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Como si fuera la primera vez

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Él piensa, con total seguridad, que el error de ambos estuvo en no entender del todo las emociones del otro. No había mucho que pensar a raíz de ello, Shouto, por mucho que quisiera entender al resto del mundo, tenía sus dificultades y su propia personalidad densa que lo apartaba de razonamientos un tanto simples y Bakugou, aunque él pudiese estar en desacuerdo, era demasiado impulsivo para poder reaccionar como realmente quería. El estancamiento en su relación se vio provocado por los mismos temores y el rechazo que hacía eco en la mente de cada uno, apartándose de lo que podría hacerles daño y obligándolos a reaccionar de formas que, en cualquier otra situación al ser todavía practicantes de héroes, no se lo habrían permitido. Estaban obligados a pensar de maneras más racionales, a observar entornos y formas de salvar a los demás, pero seguían siendo humanos con errores y debilidades.

Shouto no había dudado en mirar a su hermano mayor, a Touya, y preguntar sobre ello. ¿Qué diferencia había entre un beso con alguien con quien sólo querías pasar un buen rato a un beso con alguien de quien estabas enamorado? Tal vez sólo era confusión, algo que él todavía no entendía y se estaba apresurando a sacar conclusiones. Bakugou quizá no sentía lo mismo, no había nada que interpretar en su forma de comportarse o en el tiempo que estaban juntos y, no es que se esté cegando a las probabilidades, pero él quiere pensar con seriedad sobre la situación; incluso aunque los miedos que ha tenido escondidos desde hace días se estén volviendo cada vez más fuertes, quiere esforzarse por lo que podría suceder en el futuro. ¿Acaso había otra manera de intentarlo?

Quiere pensar que no, que está haciendo lo correcto.

La invitación a Inasa, el retumbar que siente en su cabeza y cómo Touya murmura que está aplicando aquella frase de “hay más peces en el agua” le hace creer que está bien. Aunque, en primer lugar, ¿hay un rechazo ahí? Ninguno de los dos fue capaz de decir las cosas con seriedad, de detenerse y confesar lo que escondían tras la coraza que se obligaban a poner encima del otro por miedo a verse débiles, frágiles. Un corazón roto es muestra de fragilidad, aunque su madre le diría que no tiene nada de malo tenerlo, que no lo hace débil, sino humano.

Bakugou, entonces, está frente a él y todo le parece tan extraño. Hay una incomodidad latente, Shouto no quería llegar a eso.

“Sobre lo que pasó ayer...”

“¿Qué pasó ayer?”

“No te hagas el idiota.”

“No pasó nada ayer.”

 

¿Se está protegiendo? Es probable que sí, a costa de los sentimientos de Bakugou, pero él había sido el primero que le había dicho que aquello no había pasado. Al final sólo seguía las instrucciones que se le habían dado.

El miedo es algo usual en el ser humano, se repite cuando vuelve a estar solo, es normal que él tema hablar de la situación si no tiene una idea concreta de lo que podría pasar. No hubo un rechazo formal, sólo un paso hacia atrás de lo que podría haber sido un comienzo, pero no quiere tener que lidiar con un /no/ tan repentino. Ser un héroe no debería traer consigo miedos de debilidad, pero a veces las representaciones de ellos como figuras públicas los vuelven insensibles, simples caras que deben estar ahí para animar y salvar gente.

Shouto suspira, incluso con la aparición de Inasa y su compañía, se siente solo.

 

 

***

 

A veces, al mirar a Inasa de reojo cuando están solos, se da cuenta de sus sentimientos. Inasa no es muy sutil de igual manera y Shouto se pregunta si no está siendo cruel, aunque no lo haya hecho con intención de “sacar otro clavo”, como podría parecer, realmente quería ayudarlo ofreciéndole una estadía. Sin embargo, aunque otros pensaran que él en ocasiones no se daba cuenta de la situación, sabía que todo eso se podría malinterpretar, puede notarlo en la mirada de Midoriya cuando los encuentra de casualidad, él habla tan rápido que no lo entiende por un segundo, pero sabe que quizá está hablando de la conveniencia de su presencia luego de toda la situación.

Él no es bueno lidiando con tantos sentimientos a la vez. Shouto viene de una familia problemática, pero unida a su manera, con muchos conflictos que arreglar y faltas de cariño que hicieron estragos en la vida de cada uno. Las dudas sobre si había favoritismo, las dudas sobre si Touya lo quería cuando era niño, entre otras cosas. Se había alejado un poco de la interacción social con externos, había sido torpe y denso al momento de entrar a la U.A., su forma de expresarse también solía ser directa, sin miramientos y provocaba problemas a su alrededor. Al final, la familia Todoroki en ocasiones carecía de empatía o de entendimiento.

No es una excusa, claro, jamás podría serlo, pero quizá por ello no lo pensó dos veces, no pensó en el daño que podría provocar.

Bakugou, que entra ebrio a su hogar con Touya al lado, parece un tanto perdido o quizá sólo está cansado, ido.

“¿Estabas con Touya?”

“Y tú con Inasa por lo que puedo ver.”

Como es de esperar, no se toma para nada bien la situación, Bakugou tampoco. Impulsivos, tanto él por la irritación que le genera que Touya sea mejor compañía para Bakugou que él, como su compañero por la presencia de Inasa.

El hielo, el fuego, los gritos. Todo el descontrol que se arma por una situación que ninguno fue capaz de expresar por medio de palabras y, cuando los mandan a sus habitaciones, Shouto se queda en la soledad de su cuarto mirando a nada en particular. Se siente cansado.

 

***

 

La soledad de la habitación le permite tener un momento de paz, quitarse de encima la bruma que lo ha cegado en medio de la ira y el estrés por la situación y, al sentarse cerca de su ventana, la luna es un espectáculo demasiado bonito como para ignorarlo. Inhala, exhala y repite el patrón en búsqueda de respuestas a preguntas que no se ha hecho. Touya le había dado una respuesta a su pregunta, quizá esa era la información que necesitaba y se había negado a ver.

“Le preguntas de amor a la persona que menos sabe de eso. Mi primer beso fue con un senpai en la preparatoria y créeme, no sentí amor en lo absoluto porque mis relaciones íntimas son por conveniencia, pero cuando le di un beso a la chica que me gustaba de la universidad (de la cual me di de baja dos meses después) me sentí el tipo más... ¿Afortunado? ¿Feliz? No lo sé, de repente se presentan emociones demasiado intensas y adictivas. Quieres continuar, pero al mismo tiempo lo dudas.”

Su beso con Midoriya no había sido así, claro que había conllevado un poco de felicidad, de incertidumbre. Él había sido un crush que había tenido durante una cantidad aceptable de tiempo cuando era más joven, había significado algo, incluso con Inasa había sentido intensidad, pero al momento de sentir los labios de Bakugou sobre los suyos, todo había cobrado sentido. La felicidad que había sentido, eclipsada por el nerviosismo en la boca del estómago, la necesidad de continuar con el beso y el sentimiento de ser la persona más afortunada del mundo. Bakugou era arisco, había cambiado, pero seguía teniendo aspectos de sí que lo hacían parecer intocable. Bakugou parecía cerrado a ciertas situaciones, habían estado juntos, pero siempre de forma sutil. Se había sentido aceptado, afortunado de ser el que pudiera otorgarle a Bakugou un poco de felicidad.

Todo se había desmoronado al abrir sus ojos y escucharlo hablar.

Una sensación indescriptible: Tener el mundo entre tus manos y, en menos de un segundo, ver como se convertía en polvo y se desvanecía con el aire.

