. —dijo Zoe, bajando la cabeza a modo de broma.

—Efe por dos. —dijo Syndra, con burla.

—Por tres. —continuó Diana, soltando una risa.

—¿Por qué carajos efe? Sólo estamos afianzando nuestra relación. —se quejó Nami, inflando sus mejillas—. Quiero decir, hemos salido por dos años. Sólo conoceré a su mamá, compartiré unas agradables semanas con ellas dos y volveré. Ella conoce a mis padres.

—Y ellos la odian. —comentó Syndra, riendo—. Si pudieran ponerle una orden de restricción, lo harían.

—Si pudieran inculparla de un crimen que no cometió y meterla en prisión, lo harían. —secundó Diana, mordiendo su otro alfajor—. A mí me agrada.

—¡Yo amo a Sarah! —exclamó Zoe, lamiendo sus labios—. ¿Cuándo volverás a traerla, Nam?

—La próxima vez, Zoe. —aseguró Nami, regalándole una sonrisa amigable.

—Al menos un familiar de una de nosotras le da el visto bueno a tu novia. —dijo Syndra con sarcasmo.

Diana tosió un poco, riendo por la cruel broma de su amiga.

—Ugh, basta de tu insensibilidad, Syndra. —se quejó Nami—. ¿Qué hay de ustedes? ¿Qué harán en su verano?

—Mis padres quieren volver la próxima semana a Jonia. —dijo Syndra, con un tono de molestia—. Dicen que quieren visitar a la Ighilya, qué aburrido.

—Al menos tienes a tu bisabuela viva, sé un poco agradecida, bastarda. —respondió Diana, dándole otro mordisco a su alfajor.

—Sí, bastarda. —dijo Zoe con la boca llena de dulce.

Las tres amigas abrieron sus ojos con sorpresa, mirando a Zoe.

—¡Zoe, no! —la regañó Diana, dándole una ligera palmada en la cabeza—. ¡No repitas lo que digo! Si mamá te oye no podrás salir con nosotras de nuevo.

La risa de Syndra se escuchó en el establecimiento y Diana se hundió en su sitio al sentir la mirada de varias personas en ellas. Su hermana menor también se rió en voz alta, imitando a Syndra. Por su parte, Nami colocó una mano en su rostro, intentando ocultarlo.

—¡El monstruito dijo bastarda! —se burló Syndra, cubriendo su boca con su mano para evitar seguir riendo muy fuerte—. Eres el peor ejemplo a seguir de la historia de Targón.

—Oh, no. —murmuró Nami—. Aquí vamos de nuevo.

—¿Perdona? ¡He sido la mejor de la clase toda mi vida! —refutó Diana, señalando a Syndra por encima de la mesa—. Ni siquiera tú, señorita joniana, pudiste superar mi récord de notas.

—Fue por un nueve en historia, en primero de secundaria, Diana, supéralo. —se quejó Syndra, alzando una de sus cejas—. Además eso no quita que tu hermana menor haya dicho bastarda por tu culpa y que tu madre piense que eres una hereje por ser agnóstica, tener tatuajes y ser lesbiana.

—¡Cada acto de herejía es un acto de pasión! —exclamó Diana, dándole una palmada a la mesa frente a ellas.

—Aquí tienen sus bebidas, señoritas. —dijo la moza, habiendo vuelto a su mesa—. Un frapuccino para usted… y un té helado para usted.

Colocando el té helado frente a Diana, la moza le dio una mirada. Una que Diana correspondió por un breve instante antes de desviar sus ojos a su regazo, avergonzada.

—¿Puedo tener un alfajor, señorita? —preguntó Zoe, haciendo un puchero.

—Por favor. —gruñó Diana por lo bajo, dándole una mirada de reproche a su hermana menor.

—¡Por favor, quiero un alfajor, señorita! —repitió Zoe, entusiasmada.

Sin apartar su mirada de Diana, la joven que trabajaba en la cafetería sonrió. Entonces miró a Zoe y amplió su sonrisa amigable.

—Por supuesto, pequeña. Lo traeré enseguida. —dijo la pelirroja—. ¿Van a necesitar algo más?

—Sí, tu número. —respondió Syndra, regalándole una sonrisa a la morena—. Porque alguien que conozco está muy interesada en t-

—¡La cuenta, por favor, y todo esto para llevar! —exclamó Diana, levantándose de su lugar en la mesa y dejando un billete sobre la misma—. Vamos, Zoe.

