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Help Yourself, Baby

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El calor es agradable junto a la leve brisa que corre, visitar el parque era una de las pocas cosas que hace con regularidad y es una buena forma de distraerse. Le gusta mirar a la gente en su ida y venida preguntándose qué clase de vida llevan y que cosas aprecian y aman, es un truco que Choso le enseño para cuando comienza a tener la cabeza en otro lado.

Yuji a veces tiene vagos recuerdos de su niñez, son pocos y los puede contar con la mano. Varían según el día y su estado de ánimo, algunas veces rememora el parque que visitaba con su abuelo cuando este salía de trabajar, otros son sobre cuando festejo su décimo cumpleaños con sus pocos amigos. En todo caso son buenos recuerdos y de los pocos que aprecia, pero a veces, a veces rememora esas tarde calurosa de verano.

Cuando eso sucede suele tardar mucho en volver a la normalidad, si tiene suerte Nanami o Choso estarán ahí, pero cuando no, tiene que lidiar el mismo con esos pensamientos.

Tomando lo que queda de su jugo se levanta del banco y camina con paso lento hacia su hogar, allí sus cuatro perros lo esperan con ansias y ladran dándole la bienvenida, Yuji se toma su tiempo y acaricia a cada uno de ellos con cariño. Todos fueron regalados por Nanamin cuando expreso su soledad mientras cenaban en la casa del mayor hace años, eran buena compañía y nunca dejaban de necesitar atención así que su mente no viajaba a otros lugares.

Terminando de preparar el alimento para sus perros se alista para ir al trabajo y se asegura que todo esté en orden, toma sus llaves y su sube a su bicicleta rumbo al geriátrico. El lugar no queda lejos y la mayoría de las veces tomaba el camino largo para comprar alguna que otra cosa que sabía los ancianos querían, como golosinas o libros. No niega que fuera un trabajo difícil, algunas veces los abuelos se ponían difíciles o estaban llegando a la etapa complicada de la vejes, pero amaba escuchar sus historias y solían ser buenos oyentes.

—¡Yuji, que bueno que llegas! La señora Ana estuvo preguntando por ti desde esta mañana y no quiere tomar su medicamento si no se lo das tu.

—¿Otra ves? Deja que me encargue, ¿Le avisas a Shoko que llegue?

Su compañera le da un pulgar en alto y se va por el pasillo izquierdo donde podría estar su superior. Cambiándose a su uniforme se dirige al cuarto número quince donde una Ana muy enojada lo estaba esperando, con su cabello atado en un intento de rodete lo mira sin pestañear varios segundos hasta que habla.

—¿Porque tardas tanto muchacho? Creí que no vendrías.

—Ya lo hablamos Ana, mi horario comienza a las ocho y no puedo venir antes —Ana ni siquiera le responde esperando comenzar su rutina diaria, sin esperar se acerca hasta la cama y de la bandeja que dejo su compañera toma los medicamento y el cazo con agua—. Comencemos bien el día ¿Sí?

Sin mirarlo toma los medicamentos de su palma y los mete a su boca aceptando luego el vaso. Ana era una de las ancianas más testaduras que conoce y le recuerda mucho a su abuelo, quizás por eso no le costó nada quererla como si fueran familiares, y aunque sabe que estaba mal hacer eso porque algún día Ana se ira no piensa mucho en eso. Desatando el desorganizado rodete peina el cabello canoso con cuidado en una trenza que sabe le gusta a la anciana.

Su turno trascurre con normalidad como la mayoría de las ocasiones, cuida de los ancianos más delicados y entretiene a los que aun podían caminar, da baños, ayuda con la limpieza y comen en el gran comedor escuchando la radio.

Antes de que su jornada laboral terminara Ana comienza a darla la chala nuevamente sobre su aparente soledad, la conoce de memoria y casi nunca cambia las palabras que usa. En un comienzo fue molesto tener que escucharla, pero luego de un tiempo acepto que la mujer mostraba genuina preocupación. No niega que no tiene una vida social muy activa aparte de trabajar, pero es que tampoco había mucho, compartía sus fines de semana con Nanamin y Choso haciendo actividades sociales como comer fuera o ir al cine, y a veces las hacia obligatoriamente.

Despidiéndose toma sus cosas y se cambia con lentitud en el baño, apenas se mira en el gran espejo que cuelga de la pared, trata de ignorar la gran cicatriz en su vientre y solo se concentra en ponerse lo que le falta de ropa. Sabe que tiene que hacer el intento, conocer a nueva gente y salir de su zona de confort, pero, aunque se lo proponga todas las mañanas y noches la verdad era que le era demasiado difícil. 

