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Por amor a Roma: Saludándote - Extra 2

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Inglaterra se veía no muy lejos de perder la paciencia, tratar con otras naciones no era un asunto sencillo pero se enorgullece de mantener la compostura la mayoría de las veces. Era un caballero inglés, después de todo, educación y cortesía era uno de sus lemas, pero China estaba haciendo un maldito buen trabajo pinchando en uno de sus puntos débiles.

- Pediste verlo, generosamente acepte y planifique que pudiera asistir a este reunión, no es mi culpa que él no quiera hablar contigo. -Dijo el inglés forzando una sonrisa paciente, la nación mayor solo frunció aún más el ceño por eso.

- Sigues llenando su cabeza de sin sentidos, lo pones contra mí. Definitivamente no es así como mi Li Xiao actuaría si yo manejara su educación, aiyaa. -Declaro China con seguridad y un aire de sabiduría que solo hacía que la nación inglesa quisiera estrangularlo.

- Su nombre es León Kirkland ahora. -Corrige de forma automática.

- Nunca lo aprobé.

- No tienes que hacerlo, no te compete, yo estoy a cargo de él.

Rusia quien parecía realmente entretenido por la discusión, decidió que era un momento perfecto para involucrarse. Su aura maliciosa se proyectaba claramente, a pesar de que en su rostro había una sonrisa ridículamente inocente.
- ¿Peleando de nuevo? ¿No se supone que todos somos amigos aquí?

Hong Kong aprovechó la oportunidad para deslizarse silenciosamente lejos de sus “tutores responsables”, ninguno de los dos le había dirigido una mirada desde que empezaron a discutir entre sí, tomando su silencio autoimpuesto como una oportunidad de hablar por él y tratar de socavar al otro.

Busco un rincón en la sala de reuniones, lejos de cualquier nación invitada y se dispuso a observar a su alrededor. Sacando nombres e información aleatoria de su cabeza para comparar con la realidad, nadie destacó ni tampoco llamó su atención al menos hasta que percibió la pequeña y misteriosa figura detrás de la sombra de quien identificó como Dinamarca.

¿Quién era? ¿de dónde venía? ¿estaba relacionado con alguna nación? ¿Por qué Inglaterra no le había proveído información sobre el cómo lo hizo con todos los demás? ¿No representaba una amenaza, ni era lo suficientemente importante para el inglés? ¿qué debería hacer? ¿cómo debería actuar?...

Hong Kong decidió que el mejor curso de acción era apagar el revoltijo de pensamientos, antes de que su pequeño percance se reflejase en su rostro, y limitarse a observar y aprender en silencio.

El joven del otro lado de la sala parecía estar teniendo una disimulada conversación con el extraño y pequeño pájaro que acunaba entre sus brazos.
- Esto es solo una molestia, quisiera estar en casa. -Se lamento Islandia no por primera vez.

- Ya, ya, quejarse no hará que el tiempo corra más rápido. -Respondió su amigo emplumado en un tono más bajo del que acostumbraba, después de todo, Dinamarca solo le había permitido traer a su compañero animal solo si este se comportara.

Ni el joven, ni el pájaro querían meterse en el lado malo del danés, llegaba a ser muy aterrador cuando se lo propone. Los dos estaban en un país extranjero, rodeado de desconocidos y por mucho que no lo admitieran la presencia del otro era un consuelo.

- Sr. Puffin..

El animal emplumado mantuvo su mirada firme. Siglos juntos le habían dado cierta inmunidad a los ojos de cachorrito.
- Mirarme con esos ojos tristes tuyos tampoco hará que sienta pena por ti, ¿no es un gran avance para ti que te hayan traído? -Pregunto a lo que Islandia hizo una mueca, toda la fingida vulnerabilidad en su mirada se transformó en irritación.- Podrías aprender algo de toda esta experiencia.

- No me importa en absoluto. -Contestó honestamente.- Tratar con los demás, incluso si es por orden de mi gente,.. no ha estado en mis planes. Nunca.

- Tus dichosos planes consisten en ser un ermitaño, Emil. -Dijo el Sr. Puffin con un suspiro exasperado.

- Un objetivo que no tiene nada de reprochable. -Se defendió visiblemente malhumorado, con una de sus manos comenzó a alisar inconscientemente las plumas.- A Lukas no parecía importarle, él preferiría que tampoco viajará a otro país en estos tiempos, dijo que estaba bien si le dejara encargarse de toda la diplomacia por mi.

- Tsk, tsk. -Amonestó dándole un picotazo de advertencia.- Mantenerse en una burbuja no te hará bien a la larga. Deberías aprender a lidiar con la diplomacia ahora, cuando eres joven, nadie te criticará si fallas.

- No importa si me critican.

- Eso dices, pero luego terminas encerrándote en tu habitación para poder llorar en silencio.

El rostro del islandés se torno rojo, por vergüenza o ira o ambos. No apreciaba que su amigo con plumas ventilara sus momentos de debilidad donde alguien pudiera escucharlo.
- C-Callate. Pájaro molesto. No se porque te traje conmigo.

- Porque soy lindo y una gran compañía. -Se jactó con orgullo, Islandia bufo y se limitó a ignorarlo. El Sr. Puffin aprovechó el tiempo para mirar a su alrededor con una idea en mente.- ¿Por qué no intentas hablar con alguien? Mira, ese chico de allá, nos ha estado mirando un rato y parece tan aburrido como tu. -Una de sus alas se alzó en dirección a un rincón.- ¿Por qué no lo saludas?