Diana pasó por un lado de la moza, que la miró entre sorprendida y contrariada por su reacción.

Suspirando, Zoe se levantó de la mesa, llevando su consola en sus manos y siguiendo a su hermana en dirección a la salida de la cafetería.

Soltando una risa burlona, Syndra observó a Diana marcharse del sitio con Zoe, quien se quejaba por la repentina huida de su hermana. Miró el billete sobre la mesa y gruñó al notar que faltaba más de la mitad de lo que cubriría la cuenta.

—Disculpala, ella se pone tan nerviosa cuando no conoce a alguien. —dijo Nami, abriendo su cartera en busca de su billetera—. ¿Eres nueva? Nunca te había visto por aquí.

—Eh… sí, comencé hace unas semanas. —respondió la joven, tomando todo lo que estaba en la mesa para acomodarlo en la bandeja que traía—. Pueden pasar por caja para retirar esto.

—No hay problema, muchas gracias. —agradeció Syndra, sonriéndole con soberbia a la moza.

Levantándose de su lugar, Syndra caminó hasta la caja acompañada de Nami. Allí estaba Kayle, una de las gemelas hija de la dueña del local, que leía una revista de moda mientras escuchaba música con sus auriculares.

—Alcanzaré a Diana, ten mi parte. —dijo Nami, dejando una parte de lo que sería la cuenta en manos de Syndra.

Dicho eso, la joven de cabello teñido de púrpura salió del local y Syndra permaneció esperando.

Carraspeando un poco, la joven rubia tuvo que colocar el dinero frente a la otra de cabello corto. Kayle gruñó, quitándose los auriculares para mirar a Syndra. Entonces pareció relajarse un poco al ver una cara conocida.

—Hey, nerd. —saludó su amiga de la secundaria—. ¿Por qué Diana se fue así? ¿Hiciste enojar a tu novia de nuevo?

—Somos mejores amigas por siempre y no, no la hice enojar. —dijo Syndra, mirando de reojo a la pelirroja que colocaba sus pedidos en bolsas de papel—. ¿Cómo se llama ella?

Preguntó en un susurro, ladeando su cabeza en dirección a la moza. Kayle miró a la joven y luego a Syndra de nueva cuenta.

—¿Quieres experimentar tu lado gay con Leona? —preguntó Kayle con burla, entregándole el cambio a Syndra—. Leona Rakkor, es sobrina de un amigo de mamá, nos conocemos desde niñas. Le dio el empleo porque ella quiere aprender repostería o algo así, no lo sé.

—Oh, la luna aprecia tu poco pudor a la hora de compartir información confidencial de tus empleados. —dijo Syndra a modo de agradecimiento y Kayle entendió que la interesada era Diana—. Hubieras visto su cara, nunca la había visto así… era como… tan… no Diana. Estuvo todo el rato mirándola.

—No la culpo… Leona es caliente. Si yo fuera gay definitivamente querría tener algo con ella. —contestó Kayle en un susurro. Tomó la bolsa de papel que le tendió la mencionada y metió otro alfajor en la misma—. Llévate otro alfajor para Zoe y me debes un favor.

—Querrás decir que Diana te debe un favor. —dijo Syndra, tomando la bolsa. Se acercó a Leona tras la barra y dejó unas cuantas monedas frente a ella—. Excelente servicio, cariño. Espero volver a verte.

Dicho esto, Syndra se dio media vuelta, comenzando a caminar en dirección a la salida.

Leona sólo rascó su cuello, confundida.

Kayle se acercó a ella, dándole una palmada en el hombro a modo de felicitación.

—Tus pasteles apestan, pero definitivamente tu carita radiante le encanta a los clientes, Leo. —dijo Kayle, sonriéndole con complicidad—. Nunca escuché que alguien le gustara a Diana. Quiero decir… a primera vista.

—¿Cuál de las tres es Diana? —preguntó Leona, interesada en lo que dijo Kayle—. ¿La primera en salir?

—Oooh, ¿te gusta también? Eso es interesante. —dijo Kayle, riendo.

—¿A quién le gusta quién? —preguntó una tercera voz.

—Ugh, vuelve a tu agujero, sis. —se quejó Kayle, volviendo a la caja—. La mercancía no se hará sola.