¿No era suficiente la gente que ya lo rodeaba? El sentía que sí, pero Nanamin no pensaba lo mismo, creía firmemente que necesitaba crear otros lazos afectivos y compartir experiencias con gente de su edad.

Cuando termina sale del edificio toma su bicicleta sin subirse a ella y camina todo el recorrido devuelta a su hogar admirando el cielo nocturno. Sus perros lo reciben animadamente y juega un buen rato con ellos hasta que se acerca la hora de la cena, no cocina mucho más que unas papas fritas y algo de carne, nada elaborado para un día normal. Después de limpiar la cocina y todo lo demás se toma una ducha rápida y se deja caer en la cama con sus perros. Choso le había enviado un par de mensajes preguntando por su día, responde a cada uno como lo hace usualmente y luego le escribe a Nanamin preguntando por la próxima película que podrían ir a ver.

Nanamin: “este fin de semana voy a estar ocupado, prometo compensártelo

No era raro que pasara este tipo de cosas, pero siente un poco decepcionado, no había podido ver mucho al hombre por todo el tema de trabajo y demás. Y no va a mentir, le gustaría depender menos de Nanami y Choso, pero es que se sentía demasiado cómodo con ellos y abrirse con otras personas no era algo que tuviera mucho en su mente.

Aburrido y un poco deprimido usa su celular tratando de matar el tiempo, y no está en sus planes dormir temprano un viernes, saltando de YouTube a Netflix no encuentra nada verdaderamente entretenido además video de comida callejera mexicana que logra llamar un poco su atención, pero mientras el video seguía reproduciéndose el sueño comienza a llegarle poco a poco. El cansancio del trabajo no le era extraño, pero usualmente era más resistente, quizás sea la sensación de soledad es siente últimamente, también podría ser por las fechas en las que esta, le gustaría no pensar en eso, pero es inevitable no recordar.

A la mañana cuando el sol comienza a salir sus perros ladran y rascan la puerta, perezosamente se levanta de la cama dando por iniciado su día sin mucho ánimo, una mala noche de sueño podían estropear lo que sería un fin de semana productivo.

Pasea a los perros por el vecindario escuchando su lista de reproducción favorita en un intento por mejorar su estado de ánimo, pero ni siquiera se siente lo suficientemente bien como para tararear alguna canción así que desconecta sus auriculares. Su paseo no dura más de lo necesario y vuelve a su hogar donde se prepara una taza de café y tostadas con mermelada. Encendiendo el televisor lo deja como sonido de fondo mientras limpia la sala de estar y comedor, no se considera una persona desorganizada o sucia, pero sus perros llenaban el lugar con su pelo y cada cierto tiempo necesitaba hacer una limpieza a fondo porque a cierta persona le causaban alergia. Mientras los minutos pasan y su limpieza se vuelve menos intensa mira el televisor para ver la hora, antes de llegar a los numero capta que los títulos están vibrando blanco sobre un rojo intenso, un aviso importante al parecer.

Muere la joven niña abusada de 11 años en labor de parto

La noticia da un breve resumen sobre el caso recordándole a la audiencia que la niña había pasado cinco meses sin ser vista por los vecinos hasta que una de las vecinas logro sacar a la niña a escondidas de su familia por la gran barriga que tenía para llevarla al hospital donde se descubriría que llevaba un embarazo de siete meses fruto de abusos por parte del abuelo materno. Se anuncia su muerte tras varios días de lucha por tratarse de un embarazo infantil de alto riesgo, el bebé tampoco logro sobrevivir por su prematuro nacimiento.

Yuji siente náuseas y calabrés, el calor en su cuerpo lo hace temblar y le comienza a faltar el aire. Cayendo de rodillas se abraza a sí mismo. Las lágrimas comienzan a rodar por su rostro de manera intensa y no puede evitar hipar de la desesperación.

La ventisca del verano no es tranquilizadora, el sol no da calor, sus piernas duelen, su estómago arde, dedos ásperos pasan por su espalda con ternura inquietante, trazan un camino que no se detiene hasta tocar todo de él, lugares que sabe nadie tenía que tocar. El dolor en su estómago crece y crece sin parar, pide por favor que pare, pero solo eran ellos dos y el abuelo hace mucho se había ido dejándolo completamente solo.

