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Dulcemente Incorrecto

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—Kita, ¿Puedes llevarle la tarea a Ojiro durante un tiempo? Sus padres avisaron que no podrá venir por varios días.

Asintió tomando la tarea y guardándola en su bolso junto a la suya, despidiéndose del profesor salió del salón y camino por los pacillos hasta la salida. La mayoría de sus compañeros ya se habían ido mientras el terminaba sus deberes como encargado y ayudante de varios profesores. Era casi normal que saliera tan tarde.

Con el sol a su espalda recorre el camino que conoce perfectamente, el hogar Ojiro no estaba tan lejos del suyo y muchas veces se encontró siendo acompañado por Aran cuando se daba la oportunidad. Pensándolo bien y haciendo cálculos ya estaban en esas fechas y no era raro que fuera el único al cual los profesores confiaban la tarea de mantener a su amigo al día con las clases, al ser un alfa sin olfato los celos de sus compañeros omegas eran inadvertidos para él y hasta cierto punto agradecía haber nacido defectuoso ya que no era afectado por las feromonas de los demás y podía mantener su humor bajo control a diferencia de los otros alfas del curso.

Durante bastante tiempo sus padres y abuela creyeron que era un beta como todos en su familia, pero luego de someterse a un examen resulto que era un alfa con problemas olfativos, no era algo que tuviera solución así que solamente lo aceptaron sin más, y aunque muchas veces su madre se sentaba y lo miraba con ojos tristes. La verdad es que prefería que las cosas fueran así, ser alfa traía más problemas que beneficios a sus ojos.

Llegando a la casa toca la puerta y tras segundos es atendido por la señora Ojiro que lo recibe con una sonrisa en sus labios.

—¡Shinsuke, que gusto verte! ¿Vienes a traerle la tarea a Aran?

—Si señora Ojiro.

—Ya te dije que podías llamarme solo Paula —la mujer lo hace pasar a la casa cerrando luego— Aran esta arriba, está preparándose para estos días.

Luego de terminar su corta charla sube las escalera y se detiene frente a la habitación de su amigo, llamando a la puerta que se encontraba cerrada espera hasta que Aran la abre, sus mejillas están un poco rojas y se nota el cansancio.

Aran no era el estereotipo de omega que vendían los medios, era mal alto que la mayoría, con músculos trabajados por el deporte que practicaba con esmero y personalidad atractiva, cualquier que no lo supiera pensaría que era un alfa de pies a cabeza. Y sí que tuvo esa primera impresión cuando lo conoció, pero un tiempo después de volverse cercanos salió a la luz su género secundario, tampoco era el ideal de belleza que la mayoría esperaría, sus rasgos eran pronunciados y duros con sus grandes labios, nariz ancha y cejas gruesas, él lo encuentra bonito de todas forma.

—¡Shinsuke, hola!

—Hola Aran, vine a traerte la tarea —abriendo su bolso busca el pequeño cuadernillo de hojas hasta que da con él, Aran lo toma y lo mira con una sonrisa en sus labios.

—Gracias, creí poder ir hoy, pero mi celo se adelantó un poco.

—¿Te sientes bien?

—algo mareado, pero bien.

—Oh —da una breve mirada a la habitación dándose cuenta que Aran ya se encontraba preparando su nido antes de que el llegara— ¿Te interrumpí? —pregunta apuntando a la gran cantidad de ropa en una de las esquinas.

—¿Eso? No, ya casi terminaba solo estaba buscando más cosas.

—¿Quieres que te deje algo? —tiene la necesidad de hacer la pregunta aun sabiendo la respuesta, puede ver como Aran traga con rapidez y el color sube más a sus mejillas, es lindo.

—C-claro, ¿Porque no? —dejando su bolso en suelo se saca su suéter, regalo de su abuela, ofreciéndoselo —¿Vas a estar bien sin él? — Aran lo toma llevándolo a su pecho y apretándolo un poco contra él, Shinsuke ni siquiera sabe qué tipo de olor desprende o siquiera tiene olor.

—Afuera no hace tanto frio —no es una mentira verdaderamente, pero seguro que cuando este llegando a su hogar lo sentirá.

—Gracias —ah, otra vez le da esa sonrisa y siente que podría ahogarse allí mismo.

—Si, tengo que irme, avísame cualquier cosa que necesites.  

—Deja que te acompañe a la puerta.