No había llorado, al menos no ahora, pero cuando vio a Bakugou entrar por la puerta, puede darse una idea de lo mal que lo pasó. Bakugou no se embriagaba porque sí, no se colocaba en ese tipo de situaciones con facilidad. La solución a todos los problemas que tenían era sencilla: Hablar.

Hablar solucionaba las incertidumbres, podría eliminar las inseguridades dependiendo de la sinceridad de las palabras, podía arreglar algo que no estaba todavía roto, pero nunca sería una opción fácil. Se estaban poniendo en las manos del otro, entregaban un corazón latiendo. Entregaban fragilidad, vulnerabilidad y dejaban a la vista sus pensamientos y emociones. Nada era sencillo, Touya ya lo había pasado con Geten, su padre lo había sufrido con su madre antes del divorcio. Los silencios hacían daño, resquebrajaban a las personas y las volvían inestables.

—Quizá todo sería más sencillo si yo no hubiese dicho que nada pasó, —porque había hecho caso a las palabras de Bakugou, pretendiendo que la noche anterior no había pasado, pero no fue una acción hecha con la intención de darle alivio a Bakugou o simplemente hacer caso de sus palabras, sino que había sido por sí mismo. Una forma de protección, demasiado abrumado con sus sentimientos y por temor al rechazo.

Su mano se movió hacía su bolsillo para sacar de entre sus ropas el móvil, lo desbloqueó y buscó aquellas fotografías que se habían tomado en el concierto. Los vídeos que le habían compartido con la música de fondo, con Bakugou a su lado y el nerviosismo, oculto bajo su usual rostro inexpresivo, de estar siendo observado por el resto. ¿Era una cita? Él había querido creer que sí, aunque Bakugou había dicho que no. Todo lo indicaba, se habían besado.

La música que se escucha en esos cortos vídeos lo hace rememorar el momento y, aunque en ese instante su pecho duele, también le traen felicidad, porque sí fue el momento más feliz de su vida. Una exageración para un chico de su edad, pero en ese momento, enamorado e indefenso, puede decir que sí lo es. Pensó que un nuevo camino se abriría ante él, que podría pasar sus manos por los cabellos rubios de Bakugou, que podría sonreírle en la oscuridad de una habitación en medio de una intimidad nueva y estarían juntos al amanecer.

La respuesta a todos sus problemas era TAN sencilla, pero a la vez tan difícil de lograr que se sintió exhausto.

Quizá Touya tenía razón, quería continuar intentado, pero al mismo tiempo no se sentía seguro de ello. Dudaba en medio de sus sentimientos, demasiado primerizo para un enamoramiento genuino.

El vídeo termina, su dedo sólo aprieta la flecha en su móvil para ver el siguiente y ahí, al fondo, puede ver a Bakugou con un aspecto más relajado; él lo había invitado con el fin de darle un poco de paz mental, de distraerlo y la situación sólo había empeorado un poco más. Suspiró con suavidad y bloqueó el móvil, su mirada volviendo a la ventana. Ya habían pasado bastantes horas, la madrugada se sentía pesada sobre sus hombros y, levantándose de su lugar, sólo puede pensar en quitarse la ropa de aquel día, colocarse su pijama y dormir todo lo que pueda hasta la mañana siguiente.

—Aunque en la mañana todo se volverá un caos, —de igual forma es difícil que sus mañanas sean tan tranquilas como en cualquier otro lugar.

Al momento de acostarse por fin en su cama, sus ojos se quedan fijos en el techo y trata de eliminar cualquier pensamiento que tenga que ver con la situación actual; la culpa que se arremolina en el borde de su estómago que le impide dormir tranquilo, sus ojos cerrándose por fin y trata de olvidar todo por una noche, preparándose internamente para la situación que se llevaría a cabo en la mañana. Inasa estaba allí, Bakugou y Midoriya también, no quiere seguir pensando en cómo Bakugou se veía tan extraño al llegar, ebrio y cansado.

Sin duda el amor no es nada fácil, pero es muy tarde para dar marcha atrás.

 

***

 

Como previno, la mañana viene con un ambiente tenso que ni la personalidad animada de Hawks puede ocultar. Midoriya parece nervioso y el mismo Inasa no lo ve con tanta frecuencia como en otros días. Shouto sólo quiere un almuerzo en silencio, pero el inicio de las palabras de Touya y él mismo contestando no ayudan en nada. Shouto sigue un tanto molesto, la cabeza le duele un poco por no haber dormido lo suficiente y, cuando alza la mirada y ve a Bakugou ya listo para marcharse, siente un pequeño vacío en su pecho que se agranda a cada minuto.

¿Era normal de su parte creer que, en el momento en que saliera de su hogar, todo cambiaría?

Si tiene que ser realista, todo había cambiado desde el /rechazo/, pero ahora se siente como un cambio definitivo, algo que traerá consigo demasiada incomodidad y una necesidad de no compartir el mismo espacio hasta que los sentimientos, o cambien o sean contenidos. Shouto no sabe bien si podrá contenerlos, no cree que Bakugou sea capaz y, cuando ve a Midoriya de reojo, siente pena por mantenerlo en medio del caos. Ninguno de los dos lo ha metido allí, pero los tres estaban juntos con frecuencia, si todo cambiaba, ¿cómo podían seguir siendo un trío cuando dos de ellos no podían afrontar sus propios problemas personales?

Shouto suspiró y, en ese momento, la mirada de Hawks estaba fija en él. Shouto ni siquiera estaba prestando atención, la mención de su nombre lo había sacado por completo de sus pensamientos.

“En ese caso, creo que Shouto puede acompañarte.”

Él podía… “¿Qué?”

Claro que no podía acompañarlo, Bakugou mismo había puesto una expresión entre tensa e incómoda.

“Puedo irme solo sin necesidad de niñera.”

“Es él o mi pluma en tu tráquea, tú escoges.”

Ambos debieron saber que no era una opción, ni siquiera una pregunta y Shouto se había levantado al instante exclamando una afirmación. Lo acompañaría si eso querían. Tomó las llaves del auto y, en medio de un silencio pesado, habían salido de la casa. Se pregunta si debería abordar el tema, si debería dejar atrás una cobardía que no sabía que tenía para tratar de arreglar algo que no quería perder. Ambos, ya dentro del vehículo, habían guardado silencio y, en lo que él trataba de calmarse un poco porque no estaba de acuerdo en comenzar a conducir en medio de su inestabilidad emocional, cree que no hay otra salida más que esa.

“Oye-”

“Escucha-”

Las voces de ambos se sobreponen, la tensión parece disminuir un poco por ese simple hecho. Shouto casi suspira aliviado, no era el único que quería hablar y Bakugou, que había parecido algo ajeno cuando salieron de su hogar, parecía estar en algún conflicto interno. ¿Estaba mal que realmente se sintiera mejor al saber que no era el único dándole demasiadas vueltas al asunto? No tiene idea, pero no puede evitar aferrarse a ese hecho.

Todavía hay algo que arreglar.

“Dilo.” Bakugou cede primero. Shouto se pregunta si no debería de hablar de forma directa, pero cree que, simplemente decirlo así, podría causar más malentendidos.

“Siento haberte congelado ayer. Me enojé.”

Se disculpa primero, es una buena opción. Todavía tienen los recuerdos vívidos de la madrugada anterior, con las explosiones de ira por la presencia de Bakugou a lado de Touya y la preferencia que había parecido tener por él.

“Si no me lo decías, no me daba cuenta.” El silencio vuelve por un momento, Shouto mira sus manos sobre el volante, ni siquiera está esforzándose por ponerse en marcha y llevarlo a su propio hogar. “¿Sabes?” Entonces Bakugou sigue y él lo mira de reojo, no parecía que fueran a salir de ese tema, de evadir el problema central. “No tenía idea de que Touya podía derretir el hielo más rápido que–”

Así que él lo interrumpe. Shouto podrá haber tenido miedo la primera vez, quizá todavía lo tiene. Se siente cobarde, pero siempre ha sido del tipo de persona que suelta las cosas como cree que es conveniente.

