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Lo que no siento por ti

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Damian Desmond nunca ha tenido razones para sentir celos, por lo menos no que él admitiese. Aparte de ser el segundo hijo de Donovan Desmond, presidente del Partido de Unidad Nacional, Damian era alguien excepcional en todos los sentidos. Sus logros académicos eran su orgullo y el de Eden. Con galardones intelectuales y deportivos que favorecían su apariencia ante los medios y los prestigiosos círculos sociales de Ostania. Y como no, no podíamos dejar de lado que él era un partido único, no había señorita que no soñara con tomarse de la mano con un joven gallardo como él. En pocas palabras, quién más perfecto que el castaño. A sus ojos no existía alguien que lograse superarlo.

 

Él siempre ha tenido esa idea de si mismo desde muy joven, pero en realidad el universo no pensaba de la misma manera. Damian no era perfecto en lo absoluto, aún seguía siendo un muchacho muy orgulloso, tal vez no tan pedante como lo fue de niño, pero no era precisamente un misterio que su manejo de las emociones podría mejorar en muchos aspectos. No es que en los últimos 11 años no haya madurado, claro que lo había hecho, solo que en el fondo su esencia snob sigue bastante presente.

Incluso con el paso de los años seguía siendo una proeza expresar y aceptar sus sentimientos con sinceridad, y no es sorpresa para nadie que en más de una ocasión este haya llegado a ocultar secretos a su familia y amigos. Ser un joven con talento no evita procesos como la adolescencia y todos los dramas emocionales que lleva consigo. Especialmente el amor, algo que representaba el mayor reto para el joven Desmond.

Entre los planes que tenía a futuro estaba el de conocer a una señorita que lo igualase en los mismos aspectos. Recatada y educada en varios campos, una dama con los modales equivalentes a los de una reina, una mujer fuerte, capaz de seguirle el paso a lo largo de su vida y que representase con orgullo el apellido Desmond. Pero por mucho que uno planee su futuro y las decisiones que tomemos, no es posible predecirlo todo. Un ejemplo de eso es Anya Folger y todo lo que aquella chica de cabellos rosados es para Damian.

 

Por mucho que Damian lo negase, él estaba perdidamente enamorado de la joven Folger. Era difícil, para él, describir cómo y cuándo empezó a sentir esa mortífera atracción por Anya. Tampoco era algo de lo que se sentía orgulloso ya que por mucho que se mintiera a sí mismo, él era consciente de la magnitud de sus sentimientos. Si, llegada una situación de vida o muerte, lo pusieran a escoger entre Anya o haber cumplido todo aquello que se ha propuesto hacer desde joven, pero no volver a verla en su vida, él no dudaría en escoger a Anya por sobre todas las cosas. Tal vez escaparían juntos de la sociedad en la que viven para irse a una cabaña en el bosque donde la compañía del otro sea suficiente para el resto de sus vidas. Incluso se planteaba la idea de formar una familia juntos, una donde sus hijos heredarían el fantasioso cabello de su madre y los ojos suyos, donde ella les contaría historias de espías y organizaciones secretas y él estaría al lado de ellos para darles un beso antes de dormir.

 

Sonaba hermoso, no solo la idea de la cabaña, sino todos los escenarios ficticios que creó para su diario deleite. No faltaba un día en el que su mente volara y se perdiese en tales sueños idílicos. Sin embargo, solo eran eso, sueños. Aún tenía 17 años, su experiencia en el mundo no era nada comparado con otros. Independientemente de que tanto suspirase por el amor de Anya, él debía continuar sus estudios, sus metas, todo por lo que ha estado trabajando estos últimos años. Podría sonar algo deprimente, pero no pensaba en declarar sus sentimientos en ningún momento. Damian no era un completo idiota, él tenía una misión que cumplir, y por mucho que le doliese en el alma, su adoración por la joven Folger jamás sería parte de su realidad. ¿Así que por qué molestarse en expresar lo que sentía? Lo más sensato era enterrar su amor y aceptar que este solo viviría en su imaginación.