Ambos bajan por las escaleras, la señora Ojiro no se ve por ningún lado y parecen ser los únicos en el hogar. Aran todavía tiene entre sus manos su suéter y eso hace latir su corazón muy emocionado, no es la primera vez que le deja algo, comenzaron a hacer eso en su segundo año, pero no lo hace sentir menos especial sabiendo que Aran antes solo usaba la ropa de su familia para crear sus nidos. No conocía el modo de cortejo tradicional porque su familia estaba compuesta de betas en su mayoría y no había a quien pedirle explicación sin que comenzara a preguntar, así que se tuvo que guiar por libros y viejas novelas para intentar algo parecido. Aran se merecía un cortejo bien hecho.

Estando en la puerta se despiden apenas dando algunos pasos cuando voltea para ver a Aran todavía allí mirándolo. Su corazón volvió a dar un vuelco haciéndolo sonrojar. Apresura un poco el paso con un revoltijo de pensamientos sobre Aran.

Luego de varias cuadras llega a su hogar siendo recibido por su abuela en la entrada que lo mira de pies a cabeza y pregunta por su suéter y el responde con la verdad, ve la felicidad y emoción en sus ojos, las palabras no son necesarias entre ellos. Mas tarde ella cocina su favorito y el brillo en sus ojos no desaparece. Entrada la noche cuando esta recostado en su cama leyendo un libro su celular suena, revisándolo ve que se trataba de un mensaje de Aran.

Gracias por traerme la tarea y dejarme tu suéter, prometo compensártelo”  

Suspira de pensar en que podría ser.

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Una semana después Aran vuelve a reincorporarse en las clases con normalidad, cuando almuerzan juntos es sorprendido recibiendo un postre de su parte del que nunca había escuchado, su amigo explica animadamente que era algo que su madre le enseño a preparar hace poco, arroz con leche, el mismo nombre indicaba de lo que estaba hecho. Su sabor era dulce y no tardaba en deshacerse en su paladar. Era la primera vez que probaba algo hecho por su amigo porque la mayoría de las veces llevaba comida de tiendas, la señora Ojiro era enfermera y no tenía tanto tiempo en preparar los almuerzos de Aran y su hermano menor, de su padre sabia poco y parecía preferir no tocar el tema.

Pese a conocerse desde hace tres años eran contadas las veces que visitaron la casa del otro aparte de las ocasiones donde se ocupada de llevarle los deberes de Aran durante su celo y en su mayoría era atendido por la señora Ojiro. Aun así, eran cercanos y aprovechaban los recesos y días libres para salir juntos, a veces acompañado por el hermano menor de Aran, David. Estando ya ambos en su tercer año comenzaban las dudas y preguntas sobre el futuro que querían, Aran iría por un profesorado de educación física y él se encargaría del cultivo de arroz familiar, aunque para eso faltaban tiempo.

Cuando la campana de salida suena recoge sus cosas con tranquilidad, hoy no era necesitado por ningún profesor y estaba exento de tarea así que podía darse el gusto de caminar junto Aran, buscándolo con una mirada rápida lo ve hablando con Akagi. Levantándose de su asiento con su bolso en mano se dirige allí, apenas Aran lo ve sonríe y él hace lo mismo despidiéndose de Akagi. Caminando hacia la salida conversan sobre los próximos exámenes que estaban cerca, el tenía notas perfecta y Aran no estaba tan lejos de el así que no es tanto una preocupación si no más un recordatoria de estudiar lo debido. El camino siempre es más largo cuando eran solo ellos dos.

Ahí una película de nombre Tenet que Aran quiere ir a ver así que quedan para el próximo fin de semana, escucha a su amigo emocionado hablar de ella como si la estuviera esperando por meses y no cree que este muy equivocado.

Cuando el día llega la lluvia los sorprende, pero no evito que fueran al cine, algo mojados, pero en el cine al final de cuentas. La gente de los demás asientos a veces los mira con curiosidad como si estuvieran haciendo algo extraño, imagina el motivo, pero no piensa más a fondo, la están pasando bien y no quiere arruinar la salida por escuchar susurros desagradables. La película es un poco extraña y no termina por entenderla completamente, sin embargo, Aran sale hablando maravillas de ella y de lo buen director que era Nolan, Shinsuke solo lo conoce por Batman.