Islandia miró en la dirección señalada. Su mirada se cruzó con la de un joven de aspecto asiático en un traje a medida, este no se apartó ni se estremeció al ser descubierto mirando.

- Huh..

Hong Kong lo pensó un poco, la nación que parecía tan joven como él y cuyo nombre aún le era desconocido no fue tímido al mantener su mirada. No parecía molesto, ni curioso, solo aburrido algo con lo que el hongkonés podría identificarse por completo. Decidió entonces agitar su mano libre en saludo y esperar.

El islandés no se molesto en forzar una sonrisa, pero le devolvió el gesto y eso pareció ser el final del intercambio. El otro joven puso su atención en la libreta en sus manos.

- ¿Satisfecho? -Le pregunto al frailecillo, quien solo suspiro con resignación.

- Supongo que es lo mejor que podré conseguir de ti por el momento.

Las naciones empezaron a revolotear en busca de asientos, la reunión estaba por dar inicio. Hong Kong siguió las indicaciones del inglés para sentarse a su lado y ocultó su sorpresa cuando eso terminó juntándolo hombro con hombro con la misteriosa joven nación. El joven no le presto atención, muy ocupado tratando de apartar las manos de quien se sentó en su otro extremo y el cual identificó como Noruega.

- León. -Llamó su atención Inglaterra quien se veía hastiado, probablemente por discutir con China.- Asegúrate de prestar atención y tomar notas. Si tienes alguna pregunta, guárdala para el final de la reunión.

El hongkonés asintió de acuerdo y colocó su libreta y pluma sobre la mesa, tenía planes de usarla para entretenerse.

- ¿Estás seguro que no quieres esperar afuera? -Cuestiono Noruega percatándose del estado de ánimo del islandés rápidamente.

- Ya estoy aquí, ¿no es así? -Masculló con resignación, inclinándose un poco en su asiento para ver a Dinamarca.- Además, Mikkel me molestara al respecto si lo hago.

El noruego lo miró con su habitual inexpresividad, lo que sea que estuvo pensando lo llevó a la acertada conclusión de “no presionar”.

- Si cambias de parecer, dímelo. -Dijo cediendo, acomodándose rectamente en su asiento.

La reunión dio inicio, con el anfitrión planteando el primer tema del cronograma, nada que llamara la atención del islandés, ni tampoco el hongkonés. Este último se encontró dibujando bocetos de las naciones presentes, sus habilidades de dibujo no eran nada que pudiera clasificarse como un talento pero sí lo suficientemente decente como para ser agradable.

Un pequeño ruido de sorpresa le advirtió a Hong Kong que tenía un espectador, miró de reojo que se trataba del joven sentado a su derecha quien rápidamente apartó la mirada y fingió estar ocupado, pero el color en sus mejillas delató que había visto su retrato a medio completar.

- ¿Problema? -Cuestionó en voz baja, llamándole la atención. Recibió un movimiento de cabeza negativo.- ¿Dibujas?

Islandia miró al joven y luego a su propio anotador que había estado llenando de palabras al azar y oraciones sin terminar. Volteo a una hoja nueva para dibujar a un pequeño y caricaturesco Sr. Puffin.

- Solo.. frailecillos. -Respondió enseñándole discretamente su dibujo.

- Genial. -Dijo sonando bastante monótono, pero el islandés estaba más que acostumbrado a ese tipo de respuesta debido a Noruega por lo que no se sintió ofendido. Hong Kong terminó de dibujar el retrato de Islandia y al lado agrego un frailecillo.- Hong Kong. -Se presentó mientras le enseñaba el dibujo.

- Islandia. -Respondió mirando por un momento su retrato, antes de apartarse y centrar su atención en su propio anotador. Ambos decidieron seguir dibujando en silencio.

En un momento de la reunión, Islandia sintió que Noruega se asomó por encima de su hombro para ver lo que hacía, no lo amonestó, ni trató de detenerlo por lo que continuó dibujando muchos, muchos frailecillos.

Inglaterra en cambio cuando noto que la reunión estaba cerca de finalizar, se volteo a ver a su protegido quien no se molestó en fingir que estaba tomando notas o prestando atención y solo continuó dibujando lo que parecía ser una parodia de la reunión con frailecillos y pandas en trajes reemplazando las naciones. Uno de los pandas tenía cejas exageradamente gruesas.

- León. -Soltó ciertamente irritado, pero se detuvo y suspiro.- Prepárate para irnos.

Hong Kong asintió y obedientemente comenzó a recoger sus pocas pertenencias.

Islandia se encontró esperando que Dinamarca y Noruega se despidieran adecuadamente, lo que seguramente tomaría unos minutos, a pesar de las amenazas veladas del noruego y la jocosas risas del danés no parecía que ninguno tuviera prisa alguna por separarse.

El islandés suspiro, abrazando solo un poco más apretado a su frailecillo, permitiéndoles tener “su momento” alejándose un poco y apartando la mirada. Noto que el joven, Hong Kong lo estaba mirando desde la distancia una vez más, por lo que esta vez él alzó una mano y dio un breve saludo. El hongkonés devolvió el gesto discretamente, antes de alejarse siguiendo el ejemplo del mismo Inglaterra. Islandia miró hacia la nada y se limitó a esperar.

Tal vez si supieran que sería la primera y última vez que se verían en un largo tiempo habrían intentado compartir más que unas pocas palabras, más que solo un vago saludo de cortesía pero por el momento los dos jóvenes sólo tenían un pensamiento en mente.

“Quiero ir a casa.”