 

Pero aunque él se rehusase a declarar su amor, muy egoístamente, tampoco iba a dejar que otros lo hicieran. Mucho menos aquel rubio de mala muerte que venía siguiendo a Anya desde el regreso a clases. Es cierto que la Academia Eden tenía una larga historia como uno de los mejores centros educativos de Ostania, pero eso no impedía que ratas embusteras no fuesen parte de la vida estudiantil. Para Damian la mayor rata era Alejandro Emerald, uno de los “selectos estudiantes de intercambio” e hijo de un simple minero, bueno, el hijo del dueño de tres de las minas de piedras preciosas más importantes de Occidente. Pero no importa que tantas piedritas tuviese su familia, eso no quitaba el hecho de que él fuese un dolor en el trasero para el joven Desmond. Ya sea por las posturas políticas de su familia o que estuviese insinuandose a Anya desde su llegada a Eden.

Damian estaba mordiendo sus uñas con vehemencia, llegando a sacarle sangre en un punto. Puede que la ardiente rabia que azotaba su ser evitasen que notara el dolor, era imposible apartar su mirada de la escena. Afortunadamente no estaban en clase donde Emile o Ewen pudieran detenerlo, o incluso Becky pudiese burlarse de él. Apenas había iniciado el receso Alejandro se abalanzó sobre Anya cual parásito. No entendía por qué, pero desde que el rubio se presentó por primera vez, este se vio atraído inmediatamente por la pelirosa. Y así llevaba actuando desde hace 2 meses, 13 días, 6 horas y 45 minutos, aunque tampoco es que Damian estuviera contando los segundos.

No lo soportaba, verlos tan pegados y alegres, como si se conocieran de toda la vida. Ver a Anya sonreír de las pésimas bromas de Alejandro o que en más de una ocasión sus manos se rozaban con descaro frente al castaño. Se estaba volviendo loco, y algo distraído, pues no notó a los tres individuos que menos necesitaba ver en ese momento.

Ewen y Emile no eran los lápices más afilados de la lapicera, mas no eran ciegos como para no notar los sentimientos de su amigo por la pelirosa. En realidad, no tardaron mucho en descubrirlo, vivían juntos en los dormitorios de Eden. Por parte de Becky solo necesitó una horrible realización para conectar los puntos y darse cuenta, muy a su pesar, que Anya era el objeto de adoración de Damian. Así que los tres muchachos hicieron una alianza temporal para evitar cualquier desastre que cualquiera de sus amigos pudiese causar. Entre ellos estaba un homicidio de tercer grado, tal vez de primero si le daban tiempo.

Así que ahí encontrabas a los tres mosqueteros, viendo con desaprobación y decepción a un Damian espiando detrás de una pared a lo que vendría ser el chisme del momento: La “relación” entre el hijo de un magnate minero, Alejandro Emerald y la hija de un psicólogo, Anya Forger. En realidad Becky sentía cierta satisfacción por ver a Damian sufrir, pero una pizca de piedad se hacía presente cuando se trataba del amor, aunque estuviese relacionado a un Desmond. Por ello fue la primera en actuar… Mandando a Ewen a llamar a Damian.

El rubio intentó acercarse con sigilo, tratando de no dirigir la ira de su amigo hacía él por un mal movimiento. Cual domador de animales salvajes logró llegar cerca de su espalda, inclusive aguantando su respiración, porque cada paso que daba podría dirigirse en su contra si no era cuidadoso. Solo que una vez más el universo no estaba a favor de nadie, y solo hizo falta el crujir de una hoja para alertarlo y echar por la borda los intentos pacíficos de su plan.

Con un giro dramático Damian encaró a sus dos pálidos adolescentes y Becky.

⎻¡¿Se puede saber qué significa esto?!⎻ gritó a sus amigos⎻ ¡No puedo creer que ustedes tres se hayan tomado el descaro de seguirme! ¿Acaso no tienen vergüenza?⎻ se dirigió específicamente a Becky con un paso firme, ignorando a un Ewen en el piso por el susto que se llevó.

Por su parte ella no estaba asustada de él, era demasiada mujer como para temerle a Damian. Para Becky él no era un hombre como Loid, mucho menos uno de temer. Con Firmeza y un toque de descaro, dio un paso al frente para estar cara a cara contra el muchacho, igual los otros dos estaban demasiado avergonzados como para enfrentarse contra su amigo.