Se detiene en una cafetería y aprovechan la calefacción del lugar para calentarse, mientras esperan su orden Aran trata de explicar los sucesos de la película como si de un analista se tratase y él lo escucha con mucho cariño. Ambos están sentados uno alado del otro saboreando la tarta de fresas con chocolate gustosamente hasta que Aran lleva su brazo por encima de su hombro acercándolo a él, se siente un poco confundido al principio hasta que levanta un poco su rostro y lo mira, las mejillas de Aran están teñidas de rojo y se escucha su respiración un poco agitada, se asusta del cambio tan drástico, pero Aran sigue manteniendo su sonrisa susurrando algo por lo bajo

—Creo…Creo que estoy… Teniendo mi celo otra vez.

Shinsuke ni siquiera lo piensa mucho cuando cubre a Aran con su abrigo dejando el dinero sobre la mesa y saliendo de allí tomados de las manos, esperar un taxi es un suplicio y la lluvia no da tregua, refugiándose bajo el techo de una tienda piensa detenidamente en la situación, Aran había tenido su celo la semana pasada y sabía que específicamente el de Aran duraba muy poco, ¿Quizás un falso celo? Eso no importa mucho ahora, esta más preocupado por llevarlo a su hogar antes de que las cosas empeoraran. La suerte parece estar un poco de su lado cuando un taxi se detiene en la acera, cuando ambos suben el conductor los mira por el retrovisor con evidente preocupación en su mirada. Da la dirección de la casa y se asegura del estado de Aran en cada momento, el conductor maneja con rapidez y no tardan nada en llegar, terminando de pagar bajan del auto y entrar en la casa Ojiro sin ser recibidos por nadie y eso lo inquieta un poco. Nunca lidio con el celo de nadie y esto estaba fuera de cualquier preparación previa.

Subiendo las escaleras entran en el cuarto de Aran donde este se apresura en buscar ropa en su armario, arma un nido muy improvisado con lo poco que tiene a mano, Shinsuke no sabe qué hacer y siente que no será agradable para Aran que estén en el mismo cuarto, el celo es algo tan íntimo y personal.

—Yo estaré abajo para cualquier cosa que necesites.

El rostro de Aran muestra sorpresa al escucharlo, pero luego se ve tan inseguro y camina muy lento hacia él.

—¿Podrías quedarte? No tienes que hacer nada, solo…Hacerme compañía —se ve tan nervioso y el sonrojo en su rostro se extiende a su cuello y orejas.

Ni siquiera responde y deja que el otro lo tome de la mano y lo guíe al nido. No es muy cómodo y se nota que fue de improviso, acomoda un poco la ropa y sabanas mientras Aran sigue juntando más ropa. Cuando terminan ambos se encuentra recostados contra la pared con los muslos rozándose, Shinsuke sin palabras ofrece su cuerpo como si de una almohada se tratase y Aran no duda en rodearlo con sus brazos, es casi asfixiante y más cuando el otro lleva su nariz a la glándula olfativa en su nuca y aspira su aroma, se pregunta qué tipo de olor debe tener para que Aran no se aparte ni un segundo de allí.

Los minutos pasan volando con ellos dos acurrucados en el nido, Aran no se aparta demasiado y alguna que otra vez suelta un gemido y que lo temblar y suspirar, sus manos acarician delicadamente los brazos que lo rodean y susurra palabras tranquilizadoras que ha aprendido de las novelas que leía. Cuando los muslos de Aran comienzan a frotarse en los suyos sabe que las cosas subirían de tono, no tarda en sentir la erección restregarse contra el de manera lenta hasta volverse algo rápido, el mismo comienza a ponerse duro, pero no mueve ni un dedo hacia su erección y solo sigue soltando palabras dulces. Los gemidos se vuelven más fuertes y estridentes al igual que las envestidas que recibe su muslo en movimientos erráticos e inconsistentes hasta que uno es muy fuerte en particular y lo escucha gemir su nombre.

La corrida de Aran traspasa un poco sus pantalones y llega a mojarlo, debajo de ellos una gran mancha se expande y supone que es el lubricante natural.

Se siente avergonzado de correrse solo escuchando a Aran.

Ambos respiran erráticamente por lo que parecen años hasta que Aran se aparta un poco, su mirada está perdida y esta empapado en sudor.

—Kita y-yo l-lo lamento.

Shinsuke se pregunta porque tendría que estar enojado por algo tan natural como el celo, en todo caso se sentía algo contento por ser capaz cuidarlo estando allí sin tener que sufrir los efectos de las feromonas omegas.

Mirando a Aran a los ojos lo toma por el mentón y besa su mejilla por segundos infinitos, necesita tranquilizarlo y hacerlo entender que todo estaba bien. Lo acaricia tanto como puede y repite dulces palabras.