No hay nadie, está solo en la habitación vomitando todo lo que come, apenas tiene un par de juguetes y libros porque ya no puede salir, sus remeras favoritas comienzan a quedarle pequeñas por su barriga que crece, se siente extraño y luego de un tiempo le cuesta caminar.

Esta solo.

Sabe que lo que recibe en la oscuridad son besos, pero los besos no se tenían que ser desagradables y eso lo sabía por sus cuentos. Esas manos ásperas acarician el gran bulto que tiene en el estómago. Oye susurros, pero no los entiende.

No entiende nada.

Extraña a su abuelo.

—¡Yuji! —la voz de Choso se escucha junto a los gimoteos de sus perros, su mirada recorre todo. Esta en su hogar, está bien.

Pero la verdad es que no.   

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Choso a veces recuerda que Yuji tenía otro nombre y otra apariencia cuando se conocieron, ese Yuji de mirada decaída con ropa demasiado holgada y de cabello largo hace mucho se había ido, pero el dolor, el dolor sigue ahí.

Siempre fue un hermano mayor que cuido y amo a sus hermanitos, y desde que Yuji apareció en su vida no tardo en velar por el como si se tratase de Eso o Kechizu. Decir que fue fácil acercarse a el seria mentir, desde el día que llego al hogar se mantuvo callado durante meses sin hacer sonido alguno, no fue el primer niño abusado que conoció, pero se veía tan…Muerto, que causo terror entre los más pequeños del lugar. Hasta hoy en día cuando ve algunas fotos de esa época no puede evitar mirar al pequeño Yuji y recordar las noche cuando lloraba y despertaba a todo el mundo pidiendo luego perdón hasta que se quedaba dormido.

Encontrarlo tirado en el suelo teniendo una crisis nerviosa solo lo hacía recordar más esas noches.

A Choso le gustaría proteger a Yuji de todo, porque se merecía una vida feliz, algo mejor a lo que tuvo, pero no es un héroe.

Y nadie lo era.

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Son varios días los que pasan hasta que puede volver a algo de su vieja rutina como pasear a sus perros y cocinar. Choso y Nanami habían sido reacios a que fuera a trabajar al día siguiente así que tomo una licencia temporal. La verdad es que no quería quedarse en la casa todo el día y no tenía algún otro lugar al que ir que no fuera el trabajo, al menos ahí tenía un uso y gente con la cual cuidar.

Así que lo que antes era quedarse unos minutos en el parque se vuelven horas.

Sus tardes son tranquilas y su único impedimento para ir sería un día lluvioso, pero en plena estación veraniega era muy raro que pasara. Aquel día en particular era hermoso a su manera con el cielo algo nublado y la brisa del viento, con sus perros acostados a su alrededor, música a buen volumen y un libro con una historia algo regocijante, puede decir ciertamente que siente algo de paz.

Aunque muy en el fondo sabe que sigue evitando muchas cosas, doce años no es poco o mucho tiempo dependiendo del día, a veces ni siquiera sabe cuánto ha pasado y tiene que hacer cuentas. Es ciertamente raro el cómo puede pasar días o meses sin pensar en su abuso hasta que la cosa más mínima lo hace recordar y pierde el poco equilibrio que logro construir, una forma extraña de vivir.

Cuando el sol se oculta y la noche llega tomando las correas de sus perros da un par de vueltas más por el parque hasta que decide que es tiempo de ir a casa. Pasa por un par de negocios y compra frutas para hacer ensalada, la mayoría de la gente de la zona lo conoce y no duda en saludarlo a él y sus perros de forma amable, un motivo más para sonreír. Cuando entra en su hogar huele el delicioso aroma a comida recién hecha y sabe quién la está preparando. Nanami se encuentra usando uno de los delantales que compro específicamente para cuando el mayor era el encargado de cocinar.

—¡Nanamin!

—Hola Yuji.

—¡Viniste, y estas preparando comida!

—pude adelantar algunas cosas en el trabajo y decidí pasar a verte.

—¡Eso es bueno!

Le gusta cuando Nanami está en el hogar, le gusta escucharlo hablar, aunque fueran mayormente quejas sobre el trabajo y cosas de la vida adulta, amaba el sentimiento que transmitía él y Choso.

Eran…como una pequeña familia y tener esa idea le gustaba.

Cenan y conversan un poco, sobre todo, clima, trabajo o gente. A Yuji no le importa quedarse horas escuchando al otro hablar, es regocijante. Su costumbre de lavar y secar los platos juntos es una de sus cosas favoritas que habían creado entre ellos, trabajo eficiente y rápido acompañado con música del radio, fueron detalles pequeños que hasta el día de hoy apreciaba.