“¿Podemos seguir siendo amigos?” Él sólo quiere que las cosas puedan estar tranquilas, que al mirarlo a los ojos no se sienta miserable.

“¿Ah?”

“Amigos. Solo ser eso.”

Entonces el silencio vuelve a hacerse presente y Shouto se acomoda para poder verlo mejor, para darle a la conversación la seriedad que merece. Siente que el corazón le martillea con fuerza en el pecho, casi haciéndolo sentir abrumado. El latir le ensordece por un momento los oídos y Bakugou mismo parece tenso, quizá un poco desesperado.

“¿Eso es lo que quieres?”

¿Es eso lo que quería? Shouto sabía que quería demasiadas cosas; quería tocarlo, quería ser capaz de besarlo sin culpa, sin temor a que ambos se dañarían el uno al otro. Quería, también, cerrar los ojos y darse cuenta que la situación no era tan mala como él creía. Después de todo, a los Todoroki les gustaba hacer todo un drama de cosas tan simples.

“No se trata solo sobre lo que yo quiero. Por eso lo pregunté.”

Es una decisión en conjunto, supone. Si uno quería algo y el otro no, podrían ver cómo arreglarlo, si ambos querían lo mismo… eso quitaría un gran peso de ambos. Bakugou lo mira, con esos ojos rojos suyos que siempre le habían gustado tanto, parece cada vez más tenso, su cuerpo rígido y, aunque el automóvil les da una sensación de claustrofobia provocada por la incomodidad del momento y la tensión que los rodea, también les ayuda a sentirse en un lugar más íntimo. Él no lo espera, al menos no de esa manera, ni siquiera soñó con el momento, pero Bakugou lo toma de la ropa para evitar que él mismo se mueva y se acerca, su cuerpo inclinándose sobre los asientos y sus labios se unen.

Shouto no quiere pensar en su hermano en una situación como esa, le provocaría hasta asco, pero se queda con las palabras que le dijo. De pronto, toda esa ansiedad, todo ese miedo e incertidumbre se desvanecen en un abrir y cerrar de ojos, y todo lo que piensa es en lo afortunado que es.

Sus manos se mueven para sostener los hombros de Bakugou, los labios se presionan con fuerza sobre los suyos en un beso brusco y descuidado, desesperado por retener lo que creían que podían haber perdido. Shouto cierra los ojos y siente que podría llorar un poco, si no estuviera demasiado extasiado por la situación. La quiere grabar en su memoria, quiere mantenerla dentro de sí mismo por años de ser posible; los labios ajenos se entreabren y siente su boca reclamar la suya con más intensidad, cosa que él admite con gusto, dejando que sus propios labios se abran. Al inicio es sólo eso, un movimiento brusco que se queda en sólo labios, en alguna que otra mordida en busca de marcar lo que querían proclamar, hasta llegar a la lengua que se introduce en la boca de Shouto. Es un vaivén bastante torpe, ambos sabían besar mejor que eso, pero no tienen el tiempo suficiente para calmarse y pensar de mejor manera en la situación, sólo quieren aferrarse entre sí y, cuando el calor es demasiado dentro del auto, Shouto abre un poco sus ojos, aunque siga buscando los labios de Bakugou sin darle una oportunidad de apartarse.

Entonces la ve.

La pluma rojiza que sobresale entre ellos y, sintiéndose un tanto irritado por la invasión a la privacidad, al momento que él quería mantener sólo para Bakugou y para él, la toma entre su mano y la quema sin vacilación. Bakugou parece querer separarse, algo sorprendido por la repentina llama y el calor que expulsó, pero no le da tiempo. Le sujeta ambas mejillas y vuelve a presionar sus labios. No hay algún ademán de querer ir más allá, ni un deseo sexual que florezca en la situación, no porque no lo deseen, sino porque en ese momento sólo querían ser claros, sólo querían dar a entender lo que sus pobres corazones, todavía inexpertos en muchos ámbitos, se habían negado a reconocer.

Bakugou lo muerde un poco, sus dientes aferrándose a la carne de su labio inferior y, cuando ya se sienten demasiado agitados y cansados, se aleja.

—Realmente quería repetir eso desde esa noche, —admite con la voz ronca y Shouto no duda en sonreír.

—Yo igual.

Sus manos siguen sujetas en las mejillas ajenas y ahora lo acerca, sólo para conectar ambas frentes.

Estaban bien, incluso si en ese instante no estuvieran formalizando, se sentía listo para ir paso a paso ahora con la seguridad de que era correspondido.

 

***

 

—No quería decir eso.

—¿Hm?

—Ya sabes, esa noche.

Shouto lo mira de reojo, tratando de no distraer su atención de la carretera.

—Lo sé, —o al menos ahora lo sabía. Quizá el día anterior no, ni siquiera esa noche luego de haberse separado, pero ahora sí que lo sabía—. Siempre has sido un impulsivo.

—Mira, hijo de---

—Pero gracias, por aclararlo.

Bakugou lo mira ahora en silencio antes de bufar, con un ligero rubor en el borde de sus pómulos. Su cuerpo se acomoda de mejor manera en el asiento del copiloto y mira por la ventana.

—Entonces… ¿Cómo deseas hacerlo?

Shouto considera que la pregunta es casi graciosa, pero lo deja pasar, sabe que Bakugou está a nada de explotar y gritarle, la rutina entre ambos vuelve y se siente demasiado afortunado como para quejarse.

—Creo que podríamos ir poco a poco, ¿no?

—¿Es eso lo que quieres?

Él lo considera, cualquiera en su situación quizá estuviera desesperado por formalizar, por poder llamarlo su pareja y, cuando se detiene en un semáforo, se da el tiempo de girar un poco su cuerpo para mirarlo directamente y asentir.

—He visto muchas relaciones empezar de una mala manera, con malentendidos y problemas de comunicación, —y él mismo no es una persona que hable tanto de sus propios problemas familiares, pero Bakugou ha estado allí tanto tiempo y quiere empezar bien, dar un buen paso—. Creo que merecemos un buen comienzo, tratar de ir poco a poco y estar seguros de nuestros sentimientos.

Porque quizá ya lo estaban, pero habían comenzado con malentendidos, con tensión e incomodidad y Shouto, que había visto como su vínculo se reforzaba a lo que eran ahora, incluso fuera de todo ámbito romántico, no cree que sea correcto que empiecen así, de improvisto o por impulso. Bakugou parece creer lo mismo porque no se queja y sólo asiente.

No hay más que hablar el resto del viaje y, aunque hace un par de minutos estaban envueltos en tensión, ahora el viaje es cálido y comprensivo.

Quizá sí había exagerado mucho con todos sus pensamientos en medio de la noche, quizá sólo había necesitado ser un poco más valiente.

 

***

 

—Eres un imbécil, —Bakugou no duda en golpearlo en el hombro con algo de fuerza y Shouto, que casi sofoca una ligera risa, se encoge un poco y se remueve en el sofá, queriendo evitar más violencia física contra sí mismo.

—Tú también pensaste lo mismo, —contratacó y Bakugou no puede más que bufar.

—Bueno, realmente no quiero que ese nerd gane a costa nuestra.