—lo estás haciendo tan bien, deja que te cuide —…—. Puedes tocarme tanto como quieras— nunca ha sido una persona con poca confianza, pero esto era otro tipo de situación muy diferente. 

Luego de algunas horas Aran cae dormido en sus muslos vistiendo una remera y bóxer deshaciéndose de los sus pantalones después de correrse por segunda vez, el por su parte no se había movido mucho y solo se despojó de el buzo que traía puesto, ambos están pegajoso y por las horas que aparentan ser en cualquier momento podría llegar la familia de Aran. Cuidadosamente lo despierta viendo todavía en sus ojos confusión, tarda minutos en despabilarse completamente, con susurros lo guía hacia el baño cubriéndolo con una sábana por los hombros, estando allí se ocupa de abrir la regadera y dejar todo preparado y a mano. Saliendo y cerrando la puerta para darle su intimidad se dirige a la habitación y abre las ventanas para airearla un poco, duda un poco si deshacer el nido, pero dándole una rápida mirada decide que es lo mejor.

Dejando todo en un orden espera a Aran sentado a un costado de la cama, este entra varios minutos después en la habitación vestido completamente y con una toalla colgando en sus hombros, su rostro sigue algo rojo.

—¿Te sientes mejor? —pregunta el.

—Algo así…Fue un falso celo— Shinsuke recuerda las clases sobre educación sexual y de género, los celos falsos no eran ni tan raros ni tan comunes, podría sucederle a cualquier omega que viviera bajo estrés constante en un intento de atraer a un alfa capaz de calmarlo.

—Está bien si no quieres hablar.

—Siento que te debo una respuesta.

—No le debes nada a nadie y menos a mí, lo hice porque eres importante en mi vida.

Lo había dicho, ni siquiera dudo en aquel momento, pero es que no dijo alguna mentira, Aran era importante para él, lo amaba más allá del hecho de ser un omega y que fueran biológicamente compatibles, significaba mucho más que eso, era amor, estaba completamente enamora de Aran desde que comenzaron a compartir almuerzos, tareas y recesos, desde que vio esa sonrisa en esos labios.

Levantándose de su lugar se acerca a Aran extendiendo su mano, acaricia su rostro y ve como el rojo vuelve a subir a esas mejillas negras, quiere besarlo, pero no es el momento, prefiere hacerlo cuando ambos estén más lúcidos.

—No le agradas a mi padre —así que era eso, piensa—, no te ve como un buen alfa para mí, dice que no tienes el porte, la altura o el carácter, además…Se enteró lo de tu olfato hace poco y…las cosas se pusieron peores —Aran da un largo suspiro y lo mira con puro cariño, pero también tristeza.

—Perdona mis palabras, pero no me importa lo que opine tu padre o los demás, sin embargo, entiendo si quieres dejar de sufrir solo por mi cercanía hacia ti.

—¡No quiero eso! ¡Me gustas, y mucho! —ahí está, siente que podría morir con solo escuchar esas palabras— ¡Quiero estar contigo sin que la gente hable sobre mi apariencia y o la tuya!

Todo es tan triste, Shinsuke sabe cómo los miran, los susurros que escucha sobre lo raros que son, lo poco que encajan en los estándares, pero no es algo que puedan cambiar, tendrán que vivir con ello el resto de sus vidas y afrontar los prejuicios que vengan.

No quiere tanto en esta vida, será feliz de vivirla a su modo con la persona que ama a su lado y eso es lo que cree es lo correcto. Eso es lo que quiere.

—Los prejuicio siempre estarán sobre nosotros, pero…Le damos la importancia que queremos, y a mí no me importa nada lo que la gente piense u opine.

Aran lo rodea con sus brazos y comienza a llorar, el también llora, pero no pueden cambiar nada, solo están el uno para el otro, eso es todo.

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—Mi olor es parecido al arroz con leche.

—¿Enserio? —es una verdadera sorpresa

—Si.

—Entonces eres demasiado dulce para mi paladar, muy empalagoso.

—¡Shinsuke! —Aran lo golpea con el codo y aun así sigue riéndose— Tu en cambio…hueles a campo…o pasto cortado.

—Que halagador, ¿Entonces esas veces que preparabas arroz con leche en la preparatoria estabas tratando de dar a entender tu olor?

—Algo así…

Shinsuke se recuesta más en el pecho de su marido y suspira, Aran era muy dulce tanto como los postres que hace los fines de semana.