⎻Y qué si no la tengo,⎻ le enfrentó⎻ entre tú y yo no hay mucha diferencia. Solo que tú⎻ dijo agarrándole del uniforme⎻ espías a Anya porque no eres capaz de confesarletele, mientras que ‘yo’ vengo a segurar que no cometas ninguna idiotez y le arruines la vida a ‘mí amiga’ ⎻declaró.

⎻Okay. ¿Y? ⎻ exclamó todavía enojado, quitando de un manotazo el agarre de Becky y sin medir el volumen de sus palabras.⎻ No entiendo por qué te molesta tanto. Nunca les pedí que se metieran en mis asuntos. Mucho menos te obligué a que desperdicies tu tiempo en un asunto que no te concierne.

⎻¡¿Perdona?!⎻ preguntó con mucha indignación. Originalmente había accedido a seguirlo y ser parte diplomática del equipo, pero ahora estaba furiosa. Estaba a segundos de jalarle el pelo y arrastrarlo por el campus por decir semejante comentario. Ella lo estaba ayudando y así le respondía.⎻ ¿Sabes qué? Se te olvida un pequeño detalle, Desmond. Cuando involucras a Anya!⎻ dijo quitándose la chaqueta y tirándola sobre Emille.⎻¡Me involucras a mí!⎻ gritó dándole un golpe a la mejilla.

Así inició una pelea en la que Emille, Ewen, ni nadie que estaba por los alrededores, tuvo el valor de detener. Irónicamente llevaban esperando que esto sucediera por años, solo necesitaban de un catalizador para que aquel par de bestias se dieran de golpes contra el piso, tomándose del pelo y arañando lo que se les pusiera enfrente.

Paralelamente, los espiados estaban charlando de lo más lindo sin prestarle atención a lo que pasaba, prácticamente, a pocos metros de ellos. Anya, que era una esper, estaba pasando un buen tiempo con su amigo sin reparar en la presencia de Damian y Becky. Tampoco era consciente de los rumores, bueno, no los entendía del todo. Puede ser porque aún siendo una adolescente, su concepto de romance no encajaba con el de sus compañeras de clase. Al final del día no comprendía la razón del alboroto, ella era amiga de Alejandro, nada más.

Su relación había empezado en las vacaciones del año pasado. Su pa’ y ma’ la habían llevado de viaje a un famoso hostal cerca del bosque (En realidad su padre tenía una misión allí, así que aprovechó de paso llevando a su esposa e hija) y se conocieron por casualidad. Ambos se encontraron en la recepción viendo una película de espionaje que salió dos años atrás, empezaron a hablar y congeniaron al instante. Anya creía que estaba hablando con otro joven más en el lugar, pero se acabó amistando con el hijo de la dueña del local, porque sí, su familia tiene más de un negocio. Durante esa semana pasaron el tiempo juntos, asando malvaviscos en una fogata, jugando juegos de mesa y compartiendo anécdotas. Cuando terminó el viaje intercambiaron números y direcciones postales para seguir en contacto. Poco sabía ella que se volverían a encontrar en Eden.

Alejandro era un chico jovial, le gustaba experimentar cosas nuevas y conocer gente interesante. Por eso mismo gustaba de Anya, ella era genuinamente interesante para él. Podía sonar cliché en cierto punto, pero Alejandro no disfrutaba del todo su vida como hijo de millonarios. Él no gozó de ese dinero y fama desde el inicio, muchos saben de la historia de su familia; lo cual no mejora su estado de ánimo. Así que la presencia de alguien que pasa por alto esa espina que lo lleva acompañando por tanto tiempo es algo que llevaba anhelando con intensidad. No es el niño bastardo que arruinó la carrera de su madre, el hijo de un hombre pobre y miserable que ensució la sangre de su familia materna, tampoco es el primogénito de una pareja exitosa y perfecta. Alejandro se sentía un adolescente más junto a su amiga.

Generalmente cada vez que intentaba amistarse con alguien de su clase siempre acababan mencionando algo sobre los detalles de su familia, era frustrante y constante, como si su sola existencia solo fuese una extensión más de sus padres o de su dinero. No que considerase que todo el mundo solo se viera atraído por eso, pero cuando vives en un ambiente donde te tratan como un boleto dorado, las cosas pueden llegar a ser muy frustrantes. Así que cuando conoció a Anya durante sus vacaciones se sintió refrescado por su personalidad e intereses. Si se había dado cuenta que ella no era muy avispada para notar ciertos detalles, como el opulento retrato familiar en toda la sala del hostal en el que se hospedó; cuando fueron a su terraza privada para mirar las estrellas y comer comida chatarra o cuando la llevó al pueblo en un carro que costaba tres veces más que su apartamento. Sin embargo, tampoco es que le molestase, le gustaba que fuera de esa forma.