Shouto asintió casi al instante, aliviado de ver que su compañero no estaba frustrado por seguir aplazando todo por la situación actual. Ambos sabían que el tema de Midoriya y la apuesta con Uraraka era una tontería, se reían entre dientes al imaginar la expresión que pondría de saber que sólo estaban molestándolo para que no ganara, pero la verdad es que, luego de un par de días del problema que habían tenido, todo había empeorado un poco con el accidente de Touya y el escándalo público.

No habían tenido muchos momentos para ellos mismos considerando que él había tenido que suplir a su padre en las rondas junto a Tokoyami. Demasiado ocupados con sus puestos de héroes, aunque fueran todavía estudiantes, sólo se habían conformado con la presencia del otro en pequeños momentos en la agencia, en las clases que todavía tenían y los descansos mínimos que les otorgaban.

Ese día, por fin, habían tenido un día en soledad en casa de Bakugou. Sus padres habían salido, mencionando algo del trabajo que él no recuerda y, cuando Shouto se inclina sobre el sofá en el que están sentados, deja que su frente choque contra el hombro ajeno. Sofoca una risa cuando siente que Bakugou se tensa y maldice entre dientes, pero no lo aparta y sólo se acomoda mejor para darle una posición más cómoda. Ese día sólo habían decidido ver una que otra película, apartando las de terror para su propia comodidad. El ambiente es tranquilo y, aunque adora tener a Midoriya a su alrededor casi todo el tiempo, la atmósfera que los rodea es demasiado perfecta para estropearla.

—Hey, no te duermas, —Bakugou se remueve ahora, justo cuando él está a punto de cerrar sus ojos.

—Demasiado trabajo, —se excusa.

No hay nada más que decir sobre ello, pero tampoco quiere dormir. El cansancio que siente no se compara con la alegría que le provoca un tiempo de intimidad. Su mano se mueve hasta sostener la de Bakugou, las manos un tanto toscas y suaves que jamás pensó que podría tocar con tanta naturalidad sin ganarse una mirada de desdén o irritación por parte de Bakugou.

—¿Quieres que hagamos algo más? —Él pregunta, moviendo su cabeza hasta posarla sobre la suya.

—Hmm, no, está bien si seguimos viendo la película.

—Ni siquiera sabes de qué va, —en eso tiene razón, ya hace tiempo que dejó de prestarle atención y sólo es un ruido de fondo.

Sus ojos vuelven a la pantalla, sólo puede distinguir algunos rostros y nombres, pero la situación se escapa de su entendimiento ya habiéndose perdido el inicio y parte del cuerpo de la película. Supone que pueden volver a verla en cualquier otro momento, después de todo la película era lo de menos, él sólo quería estar al lado de Bakugou el tiempo suficiente para sentirse un poco más animado.

—Entonces, ¿cómo está todo con tu hermano?

—Sigue igual de insoportable que siempre, pero ahora le tenemos un poco más de paciencia.

Un poco más.

—No merece más que eso, —bromea, pero en realidad entiende por qué su padre estuvo tan ocupado. Lo de Touya no había sido cualquier cosa.

Su cuerpo se endereza un poco y, cuando alza el rostro, Bakugou voltea de la misma manera. Shouto recuerda, cuando todavía estaban en primer año, que se le dificultaba bastante expresar sus emociones, siempre acostumbrado a ocultar todo sin miramientos, sin siquiera pensar en lo malo que podría ser para él estancar cualquier cosa que sintiera: Desde felicidad a tristeza. Su terapeuta ya le había comentado que estaba bien si él mostraba un poco más de sí mismo y, justo en ese momento con los ojos rojos de Bakugou contra los suyos, entiende un poco mejor el significado de ello. Así que se ríe, sólo un poco, por la forma en que habían girado a verse casi al mismo tiempo.

Bakugou alza una ceja, pero no parece molesto. Ya había entendido que él valoraba los momentos en que se dejaba llevar un poco más por sus emociones, tanto como Shouto adoraba aquellos en los que Bakugou parecía más suave, más accesible, habiendo aprendido demasiado de todas esas llamadas de atención y clases extra de interacción humana que habían llevado juntos como héroes.

—¿Y tú? —Bakugou pregunta de improvisto, alzando una de sus manos para apartar un mechón blanco que le estorba en la mirada.

—¿Yo qué?

—¿Cómo estás?

Shouto, sin duda, es un poco malcriado por ser el menor. Había recibido un poco más de atención de la normal en algunos momentos de su vida, pero también había tenido que lidiar con los resentimientos de Touya y otros problemas familiares que no entendió hasta que creció. Sabe que, de cierta manera, le gusta sentirse un poco especial, pero cuando Bakugou le otorga esos momentos de preocupación, de estar realmente enfocado en su recuperación con su terapeuta y el ambiente en su hogar, se siente afortunado de tenerlo.

—Hm, —así que sólo asiente, dándole a entender que está bien. Ahora no quería hablar de eso, pero quizá… quizá más adelante y si compañero no insiste, sabiendo que tiene que respetar sus límites.

Todo a su tiempo.

—Esta película es una mierda, —dice sin más y Shouto vuelve a mirar la pantalla.

—¿Entonces por qué la pusiste?

—A veces uno quiere ver una mierda para perder el tiempo, —no lo entiende, pero supone que tiene razón.

Él, en realidad, preferiría estar viendo Sailor Moon o algo así, pero sabe que, de ser así, no le daría su respectiva atención a Bakugou.

Las prioridades eran claras. Y no es que estuviera sugiriendo que su serie era más importante, pero solía ser algo que lo mantenía demasiado entretenido como para prestar atención a otras cosas. Dejando de lado sus propios pensamientos que, siendo sincero, no iban a ninguna parte, volvió su atención a la película con tal de tener algo de conversación más adelante; a pesar de su distracción y la opinión de Bakugou sobre ella, consideraba que algo que vieran juntos tenía un significado especial. Al menos así pensaba, teniendo en cuenta que muchas de las cosas que podía hacer junto a su hermano mayor estaban ligadas a sus gustos similares a algunas series. Estar en un mismo sitio y disfrutar de algo en la pantalla le parecía agradable, Bakugou también lucía entretenido.

A veces así pasaba, la película como tal tenía aspectos absurdos o poco coherentes, pero causaba gracia o mantenía a alguien divertido. Sus dedos siguieron moviéndose por sobre la palma ajena y, cuando las yemas de estos empezaron a marcar las líneas de sus manos, Bakugou pausó la película y Shouto no pudo hacer nada más que alzar la mirada con curiosidad.

El tiempo había pasado con rapidez, pero todavía les quedaban un par de horas juntos antes de separarse y que él se retirara a su propio hogar. Bakugou parecía estar consciente de ese hecho, porque lo hizo enderezarse en el sofá y, con su cuerpo casi inclinado contra el reposabrazos de éste, se colocó cerca de él antes de besarle la comisura de los labios. La mirada intensa y el silencio que ahora reinaba lo hizo ponerse un tanto ansioso. Ya habían tenido, cada uno, su primera experiencia. Habían sido amigos desde hace tiempo, no estaba seguro con quién, pero eran cosas que se habían comentado en algún momento junto a Midoriya, pero nada había sido de esa manera.

Claro que, al recordar su primera vez, se había puesto nervioso por el nuevo ámbito en el que se encontraba. Inasa también había parecido estarlo por las mismas razones que él y, quizá, por otras más como sus sentimientos por él, pero Shouto no había sentido su corazón latir con tanta fuerza ni querer sentir el de Bakugou contra la palma de su mano para darse cuenta de la reciprocidad de los sentimientos. Su rostro se ruborizó un poco y, cuando Bakugou siguió presionando un par de besos contra la comisura de sus labios, Shouto sólo pudo alzar ambas manos para acariciar desde las caderas hasta pasar sus dedos por sobre la línea de su columna. La ropa le impedía sentir algo más allá, pero la reacción de Bakugou valía la pena, el estremecimiento y la mirada intensa.