Discretamente el mayor cuela el tema de volver a tomar terapia, pero se niega a la primera, su experiencias no fueron las mejores y demasiada gente que se suponía estaba preparada para tratar con el juzgo sus decisiones sobre su apariencia y cuerpo. No podrá soportar volver a escuchar ese tipo de acusaciones nuevamente. Nanami alega que esta persona es diferente a las demás y que no será igual que las veces anteriores, duda durante varios segundos hasta que ve esa mirada que pocas veces da Nanami, una súplica o una promesa muy íntima, del modo en que la tome no importa porque acepta intentarlo.

Pero solo haría eso, intentar. En el momento en que las cosas se parecieran mínimamente a sus anteriores sesiones se ira del lugar. La cita queda agendada para el lunes por la mañana, Choso lo llevaría hasta allí y luego lo pasaría a buscar a menos que mandara un mensaje pidiendo que lo recogiera antes de tiempo.

Cuando entra al edifico el lugar se ve pulcramente limpio pintado con colores agradables y dibujos que eran obra de niños en distintas edades, se siente muy ameno y no da la sensación a correccional, le gusta.

Tras varios segundos sentado en la sala de espera la puerta frete suya se abre y un hombre moreno aparece detrás de ella.

—¿Itadori Yuji?

—¡Si!

—Pasa por favor.

Cuando ambos toman asiento el hombre se presenta como Masamichi Yaga y comienza con preguntas rutinarias sobre él y sobre su tormento, no toca el tema del abuso o su cambio de género, cosa que agradece, pero pregunta por sus relaciones y gente cercana, la cosa es que solo puede nombrar a tres personas y por la expresión que pone el hombre no parece muy contento con su respuesta. La sesión termina con una taza de té y una corta charla sobre la importancia de crear nuevos lazos.

El tipo no le dice nada nuevo que Nanami o Choso no hayan dicho, pero se sintió como una buena forma de descargar ciertas cosas tenía guardadas, inseguridades por su muy evidente dependencia de ambos hombres y su nula capacidad para olvidar ciertas cosas.

 —Yuji, tienes que aprender que ciertas cosas no pueden ser olvidadas y el tener que aprender a vivir con ellas.

El doloroso tener que aceptar que siempre tendrá esos recuerdos, y no cuesta mucho sentir las lágrimas por sus rostro, pero frente a sus ojos le es ofrecido un pañuelo y quizás sea demasiada amabilidad porque termina por romperse. Yaga solo se acerca hasta él y pregunta si está bien que lo toque, el asiente de manera rápida y recibe palmadas que solo lo hacen llorar más. Choso lo recoge un rato después abrazándolo por los hombros. Y pese a todo es la primera vez que se siente bien desde hace semanas.

Saliendo del lugar se cruzan con un hombre de cabello blanco con gafas de sol negras, él les sonríe durante unos segundos y luego sigue con su camino hacia la puerta de Yaga.

Sus siguientes sesiones son mejores, comienza a soltarse de manera lenta sobre ciertas cosas o recuerdos, hasta que llega a un punto que nunca ha tocado. Cuesta poner en palabras los días que paso en el hospital siendo atormentado por algunas enfermeras para que viera al bebe. Como el niño había nacido prematuramente ambos estuvieron en relativa cercanía por exigencia del doctor hasta que apareció Nanami y fue trasladado a otro lugar.

Recuerda que algunos años después varios de sus terapeutas lo juzgaron por la decisión de darlo en adopción sin haber intentado ser madre, las arcadas en su garganta lo hacen querer vomitar, pero necesitaba sacarlo todo, la culpa que le hicieron sentir y lo cerca que estuvo de cometer suicido en varias ocasiones, de cómo Nanami nunca se apartó de él luego de conocerlo y de cómo Choso siempre terminaba consolándolo, su miedo al contacto físico a los desconocidos y lo difícil que le era entablar nuevas relaciones

Yaga lo escucha con atención y nunca lo interrumpe, no pregunta a menos que el diera algún indicio de que lo quisiera y no lo incita a hablar más de lo que pudiera.

Entonces de algún modo las cosas comienzan a sentirse bien. No es perfecto, pero nada lo era verdaderamente.