Otra cosa que no le gustaba a Alejandro era estar solo, le molestaba no estar cerca de sus primos y amigos, los pocos que podía llamar de esa forma. Pero cuando llegó el primer día y logró reconocer a Anya en la distancia, no pudo ser más feliz de no tener a nadie más a su alrededor. Se pegó a ella como un chicle, originalmente no estaba en sus planes actuar así, solo que una vez vió la forma en que sus compañeros comentaban sobre ella, abandonó la idea de relacionarse con el resto. Llevaban juntos desde que llegó, incluso se encontraron fuera de la academia en más de una ocasión, estaba en las nubes.

Estaba con Anya, pasaban tiempo juntos, sus notas eran igual de buenas, todo parecía estar en orden. A excepción de un pequeño detalle, él no era igual de despistado que Anya. Ya había notado la forma en que los demás comentaban sobre su amiga; las frases despectivas con las que la apodaban, las miradas sobre el hombro cada que ella caminaba por el pasillo. No le gustaba, pero no todo lo que hablaban era sobre su personalidad fuera de lo convencional o el comportamiento excéntrico que ella podía mostrar en ocasiones. Había otro género de habladurías, una donde involucraba la existencia de un tal “Damian Desmond”. Alejandro no dominaba la política de Ostania, sabía que aún después de varios años las cosas apenas y mejoraban y sobre el papel de los Desmond sobre el estado de país; no obstante, no llegaba a conectar a su amiga, la hija de un psicólogo, con el segundo hijo de una de las figuras políticas más importantes del país.

Retomando el presente, Alejandro si notó la presencia de Damian y la pelea que se estaba dando. No le gustaba en lo absoluto nada todo lo que estaba relacionado con el castaño, no le parecía alguien de fiar. Mientras tanto Anya seguía hablando de la vez en que Bond se quedó atascado en su casa para perros porque la hicieron muy pequeña para él, sin percatarse que Alejandro no estaba al tanto de lo que decía.

⎻ ¡Entonces cuando pa’ sacó a Bond de la casa él tenía tooodo su pelaje enredado! ¡Parecía una pelusa gigante! ¿Quieres ver las fotos que tengo de Bond? Alejand..⎻ paró de hablar y miró a su amigo distraído. Sus pensamientos por el contrario eran confusos, muchas palabras en tan poco tiempo, todas en su idioma natal, aún así, daban la impresión de que estaba molesto ¿Había hecho algo mal? ⎻ ¿Ale? ¿Estás bien?⎻ preguntó preocupada.

⎻ ¿Qué? ¡Ah!⎻ entonces se dio cuenta de su error ¡Accidentalmente la dejó hablando sola! Sus mejillas se sonrojaron y bajó la vista con rapidez. ⎻ ¡Oh Anya, lo siento! Me distraje por un segundo y te dejé hablando sola ¡Perdón! ⎻ se disculpó, todavía más rojo que al inicio. Anya solo le dirigió una mirada dulce y aceptando su disculpa.

⎻ Está bien, pero no vuelvas a dejarme así. Creí que te había aburrido con toda mi charla sobre Bond.⎻ confesó igual de roja, solo que ella no apartó la mirada.

Segundos pasaron como si de una eternidad se tratase, mirándose con las mejillas enrojecidas y labios coronados con sonrisas vergonzosas. Alejandro fue el primero en reaccionar, Damian y Becky seguían dándose como gatos callejeros y ellos actuando como tórtolos. Tenían que irse rápido si no querían verse involucrados en otro escándalo. Tomándola de la mano, Alejandro se levantó y se interpuso entre Anya y el resto. Primeramente, para que no se fijara en el desastre que estaba pasando y solo le prestara atención a él.