Se estaban tomando su tiempo, no necesitaban esa pasión desenfrenada de la primera vez en aquel auto, no estaban tratando de aferrarse entre sí, sino que estaban tratando de recrear un momento que, para ellos, sería un comienzo. El rubio, por fin, presionó ambos labios con suavidad, la respiración se le agitó un poco y se dedicó de lleno a ello, sus ojos cerrándose por fin y dejando que el vaivén suave lo distrajera de todo su alrededor. Sus manos se cerraron por sobre la ropa, arrugándola en su puño y, cuando Bakugou lo empujó un poco más contra el sofá hasta dejarlo recostado con la cabeza apoyada en el reposabrazos, se apartó.

La vista era increíble, con su compañero sobre su cuerpo con las mejillas algo arreboladas y la respiración ligeramente agitada. Las manos ajenas se movieron hasta acariciar parte de su mandíbula y cuello, Shouto sabía que él podría sentir a través de ese toque el latir desenfrenado de su corazón y, por la sonrisa que se hizo presente en su rostro, estaba demasiado orgulloso de ese hecho. Él se volvió a inclinar, sus labios volviendo a encontrarse y, ahora, se dio el tiempo de abrirlos para darle paso a la lengua ajena.

Todos sus pensamientos se enfocaron en la sensación de la lengua de Bakugou acariciar el borde de sus dientes, pasar por su paladar y encontrarse con la suya propia; la saliva que compartían y las respiraciones que se volvían una sola, el latir que le ensordecía y la necesidad de murmurar el nombre de su amante acompañados de jadeos un tanto más necesitados. Shouto movió su cuerpo un poco más, abriendo ambas piernas para dejar que Bakugou se presionara más contra su cuerpo. La pose era un tanto incómoda, con una pierna presionada contra el respaldo del sofá y la otra colgando y doblada de una forma fastidiosa, pero todo valía la pena al momento en que sintió el cuerpo ajeno contra el suyo. La manera en la que el rubio se recostaba contra su pecho y movían un poco sus rostros para seguir encajando sus labios; podía sentir la presión de las caderas de Bakugou contra las suyas, el calor que se hacía presente en su vientre y el ligero movimiento del cuerpo ajeno contra el suyo, creando una ligera fricción que le hizo separarse un poco de sus labios y jadear.

—Pensé que sólo querías ver la película.

—Cambié de opinión.

Shouto dejó salir una risa de sus labios, sus manos soltaron su espalda para llevarlos a sus mejillas. Le gustaba eso, la sensación de poder tener a Bakugou entre sus manos y sentir que tenía el mundo entre ellas.

—Midoriya ganará la apuesta a este paso.

Bakugou frunció el ceño.

—Sólo a ti se te ocurre mencionar a ese nerd ahora, —se quejó, volviendo a acercarse a él y depositando un beso ligero sobre su boca para callarlo—. Lo único que tenemos que hacer es mantenerlo en secreto.

Shouto cerró sus ojos y acercó su rostro, dejando que su nariz se frotara con cariño contra la ajena.

—Sí, no lo había pensado de esa manera.

—Es porque yo soy el listo de esta relación.

—Que estándares tan bajos, —se burló un poco, ganándose una mordida en su mejilla por parte de él.

—¿Siempre tienes que arruinar el momento, imbécil?

—Pensé que ese serías tu insultándome en un momento así.

Bakugou sólo negó con frustración antes de levantarse, su diestra se movió hacia su propia camisa y la agitó, sintiéndose un poco acalorado.

—Vamos a mi habitación, no quiero que la vieja bruja nos vea así si se le ocurre llegar temprano.

Shouto extrañó la sensación de tener a Bakugou encima de él, incluso si sólo se estaban moviendo de lugar, por lo que no tardó en sostener su muñeca por un breve momento, dejando que sus dedos acariciaran con suavidad la piel blanca. Bakugou lo miró por un momento antes de chasquear la lengua y sujetarlo del brazo para levantarlo del sofá.

—Me miras como si no nos fuéramos a tocar jamás.

Se dejó arrastrar por la casa, caminando a paso lento hacía la habitación de Bakugou. Ambos sabían bien qué pasaría cuando atravesaran esa puerta y al cerrarla detrás de ellos, el nerviosismo no hacía más que aumentar y, aunque ambos parecían seguros de tomar ese paso, las sensaciones que tenían encima eran demasiado abrumadoras. Shouto sólo podía mirar la mano de Bakugou tomándolo del brazo hasta deslizarse contra su muñeca, sin pasar a tomarlo de la mano. Sintió un calor en el pecho, producto de la propia ternura que le daba que Bakugou, siendo él una explosión que arrasaba con todo, tuviera esos gestos tan únicos, tan suaves y sinceros.

Shouto se preguntó si Bakugou también veía en él cosas que no cualquiera notaría a simple vista.

La habitación estaba a oscuras cuando ingresaron, todavía no era tan tarde, pero con las cortinas echadas sobre la ventana y que el dueño de aquel espacio tampoco quisiera encender las luces lo hizo sentir un poco menos ansioso de lo normal. No quiere pensar en su primera vez ni en otras experiencias cercanas, porque el sentimiento es diferente, pero no puede evitar /comparar/ un poco el cómo se siente dentro de él toda la situación. Bakugou voltea, justo cuando están de pie a lado de la cama y lo mira, como si estuviera esperando que dijera algo o que se negara. Ambos habían tenido un contacto íntimo, incluso habían querido ir más allá ese día en el auto, con todos los sentimientos a flor de piel y la necesidad de tocar y aferrarse a lo que tenían enfrente, pero seguía siendo necesario para ambos afirmar lo que estaba por pasar.

Cuando abrió sus labios para acceder, sólo sintió la garganta seca y los cerró de nuevo, sintiéndose un poco tonto, antes de asentir. Los ojos rojizos de Bakugou parecieron brillar con mayor fuerza en medio de la habitación a oscuras y, cuando se acercó a él, fue Shouto el que se inclinó sobre él para alcanzar sus labios de nuevo. El beso volvió a ser suave por un momento, como una forma de sentir el calor del contrario y prepararse mentalmente para lo que estaba por llegar; sus manos se dirigieron a los hombros ajenos y lo empujó un poco para que el rubio se sentara en el borde de la cama, su cuerpo manteniéndose inclinado contra él subiendo una de sus rodillas al borde y alzando un poco el rostro de Bakugou para seguir besándolo con la misma suavidad.

Fue entonces que sintió como su compañero alzaba ambas manos para sostenerle de la camisa y jalarlo contra él, dejando que su espalda se recostara contra la cama. Shouto, en el sofá, había estado abajo, sintiéndose especialmente caliente por la situación, casi como si la temperatura hubiese aumentado de pronto, pero ahora que estaba en la posición contraria, la idea de poder ver a su pareja (o más bien, próxima pareja) desde arriba y poder apreciar el rubor que le llenaba el rostro lo hizo sentirse más hambriento, más desesperado y sus dientes se habían aferrado al labio inferior para jalarlo con algo de fuerza, sacando un jadeo ligero de la boca ajena antes de que su lengua se adentrara. Los brazos ajenos lo rodearon un poco, sus dedos aferrándose a la tela de su ropa y, cuando se aprovecha de su situación para usar una de sus piernas y separar las ajenas, presiona con fuerza su rodilla sobre su entrepierna, lo suficiente como para que Bakugou se revuelva en su lugar y jadee, separándose de sus labios.