—Y tú deja de regalarle alfajores a Zoe o le diré a papá. —gruñó Morgana. Mirando a Leona, Morgana le extendió una bandeja con pastelillos—. Así que… ¿a quién le gusta quién?

—Eh… no estoy segura… —dijo Leona, tomando la bandeja para colocar los pastelillos en su lugar—. Vinieron tres chicas y una niña… se sentaron allá y-

—Te gustó Syndra. Típico. —aseguró Morgana, divisando las vitrinas y contando mentalmente la mercancía faltante—. Es obvio, ella es joniana, popular, su cabello se ve perfecto en cualquier color que lo tiñe, carismática como el demonio y todos sus ex novios son deportistas. La hetero que toda lesbiana quiere voltear.

—Eso… no fue… creo que no hablamos de la misma persona, Morgana. —dijo Leona, confundida—. Quiero decir, la que me miraba er-

—Nami tiene novia. —dijo Morgana con un tono de advertencia, interrumpiendo a Leona—. Y créeme, no quieres hacer molestar a Sarah Fortune. Esa chica es un dolor de huevos.

Confundida, Leona rascó su cuello.

—Creo que Kayle la llamó… ¿Diana? —dijo Leona en un tono de confusión.

Morgana al instante paró de contar en su mente, olvidando lo que había estado contando para fijarse en Leona, que tenía un leve tono rosa en sus mejillas.

—Ella… lucía muy tierna. —terminó por decir Leona, sintiéndose avergonzada.

—¿Diana? —preguntó Morgana, sorprendida—. ¿Te gusta Diana?

—¿Sí es ese su nombre? ¿Diana? —indagó Leona, interesada—. Es bastante linda. Y ella parecía muy interesada en mí también.

—¡¿Diana Koray?! —exclamó Morgana, acercándose lo más que pudo a Leona y mirándola desconcertada—. ¡¿Ella parecía interesada en ti?!

—Syndra dijo que Diana no paró de mirarla en los diez minutos que estuvieron aquí. —dijo Kayle, volviendo a la conversación ya que no había ningún nuevo cliente—. Y cuando se fue parecía un tomate… pensé que estaba enojada con Syndra.

—Vaya, vaya… parece que nuestro sol veraniego ha convergido con la luna sangrienta. —comentó Morgana a modo de broma, pasando un brazo por encima de los hombros de Leona—. ¿Quieres su número de teléfono?

—Yo… eh… eso... —titubeó Leona, deseando responder de forma afirmativa—. La verdad es que no quiero parecer una acosadora o algo así.

—Oh, pero le gustas… no es acoso si la persona está interesada en ti del mismo modo. —insistió Kayle, pegándose lo más que pudo a Leona y sonriendo con complicidad a su hermana—. Sólo es acoso si insistes luego de que te rechaza.

—Si es que te rechaza, claro está. —terminó de decir Morgana.

Leona intercaló su mirada entre Kayle y Morgana, sin saber qué responder a las gemelas.

Desde que las conoció pensó que eran muy distintas. Mientras que Kayle tenía un aspecto roquero y era voraz y cínica, Morgana tenía más un aspecto depresivo y era compasiva y amigable. Sus peleas podían durar horas y dejaban de hablarse por días.

Leona nunca sabía cuando era un buen momento para hacer un comentario acerca de una hermana a la otra.

Pero cuando se unían para conseguir algo le daban algo de miedo a Leona. Prefería no inmiscuirse en cualquier que fuera el plan de las gemelas.

—Prefiero conseguir su atención a mi manera. —contestó Leona, con un tono de voz seguro.

Bufando, Kayle se alejó de ella, volviendo a su lugar en la caja de la cafetería y colocándose sus auriculares.

Por su parte, Morgana apartó su brazo de su hombro y volvió a su trabajo de contar los dulces de las vitrinas.

—Sé gentil con ella. —dijo Morgana de repente, captando la atención de Leona—. La conozco hace años, no tan bien como a ti, pero… Diana acaba de salir de una relación algo difícil. Sé que no eres el tipo de persona que juega con los sentimientos ajenos, pero si sólo quieres divertirte… no lo hagas con ella, Leo.

Intrigada, Leona observó a Morgana entrar de nuevo a la cocina.

Antes, esa joven pálida tenía su atención, pero ahora; con las palabras de Morgana; tenía su completo interés.

Conseguiría su número a como diera lugar.