⎻ Anya...⎻ inhaló como si estuviera preparándose para tomar valor. ⎻ El receso acabará en un rato y nos iremos temprano. No te traje aquí solo para hablar.⎻ dijo⎻ Quería saber si… si tú⎻ trastabilló al hablar

⎻ ¿Si yo...?

Inhaló ⎻ Mis padres son los patrocinadores principales de un cena de caridad que va a realizarse este fin de semana.⎻ la miró directamente a los ojos con determinación. ⎻ Quería saber si te gustaría acompañarme como mi pareja.

Por un momento temió lo peor, no era una propuesta convencional. Ni siquiera sabía por qué lo había dicho. Se sentía como un gran idiota, preguntarle a Anya si le gustaría ser su pareja en una fiesta ¡Un evento no escolar!. Su plan era llevarla a un lugar privado de la academia para que no se sintiera presionada a decir que sí. Pero nada salió como lo planeado, dos personas peleando a puño limpio a metros de ellos, una creciente multitud que iba a ver y/o apoyar a uno de los bandos. Incluso vaciló al decir su propuesta. ¡Que la tierra y el infierno se tragasen su patética existencia!

⎻ Claro, me encantaría ir contigo⎻ respondió sonriente, encogiéndose de hombros.

 

Se sintió feliz, Anya iba a acompañarlo esa noche. Solo que estaba pasando inadvertido otro detalle, estaría llevando a su amiga a una cena rodeada de gente importante que no dudaría de humillarlos por mero entretenimiento, hijos adinerados que verían en ella una presa exquisita y a los mismísimos enemigos de sus padres.

 

Ya había pasado el receso, y la mayoría de los estudiantes se retiraron temprano con sus familias o a los dormitorios. Independientemente del irregular horario de ese día, lo demás fluyó con naturalidad, padres recogiendo a sus hijos y preguntando por su día, jóvenes tomando sus autobuses y esperando llegar a casa con ansias para por fin terminar otro día de escuela. Todos se fueron a disfrutar lo que les quedaba de la tarde, todos a excepción de un par en especial: Becky y Damian. Claramente el espectáculo que dieron no pasó desapercibido para los profesores. Ojala pudieran decir que el resto de los espectadores reportaron inmediatamente lo sucedido; no obstante, no era la primera vez que algo parecido ocurría y varios sectores empezaron crear pequeñas casas de apuestas, algo bastante común entre los adolescentes, pero no el comportamiento que se espera en los estudiantes de Eden. Al final solo pudieron castigar al par, en el momento que el prefecto Henry Henderson se enteró que dos de sus estudiantes habían desatado el caos durante el almuerzo, no dudó en suspenderlos inmediatamente.
Los padres de Becky ya estaban al tanto, incluso su dama a cargo había accedido a la reprimenda. Mientras que los padres de Damian solo dieron a entender que el castigo que le aplicaran, siempre y cuando no afectase al horario de estudio del joven Desmond, no les importaba en lo absoluto. Podría decirse que ambos estaban igualmente arrepentidos, no porque les apenas haberse puesto violentos, solo que lo hubieran hecho en otra parte para evitarse pasar por un estúpido castigo.

Ahí se encontraban, limpiando uno de los patios de la academia. Almuerzos a medio terminar y cubiertos de hormigas, chicles que aún seguían tibios y muchos objetos de valor que acabaron “perdidos”. Sus extremidades les dolían, ambos tenían sus uniformes arrugados y manchados con solo dios sabe qué, sin mencionar la fina capa de sudor que les recorría el rostro tras horas de limpieza. No precisamente una buena experiencia. Más allá de limpiar el patio, también les correspondía hacerse cargo del desastre que ellos causaron, acabaron ordenando hasta donde sus capacidades les permitieran. Aunque no del todo eficiente, todavía molestos con el otro, los gruñidos e insultos que se lanzaban empezaban a retrasar su progreso.

⎻ ¡Esto es tu culpa, Desmond! ⎻ gritó tirando su bolsa de basura ⎻ ¡Si no te hubieras puesto a acosar a Anya nada de esto estaría pasando!⎻

⎻ ¡¿Yo?!⎻ respondió con mucha más indignación⎻ Yo no empecé la pelea. Tú fuiste quien dio el primer golpe, ‘Yo’ solo me defendí. Tal vez si no fueras una bestia nada de esto estaría pasando en primer lugar.