La mirada vidriosa y el temblor que se ve en sus labios sólo lo hace más valiente. Shouto no es tan tonto como podrían pensar y, habiéndose preparado un poco desde hace tiempo, se permite complacer a Bakugou en todo lo que puede. Su rodilla se mece contra él, siente la erección ajena crecer un poco más y el movimiento de caderas que hace para aumentar el contacto; el ceño de su pareja está fruncido, sus labios apretados casi evitando que algún sonido salga de él y, cuando nota que su cuerpo está temblando ligeramente, se detiene.

No quiere que todo eso acabe de forma tan rápida, quiere que dure hasta que él mismo se grabe en la mente todas sus expresiones y todos los sitios que le dan placer.

Quiere tiempo, eso es todo. Porque, incluso aunque no ha sido tocado todavía, siente que él mismo puede dejarse llevar demasiado rápido.

A veces, en momentos así, olvida que apenas tienen 18 años y mucho que aprender. El calor que inunda la habitación lo está sofocando, Shouto abre los labios en un intento de respirar con mayor profundidad, sintiendo que sus propios sentidos se nublaban ante las abrumadoras sensaciones que estaba padeciendo por primera vez, algo que le parece impresionante siendo que todavía no hay un contacto directo. Ni siquiera habían hecho algo más allá de un par de besos y caricias, nada que pudiera darle una razón lógica para su propio pecho subiendo y bajando con rapidez y la sensación de que la ropa sólo estaba quemándole la piel sensible. Sus ojos miraron a la persona bajo suya, ya ambos acomodados de mejor forma sobre la cama y lejos de la orilla. Bakugou lo miraba con intensidad, incluso él se había detenido por un momento para respirar.

Sus miradas son de entendimiento, de respeto mutuo y, además, puede ver ligeras señales de cariño que se mandan entre sí, porque es la verdad: Lo que sucedía era su primera vez. Quizá no una pérdida de virginidad o cualquier cosa que uno podría pensar en un momento importante, pero se sentía todavía más importante para él esa primera vez, porque la gente a su alrededor había tenido razón y todo era demasiado apasionado, demasiado fuerte y con sus sentimientos haciéndole sentir ansioso por seguir adelante. Bakugou, aprovechando su distracción, lo había jalado hasta cambiar de posición. Su cuerpo, ahora sentado a ahorcadas sobre él casi de la misma forma que el sofá, se movió contra él. Su erección ahora se notaba en sus pantalones y, que el rubio se moviera contra él sólo le hizo morderse el labio mientras esos ojos rojizos brillaban con diversión. Sus manos se dirigieron a su propia camiseta hasta quitarla de su cuerpo, sus caderas moviéndose en busca de más fricción y Shouto, demasiado abrumado por la vista, se limitó por un instante a jadear y a respirar con fuerza, tratando de calmar su propio corazón que latía desbocado.

Fue entonces en que Bakugou tomó sus manos y las dirigió a su propio cuerpo, casi gruñéndole por atención y él no dudó en obedecer. Sus manos se encargaron de acariciar el pecho ajeno, en dejar que sus dedos recorrieran sus abdominales y su cintura, su estómago y el borde de sus hombros, todo con el fin de aprenderse los lugares que podían hacer a su compañero jadear con más fuerza. Le fue un poco difícil darse cuenta, porque no conocía del todo el cuerpo ajeno, pero pudo encontrar algunas zonas erógenas que lo hacían ruborizarse con mayor fuerza, también que le aceleraban la respiración y se dedicó a ello, su cuerpo se enderezó, decidiendo que podía admirar su figura sobre él en otro momento y, sosteniendo las caderas de Bakugou para que dejara de moverse por un momento, llevó sus labios a su cuello. Es un recorrido que hace de besos desde la mandíbula al hueco que hay entre su hombro, dejando un rastro que logra que él se estremezca hasta inclinar su rostro para dejarle más espacio. Sus labios bajan, apretando un poco sus labios contra su clavícula y succionando hasta que escucha un gemido ligero. Se obliga a sonreír cuando se separa un poco y puede ver un marca suave y rojiza en su piel y, aunque siente que Bakugou está por protestar, Shouto no se detiene. Sus labios ahora se detienen sobre uno de sus pezones, su mano se dirige exactamente al otro que ha dejado desatendido y se dedica a pellizcar con suavidad y, poco tiempo después, con más fuerza en espera de ver cuál es el límite de su rudeza en Bakugou, pero él no parece quejarse, sus propios brazos rodean sus hombros en busca de algo a qué aferrarse y, mientras sus dientes se dedican a estirar un poco más el pezón entre sus labios, usa un poco de su poder en su boca para lograr soltar un aliento gélido que logra que su compañero suelte un gemido más fuerte.

—Imbécil, está horriblemente helado en tu boca, —Bakugou obviamente se queja un poco, pero no le pide que se detenga.

Shouto mismo siente esa necesidad de seguir adelante, de usar a su favor los cambios de temperatura para darle placer a su pareja. La sola idea le da algo de gracia, porque algo que usa diariamente para proteger a otros ahora le da la opción de complacer a alguien, pero no puede evitar sentirse afortunado.

Se detiene, luego de un par de gruñidos de Bakugou y del movimiento que se vuelve a hacer presente en las caderas ajenas en busca de un poco de fricción para él quitarse su propia camiseta y tirarla por allí. Las manos de Bakugou sobre su piel le hacen querer suspirar de placer, pero se abstiene cuando siente la sonrisa de burla de Bakugou contra su propio hombro al apoyarse contra él. Sus dientes se cierran sobre su cuello y muerde, ganándose una protesta.

Si se iba a burlar de él, se encargaría de hacerlo arrepentirse un poco.

—Necesito que te recuestes ahora, —Bakugou lo mira con sospecha por un momento, pero termina por asentir y se separa del regazo de Shouto para acomodarse a su lado y recostrarse contra las almohadas que están en la cabecera de la cama. Shouto se ríe sin poder evitarlo, girando su cuerpo en dirección a él.

—Estás más obediente que de costumbre.

—Vuelve a decir eso y te explotaré la cara, no me importa en qué situación estemos ahora mismo. —La forma en que lo dice y lo gélida de su mirada le hace darse cuenta de la verdad de sus palabras y Shouto sólo puede verlo con amor, porque así es él y siempre estuvo atraído por el salvajismo y la sinceridad a través de él.

Bakugou mismo se ruboriza todavía más por esa mirada y, aunque la situación sigue siendo romántica, no tiene demasiado tiempo para enfocarse en eso.

Shouto se mueve para quedar entre las piernas ajenas, sus manos se encargan de levantar un poco sus piernas y acariciar el interior de sus muslos, Bakugou parece bastante enfocado en ver sus acciones; él estaría, quizá, un poco avergonzado en su situación, pero Bakugou parecía no conocer del todo ese término. Su cuerpo se inclinó, sus labios besando con suavidad su abdomen antes de que su lengua se pasee por el mismo sitio, lamiendo el sudor y saboreando su piel. Sus dientes marcan su piel en su cintura y, cuando se acerca a sus pantalones, sus manos sólo pueden acariciar su piel sobre el borde de ellos antes de acercarse al cinturón y abrirlo con rapidez. Siempre ha agradecido que Bakugou no soliera usar pantalones demasiado ajustados, porque los puede deslizar con facilidad por sus piernas y, aprovechando la piel que se expone ante él, deja que sus dientes muerdan uno de los huesos de su cadera antes de apartarse lo suficiente para quitar las últimas prendas que lo cubren.

Es la primera vez que lo ve así, desnudo y con el rostro ruborizado, Bakugou parece ahora sí sentirse demasiado expuesto porque su brazo está sobre sus ojos y no parece querer ver en su dirección. Sus manos tiemblan un poco antes de que se vuelva a acomodar, su cuerpo recostándose contra la cama para tener una mejor posición y, cuando se enfoca en sostener de nuevo sus piernas y abrirlas, sus dientes marcan sus muslos y su lengua pasa por sobre la piel lastimada hasta dejarla todavía más roja.