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Para Kento su trabajo como doctor siempre fue algo que estuvo destinado, como su familia tenia un legado de producir médicos exitoso era normal que todos esperaran que estuviera a la altura. Hizo la carrera en el tiempo estipulado recibiéndose con honores, fue elogiado y admirado por sus pares por su buen trabajo, pero temido por su carácter duro.

Vivió varios años así, siguiendo estrictas reglas sobre como tratar a los pacientes sin involucrarse sentimentalmente con alguno, vio morir gente en las camas y nacer bebes, estuvo en la mayoría de áreas en la que fue requerido, pero nunca trato un caso como el de Yuji. Abuso infantil con consecuencias de embarazo de alto riesgo, apenas era un niño de once años cuando tuvo que asistir a ayudar con la cesaría. Trata de no recordar cómo se veía en ese tiempo con esa gran barriga.

Yuji no fue su paciente y ni siquiera estaba asignado a esa área, pero los susurros atraviesan las paredes y escuchar a varias enfermeras hablar sobre como el niño no quería acercarse al bebe y lo mala “madre” que estaba siendo, quizás esa fue una de las pocas veces que alzo la voz para callar a alguien.

Tuvo peleas y discusiones con los doctores y demás personal que pensaba buena idea obligar a un niño a hacer cosas que no quería. Tomando el asunto entre manos y hablando con influencias que nunca creyó usar se ocupó de que Yuji fuera trasladado a otro hospital.

Con el paso del tiempo descubrió que el niño terminaría yendo a una casa hogar, donativos no faltaron y visitas tampoco. Tardo casi dos años para que Yuji y el pudieran intercambiar palabras y mucho mas tiempo para que el niño dejara de tratarlo de manera formal como el señor Nanami. El crecimiento de Yuji vino con muchos cambios y acepto cada uno de ellos como si estuviera criando a el hijo que nunca tuvo.

Todavía no sabe como agradecerle a Yaga adecuadamente por sanar un poco el dolor de Yuji, es una deuda que siente nunca podrá pagar.

Sin embargo, cuando comenzó a escuchar a Yuji hablar animadamente sobre un hombre llamado Gojo con mucho cariño la cosa le pico un poco, pero se veía feliz, entonces solo puede aconsejar, guiar y vigilar desde lejos como todo padre protector, Choso era otro caso e informaba de manera casi policial todo avance entre Yuji y su nuevo “amigo”, y quizás tendría que sentirse un poco mal por agradecer que lo hiciera, pero realmente no lo hace.

Es raro que la felicidad llegue tan tarde en la vida, pero quizás lo importante es que llegue aun tras mucho tiempo.

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Las cosas con Satoru son sencillas, comienzan con charlas en la sala de espera, caminatas por el parque o invitaciones a tomar café. El albino no tiene problemas en contarle los motivos por los cuales necesita las sesiones terapéuticas con Yaga. Tras un accidente automovilístico donde perdió a su mejor amigo Geto paso por distintas personas hasta que logro encontrar a alguien que tratase verdaderamente su dolor.

La verdad es que Satoru nunca pregunta el motivo por el cual va con Yaga, la pregunta todavía esta ahí, pero no lo fuerza a contestar. Entonces la confianza crece y las inseguridades ya no son tantas, el miedo es algo que va desapareciendo y Satoru ocupa un lugar junto a Nanami y Choso. Sus perros lo aman y esperan su visita, que cada vez se fue volviendo más normal de recibir, y luego de varios meses mientras ambos comparten una noche de películas en el sillón de la sala de estar cree que es el momento de hablar.

—tenia diez años cuando abuzaron de mí, sucedió luego de la muerte de mi abuelo que pase a estar bajo custodia de un tío que nunca había visto, pase meses encerrado en un pequeño cuarto hasta que la policía me encontró, para ese tiempo llevaba unos siete meses de embarazo, yo…sufrí mucho en el hospital, si no era suficiente con que tu tío te violara también tuve que soportar escuchar hablar a las enfermeras y doctores sobre la poca atención que le estaba dando al…bebe.

—Yuji no-

—Le debo mucho a Nanami y Choso, desde que aparecieron no me dejaron nunca solo, ni siquiera cuando comencé mi transición exigieron respuesta o cuestionaron mi decisión, entonces, yo quería contarte esto porque…No quería ocultarte nada y creo…que eres especial para mí.

Cuando su mano es tomada y acariciada con tal delicadeza y es visto con ojos que muestran demasiado cariño llora con facilidad.

Es algo pequeño, tan pequeño pero que significa mucho para él.