Mentira, si Damian no fuese un cobarde ninguno de los sucesos precedidos hubieran ocurrido, pero él no iba a aceptar su parte de la culpa. Demasiado orgulloso para declarar su amor, demasiado soberbio para aceptar su error.
Ninguno de los dos seguían limpiando, solo echándose la culpa en un círculo vicioso. Becky podía reclamarle, gritarle, jalarle las orejas, podían pelear todo lo necesario, igual no importaba porque con los días volverían a estar en “paz” con el otro, solo que esta vez la actitud de Damian sobre la relación de Anya y Alejandro había sobrepasado sus límites. Más allá de dos meses, la situación entre Damian y Anya equivalía a una vida juntos, no como pareja, pero juntos. Ella persiguiendo su amistad y muchas veces acabando lastimada de una u otra forma.

⎻ ¡Eres un idiota! No quieres hacer nada respecto a tu amor por Anya⎻ dijo enojada⎻ ¡¿Sabes qué?! Ahora que lo pienso tú no haces nada respecto a ella ⎻ Esta vez su voz sonaba más calmada, igual seguía molesta con él, pero su tono ya no era iracundo, solo decepcionado. ⎻ Estoy cansada de pretender que no sé lo que está pasando, sé que tú lo sabes también.

⎻ No entiendo lo que estás diciendo, Blackbell.

⎻ Damian...¿Alguna vez te haz puesto a pensar en por qué Anya no tiene más amigos?⎻ No respondió, fingía no saber la respuesta.

⎻ …

Silencio, él no quería responder. Becky miró a Damian con su expresión lastimera, como si fuese a llorar.

⎻ ¡Ja! No puedo creerlo ⎻ acompañada de un jadeo, su voz sonó resignada ⎻ Desmond,enserio que eres un caso perdido... ¡Llevamos 11 años con esta maldita dinámica, no es justo para ella!⎻ reclamó ⎻ Tal vez no lo parezca, pero a Anya le duele ser excluida; y por estar contigo ella ha tenido que aguantar más comentarios de los que una persona común puede aguantar. Si no vas a ser sincero con ella...⎻ Lo miró a lo ojos con lágrimas acumuladas ⎻ Por favor, Damian, deja a Anya en paz. Ella merece a alguien que sí pueda cuidar de ella.

Y así sin más, con el sonido de la campana, el castigo había llegado a su fin. Becky se retiró con su dama a la mansión Blackbell, dejando al castaño con un mal sabor de boca.

Era de noche, hace horas había terminado sus deberes, no se encontraba en los dormitorios, estaba demasiado ansioso como para dormir. Damian acabó yendo a la biblioteca con la esperanza de poder leer algo, adelantar tareas o terminar algún deber que pudiese estar olvidado, pero nada. Solo se quedó en la silla, con una tenue luz iluminando la sala en que se encontraba, nadie más estaba a esas horas despierto para hacerle compañía, únicamente sus pensamientos intrusivos e indeseados. No quería reflexionar sobre lo sucedido, lidiar con días donde sus emociones más fuertes ganan terreno sobre su lado racional, para terminar arrepentido y queriendo ocultarse del resto del mundo. Irónicamente nunca se puso a pensar sobre su situación con Anya, tal vez dio por sentado que su presencia siempre estaría a su lado no importa lo que estuviese pasando a su alrededor, inconsciente de que la estaba hiriendo. Becky tenía razón, él debía hacer algo al respecto, ya sea dejar el camino libre para que alguien la amase como se lo merece, por mucho que odie la idea, o ser honesto de una vez por todas.

Cuando por fin el cansancio se apoderó de su cuerpo, se dirigió a su cama para dejar sus problemas de lado por el resto de la noche, lo que menos necesitaba era arruinar todavía más su horario de sueño. Lo que le sorprendió fue encontrar una carta sellada sobre su mesita de noche. Supuso que era de su padre, cuando no podían llegar a él con una llamada, enviaban una carta para informar cualquier noticia urgente. Lo raro es que si fuese algo importante, esta hubiera llegado mucho antes, no a altas horas de la noche. Damian la abrió con movimientos perezosos, buscando una linterna para ver el contenido. Era una invitación. Damian Desmond, junto al resto de su familia; estaban invitados a una cena de caridad auspiciada por la familia Emerald.