Todo es tan abrumador que Shouto sólo quiere alargarlo lo más que puede, pero tampoco quiere que Bakugou se impaciente o se sienta incómodo con su velocidad o su mirada tan intensa, así que pasa directo a su siguiente acción. Sus ojos se fijan en la erección de Bakugou, en lo rosado del glande y en cómo el líquido pre-seminal brilla ligeramente sobre ésta. Si tenía que sincerarse a sí mismo, no había hecho eso con anterioridad ni en sus antiguas experiencias, al menos no de forma tan directa más allá de algunas lamidas por sobre la ropa interior que habían terminado en nada, así que su nerviosismo se puede ver en el cómo sus manos sostienen la base de la erección y acaricia la base hasta sus testículos, sintiendo el peso contra sus dedos y el aire que abandona los labios de Bakugou. Es un hombre, de todas maneras, y se puede dar una idea de lo que puede disfrutar y lo que no, así que abre sus labios y deja que un aire frío golpee el glande hasta sacar un gruñido de su pareja. La situación se calma un poco, Shouto en serio reiría si pudiera, pero está demasiado concentrado en seguir adelante. Sus labios se cierran sobre la cabeza de su erección y su lengua se pasa por ella, saboreando el líquido pre-seminal. El sabor es algo salado, algo que no es tan disfrutable como uno podría llegar a pensar, pero el sabor es lo de menos cuando siente el calor del miembro contra su boca y el placer de lograr que el cuerpo de Bakugou se estremezca debajo de él. Su mano, aquella que ya lo sostenía, empezó a frotar parte de la base, masturbándolo en lo que su propia boca se acostumbraba a lamer la erección.

No sabía hasta cuánto podría mantener dentro de su boca, si es que tenía un reflejo nauseoso que le impidiera mantenerlo durante mucho tiempo, pero se esfuerza en tratar de conocer sus propios límites. Su mano se detiene por un momento antes de que sus labios se abran más, el borde de estos cubriendo sus dientes y, cuando su cabeza baja un poco más tragando un poco más de longitud de la erección de Bakugou, se limita a cerrar sus ojos y acostumbrarse a respirar sólo por la nariz.

Es ahí donde siente la mano de Bakugou sobre sus cabellos, aferrándose un poco a ellos y jalándolos en el proceso.

—Con calma, —le murmura entre su respiración entrecortada y él asiente antes de continuar.

Quiere que él pierda parte del sentido, que se deshaga entre sus brazos por el placer que le hace sentir con una simple mamada, pero todavía tiene mucho que descubrir para lograrlo. Trata de abrir un poco más sus labios y bajar, pero llega un punto donde siente que es suficiente para él, así que se detiene y aprovecha lo que ya tiene dentro de su boca para succionar un poco con sus labios y, poco después, mover su lengua por sobre la erección, su mano libre acariciando aquello que no ha podido tragar. Es una experiencia nueva, el peso sobre su lengua, el calor que proviene de su erección y como su boca trata de complacer esa parte de Bakugou lo deja un tanto mareado, siente la saliva acumularse en su boca, algo que ayuda con la fricción.

Fue entonces donde la poca paciencia de Bakugou pareció acabar, porque sus caderas habían empezado a temblar ligeramente y sus labios se habían abierto para soltar un par de jadeos antes de que moviera hacía arriba su pelvis, la forma tan inesperada en que lo hizo sólo provocó que Shouto cerrara los ojos con mayor ímpetu sintiendo en el borde de estos como las lágrimas se acumulaban hasta deslizarse un poco por sus mejillas; no era por el dolor, pero había tenido que aguantarse un poco la sensación de nauseas que le provocó, así que manteniendo a Bakugou un tanto más controlado, abrió más los labios y permitió que empujara contra su boca todo lo que quisiera sin sobrepasar su límite. Los dedos ajenos lo sostienen del cabello y siente que todo el cuerpo bajo suyo se estremece con fuerza, casi en un punto donde cree que todo acabará.

Y, aunque una parte suya quiere que eso ocurra, que Bakugou pierda el sentido y se descargue, todavía tenían un camino por recorrer, así que, sosteniendo sus caderas con la fuerza necesaria para dejarlo contra la cama, Shouto se endereza y deja que la erección salga de sus labios hinchados. Tose, sin poder evitarlo, dejando que la saliva se deslice de entre sus labios en lo que agarra grandes bocanadas de aire.

 —Eres un impaciente, —se queja y casi quiere reír por la voz grave que sale de él. Supone que es normal luego de usar tanto su garganta y boca para complacer a alguien.

Está pensando en comprarse algo para practicar de ahora en adelante.

—Es tu culpa por ser tan lento, —Bakugou parece irritado, supone que por el orgasmo que le ha sido negado, pero Shouto sólo le sonríe un poco y, acomodándose sobre él, lleva su diestra a su mejilla, acariciando con suavidad.

—¿Cómo quieres hacerlo? —Para él estaba bien de cualquier forma, después podrían intentar otras posiciones u otros roles, tenían todo el tiempo del mundo para repetirlo, pero ahora el reloj corría y no quería que los padres de Bakugou llegaran de improvisto y los dejaran así; tan cansados e insatisfechos.

Bakugou vuelve a mirarlo intensamente, casi como si estuviera viendo las mejores opciones para continuar y Shouto, con un dolor que crece sobre su erección, siente que se impacientará en cualquier momento.

—Creo que tú mismo no te limpiaste, así que seré yo por ahora, —le advierte con un deje de diversión en la voz y Shouto ni siquiera quiere pensar en cómo Bakugou ya había previsto la situación, porque si tiene que ser sincero, cualquiera podría pensar que “una tarde viendo películas en una casa que estará sólo ocupada por ellos dos” se desviaría a otro tipo de actividades.

Antes se dijo a sí mismo que no era tan tonto, pero de que lo es un poco, lo es. O, más bien, sería que es demasiado despistado, pero cualquiera de las dos cosas lo definen bien.

—¿Significa que habrá una próxima vez?

—¿Qué clase de pregunta es esa, imbécil? —Bakugou casi parecía querer golpearlo, pero él sólo se ríe.

—Sólo preguntaba, —su cuerpo se inclina para besar los labios de Bakugou y, cuando se aleja, permite que el rubio le señale su mesa de noche para ver un paquete de preservativos y una botella de lubricante. No hay mucho más que decir, él se quiere concentrar en la situación, en hacerla más especial de lo que ya es y, cuando deja que el líquido espeso y frío caiga en sus dedos, vuelve a centrarse en la erección de Bakugou para tratar de distraerlo un poco y que todo sea más simple y rápido, porque la lentitud de ambos podría ser un error en ese tipo de situación. Sus labios vuelven a rodearlo en lo que sus dedos se mueven por sobre su entrada; trata de recordar lo que a él le había gustado, lo que había disfrutado cuando lo habían tocado con tanta profundidad y, mientras deja que su boca se enfríe un poco sobre el glande, deja que sus dedos se encarguen de preparar el sitio, estirando la zona y tratando de encontrar aquellas zonas que le provoquen un estremecimiento en la piel, pero Bakugou parece no querer tanto tiempo y murmura entre jadeos los sitios que debe de tocar: Si es más a la izquierda o un poco a la derecha, si necesita más lubricante o si la fricción que recibe de sus dedos le hace jadear con más fuerza.

Ninguno de los dos es demasiado ruidoso, pero Shouto lo prefiere así, sintiéndose especial de ser una de las únicas personas que podían escuchar los gemidos y jadeos bajos que salían de esa boca tan ruidosa que no paraba de gritar en su día a día. Incluso le causa gracia pensar en ello, en cómo era tan impulsivo y su voz hacía eco en cualquier sitio por su poco autocontrol a la hora de hablar y, en momentos de intimidad, de él sólo salieran murmullos y pequeñas muestras de placer que se perdían en sus oídos si no les prestaba la suficiente atención.

El tiempo que necesita para preparar un poco mejor el cuerpo de Bakugou no es demasiado luego de que él haya admitido que se había limpiado con anterioridad y se había preparado antes de tiempo y, cuando Bakugou es el mismo que abre sus pantalones con algo de impaciencia y le pasa el preservativo, Shouto ha dejado de lado todo el nerviosismo de antes para centrarse en la confianza que ambos se tienen; en como la situación ha tenido risas ligeras e indicaciones para ayudar a que todo sea tan fácil. Ambos parecían a gusto entre ellos y la felicidad que le da ese hecho hace que su pecho se ensanche un poco antes de sonreír un poco y sujetar los muslos de Bakugou entre sus manos.

—Deja de sonreír como un imbécil o te rompo la cara, —el rubio le gruñe y Shouto sólo quiere sonreír todavía más, pero se abstiene. Bakugou parece a un paso de realmente golpearlo y decide centrarse en la situación, en acomodar su cuerpo contra el suyo y colocarse el preservativo.

Casi se quiere reír porque, antes de eso, había sido el mismo Bakugou el que le había enseñado como ponérselo. Que irónico.

—¿Me habías querido preparar para esto desde antes?

—Vuelve a hablar y será lo último que hagas.

Bien, demasiada presión por ahora. Ya luego se lo recordaría cuando no estuviera con su propia erección al aire libre y a disposición de Bakugou para ser sujetada si él quería. No se iba a arriesgar.

Cuando su cuerpo se inclina para hacerse paso en él, el cuerpo de Bakugou se tensa y su espalda se arquea un poco, maldiciendo en voz baja. La sensación era diferente, demasiado, sentía que su respiración fallaba un poco y que su rostro enrojecía todavía más en lo que el sudor bajaba por su frente, pero se obligó a ver las expresiones de Bakugou, tratando de ir a su ritmo sin hacerle daño. Él parecía demasiado ido, con los ojos cerrados y los labios entreabiertos en lo que se esforzaba por respirar; Shouto sujetó sus piernas un poco más alto para que sus caderas apuntaran en una buena dirección, tratando de recordar la forma en que había movido sus dedos para rozar su próstata y hacerle olvidar un poco del dolor que se podía ver a través de sus expresiones y sus ojos cerrados.

Todo es lento al principio, con suaves jadeos que abandonan sus labios y la sensación de estarse ahogando en todo ese mar de emociones, pero Shouto no puede creer que todo ese acto sea tan magnífico incluso en su propia torpeza, incluso cuando Bakugou se queja entre gemidos y le pide un ángulo distinto o una velocidad más lenta o rápida, sus sentidos están casi nublados y, llega un momento donde sus caderas sólo impactan contra él creando un sonido húmedo producto del lubricante y los fluidos de ambos. Sus labios buscan los de Bakugou y lo besa con fuerza, dañando su boca en el proceso por el mal encaje y la risa que sale Bakugou lo hace sentirse un poco avergonzado, pero está demasiado perdido en lo bien que se siente, que lo deja pasar.

El ritmo inestable continúa un par de minutos más antes de que Bakugou se irrite, las manos ajenas lo empujan para apartarlo un poco, algo que hace que Shouto se detenga inquieto de haberlo dañado. Bakugou aprovecha ese momento para separarse lo suficiente haciendo que su propio pene abandone su posición, Shouto casi parece confundido cuando todo el calor y el placer se detienen sin más y, cuando el rubio lo mira casi irritado, siente que hizo algo mal.

—¿Pasó algo?

—No, sólo estoy harto de tu lentitud, —Shouto quiere quejarse y decir que Bakugou le había pedido que fuer amas lento unos minutos antes, pero ya estaba siendo empujado contra la cama con Bakugou volviéndose a poner sobre su cuerpo.

Está casi seguro, después de las tres veces en que eso había ocurrido en una noche, que a él le gusta sentirse el dueño de la situación. Bakugou lo mantiene inmóvil contra la cama antes de acomodarse sobre la erección de Shouto y dejarse ir sobre ella. Shouto no puede evitar hacer su cabeza hacía atrás en un gemido que queda olvidado en la oscura habitación, sus manos se aferran con fuerza a las caderas ajenas y sólo lo deja ir a su ritmo, Bakugou parece mucho más entusiasta ahora con el control sobre él. La forma en que sus caderas se movían, girándolas un poco y dejándose caer para buscar ese punto específico que tanto le gusta hace que el aire abandone sus pulmones, porque puede sentir esa mirada de depredador que siempre ha tenido, porque se siente usado por él y es tan excitante que la respiración se le corta y siente que sus caderas tiemblan.

—Ni se te ocurra, —la amenaza apenas llega a él, Shouto en serio trata de aguantar, pero la vista de Bakugou, la poca atención que le había dado a su erección desde que todo eso había empezado y la necesidad de aferrarse a él sólo lo hacían más susceptible al placer que le estaba otorgando. Su rostro se movió de un lado a otro, casi como se negara a aguantar y, aunque Bakugou casi había gruñido en descontento, lo había dejado hacer lo que le placiera.

El orgasmo le llegó en una oleada de placer que lo hizo mantenerse quieto en lo que Bakugou lo cabalgaba en un intento de llegar al suyo; casi había visto blanco y sus dedos se habían apretado con más fuerza de la usual contra la piel de las caderas de su pareja, estando casi seguro de que le dejaría las marcas de sus dedos. La respiración se le corta y, cuando vuelve en sí, puede ver como Bakugou se había detenido, sentado sobre sus caderas con las piernas temblando y su ceño fruncido, parecía que la misma respiración del rubio se había detenido y, cuando volvió en sí, soltó un par de maldiciones por su incapacidad de aguantar un poco más antes de levantarse y acostarse de nuevo a su lado. El techo casi parecía un buen lugar para mantener su mirada.

—A la próxima, deberías ponerme el preservativo incluso cuando vayas a hacerme una mamada, —las repentinas palabras de su compañero lo hacen girarse para mirarlo directamente, Bakugou parece demasiado serio al decirle eso y Shouto solo sonríe.

—Pudiste decírmelo antes de que empezara.

—Sí, bueno, se me olvidó.

—Que conveniente.

Ambos se miran fijamente por un momento más antes de soltar una risa. Saben que deberían vestirse y arreglarse lo suficiente antes de que lleguen los padres de Bakugou, pero están demasiado cómodos como para apresurarse. Shouto cierra sus ojos por un momento, acomodando su cabeza contra el hombro ajeno, pegando su cuerpo contra el de Bakugou.

—Realmente quiero salir contigo.

—Y lo harás, idiota.

Shouto se alegra de haber resuelto todo y poder estar así con él, porque esa primera vez, con errores y todo, había sido la mejor experiencia que había tenido hasta ahora y quería volver a repetirla hasta que fuera perfecta. Hasta que él mismo pudiera saber cada aspecto de Bakugou, poder tocar su cuerpo en los lugares correctos para hacerlo perder el control. Esperaba que Bakugou también pensara de esa manera, porque Shouto ahora no se podía imaginar un futuro donde él no estuviera allí, incluso fuera de la intimidad. Al final todos tenían razón, era el hombre más afortunado del mundo.